Orígenes de la Religión

Los orígenes de la religión o religiones se remontan a cuando se comenzó a establecer el pensamiento mágico, el animismo y la creencia en los mitos como una necesidad y en el concepto de Dios e inicialmente de los dioses. “La religión era el principal aglutinante de las sociedades antiguas, con tres elementos sobresalientes: la adoración del sol por ser este el símbolo de fertilidad de la tierra; preocupación por la muerte en grupos sociales con escaza expectativa de vida y tendencia muy precoz a ir evolucionando del politeísmo al

monoteísmo”, (De Francisco, 2012). Este tema ya está expuesto en capítulos anteriores. El lector podrá preguntarse cuán verdadero o falso hay en las creencias religiosas; al hacerlo está revelando una tendencia a validar el conocimiento, la creencia y el origen. Téngase en cuenta que cuando Hegel se pronunció con respecto a la religión que incluía “al espíritu absoluto” y cómo esto era revelado por Dios, al cual no se le puede negar la revelación porque equivaldría limitarlo; o sea, el hombre no puede limitar a Dios. Pienso que esto no es tan válido porque nada puede reconocerse o validarse a sí mismo, a no ser que se crea o se le dé cómo cierto con fe ciega, la omnipotencia, omnipresencia al ente Dios. Esto equivale a cerrar el cuestio­namiento lógico humano; más cuando se acepta que todo viene de Dios este sí se valida a sí mismo. Todo esto podría tener una salida lógica si consideramos a Dios como un Todo, lo comprensible e incomprensible, lo conocido e incógnito, lo finito o infinito, la ley del orden y caos, la naturalezas con sus fuerzas, masas y energías conocidas con sus leyes y todo lo desconocido (por ejemplo, la antimateria, la antienergía, la luz y la ausencia de la misma, el espacio y tiempo infinitos y los múltiples universos incluyendo los paralelos). Cuando pen­samos en las religiones de nuestro planeta tierra, ya estamos dándole una ubicación y límite temporo-espacial, (1).

Cuando nos referimos a la religión y sus orígenes sociopolíticos, estas ideas, se reducen a las normas lógicas, a los valores y principios de aquellas disciplinas, y, por lo tanto es algo como una creencia basada en el hombre y su circunstancia; sin embargo, en el fondo subsiste el temor a esa fuerza sobrenatural no bien conocida, que origina al hombre. Aceptemos que éste último, inventó y creó a los dioses como una defensa y protección; he ahí el origen hu­mano de las religiones. De tal manera, estas doctrinas que comprenden las religiones como un fenómeno humano tendrían dos tipos de explicaciones: a) como forma de satisfacción de la necesidad teórica de explicar o de tener un conocimiento y b) como una necesidad práctica con su solución; Epicuro se ubicaba en la primera, Lucrecio y Hobbes en la segunda; sin embargo, el último, Hobbes reconoció la causa principal del surgimiento de la religión en el temor que produce en el hombre la incertidumbre del futuro y por ende quiere asegurarse así mismo contra el mal al cual teme y requiere del bien; al mismo tiempo que logra un completo conocimiento; personalmente me identifico con estos últimos pensamientos, posición que explícito varias veces en los textos, (2).

Pienso que el hombre nace con temor (ansiedad, incertidumbre) y requiere (repitámoslo) asegurarse así mismo contra el mal, la destrucción y la nada; más aún el conocimiento nos ayuda a manejar lo incierto; vale aquí recordar la obra de Hume “Historia natural de la reli­gión” (1757) en la cual se explicita que la religión no nace de la contemplación, sino del inte­rés y la necesidad, por lo tanto la contemplación es factible que sea posterior; personalmente agrego de la curiosidad del hombre, por los hechos de la vida y por la esperanza de encontrar respuestas y soluciones ante la vida y la muerte, ante la salud y la enfermedad, la abundancia y la privación, el misterio, el secreto, lo desconocido y lo conocido, el bien y el mal, los cua­les continuamente aparecen. (Hume citado por Abbagnano 1997 p. 1008-1009). El filósofo Voltaire escribió: “Es natural que un país, asustado del trueno, afligido por la pérdida de sus mieses, maltratado por el país vecino, sintiendo todos los días su debilidad, sintiendo en todo momento un poder invisible, haya dicho finamente: ‘Existe fuera de nosotros un ser que nos provoca el bien y el mal’” (Dictionnaire philosophique, 1764, art. “Religión”, II), (Voltaire, 2008).

Estos pensamientos se eclipsaron en parte por los provenientes de la teología y la antro­pología, para llegar luego mediante su propio proceso evolutivo a cómo “la religión es la consciencia de lo infinito y por lo tanto no es, ni puede ser otra cosa que la consciencia que el hombre tiene de la infinitud de su ser y no de la limitación”. De igual manera, lo concibió Max Müller en la obra. “Origen y evolución de la religión”, (1880); para Durkheim la religión sería una metafísica de la sociedad y “es el mito que la sociedad hace de sí misma”, en el sen­tido de que “la sociedad es realidad que las mitologías se han representado bajo formas muy diferentes, pero que es la causa objetiva universal y eterna de esas sensaciones suigeneris de que está hecha la experiencia religiosa(3). Aquí podemos concluir que todo esto significa que la religión primitiva consiste en atribuir a una supuesta realidad las características de una sociedad; obsérvese que el citado autor llega a esta conclusión basándose en la interpretación del totemismo, (4).

De otra parte, a la religión se le considera como un hecho cognoscitivo y una tentativa de explicar el mundo a partir de la experiencia. En un tiempo la religión no fue un sistema de creencias, de prácticas, sino estas últimas realizadas por y con la tradición y aceptadas por la sociedad; de tal manera, se conformaron las creencias. Nótese que las instituciones políticas más antiguas que las teorías de aquellas al igual que las instituciones religiosas, son más antiguas que las propias teorías; todo lo cual implica que primero fue la práctica y luego la teoría.

J.G. Frazer en la obra: “La rama dorada” (1951), demuestra las relaciones entre religión y magia debido a que el hombre requiere en parte controlar los hechos naturales; la diferen­cia entre aquella (magia y religión) consiste en que la primera tiene un control directo con el pensamiento y fantasía y la segunda busca caminos superiores, espirituales con los senti­mientos fusionados a las creencias (5). Es aquí en donde confluyen los teólogos, antropólogos y filósofos como Malinovsky el que se pronunció en el sentido de cómo la magia surge por la tensión emocional y las crisis vitales (muerte o peligro de ella, iniciación de fases, amo­res infelices, misterios, odios, ambiciones insatisfechas, etc.) y la solución de salida a los conflictos es la creencia y la práctica para deshacerse de aquellos; además la magia tiene sus técnicas limitadas a algunos, y en cambio la religión es para todos; la función de la magia es suplir la realidad de la naturaleza, en cambio la religión es el refuerzo de actitudes como el valor, la creencia y la fe que da fuerza y seguridad, es una magia en su origen, un bosque casi impenetrable para adquirir la rama dorada de la vida y el conocimiento.


1 “Esta posición en occidente es el panteísmo de Espinosa que hoy generalmente no se acepta. Se cree que Dios crea el universo, pero que éste está separado de Dios. El Universo físico de un lado y más allá lo que es trascendente, el espíritu de Dios (separado del universo material)”, (De Francisco, 2012).

2 “En el fondo, una toma de consciencia del hombre de su propia minusvalía puede conducir al temor y al miedo. También hay que señalar el temor a lo sobrenatural. El monoteísmo occidental lo toma muy en cuenta porque esas religiones lo tenían como común denominador; eran las religiones del miedo dulcificado luego como el ‘santo temor de Dios’. Los dioses surgieron sin necesidad de inventarlos mediante actos de la vo­luntad del hombre pensante; mucho antes de que actuara la corteza cerebral del hombre más avanzado en la evolución; las emociones del hombre ‘sintiente’, no racional, como lo llama Javier Xubiri, experimentaron la presencia de esas fuerzas positivas o negativas y las transformaron en sus dioses. Así que el origen fue lo irracional en la religión antes que su posible invento racional. La religión nace, según mi opinión, mucho antes de que el hombre fuera ‘verdadero hombre’. La religión en su origen es muy anterior a la religión de los griegos pensantes antes que sintientes. Por eso, la religión griega fue el equivalente de las virtudes o vicios que al igual que los hombres tenían sus dioses. Una religión fría y calculada por sus filósofos, pero no una religión emocional”, (De Francisco, 2012).

Aquí disiento parcialmente con el comentaristas el Académico A De Francisco en el sentido de que el hombre proveniente del “australopitecus aferensis” para pasar al Homo sapiens y éste al “sapiens sapiens” y al Neanderthal y Cro-Magnon y al hombre de nuestros días, siempre han tenido su cerebro emocional participando en sus actos, y con ellos el miedo a los fenómenos externos e internos, y así en el ser humano a la construcción de la fantasía de las fuerzas del poder natural, lo cual se le achacó a lo “sobrenatural” para tratar de descubrir el principio de causalidad y con ello las respuestas que satisfacían o calmaban la ansiedad ante lo incógnito o desconocido. De aquí que el animal y el hombre siempre han sido “sintientes” y luego “pensantes” fue después de aparecer el pensamiento que apareció la pregunta: ¿y por qué siento así? Pienso que los filósofos griegos aparecieron después de los mesopo­támicos y egipcios que ya llevaban sus marcas o sus improntas en relación a lo que les ligaba o religaba en la comunidad con las explicaciones e interpretaciones de la vida y de la muerte, (N del autor).

La religión de los griegos, que en mi sentir no era emocional… la religión de neardenthales y cromañones sí era básicamente emocional; los griegos la intelectualizaron”, (De Francisco, 2013)

El comentarista agrega: Se habla de los orígenes de la religión occidental en el Medio Oriente; hay que detenerse en la antropología del ser humano antes que en la filosofía que conduce a la aridez, como se expone en muchas veces al público los elementos de una religión. Es el hombre vulnerable el que siente la necesidad y si encuentra una respuesta, la engrandece y la diviniza y así puede decirse: es ahí en lo emocio­nal y no en el interés intelectual o filosófico en donde debe buscarse los orígenes. Por eso la teología nunca es filosofía y ambos campos siempre se encuentran separados”. Aquí estoy completamente de acuerdo y nos unimos en un solo pensamiento con el comentador Académico A. De Francisco Zea, (2013), (GSM).

3 Formes élémentaires de la vie religieuse”, 1937, p. 597) (Abbagnano, 1997, p. 1009)

4 “Yo siempre desconfío un poco de los filósofos que explican las religiones; a pesar de lo poco creíble de muchos de sus pensamientos, prefiero a los teólogos, sobre todo los que pertenecen a los grupos heterodoxos que se enfrentaron a la iglesia formal en el Vaticano II. Leo con frecuencia a dos de ellos: Karl Rahner y Hans Küng ambos sacerdotes jesuitas”, (De Francisco, 2012). Aquí me permito traer un pensamiento de la periodista Patricia Salazar Figueroa aparecido el domingo 17 de marzo del año 2013 en el periódico El Tiempo, pág. 2 en la cual hace alusión a cómo “se inicio una nueva era para la Iglesia”, según Hans Küng, con la elección de Jorge Mario Bergoglio, Cardenal de la República de Argentina, nombrado Papa Francisco que es el único con ese nombre y el primero no europeo, y representa el 40% del total de los católicos del mundo. El Papa también tendrá sus detractores y/o contradictores porque las muestras de humildad revelan un cambio de actitud más humana y no de santidad. Además, la actitud que ha asumido este Papa es la de humildad, lo cual no significa que deba ser el paradigma para que todos los fieles se conviertan en pobres; más aún, la humildad no significa pobreza económica sino una actitud opuesta a la arrogancia, al orgullo y la grandeza del poder con el sentimiento de omnipotencia narcisística; nadie desconoce la arrogancia del ignorante que se afirma solo en sus creencias y prejuicios psico-económico-culturales; para lograr aquella, la humildad, se requiere de la madurez interna que significa la integridad, la equidad y la igualdad de las almas y/o espíritus, reconociendo los errores y también tener el “don de saber perder” (“perdonar”) más cuando se hace daño al otro. Lo que despierta este Papa es también la humanidad, la sencillez y la simplicidad con el deseo de unificar las creencias en la esencia del ser; además de la transparencia en el manejo político económico y de la sexualidad para evitar los abusos o seducción de menores por los pederastas sacerdotes, en sus distintas posiciones y en especial las jerárquicas. Es evidente que la iglesia católica requiere cambios que pueden molestar a muchos, pues hay una resistencia a ello. Igualdad nunca habrá pero equidad sí, así como humildad y credibilidad cuando predomine la libertad con verdad pensando en el prójimo, en el otro; es decir, en el “nosotros” dentro de nuestro mundo interno y externo. Aquí podemos preguntarnos, ¿qué ocurre con la fe y la creencia del católico en el Siglo XXI?, ¿acaso ha sido afectadas (la fe y la creencia) por la desilusión en el conocimiento que algunos jerarcas (afortunadamente pocos) les acompaña la pedofilia y la ambición de poder? Además la pompa no fue enseñada por Jesús y tampoco por Pedro y los demás discí­pulos. Es factible que esa imagen del catolicismo produzca resistencias a la entrega por el amor al prójimo. El mismo Papa Francisco ya se refirió en sus cortas homilías al amor, al perdón y a la ayuda a los pobres; seguramente vendrán grandes y trascendentes cambios, los cuales tienen como fin la unidad a la vez que la adaptación a nuestra época en la que existe la necesidad de convivencia con las diferencias, el respeto por la libertad interna otro y la necesidad de la consciencia e integración ética del o (las sociedades) de los otros en nuestra mismidad.

Recordemos cómo el Cardenal Jorge Mario Bergoglio cuando conoció que había tenido más de dos terceras partes de votos para ser nombrado Papa, su compañero y amigo, que estaba a su lado, el Cardenal Brasilero Claudio Hummes le dijo: “no te olvides de los pobres”, y al Cardenal Bergoglio se le vino a su mente la imagen y recuerdo de Francisco de Asís; fue así como tomó su nombre, y, creo yo, su camino del papado. Sin embargo, pienso aquí que la pobreza no solamente se pueda anidar con la carencia de dinero y la falta de trabajo, sino con la no de carencia de ideas por el bien común. Según Hans Küng teólogo progresista “… del mismo tamaño de la esperanza que ha despertado su llegada (del Papa Francisco), son las expectativas y la exigencia con la que el mundo medirá su desempeño, ante el gran desafío de reformas a la Iglesia en crisis […] Reconoce a San Francisco de Asís como el guardián de su apostolado, su guía y su ejemplo por seguir. Es decir, humildad, desprendimiento, fuerza, carácter y rebeldía, comandados por el profundo recogimiento en Dios. […] ha rendido tributo al misticismo y a la inagotable capacidad de esperanza y recuperación de su región. […] Lo trascendente es que se ha iniciado una nueva era para la Iglesia”, (Hans Küng)

Aquí me pregunto: ¿a dónde se han ido las creencias religiosas, el “religare”, las acciones espirituales y reli­giosas?; el don de saber perder (perdonar) se inició con el perdón de sí mismo y del otro; cuando se llega a ese estado es cuando se fragua la elaboración y superación del Complejo de Edipo y castración, el equilibrio y transparencia, la libertad con verdad, pensando en el bien del otro y “el nosotros”, dentro de nosotros mismos o mismidad. De ahí la identificación profunda y trascendente con el nosotros en y con un equilibrio psico-afectivo. Aquí vale la pena hacer alusión a las clases de identificación grupal que pueden realizarse debido a distintos psicodinamismos, los cuales no siempre pertenecen a una sublimación sino a una necesidad libi­dinal o tanática. A la vez, preguntémonos ¿qué ocurre con la fe y creencia del catolicismo en el Siglo XXI y con el conocimiento de lo que implica toda la religión?; ¿acaso no impera “la revolución del ‘mas’,” y como lo postula Moisés Naim: “la revolución de la mentalidad del más”, yo diría de la explosión demográfica y todas sus vicisitudes en una sociedad de consumo que en algunas ocasiones son referenciadas a las nece­sidades de los pueblos que develan los acontecimientos socio-políticos violentos; por ejemplo, en el norte de África y Siria lo que se ha llamado “la primavera árabe”; y, ahora es factible que puede manifestarse en diferente forma en latinoamericana ocasionada por los grandes desequilibrios socio-económicos y culturales. El mismo Moisés Naim en la obra “El fin del poder” (“The end of power”), cada vez existe más consenso en todo el mundo sobre la importancia de las “libertades individuales y la igualdad de género, la intolerancia, el autoritarismo, la insatisfacción con los sistemas políticos institucionales”; téngase en cuenta que el excesivo poder en el manejo económico y su fuerza para gobernar, produce un desequilibrio entre necesidad y realidad (entradas y salidas económicas obligatorias). Reflexionemos aquí, cómo ya los “títulos o el saber no significa autoridad”, mas cuando esta última, está comandada por el movimiento de masas; además la capacidad de respuesta, se potencializa con la violencia sin entrar en el diálogo racional. Lo que se espera es encontrar el camino para tener la capacidad de renuncia a las grandes necesidades narcisísticas y encontrar la satisfacción en el mundo interno y así llegar a la comunión e identificación con la sociedad, meta difícil de conseguir.

Entiéndase este comentario sólo como una asociación libre a un acontecimiento que marcará la historia de la religión católica y posiblemente de otras religiones, (N. del autor GSM).

5 “Frazer menciona en la ‘Rama Dorada’ un bosque italiano gobernado por un rey que cambiaba cada año, quien buscaba la rama dorada de un fresno que lo haría inmortal. En el bosque reinaba la Diosa Diana o Arztemisa”, (De Francisco, 2012).

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