Los Retos de la Atención Médica en Tiempos de Guerra

Atención Médica Tiempos de Guerra

Durante las guerras de Independencia, la mayor cantidad de afectados por la salud se registraban principalmente con ocasión de alguna cruenta batalla. O por la afectación de una epidemia que comprometía a un buen número de la tropa. O por el paso de los combatientes a través de zonas con temperaturas extremas (9).

Particularmente crítica fue la situación sufrida por las legiones británicas que llegaron para reforzar las fuerzas republicanas. Estos extranjeros se vieron sumamente menguados ante las inclemencias del trópico.

Desde luego, el panorama se tornaba más alarmante durante aquellas coyunturas en que se dio una movilización masiva de tropas. Lo cual desbordaba las posibilidades reales de Atención Médica Tiempos de Guerra. Así sucedió en enero de 1822 en momentos en que el fortalecido Ejército republicano del Sur preparaba en Popayán la gran ofensiva final de liberación de la ciudad de Pasto. Al general Bolívar, quien se hallaba al mando de aquella gran operación militar. Se le reportó la llegada de varios batallones y en solo tres jornadas habían ingresado al hospital 146 soldados y un oficial. Es decir, casi 50 por cada día (10).

Historiador francés Clement Thibaud

La información que trae el historiador francés Clement Thibaud sobre el registro de 32 heridos tratados en el depósito de inválidos de Bogotá en 1822 permite asomarnos al tipo de heridas en campaña siendo en su mayoría causadas por balas. Esto indica, según concluye el mismo Thibaud, la primacía de las heridas por armas de fuego. Lo cual significó en ese momento un cambio táctico en la guerra que a su vez generó un mayor impacto en cuanto a las lesiones corporales (11).

Esta tendencia se mantuvo en una muestra de 79 militares tratados ese mismo año en el hospital de inválidos de Caracas. En donde el 83% de los heridos en combate lo fueron con balas de fusil o cañón. Mientras una mínima parte fueron heridos con lanzas, machetes u otros objetos cortopunzantes (12).

En octubre de 1816, el militar republicano José Hilario López fue salvado milagrosamente de ser pasado por las armas por el comandante de Reconquista Pablo Morillo y en lugar de este fatídico destino se resolvió degradarlo y destinarlo a servir como soldado. Estando en Santa Fe, se le complicaron algunas heridas que lo obligaron a pedir a sus superiores que lo enviasen al hospital.

Este fue el relato de su amarga experiencia:

“[…] se me condujo al [hospital] militar del convento de Las Aguas, en donde apenas hubo una cama para acomodarme, pues se hallaba lleno de militares enfermos. Allí pasé algún tiempo sufriendo todas las calamidades y miserias de un establecimiento de esa naturaleza, del cual se me trasladó al hospital de San Fernando.

En medio del teatro de horror y de las inmundicias, recibía, sin embargo, el consuelo de los médicos doctores Merizalde, Osorio y Lazo. Que habían sido obligados a servir gratis en sus profesiones, y habiéndome hecho conocer de ellos. Les inspiré las simpatías de compatriotas, y merecí, con otros de mis compañeros, que en la receta de alimentos se nos asignasen los mejores que podían prescribirse, y que se nos indicase también el ejercicio corporal, para poder salir siquiera al patio principal a renovar los aires pestilentes” (13).

Si esto era lo que se vivía en la capital neogranadina:

Ya se puede adivinar cuál era el dramático panorama padecido en zonas apartadas, pobres y de difícil acceso. Era tan penosa la situación, que algunas voces solían decir que estos ejércitos más parecían hospitales ambulantes (14). Según reportes recibidos a finales de julio de 1819 por el coronel español José María Barreiro, durante la corta permanencia en Tasco de las tropas libertadoras. Éstas afrontaban una evidente disminución por cuenta de las bajas temperaturas. Al parecer, 500 hombres habían sido remitidos al hospital por esta causa (15).

El 1º de septiembre de 1821 existía en el hospital de campaña del Ejército republicano del Sur un total de 224 individuos de tropa y un oficial mientras que cuatro oficiales más recibían Atención Médica Tiempos de Guerra en casas particulares (16). Estas cifras se tornaron más críticas con el paso de los días. Según información suministrada el 30 de noviembre por el general Manuel Valdés. Se había elevado a 217 el número de enfermos en el hospital ubicado en el cuartel general de Caloto y a 184 en el hospital instalado en Cali.

La situación era sumamente preocupante pues por lo general aquellos militares que venían de las tierras frías circundantes a Bogotá muy pocos días después se enfermaban a pesar de estar bien asistidos (17).

No menos alentadora era la situación del general Antonio José Sucre, quien por estos días aunaba esfuerzos para blindar la libertad alcanzada en la provincia de Guayaquil y atacar por el sur a la ciudad de Quito. Su reporte indicaba que el hospital militar de su división albergaba a 400 enfermos, 140 de los cuales eran convalecientes (18).

La ubicación y adecuación de espacios

Una decisión crucial en materia sanitaria durante las guerras de Independencia tenía que ver con la búsqueda de una ubicación precisa y adecuada para la instalación de los hospitales. Ya fuera en campo abierto o en edificaciones ya construidas y debidamente acondicionadas. Para los fines de Atención Médica Tiempos de Guerra se requerían en principio espacios amplios y con facilitad de suministro de agua y víveres. No obstante, esas condiciones casi nunca se cumplían a cabalidad.

En la orden general del Ejército Libertador dada en la población de Tasco el 13 de julio de 1819, pocos días antes de la batalla de Boyacá. Se impartieron instrucciones a los jefes de los estados mayores divisionarios para que arreglaran de la mejor manera posible sus respectivos hospitales. Para lo cual se ordenó al alcalde de esta localidad que desocupara dos casas “de las más grandes”. A fin de que no hubiese sino dos hospitales para poderlos asistir mejor. Cada uno. Debía tener un oficial o sargento como contralor quienes debían recibir del proveedor general las raciones diarias. Los mayores de cada batallón debían nombrar a un oficial que visitara el hospital ambulante para que examinara si los enfermos se hallaban bien asistidos (19).

El secretario de Guerra Pedro Briceño Méndez dispuso a principios de junio de 1820 que:

En la villa del Socorro, los enfermos debían alojarse en casas particulares, pues a la fecha aún no se había dispuesto todavía el hospital militar (20).

A veces, era tal la magnitud de la demanda de enfermos que había necesidad de improvisar instalaciones de instituciones privadas y públicas, tales como conventos, iglesias y colegios. Así sucedió con la derrota militar sufrida en mayo de 1814 por el general Antonio Nariño en la Campaña del Sur. Al momento de la retirada. Era tal la cantidad de heridos y enfermos de los batallones Granaderos de Cundinamarca y Antioquia que fue necesario improvisar la iglesia del pueblo de Almaguer “por no haber otro edificio espacioso” (21).

Las religiosas del convento de Beatas Recogidas de la ciudad de Cali habían estado a cargo de la educación de las niñas desde los albores de la época republicana. No obstante, fueron expulsadas en octubre de 1821 de su sede por orden expresa del gobernador del Cauca don José Concha. Para instalar allí el hospital militar y se ordenó que fueran trasladadas al claustro que antes ocupaban los Padres de La Merced (22). La antigua casa del hospicio de capuchinos ubicada en la villa de El Socorro. Fue hasta 1823 la edificación donde funcionaba el hospital militar pero debió ser objeto de delicadas reparaciones para adecuarlo como sede para el colegio público (23).

Los diferentes niveles de Atención Médica Tiempos de Guerra requerían en condiciones normales una separación de espacios:

Especialmente en el caso de enfermedades contagiosas que representaban un peligro. Pues en pocos días podían diezmar el pie de fuerza reclutado con mucho esfuerzo y sacrificio.

Dentro de las prioridades expuestas por el oficial español a cargo del 1er batallón de Numancia que guarnecía a mediados de 1817 la ciudad de Buga. La primera misión consistió en conseguir una casa alta y cómoda como sede del hospital. Con lo cual pudieran estar debidamente separados los militares afectados por enfermedades contagiosas (24).

El 22 de agosto de 1818, el prior del convento de San Juan de Dios de la ciudad de Santa Fe. Expresó ante el coronel español José María Barreiro inmensa preocupación por el surgimiento de una epidemia de viruela entre el creciente número de militares. Con miras a evitar el contagio. Sugirió aislar a los afectados pero el problema era que en ese momento todas las piezas estaban ocupadas. El hospital de San Fernando se hallaba también saturado de pacientes.

La única alternativa era ocupar una casa ubicada en la Huerta de Jaime, que en otra ocasión había servido de “lazareto” para aquella misma enfermedad. Así entonces, el clamor que hacía el religioso era que se adoptaran las providencias necesarias. Y que se prestaran los auxilios de catres y demás elementos para alojar aquellos virolentos. En un espacio adecuado en el que fueran mejor asistidos y así minimizar los márgenes de peligro de contagio (25).

Una peste azotó a Barranquilla a finales del mes de octubre de 1820:

Emergencia que confinó a 500 soldados patriotas al hospital militar organizado por el ejército que al mando del coronel Mariano Montilla operaba en esta región Caribe. Y que tenía como meta liberar la ciudad de Santa Marta y acentuar el sitio sobre Cartagena.

Ese mismo año, la columna Briceño conformada en su mayoría por negros libertos al servicio de las banderas de la República dejó. Entre las poblaciones de El Socorro y Pamplona a 900 de sus hombres enfermos. Entre veteranos y libertos, atacados por el mal de la viruela. Estos combatientes hacían parte de las huestes que se estaban recogiendo en la Nueva Granada para lanzar la campaña de liberación de Venezuela (26).

El 6 de agosto de 1821 se estipuló que el hospital militar del Ejército republicano que venía de Popayán hacia la ciudad de Cali quedara ubicado en la hacienda de Cañasgordas. Para evitar el contagio que podía sobrevenir a la población y para que no se “remataran” los enfermos por la sequedad del clima (27).

Según información registrada en el diario de operaciones del batallón republicano de Reserva. En su camino de tránsito desde Popayán hasta el cuartel general de El Trapiche, se realizó una visita a los hospitales militares a finales de abril de 1822. Y se implementó una nueva organización, separando uno de convalecencia y otro de cirugía y disentería (28). Entre tanto, al teniente Joaquín Flórez se le encargó el manejo de un hospital de convalecencia de veteranos.

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