Carlos Castañeda y el Conocimiento Tolteca, Aproximación a la ciencia y el arte

Carlos Castañeda and Tolteca knowledge

La transmisión del conocimiento tolteca de la realidad la recopila Carlos Castañeda a través de sus experien­cias con Don Juan, brujo de esta cultura. En ese sen­tido, referirse, dentro de la descripción o el acercamiento a este cuerpo de conocimiento, a Carlos Castañeda, es refe­rirse a la palabra de Don Juan. Es el quién habla. Se podría establecer un paralelo con Sócrates en los diálogos plató­nicos.

Es esta, entonces, la visión de un hombre común de occidente, que pretende darnos a entender desde allí, la forma de interpretar la realidad de esa cultura. Es prácti­camente un acercamiento filosófico, en todo el sentido oc­cidental del término.

De alguna manera podría verse como una epistemología que nace en lo vivencial. El resultado escrito es sólo el recuento del momento en que sucedió el conocimiento, la anécdota tal cual ocurrió. Es un diario de campo escrito desde la razón.

Nace del acercamiento a los siguientes textos: “Las enseñanzas de Don Juan”, “Via­je a Ixtlán”, “El fuego Interior”, “El arte de Ensoñar”, “Re­latos de Poder”, “Una realidad Aparte”, y al texto de Víctor Sánchez “Las enseñanzas de Don Carlos”.

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En este cuerpo de Conocimiento de la realidad, el sentido de la existencia es la persecución del misterio de la vida. Como tal es una búsqueda por desentrañar la razón de ser del mundo y del hombre. Una de las primeras técnicas o formas de acceder a este tipo de conocimiento es estar al acecho.

Consiste en estarlo principalmente de aquello que impide en uno el camino hacia el Conocimiento (la letra mayúscula pretende denotar un significado más am­plio de la palabra, una forma de ascenso sobre sí mismo).

La propuesta del guerrero, primer paso en el camino del conocimiento, es de austeridad en el sentido de la pérdi­da de importancia personal. Pensar que uno es poco im­portante es también relacionarse con la importancia, dar­se o restarse importancia. Destruir el ego, el nombre, la historia. Esto es lo que en últimas un buen cazador logra sobre su objetivo.

En esta tarea se puede rozar la locura. El ego es lo único que nos aferra a la realidad del mundo y de los hombres. Sin él estamos perdidos, aunque con él tampoco logremos acercarnos con profundidad a la rea­lidad y su absurdo o misterio. Esta pretensión apunta ha­cia la salud del cuerpo principalmente, hacia el uso com­pleto de sus posibilidades, reafirmando la intuición en un sentido amplio.

De una manera clara y directa, podemos decir que esta forma de vida, llevada a cabo con toda im­pecabilidad, resulta prácticamente imposible para un ciu­dadano común y corriente. De esta forma de entender la realidad, se puede aprender lo que es útil o benéfico, en la medida de cada quién. No se trata de desterritorializar espacios propios de cierta cordura.

La propuesta de Cas­tañeda es en definitiva no académica, aunque algunas filo­sofías occidentales y orientales tengan unas formas de ser similares. De alguna manera quiere encontrar los diversos mundos que componen la realidad, las diferentes “reali­dades”, y es en esta medida en la que reconocemos que la realidad conocida es sólo el resultado de una descripción.

Las enseñanzas de Don Juan

El conocimiento en esta filosofía Tol­teca exige parar el diálogo interno. Es con la percepción que se puede llegar a “ver”. “Ver”, según esta forma de Co­nocimiento, es “saber casi de antema­no”, saber sin necesidad de explica­ción o gimnasia lógica o silogística. “Ver” es el saber del cuerpo.

Y es a partir del intento de supresión de las dualidades alma/cuerpo, cuerpo/mundo, que se podrá lograr borrar el mapa de ambigüedades y frustraciones a las que esa misma división conlleva.

La razón, como garante de verdad y de realidad del mundo, es aquí sólo una facultad más, una forma bajo la cual se describe la realidad en uno de sus modos. El tender al Conocimiento es ejercer la libertad de ir más allá de ella y retornar al cuerpo su propia for­ma de “ver”. Carlos Castañeda

Es a través del reconocimiento del mis­terio del mundo, en su doble acepción de maravilloso y terrible, que el gue­rrero, alumno del Conocimiento, co­mienza a tratar de parar el mundo al parar el pensamiento. La intención de esto es la de cambiar los campos de la percepción y “ver” que la única op­ción de “ser” de las cosas y la realidad, no es la de “ser” desde el lenguaje, que las describe inundándolas de una fun­damentación, a través de la estructu­ra lógica de su forma. (Lea También: ILAS/ASPEN Resúmenes)

Hemos equipa­rado el ser con lo que puede ser pen­sado racionalmente, con lo que es claro, con lo que podemos explicar y repetir, con lo que ya está dado y es inmóvil y eterno. El mundo, para este camino del Conocimiento, es fugaz y merece la pena ser “visto”, no única­mente mirado.

Está lleno de distintas realidades que llegan a nosotros des­de la conexión que establecemos a través de la percepción. Con el pen­samiento distorsionamos este saber y además, nos sentimos los únicos ca­paces de desentrañar el sentido del mundo.

Nuestra Razón nos ha hecho dioses solitarios. Lo que podemos conocer de la realidad nos parece su­ficiente, si lo sometemos a un trata­miento lógico intensivo. Es el “ego” el que no permite los acercamientos a lo desconocido; él también emplea su fuerza en defender su posición o en atarearse con los fantasmas que su razón va creando en torno a él y a su futuro, a sus relaciones, capacidades y a su concepto de sí mismo.

Intentar, pues, suprimir las divisiones y las distancias entre “nuestras partes”, mostrar que no son más que el pro­ducto de una descripción y no el res­paldo de la forma de ser de la vida, hace encarar la “otreidad” de mundos “no- claros”, que nos tocan desde di­ferentes ángulos (y “puntos de enca­je”) y la “otreidad” en nosotros, desde la que vemos estos otros mundos.

Ras­trear lo “otro”, estar en su “acecho”, es ver las infinitas posibilidades de la rea­lidad o las realidades y comprometer términos con nuevos significados, todo esto desde la procura de abrir el aba­nico de opciones del conocer. Don Juan es claro en decir hasta donde es esto posible. Para él la tendencia a “ex­plicarlo” y “entenderlo” todo es una limitante de las posibilidades del Co­nocimiento.

Sin embargo en la medi­da de lo posible hace un buen uso de las herramientas racionales para sa­lirse de su ámbito mismo. Antes que emprender la tarea de “ver” por eso se hace necesario cambiar los hábitos de vida, seguir ciertas técnicas que nos ayuden a despojarnos de nuestras creencias de la realidad y de nosotros mismos.

En un comienzo, para procurar los cambios de percepción y tener la “ve­locidad” necesaria de pensamiento, el alumno es introducido al uso de mez­clas alucinógenas. Más adelante en los libros y en el proceso de aprendizaje esto no es necesario, gracias a la prác­tica repetida de técnicas que tienen el contenido del saber mismo.

Es esta otra división, entre técnica y saber o teoría y práctica, que podríamos lla­mar de carácter nominal, allí donde todo el conjunto de conocimiento no trae jerarquías ni avanza con el puñal del análisis. El cuerpo aprende a tra­vés de sí mismo acerca de sus propias posibilidades, que son las del mundo en él.

Guillermo Marín para Carlos Castañeda

La visión de la fractura, la dualidad alma/cuerpo, alcanza a cobrar por momentos, luego de largos periodos de entrenamiento en pos del Cono­cimiento, el valor de una ilusión, un invento, un constructo.

De esta ma­nera, es posible atribuirles carácter de fantasmas a las fracturas por cuyos intersticios se cuela la esquizofrénica sensación de ser un ser irreconcilia­ble. Últimamente, a Carlos Castañeda y a su acercamiento a las enseñanzas Toltecas, se les atribuye poderes eso­téricos de mejoramiento de la calidad de vida.

Con respecto a las técnicas, y también gracias a ellas, se hacen evi­dentes las posturas torturantes con las que se asume la vida diaria del hom­bre común. La auto lamentación, la soledad, la distancia y la importancia, además de la postergación continúa de la alegría, la creencia en el maña­na y en la inmortalidad. Ser un inter­mediario entre su miedo vital y “uno” da la opción de una nueva mirada sobre el origen de ese miedo.

En apa­riencia esto resulta muy útil para un mundo – y en especial para nuestro país- en el que es concretamente el miedo a la soledad, al destierro, a la muerte, los que someten a un estilo de vida aceptable y “cuerdo”. Es al abandonar el elemento paralizador del miedo, no el miedo mismo, cuan­do paralelamente va generándose un alma de “guerrero”.

El maravilloso término de la “impeca­bilidad” se refiere precisamente a la actitud del “Guerrero” y que ha sido “Cazador”, acechador de sí mismo y sus rutinas, cuando se es presa fácil de ser parte de este mundo descrito, de lo que aquí se puede llamar una “cul­tura”. El Cazador busca mover su con­cepto del mundo, desestabilizarse, cazar el Poder que es la confianza en él y en la Tierra. El amor de los dos. Es además impecable quien vive como un mortal, con la presencia constante de la muerte a su izquierda por si even­tualmente necesita algún consejo.

El Cazador caza las costumbres repetiti­vas de comportamientos aprendidos a través de los cuales se describe un único mundo posible. En cuanto al re­torno a la Tierra, a la Naturaleza, brin­da la perspectiva de un sentimiento de admiración por el hecho de la vida. Es un misterio, un milagro, un regalo. Si. Pero también es finito y oscuro, duro, terrible. Y es precisamente cuan­do el Cazador ha cazado suficiente Poder cuando puede enfrentar el ca­mino del Guerrero, un camino mara­villoso y a la vez arduo e incompatible con el mundo conocido.

La curación esotérica puede llegar quizás hasta este punto, cuando el interés no va más allá de alguna clase de relajación y meditación.

Pero el cuerpo del Co­nocimiento sigue construyéndose y creando diversas líneas que se van to­cando en distintos puntos, y que van moviéndose, avanzando, transformán­dose. Los más atrevidos espíritus li­bres, como los llamaría Nietzsche, lle­garían quizás hasta la explicación de la vitalidad de los inorgánicos. En efec­to, como algunos niños creen, según esta concepción, todo, hasta las pie­dras, tiene vida. El acto de existir es el acto de vivir. Y si incluso se esfor­zara un poco más, este espíritu atre­vido podría llegar a creer que es fac­tible reconocer alguno de estos inor­gánicos en los sueños, que aquí co­bran un matiz y una forma de abor­darse completamente distinta a la del psicoanálisis.

Ir hacia el Conocimiento es la única forma de ser libre y de poder llegar a la “totalidad de uno mismo”. La carga vital del ser que somos en los sueños, es idéntica a la del “yo” de la vigilia. Crear lazos de conexión entre estos vecinos, que pocas veces se recono­cen, es el resultado de aplicar el “arte de ensoñar”. Al lado de esta técnica se podrán también practicar otras como “la marcha de poder”, “perder la im­portancia personal” y algunas mas que puedan dar una mejor visión de este cuerpo de Conocimiento. A continua­ción hago una breve reseña de estas técnicas.

La “marcha de Poder” muestra que las posibilidades del cuerpo no son ex­plotadas o conocidas. Conocer es en­tonces saber del sí mismo del cuerpo, que baja corriendo una montaña de noche, pleno de confianza en él y en el mundo. Un verdadero cazador no se preocupa. Las técnicas son muchas y en ocasiones detalladas.

Se cruzan los ojos, se empequeñecen, se busca el lugar apropiado con la intuición, se mueve el “punto de encaje”, se vive sin rutinas, se es “impecable” con el Po­der y la energía, con la Vida, siempre se batalla la última batalla sobre la Tierra, a cada momento, en cada día. Dentro de las más curiosas y espe­cialmente difíciles de recordar es la de tratar de perder la importancia per­sonal.

La importancia nos consume gran parte de nuestro tiempo y con­centración, tiempo que podríamos aprovechar en conocer con la “volun­tad” los mundos del Nagual o lo des­conocido, nuestro ser de los sueños, cruzarnos con otras líneas de luz. Arriba mencionábamos que ser es vi­vir. Ahora decimos: vivir es percibir y percibir es ser consciente, es “darse cuenta”, como si el trasfondo mismo del universo reprodujera la unidad entre la constitución física de la luz y sus formas de percepción.

Carlos Castañeda - Relatos de Poder Todo este cuerpo de Conocimiento móvil, no terminó de ser con la con­quista de América. Se dispersó y tomó distintos rumbos sobre todo por el hecho de que parte del aprendizaje de los hombres de Conocimiento es perder la importancia personal y así ganar todo ese tiempo, concentración y energía que se le invertían, en cazar poder que los lleve a la totalidad de sí mismos, a la libertad que la confian­za y la impecabilidad generan.

Gra­cias a la figura del “pinche tirano”, un ser que somete, se puede aprender a soltarse de la importancia. Mucho del sometimiento del español sería así aprovechado secretamente. De mane­ra que aunque el Conocimiento tenga en sus contenidos y formas maneras diferentes del pensamiento racional para su acceso, muestra una dirección que apunta siempre hacia el que se va llegando, por el que se va pasando y que remite a otro más.

Como cual­quier ciencia va avanzando, volviendo sobre sus pasos, confrontándose des­de la línea del sentido. Gracias a esta historicidad del Conocimiento se tie­nen experiencias que ayudaron y ayu­dan a un mejor aprovechamiento del saber y de las técnicas.

Hoy se sabe, según Don Juan, que lo explica con su palabra y su ejemplo, que el “To­nal”, el mundo descrito tal cual lo co­nocemos y en el cual nos movemos constantemente, no debe ser abando­nado totalmente por la tentación de los mundos del Nagual. Se trata de asomarse a ese mundo sin dejar de volver al cotidiano.

Es sobre todo en la descripción de las experiencias y enseñanzas en los li­bros de Carlos Castañeda, donde po­demos ver que el Conocimiento se da como actor de un acontecimiento, en la anécdota misma, la experiencia y la charla a su alrededor.

Pedir por el silencio del diálogo interno no es de­jar de creer en la palabra, al igual que mostrar la presencia del Nagual no es abandonar completamente el Tonal. En su formidable lectura de Carlos C. Víctor Sánchez tiene la bondad de la sencillez y la claridad.

Es además una visión que apunta más al otro desde la proyección de la luz, el otro próxi­mo, el vecino, el amigo, la pareja y no tanto al “otro” que tiene más bien una carga de contenido de lo desconocido en la realidad y en uno mismo en Car­los. Es, definitivamente, una visión más “yoica” la de Castaneda, pero nos muestra el campo de batalla mismo del Conocimiento en la experiencia. La pregunta subyacente sería ¿para qué conocer?

Y una posible respuesta podría ser: para acercarse a la libertad.

Bibliografía

  • Castañeda C. El Don del Águila. Buenos Aires: Ed. Top. Emecé. 1993.
  • Castañeda C. El Fuego Interior. Buenos Aires: Ed. Top. Emecé. 1986.
  • Castañeda C. El Lado Activo del Infinito. Barcelona: Ed. B.S.A. 1999.
  • Castañeda C. Relatos de Poder. México: Ed. FCE. 1986.
  • Castañeda C. El Arte de Ensoñar. Buenos Aires: Ed. Emecé, 1991.
  • Castañeda Carlos. Viaje a Ixtlán. México: Ed. FCE. 1993.
  • Cassirer E. Antropología Filosófica. Méxi­co: Ed. FCE. 1987.

Autor


*Alfredo Durán Mejía. Filósofo y músico. Escritor de reseñas, artículos y cuentos. Ha publicado varias obras musicales y se desempeña como productor musical y director de proyectos de desarrollo de la creatividad y el pensamiento divergente.
www.myspace.com/alfredoduranm

Correspondencia: jacobillume@gmail.com

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