Ejemplos Oníricos y su Interpretación Parte 2

Dr. Guillermo Sánchez Medina.

Otro paciente trajo en una sesión los siguientes sueños:

estaba por debajo del mar, no muy alto; por encima el aire estaba comprimido; quedaba una faja de aire; había una gruta, el aire no dejaba pasar el agua; me metí y saque una máquina de retratar; estaba a gatas, con un palo lo saqué; había cosas envueltas en cuero, adornos; la sacado de eso me produjo descanso; el mar encima no me producía susto”.

Venia en un tren; llegue a la estación, vi un medicó conocido, un radiólogo; me había sacado una cosa del bolsillo y se la había llevado”.

Asoció:Un medicó con discípulo me lo encontré antes de venir a la sesión. Pienso en una novia que se casó hace años. Tal vez, el sueño del mar, de la gruta, está diciendo que por debajo de la personalidad mía hay cosas guardadas que hay que sacar. La gruta es cómo una cosa del fondo de la persona; el mar es, como por dentro de la conciencia, el subconsciente.

Yo tengo un álbum de fotos y ayer se me ocurrió mirarlo; lo tengo en orden cronológico; a mí, una sirvienta, y esto lo supe por que me lo contaron, yo era un pelado buen mozo, se usaba capul larga y una sirvienta me vistió de niña y me saco una foto y sacaron tres copias más, a mi mamá y papá no les choco y la pusieron en la sala; yo tenía dos o tres años; puede ser que yo me haya molestado de pequeño, pero no recuerdo que me haya causado mala impresión; dijeron que yo era hombre y por qué me preocupaba por eso; ayer le dije a mi señora que era melancólico; las cosas envueltas son como regalitos de navidad; lo del sueño del tren es el análisis y usted el medicó que me saca cosas y me cuesta dinero”.

Le interpreté cómo él se protegía de la angustia en el análisis cómo en el sueño con el aire dentro del mar y negaba el susto que tenía por ver sus cosas de niño, las cuales sentía que yo me las llevaba. En ese momento pensé que era un sueño fetal, pero no tenía material clínico para mostrárselo.

Las primeras asociaciones son el resto diurno y las “cosas guardadas que hay que sacar” son el contenido latente; la “sirvienta que le saca fotografía” es el recuerdo encubridor; su sentimiento profundo, melancólico, se debía a los abandonos repetitivos en Navidad (nació el 25 de diciembre), y los regalitos era la forma cómo recuperaba, compensaba y reparaba todo lo perdido y destruido.

Más adelante hablo de su magnífica familia, de su descendencia y parentescos con los grandes de España y con presidentes y de lo mala esposa que fue su mamá por tener un amante cuando el padre la dejo. Que él le echaba la culpa  a su padre u a su madre de su estado y como su madre hablaba tanto de sus apellidos, por eso buscó una niña sencilla para casarse.

Habló de la muerte de su padre y cómo antes de morirse éste cambiaba de colores: de rojo a pálido y que a él le pasaba lo mismo. Habló sobre una familia, donde un hijo trataba de separarse de la mamá para casarse, pero al final el muchacho se quedó con la mamá, enfermo se deprimió y después de un tratamiento le tomó fastidio a la madre y se fue en busca de la novia. Continuó diciendo:

Eso se parece a lo mío, pero papá me dijo que si me quería casar, que  lo hiciera, que ya era mayor para resolverlo y a mi mamá yo no le he perdido el afecto”.

Le mostré que se fijara cómo no quería ver su dificultad para desprenderse de su madre.

Posteriormente habló de sus relaciones sexuales con una señora, sus primeras masturbaciones y las que hacía con su esposa; se refirió a las relaciones homosexuales; todo esto le producía angustia. Conto sobre el accidente de una de sus hijas, en el cual se corto la mano, lo que le angustio al ver la sangre, y una vez en la clínica, por llamar por teléfono sin permiso, lo amarraron en la cama.

Una vez, dijo el paciente, me corte un dedo. Cuando estaba pequeño, me molestaba el pene, me masturbaba, o me lo cogía y se me inflamó. Entonces mi mamá, preocupadísima, me llevo a un médico; me recomendó lavados. En esa época enfermo mi abuela de lepra y después cuando fuimos a la finca, me salieron unas manchas en la manos y yo creía que era lepra”.

Le interpreté que él no se permitía tener relaciones sexuales con su señora y que por eso eran de masturbaciones, y lo que había hecho en la vida era masturbarse y pensar que por esto iba a sufrir de lepra, por considerar la masturbación algo que producía enfermedad.

En seguida, recordó haberse acostado en la misma cama con la madre y haber fantaseado que ella tenía pene y agregó:

Yo no conocía las mujeres y me provocaba cogerlo. Mi mamá quiere ser cómo hombre. Papá dijo que él había tenido que buscarse otras mujeres por que ella no quería tener relaciones sexuales. Ella tuvo un hermano loco, la madre con lepra, una hermana casada civilmente y mi padre pobre”.

Le interpreté que era él el que, en su fantasía, le ponía el pene a su mamá y deseaba que ella no tuviera relaciones sexuales, por temor a sentir algo por ella, por que esto lo volvía loco.

Más adelante trajo el análisis nuevamente su temor por quedar desprotegido de su madre; esto lo vivía en el momento en que pensaba cambiar de apartamento a un barrio mejor, y lo relacionó con la época en que le aplicaron insulina cuando lo obligaban a comer. Continuó el paciente:

Me sentía que debía pasar con enormes cuidados, como en un laberinto; para salir, tenía que hacer algo con cuidado, me podía caer a un precipicio, sentía que me botaban para arriba; era como en una selva; los otros de insulina gritaban, yo no; me tapaba; luego me dormía al final me dieron la  salida definitiva”.

Con respecto a la salida del laberinto al cual se había referido, dijo: “Es como guiarse en una serie de problemas para encontrar la salida; uno sale con dificulta, con susto, no deja un vacío atrás  y a los lados, y no lo deja estar bien firme. Yo estaba enseñando a que me dieran la mano. A mí me da miedo pasar y salir. Cuando me casé deje a mi mamá.

Yo pasé  por un laberinto que había  en el bosque Gaitán, oscuro, se hundían tablas, era divertido, fui con papá; era como una gruta. Pienso en exploradores de cavernas. En una novela de julio Verne se veía la exploración del centro de la tierra. Se metía por un volcán por debajo de la tierra y encontraban grutas subterráneas.

Había  un hilo de seda para guiarse por laberintos subterráneos. Se me ocurre un puente estrecho con barandas, agradable y sabroso, no peligroso. Uno va saliendo de la neurosis y es peligroso”.

Le mostré cómo cambiar de apartamento y salir de donde estaba mal, a uno nuevo, era mejorarse de su estado anterior, de su enfermedad y que era volver a nacer, como lo sentía con la insulina; al mismo tiempo era dejar a la mamá pasar ese laberinto, al cual tenía miedo por sentirse solo, desprotegido, sin piso firme. Contestó que ahora se daba cuenta de lo que había  sucedido y comenzó a hablar sobre sus hermanos, que no fueron protegidos como él.

Al día siguiente asoció que él se comparaba  al teléfono que estaba unido a la mamá, por que la llamaba todos los días, ese era el cordón umbilical, y comentó:

Estoy prendido al cordón umbilical, que no me deja vivir, tengo ganas de que se me quite, pero me da miedo perder el control y la razón; quiero pero no me atrevo. Cuando me casé me despedí de mi mamá, no volví a vivir con ella, ese fue el impulso a vivir, se siente como una nube que no me deja expandir; por otro lado el problema social, me da miedo que me critiquen”.

A esto siguieron las asociaciones siguientes:

Recuerdo que el cordón umbilical es el que nutre mientras funciona el corazón, he sentido una cosa en el corazón, como que no se expande bien, oprimido y me da furia. El primer hijo que tuvo mi mamá murió asfixiado. Duro una hora y se murió. Yo fui el siguiente”.

Creo que a mi mamá le dio mucho susto que me asfixiara y me tenía muy cuidado. Este atragantamiento que sufría de chiquito, creo está relacionado con esa cosa; me da miedo estar en psicoanálisis y cuando vengo me recuerdo de todo eso y vuelvo a los problemas. El amor materno no me deja gozar bien del amor de verdad. Cuando tengo mis relaciones sexuales tengo la sensación de que yo quisiera devolverme y meterme en una cueva, volverme a la protección de mi mamá, al útero; es que mi mamá quiere retenerme, siento que me influye, es la costumbre de estar debajo de las faldas de mi mamá. Eso me va a costar trabajo, liberarme de eso. Aquí siento algo parecido con el análisis, pero si puedo desprenderme de mi mamá, lo podré del análisis y no lo necesitaré”.

Yo casado y viviendo en otra parte, no me atrevía a independizarme del todo; pienso en la ayuda económica de ella y no estoy acostumbrado a hacer mis cosas independientemente. Mamá es mi refugio y mi ayuda”.

Le interpreté cómo él se defendía con su dependencia y era él quien quería retener a su mamá, queriendo repetir aquí y ahora conmigo lo mismo y volver a esa época de antes del nacimiento, por temor a ser libre y hombre, sometiéndose a esa situación en donde conseguía pocas satisfacciones. Le mostré que no obtenía mucho placer estando debajo de las faldas de su mamá y era mejor hacer su vida a su antojo, sin tener que vivir pendiente de la ayuda, del refugio y de la protección.

Al día siguiente manifestó que se sentía mejor, “pero con un vacío”. En seguida comenzó a hablar de su madre, que era mejor separase suavemente y que no estaba en condiciones de dejarla, por que ella respondía por e tratamiento. Hablo de que se sentía “como un niño de cuna que molesta, llora y grita, cuando no le dan el tetero, y que “cuando venia a la sesión” le provocó “comer galletas y tomar una colombiana”, y así lo hizo. Yo le interpreté que él protestaba como un niño por que sentía que yo lo separaba de su madre y que él esperaba de mi que yo fuera como ella.

A la sesión siguiente trajo este sueño:

Metía una mano, un brazo, había  un anillo de caucho y me agarraban a mí y yo estaba más abajo; el anillo no me dejaba salir. Eran como precauciones; lo que sacaban era el pensamiento”.  Al sueño asoció lo siguiente: “Es un sueño absurdo, es usted amarrándome para quedar desinhibido. Salir de mi mamá, salir y quedar sabroso. Yo  en el sueño recuperaba la vida agradable con despreocupación, sin tensión. Yo quiero quitarme el dominio de mi mamá, rebelarme contra ella y la ansiedad, que es ella. De pequeño estaba acostumbrado a su compañía”.

Le dije: Y ahora quiere hacer lo mismo conmigo en el análisis.

En las sesiones siguientes hablo de sus fantasías respecto a la imposibilidad de tener relaciones con mujer alguna. Se refirió nuevamente a sus apellidos, a la vida escolar cuando se burlaban de él; contó las dificultades económicas de su vida pasada, la cual había  sido vegetativa debido a la dependencia de su madre; que sentía todo ese tiempo perdido; después se quejo de sus tensiones en el trabajo, el cual había  reiniciado.

Le mostré cómo se defendía poniendo  en el trabajo sus temores de quedar independiente de su madre, negando sus temores. Fue después de esta interpretación cuando el paciente comenzó a hablar de sus temores persecutorios respecto a la madre y en la realidad la evitaba, luego la agredía por intermedio de la esposa o pasivamente la rechazaba.

En sus asociaciones recordaba el periodo en que estuvo fuera de la casa trabajando en las petroleras. Se refirió a las preocupaciones físicas, a su “autocontemplación”, lo cual él interpretaba como “tendencias feminoides”. Habló de las peleas entre los padres, de cómo le castigaron por romper objetos y defecarse en los tapetes.

Yo interpreté en éstas sesiones cómo él se sometía al castigo por su hostilidad, expresada rompiendo objetos y defecándose en los tapetes; que su hostilidad era causada por la dificultad que tenía de aceptar a la madre independientemente, y además él se sentía que iba a quedar solo y por eso se autocontemplaba y preocupaba por su físico.

El paciente después desarrolló una claustrofobia, se volvió hostil, asociaba que “el hombre se hizo para la lucha, para pelear y hacer la guerra”. Al comenzar hacer una sesión me pidió los recibos de pago de las sesiones y dijo: “No es que tenga desconfianza, es mi hermano”. Yo le mostré que él negaba su desconfianza conmigo y que de lo que desconfiaba era de quedar abandonado s su hostilidad.

En ese momento no vi el motivo de la hostilidad, la cual era producida por mí al exponerlo a la frustración con mis interpretaciones de su independencia desligándolo de su madre. En una de las sesiones hablo de sus deseos e impulsos de matar a la madre y luego ala madre y su sentimiento de culpa por lo mismo, su depresión; y acabó hablando de sus sentimientos persecutorios por haberse casado.

Un día trajo al análisis, que le había pegado a su niña por que lloraba mucho; que iba a estallar por que en el Seguro Social le recordaban su problema mental y el venir al análisis era revolver un “sancocho”; se refirió a mis buenas intenciones con respecto a él, pero era pretender mucho que él cambiara, por que su mamá no cambiaba su modo de ser.

Le interpreté que le había pegado a su niña para no pegarme a mí, por que yo le revolvía el “sancocho” de sus problemas con su mamá, la cual él quería cambiar, pero que era él quien no cambiaba y, al fin y al cabo, pegando a su niña, se pegaba a él mismo. A esto contestó: “Sí, el que tengo que cambiar soy yo; me había podido casar mejor”.

Muchas son las tendencias que se pueden observar en los sueños; una de ellas que deseo presentar ahora es la que se refiere a la relación entre el odio y la maternidad.

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