Trastornos del Pensamiento, Material Clínico

A manera de ilustración describiré brevemente seis pacientes que llegaron a mi consulta a raíz de que sufrían diferentes tipos de somatizaciones. Los tres primeros tratados mediante psicoterapia psicoanalítica y los últimos con psicoanálisis propiamente dicho.

Este último método fue escogido principalmente por la severidad y duración de la sintomatología global. La descripción tendrá por objetivo principal resaltar algunos aspectos relacionados con el papel que jugaron las vicisitudes del pensamiento como medio de expresión de los sentimientos en individuos, quines en razón de su patología mental, desarrollaron enfermedades psicosomáticas.

La psicoterapia psicoanalítica pretende mediante una técnica específica que el paciente pueda hacer conscientes los principales conflictos que han genera o las patologías mediante el descubrir las defensas deseen cadenadas por situaciones traumáticas y al hacerlo, se puedan verbalizar y expresar los sentimientos reprimidos mediante una catarsis emocional.

Esta terapia, por su técnica y duración, no pretende resolver una conflictiva global de la personalidad como sí es el objetivo del psicoanálisis, el cual mediante un proceso transferencial-contratransferencial generalmente más prolongado, busca un enfrentamiento a fondo de los conflictos primitivos, reviviéndolos y resolviéndolos en la relación con el analista (figura 5). (Lea también: Trastornos del Pensamiento, Evolución Conceptual)

Proceso Terapéutico

Figura 5. Proceso Terapéutico. Objetivo: elaborar conflictos reprimidos.

Caso A (sintomatología múltiple)

Bióloga de 25 años, casada, sin hijos, desde un comienzo revela una personalidad obsesiva acompañada de un relato sin mayor resonancia afectiva.

Consulta porque desde hace cerca de un año comenzó a presentar múltiple sintomatología somática: episodios de mareo severos, astenia marcada, náuseas, crisis de diarrea profusa, cefaleas intensas generalizadas, pérdida progresiva del apetito y de peso.

Todo esto le llevaba a ausentarse periódicamente de sus labores y por esta causa era posible que le cancelaran el con trato de trabajo.

Consultó a médicos generales, gastroenterólogo, endocrinólogo, otorrinolaringólogo, internista y neurólogo así como a un “médico bioenergético” y recurrió varias veces a los Departamentos de Urgencias en instituciones hospitalarias.

En los exámenes tanto físicos como de laboratorio, incluyendo resonancia magnética del sistema nervioso central, no se encontró ninguna alteración.

Le formularon drogas sintomáticas, sin mayores resultados benéficos. Todos estos abordajes médicos, como se supondrá, tuvieron un alto costo económico.

Finalmente y en vista del fracaso diagnóstico y terapéutico, uno de esos médicos se dio cuenta de la existencia de alguna problemática psicológica y le aconsejó consultar.

Fue evaluada por un psiquiatra quien sospechó que su diversa problema tica orgánica eran somatizaciones de conflictos psicológicos y consideró que ameritaba un tratamiento psicoterapéutico.

Inició psicoterapia psicoanalítica y al poco tiempo surgió lo que se pudo considerar como el núcleo de su problemática emocional. Relató que había tenido dos abortos provocados, uno hace dos años y otro unos me ses antes de comenzar la sintomatología somática.

Estos hechos, a los cuales conscientemente no les dio mayor importancia, progresivamente mostraron que estaban íntimamente relacionados con una depresión latente acompañada de intensos sentimientos de culpa que desencadenaban necesidad de auto castigo mediante las somatizaciones.

Así mismo se encontraron severos conflictos en la relación con el padre, quien era vivido como una figura perseguidora y cruelmente superyoica, con quien se identificaba a través de incrementar los sentimientos de culpa relacionados con los abortos y la consiguiente necesidad de auto castigo.

Esta problemática incidió en un empobrecimiento progresivo de la vida sexual conyugal hasta el punto que hizo peligrar la estabilidad matrimonial.

Durante la terapia pudo hacer consciente, verbalizar y elaborar la depresión inconsciente ocasionada por el duelo de los hijos perdidos y la culpa por sus sentimientos facilidad así como también superar la identificación patológica con la figura paterna.

Al cabo de algunos meses la sintomatología tanto física como psicológica comenzó a desaparecer y la terapia se dio por terminada con evidente mejoría. (Ver también: Trastornos del Pensamiento, Caso C (Artritis Reumatoidea))

Caso B (colon irritable)

Ingeniero de 41 años, separado, que consulta por episodios de angustia intensa, con sentimientos de desesperación y deseos de quitarse la vida. Esta situación se ha acompañado de crisis de ingestión de bebidas alcohólicas hasta el punto de haber llegado varias veces a intoxicaciones severas, una de ellas con tratamiento hospitalario.

Relata que desde hace varios años ha venido siendo tratado para episodios diarreicos severos que han sido diagnosticados como colon irritable, que se exacerban cuando está angustiado pero no sin mejoría a pesar de diversos tratamientos farmacológicos.

Durante el proceso psicoterapéutico se encontró un manejo muy conflictivo de sus relaciones de pareja. A los 23 años, después de que su novia, de quien estaba enamorado le abandonó por múltiples infidelidades de él, presentó una crisis ansiosa similar a la actual.

Posteriormente se reconciliaron, casaron y tuvieron 3 hijos. Durante los siguientes 15 años de matrimonio, las infidelidades se repitieron constantemente con situaciones cada vez más problemáticas, hasta que decidieron separarse.

Aunque acepta que la esposa tiene toda la razón, su compulsividad hacia la búsqueda de mujeres (generalmente muy desvalorizadas) es algo imperioso, sin que con ninguna de ellas haya desarrollado un lazo afectivo importante.

Al cabo de un tiempo encuentra otra mujer a quien valora, especialmente por su medio social e intelectual y se enamora nuevamente. En esta relación vuelve a repetir el ciclo que se produjo con la esposa, pues una vez se estabiliza la relación, aparecen las infidelidades que le llevan a una nueva ruptura con el consiguiente descalabro afectivo y el desencadenamiento de la actual crisis.

A pesar que en la entrevista inicial se aprecian algunas expresiones depresivas, predomina la frialdad en su relato y el uso del pensamiento concreto, con pocas posibilidades de elaborar hipótesis sobre las causas de sus dificultades.

El explorar la génesis de la problemática psicológica, recordó el antecedente de la muerte del padre cuando era adolescente, con quien guardaba una relación muy idealizada sin que el respectivo duelo se hubiera podido elaborar, pues lo vivió con frialdad afectiva.

Después de la muerte paterna inició una vida llena de situaciones conflictivas, altamente peligrosas, cercanas a la delincuencia, que se interpretaron como conductas masoquistas en que bus cada situaciones de peligro como expresión del duelo no elaborado y la consiguiente necesidad de auto castigo.

Simultáneamente abandona la casa paterna y por tanto se separa de la madre y hermanos e inicia una serie de relaciones de pareja evidentemente mal tratantes.

Desde el comienzo de la terapia se apreció la simultaneidad entre las crisis diarreicas y los episodios de angustia.

Durante el proceso terapéutico fue evidente principalmente un clonflicto edípico no resuelto a raíz de la muerte del padre, que era vivido inconscientemente como un parricidio con intensos sentimientos de culpa y por ello necesitó separarse de la familia e iniciar conductas masoquistas con tendencia a esta blecer relaciones de pareja mal tratantes.

Trató de su perar esta situación mediante la relación con una novia idealizada (figura materna) con quien se casó pero no pudo mantener una relación estable , pues no se sentía digno de una mujer a quien pudiera valorar y que a su vez lo valorara.

Al cabo de unos meses de tratamiento, la sintomatología depresiva desapareció, habiéndose presentado altibajos, a raíz que intentó volver con la novia, pero ésta le dijo que hasta que no se estabilizara no aceptaría reanudar la relación.

Las manifestaciones intestinales fueron cediendo pero ocasionalmente se repetían los episodios diarréicos. El paciente suspendió el tratamiento por tener que radicarse en una ciudad distante debido a razones laborales.

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