La Investigación Médica

Al revisar los archivos de la Sociedad Colombiana de Cirugía con motivo de sus Bodas de Plata, se observa que los objetivos que la inspiraron, los programas de educación continuada que la han caracterizado, las publicaciones científicas que ha prohijado y los proyectos de avanzada que ha emprendido, siempre han incluido entre sus metas el estímulo a la investigación científica, por ser ésta la base de la ciencia y la tecnología médica y, por ende, de una mejor calidad de la labor asistencial.

La actividad de descubrir algo nuevo o de agregar conceptos inéditos a los ya conocidos o aun la de confirmar tesis u opiniones previamente divulgadas o de contradecirlas con argumentos científicamente válidos, es lo que constituye la investigación que se desarrolla a través de un procedimiento, conocido como método científico, cuyo producto es la ciencia que cuando se aplica en la práctica genera la tecnología.

Gracias a este proceso utilizado por algunos científicos puros, no sólo se ha logrado mejorar la calidad de vida en nivel universal, sino provocar el asombro del mismo género humano frente a hechos como la llegada del hombre a la luna, la clonación de seres vivos o la vigencia de la realidad virtual, entre tantos otros.

Sin pretender que los socios de nuestra Sociedad se adentren en la investigación pura y profunda que exige tiempo, dedicación excluyente del ejercicio profesional, dotes y recursos económicos de los cuales carecemos, salvo honrosas excepciones, sí se considera deseable y factible que los cirujanos generales, o por lo menos la mayoría de ellos, se motiven en la disciplina de la investigación clínica, terapéutica o no terapéutica, que dé origen a trabajos publicables en la revista CIRUGÍA que para ese fin, entre otros, fue concebida, con resultados que han satisfecho las expectativas, pero que son susceptibles de alcanzar metas más altas.

Los profesores brasileros Cervo y Bervian clasifican los métodos de investigación en tres áreas, a saber: investigación bibliográfica, específica de las ciencias humanas; investigación de campo, específica de las ciencias sociales; e investigación de laboratorio, específica de las ciencias biológicas y naturales.

La primera de las nombradas, la bibliográfica, puede ser realizada independientemente o como parte de los otros dos tipos de investigación mencionados, en cuanto recoge informaciones y conocimientos previos, sobre un problema para el cual se busca respuesta a partir de una hipótesis que, como tal, establece un equilibrio entre la afirmación y la negación y que es preciso esclarecer en uno u otro sentido.

La investigación de campo se realiza en el área de las ciencias sociales y psicológicas y tiene como finalidad recoger y registrar los datos relativos al tema escogido como objeto de estudio. No podemos olvidar que la medicina mucho tiene que ver con los problemas sociales de la comunidad, en cuya solución debe intervenir acuciosa y efectivamente.

La investigación de laboratorio dispone de los más modernos y sofisticados aparatos de informática e instrumentos de precisión y experimentación, que la técnica futurística como don específico del hombre, ha puesto al servicio del mismo ser humano y de su capacidad investigadora. En nuestro medio, infortunadamente, no se dispone siempre de tales recursos de “laboratorio” de investigación.

En cualquiera de estas modalidades de trabajo debe considerarse el tipo experimental retrospectivo o prospectivo con miras a posibles perfeccionamientos, aplicaciones y difusión del nuevo conocimiento.

En todos los casos, la preocupación del investigador debe ser la de llegar a la verdad que pueda ser afirmada con certeza, es decir, sin temor a engaño.

Siendo la medicina una ciencia y un arte, los médicos debemos estar connaturalizados con el espíritu científico y técnico, que en la práctica se traduce por una mente crítica, objetiva, racional y ética, con la cual se debe ejercer toda la gama de la actividad profesional.

La crítica admite y procesa lo que es capaz de sustentarse en pruebas e impide la aceptación de lo que es superficial y fácil sólo por el hecho de serlo. La objetividad desliga al investigador de toda visión subjetiva del mundo. La racionalidad supone que las razones explicativas de un problema se ajustan a los argumentos o pruebas que se aducen en apoyo de lo que quiere demostrar; y la ética, especialmente en la investigación que se adelanta en seres humanos, es muy exigente en diversos aspectos que apuntan hacia el respeto a la dignidad del hombre, esté o no enfermo, de quien se debe obtener el consentimiento bien informado sobre la investigación que se pretende adelantar. Las normas éticas del procedimiento y sus resultados, trascienden a las publicaciones que de ellos se hagan; entre aquellas se destaca la autoría; en efecto, para figurar como autor, debe haber participado suficientemente en el trabajo mismo para asumir la responsabilidad pública con respecto a su contenido; de no hacerlo así, se incurriría en infracción a las normas sobre derechos de autor.

Con las consideraciones anteriores, que sólo contemplan una parte del tema comentado, la revista CIRUGIA aspira a incentivar una vez más la investigación clínica básica dentro de los cirujanos y de los médicos colombianos en general, en el sentido de que continúen con renovado esfuerzo divulgando la patología autóctona y la labor médico-quirúrgica nacional que en ningún caso puede dejarse arrollar por el alud burocrático que hoy la está socavando.

Joaquín Silva, MD.
Editor

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