El Poder Natural y Sobrenatural

Para referirme al tema del “poder” hay que mencionar tres ejes más: la libertad, los derechos y los deberes individuales y colectivos. Conocemos cómo el poder es una ne­cesidad como los otros ejes ya nombrados. El poder puede ser físico, material o psíquico mental, espiritual o moral. El físico se representa en la fuerza muscular con mezcla del poder erótico, de la vida y el poder de la violencia y de la furia (aceptación y desprecio), o en la fuerza económica con el poder de adquisición, que también da poder psíquico, ideológico, mental; de ahí que estos dos poderes el económico e ideológico dan una fuerza, una autoridad que se rige por una ley (que es otro poder) y una justicia la cual debe aplicarse con un equilibrio, que nos da seguridad; esta es otra de las necesidades primarias del ser humano.

Existe un temor a ejercer o no el poder, además éste se relaciona con la libertad, los deberes y derechos; estos cuatro polos de funcionamiento (poder, libertad, deberes y de­rechos), pertenecen también a la naturaleza e integran todo un conjunto bio-psico-social y se asocian e interrelaciona con la necesidad y el deseo del ser humano; de ahí que se consigne cómo el derecho a la libertad conlleva un deber para poder usufructuarla; los deberes por su parte, tienen su interrelación con los derechos; estos ejes funcionan con sus dinámicas, las cuales podríamos analogarlas con las universales, (6).

A través de la historia hemos podido comprobar la “necesidad de posesión” de obje­tos externos (tierra, alimentos, enseres) o de afectos (familia, mujer, hijos) o intangibles como el conocimiento; aquí se incluye el poder religioso, el que es factible de ser induci­do y seducido por el poder material y del poder de la ciencia y tecnología. ¿Cómo se hu­biera podido construir las maravillas arquitectónicas en las distintas épocas de la historia para venerar a los dioses? ¿Habría sido factible erigir las majestuosas iglesias, mezquitas, sinagogas o templo budistas? La respuesta es que el ser humano requiere construir sus lu­gares sagrados para congregar, adorar y sentirse amparado por las fuerzas espirituales, y para lograr esto se requiere del poder económico. Los poderes se interrelacionan, así lo económico con lo religioso, no sin llegar, en ocasiones, a corromperse por los intereses en conflicto o por egoísmo de posesión y exclusión del otro. “La ciencia es otro ejemplo, la atómica que se enfrentó a la moral en Hiroshima” (De Francisco, 2012).

Ocurre sí que estas necesidades de posesión de objetos internos o externos van cam­biando a través de los años y cuando se llega a una edad madura o a la vejez, aquellos los objetos, toman otras connotaciones o necesidades. Ocurre también que aparece la negación de los valores internos y externos, para la posesión de los objetos; y, a su vez la negación se relaciona con la represión, la frustración, la intolerancia, y luego esta puede despertar violencia. Para equilibrar estas fuerzas el ser humano normatiza sus deberes y derechos; entre mayores deberes mayores derechos y viceversa. Aquí vienen los valores humanos de la vida en comunidad, con equilibrios y desequilibrios, libertades y pode­res. Repitámoslos una vez, es la justicia con la ley, las que van a equilibrar aquellos ejes nombrados.

Existen fuerzas e impulsos despertados por esos cuatro ejes: son la rebeldía, la competencia, la envidia, la voracidad, los celos, la lujuria, la codicia, la avaricia, la pereza, la soberbia y la arrogancia. Todas estas tendencias se enfrentan a la conciencia social y a respuestas individuales y colectivas, (7). Aquí también debemos mencionar cómo operan el egoísmo, el narcisismo y el sadomasoquismo que nos llevan a la destrucción. Es así también como en esta dinámica psicológica aparecen los héroes, los mártires, los sacrificados, los que expían las culpas con el castigo y el dolor físico y psíquico. He ahí el poder del mártir, que es diferente del poder de la paz y el equilibrio interno y externo. Nuevamente debemos mencionar que la conciencia social y sus respuestas conceptualizadas nos pueden llevar a un mejor equilibrio y una mejor justicia.

Sin embargo, cuando esto no se logra vienen desequilibrios en los diferentes ecosistemas naturales, sociales, económicos, históricos y psicológicos, con injusticias y rebeldías que traen como consecuencia la pérdida de los valores.

Dentro de todos los poderes mencionados existe el espiritual y moral los cuales se confunden mas no son lo mismo. El primero se funde con el moral y éste se refiere más a la conducta y actitud ética de las costumbres; sin embargo, se habla de esencias morales o espirituales, puesto que este último es la base de la moral, la cual se cohesiona con la norma. En cambio el espíritu lo constituyen el ser, la esencia y existencia; las cuales son la trascendencia del “sí-mismo” alimentado o retroalimentado por la relación vincular con el otro y con la naturaleza de todos; esto último significa todo lo vivencial, individual, colectivo, histórico social. Los poderes espirituales encierran toda una evolución, superación, cultura, conocimiento, experiencia de renuncias egoístas y por ende narcisísticas, encontrándose el objetivo en el bien común con consciencia social y no quedándose pasiva y en silencio, sin aprender hasta el fin. Quien tiene poder espiritual, por ende tiene la capacidad no solo de pensar en el otro, sino convivir con las diferencias, respetando los límites de cada cual y al mismo tiempo que ayudando a conocer el camino de la verdad, el amor, la armonía, sin caer en idealismos o idealizaciones irreales, mas sí con una bondad que de paz, (8).


“Los hechos de la física aún no explicados por la ciencia, no son sobrenaturales como parecería deducible. Creo en el neutrino aunque no se vea ni se pese porque la lógica de la física plantea su existencia como un hecho real, no sobrenatural. Fe y creencia son diferentes, tengo fe en Cristo como dios y hombre sin que me lo prueben, pero creo que sí pueden existir espíritus; el milagro es un objeto de fe; la resurrección es un testimonio de fe”, (De Francisco, 2012).
6 “La libertad se supone básica en la religión posterior al Vaticano II; pero esa ‘libertad’ es limitada para el psicoanalista porque no depende del todo del individuo sino de sus condiciones: lo económico de Marx, por ejemplo”, (De Francisco, 2012).
7 “La lujuria y la codicia, en la teología, serían catalogadas como pecados capitales; en filosofía ética como atentados contra la justicia. En psicología como manifestaciones de culpabilidad, egoísmo, etc.”, (De Francisco, 2012).

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