Editorial, El Trabajo Infantil, Los Niños y La Salud en Colombia

Tal como lo había propuesto el Presidente de la Sociedad, el Dr. Jorge Loaiza Correa y el Editor de la Revista fuimos invitados a San Vicente del Caguán, con el objeto de participar en las Audiencias Públicas y exponer los puntos de vista de los pediatras sobre el niño, sus problemas y porque pensamos que están siendo expuestos a riesgos inauditos en este conflicto armado que envuelve al País.

Allí se presentaron dos ponencias relacionadas con el trabajo infantil, los niños y la salud en Colombia, que considero muy importante y para que sean concocidas por todos, pienso que vale la pena publicarlas en el Editorial. Cedo entonces, este espacio a estos planteamientos que espero sean punto de partida de múltiples ideas y, si es el caso, de polémicas sobre este tema que gira alrededor de los niños, quienes son, al fin y al cabo nuestra principal preocupación.

EL EDITOR

Consideraciones sobre el Niño Trabajador

El mundo necesita un sistema común de valores y nuevas pautas de comportamiento para los individuos, los grupos y naciones. Sin ellos, los problemas de paz, de seguridad interna e internacional, violencia, en particular respecto a los niños, no podrán ser resueltos.

Todo niño tiene derecho a la educación que debe ser orientada al desarrollo de su personalidad y sus capacidades (artículo 28 de la convención sobre los derechos del niño); es obligación del Estado proteger al niño contra el desempeño de cualquier trabajo nocivo para su salud, educación o desarrollo; fija las edades mínimas de admisión al empleo y reglamenta las condiciones del mismo (artículos 237 y 320 del código del código de menor); es derecho de los niños ser protegido de la explotación y abusos sexuales, incluyendo la prostitución y su utilización e prácticas pornográficas (artículo 34); el Estado debe proteger a los niños afectados por los conflictos armados (artículo 38).

En Colombia existen 4 millones de niños entre cinco y catorce años de edad vinculados al trabajo. La tercera parte, niños de seis a doce años que reciben honorarios mínimos, si acaso, por trabajos fatigosos, fatigosos, prolongados y a veces peligrosos.

En nuestras ciudades encontramos en las calles centenares de niños ocupados en recolección de basura, cuidado y lavado de automóviles, lustrar zapatos, vender comidas, trabajar como cargadores o ayudantes en cualquier actividad.

Otros niños trabajan en actividades familiares, en la industrias, agricultura, como domésticos y aún como mineros y ahora como mulas del narcotráfico. La mayoría de estos niños están expuestos a la violencia, al crimen, los malos tratos y los abusos sexuales. Pueden encontrarse con personas sin escrúpulos que los explotan o los conducen a actividades al margen de la ley; robo, crimen, prostitución, pedofilia, que se convierten en actividades económicas mejor remuneradas que las habituales.

Para resolver esta dura realidad, los menores suelen caer en el alcoholismo, la drogadicción y el ejercicio temprano de la vida sexual, en busca del efecto que no tuvieron.

En la calle, el niño consigue resolver sus necesidades económicas, pero no recupera, sino que agudiza, la pobreza efectiva, moral y espiritual en que vive. Muchos de estos trabajos desempeñados por los menores son peligrosos para la salud y la seguridad. Pueden ser víctimas de accidentes, enfermedades o deformaciones susceptibles de perjudicar a los niños para toda la vida.

La asociación de niños de la calle con la drogadicción. La delincuencia, la complicidad con proxenetas y el carácter clandestino de estas actividades son causas agravantes de una problemática de gran alcance.

La explotación sexual es una de las formas más brutales de violencia que se puede ejercer sobre los niños. Las víctimas sufren traumatismos físicos, psíquicos y emocionales irreversibles y a veces mortales.

No podemos dejar de lado los niños vinculados a la guerra como protagonistas, afectados por experiencias de horror, niños desplazados, que nunca frecuentaron la escuela, niños refugiados, niños de las calle, con alimentación precaria o con ninguna atención médica, escolaridad irregular o nula, falta de un núcleo familiar, de una educación con cariño.

Estos niños no pueden ser excluidos de la generación de recambio; no pueden vivir sin esperanzas de un futuro mejor. Tenemos la obligación de propenderles un futuro de paz, afecto, respeto, tolerancia y solidaridad. Debemos por esta razón facilitar la transición de una cultura de guerra hacia una cultura de paz y no violencia que, gracias a valores fundamentales, permitirá prevenir las guerras futuras y resolver los conflictos en forma pacífica por la vía del diálogo y la negociación.

En resumen, el trabajo infantil, además de no respetar los derechos del niño, obstaculiza su acceso a la educación y al aprendizaje y, en consecuencia, limita o impide el pleno desarrollo de su personalidad y de sus capacidades.

A manera de conclusión, recordemos que las situaciones de violencia en los niños son inaceptables. Los niños son biológicamente diferentes de los adultos y sus diferencias anatómicas, fisiológicas y psicológicas los tornan más vulnerables a los riesgos profesionales, los abusos sexuales, los daños de la guerra, los impactos de la violencia y la indignante, ignominiosa y miserable comercialización del niño por medio del secuestro.

Necesitamos una cultura de paz de descanse en la educación, llave del respecto a la dignidad del ser humano, de la convivencia social armoniosa, de la solidaridad y de la paz.

Propuestas:

  1. Educación primaria y secundaria obligatoria para todos los niños, implementando la estrategia de escuelas solidarias por la paz.
  2. Destinar fondos del Plan Colombia para educación.
  3. Prohibir el trabajo en los menores de edad, particularmente los que entrañan más peligro: mineros, combatientes, mulas del narcotráfico, etc.
  4. Buen trato a la infancia y atender seriamente la problemática del niño de la calle. Proporcionándole la posibilidad de ingresar a alguna institución educativa adecuada y hacer partícipes de la preparación a la familia, que recibirá, además, el dinero que el niño devenga.
  5. Invertir, tecnificar y ofrecer garantías en el agro para evitar los desplazamientos masivos, que aumentan las cifran escandalosas del desempleo.
  6. Luchar para que no halla más secuestros en Colombia, particularmente de niños.
  7. No reclutar niños para la guerra.
  8. La Sociedad Colombiana de Pediatría solicita espacio en la agenda de los 12 puntos para la paz.

La Salud del Niño Colombiano

En Colombia 45% de la población general y el 66% de los niños están por debajo del nivel de pobreza absoluta, es decir tienen un ingreso que no permite obtener una alimentación mínima adecuada y otros bienes esenciales no alimentario.

El 90% del desarrollo físico y cerebral humano ocurre durante los primeros años de la vida; esto quiere decir que los niños solo tienen una oportunidad de desarrollarse; esta única oportunidad debe protegerse hasta donde sea humanamente posible, contra la razones, errores y deficiente gestión del mundo adulto.

El compromiso político en América entiende al niño en tres dimensiones: como sujeto de derecho, como agente de desarrollo y constructor de la democracia ya que la formación de valores individuales y colectivos para la organización social se hace en los primeros meses de vida.

El niño es el presente y el futuro de la humanidad y merece lo mejor que ella pueda darle.

Las enfermedades perinatales, las diarreas, las infecciones respiratorias, las enfermedades inmunoprevenibles, los accidentes y la desnutrición son las causas de más de 50.000 muertes de niños en Colombia anualmente. El 90% de las muertes infantiles son evitables y el 70% de estas muertes son de tipo perinatal.

La Organización Mundial de la Salud posicionó a nuestro país en el puesto 22 entre 191 países miembros y en le primero en Latinoamérica en el estado de salud.  No se compagina el informe con la grave crisis hospitalaria del país.

El total de déficit hospitalario asciende a la suma de 445 millones de pesos, si bien es cierto que el Ministro encargado anterior anunció la aprobación por el Congreso de 134 mil millones de pesos, servirán solo para cancelar los salarios atrasados y para compra de algunos insumos. En Antioquia 59 hospitales necesitan, de inmediato, 60 mil millones de pesos para funcionar hasta el fin de año. En el Cauca, de 40 hospitales que existen, 36 están quebrados. En Chocó sus 10 hospitales están en Quiebra y necesitan 9 mil quiniestos millones de pesos para superarla. En Guajira hay 4 hospitales en paro y otros cuatro están quebrados.

En Córdoba 14 hospitales quebrados, 5 de ellos al borde del cierre En Norte de Santander, 16 hospitales existentes, todos en quiebra y con un faltante de 30 mil millones de pesos. En el Valle 42 hospitales, uno cerrado y seis quebrados. Bolívar 69 hospitales, 9 de ellos cerrados. Atlántico de 24 hospitales 15 están en crisis. Caldas cinco hospitales quebrados de 45 existentes. Quindío hay un faltante en los hospitales de 8 mil millones de pesos. Nariño 13 hospitales con déficit de suministros. En Risaralda el déficit llega a 10 millones de pesos.

A este lamentable panorama hay que agregarle la déficit situación económica del ISS, agravada por el despido reciente de dos mil trabajadores, lo cual ha provocado gran congestión en los servicios de salud.

Así el dinero que logra entrar al sistema, no siempre llega donde debe llegar y aún cuando se hable de aumento de cobertura, la calidad de la atención médica ha disminuido.

Recordemos que la inversión en educación y salud infantil es rentable a largo plazo como lo sugiere Amartya Sen, Premio Nóbel de economía del año 1998.

Desafortunadamente los niños son siempre los grandes perdedores de la guerra.

Y teniendo en cuenta que el estado de salud de la población no depende exclusivamente de la atención médica proponemos:

1. Educación primaria y secundaria obligatoria para todos los niños, implementando la estrategia de escuelas saludables por la paz.
2. Generación de empleo con la consiguiente disminución de los índices de pobreza, causantes de la mayor morbilidad y mortalidad infantiles.
3. Luchar contra la desnutrición, que alcanza en nuestro país el 40% de la población infantil y fomentar la alimentación materna exclusiva durante los primeros 4 a 6 meses de vida.
4. Consecución y mantenimiento de coberturas de vacunación para el 95% de los niños.
5. Agua potable y servicios de saneamiento ambiental.
6. Nuevo enfoque del proceso salud-enfermedad con énfasis en la promoción y prevención.
7. Modificar el “Sistema de Seguridad Social en Salud” evitando intermediarios privados y promocionando una auditoria externa que garantice la utilización correcta de los recursos.
8. Control sanitario en áreas de conflicto.
9. Rechazo enfático a la vinculación de los niños en los conflictos armados y abolición del secuestro.
10. Protección especial para niños en tiempo de guerra.
11. Intensificar la cobertura de la Cruzada por el Buen trato a la Infancia como proyecto de paz, que viene realizando la Sociedad Colombiana de Pediatría en el país desde hace dos años.
12. Se les debe permitir a los niños que ejerzan su infancia aún en condiciones de conflicto.
13. La Sociedad Colombiana de Pediatría solicita espacio en la agenda de los 12 puntos para la paz.


JORGE LOAIZA CORREA
Presidente
Sociedad Colombiana de Pediatría

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