Trastornos del Pensamiento, Evolución Conceptual        

Por ser poco conocidas las contribuciones de Erasistrato a la medicina (7) (8), me parece de especial interés mencionarlo puesto fue uno de los pioneros que en la antigüedad relacionó la enfermedad somática con un trastorno mental. En efecto, este médico alejandrino quien vivió entre los años 310 y 250 a.C. y practicó la medicina en Antioquía y Alejandría, fue un estudioso de la anatomía y uno de los padres de la fisiología.

Al ser consultado por el Príncipe Antíoco de Alejandría a causa de sufrir severa caquexia originada por una anorexia acompañada de intenso ensimismamiento, encontró que la causa de estos trastornos era el enamoramiento frustrado del Príncipe hacia Estratonice, su madrastra. Este episodio está bellamente ilustrado en un óleo del pintor B. West, que se encuentra en el Museo de Arte de Birmingham, Alabama (figura 1).

Ángeles Erasitrato y Antíoco

Figura 1. Erasitrato y Antíoco (Benjamín West)

El término “psicosomático” fue usado por primera vez por Johann Christian Heinroth en 1818 al discutir las causas del insomnio así como el concepto de “medicina psicosomática” fue acuñado por Félix Deutsh en 1922 al plantear sus hipótesis sobre el origen de estas enfermedades (9).

El concepto “psicosomático” tiene su principal raíz en la filosofía, específicamente en la de Descartes, cuando desarrolló sus razonamientos sobre la dicotomía mente-cuerpo y a su vez sentó las bases para una mejor comprensión filosófica de las funciones del pensamiento (10). Alexander (11), uno de los iniciadores del estudio de la medicina psicosomática en el siglo XX señaló que este término ayudaba a la integración de la dualidad dejada por el pensamiento cartesiano. Chiossa (12) afirmó que este concepto se debería aplicar a cualquier tipo de enfermedad, puesto que toda patología humana encierra componentes psíquicos y orgánicos simultáneamente.

cuerpo y a su vez sentó las bases para una mejor comprensión filosófica de las funciones del pensamiento (10). Alexander (11), uno de los iniciadores del estudio de la medicina psicosomática en el siglo XX señaló que este término ayudaba a la integración de la dualidad dejada por el pensamiento cartesiano.

Chiossa (12) afirmó que este concepto se debería aplicar a cualquier tipo de enfermedad, puesto que toda patología humana encierra componentes psíquicos y orgánicos simultáneamente. Todo concepto que abarque el cuerpo y la mente necesariamente pertenece al terreno de lo que en las ultimas décadas se ha llamado (13) “pensamiento complejo”, es decir, es la búsqueda que da para explicarlos diversos fenómenos naturales mediante el enfoque múltiple de diferentes ciencias, desde la física y la química a las matemáticas y la filosofía.

Esta exploración científica en el terreno de lo psicosomático seguramente se está dando con el desarrollo de las ciencias, pero en este trabajo me limitaré únicamente a la integración de lo propiamente médico con lo psicoanalítico. Sería muy extenso hacer un recuento histórico de la evolución del concepto mente-cuerpo dentro del ámbito médico. Un detallado estudio al respecto se puede encontrar en la obra de Zilboorg sobre la Historia de la Psicología Médica (14). Sin embargo vale la pena mencionar que a lo largo de la historia de la medicina se produjeron múltiples aportes que allanaron el camino para que a finales del siglo XIX, ya de una manera científica, las investigaciones de Freud (15) sobre la histeria, llevaron a descubrir la existencia de la relación entre el síntoma histérico y un conflicto psicológico. En ese mismo año, Freud en su célebre “Proyecto” (16) propuso una novedosa teoría sobre el origen del pensamiento basada en las concepciones neurológicas de la época.

Una de esa contribuciones fue postular que si existe un conflicto psicológico que no se puede resolver mediante el pensamiento, necesariamente se desencadenará, o bien un síntoma psicológico como por ejemplo una fobia, o uno orgánico como el histérico (conversivo). De esta manera abrió el camino psicológico para investigar la génesis de la enfermedad psicosomática. Años mas tarde (17) produjo su concepción sobre el origen psicológico del pensamiento, que constituyó un aporte substancial a la comprensión de la relación mente-cuerpo. A continuación resumiré esta teoría.

Al investigar la pérdida de la realidad en los trastornos psicóticos, plantea “Los dos principios del funcionamiento mental: el del ‘placer’ y el de ‘realidad”. A causa de estos principios (o leyes) la mente tiende afuncionar hacia dos direcciones. O bien a descargar la necesidad pulsional en forma inmediata (principio del placer) o bien a postergar la descarga según las posibilidades que le ofrece la realidad (principio de realidad).

Esta postergación es posible gracias a la aparición del pensamiento, es decir, el individuo puede aplazar la satisfacción de su necesidad instintual siempre y cuando se genere un pensamiento que le permita elaborar su realidad y la conveniencia o no de dicha descarga. En este sentido dice: “La descarga motora, que durante el régimen del principio del placer había servido para descargar los incrementos de los estímulos del aparato psíquico, y había cumplido esta misión por medio de inervaciones transmitidas al interior del cuerpo (mímica, expresión de los afectos), quedó cargada ahora de una nueva función, siendo empleada para la modificación adecuada de la realidad y transformándose en acción.

El aplazamiento, necesario ahora, de la descarga motora (de la acción) fue encomendado al proceso del pensamiento surgido de la mera representación. Esta nueva instancia quedó adornada con cualidades que permitieron al aparato anímico soportar el incremento de la tensión de los estímulos durante el aplazamiento de la descarga” (Op. cit. p. 1639).

Posteriormente, basado en las concepciones psicoanalíticas de ese entonces y en los aportes fisiológicos de Cannon (homeostasis) y Selye (síndrome general de adaptación) Alexander (op. cit.), da una nueva contribución al desarrollo de la medicina psicosomática en la primera mortal del sigloXX. Sus planteamientos se dirigen a explicar la enfermedad psicosomática como resultado de la represión patológica de los afectos: por ejemplo, señala que en el origen psicológico de la “hipertensión esencial” subyacen sentimientos agresivos reprimidos, asi como “una secreción aguda del estómago puede ser una respuesta regresiva a un sentimiento de peligro o una crisis de asma está en relación con un impulso inconsciente reprimido solicitando la protección materna” (p. 55). Sus investigaciones se extendieron a mostrar la importancia del factor psicógeno en diversas afecciones tales como trastornos del aparato digestivo, cardiovascular, endocrino, piel, osteomuscular y genital. Estos aportes constituyeron la primera sistematización psicopatológica de algunas enfermedades consideradas hasta ese momento como de origen físico o idiopático.

Besancon (18), quien hace una recuento histórico de las contribuciones a la medicina psicosomática a lo largo del siglo XX, menciona especialmente las de Dumbar en cuanto a la existencia de personalidades específicas para la génesis de una u otra enfermedad y resalta los aportes de Friedman quien describió las personalidades Tipo A y B según favorecieran o no el desarrollo de afecciones cardiovasculares. Garma (19) y Chiossa (20) explicaron la importancia de la simbología en las enfermedades psicosomáticas, es decir, cómo el órgano afectado tiene su lenguaje propio para expresar determinadas emociones. Por su parte Ruesch (21) encontró que las deficiencias comunicativas de los individuos con su medio, predisponían a este tipo de enfermedades.

Los postulados de Freud sobre la génesis del pensamiento, tuvieron en la segunda parte del siglo XX el aporte substancial de Bion (22) quien después de investigaciones tanto con pacientes psicóticos como no psicóticos, planteó su teoría sobre el origen del pensamiento y para ello describió un complejo proceso mental que conduce a la producción del pensamiento. Este concepto parte del modelo psicosomático primitivo, la relación madre bebé, en la que se funden las necesidades primordiales orgánicas con las afectivas y se fundamenta en las dos alternativas mencionadas por Freud. Si el impulso, como por ejemplo el hambre (necesidad de alimento-amor), se descarga mediante el comer, la energía que conlleva ese impulso es gratificada y deviene un estado de reposo. Si por el contrario la necesidad no es satisfecha, porque el bebé no encuentra comida (el pecho de la madre o su subtituto), existen dos posibilidades: o tolera la frustración que conlleva el hambre o no lo hace.

Para tolerarla, debe haber tenido buenas experiencias alimenticias- amorosas, que hayan favorecido el inicio del proceso de simbolización (creación de imágenes sensoriales), que a su vez le permitan al bebé refugiarse en fantasías primitivas mientras dura la tensión que le genera el hambre.

Si de todas formas el hambre subsiste, la tensión se incrementará hasta el punto de no tolerarla y buscará la descarga tensional por la vía motora, es decir, expresarla mediante un órgano como por ejemplo, el llanto, el pataleo o cualquier signo de angustia revelador de un proceso psicobiológico.

Proceso de Simbolización

Figura 2. Proceso de simbolización

Si estas experiencias negativas predominan, se genera una intolerancia progresiva a la frustración con la consiguiente imposibilidad de producir pensamientos y por tanto a que se desencadenen diversas manifestaciones sintomáticas bien sea en el área psíquica o en la orgánica (figura 2).

En este proceso de simbolización el papel de la madre (o su subtituto) es fundamental. Cuando la madre a su vez no es capaz de tolerar las angustias del niño y devolvérselas con comprensión amorosa, sino mas bien con intolerancia, rabia o desinterés, el niño no podrá superar su angustia y se reforzará la tendencia a descargarla mediante síntomas.

Pero si la madre actúa con comprensión y tolerancia y le devuelve la angustia con actitudes y palabras (símbolos preverbales y verbales) amorosas, que tiendan a que el bebé comprenda sus temores, el proceso inconsciente de simbolización del niño se acrecienta y por lo tanto su capacidad de generar pensamientos. Bion llama esta capacidad materna “función alpha” que a su vez va a permitir desarrollar esa función en el infante, crucial para tolerar futuras frustraciones y manejarlas mediante el pensamiento. En otras palabras, a menor función alpha mayor será la tendencia a transformar la angustia en diversas manifestaciones patológicas (figura 3).

Desarrollo de la función Alpha

Figura 3. Desarrollo de la function Alpha (f.a) y del pensamiento

Este proceso de la interrelación madre-bebé ha sido prolijamente estudiado desde el punto de vista pediátrico en un trabajo de Hernández-Saenz (23). Como no es objeto de este escrito profundizar sobre el desarrollo de las diversas teorías psicoanalíticas relacionadas con los trastornos del pensamiento, cito una publicación de Luzes (24) en donde resume y comenta las diversas investigaciones realizadas en estesentido. Una de sus conclusiones es “en el campo del pensamiento, entre los psicoanalistas, Freud y Bion, han aportado las formulaciones más consistentes” (p. 821) posición que comparto y constituye una de las bases teóricas del presente trabajo.

En las décadas del 60 y el 70 del siglo XX surgieron dos contribuciones fundamentales emanadas de investigaciones sobre pacientes con desordenes psicosomáticos. Por una parte las de los psicoanalistas de la llamada “Escuela de Paris”, Marty y De M´Usart (25), postularon lo que llamaron “pensamiento operatorio”, es decir un trastorno del pensamiento, típico de pacientes que padecían ese tipo de enfermedades.

Esta contribución sentó las bases teórico-clínicas para que un grupo de psicosomatólogos encabezados por Sifneos (26) describieran un síndrome que denominaron “alexitimia”, que permitió abrir nuevos derroteros para el estudio de las enfermedades psicosomáticas.

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