La Teoría de la Información, Información Versus Conocimiento

R. Kurzweil cita a E.A. Feigenbaum y P. McCorduck en su obra The Fith Generarion: “El conocimiento no es lo mismo que la información. El conocimiento es información que ha sido seccionada, preparada, interpretada, seleccionada y transformada”.

Kurzweil también se refiere a la naturaleza del conocimiento: “Los hechos aislados no constituyen el conocimiento. Para que la información se convierta en conocimiento, debe incluir las relaciones entre las ideas. Y para que el conocimiento sea útil, las relaciones que describen cómo interactúan los conceptos, deben ser fácilmente accesados, actualizados y manipulados. La inteligencia humana es notable en llevar a cabo estas tareas.

Sin embargo, es casi más notoría su debilidad en el almacenamiento confiable de la información en la cual está basado su conocimiento. La fuerza natural de las computadoras es exactamente lo opuesto a esto. Por lo tanto se convierten en poderosas aliadas del intelecto humano por su habilidad para almacenar confiablemente y recobrar rápidamente una vasta cantidad de información, aunque, por otro lado, han sido lentas en manejar le conocimiento. “Me parece que esta es una excelente definición.

Dice el educador colombiano R. Flórez Ocho a en su libro Hacia un pedagogía del Conocimiento (1940). “El bombardeo de información y la explosión tecnológica van dificultando y cerrado el espacio para la reflexión autoconsciente y la toma de decisiones libres …parece natural que el conocimiento al fin de cuentas esté al servicio de la vida, del elevamiento de la calidad de vida, proporcionándole a la gente un nivel de supervivencia más estable y seguro, más agradable y cómodo, más humano para el individuo y para el colectivo social. En esta perspectiva, el conocimiento es más acción que especulación, y su verdad se mide con las consecuencias útiles que trae el mejoramiento y la transformación progresiva de la realidad, en la resolución de las necesidades y problemas del individuo o del colectivo social…La teoría del conocimiento convencional es una temática meramente filosófica”.

En cuanto a la capacidad relativa del cerebro y del computador, Kurzweil aporta datos aclaratorios: el cerebro humano utiliza un inmenso circuito conformado por cerca de 100.000 millones de neuronas (una cifra similar al número de astro en nuestra galaxia), cada una con alrededor de 1.000 conexiones con otras neuronas, lo cual significa cerca de 100 billones de conexiones, cada una capaz de una computación. Tal computación, sin embargo es relativamente lenta: el cerebro toma cerca de cinco milésimas de segundo para realizar una computación análoga, o sea, que es 10.000 veces más lento que un computador digital.

Sin embargo, el cerebro aventaja enormemente al computador en el grado de paralelismo. Si el 1% de las neuronas del cerebro está activo, dice Kurzweil, se puede producir un billón de computaciones en cinco milésimas de segundo, o cerca de 200 billones de computaciones por segundo. Para tareas como la visión, el lenguaje y el control motriz, el cerebro es más poderoso que 1.000 supercomputadores, y para tareas simple como multiplicar números digitales es menos poderoso que el microprocesador de 4 bits que se encuentra en una calculadora de 10 dólares.

El conocimiento está determinado por la capacidad para reconocer patrones, y ésta se amplifica por la habilidad del cerebro de saltar de un concepto a otra vía, gracias a los enlaces cruzados, al paralelismo del cual aun están lejos los computadores.

En cuanto a la enseñanza médica cabe preguntar qué cantidad de conocimiento es capaz de almacenar el médico.

Aquí también Kurzweil hace observaciones de gran pertinencia: “Está estimado que el cerebro humano contiene cerca de 100 mil millones de neuronas. Ahora sabemos que cada neurona, individualmente, es almacenamiento de información está en la fuerza de cada conexión sináptica. Una neurona puede tener miles de conexiones, cada una con un almacenamiento potencial de un número análogo. También se ha especulado que ciertos recuerdos importantes son codificados químicamente en los cuerpos de las células de las neuronas.

Si estimamos la capacidad de una neurona en cerca de 1.000 bits (y probablemente esta es una estimación muy conservadora), esto da al cerebro la capacidad de 100 billones (1014). Una computadora típica basada en una red semántica requiere sólo de unos pocos miles de bits para representar un concepto. Sin embargo, por la redundancia, nuestras redes humanas necesitan una cantidad mucho mayor de almacenamiento. Si, como una supuesta aproximación, asumimos un factor promedio de redundancia de varias decenas de miles, esto nos da cerca de 100 millones de bits por concepto, de tal suerte que la capacidad del cerebro humano sería de un millón de conceptos.

Se ha calculado que un “maestro” en un campo particular del conocimiento (ajedrez, medicina, etc.) ha dominado cerca de 50.000 conceptos, lo que es cerca del cinco por ciento de la capital total, de acuerdo con la estimación hecha arriba”.

“Sin embargo, la inteligencia humana no está en función del número de conceptos que podamos analizar, sino más bien en la coherencia a nuestros conceptos, en la habilidad para crear conceptos significativos a partir de la información a la que estamos expuestos, en la capacidad de tratar con niveles de abstracción, en nuestra habilidad para aplicar conceptos a fonnas que van más allá de la información que los origina”.

“Es claro que el cerebro humano no es lo suficientemente rápido para realizar búsquedas prolongadas en el conjunto de implicaciones que pueden derivarse de la bases de sus conocimientos, particularmente en tareas secuenciales. Con las neuronas y sus conexiones el cerebro es capaz de almacenar una vasta cantidad de conocimiento altamente organizado y accesar este conocimiento en paralelo. Así una estrategia típica del cerebro humano es accesar su memoria de situaciones previamente analizadas, ya que no es capaz de realizar una introspección de análisis sobre un problema, en tiempo real.

La estratégica es muy diferente para las computadoras que usan la arquitectura serial convencional (esto es, no paralela). Hay velocidad secuencial suficiente para realizar búsquedas recurrentes extensivas de un problema en un lapso de tiempo, pero al mismo tiempo su conocimiento es insuficiente acerca de un dominio particular como para depender totalmente de las situaciones previamente analizadas” (Kurzweil 1994).

Sensopercepción Versus Pensamiento

El planteamiento de Roger Pemose sobre la inteligencia como acción subsidiaria de la consciencia, coincide con la doctrina de Platón, quien admite que los órganos sensoriales son los instrumentos del conocimiento, pero distingue entre sensanción y conocimiento, entre sensopercepción y pensamiento, y enseña que el conocimiento es el resultado de la acción de este último sobre el primero.

Según Platón, el hombre posee actividades psíquicas, como la memoria, la capacidad de predecir, la imagina- ción, y, naturalmente, las funciones superiores de la mente, que son menos dependientes del estímulo sensorial que la percepción de la información que transmiten los órganos de los sentidos o de actuar como almacén de sus datos. La distinción entre mente y materia es el eje alrededor del cual gira la filosofía de Platón (Farrington 1(92).

Sócrates se levantó contra el materialismo de la ciencia física de su tiempo y afirmó que el alma del hombre es un principio activo, rechazando las explicaciones de su actividad mediante interacción física de partículas materiales. Las matemáticas, la ética y la teología para Sócrates estuvieron inseparablemente unidas como ciencias a priori, independientes de la experiencia (Farrington
1(92).

Aplicando los principios de la cibernética, cabe citar a Platón: “No vemos con los ojos, sino a través de ellos. No oímos con los oídos, sino a través de ellos. Tampoco puede ningún sentido por sí mismo distinguir entre su propia actividad y la de otro sentido. Debe haber algo conectado con ambos -llamémosle alma como se quiera-, con lo que verdaderamente percibimos todo lo que nos llega a través de las facultades sensoriales. Es el alma o p5.yché la que nos hace conscientes de lo que percibimos y la que distingue los datos de un órgano de los sentidos que los de otro”. Como lo dice Farrington, en forma resumida, éste es el razonamiento mediante el cual Platón levanta los pilares de una nueva ciencia, la psicología, o ciencia del alma.

Esto es lo que no se cree que llegue a ser reproducible en la inteligencia artificial, y ciertamente no con el enfoque tradicional fundamentado en transistores y semiconductores. Pero como veremos más adelante, ahora la inteligencia artificial se basa en la naturaleza, y las máquinas híb~idas que incorporan elementos orgánicos nos permiten una visión diferente a la de Roger Penrose, quien publicó la primera edición de su libro (The Emperor’s New Mine!) en Oxford en 1989 y su segunda obra sobre el tema (Shadows of the Mind. A Search for the Missing Science of Conciousnes) en 1994.

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