Letras: Violencia, Racismo e Insalubridad en Colombia

Hugo A. Sotomayor Tribfn*

Las estirpes del actual pueblo colombiano nacieron en un mundo de violencia ofensiva española y violencia defensiva indígena; de un encuentro entre la persecución del oro profano por los europeos y la defensa del oro sagrado por los indios; del choque entre las creencias respectivas de superioridad del blanco e inferioridad del indio y del negro; de la prepotencia y fuerza misionera de los evangelizadores católicos contra los chamanes indígenas y las creencias animistas de los negros; de la espada y la alabarda contra la macana y la flecha; de la cruz de Cristo contra los bastones de moharbes y jaibanas; de manejos de conceptos de tiempo histórico, lineal, contra el de tiempos rituales, circulares; de la economía mercantil contra las economías de supervivencia; de las éticas de expoliación de la naturaleza y del ser humano para beneficio de sí mismo contra las éticas del aprovechamiento pausado y temeroso de la naturaleza y del otro ser humano; y de ideas científico-mágicas europeas contra ideas empírico-mágicas indígenas.

En ese mundo de violencia militar, racial, religiosa, económica y sexual nacieron las estirpes mestizas, mulatas, zambas, cuarteronas, “tente atrás”, “sostente en el aire” y “de todos los colores”; de la compulsión sexual del soldado y aventurero español, solitario y armado con sus metales, pólvora y racismo, sobre la sorprendida, deslumbrada y más frecuentemente salteada o violada india o negra nació aquella primera estirpe colombiana.

Padres violadores y madres violadas son los progenitores de la “Raza Cósmica”, del “Gran Mulato”, del “zambo” y del “mestizo” Colombianos.

Con los españoles se entronizó la búsqueda de “El Dorado”; primero el oro de las sepulturas del Sinú, luego la leyenda de Guatavita, después las minas de oro de Antioquia, Popayán y el Chocó; más tarde la Quina, la época de la guaquería, el ciclo genocida del caucho …, la marihuana …; hoy el narcotráfico de la cocaína y la heroína. ¿Mañana qué será?

Al racismo blanco, al desprecio, a la subvaloración, por parte del europeo y del español, de indios y negros, le nacieron hijos dilectos: resistencia pasiva, abandono y dejadez de sí mismo y de sus entornos, baja autoestima, desesperación y alcoholismo de estas razas vencidas y humilladas.

El proceso y la consolidación de la derrota indígena, en los siglos XVI y XVII, tuvo su propia epidemiología: hambre, tristeza, suicidios, negación de la reproducción, tuberculosis; la esclavitud negra también tuvo su perfil médico-espiritual: huida, rebelión, desgano vital, lepra, tuberculosis.

Pasada la derrota, superada la esclavitud y sus efectos médico-epidemiológicos inmediatos y mediatos, quedaron las consecuencias a largo plazo histórico de ese mundo de heredado racismo larvado: la connaturalización con los factores de riesgo sanitario-suciedad, aguas negras estancadas, animales intradomiciliarios, promiscuidad, hacinamiento; y la pobreza económica para las Comunidades de Indios y de Negros.

Cólera, paludismo, hepatitis B y fulminante, hepatitis A, fiebre tifoidea, altísimas tasas de morbi-mortalidad infantil, etc., para los lugares de más presencia negra e indígena en el país. Con el racismo, con la violencia blanca cargada de desprecio contra lo negro y lo indio, con la baja autoestima y la pobreza de negros e indios y sus descendientes; con la búsqueda, por cinco siglos de “Los Dorados”, el país quedó y está atrapado en el manto de la violencia y en la nata de la inmundicia.

El manto de violencia fue y es la lógica de una sostenida persecución por las riquezas fáciles, rápidas e ilegales; la nata de inmundicia fue y es el producto lógico de vivir, la mayor parte del pueblo colombiano, connaturalizado con las aguas residuales, las basuras, etc., y sentirse inferior al grupo dominante.

Derrota, tristeza y melancolía, esclavitud y racismo; “El Dorado”, Coca, Narco-Guerrilla, no pueden sino generar en términos de morbilidad y mortalidad lo que han generado en este país: asesina tos sin cuento, tragedias reiteradas, insalubridad delirante y lo que está siendo una verdadera tragedia y suicidio colectivo nacional, la destrucción y dilapidación de toda la riqueza y biodiversidad de Colombia.

¿Hombres desesperados, con poco cuidado de sí mismos, acostumbrados a niveles altísimos de violencia contra sus congéneres pueden acaso ser conservadores de las selvas, de la pureza de las aguas de los ríos, de la vida animal? La respuesta es sin lugar a dudas ¡NO!

Una conciencia de equilibrio con el medio ambiente natural no puede existir en hombres que no tienen conciencia de la necesidad del equilibrio consigo mismo y su ambiente social.

Con los europeos y los africanos llegaron muchas enfermedades desconocidas a Colombia hasta el siglo XVI; por las necesidades militares de españoles y republicanos muchas de esas nuevas enfermedades comenzaron a difundirse por todo el territorio nacional a partir de las áreas de poder y ocupación; comenzó así la historia geopolítica de las enfermedades infecciosas y carenciales en los últimos 500 años, en lo que hoyes Colombia.

El hambre avanzó con las huestes españolas y se quedó entre los indios encomendados y resguardados; la lepra escogió como su principal víctima a los negros esclavizados; la viruela penetró por la línea de comunicaciones militares y comerciales a todo el interior del país; la fiebre amarilla urbana azotó a las naves y puertos marítimos de las potencias europeas en América, primero, y avanzó al interior del país después, en la época Republicana; el paludismo y la uncinariasis se dispersaron desde las costas y las zonas mineras al resto del país, hasta llegar a la Cuenca Amazónica con el ciclo cauchero; el escorbuto golpeó a los marineros, la pelagra a los indios, mestizos y pobres en general que obtenían sus energías casi exclusivamente de la chicha en el siglo pasado y primeros años del presente; el beri-beri fue el golpe que recibieron los colonos y caucheros en el Amazonas.

Nuestro futuro sanitario depende de librarnos, de sacudirnos, de nuestro espíritu de buscadores de “Dorados” que tanta violencia ha generado; de romper nuestra tolerancia colectiva con la suciedad; de hacer desaparecer la impunidad.

Evitaremos la dilapidación de nuestro gran tesoro verde, de nuestra naturaleza, en la medida que superemos nuestro desequilibrio con nuestro propio medio social y conservemos una mejor higiene personal y comunal.

Debemos estar en guardia para no caer en la paradoja de disfrutar de los avances de la bio-tecnología de las vacunas contra las enfermedades, como el polio, la fiebre tifoidea, el cólera, la fiebre amarilla, el paludismo, etc., mientras dejamos las condiciones sanitarias que a éstas favorecen inmutables. La tarea es mejorar nuestra conciencia colectiva e individual contra la violencia y los factores de comportamiento personal que nos colocan en riesgos sanitarios.

El estado, el gobierno debe luchar contra la corrupción, superar la impunidad, promover el desarrollo equilibrado; la guerrilla entender que su violencia mesiánica y demencial, su guerra prolongada – ¡más prolongada que la guerra en China pre-Mao, que la guerra de Vietnam!– no ha llevado ni llevará a la conquista del poder, sino, que esa lucha militar ya degeneró en lucha bandoleril y se ha transformado, a pesar de ellos, en violencia indiscriminada, ciega y callejera; que la violencia “Revolucionaria”, al igual que un río que no puede desembocar se derrama hacia los lados creando caos y violencia sin control.


Médico Pediatra. Secretario de la SocIedad Colombiana de Historia de la Medicina. Miembro de la Academia NacLOnal de Medicina.

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