In Memoriam, En Homenaje a los Drs. Rafael Barberi Zamorano y Ernesto Plata Rueda

Doctor Eduardo Alvarez P.

Y se marcharon…. Partieron como si existiera un acuerdo previo para realizar el encuentro definitivo en la eternidad. Después de una ejemplar y fructífera existencia, plena de múltiples realizaciones, se hace indispensable el goce de la paz eterna. Partieron, pese nos dejaron la huella de dos vidas que marcharon paralelamente con destino hacia un mismo objetivo, el niño colombiano.

Este ser, la razón primera de nuestra especialidad, incapaz de mentir, inocente, indiferente ante lo bueno y lo malo, indefenso, amante del mundo que lo rodea, tierno y cariñoso. Fueron dos ilustres colombianos que caminaron por el mismo sendero, con diferente fin. Ernesto Plata Rueda en el campo de la investigación y la docencia y Rafael Barberi Zamorano en la dirección y administración del Hospital de la Misericordia, cuna de la pediatría en nuestra patria y recurso en salud en favor de las clases sociales menos favorecidas.

Como extraña y feliz coincidencia el destino los ubicó a pocos metros de distancia el uno del otro, lo que facilitó para que sus labores fueran siempre acordes y se desarrollaran en perfecta armonía por cerca de tres lustros; esta circunstancia permite al final presentar a las generaciones futuras toda esa inmensa gama de realizaciones que hoy quedan en los campos de la salud y la ciencia. Tuve la inmensa fortuna de ser testigo cercano del diario desarrollo de sus actividades y es por esta razón por la cual no puedo retirar de la mente la capacidad de trabajo, dedicación y amor a los pacientes, al Hospital, de Rafael Barberi un gran filántropo, hombre tímido y sencillo, virtudes que lo hicieron más grande y admirable; no le faltó jamás el valor suficiente dentro de la mayor honestidad y respeto para convertirse en aguerrido defensor de la Institución y de sus colaboradores, también fué geperoso y bondadoso al otorgar el perdón y el olvido a sus ocasionales detractores.

Ernesto Plata Rueda, el profesor poseedor de la ciencia y la experiencia, el escritor que plasmó en sus obras toda la inmensidad de su conocimiento .el cual hoy heredan las generaciones médicas, las madres y los pacientes con cáncer; el colega que desempeñó su profesión como ejemplo de la ética y eficiencia; el amigo que compartió con quienes tuvimos la fortuna de disfrutar de su amistad, dichas y amarguras de momentos que dejan imborrable huella. Tan grande fué en su vida como en su muerte, de la cual nos queda la lección del valor con el que nos dió su postrer adiós.

La pediatría colombiana está de luto, también de luto están los niños, las madres, los estudiantes, todos nosotros; pasarán los años, vendrán otras generaciones, avanzará la ciencia y la tecnología, pero sus vidas, sus obras, sus enseñanzas, su ejemplo jamás se olvidarán.

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