Editorial: Acerca de las Leyes Relacionadas con la Salud

Como todo lo que concierne a la profesión médica, al área de salud, aunque genera debate entre los prestadores de salud (especialmente médicos) pone de manifiesto lo que ha caracterizado al gremio en algunos aspectos y de manera desafortunada: la indiferencia, la falta de solidaridad y el egoísmo.

El anterior proceso de la ley 100, que para mí ha sido una acción positiva para la salud de los colombianos, aunque no mucho para algunos médicos, pero sí acorde con la política de proliferación de escuelas de medicina y por consiguiente de médicos y por lo tanto de necesidad de sitios de trabajo –lo que parece lógico es que si hay más cobertura hay más trabajo y por la ley de la oferta y la demanda, menos ganancia–, fue un proceso al que los médicos no le paramos bolas y creímos que a nosotros nadie nos iba a tocar y no hicimos nada, no para bloquear una iniciativa con buenas intenciones, sino para que nuestra participación hiciera que no nos lesionara tanto en nuestros intereses. Ahora, por supuesto, y después de muchos años de renegar, decir, maldecir, acusar a los políticos y a la suerte, estamos muy pendientes de ver qué se puede hacer para enderezar los entuertos en nuestra contra.

Se debate ahora no la ley si no la forma de reglamentarla y aplicarla, del talento humano, que como nos lo esboza el editorialista invitado, en nuestro caso es la obligación de que el profesional tenga idoneidad profesional, que se controle los profesionales hechizos, que en medicina pueden representar morbilidad aumentada, incapacidades permanentes y mucha veces muertes y educación médica continuada, que en este momento es vital para el profesional y su cliente, puesto que la ciencia está avanzando más rápido que el entendimiento de ella, lo que hace que si no estamos preparados, lo menos que nos puede ocurrir es que no entendemos qué es lo que está pasando en nuestra profesión y por lo tanto mucho menos sabremos cómo aplicarlo en beneficio de nuestros pacientes (¿o clientes?).

Sin embargo, hay algunos colegas temerosos de que eso los discrimine o los obligue a estudiar otra vez, o les quite tiempo valioso para ganar más plata. Ojalá no sean muchos.

Esta ley también es la oportunidad para que los que hemos organizado cursos de actualización, diplomados, especializaciones y todo tipo de eventos académicos tengamos obligatoriamente, agregados a los siempre dispuestos a actualizarse, auditorio garantizado para nuestras actividades.

En fin, es una ley en la que se beneficia el cliente (¿o paciente?), el profesional, la academia, las sociedades organizadoras de eventos de educación continuada, la ciencia, la tecnología y, por qué no, los ingresos paramédicos.

Los interrogantes que deja nuestro editorialista invitado pueden ser una invitación a que nos unamos para que esta ley siga adelante o para que nos disputemos la parte de la torta que eso podría representar, o como pasó con la ley 100, el gobierno disponga lo que se debe hacer porque los profesionales de la salud no nos interesamos, seguimos indiferentes o no pensamos de manera solidaria sino individualista.


Gustavo Gómez Tabares
Editor Jefe
Revista Colombiana de Menopausia

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