Psicoanálisis y Determinismo

Ingreso del Psicoanálisis a la Academia Nacional de Medicina

En el estudio sobre este tema me encontré con el trabajo de Miguel Uribe Restrepo de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis sobre la temática “Determinismo, Explicación e Inter­pretación en Psicoanálisis”, (146). El autor hace una alusión a la tesis del “determinismo”, al tipo de explicación, al estudio de las interpretaciones, y a la concepción de que ellas (explica­ciones causales) son compatibles con el determinismo. Define el autor el determinismo como “El mundo es gobernado por (o está bajo el dominio de) el determinismo si, y solo sí, dada una manera específica de cómo están las cosas en el momento de tal manera en que las cosas se suceden luego está fijado como cosa de la ley natural”. Esta definición aparecida en la obra “Determinismo causal” de Hoefer Carl (2008). Prueba cómo el principio de causalidad está en la ley natural que significa en toda la naturaleza y sus leyes encontradas por el hombre. Fue así también como Freud aceptando este postulado trabajó los hechos mentales pensando en causas determinísticamente naturales; sin embargo, debido a la herencia del Siglo XIX en que se descubrieron patologías, se dedicó más a los fenómenos patológicos y no a los hechos que aparecen comúnmente y se podrían considerar como “normales” o “cotidianos”.

El autor citado Uribe, como otros tantos psicoanalistas, trata de explicar cómo Freud en­contró los principios de causalidad de los fenómenos psicopatológicos dentro de una cau­salidad interna psíquica no sin pasar antes por causas externas. He aquí cómo se busca la causa como razón explicativa y no como una causa necesaria para dar una explicación y sí la razón de la causa, lo que equivale a que es un principio lógico operante explicativo del intelecto pensante. Uribe plantea el concepto de la “existencia del azar” el cual para Freud simplemente era una forma de “oscurantismo y superstición”. Sobre este aspecto me voy a dedicar más adelante y salir del pensamiento mágico omnipotente supersticioso y ocultista para entrar más al pensamiento científico realista de múltiples fenómenos que hasta la actua­lidad tienen una atracción de la mayoría; sin embargo, los científicos racionalistas los ubican o no comprenden y sitúan en el área de la “parapsicología y de lo esotérico”, temas que se deben clasificar.

Vale la pena decir aquí que si bien no todo ha sido explicado por la ciencia, esto no signi­fica por ello renunciar al encontrar nuevos caminos explicativos reconociendo nuestra igno­rancia, pero aceptando la presencia de factores desconocidos que pueden producir diferentes hechos a los que llamamos fortuitos, casualidad, coincidencias, intuiciones o simplemente le llamamos destino. La necesidad de buscar causas y razones a los hechos psíquicos los cuales tiene una consecuencia y un fin, con o sin consciencia; este fin es determinístico, es decir determinar el origen, el proceso de desarrollo y el fin. En el fondo es el conocimiento del sentido de todo lo observado o lo supuesto que existe en el universo; esto no significa que pasemos por áreas de confusiones entre causas y razones y entre causas similares y razones sin causas. Sin embargo, el reconocimiento aparece como una condición personal y no la demostración de la presencia de otro hecho o producto causal. El reconocimiento implica aceptación del Yo subjetivo y no objetivo como tendría que ser la evidencia de la causa o la causa evidente.

En todo este texto nos encontramos que hay diferentes causas y “las razones no pueden ser reductibles a causas” como lo afirma el autor, citado anteriormente, Uribe; más aún, pien­so como Uribe lo afirma: “Descubrir un motivo, dar una explicación aduciendo un motivo, involucra una interpretación, una manera de ver las cosas. Por ello la multiplicidad de inter­pretaciones psicoanalíticas obedecen a la multiplicidad de las razones que buscamos. Ello es posible por el tipo de explicación que buscamos, en ese caso más parecida a una explica­ción estética que a una explicación científica” (Op. cit.). He ahí en esta última concepción la tendencia al equilibrio, a la armonía, a la unidad en el conocimiento, a través de una interpretación que relaciona un hecho con otro; he ahí también el determinismo psíquico en el mismo conocimiento persé” y en la necesidad de interpretar que tiene el hombre. Sin em­bargo, las explicaciones estéticas conciernen a lo subjetivo que interviene en la observación y en la interpretación y no al principio de causalidad; por lo tanto, las explicaciones no son una interpretación del principio de causalidad; la explicación implica otra explicación y no la dinámica causal. Existe sí un “error conceptual al plantear hipótesis científicas en lugares errados”, (Op. cit.). Por su parte, las explicaciones pueden ser múltiples más el descubri­miento de una sola causa tiene sus limitaciones; de una u otra manera, nos encontramos con la tendencia determinística lineal o no, compleja a comprender, entender, explicar e interpretar. El mismo “por qué” (ya determinado por la necesidad del conocimiento), puede ser la misma causa a conocer la causa teniendo la explicación.

He ahí también el determinismo psíquico, desde lo simple a lo complejo, desde lo fe­nomenológico a lo epistemológico, desde lo subjetivo a lo objetivo, desde el espiritualismo monadológico ético y político hasta el positivismo y neopositivismo.

Entre líneas podemos entender que existe en el hombre una tendencia al autoconocimiento más no es igual al autoentendimiento, más cuando el ser humano tiene la tendencia a decir que se conoce cuando no es cierto puesto que él mismo no se entiende. Sin embargo, sí existe la tendencia a la integración, a buscar las respuestas a las nueve proposiciones del pretor ro­mano, (“qué, por qué, para qué, quien, cuál, cuando, cuanto, dónde, cómo”), así como de las ya mencionadas, cuatro preposiciones de la lógica matemática (ya mencionados) operantes en nuestro cerebro: “es (esencia, existencia, presencia)”; “de (pertenencia)”; “un (individua­lidad, diferencia); “con (relación)”.

A manera de síntesis. Podemos deducir que existen tendencias en la física, en la química y física cuántica, en la biología, para explicar el funcionamiento cerebral y mental y así reco­pilar información y producir un orden y al mismo tiempo un desorden lo cual se manifiesta con evidencias, cuando existen estímulos o señales con intensidades que el cerebro no puede asimilar; por ejemplo cuando se produce mucha información que se convierte en “estrés” y así sobrevienen los desórdenes de la información, en los sistemas, en los procesos, en la inte­gración de los circuitos y con ello sus consecuencias que se manifiestan en trastornos, en los diferentes sistemas biológicos y psíquicos. En forma semejante ocurre cuando aparecen los terremotos por movimiento de las placas tectónicas que puede producir un pequeño temblor y luego, si es mayor el grado, y llegar a un terremoto, y en caso de estar cerca del mar producir tsunami devastadores o luego tener resonancias en otros lugares del planeta; he ahí en forma macroscópica el desorden para luego tener una sería de temblores posteriores hasta que se reordenan las placas tectónicas. De la misma manera ocurren en las galaxias con los diferen­tes sistemas solares y nubes cósmicas que tienen una dirección específica, pero pueden por el azar determinista desviarse algunos elementos y producir desórdenes que luego se vuelven a reordenar y así sucesivamente.

Análogamente es factible hacer la comparación con la creación de la teoría del universo en donde confluyen teorías para producir orden y desorden y como consecuencia nuevos mundos.


146 Miguel Uribe Restrepo, “Determinismo, explicación e interpretación en psicoanálisis”, Rev. de la Socie­dad Colombiana de Psicoanálisis, Vol. 29, No.4, Pág. 489, 2004.

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