El Rey de los Antídotos

Alfredo Jacome Roca, MD
Academia Nacional de Medicina

Aunque hemos dicho que en la Mesopotamia y en Egipto había farmaceutas:

Estos eran en realidad una mezcla de sacerdotes, médicos y droguistas, o bien recolectores de raíces, preparadores de drogas y una especie de jefes de farmacia, además de los que eran vendedores.

Recordemos sin embargo que los hombres primitivos debieron experimentar en su propio pellejo el efecto de plantas venenosas, y debieron aprender a diferenciar estas de las nutritivas.

Los venenos se constituyeron así en un arma para destruir enemigos, pero también en algo de lo cual había que defenderse. En la China, que de alguna manera se mantuvo por siglos más apartada de las civilizaciones tradicionales por su tamaño y lejanía, ya hubo un “Emperador Rojo”. Shen-Nung, quien experimentó venenos en su propio cuerpo y encontró antídotos para ellos, fue el legendario autor de la primera farmacopea china.

En el occidente el problema era similar, particularmente para los reyes y aristócratas, quienes eran víctimas de familiares envidiosos o interesados en sustituirlos, además de contradictores de toda naturaleza; o bien eran juzgados y condenados a beber la cicuta, como acaeció con Sócrates.

El jugo debió haber sido obtenido de una planta sembrada muy al norte, pues la cicuta pierde poder venenoso a medida que es sembrada más hacia el sur. El manejo de los venenos era otrora un arte de los poderosos y en tiempos más tardíos en Europa hubo familias (se habla de los Borgia o de Catalina de Médicis), que eran temidos entre otras cosas por sus conocimientos en este campo. Existían además los envenenamientos crónicos, pequeñas dosis de arsénico por ejemplo, de la manera como se ha sospechado que murió Napoleón en Santa Helena.

En las épocas del fortalecimiento del Imperio Romano (siglo I A.C.):

Hubo en el Ponto un rey que accedió al trono a la edad de trece años, por muerte violenta de su padre quien durante su reinado mantuvo regularmente alianzas con los romanos; al igual que ocurre en muchas regiones de los tiempos modernos, ese complot fue tramado por uno de los servidores que le inspiraban más confianza al rey.

Así que el joven soberano Mitridatos VI fue un desconfiado por naturaleza, y como el ladrón que juzga por su condición, definitivamente no quería que le hicieran lo que él con el tiempo le hizo a los demás. Para comenzar, se deshizo para siempre de su madre y hermano, y luego de reyes vecinos como Arcadio VI y los hijos de este príncipe.

Obligado desde un comienzo a defenderse de sus astutos tutores, acostumbró su cuerpo a soportar de todo, incluso los venenos pues toda su vida sufrió un permanente pánico de ser envenenado. El historiador Guthrie dice que “se divertía haciendo experimentos con los desdichados criminales… anunció haber descubierto un antídoto para todas las ponzoñas de reptiles, así como para todas las sustancias venenosas”.

Como para permanecer en el poder había que combatir y expandirse, se dispuso a luchar contra los romanos, y así estuvo toda su vida guerreando; por varios años fue ganador pero al final terminó de perdedor, en una revolución encabezada por su hijo favorito. Dice la leyenda que cuando eso le ocurrió a la edad de 70 años, intentó envenenarse pero fracasó en su intento, por lo que se hizo matar de un esclavo.

¿Cómo logró Mitridatos El Grande “inmunizarse” contra los venenos?

Bebiendo por ciertos periodos de tiempo pequeñas cantidades de venenos en combinación, y dicha polifarmacia que llegó a contener 54 ingredientes, se llamó Mitridaticum, luego Triaca o Terica (Fig.9-1). Este verdadero antídoto polivalente, que podríamos llamar “terapia de perdigones”, contenía entre otras cosas carne de víbora y toda clase de compuestos vegetales.

El poeta A.E. Housman nos cuenta la historia (original en inglés):

Lo que brota y nace, bien guardarás
Del planeta tierra todos los venenos
Primero un poco, luego algo más
Mortal despensa, de todo veremos
En su carne pusiéronle arsénico
Sin pestañear, miràronle comer
Estricnina echàronle en su vino
Asustàronse viéndole beber
Con miedo, atónitos, empalidecieron
Al no matarlo se ensoberbecieron
Cuento esta historia tal como la oí
Mitridatos rey murió de viejo así

(Traducción del autor)

(Lea También: Un Griego fue el mejor Médico en Roma)

Su fama trascendió la muerte, y Andrómaco, médico de Nerón, pretendió mejorar la fórmula que llegó a tener setenta compuestos.

Etiqueta de un preparado de Teriaca.La primera descripción de la Teriaca (dedicada al emperador que incendió a Roma) está en verso, y su componente más importante es la carne de víbora.

Galeno también la utilizó y su prescripción “tenía setenta y tres ingredientes recetados como píldoras del tamaño de granos de uva, para tomar diez antes y después de las comidas”.

En épocas posteriores se llamaba Teriaca o Triaca (que quiere decir fiera, en griego), aunque al parecer era de diferente composición pero en todo caso tenía algo de opio; se extendió su uso por muchos siglos en Europa, habiendo sido particularmente famosa la triaca de Venecia.

Con el tiempo se hicieron también mezclas de plantas no venenosas, y se desarrollaron reglas y costumbres sobre cuándo y cómo debían cultivarse las hierbas, algunas de las cuales se convirtieron en supersticiones.

Por años los farmaceutas griegos aconsejaban revolver las drogas con el cuarto dedo o anular, pues se lograba el máximo de efectividad ya que supuestamente dicho dedo tenía una vena que se comunicaba directamente con el corazón, idea por la cual es posible que el anular se haya popularizado para llevar el anillo matrimonial.

William Heberden (1710-1801) en la Inglaterra del siglo XVIII con sólidos argumentos desaconsejó el uso de la triaca, y fue así como ésta comenzó a ser retirada de las principales farmacopeas.

Pero antes de ello, por más de un milenio fue esta polifarmacia el remedio más popular entre pacientes, médicos y droguistas, por lo que el rey Mitridatos llegó a ser con el tiempo recordado como un verdadero sanador, más que como el cruel guerrero y mandatario que en realidad fue, capaz de matar o morir para conservar su reino y su poder.

Con todo, la Teriaca se resistió a morir; cuando en 1830 Claude Bernard era aprendiz de boticario, se le instaba a no desechar los remedios estropeados durante la preparación de la prescripción, pues estos siempre podrían utilizarse para hacer la mágica poción.

San Benito Abad es un santo contra las intoxicaciones. Vivió entre los años 480 y 543 d.C.

Del fundador de la orden de los benedictinos se dice que era amable. Sin embargo, la razón por la cual se le invoca en las intoxicaciones puede significar que quizá no tenía mucho don de gentes: siendo prior de los monjes de Vicovaro trataron de envenenarlo para deshacerse de él.

Cuando algunos de aquellos hombres se dieron cuenta de que Benito como superior era exigente y no permitía “vivir prendiéndole un vela a Dios y otra al diablo”, que no permitía vivir en esa vida de retiro tan viciosamente como si se viviera en el mundo, dispusieron deshacerse de él y matarlo.

Y echaron un fuerte veneno en la copa de vino que él se iba a tomar. Pero el santo dio una bendición a la copa, y esta saltó por los aires hecha mil pedazos. Entonces se dio cuenta de que su vida corría peligro entre aquellos hombres, y renunció a su cargo, se alejó de allí.

Por supuesto este es apenas un pequeño aspecto de la vida del célebre fundador del convento de Montecassino y de la primera orden conventual de la Iglesia. Benedicto también fue célebre por su dieta baja en calorías: mucho ayuno y bastantes frutas y verduras. Los monjes benedictinos han sido expertos en la elaboración de licores de alta calidad, como algunos pousse cafes.

Entre los venenos más antiguos se encuentran la adormidera, el cáñamo indio, el beleño y las sales de plomo. La cicuta, el veneno de la cobra, el arsénico y el acónito. Dioscórides escribió un libro sobre los venenos, aunque en general en Grecia se evitaba hablar de esto. Un contraveneno muy popular –con numerosos ingredientes- se llamó Mitrídato, por el Rey del Ponto.

La farmacología se ha basado no sólo en la eficacia de las drogas sino en la toxicología. Hasta cierto punto podemos decir que los medicamentos, aún los modernos, son más o menos venenosos; un ejemplo clásico de esto son los quimioteràpicos que se usan para el tratamiento del cáncer. La gran mayoría de las drogas tienen una dosis letal media llamada LD50; los efectos colaterales indeseables, la teratogénesis y las interacciones con otros medicamentos son resultado de su toxicidad. Por supuesto que cuando hoy en día hablamos de venenos (cianuro, arsénico o fósforo blanco) nos referimos a tóxicos potentes con los que las personas se suicidan. Las intoxicaciones accidentales o como riesgos profesionales ocurren generalmente con personas que trabajan en fumigación con insecticidas y herbicidas, y no es infrecuente ver en los servicios de urgencia los envenenamientos causados por órgano fosforados.

Envenenadores Famosos
  • Locusta era la envenenadora oficial de la época romana. Tenía mucho poder y hacía venenos a la carta en función del método de administración, el tipo de muerte y la rapidez de esta. Precisamente en Roma apareció la primera ley antiveneno, la Lex Comelia Maestration, elaborada cuando se dieron cuenta que había un exceso de viudas ricas.
  • El procedimiento envenenatorio desaparece en la Edad Media, pues tenían probadores oficiales en los castillos medievales. Los dictadores y reyezuelos actuales también han utilizado este sistema.
  • El Renacimiento en Italia hace que se recupere de nuevo la utilización de venenos.
  • En Sicilia fueron famosas las Toffanas. La primera fue Teofania d’Adamo, ejecutada en Palermo en 1633, la segunda murió tranquilamente en Roma en 1651 y la tercera se retiró a un convento en Roma, desde donde salió para el patíbulo el año 1780. Utilizaban un compuesto de jugos de hierbas /el agua de Toffana) que no dejaba huella en sus víctimas. Solicitadas por mujeres que querían deshacerse de sus maridos, o por personas que tenían prisa en recibir la herencia.
  • La familia española Borgia tenía en su seno famosos envenenadores: el Papa Alejandro VI, sus hijos César y Lucrecia.
  • Catalina de Medici: esta florentina fue esposa, madre y suegra de varios reyes de Francia y tenía muchos conocimientos sobre venenos.
  • Glaser, Saint-Creix, marquesa de Brinvieliers
  • Catherine Deshayes: pulso de la sucesión (seiscientas personas murieron con sus venenos).
  • Maclam Lofargfe
  • Concilio del Dios de Venecia: Mafia italiana
  • Un famoso envenado fue Sócrates, a quien le dieron la cicuta, que seda y luego mata.

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