Letras, Ideas de Vida y Muerte en Antiguas Culturas de Mesoamérica

(Trabajo presentado a la Academia Nacional de Medicina el 5 de diciembre de 1996)

Por Adolfo de Francisco Zea

En el mes de abril de 1519, Hernán Cortés a la cabeza de un grupo de 553 hombres, desembarcó de sus once pequeños navíos, el más grande de los cuales desplazaba apenas cien toneladas, en la costa del golfo de México a la altura de lo que hoy se conoce como la isla de Cozumel, frente a la península de Yucatán. Cuatro meses más tarde, después de haber recorrido la costa occidental del Caribe mexicano, Cortés dio comienzo a una de las aventuras más increíbles del siglo XVI, que habría de terminar dos años más tarde con la derrota del imperio azteca y la destrucción de su capital, Tenochtitlán, por aquel entonces la ciudad más populosa de toda mesoamérica. Antes de iniciar el16 de agosto de 1519 su expedición al interior del territorio mexicano, Cortés quemó los cascos de diez de sus naves, dejando solamente una en reserva que le podría permitir ponerse en contacto con Cuba, Santo Domingo y eventualmente España, si fuere necesario.

Tuvo sin embargo el cuidado, al desmantelar las embarcaciones, de ocultar los velámenes, las anclas, los clavos y demás elementos de hierro que posteriormente habrían de servirle en la construcción de los bergantines de guerra que en el lago de Texcoco le permitieron el asedio final a Tenochtitlán. Tenochtitlán, la capital del imperio azteca había sido fundada en 1315 por tribus nómadas venidas del norte, de la región de Aztlán o “país de las garzas”, que se asentaron en las regiones lacustres del altiplano central de México, cuando después de un largo peregrinar encontraron como signo promisorio a un águila, que parada en una planta de nopal devoraba una serpiente.

En sus leyendas, ése era el signo que su dios tribal del Sol y de la guerra, Huitschilopotl, les había señalado para identificar el sitio donde debían finalmente establecerse. Durante los dos siglos siguientes, el imperio se fue consolidando y su territorio y el de los pueblos sometidos a su vasallaje, se extendió por el occidente hasta el océano Pacífico o Mar del Sur, por el oriente hasta el Golfo de México y por el sur hacia lo que hoy son las repúblicas de Centroamérica.

La historia de los pobladores de la inmensa zona mesoamericana se remonta en el pasado por lo menos veinte o veinticinco mil años cuando las primeras poblaciones venidas del norte merodearon como nómadas por esos territorios. Las leyendas populares del siglo XVI mencionaron la existencia de gigantes de cinco metros de altura, que habrían construido en los albores de la historia las inmensas pirámides de Teotihuacán y las formidables del valle de Cholula. De acuerdo con las evidencias actuales los primeros pobladores del continente americano parecen haber sido recolectores poseedores de una industria lítica bastante tosca a base de núcleos, cantos rodados, lascas y nódulos de piedra, cuyo nivel cultural era similar al de los grupos del paleolítico inferior y medio del antiguo continente.

Luego penetraron grupos de cazadores nómadas que elaboraron las puntas de proyectil que hoy conocemos como Sandia, Clovis, Folsom y otras y vivieron de los grandes mamíferos del pleistoceno, especialmente el mamut y el bisonte. Algunos grupos de los cazadores nómadas, dedicados más a la recolección, alcanzaron progresos culturales tales como el desarrollo de la cestería y de los tejidos, el uso de taladros para obtener el fuego, la fabricación de cordeles, punzones de hueso, hachas de piedra y cuentas de concha. Ellos fueron los primeros en rendir culto a los muertos.

Esta tradición que data de más de diez mil años, se conoce como Cultura del Desierto de Norteamérica. A partir del año 5000 a.c., grupos semejantes a los del neolítico siberiano introdujeron la cultura microlítica, el conocimiento del cobre martillado, la cerámica y quizás los montículos funerarios y las primeras viviendas semisubterráneas. Algunos de los primitivos pobladores de Norteamérica se dispersaron por el territorio mexicano. Los estudios arqueológicos han permitido suponer que hacia el año 10000 a.c., los grupos cazadores emplearon armas y artefactos de piedra en las cacerías de grandes animales y se piensa que habitaron en abrigos rocosos o campamentos temporales. Están representados por el llamado hombre de Tepexpan, cuyos restos fosilizados en posición semi fetal sobre una capa de arcilla arenosa fueron encontrados en las riberas del lago de Texcoco, al norte de la actual ciudad de México.

En el llamado complejo Lerma, se encontraron raspadores para el trabajo de pieles, huesos de ciervo, venado y castor y en el de Nogales, hachas cortas, piedras para la molienda de semillas, martilladores y morteros, que hablan ya de una economía recolectora aunque todavía con bastante dependencia de la caza del ciervo, el j aguar y otras especies menores.

Tal como lo ha señalado Piña Chan en su obra Una visión del México prehispánico, los núcleos de pobladores primitivos, cazadores nómadas y recolectores, desarrollaron una agricultura incipiente a partir del maíz que crecía silvestre, hacia el año 5000 a.c., a la que se agregó posteriormente el cultivo del fríjol, la calabaza, el chile, el aguacate, el amaranto, el mijo silvestre y el algodón. Emplearon por otra parte fibras vegetales de plantas como el maguey para la fabricación de cordeles, redes y cestas, mantas, esteras y sandalias, con lo cual se fue integrando una economía estable y autosuficiente. Desarrollaron como elemento cultural importante el rito a los muertos como lo demuestra el hallazgo de tumbas excavadas en el interior de cuevas, con cadáveres extendidos o flexionados, cubiertos de polvo de hematita o cinabrio, envueltos en mantas y atados con cordeles. Junto a ellos colocaron objetos personales en calidad de ofrendas al igual que alimentos, lo que indica que ya se creía en la existencia de otra vida después de la muerte. Hay también evidencias de sacrificios humanos, todo lo cual lleva a pensar que las creencias mágico-religiosas comenzaban a tomar forma.

Hacia el año 3000 a.c., construyeron viviendas y se agruparon en pequeñas aldeas, fabricaron vasijas talladas en piedra y posteriormente, en fecha aún incierta, introdujeron la cerámica. En el período que siguió al desarrollo de la agricultura, del año 3000 al 2000 a.c., la vida plenamente sedentaria se caracterizó por el empleo de las viviendas semisubterráneas, la domesticación del perro, la utilización de recipientes tallados en piedra, mayor variedad de plantas cultivadas e introducción de una cerámica más elaborada.

Posteriormente, hacia el año 1000 a.c., se construyeron chozas de bahareque y se iniciaron los cultos a la fecundidad con figuras femeninas modeladas en arcilla. Luego se levantaron chozas sobre plataformas de tierra y piedra, se desarrolló la magia, hicieron su aparición las deidades de la lluvia Revista Medicina Vol. 20 No. 1 Mayo 1998 y se inició el tallado del jade y la obsidiana. La cerámica monocroma se volvió bicroma en utensilios cada vez más diversificados y aparecieron las deidades jaguares de la tierra, los clanes totémicos, los magos y los chamanes. En un ulterior período cultural, el Preclásico Superior, del 800 al 200 a.c., se inició la agricultura con el desarrollo de centros ceremoniales no planificados, se rindió culto al dios del fuego y se estableció el sacerdocio y la religión formalizada. En esa época aparecieron los mascarones estucados, las esculturas monumentales en piedra, las tumbas del mismo material, los ornamentos de jade y obsidiana y las canoas de troncos ahuecados.

Se desarrollaron terrazas cultivadas, se estableció un comercio primitivo, se logró la cerámica policroma y en el arte predominó la pintura negativa o al fresco. El período comprendido entre los años 200 antes y 200 después de Cristo, señala el inicio de las civilizaciones que irán a culminar en las culturas locales. En un comienzo se integran ‘los grandes centros ceremoniales con poblaciones de tipo urbano, se desarrollan en forma importante el arte, la religión y las formas de organización social, prosperan los conocimientos y las observaciones astronómicas, se construyen los observatorios astronómicos y en distintas zonas aparecen los calendarios que tendrán su culminación con las formas más elaboradas de los aztecas y los mayas.

En el período Clásico tardío se emplea el arco falso en las construcciones arquitectónicas y la cerámica que se utiliza es anaranjada y delgada. Es importante señalar la aparición de juguetes con ruedas, idea cuya aplicación nunca tuvo lugar en el transporte. Finalmente se consolida el politeísmo con dioses que tienen ya sus atributos reconocibles. A partir del año 700 de nuestra era, se inició el militarismo con el empleo de arcos y flechas y la utilización de técnicas metalúrgicas más elaboradas a tiempo que la mitología se enriqueció con nuevos elementos solares que van desplazando a las divinidades agrarias.

Hacia 1200 se establecen alianzas y se crean las órdenes militares de los caballeros jaguar, reminiscencia de la Tierra y los caballeros águila que simbolizan el Sol. Estas órdenes militares perduraron hasta la llegada de los españoles a América. Se estableció en este período la agricultura de riego y las chinampas o islas artificiales para el cultivo de las flores y las hortalizas, se avanzó en el desarrollo de los códices, de los cuales solamente unos veinte sobreviven, se emplearon artísticamente las plumas vistosas de las aves, el oro y la plata, lo que junto con la arquitectura monumental bien diseñada hizo pensar a los españoles de Cortés al llegar a Tenochtitlán que estaban conquistando la más bella de las ciudades del mundo.

Entre las culturas prehispánicas de México, una de las más interesantes tanto desde el punto de vista arqueológico como desde el histórico es la cultura Olmeca. Se cree que los grupos nómadas olmecas se establecieron en la región del golfo especialmente al sur de Veracruz y al norte de Tabasco, 1.500 años antes de Cristo. Sus figuras modeladas en arcilla y posteriormente en grandes bloques de piedra hacen énfasis en el carácter felino de su tótem lo que los llevó a la creación de un estilo artístico de gran fuerza.

Con frecuencia se observa en ellas la hendidura de la frente como representación de la fontanela mayor y la costumbre muy en boga en ellos de deformar los cráneos hace que las cabezas tengan a menudo forma de peras o aguacates. Los olmecas se difundieron por la costa del golfo y penetraron luego al altiplano central. A ellos se les deben las ideas básicas sobre el dios jaguar, deidad agraria relacionada con la agricultura y las lluvias, que posteriormente como dios jaguar humanizado se convertía en Tláloc, dios azteca de la lluvia, de tanta importancia en sus ideas religiosas. Fueron los olmecas los primeros en tallar el jade. Su dominio se extendió hasta Tlaxcala y Puebla; llegaron a ocupar a Cholula, de donde fueron desalojados por los toltecas que los obligaron nuevamente a buscar refugio en las costas del golfo.

Con los grupos olmecas se inician los cultos al Sol, a la Luna y quizás a Venus así como a los antecesores de Ehécatl el dios del viento y de Xipe el dios del maíz y los mantenimientos, con los cuales el panteón de dioses con atributos reconocibles se va constituyendo en una realidad. La gente de esas culturas practicaban la mutilación y el ennegrecimiento de los dientes, rapaban sus cabezas y en ocasiones usaban barbas postizas. Las mujeres llevaban trenzas y peinados con listones entrecruzados y era frecuente, como se mencionó anteriormente, la deformación craneal.

Una de las primeras manifestaciones de cultura religiosa avanzada fue la aparición del juego de la pelota, que tuvo gran significación en diversas culturas del altiplano, en el cual el jugador vencido era decapitado y su sangre se representaba como saliendo del cuerpo en forma de serpientes. El juego de la pelota tenía una significación religiosa; el terreno en el que se jugaba representaba en realidad un templo y la pelota tenía la significación del Solo de la Luna o bien significaba el movimiento de toda la bóveda celeste. En algunos manuscritos mixtecas se ven grandes príncipes y notables apostando en la contienda joyas de oro y de jade.

Los olmecas se desplazaron hacia la región de Yucatán y la actual Centroamérica poco antes de la iniciación de la era cristiana en occidente, y contribuyeron al desarrollo de la civilización maya de esas regiones, en razón a tratarse de grupos organizados capaces de construir basamentos para templos, plataformas, plazas y santuarios. Tenían además un sacerdocio incipiente, artesanos especializados, agricultores y comerciantes y estaban a un paso de la organización teocrática que caracterizará a los mayas del período Clásico.

En la región del altiplano central hacia el año 1800 a.c., se instalaron grupos recolectores y agrícolas incipientes que dieron comienzo a una cultura sedentaria, la primera cultura de Teotihuacán. Su creencia en otra vida parece señalada por los enterramientos que practicaban debajo de los pisos de las chozas; el culto a la fertilidad relacionado con la agricultura, está señalado por figurillas de barro de mujeres desnudas, que enterraban en los terrenos de cultivo como ofrendas aisladas. Varios siglos después cultivaron el maíz, la calabaza y el fríjol y establecieron nexos comerciales con grupos vecinos para obtener materias primas como el algodón, las turquesas, el caolín y el jade.

En las prácticas funerarias de esa cultura predominaron los entierros con cuerpos flexionados, colocados directamente en el suelo sobre un manto de corteza vegetal, cubiertos por polvo rojo de cinabrio. Se han encontrado entierros múltiples de un hombre principal rodeado de varias mujeres y de gran cantidad de ofrendas para acompañarlos en el viaje al más allá.

A comienzos de la era cristiana se levantaron las pirámides del Sol y de la Luna y se dio comienzo a la verdadera cultura teotihuacana con el desarrollo del centro ceremonial, una población numerosa y una sociedad ya muy estratificada. El gran centro ceremonial se desarrolló alineando edificios a lo largo de una amplia calzada que hoy se denomina Calle de los Muertos. En el período de esplendor se construyó el templo de Quetzalcóatl o de la serpiente emplumada y se erigieron edificios con pinturas excelentes que representan el agua, las semillas, los animales y las flores, que hoy en día pueden admirarse en el Templo de la Agricultura y en Los Subterráneos. La sociedad teotihuacana estuvo gobernada por una casta sacerdotal, integrada posiblemente por nobles y jefes de elevada alcurnia, los cuales no solamente tenían funciones religiosas, sino también políticas, administrativas y comerciales a la vez que enseñaban los conocimientos de la época.

Entre los dioses que veneraron se encuentran Tláloc, dios de la lluvia, Huhuetótl, el dios viejo o del fuego, representado como un anciano jorobado, Xipe, dios de las cosechas y Xólotl, hermano gemelo de Quetzalcóatl, adoptado después por los toltecas como el dios viajero al interior de la Tierra. En estrecha relación con la religión está el culto a los muertos, que ya no solamente se entierran sino que comienzan a ser incinerados envueltos en mantas y atados con cordeles.

El período de declinación de Teotihuacán se extiende del año 650 al 900 después de Cristo. El gran centro cultural que había influido tanto en casi todas las culturas mexicanas comenzó a declinar y cesó de actuar el espíritu creador de sus habitantes como si sobre la gran ciudad hubiera caído una gran desgracia y en su lugar, como lo señala Piña Chan “se observan huellas de incendios, pobres construcciones de adobe y lodo, profanación de tumbas, desmantelamiento de escalinatas y fachadas de piedra cortada, pisos de lodo, cerámica de calidad más pobre y demás evidencias que señalan un cambio en la forma de vida de ese gran centro, en su organización social y en su religión.

Es en esa época cuando hacen su aparición los toltecas que llegaron a ser una de las culturas más importantes y fructíferas de mesoamérica. Es posible que los grupos que adoptaron el nombre de toltecas fueran chichimecas venidos del norte y que el nombre tolteca derivara de la magnífica calidad de las obras que hacían. Fray Bernardino de Sahagún señala que tolteca “es tanto como si dijésemos oficiales pulidos y curiosos”; con el tiempo se les consideró arquitectos y artistas y su nombre llegó a ser sinónimo de grandes constructores. Su ingreso a la historia está señalado por una mezcla de hechos mitológicos, entreverados con datos históricos, que hacen difícil dilucidar qué constituye el mito y qué la historia.

Parece ser que la palabra tolteca se hubiera originado en Teotihuacán y que se la relacionara después con una gran tradición cultural y religiosa, vinculada también al desarrollo del arte y las artesanías, todo lo cual tuvo marcada influencia en todo el territorio mexicano.

Entre los siglos IV al IX de nuestra era, época del máximo esplendor de Teotihuacán, Quetzalcóatl fue el símbolo de la sabiduría del México antiguo. Su nombre deriva de las palabras Quetzal que significa pájaro y Cóatl que significa serpiente. De allí que se le conozca como la Serpiente Emplumada, esculpida en piedra en las construcciones del centro ceremonial de Teotihuacán, y llevada posteriormente al territorio dé los mayas, quienes también la tallaron en sus monumentos y la conocieron con el nombre compuesto de Quetzalcóatl- Kukulcán. Por tratarse de un dios antiguo, es frecuente representarlo con barbas. El dios barbado, las cabezas de serpiente emplumada y la tinta roja que significa vida, en las pinturas de los edificios evocan el recuerdo del antiguo dios bienhechor, origen del espiritualismo del México antiguo.

En estrecha relación con el culto a Quetzalcóatl, antigua divinidad suprema, se sabe que en aquella cultura tolteca de Teotihuacán existió un sumo sacerdote o príncipe gobernante del mismo nombre. Es la gran figura histórica, sobre cuya existencia parecen estar de acuerdo todas las fuentes, que se empeñó en mantener en toda su pureza el culto tradicional a una deidad suprema. A él se le atribuye la formulación de toda una doctrina teológica acerca del Ometeótl o dios supremo dual. La parte masculina de esa deidad es conocida como Ometecutli y la femenina, Omecíhuatl y se suponía que eran los residentes del cielo más alto, en un lugar llamado Omecoyan.

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