Aborto Piadoso, Aborto Provocado

Capítulo X

FERNANDO SANCHEZ TORRES

La eliminación del no nacido por daño en su conformación biológica ha sido tenida como “aborto eugenésico”, denominación ésta que no siempre se compagina con la realidad. La eugenesia hace relación a lo que ocurre durante el engendramiento mismo, y la mayor parte de los defectos observados en los fetos se inician después de la concepción, es decir, son adquiridos.

La eugenesia lo que busca es manipular las leyes de la herencia en procura del perfeccionamiento de la especie. El mal llamado aborto eugenésico, por su parte, manipula el curso de la gestación, interrumpiéndola, para eliminar un ser que va a nacer defectuoso, evitando con ello el sufrimiento de los padres y también el de su hijo, si se le permite vivir una existencia de pobre calidad o muy limitada.

Por supuesto que desde el punto de vista moral, el aborto por piedad tiene mucha similitud con la eutanasia, la cual ha sido unánimemente rechazada, pues aceptarla sería conceder licencia para eliminar los seres que pudieran ser incómodos a la sociedad.

Claro que en el aborto por piedad, como en cualquier otro tipo de aborto, no puede consultarse el querer del embrión o del feto, pues éstos carecen de la capacidad de comunicación y de la autonomía que caracterizan a la persona.

Es la mujer quien toma la determinación:

Asumiendo ella que es su conciencia la que le otorga la facultad de decidir por su hijo en cierne. Esa decisión de conciencia no siempre es autónoma; muchas veces se ve influenciada por otras personas, entre éstas por el médico. De ahí la grave responsabilidad que le cabe a éste cuando cumple con el deber de informar a su paciente en el proceso previo a la toma de decisiones. De su capacidad científica, pero sobre todo, de su honestidad moral, depende la recta decisión.

Como la mujer embarazada no tiene conocimiento pleno de lo que le está ocurriendo a su hijo en gestación, es el obstetra el indicado para auscultar su estado y comunicárselo a los padres. Hoy día se cuenta con muchísimos recursos para conocer las condiciones de salud del embrión y del feto en sus distintos periodos de desarrollo.

Es bien sabido, además, que la información médico-paciente, oportuna y veraz, forma parte de la fundamentación del actuar ético.

Siendo así, el médico no puede preferir los hallazgos patológicos que haya captado. Su deber es comunicarlos para salvar su responsabilidad. igualmente, cuando haya comprobado una enfermedad materna potencialmente lesiva para el feto, debe dar a conocer el hecho, Callarlo podría exponerlo a una futura demanda.

Es natural que de esta situación surjan preguntas cuya respuesta debe dar el médico, con el agravante de que no siempre su saber puede absolverlas con certeza. ¿Existe de verdad daño? Si existe, ¿qué tan severo es? ¿Cuál irá a ser la calidad de vida del hijo si nace afectado?

De las respuestas a estas inquietudes depende en buena parte lo que deba hacerse. Muchos médicos -más por ignorancia que por otra cosa- suelen agravar el pronóstico, induciendo a la mujer a tomar decisiones precipitadas y, de suyo, equivocadas. Por eso es prudente revisar las situaciones que con más frecuencia pueden observarse en el ejercicio profesional.

1. Rubéola.

Afortunadamente un porcentaje grande de mujeres ha padecido ya la rubéola cuando llegan a la edad de procrear. Además, la existencia de una vacuna específica ha reducido la ocurrencia de la enfermedad durante el curso del embarazo, que es condición sine qua non para que el feto se vea afectado.

Si la enfermedad se adquiere en los primeros cinco meses, en particular durante el primer trimestre, puede ocurrir daño fetal, sobre todo con repercusión cardiaca, oftalmológica y neurológica (“síndrome de rubéola congénita”).

Si la rubéola se padece durante el primer mes de embarazo, el feto puede verse afectado en el 50 por ciento de los casos, 22 por ciento en el segundo y 10 por ciento en el tercero44.

2. Varicela.

Solamente 2 a 5 por ciento de los niños nacidos de madres que padecieron varicela en el primer trimestre presentaron el “síndrome de varicela congénita”, caracterizado por lesiones neurológicas de diferente grado de severidad: atrofia cerebral cortical, microcefália, encefálitis, retardo mental, calcificaciones, hipoplasia cerebral.

También pueden encontrarse e les lesiones oftalmológicas: microftalniia, atrofia óptica, cataratas, coriorretinitis. Si el contagio se presenta en los últimos meses de embarazo podrán encontrarse cicatrices de las lesiones dérmicas

3. Toxoplasmosis.

La mujer que haya padecido alguna vez esta enfermedad, ha quedado vacunada para siempre. La condición indispensable para que el embarazo se vea comprometido es la primo-infección de la mujer grávida46.

No toda mujer que haya padecido toxoplasmosis durante el embarazo dará a luz un hijo afectado por la enfermedad; mientras más temprana haya sido la infección, mayor podrá ser el daño. Se ha establecido que el 50 por ciento de los fetos se infectan pero sólo el 1 por ciento nace con manifestaciones claras de toxoplasmosis congénita, es decir, hepatoesplenomegalia, calcificaciones difusas intracerebrales, micro o macrocefalia, coriorretinitis, etc.47.

Hay quienes sugieren que si se logra poner en evidencia la infección activa antes de las 24 semanas del embarazo, podría ponerse en consideración el aborto, con la advertencia de que si se toma como criterio para ello únicamente el riesgo estadístico, la posibilidad de injusticia sería muy alta, puesto que aproximadamente el 80 por ciento de los fetos nacidos serían niños normales48.

Algunos médicos desinformados creen que toda embarazada que presenta titulos seurológicos positivios para toxoplasmosis padece la enfermedadfermedad. Por eso alarman a su paciente y la colocan al borde del aborto.

Insisto, un título positivo sólo indica que ocurrió infección; el diagnóstico de infección aguda se hace comprobando títulos progresivos en muestras seriadas de suero materno, pero el diagnóstico definitivo se hace por aislamiento del parasito de la sangre fetal del líquido amniótico (amniocentesis) o por examen serológico del suero (cordocentesis, a partir de la semana 20 del embarazo).

También el líquido amniótico permite la inoculación al ratón y el cultivo de tejido49.

4. Sida.

Las pacientes embarazadas con serología HIV positiva pueden demandar la práctica del aborto. En algunos países, como los Estados Unidos de Norteamérica, se les concede antes de la semana 22 de gestación. Hay que tener en cuenta que al 24 por ciento de los niños nacidos de niadres infectadas con el HIV se les descubre la enfermedad al cabo de un año de edad51.

El embarazo, per se, no parece tener un efecto desfavorable sobre el curso de la enfermedad. La circunstancia de que la mujer afectada esté gestando, obliga al médico a sopesar el riesgo para el feto de las drogas que tenga que utilizar en beneficio materno, que de ordinario son muchas

5. Otros virus.

La infección por citomegalo virus puede adquirirse por paso trasplacentarlo. Teniendo en cuenta que el virus puede ocasionar daño celular con destrucción directa de los tejidos y formación de calcio, el pronóstico neonatal y tardío es reservado52.

No obstante, la viremia fetal consecutiva a viremia materna es muy baja: menos del 5 por ciento.

6. Anencefalia.

Así se denomina el desarrollo imperfecto de la cabeza, caracterizado por ausencia de la bóveda craneana, defecto incompatible con la vida extrauterina. Si se acepta que el cerebro es el órgano que proporciona las características propias de la persona53 el sujeto anencéfalo nunca llegará a serlo.

Es, como dice Maiherbe, casi un cadáver54. Por eso, una vez hecho el diagnóstico, debe procederse a ponerle fin al embarazo; no hacerlo sería exponer a la madre a riesgos innecesarios y prolongar su tortura emocional.

7. Otras malformaciones y alteraciones genéticas.

En la actualidad, gracias a la ecografía y a la biopsia de las vellosidades coriales, es posible detectar muy temprano daños cromosómicos del embrión o alteraciones morfológicas del feto. Como no se deben ocultar a los padres, es obligación moral del médico informar sobre la gravedad del problema y sus probables consecuencias futuras.

8. Radiación.

No se ha comprobado que la radiación diagnóstica en las primeras semanas del embarazo cause anomalías manifiestas.

Sin embargo, desde el día 38 de la gestación, los neuroblastos, que son las células más sensibles, pueden ser destruidos en cantidad suficiente como para causar trastornos funcionales del encéfalo o de otros sistemas de la economía fetal.

Cuando la radiación es terapéutica, bien por medio de rayos x o por radio, algo más del 33 por ciento de los niños presentan anomalías mentales y físicas patentes, siendo las más frecuentes: microcefalia, hidrocefalia, idiotez mongólica, espina bífida, pie zambo, ceguera, microftaimia, coloboma, cataratas, coriorretinitis, deformidad de las orejas, malformaciones de brazos y retardo del crecimiento55 56 57

9. Medicamentos.

La embarazada es muy propensa a poner en duda la inocuidad para su bebé no nacido de los medicamentos que se le prescriben. Esto es bueno pues evita la autoformulación. Pero es un temor infundado, pues la generalidad de las veces el efecto teratogénico de los medicamentos es inexistente, o, por lo menos, muy discutido.

Las casas farmacéuticas, basadas en la dolorosa experiencia con la talidornida, han acordado no recomendar el empleo de sus productos durante el primer trimestre del embarazo. No siempre la teratogénesis experimental en animales puede extrapolarse al ser humano.

De hacerse sistemáticamente58 ninguna persona -como afirma virginia Apgar- debería beber café, ingerir aspirina o aceptar cortisona o insulina como medicamentos, pues estas sustancias son teratógenas en algunas cepas de ratones o embriones de pollo.

Hago esta observación pues no faltan médicos que siembren la duda en la embarazada que ingirió algún medicamento potencialmente teratogénico en animales de laboratorio. Esta duda muchas veces lleva al aborto.

Antes que el médico dé su concepto sobre el posible efecto teratogénico de un medicamento, debe haber analizado los factores que influyen para que lo sea: agente usado, dosis, duración a la exposición, modo de administración, asociación con otras drogas, susceptibilidad genética y, por supuesto, periodo del desarrollo embrionario o fetal en que se utilizó59.

La FDA (Oficina Federal de Control de Medicamentos y Alimentos) de los Estados Unidos de Norteamérica, para señalar el potencial efecto lesivo de una determinada droga, estableció cinco categorías, así: A, B, C, D y x. En esta última se incluyen las más agresivas y que, por lo tanto, no deben prescribirse; sólo se menciona la Warfarina.

La categoría D incluye fármacos que han demostrado su asociación con niños defectuosos, pero cuyos efectos terapéuticos pueden, en un momento dado, hacerlos útiles a pesar del riesgo. Tales el ácido etacrínico, el litio, la fenitoina y la tobramicina60.

10. Reducción fetal.

Se trata de un recurso “terapéutico”, discutible éticamente, que ha traído consigo la nueva tecnología aplicada al campo de la reproducción humana. El empleo de fármacos que inducen el proceso de ovulación en pacientes infértiles, con frecuencia lleva a una pítiriovulación y ésta a la ocurrencia de un embarazo múltiple.

Cuando el número de fetos es mayor de tres, lo común es que el útero expulse su contenido en época temprana de la gestación, restándoles cualquier posibilidad de supervivencia. Como mediante la exploración ecográfica es posible identificar qué tan numerosa es la prole que inicia su desarrollo, podrá asimismo establecerse un pronóstico.

Frente a la eventualidad de un desastre total, viene empleándose la técnica de la reducción fetal, es decir, el sacrificio in útero de dos, tres o cuatro fetos, con miras a asegurar la pervivencia de uno o dos, o del número que los padres hayan resuelto conservar. Con ese fin, y utilizando la vision ecográfica como recurso guía, se procede a inyectar cloruro de potasio en la zona pericárdica del feto escogido al azar para ser eliminado.

Tres son las indicaciones que según algunos autores61 justfflcarían ética y legalmente el procedimiento: propiciar el nacimiento de uno o dos niños viables de un embarazo múltiple, lo cual no sería posible – aun queriéndolo los padres – si la gestación se dejara evolucionar espontáneamente; permitir el nacimiento de un niño sano que comienza a crecer con otro que tiene malformaciones congénitas; salvar por lo menos un niño cuando la mujer ha decidido ponerle fin al embarazo por tratarse de una plurigestación.

La Asociación Médica Mundial se ha pronunciado a este respecto, tal como veremos al tratar el tema de la preconcepción.

Aborto por resarcimiento

Resarcir es compensar un daño, perjuicio o agravio. Pues bien, creo que la mujer que ha sido víctima de una violación y como consecuencia de la misma ha resultado embarazada, tiene todo el derecho a que se le compense, siquiera en parte, el agravio de que fue objeto, impidiendo el desarrollo del producto de un acto infame, ejecutado contra su voluntad.

No permitir el desagravio sería, como opinan algunos62, propiciar una segunda violación: si la primera estuvo a cargo del criminal, la segunda correría por cuenta de quienes fuerzan a la ofendida a proseguir con el embarazo y dar a luz al hijo de un villano por quien solo puede sentir odio.

En mi concepto, si el ser humano pudiera poner condiciones previas a su engendramiento, de seguro que señalaría como requisitos que fuera gestado de manera deseada y que su progenitor fuera conocido.

Y en el capítulo donde traté el tema de la eticidad de la anticoncepción hice referencia a los métodos que se utilizan post-coito. En caso de violación, el médico debe tener en cuenta que evitar el embarazo forma parte de la atención que debe prestar a la víctima63. Por eso remito al lector al capítulo mencionado. Si, a pesar de las medidas que se emprendan, el embarazo ocurre, se abre el camino del aborto.

En Francia, a finales de la década de los 80, apareció una pildora considerada por los experimentadores como el mejor medio abortivo, superior a los procedimientos quirúrgicos. Por supuesto que alcanzó pronta popularidad, y también rechazo. Los grupos que defienden el derecho a la vida advirtieron que era el más inmoral de todos los métodos, pues incita al aborto por hacerlo tan fácil como tomar un par de aspirinas64.

Me refiero a la pildora llamada RU486 cuya acción farmacológica consiste en bloquear o contrariar el efecto de la progesterona, que es la hormona que mantiene el embarazo. Administrada dentro de los diez días siguientes a la fecha de la menstruación esperada, surte ya su efecto65.

Su acción se ve complementada con el empleo de prostaglandinas de uso vaginal. Una de sus indicaciones es evitar el embarazo “inducción de la menstruación” suministrándola durante cuatro días en los días previos a la menstruación66. De ser así, su prescripción sería parte de los cuidados suministrados a las víctimas del asalto sexual.

Aborto por otras causas

El aborto que pudiera practicarse por las razones expuestas atrás (terapéutico, piadoso y por resarcimiento), es de excepcional ocurrencia. En relación con el aborto por embarazo indeseado, o impertinente, aquél es de verdad insignificante. Por su frecuencia inusitada. el que constituye el gran problema sanitario, jurídico y moral que he esbozado atrás, es el embarazo indeseado.

Se estima que 50 millones de mujeres en el mundo solicitan el aborto cada año por esa causa. Frente a tamaño desafío, la Federación internacional de Ginecología y Obstetricia (FiGO) se pronunció al respecto en 1990 en un artículo titulado “El aborto, una crisis en progreso”.

Transcribo algunos apartes: “(…)Ni la censura social ni la legal afectan la incidencia. Sin embargo. los que sí se elevan son las consecuencias y los resultados”.”(…) El aborto puede ser solicitado por mujeres que ya tienen su familia completa y no pueden tener más hijos o por mujeres jóvenes, adolescentes, ansiosas de posponer sus embarazos.

Trágicamente, para mujeres que no han comenzado a tener familia existe el peligro de que queden infértiles, cuando sobrevienen las complicaciones de procedimientos negligentes. Aquellas más vulnerables a la morbilidad o a la muerte son generalmente las más pobres, las que tienen menos opciones.

“Aparte del costo en miseria humana, el aborto provocado disminuye los esfuerzos dedicados a los Servicios de la Salud. Abundan ejemplos de camas hospitalarias destinadas a pacientes con las consecuencias de este tipo de práctica así como la gran demanda por transfusiones sanguíneas, medicamentos y facilidades operatorias, mientras que se minimizan los recursos para la práctica ginecológica de rutina”.

“La primera línea de acción para prevenir estos abortos debe ser la creación y puesta en práctica de servicios de Planificación Familiar. De manera de hacerlos verdaderamente eficaces ellos deben estar a la orden de todos los usuarios activos sexualmente”.

“Sin embargo, aun usando solamente la esterilización (el método más eficaz para evitar embarazos) la Planificación Familiar por sí sola no elimina la gran demanda de solicitudes para interrupción de embarazos indeseados”.

“Algunos países han seguido la acción de legalizar el aborto o la de hacer la ley más flexible de manera que esos abortos puedan ser practicados por profesionales competentes. Sin embargo, algunas sociedades, o grupos dentro de ellas, han tenido objeciones severas para legalizar el aborto y ellos deben ser respetados.

Donde el aborto esté aceptado legalmente existe la necesidad de asegurar que haya facilidades de servicios disponibles, que la gente sepa que esos servicios funcionan y que los utilicen cuando sea necesario. La práctica anticonceptiva debe conformar siempre parte de los servicios y el aborto no debe ser promovido como un método de anticoncepción.

Donde el aborto sea legal, la existencia de un buen servicio de Planificación Familiar debe estar respaldada por otro servicio que se ocupe de los abortos y entre los dos efectuarán una eficaz combinación para salvar muchas vidas. Donde el aborto permanezca ilegal, debería existir una obligación particular para proveer Planificación Familiar, educación sexual responsable dirigida a gente joven a través de la educación y además disponer de servicios que se ocupen en tratar las complicaciones del aborto ilegal”67.

No puede quedar duda de que esta declaración de la FiGO retrata, con prudente angustia, el problema del aborto provocado.

Es tan injusta y dramática la situación que uno, cuando piensa sólo en la mujer, se siente inclinado a engrosar el grupo de los partidarios de la legalización irrestricta del aborto.

Si piensa también en el feto, se arrepiente. Por lo menos eso me ocurre a mí. Es que la absolución legal no signiflca la absolución moral; la verdadera absolución es la tranquilidad de conciencia, la autoabsolución. Para quienes consideramos que el embrión y el feto son seres que poseen un valor moral respetable, su eliminación sin absolutajustificación tiene que chocar con nuestra moral subjetiva, con nuestra conciencia.

Ese es, precisamente, el conflicto que vivimos a diario los médicos, pues nos toca ejercer en una “sociedad abortista”, como llama a la actual el eticista español Marciano vidal68, sociedad que apela esperanzada a nuestros servicios profesionales.

Actitud del médico frente a la solicitud de aborto

Ante esta realidad, ¿cuál debe ser la actitud ética del médico? ¿Debe respetar y acatar el principio moral de autonomía de la paciente? ¿Es válido moralmente el aborto a la luz del principio de beneficencia, que es el que rige el actuar ético del médico?

Tres son las actitudes que puede asumir ante la solicitud de que se ponga fin al embarazo, por ser indeseado:

1. Actitud conservadora o de repulsa. La sola insinuación desencadena rechazo y pone fin a la consulta. Creo que la formación del médico actual, más aún si ha estado en contacto con la bioética, no se presta para postura tan radical. Quien actúa así es supérstite de una ética natura-lista, cerrada, deshumanizada.

2. Actitud liberal o complaciente. Es la del médico condescendiente o abortador de oficio. Basta la solicitud de la mujer para proceder a ejecutar el aborto, sin importar las circunstancias que rodean el caso. Acceder al querer de su paciente sin ningún análisis o consideración previo, pone al descubierto a un profesional mercantilista, vacío de toda formación ética.

3. Actitud humana o paternalista. Es, sin duda, la más recomendable, pues se ciñe al espíritu médico, que no es otro que velar por los mejores intereses de nuestros pacientes, en este caso la mujer y su hijo en gestación. Alguien acude a nosotros en busca de ayuda y hay que proporcionársela en la mejor forma, según nuestro criterio técnico y ético. Es esa la misión del médico.

Al calificar como paternalista esta actitud y a la vez recomendaría, me expongo a crítica de los filósofos. Priscila Cohn, por ejemplo, dice que “todo paternalismo, incluyendo el que parece dictado por las razones más humanitarias y generosas, implica el inaceptable supuesto de que nuestro juicio sobre lo que es bueno para algunos de nuestros prójimos es el mejor juicio. Me parece que el mejor juicio es el de la propia persona, porque es un juicio que formula acerca de sí misma”69.

Quisiera señalar los pasos que podrían seguirse en el proceso “relación médico – paciente” atinente con la solicitud de aborto:
1. Etapa de información paciente – médico.

Durante ella el médico procurará adquirir un conocimiento lo más completo posible del caso que se le consulta. Por supuesto que para que eso se logre debe gravitar el compromiso de la reserva profesional. Es la etapa de confesión, que el médico habrá de orientar para establecer con certeza las razones o justificaciones de la solicitud de la solicitud.

2. Etapa de información médico – paciente.

Escuchada la sustentación de la solicitud, el médico procederá a informar a la paciente acerca de las implicaciones médicas y jurídicas que tiene el aborto provocado en nuestro medio. Deberá, además, despejar cualquier duda acerca de las implicaciones maternofetales que ocasionaría la continuación del embarazo. Me refiero al caso de que existiera temor por haber padecido la madre alguna enfermedad o haber tomado algún medicamento.

3. Etapa de análisis ético de la situación.

Como dicen Seedhouse y Lovett, para el médico el análisis ético es tan importante como el análisis clínico70. Tratándose del aborto es aún más importante. Habrá que analizar entonces las implicaciones morales que conlleva la terminación del embarazo, enfatizando en los valores y principios que están en juego. Para el médico es, sin duda, una etapa muy difícil y comprometedora, sobre todo si no está preparado para afrontarla.

De ordinario la mujer acude sola al médico. El varón no la acompaña porque niega la paternidad, o porque es desconocido (violación, prostitución), o porque es indiferente, o porque es instigador.

El cónyuge o compañero hace acto de presencia cuando existe duda acerca de la conveniencia del aborto; los dos buscan consejo autorizado, ayuda, para poder tomar una determinación. Precisamente, la soledad de la mujer que gesta de manera indeseada es un factor digno de tener en cuenta en el momento de hacer el análisis ético.

Es la mujer soltera, estudiante o trabajadora joven, para quien se le viene encima el mundo entero, para quien se cierran todas las puertas menos las del aborto, que es por donde espera escapar de ese conflicto tremendo. Por eso su determinación está ya tomada y, haciendo uso de su autonomía, solicita que se le practique el aborto. En su desesperación considera al embrión o al feto como un intruso que hay que despedir cuanto antes.

Seguramente nunca ha pensado ni le han hecho caer en cuenta que ese intruso tiene algún valor moral. Al saberlo es probable que recapacite sobre su determinación. Se trata de un ser que comienza a desarrollarse y que si se le permite,llegará a ser un ser humano.

Claro que,en el fondo ese es el problema: un hijo cambiará desfavorablemente su vida. Es interesante ver la reacción de la mujer cuando observa en la pantalla la actividad cardíaca o los movimientos del incipiente feto, captados ecográficamente. Se sacude emocional-mente y a veces desiste de su propósito. Por eso se recomienda que la mujer que piensa abortar sea sometida a esta prueba.

El diálogo médico-paciente sí que es trascendente en la circunstancia que analizamos.

Esa comunicación mutua, ese inducir a la reflexión, permite hacer de verdad consciente el derecho de autonomía. Bien sabemos que este derecho tiene validez moral y jurídica mientras no atente contra la autonomía de otro.

Se dirá, ¿es que acaso el feto posee el derecho de autonomía? No, no lo tiene, no lo puede tener, pues la autonomía supone capacidad reflexiva. Precisamente, por ser tan incompetente, quien debe tutelar sus intereses -si es que se acepta que los tenga- es su progenitora, en primer término; luego corresponde ese deber a la sociedad a través de leyes y disposiciones pertinentes.

Puede pensarse que al emprender el médico estas reflexiones con su paciente, ejerce un tipo de coacción moral sobre ésta, atentatoria contra el principio de autonomía. Es posible que sea así, pero el papel del médico no puede ser el de un simple instrumento para satisfacer la voluntad del paciente, sino que también tiene una función de magisterio que cumplir en su ejercicio profesional.

Si un paciente acude al médico para que le extirpe un órgano que quiere donar, o por simple capricho, es obligación suya advertir los riesgos a que se expone, sin importar que sea una acción altruista. Ese magisterio, es cierto, tiene mucho de paternalismo, principio éste que ha venido a menos en la concepción de la nueva ética médica.

4. Etapa de toma de decisión.

Es lo común que la paciente, haciendo uso de su autonomía, insista en su determinación abortista, no obstante los planteamientos éticos que su médico le haya hecho. ¿Cómo actuar entonces?

Seguramente el médico que se ha tomado el trabajo de adelantar este proceso de reflexión durante la consulta, no practique abortos. Frente al pluralismo moral aceptado hoy, el médico debe ser comprensivo y tolerante. “Aborto y no aborto -dice el filósofo español Ferrater Mora- son elecciones por igual legítimas y aceptables dentro del contexto de la idea de tolerancia”71.

Más adelante agrega: “Para que la actitud contra el aborto sea tolerable, es menester que quienes la adopten sean asimismo tolerantes y que, por consiguiente, permitan la tolerancia respecto a la decisión libre de abortar o no abortar72.

Creo que el paso siguiente que debe dar el médico no es despedir a la paciente, abandonándola a su propia suerte. Si él no practica el aborto, bien por temor a la moral objetiva o bien por convicción de conciencia, o por ambas cosas, no es, en mi concepto, anti-ético orientarla para que su determinación no vaya a tener desenlace catastrófico para ella, pues, de hecho, irá a serlo para el feto.

El doctor Edwar C. Hill, quien presidiera el 520 Encuentro Anual de las Sociedades de Ginecología y Obstetricia de la Costa Pacífica de los Estados Unidos de Norteamérica, dijo lo siguiente en su oración presidencial: “Una cosa acerca del aborto es cierta: es un asunto de vida, una realidad. (Lea También: Algunos Aspectos Éticos en Perinatología)

La moralidad del aborto no puede ser legislada.

Es, siempre ha sido y seguirá siendo, una trágica decisión. Al igual que en otros juicios de la práctica médica, la decisión debe hacerse por la alternativa menos mala. El aborto puede estar moralmente justificado si se practica para aliviar el sufrimiento y aligerar la carga a la paciente, a su familia ya la sociedad.

Nuestra responsabilidad es reconocer la autonomía de la conciencia individual, ayudar a nuestras pacientes a considerar todas las implicaciones de su predicamento para que ellas escojan. Si tal escogencia involucra la terminación del embarazo, entonces debe hacerse tan pronto como sea posible, con seguridad, con compasión, y con un profundo sentimiento de pérdida por la vida que es sacrificada

Cuando el doctor Hill habla de que el aborto podría estar justificado si con él se va a aliviar el sufrimiento de la paciente, la familia y la sociedad, toca lo referente al principio de beneficencia, de tanto compromiso para el médico.

Algunas veces las circunstancias que rodean el caso lo llevan a uno al convencimiento de que si no se practica el aborto, la mujer y los que la rodean sufrirán un grave daño emocional y aun tísico.

Aquí entra en conflicto el principio de beneficencia (bien para la madre y la familia) con el de no maleficencia (daño al feto). El médico, en su leal saber y entender, sabrá cuál de los dos es para él deber prima facie.

Si su conciencia lo inclina por el principio de beneficencia que favorece a la madre y no es abortista practicante, deberá insistir en los peligros que conlleva un procedimiento ejecutado por manos inexpertas.

Inevitable es entonces la pregunta: “A quién me recomienda, doctor?” Con ella la paciente de nuevo pide ayuda. ¿Estamos impedidos moralmente a ayudarla? ¿Hacerlo sería -como piensan algunos- una doble moral del médico? Creo que lo correcto es suministrar la ayuda, pues iremos a evitar un daño mayor.

De nuevo surge el paternalismo médico. Pienso que igual haría un padre con su hija en similares circunstancias. Aquí ya no están en consideración los fines, sino los medios. Si el fin es malo, no por eso habrá de buscarse un medio malo. Como el aborto es moralmente malo, el medio para conseguirlo debería ser también malo, vale decir, debería también ocasionar daño físico a la mujer que aborta.

Quien acepte esta tesis es, sin duda, un perverso. Por eso no creo que sea deshonesto, ni expresión de una doble moral, orientar a la mujer. Recordemos que en la encuesta adelantada entre médicos en Bogotá, el 60 por ciento respondió que si una paciente les solicitara el aborto, ellos, al no practicarlo, la remitirían a un colega74.

Es válido recordar que en los países donde el aborto está autorizado, la morbimortalidad por dicha causa es insignificante. Un ejemplo: en los Estados Unidos de Norteamérica la tasa de mortalidad en 1982 fue de 0.8 por 100.000 abortos75.

En los países donde es ilegal, esa tasa no puede saberse a ciencia cierta, por razones obvias. Lo evidente es que la sepsis posaborto suele ser la primera causa de mortalidad materna. En un estudio adelantado en 36 instituciones asistenciales de Bolivia, Colombia, Perú y venezuela en 1990, se encontró una tasa de mortalidad debida al aborto de 406 por 100.000 nacidos vivos, siendo la sepsis la complicación más frecuente76.

Como señalé al principio de este capítulo, el tratamiento del tema del aborto provocado es un asunto supremamente delicado, razón por la cual muchos médicos y muchos eticistas prefieren no embarcarse en su discusión.

Yo me he atrevido a hacerlo porque omitir el análisis del problema en un libro sobre ética médica sería motivo de frustración entre los lectores y demostración de ignorancia y cobardía.

A riesgo de causar escándalo en algunos sectores, me he sentido obligado a registrar mi pensamiento al respecto, animado sólo por el deseo de dejar abierta una discusión que pueda contribuir a la solución de tan complejo y doloroso asunto. Por lo menos, espero que aquellos colegas que me lean reflexionen con espíritu crítico sobre él.

De esa manera ejercitarán su conciencia para, llegado el momento, tomar la decisión más sabia. Bien sabemos que la conciencia es nuestra propia voz interior, independiente de sanciones y recompensas externas, como dice Erich Fromm77.

En particular, aspiro a que mis colegas de especialización, los ginecobstetras, tan involucrados en este asunto, encuentren en estas páginas una orientación que les ayude a tomar el mejor camino. No ignoran ellos que las decisiones éticas en el campo de la ginecobstetricia son en extremo difíciles y delicadas78, más que en cualquiera otra especialidad médica.

Quiero terminar citando las palabras de dos autoridades indiscutibles en asuntos de bioética: del fundador de esta disciplina, el médico norteamericano van Reenselaer Potter, y del moralista español Marciano vidal.

Dice el primero:

“Por supuesto, la terminación del embarazo mediante el aborto no es solución satisfactoria al problema del embarazo indeseado. Las otras alternativas son la abstinencia sexual total y el uso de técnicas anticonceptivas efectivas. La educación sexual en las escuelas puede proporcionar la información necesaria, pero la orientación familiar parece más conveniente.

La información puede ser suministrada después del hecho, y los servicios de aborto pueden entregar adecuada consejería, educación y soporte emocional antes, durante y después del procedimiento. La provisión de asesoramiento contraceptivo es esencial”79.

Por su parte, vidal manifiesta:

“Como en casi todas las cuestiones de moral, en el problema del aborto lo principal no es el juicio estrictamente <moral», sino la realidad que suele escapar de un restringido horizonte.

Lo más importante no es condenar el aborto, sino elevar el nivel moral de la humanidad a fin de que la realidad del aborto no tenga por qué tener cabida en nuestro mundo”80.

Referencias

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