Ciencia, Sociedad y Religión

VII

 “La ciencia produce conocimiento científico, la religión seguridad espi­ritual”.

Introducción

En el capítulo II desarrollé la temática de la ciencia, su definición, sus clases, sus métodos para llegar al conocimiento real dejando atrás el subjetivismo y más bien aceptando la evalua­ción del conocimiento desde el “a priori” pasando por el pensamiento mágico omnipotente, onírico, mítico, empírico para llegar al lógico con el método inductivo, deductivo y con mo­delos técnicos en que se incluye una ordenación de hechos con sus formas, y con la crítica de las dos últimas los que nos da una validez del conocimiento; la validez al mismo tiempo tiene su metodología específica, la cual nos lleva a un conocimiento no siempre certero sino incierto y, con cierta probabilidad.

Pensemos que quien ha realizado todo este proceso ha sido el hombre, dentro de su entor­no y época, lo que implica su cultura y civilización, con sus creencias e información que ha venido evolucionando a través de millones de años. Por su parte, debe incluirse aquí cómo el hombre antes de llegar al pensamiento científico realizó una evolución en la organización bio-psico-social para la convivencia con la comunicación y cuyo instrumento fue el pensamiento y la palabra, esta última conlleva conceptos, normas o leyes ya citadas: código de Hammurabi y de Entenema, libro de la enseñanza de los muertos, con leyendas y poemas como el mito de Gilgamesh. Nótese que en todos los escritos y en todo el conocimiento y el desarrollo del pensamiento, a través de los años, nos rige la curiosidad o necesidad del conocimiento o “episteme”, descubrir lo que no se conoce y explicar los hechos o interpretarlos pues se requiere una satisfacción inmediata material; esa necesidad de conocer hoy la entendemos como un instinto innato epistemológico.

Sociedad, religión y ciencia

La relación entre ciencia, sociedad y religión, la hizo el hombre necesitado de conocer utilizando los órganos de los sentidos, además del pensamiento mágico omnipotente inicial­ mente proyectado en los dioses y debido a su misma omnipotencia y limitación para conocer; aún más, a no todos les acompaña la curiosidad y la capacidad para conocer; por ejemplo, los animales y los niños exploran el cuerpo y el mundo exterior con el objeto de “conocer” pues existe y la gran necesidad de encontrar el principio de causalidad. Téngase en cuenta que es mucho más difícil conocer cuánto más distante está el objeto por conocer.

En textos anteriores ha hecho algún planteamiento sobre la ciencia, el espíritu, el poder natural y sobrenatural, así como a lo desconocido y misterioso que todavía hay en múltiples fenómenos, entre ellos los naturales incógnitos. De una u otra manera, arriba­mos al concepto y creencia en el ente Dios, Creador del universo; y, en este último surgen los conceptos de equilibrios, orden, desorden. En este capítulo traigo textos aparecidos en la obra “Ciencia mitos y dioses”, (Sánchez Medina, 2004), los cuales nos permiten reali­zar ciertas consideraciones para entender cómo se llegó a la creencia en los dioses o en el único Dios. De todas maneras, el ser humano se aboca a dar explicaciones y/o encontrar principios de causalidad en el cuerpo mente y espíritu y así también hallar armonías y equilibrios explicativos unificantes, como si el ser tuviese en su esencia la necesidad de estar en la posición de coincidir o descubrirse en la unidad indestructible e inmortal.

Sociedad

Se entiende como sociedad a la “agrupación natural o pactada de personas que cons­tituyen una unidad distinta de cada uno de los individuos con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación todos o algunos de los fines de la vida”. Existen distintas clases de sociedades; por ejemplo, la conyugal, la de las industrias, (comercio), economía, política, de consumo, cooperativa, limitada, comanditaria, accidental, científica y pseudo científica, ideo­lógica de distintas creencias y las religiones. En la definición del diccionario está implícito el concepto de “unidad” para “cumplir con la mutua cooperación” Y algunos “fines de la vida”. En el caso que aquí se propone desarrollar es el “conocimiento”.

El mismo hombre en la sociedad llegó a considerar la temática sobre el ser, la esencia y la existencia, encontrándose con su núcleo de su ser que es el espíritu o el alma ansiosa, no so­lamente de conocimiento sino de libertad. De la misma manera, se ocupó de investigar sobre “lo no conocido” y lo que denomina “sobrenatural” y los “poderes de la naturaleza” y “del más allá”; sin embargo, uno y otro son los que confluyen en la consciencia vital y en el gran poder que originó el universo al cual le dio el nombre de Dios o dioses o sus sustitutos en el hombre poderoso rey, faraón, participando en todo esto el pensamiento prelógico, primitivo, mágico, y con él el animismo.

La Religión

Antes de seguir adelante me voy a ocupar sobre la etimología de la palabra religión, para luego desarrollar en forma muy somera la temática de la religión en nuestras sociedades.

Etimología. La palabra religión proviene de dos términos en latín: “religare y relégere”; la primera nos indica volver a “ligarse” y la segunda volver a “leer”. Cicerón en su obra: “De Natura deorum” se refiere a cómo “los que se interesan en las cosas relacionadas con el culto retoman y los que releen son llamados religiosos a partir de la relectura”. Religare implica

un vínculo de piedad con Dios con sus creencias y sus prácticas. Estos dos términos pueden ser complementarios y compatibles porque se vuelve a ligar en una nueva lectura; la lectura a que nos referimos es a una serie de fenómenos, creencias, prácticas existenciales, morales, espirituales, las cuales son compartidas en los grupos humanos sociales; y, así se vuelve a ligar el grupo humano para organizarse en forma que sienta o perciba seguridad de no que­darse sin piso en el abandono ante la nada; y, si puede haber credibilidad en una creencia o fe, dentro de una estructura formal integrada en que se incluyan las tradiciones culturales de la sociedad o etnia en las cuales se siguen una tradición de ritos y enseñanzas, es así como se puede articular en torno a todas las fuerzas de la naturaleza una creencia humana con sistemas simbólicos que permiten nuevamente un punto de fijación, estabilidad, firmeza y garantía de no perecer ante la inseguridad e incertidumbre. Etimológicamente la palabra religión no posee exactamente su equivalente en griego, pues en este idioma (Λατρεια) significa servicio divino. De Civ. Dei, X, 1). San Agustín (estableció la relación entre “religio” y Θρηοπεια (que se refiere a las prácticas).

La religión es en realidad un sistema de creencias y prácticas en que se incluyen los esta­dos anímicos y las motivaciones, que las necesidades del espíritu requieren. Las creencias o dogmas se deben entender en el sentido de creencia sin la connotación negativa de obligato­riedad; los “dogmas” o creencias se creen con distintos niveles de credibilidad; la fe aumenta o decrece según las circunstancias. En San Marcos cap. IX, “el fiel le pide a Dios que le au­mente su fe”, (De Francisco, 2012). A través de la historia las diversas culturas y sociedades han transcurrido dentro de este fenómeno esencial del ser humano que pretende encontrar ·en los sentidos a su existencia y dar trascendencia y explicación al mundo, al universo y todo lo imaginable”, (Lenski, 1967) (Geertz, 1988). José Ortega y Gasett en su ensayo “Del imperio romano” se refiere a cómo “cuando el hombre cree en algo […] incuestionable, se hace re­ligioso de ello”… “lo contrario de religión” (para el autor citado) “es negligencia, descuido, desentenderse, abandonarse” (Ortega y Gasset, 1940).

En realidad cuando nos ocupamos de este tema debemos referirnos a las religiones, y a cómo estas tienen múltiples creencias que luego se convierten en credos y dogmas referidos al hombre, la naturaleza, a la vida y muerte, del universo, a la relación con la sociedad, a la temporo espacialidad, a la relación consigo mismo. En estos textos no se tratará de describir todas aquellas creencias y ritos o ceremoniales, solo se denotan cómo aparecen el centro o núcleo con que el ser humano ubica los orígenes, los desarrollos, el principio y fin de todo, para llegar a los conceptos de finito e infinito en donde también se posiciona el concepto de Dios.

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