Sentido y Significado de la Vida

Pensamientos de Albert Einstein y Sigmund Freud sobre el sentido y significado de la vida

En el año 1938 Einstein escribe a una joven hija de un amigo lo siguiente:

¿Sabes que la tuya no es la primera generación que anhela una vida llena de belleza y libertad? ¿Que todos nuestros antepasados sentían igual que tú, y fueron víctimas de tristeza y odio? ¿También que tus fervientes deseos solo pueden encontrar su realización si logras alcanzar el amor y la comprensión de las personas, y de los animales, y de las plantas, y de las estrellas, de tal modo que cada alegría se convierta en tu alegría y cada dolor en tu dolor? Abre tus ojos, tu corazón, tus manos y evita el veneno que tus antepasados tan ávidamente absorbieron de la historia.

Entonces la tierra será tu patria y tu trabajo y tu esfuerzo esparcirán bendiciones. La experiencia más bella

que podemos tener, es la del misterio. Es la emoción fundamental que está en la base del verdadero arte y de la verdadera ciencia”.

En un mensaje de Einstein publicado en la Revista Time; el genio se pregunta:

“¿Cuál es el significado de la vida humana o de cualquier otra criatura?. Conocer una respuesta a esta pregunta significa ser religioso. Os preguntáis: ¿vale la pena formularla? Yo contesto: Quienes consideran su propia o la vida ajena como carente de significado, son, no sólo infelices, sino apenas dignos de vivir. … Más hay un estadio en la vida religiosa bastante raro en su pura expresión, y es el de la Religiosidad Cósmica. Pero esta no puede ser verdaderamente comprendida por quienes no la sienten, porque no se corresponde con ninguna idea de un Dios antropomórfico. Misión fundamental del Arte y la Ciencia es, en mi opinión, la de despertar y mantener vivo ese sentimiento entre quienes se sienten capaces de acogerlo”.

“La lógica pura no puede proporcionarnos un conocimiento del mundo empírico; todo conocimiento dimana de la experiencia y desemboca en ella. Las proposiciones a las que se llega por medios pu­ramente lógicos, carecen por completo de valor real”.

En una entrevista de Alexander Moszkowski a Einstein 1919, al preguntarle el primero cuál es su actitud frente a la vida, respondió:

Me interroga sobre mi actitud ante la vida. Prefiero dar que recibir, en cualquier circunstancia; no doy importancia a mi persona, ni a la acumulación de riquezas; no me avergüenzo de mis de­bilidades, ni de mis errores y tomo instintivamente las cosas con humor y equidad. Existen muchas personas como yo y no comprendo en absoluto que se haya hecho de mí una especie de ídolo. Es, sin duda, tan incomprensible como el misterio de una avalancha, donde un solo grano de polvo basta para desencadenarla, y que toma un camino bien determinado”.

En la misma entrevista aparece la siguiente pregunta: ¿es la ciencia el propósito de la vida?, a lo cual Einstein responde:

“Si hablamos del propósito de una acción simplemente preguntamos ¿qué tipo de de­seo deberíamos satisfacer con la acción?, o ¿qué consecuencias deberíamos prevenir? Sin embargo, todos sentimos que es razonable preguntarnos como conducir nuestras vidas. La respuesta es, en mi opinión, la satisfacción de los deseos y necesidades de todos, a medida que puedan ser alcanzadas, y la armonía y belleza en las relaciones humanas”, (Seperiza Pasquali, 2003).

Al final de la entrevista cuando se le preguntó: ¿qué haría si tuviera un minuto para salvar el mundo? Einstein respondió: “pensaría 95 segundos y después actuaría”.

En 1926 George Sylvester Viereck en la casa de Sigmund Freud le hizo la entrevista que fue publicada años más tarde como “El valor de la vida”. En ella hay una serie de preguntas especialmente sobre la actitud y personalidad del entrevistado Sigmund Freud.

George Syl­vester Viereck hace el siguiente comentario:
“George Sylvester Viereck:

Bernard Shaw sustenta que vivimos muy poco. El encuentra que el hombre puede prolongar la vida si así lo desea, llevando su voluntad a actuar sobre las fuerzas de la evolución. El cree que la humanidad puede recuperar la longevidad de los patriarcas.

“S. Freud:

Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez mori­mos porque deseamos morir. Así como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, así también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción.

Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, así también toda materia viva, consciente o inconscientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de vida o el impulso de muerte habitan lado a lado dentro de nosotros. La muerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: “Más allá del principio del placer” En el comienzo del psi­coanálisis se suponía que el Amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la Muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la “fiebre llamada vivir”. El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción.

“George Sylvester Viereck:

Esto es la filosofía de la autodestrucción. Ella justifica el auto-exterminio. Llevaría lógicamente al suicidio universal imaginado por Eduard Von Hart­mann.

“S. Freud:

La humanidad no escoge el suicidio porque la ley de su ser desaprueba la vía directa para su fin. La vida tiene que completar su ciclo de existencia. En todo ser normal, la pulsión de vida es fuerte, lo bastante para contrabalancear la pulsión de muerte, pero en el final, ésta resulta más fuerte.

Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más posible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros. En este sentido (añadió Freud con una sonrisa) puede ser justificado decir que toda muerte es un suicidio disfrazado”.

Cuando el ya citado entrevistador le pregunta: ¿usted no tiene en otras palabras, el deseo de inmortalidad? Freud responde:

“Sinceramente no. Si la gente reconoce los motivos egoístas detrás de la conducta hu­mana, no tengo el más mínimo deseo de retornar a la vida; moviéndose en un círculo, sería siempre la misma. Más allá de eso, si el eterno retorno de las cosas, para usar la expresión de Nietzsche, nos dotase nuevamente de nuestra carnalidad y lo que involucra, ¿para qué serviría sin memoria? No habría vínculo entre el pasado y el futuro.

Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho en saber que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente pasará. Nuestra vida es necesariamente una serie de compromisos, una lucha interminable entre el ego y su ambiente. El deseo de prolongar la vida excesivamente me parece absurdo”, ( 13).

Aquí podría traer muchas reflexiones con respecto a la vida de filósofos, pensadores, cien­tíficos, políticos, y de todas las diferentes ramas de la ciencia, las letras y las artes.

Esta obra, no trata sino de plantear cómo opera la ciencia en el hombre al cual le acompaña el pensa­miento mágico omnipotente a través de la vida.

Personalmente si se me hiciera la pregunta de cuál es la actitud, sentido y significado de la vida, podría responder:

Mi actitud es estar siempre alerta de cómo la misma vida me da sentido y significado de vivir y ella a su vez es el sentido de todo lo desconocido, y de ahí la curiosidad que en varios textos con múltiples temas me acompaña. Acepto el dolor y la ignorancia porque hacen parte de la vida.

Me da mucho placer y felicidad vivir con mis órganos de los sentidos funcionando para pensar, sentir y vivir desde lo más simple hasta lo más complejo, desde poder ver una flor, una nube o el cielo estrellado o las gotas de agua o el mar; todo lo que le hace vibrar al hombre y que le da vida física, psíquica y espiritual.

Reconozco y admito la compulsión a la repetición o el “eterno retorno” que participa en el devenir del ser con la voluntad del poder de la vida en sus diferentes ciclos, sin entrar en la negación (y/o renegación) de los límites entre lo positivo y lo negativo, del deseo y de la necesidad y los valores sociales trascendentes, esenciales para la existencia de la naturaleza (obviamente humana) en las que se incluye las armonías. Ya cerca de los 90 años me siento feliz de estar vivo, y ambiciono de más vida consciente; espero que mi destino me lo conceda.

¿Qué es la muerte?

Téngase en cuenta aquí cómo, al terminar los textos anteriores se hizo referencia al des­tino, es decir a lo que se espera del futuro de la vida; obviamente ya se explicitó en los textos sobre la vida la cual pertenece a un ciclo que termina con la muerte; es decir, vida y muerte son una secuencia de una fuerza y actividad que se inicia y se acaba.

Si bien en el diccionario de la real Academia de la Lengua española en su tercera acepción sobre la vida dice que: “es la unión del alma y del cuerpo”.

La muerte sería la separación, el fin de esta unión

O lo opuesto a la vida, o a lo que concebimos de ella; además, en la cuarta acepción del diccionario se define a que la vida es “el espacio de tiempo que transcurre desde el nacimiento de una animal, de un vegetal hasta la muerte”; y en la quinta es “la duración de las cosas”.

En todas estas definiciones nos encontramos con los términos de: fuerza interna, el estado de actividad, seres orgánicos, unión, espacio, tiempo, nacimiento y muerte. Por lo tanto, nos llevan todas estas ideas al principio y al fin dentro de una temporo-espacialidad. Sin embargo, centrémo­nos en la definición de muerte.

La definición de muerte
En el mismo diccionario nos devuelve a la vida:“

1. Cesación o término de la vida; 2. Separación del cuerpo y del alma, o destrucción, aniquilamiento, ruina.” Por lo que respecta a la muerte, ella puede ser natural, senil, violenta, buena o mala muerte. También se emplea en expresiones como “dar la muerte”, “de muerte”, “estar o luchar hasta la muerte”, “sentir o tomarse la muerte” o “volver de la muerte a la vida”.

Otra acepción es “el cese total y permanente de todas las funciones vitales”. En psicoanálisis llamamos “Thánatos” a la fuerza destructora, la cual actualmente se está tratando de demostrar a través de la mecánica molecular con las células “asesinas-malas”, en contraposición a las “buenas” que preservan la vida.

Ya definidos los términos, podemos ahora adentrarnos a interrelacionar conceptos. Pensemos, por ejemplo, en ¿qué es el hombre en su realización armónica?, ya que lo tenemos como centro.

Si aceptamos que la muerte es el fin tenemos que definir a qué fin nos referimos, y, dentro de este contexto, obviamente a todo lo físico y psíquico en sus diferentes funciones que la rea­lizan los sistemas con sus respectivos ordenamientos.

Nótese que el ser humano se ha defen­dido a través de milenios, del fin o de la nada a través de la fantasía consciente e inconsciente en aras de no entrar en un fin absoluto y de ahí la creencia de la “ eterna”, “la inmortalidad”

del hombre proyectada en los dioses o en un dios único y toda la vida espiritual que nos da la posibilidad de subsistir el ser más allá de la muerte; he ahí la inmortalidad de las almas, (14).

Sin querer profundizar en la concepción de la muerte (la cual no nos es posible conocer desde dentro con la simple conciencia, sino con la imaginación regida por la razón), podemos sí elucubrar o construir una prolongación de la existencia en tiempo y espacio, las cuales dimensiones infinitas. Es de tal manera como prolongamos la existencia, calmamos la deses­peración y en algo, o por momentos, la incertidumbre.

En realidad existen múltiples fantasías conscientes e inconscientes con respecto a la muerte proyectándose en ella (por identifica­ción proyectiva) distintas representaciones acompañadas de disociaciones, caos, confusiones, destrucciones y fraccionamientos con explosiones, implosiones, figuras horripilantes en las cuales se observan imágenes desfiguradas cadavéricas con colores que oscilan entre todos los grises al negro y rojo de sangre o a instrumentos destructores y poderosos. Cada ser humano tiene sus propios imaginarios con creencias mágicas omnipotentes.

Si bien la muerte está siempre presente (sabemos que a cada instante estamos muriendo) y aún la muerte ha dejado de ser espantosa o angustiante debido a la ciencia); aquí me estoy refiriendo a la muerte individual y colectiva, la cual se ha tratado de aplazar incluso hasta de más allá de los 100 años; como consecuencia de esta prolongación de la vida, a los asegura­dores o actuarios, se les ha aumentando los problemas.

Otro aspecto diferente es la muerte psicosocial de la que el ser puede escaparse no pensando y anestesiándose o, al contrario despertándose a través del conocimiento, la ciencia y el arte. Sin embargo, algunos piensan que aquello no sirve para nada, porque muchas veces no hay utilidad económica; otros con­sideran que no son importantes e imprescindibles para la conservación de la especie humana.

Afortunadamente un grupo grande considera que el conocimiento, la ciencia y el arte son útiles para aliviar tensiones, rescatar espacios y tiempos, llenar vacíos y obtener respuestas a través de las fantasías creadoras que llevan a la creatividad.

Con respecto a las clases de muerte, podemos pensar lo mismo que cuando nos referimos a la vida, es decir a la vida individual, colectiva, social, filosófica, científica, literaria, econó­mica, familiar, la espiritual, la nacional e internacional, a la libertad de vivir, al conocimiento del saber vivir y conservar la fuerza vital con diferentes métodos o sistemas de la vida de valores, sentidos y significados; si bien todo esto puede ser válido, para muchos, es necesario considerar el enfrentarnos al fin de la vida con la felicidad de haber vivido no sin negar las luchas internas que el ser humano debe abocarse en el transcurso de su ciclo vital.

Todos los seres humanos por lo general, hacemos balances periódicos de nuestra vida y al final recapitulamos, hacemos síntesis y conclusiones como en cualquier obra, y, para ello, debemos poner los ojos en el pasado ya muerto (el cual no es factible repetir); pero es presen­te y posiblemente vivo en nuestra mente.

Pienso que cuando hacemos los balances deseamos llegar al equilibrio, entre el placer y el dolor que demanda la misma sensación de existir.

Si la vida es movimiento con materia y energías organizadas, la muerte es inercia e in­movilidad para siempre; y, el hombre fantasea la muerte con un más allá para transformarse y seguir moviéndose y existiendo en algún sentido.

Siendo como es la muerte, el límite de toda posibilidad de moverse en el espacio y el tiempo, el fin de estas dimensiones conscientes (en donde la fantasía y la imaginación se mueve, se desplazan y juegan para seguir viviendo), queda por preguntarnos lo que ocurre con la temporo-espacialidad inconsciente; y, aún ¿cómo se utiliza el pensamiento mágico omnipotente para nuestra posibilidad de imaginar, sentir y pensar?.

Aquí surge otra pregunta: entonces, ¿qué esperanza tenemos ante la muerte? Quizás no haya respuesta válida, pero sí podemos formularnos una pregunta sustitutiva: ¿cuál es la solución ante la inexorable muerte? Tal vez sea abandonar la vida en paz, creando y/o dejando una realización que no muera, que siga el movimiento, la transformación y la vida misma (biológica, psíquica o social).

En otras palabras, se trata de que la fuerza vital tenga su fuente en esa interrelación con la muerte, en esa fusión y defusión polarizada de fuerzas. El amor hecho realidad y objeto, integrado, reparador y creador, es lo que nos salva de las ansiedades de muerte; más aún, la misma idea de muerte nos mueve y motiva para vivir. Eros-amor y Thánatos-destrucción, siempre están presentes en la cotidianeidad, pero en la creatividad hay una interacción de los dos con predominio del amor y de la vida (Sánchez Medina, G. 2003).

Al volver los ojos al pasado nos encontramos que más de 5 mil años atrás, los egipcios postulaban el “viaje al más allá” como una esperanza más de vida y así lo hicieron culturas posteriores en las que apareció el concepto de “salvación” ante la nada o inexistente. Tenga­mos presente cómo las pirámides fueron el depósito de los cuerpos de los faraones para repo­sar en su viaje a la eternidad.

Cualquier ser humano que se le ofrezca una posibilidad de vida espiritual fantasea en ello y le calma la ansiedad. Si bien el psicoanálisis no intenta dar una sola explicación del universo, y más aún, ni siquiera es capaz de dar una buena explicación del mismo, es tan solo una parte de la ciencia que estudia una parte del ser: “la mente” que piensa, siente y fantasea sobre la vida y la muerte.

La mente, además de dar cuenta de sus limitaciones del conocimiento de la verdad y rea­lidad exterior y de la vida, es poco lo que podemos referirnos al más allá de la vida; es decir, de la muerte; sin embargo, la psicología profunda del inconsciente se ocupa también de la dinámica del instinto de muerte y de cómo opera en la psicopatología del sujeto.

La muerte no calla a los vivos y deja una estela que es la historia continua la cual tiene amigos y enemigos que la ignoran por el miedo al conocer: el antes, el ahora y el después.

Lo que se debe en la vida, es tratar de explorar la realidad externa e interna, el mundo o universo interior deshaciéndose del temor a la muerte o a la nada que a cada paso nos puede asechar sin deshacerse de la ilusión de la vida.

Otra cosa es tratar de engañarse mediante la ilusión mágica con el deseo de poder encontrar el Todo, la unidad, en el universo, o en la visión o comprensión cosmológica.

Reflexionemos cómo el universo mismo, es incomprensi­ble por su infinitud y cómo todo se repite con el gran poder de la “rotación” o “repetición” o los ciclos por el cual pasa o transcurre los periodos conocidos que para el hombre tan solo son lo que conocemos de los modelos físico, químico, biológico, psíquico y sociales que son mó­viles y cambiantes, así como lo son el espacio y el tiempo, lo inconsciente y lo consciente.

Personalmente considero como lo expuse en textos anteriores sobre: “¿qué es la vida?” La respuesta se acerca a la maravilla que es vivir, acompañado del bien propio y ajeno y el ser consciente de que conocemos y hemos contribuido a la misma creación de la vida para llegar al fin, a la muerte, en paz.


13 Entrevista al Dr. Sigmund Freud. “El valor de la vida” 1926. https://www.clinicamente.com.ar/articulos/ev-freud.htm, consultado el 11 de Septiembre de 2013
14 Esta temática será también planteada en el capítulo XVIII y XIX.

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