Tiempo, espacio y nuevos conocimientos

Para desarrollar brevemente este tema voy a traer algunos textos de mi obra: “Tiempo, espacio y psicoanálisis”, (1987) y otras ocurrencias de la actualidad en las que incluyo un escrito de mi hija Ivonne Sánchez Barea, quien al conocer de esta temática muy generosamente me lo envió para su publicación.

Por todos es conocido cómo la temática del tiempo se asocia con el espacio y movimiento, lo que significa la duración de un objeto en trasladarse de un punto a otro y que se calcula por unida­des que se construyeron de acuerdo al movimiento del sistema solar; de ahí, viene los años, meses, días, horas, minutos, segundos y sus fracciones. Cada hecho ocurre en el espacio y tiempo, y así en un tiempo y espacio apareció el sistema solar, la tierra, los diferentes reinos vegetal, mineral y el hombre en toda su evolución.

Cuando nos referimos al ser humano lo hacemos relacionando con el tiempo que duró el ser en su evolución para desarrollarse y pasar del antropoide al Australophitecus y de éste al Cromagno y al Homo sapiens hasta llegar a nuestros días. En esa evolución ocurrieron multiplicidad de hechos y cambios para llegar a la posición bípeda y luego a la aparición del pensamiento y la palabra.

El hombre ha tenido sus diferentes épocas en las que se incluye la aparición del conocimiento y todos los descubrimientos que el ser humano ha encontrado, por ende es muy diferente el cono­cimiento de 200 mil, 50 mil años atrás que el de la actualidad; de ahí que el mismo conocimiento ha cambiado y evolucionado a través de toda la historia.

Diversos autores se han preocupado por la témporo-espacialidad, cambio y movimiento en el ser humano y éste en la sociedad

A la vez se ha intentado graficar el tiempo geométricamente considerándolo como una línea que parte de un punto A y llega a otro B; el espacio que “dura” el cuerpo o el evento en “pasar” de A a B ese sería el tiempo en el gráfico lineal, pero de todas maneras ya hemos utilizado así el concepto espacio y el de duración o el de pasar de un lugar a otro, lo que implica el movimiento; todo esto supone que hemos aceptado la “unidad tiempo-espacio-movimiento” como un eje; sin embargo, cuando nos referimos al tiempo suponemos un espacio donde ocurren los eventos, que pueden ser lentos o rápidos en su suceder u ocurrir.

Si pensamos en que un instante está representado por el momento en que ocurre, se vive y se representa el evento, éste puede ser de una milésima de segundo, el cual podemos no detectarla con los órganos de los sentidos conscientes; sí ocurre en cambio que se presenta un sinnúmero de eventos percibidos; el Yo vivencia ese transcurso como algo más largo y más dilatados los mo­mentos; de tal manera así concebido, podríamos graficar un evento en un punto o en una imagen que ocurrió. Si son varias imágenes representadas, entonces ya no es un solo evento sino varios; de tal manera el espacio se nos abre, hay una dilatación, una apertura, por decirlo así, especialmente en cuanto al espacio lineal en el presente; de lo anteriormente expuesto podemos inferir que el tiempo dependería de las vivencias y percepciones que el Yo es capaz de conocer. Después de esta vivencia perceptual vendría e futuro y ahí viene otra vez la imaginación, la representación imagi­nativa e intuitiva de lo que viene; ese venir y devenir también está determinado por el presente y por lo ya venido y vivido. Una vez ocurrido el presente, deviene una posibilidad divergente desde el punto de vista geométrico espacial y de lo pasado; es lo que también es posible de recordar, de tenerlo nuevamente en la conciencia; por eso para un anestesiado el tiempo no pasó, el evento no ocurrió; de la misma manera puede suceder para el sujeto con daños orgánicos cerebrales o el mis­mo epiléptico que tiene la sensación del “dejávu” (ya visto, vivido, oído, etc.). Pero la posibilidad hay que definirla como lo que puede ser y al mismo tiempo es factible de ser falso o verdadero; por lo tanto, en ese “poder” capacidad de presentarse aquí y ahora (presente) en la conciencia, está también el concepto de lo temporal.

Así mismo no podemos referirnos a un pasado si no recordamos lo que ocurrió (en las am­nesias, los amnésicos lo explican muy bien). De esto también podemos inferir cómo el pasado reprimido está ahí, con posibilidad o sin ella de ser recordado de acuerdo con el grado de impre­sión (“imprinting”) con que se haya efectuado y codificado el evento. Aquí cabría una pregunta: ¿Qué pasa con los eventos que son previstos premonitoriamente? ¿Cómo pueden ser registrados, representados, sino han ocurrido? Pienso que uno es el tiempo del suceso (evento-acontecer), otro el gramatical y otro el perceptual. Cada uno de estos tiempos tiene sus leyes propias, y de acuerdo con ellas el tiempo es considerado, conceptualizado y aun manejado; el tiempo gramatical es más lógico que el mismo perceptual, pues este último se basa no sólo en los órganos senso-perceptivos sino en la subjetividad de la persona, la cual puede deformar y por lo general deforma lo percibido; de ahí que nos referimos a que vemos lo que queremos ver y no lo que es (9).

Con respecto al suceder o acontecer externo o interno, también hay que diferenciarlo en sus tiempos, pues uno, el externo, tiene la cronología diferente al interno; no me refiero a su contenido ni a la manera de vivirse, sino al hecho en sí; cuando observamos un cuerpo estelar lo percibimos con su luz que seguramente ya dejó de existir en el preciso momento (tiempo) en que lo observaos; pero sí podemos imaginar lo ya ocurrido en el pasado.

El punto de partida y fundamento –escribe Einstein- no está constituido por hipótesis sino por la observación general empírica de las propiedades de los fenómenos…”; este postulado científico lo encontramos en Newton y Berkeley. Las leyes y sistemas derivados de la observación serán la base de comprensión de los procesos y fenómenos observados.

En esta perspectiva se ven no solamente la esfera biológica, la orgánica y la inorgánica sino la psíquica del hombre y la sociedad” . Aquí nos ubicamos con los conceptos de témporo-espa­cialidad. “Frente al simple paralelismo del espacio y tiempo, culminante en Kant y continuado por Schopenhauer –escribe Heimsoeth- en que las notas esenciales del tiempo se ganaban prin­cipalmente por comparación con el modelo del principio espacial situado desde el siglo XVII en el primer plano…”, no se ha reconocido “la absoluta originalidad del tiempo frente al espacio” (Heimsoeth, 1949). En síntesis no se ha reconocido la aparición inicial del concepto tiempo frente al espacio con, o, en su significación ontológica.

En Hegel “aparece el tiempo ya no sólo como principio de la división (según sucede todavía en Kant en riguroso paralelo con el espacio), sino plenamente como principio de la superación conservadora de lo pasado en el presente y el futuro. El tiempo se presenta como el destino real y como necesidad” (Ibídem).

En el análisis categorial del tiempo es posible partir de la teoría del conocimiento en general y luego llegar a la del tiempo en especial con los modelos fenomenológicos, o con la teoría de los objetos o la topológica; es cuestión de cómo y con qué trabajemos el mismo conocimiento del fenómeno espacio-tiempo en el ser humano por dentro de su mundo mental y por fuera de él.

El tiempo ha sido considerado ordinariamente por los lógicos como un tema ‘extra lógico’”, escribía uno de los principales lógicos modernos (Peirce, 1967); sin embargo, otro como Jean Lo­uis Gardies (Gardies, 1979), hace un estudio donde demuestra la secuencia lógica del tiempo en sus modalidades, en el tiempo gramatical, en la distancia del ayer, mañana, acto seguido, después, desde y hasta, para terminar en la lógica de la acción, del movimiento y de la historia.

El reloj creado para marcar el tiempo por el abate Gerbert, más conocido por el papa Silvestre II en el año 1200, y colgado en los muros, fue llevado en la época barroca a los bolsillos y más tarde al pulso, haciéndolo parte del esquema corporal; aún más, el ritmo del movimiento me­cánico se pone en relación con el fisiológico del pulso a tal punto que los movimientos pueden sincronizarse y el mecánico en ocasiones depender del biológico; los campos electro-magnéticos del cuerpo del hombre pueden influir (así se ha visto) en el mecanismo del aparato perturbando su funcionamiento.

Fue Carlos Ernesto Von Baer –citado por Von Uexküll- quien determinó “la velocidad con que se mueven los acontecimientos exteriores que sentimos como momentáneos” (Op. cit. pág. 39). Existen momentos imperceptibles para el sujeto; la medida del momento humano depende de sus procesos psicobiológico (diurnos y nocturnos); sin embargo, se consideraba que cada 1/16 de segundo una excitación o estímulos conducido, percibido y sentido; pero si el sujeto se encuen­tra en estado de excitación, los estímulos se acercan en su percepción; es decir, se disminuye el tiempo de percepción del momento; de tal manera puede llegar a sentirse que se alarga o demora el tiempo.

Desde el punto de vista del tiempo fisiológico y genético es bien conocido cómo cada especie de la naturaleza tiene su tiempo de existencia animales que sólo viven unas horas, un día solar, un año o muchos; aquí es de mencionar la vivencia del transcurrir del tiempo y de sus represen­taciones.

Las representaciones que aparecen en una situación crítica, peligro de muerte por ejemplo, ocurren, pasan como en un sueño o como comúnmente se dice: “como en una película a alta ve­locidad”. El mismo sueño, el soñante lo vive en una serie de secuencias témporo-espaciales largas y extensas que, de acuerdo con la realidad externa cronológica, sólo han transcurrido en un lapso mínimo de tiempo; por lo tanto, uno es el tiempo externo medido con instrumentos externos, y otro es el interno mental vivencial no medible; la cantidad, la velocidad, la aceleración y la fre­cuencia con que se presentan las representaciones nos van a dar la sensación de cronicidad o de temporalidad.

Stuart Mill –escribe JU.L. Gardies (Gardies, JL.,Op. citl., pág. 30)- parece haber sido el único en protestar frente a estos esfuerzos por eliminar la dimensión temporal utilizando como medio la lógica tradicional”, “Lo que afirmamos ser pasado, presente o futuro –manifiesta- no es lo que el sujeto significa, no lo que el predicado significa, sino específica y expresamente, lo que la predicación significa; lo cual no es expresado más que por la proposición en tanto que tal, no por uno u otro de los términos, ni por los dos. Es por ello por lo cual la circunstancia del tiempo está propiamente considerada como vinculada a la cópula, la cual es el símbolo de la predicación, y no el predicado”. Desde nuestro punto de vista “la predicación” es el acto del predicado, con su significación; ese acto es hecho por el sujeto en relación con lo externo e interno; aunque es así como lo expresa Stuart Mill hay que aclarar que desde el punto de vista psicoanalítico es necesario ubicarlo en el “sí mismo” (“self”) del sujeto que vive.

En la obra de JB Priestley, “El hombre y el tiempo” (Priestley, 1956), se hace referencia a la medida del tiempo, a las imágenes y metafísica del mismo, a la relación de aquél con los hombres a través de la historia y la ciencia, la ficción, el drama, la sociedad, ubicando finalmente al sujeto en su tiempo actual y en el concepto de eternidad. De todos estos aspectos no me voy a ocupar; sin embargo, intentaré ahora plantear la témporo-espacialidad como una sola dimensión en la sociedad.

Aceptemos que estamos frente a una sociedad desordenada, fragmentada en cuanto a la con­ciencia de la temporalidad socio-cultural, científica, de conocimiento y de concienciación. Los mismo dirigentes sociales tratan de integrar las temporalidades, y de la misma manera proceden los científicos, en menos proporción, con la divulgación de la ciencia; los primeros se olvidan de que así como cada sujeto tiene su cronología, similarmente cada grupo social, cada ideología, cada socio-cultura tiene su temporalidad; de ahí que hablamos de “dijo o hizo este o aquello a destiempo; este programa es anticuado o es de avanzada, o no pertenece a esta realidad en nues­tro tiempo, o está desfasado”. Realmente lo que observamos es una diacronía y policromía en la témporo-espacialidad social. Sin embargo, no debemos caer en la ilusión de poder llegar y conse­guir un solo tiempo social (grupal) e individual; la diacronía hace parte del sujeto y es funcionante como lo es la disociación; así ha sido siempre.

La temporo-espacialidad, a la vez, ha sido, a través de los tiempos, materia de preocupación especialmente para conocer; el conocimiento se ha convertido en fuerza de poder, y es así como quien conoce más de los eventos pasados, presentes o futuros, se le considera que tiene más poder. En los mitos, son los dioses, los omnisapientes, omnipresentes y omnipotentes; siendo aquéllos divinos, adivinan; es también así con el control omnipotente del tiempo y del espacio como se desea conocer todo; más adelante se lleva aquel conocimiento al testimonio y éste se humaniza; en otras palabras, quienes saben la verdad (de todo el acontecer) son los dioses (controladores omnipotentes de la témporo-espacialidad), y los que testimonian son los hombres. El hombre que controla el tiempo y el espacio se sitúa en la capacidad de volverse adivino-divino (Tiresias) (10). Ahora bien, cuando más abajo se encuentre el testimoniante y más lo acepte, con mayor validez va a considerarse el testimonio por todos y más divino será el adivino; la masa, la mayoría, sería la poseedora de la verdad; el poder, de tal forma, está ubicado en las masas; las masas perciben, en lo que los dioses imaginan y éstos son confirmados por aquéllos.

Los que se preocupan por la psicología grupal tratan de inducir o seducir muchas veces a las masas, cuando requieren del poder, con la visión futurista, haciendo énfasis en que el progreso implica dejar el pasado atrás, debido situarnos en una situación expectante segura de un “presente-ahora-futuro”.

Es de sentido común todo a su tiempo, de acuerdo con los ritmos y ciclos naturales; por eso, repitámoslo, pensamos que existe la naturaleza témporo-espacial de cada grupo social. Aquí es necesario tener en cuenta que ciertos eventos sociales e ideológicas han determinado ejes témpo­ro-espaciales; por ejemplo, desde la era cristiana, antes de Jesús y después de él; la era griega, la romana, la egipcia, la etrusca, etc., o después del descubrimiento de América, de la bomba atómi­ca; todos estos eventos productores de cambios ideológicos, sociales económicos, políticos, de­rivan en las conciencias desarrollos en la tecnología y en la ciencia que profundiza en los nuevos conocimientos; todos ellos dependen de la témporo-espacialidad vivida por el hombre y según se maneje ella, el sujeto se moverá en forma progresiva o regresiva o paralizante.

El hombre puede paralizar el tiempo dentro de sí mismo, en sus ideologías, en sus actitudes y reacciones asegurándose así (témporo-espacialmente) en un estado o posición, convirtiéndolas en algo estructuradamente permanente; al ocurrir esto viene el desequilibrio, la disarmonía, la diacro­nía y la distopía y con ellos los conflictos y sus consecuencias individuales o grupales (neuróticas, psicóticas), alienadas o alienantes en culturas y civilizaciones.

Así como el hombre maneja el tiempo, también lo ha hecho con el lenguaje del conocimiento. Aquí es importante tener en cuenta, uno es el tiempo en que se conoce con la consciencia, se es consciente y otro el tiempo inconsciente y preconsciente, estos dos últimos se ubican en el proceso primario irracional ilógico, absurdo, atemporal, atópico.

En el mundo interno hay predominio de lo simbólico e imaginario y por lo tanto va más allá del pensar lógico e irracional. La atención y la acción puede estar diluida y flotante y la acción es factible que no sea controlada por la razón sino que las representaciones emergen una a una en el mundo imaginario y ahí deviene el conocimiento en los conocimientos que fija el azar y el cono­cimiento; sin embargo, existe la necesidad de encontrar esencias profundas del mundo interno y del mundo colectivo ontológico y cosmológico.

El ser humano a través del tiempo como bien se conoce y ya se mencionó ha venido descu­briéndose así mismo y al medio ambiente. Actualmente en los últimos 50 años el hombre se ha apresurado y quiere y/o necesita de la inmediatez así se lograron las comunicaciones; por ejem­plo, existen los trenes de alta velocidad hasta 500 km/h, los viajes espaciales con cohetes y los transportes Nueva York, Moscú, Hong-Kong, o el mencionado Internet que se ha convertido en un medio o adicción en los jóvenes por el deseo de satisfacer con la informática en forma instantánea y a la vez la comunicación vía chat o vía skype, (Sánchez Medina, G. 1987).

Así como existe la temática de la “gestión del conocimiento” que dirime la epistemología también hay la pregunta: ¿cuál es en la actualidad la gestión del tiempo? En el escrito de mi hija Ivonne Sánchez Barea Febrero del 2014 plantea sus ideas sobre “La Gestión del Tiempo”:

“La Gestión del Tiempo” por Ivonne Sánchez Barea

Cada cual manejamos el factor tiempo de diversas formas, de tal manera, podemos y deja­mos de realizar proyectos y conseguir objetivos.

“Un simple minuto puede significar para unas personas un tiempo mínimo y para otros la propia vida o inspiración de una idea que puede llegar a ser objetiva desde la subjetividad.

Tras la noticia hace poco tiempo, que en China se están recluyendo en centro especiales a muchos jóvenes que le dedican demasiadas horas al ordenador o a los juegos y son tratados como mentes patológicas, me pregunto: ¿Cuántos de nosotros, igualmente dedicamos un número específico y excesivo de horas a las nuevas tecnologías, a la lectura, a la creación, a la familia o al deporte? Este última manifestación de la cultura, el deporte, no creo, que sea evaluada por expertos en número de horas sino en resultados específicos en campeonatos y contabilizados por réditos que revierten en las empresas que hacen de “sponsores” a los deportistas.

“En otros campos profesionales, es singular observar como empresas de última generación cuyo interés es proteger la salud de sus empleados, les prestan recursos en las mismas empresas para poder distraer las mentes de las obsesiones, facilitando ludotecas y espacios para la prác­tica de otras disciplinas.

“Es curioso que precisamente los Chinos, cuyas obsesiones se han centrado en la producti­vidad anteponiendo cualquier otra distracción sobre sus objetivos, sean precisamente quienes estén verificando la salud mental de las nuevas generaciones, quienes han sido educados en la cultura de la obsesión por conseguir objetivos. Ellos son precisamente quienes han ejercido una dictadura de la gestión del tiempo sobre sus ciudadanos, entonces ¿Por qué censuran ahora a los jóvenes por tener nuevas obsesiones y quiénes lo que quieren es conseguir sus propios “pluses” y objetivos?

“La gestión del tiempo ha de ser de libre elección y no es el tiempo sino la acción la que puede ingerir en la libertad ajena. Por ejemplo; “Si te toca el piano 15 horas diarias, se puede molestar a los vecinos y a las personas que estén cerca”. ¿Acaso no se habrán planteado, que esos jóvenes puedan llegar a inventar nuevos métodos para que las comunicaciones o tal vez las acciones sea aun más rápidas? ¿Puede que alguno de ellos llegue a ser un gran “Ciber – Cirujano” en el futu­ro. Puede que sean ellos los que logren descubrir esos agujeros de gusano que nos harían vivir y trasladarnos en el espacio-tiempo.

“He preguntado a grupos de creadores, poetas y artistas, sobre su gestión del tiempo y parece ser que la mayoría, duerme menos y aprovechan hasta el último minuto de cada día para realizar múltiples tareas.

“¡Si se quiere, se puede! ¡¿Puede?! Todo en realidad depende de la gestión del tiempo.

“Si a lo cotidiano le damos menos importancia, o como quien dice, no se pierde el tiempo en acciones o actividades poco atractivas para el creador, ellos dedican sus horas a incrementar sus proyectos y actividades culturales. Como quien dice, cada cual puede multiplicar su produc­tividad dependiendo del cronograma personal, la capacidad de organización y las prioridades elegidas.

“Espero que las autoridades de China, tomen conciencia de la gestión del tiempo y les den oportunidades a esos jóvenes recluidos, para que redireccionen hacia la creatividad sus obse­siones”. Ivonne Sánchez Barea (11).


9 Con respecto a las premoniciones y su representación sin haber ocurrido el evento, es necesario entender aquí la atemporalidad del inconsciente o el presente atemporal que funciona en el aparato mental, el cual a la vez temporaliza y representa lo registrado atemporalmente.
10 La civilización maya, por su parte, establece un calendario aritmético con un control mágico-específico sobre el tiempo

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