Contraer COVID-19 a través de Alimentos

Precauciones con el Manejo de Alimentos

El contraer COVID-19 a través de alimentos o sus envases, es muy poco probable. La ruta de transmisión primaria es a través del contacto interpersonal o cuando una persona infectada tose o estornuda y las gotas entran en contacto con estas.

El coronavirus no puede multiplicarse en los alimentos. Para su transmisión necesita de un huésped humano o animal para hacerlo (16).

En los hogares se recomienda higienizar todos los alimentos y las compras que lleguen a la casa. Para esto se deben limpiar todos los productos que lleguen a nuestros domicilios.

Los alimentos empacados se deben lavar con agua y jabón y si esto no es posible por sus características individuales. Se pueden desinfectar con una toalla desechable y un atomizador con una mezcla de fácil preparación en casa, a base de 30 ml de agua y 70 ml de alcohol.

Una vez higienizados los alimentos, la toalla se debe desechar y se procede al lavado de manos. En el caso de las frutas y verduras deben lavarse con abundante agua y si la superficie no lo permite se recomienda utilizar una toalla húmeda. En los productos enlatados, se debe limpiar la superficie.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Center of Disease Control (CDC por su sigla en inglés) (17,18) no recomiendan utilizar jabón, detergente, ni productos comerciales para el lavado de alimentos; solo agua abundante.

Es recomendable limpiar y desinfectar las superficies porque el virus puede mantenerse en cobre 4 horas, cartón 24 horas y plásticos y acero inoxidable hasta 2 o 3 días (19).

Recomendaciones nutricionales de alimentación saludable en población sin COVID-19

La mejor recomendación nutricional para apoyar el sistema inmunológico es el consumo de una dieta de alimentos diversos y variados de origen animal y vegetal que se encuentren alineados con las pautas actuales de alimentación saludable.

Solamente en algunos casos, en aquellas personas que se encuentran con deficiencias preexistentes como sucede en malnutridos, pérdida de peso o enfermedades desgastantes. Puede llegar a requerirse suplementar algunos micronutrientes como lo son las vitaminas C, D y E, el zinc y selenio. Otro factor importante es el que desempeña la microbiota intestinal en la educación y la regulación del sistema inmune. Siendo la disbiosis intestinal una característica muy importante de varias enfermedades infecciosas.

Por lo tanto, los alimentos para lograr un microbiota saludable también pueden beneficiar al sistema inmunitario. Existe evidencia de que las bacterias probióticas, particularmente algunos lactobacilos y bifidobacterias. Pueden modificar la microbiota, modular la respuesta inmune y proteger contra infecciones, incluso del tracto respiratorio.

Muchos alimentos de origen vegetal altos en fibra y los alimentos fermentados desempeñan un papel en la creación y el mantenimiento de una microbiota intestinal saludable. Y, por lo tanto, también ayudarán a fortalecer el sistema inmunológico (6,20).

Otro de los nutrientes que se deben tener en cuenta son el tipo de grasas, disminuyendo las grasas saturadas, racionalizando el empleo de las poliinsaturados y aumentando el empleo de omega 3. Los cuales contienen EPA y DHA que poseen propiedades antiinflamatorias las cuales actúan para disminuir la producción de esicosanoides inflamatorios producidos a partir del ácido araquidónico (6,20).

El consumo de fuentes de selenio es fundamental:

Según Zhang et al (21) se correlacionan los niveles de este micronutriente con las tazas de curación en COVID-19. Con el agravante que Colombia se encuentra en un región donde el suelo es pobre en selenio (22).

 Se puede decir que es prudente que las personas consuman cantidades suficientes de nutrientes esenciales para apoyar su sistema inmunológico y ayudarles a combatir los patógenos en caso de infección.

El consumo de una alimentación variada con fuentes de productos de origen vegetal y animal y consistente con las guías actuales de alimentación saludable, es lo mejor para apoyar el sistema inmunológico. Las personas con ingesta subóptima de varios nutrientes esenciales presentan una respuesta inmune deficiente.

En la tabla 1, se muestra que la mejor dieta para apoyar el sistema inmunológico es una ingesta diversa y variada de verduras, frutas, nueces, semillas, granos y legumbres, junto con algunas carnes, huevos, productos lácteos y pescado altos en grasa.

Esta alimentación es consistente con las pautas de una alimentación saludable la cual contraindica el consumo de alimentos procesados en exceso y los “productos chatarra “ que contienen cantidades excesivas de grasas saturadas y azúcar (20,23,24).

Alimentos fuentes de nutrientes que soportan el sistema inmune

Las recomendaciones puntuales para la población sana sobre las especificaciones de una alimentación saludable para fortalecer su sistema inmune son:

  • Hidratación adecuada, evitando resequedad en mucosas.

  • Tomar agua o agua con limón, entre 6 y 8 vasos por día. No consumir bebidas azucaradas, jugos, bebidas deportivas o agua de panela.

  • Alimentación balanceada alta en proteína.

  • Alta en proteína animal.
    – Carne o pollo magra: dos porciones por día.
    – Carne roja: máximo dos veces por semana.
    – Pescado: mínimo dos veces por semana.
    – Carnes procesadas: máximo una vez por semana.
    – Huevos: 2 – 4 unidades por semana.
  • Leche y derivados bajos en grasa: 2 – 3 veces por día.

  • Harinas y Cereales: 3 – 5 por día. – Papa, arroz, plátano, yuca, plátano. – Pan integral. – Cereales.

  • Nueces, semillas y leguminosas: 4 – 5 por semana. – Leguminosas: fríjol, arveja, lenteja, garbanzo y haba. – Nueces, semillas y olivas.

  • Frutas y verduras: 5 porciones por día.

  • Aceites, grasas y salsas: 2 a 3 porciones por día. – Evitar grasa saturada (origen animal) y usar preferiblemente insaturada (aceite de canola) y seleccionar fuentes de omega 3 como el aceite de oliva y el aceite de pescado (salmón).

  • Azúcares y dulces: menos de dos porciones por semana.

  • Otros:
    – Alimentos frescos variados, evitar los ultras procesados, prefiriendo los alimentos naturales para cocinar/preparar en casa.
    – Reduzca al máximo el consumo de sal.
    – Evitar el consumo de bebidas alcohólicas.
La publicación de la Universidad Nacional de Colombia24 hace alusión al “Plato Saludable de la Familia Colombiana” (25). En el cual se recomienda que, en cada tiempo de comida, deben incluirse alimentos variados y adecuados de todos los grupos, consumirlos frescos, disminuir el consumo de alimentos procesados, y reducir el consumo de grasas y azúcares.

Las medidas de distanciamiento social y las normas estrictas acerca de las visitas a los consultorios y hospitales han generado la necesidad de hacer un contacto remoto tanto para los pacientes sin COVID-19 o aquellos que se encuentran con COVID-19 en cuarentena en sus hogares. Por esta razón la OMS (26) ha recomendado el empleo de telemedicina para facilitar el diagnóstico y tratamiento de los pacientes. En el artículo de Krznaric (27). Se propone una herramienta sencilla de evaluación nutricional que puede ser utilizada como parte de la telemedicina y determinar de forma rápida y práctica el estado nutricional.

 Finalmente, dentro de un plan de alimentación saludable siempre debe existir un programa de actividad física con el objeto de mantener tanto el estado físico como el mental (24,27,28). La oficina regional de Europa de la OMS (29) desarrolló una guía sencilla para estar físicamente activo en un espacio limitado. Que se incorpora a la recomendación general de 75 minutos por semana de actividad física de intensidad moderada y si es intensa 150 minutos por semana.

Recomendaciones nutricionales en las diferentes fases y estadios de COVID-19

Existen recomendaciones nutricionales orientadas a aumentar la sensibilidad del personal asistencial clínico de pacientes con infección por COVID-19 con el fin de mejorar los desenlaces clínicos. Mucho de la literatura, está orientada para la atención de pacientes críticos por las diferentes fases que acompañan a la enfermedad viral y que se relacionan con una mayor progresión del deterioro clínico y a su vez, nutricional.

Han sido descritas 3 fases de progresión que acompañan a muchas enfermedades virales similares y la progresión de la infección por COVID-19 hace parte de este mismo comportamiento fisiopatológico, manifestaciones clínicas y posibles planteamientos terapéuticos que se deben integrar dentro del contexto de la enfermedad. Ver figura 1 (30).

Fases de la enfermedad COVID-19

Las recomendaciones nutricionales en un paciente recién diagnosticado con COVID-19 se enfocan en el manejo de los síntomas iniciales como la fiebre, los problemas respiratorios y en algunos casos la disgeusia y la anorexia. Por esta razón, se debe vigilar el estado de hidratación, la ingesta de alimentos y determinar el estado nutricional. Algunos pacientes serán confinados a sus residencias y otros. Dependiendo de su gravedad pueden requerir hospitalización y dependiendo de su evolución, incluso manejo en la unidad de cuidado intensivo.

Tamización nutricional

Inicialmente, se recomienda hacer una tamización nutricional sencilla para determinar el riesgo. Se establece el peso y la talla y se calcula el índice de masa corporal.

Debido a las restricciones del contacto directo, es mejor solicitar la información verbalmente y que el paciente proporcione los datos que conozca sobre su talla y el peso actual o el último que recuerde (31).

Aunque no se disponga de literatura específica para COVID-19, la recomendación existente sugiere que los pacientes infectados deben evaluarse nutricionalmente a su ingreso hospitalario, y aquellos que se encuentran en riesgo. Deben recibir suplementación oral desde un principio (31–33). Caccialanza et al (31). Presentan un protocolo pragmático de manejo nutricional para los pacientes no críticos con COVID-19.

Comienzan con la tamización nutricional basada en el “Malnutrition Universal Screening Tool” (MUST, por su sigla en inglés). Luego se determina tanto del riesgo como el requerimiento proteico calórico. Se realiza una monitoría sobre la ingesta diaria y se evalúa el mantenimiento del estado nutricional o su deterioro.

Una herramienta fácil y práctica además del MUST (34) o el “Nutritional Risk Asssessment” (NRS-2002) (35). Berger sugiere el empleo del NRS-2002 como una alternativa de tamizaje más precisa debido a que considera la edad. Lo cual es muy importante para COVID-19. Como también la condición crítica del paciente. Cuando el resultado es igual o mayor a 3. El paciente se encuentra en riesgo nutricional y se debe iniciar un plan de cuidado nutricional. Ver Tabla 2.

Evaluación del riesgo nutricional durante COVID-19

Manejo nutricional del paciente hospitalizado no crítico con COVID-19

La mayoría de los pacientes hospitalizados con COVID-19 presentan al ingreso inflamación severa, anorexia y deshidratación. Lo que lleva a una reducción significativa de la ingesta de alimentos (31).

Un número importante de ellos desarrolla al poco tiempo, insuficiencia respiratoria que puede requerir ventilación no invasiva (VNI) o incluso presión positiva continua de la vía aérea (CPAV) (31,33). Otros síntomas que acompañan a la infección viral son con frecuencia los gastrointestinales que se reflejan como diarrea, vómito y náuseas los cuales afectan la ingesta y absorción de los alimentos (36).

 Alimentar a los pacientes en forma adecuada mientras están en el hospital, genera beneficios tanto clínicos como financieros. Un enfoque es considerar la intervención nutricional como un proceso continuo en el que diferentes profesionales tienen varias funciones en distintos momentos.

De esto se deduce que las necesidades individuales de los pacientes pueden ser satisfechas por el profesional de nutrición y dietética quien debe ayudar a que se alcance los requerimientos nutricionales diarios y de un equipo de soporte nutricional que lo acompañe cuando se requiere de una terapia médica especializada, ver figura 2 (37).

Esquema de progresión de alimentación COVID-19

(Lea También: Nutrición Enteral en Pacientes con COVID-19)

Fortificación de la alimentación

Se recomienda considerar ofrecer a los pacientes infectados en el hospital una alimentación hiperproteica y considerar para los refrigerios alimentos densamente calóricos de fácil masticación, deglución y absorción. Debido a que algunos refieren dificultad para alimentarse debido a su sintomatología. Algunos ejemplos son el yogurt, kumis, pudín, queso campesino o cuajada, compotas de fruta o fruta blanda partida y huevo.

Por lo tanto, Caccialanza et al (31) en su protocolo de manejo de COVID-19 en paciente no crítico, propusieron tomar un decisión rápida y pragmática en el manejo de los pacientes con COVID-19 y más que realizar una tamización y evaluación de parámetros bioquímicos. Su procedimiento era aún más proactivo y comenzar con suplementación nutricional con 20 g por vía oral a base de proteína de suero (una o dos veces por día) durante las comidas y una solución intravenosa de micronutrientes. Los cuales contienen tanto vitaminas como minerales.

Seleccionaron proteína de suero por sus propiedades anabólicas y antioxidantes combinadas con su fácil digestibilidad (38,39).

Entre las ventajas están sus propiedades inmunológicas (40), su actividad antiviral (41). Los beneficios clínicos en caquexia y desnutrición (42,43), y la recuperación del sistema inmune en pacientes con VIH (44).

 Caccialanza et al (31), consideran la suplementación de vitaminas y minerales debido a que muchos de estos pacientes no cumplen con la recomendación diaria ideal (RDI) o llegan al hospital con déficits anteriores que son perjudiciales durante las infecciones virales.

Incluso, este mismo autor, considera la suplementación de vitamina D dependiendo de los resultados sanguíneos.

Esto se justifica por la evidencia que indica que el restablecimiento a los valores normales en pacientes infectados puede favorecer la recuperación. Tal como sucede en aquellos con tratamiento antiretroviral, en quienes se reducen los niveles de inflamación y se incrementa la inmunidad en contra de patógenos (45-47).

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