La medicina y la enfermedad

(El dolor físico y psíquico)(10)

En este capítulo hemos hecho referencia a la medicina y así mismo se ha aludido a la en­fermedad; esta última los diccionarios de terminología de ciencias médicas la define como la “alteración o desviación del estado fisiológico en una varias partes del cuerpo”; el género o clase de trastorno morboso al que puede referirse un caso particular; un conjunto de fenóme­nos que se producen en un organismo que sufre la acción de una causa morbosa y reacciona contra ella. Obsérvese que en ninguna de las definiciones se hace alusión a lo psíquico y menos a lo psicosomático; mas actualmente se requiere una concepción integral de todos los sistemas incluyendo el psíquico y aún el social.

Existen múltiples clases de enfermedades según sus causas, su fenomenología y los cientí­ficos que la descubrieron; desde la antigüedad se han descrito las diferentes clases; sin embar­go, hoy día las podemos identificar por los distintos sistemas (nervioso central y periférico, neurovegetativo, endocrino, inmunológico, cardiovascular y respiratorio, gastrointestinal, genitourinario, musculo esquelético, hematopoyético, dérmico y el sistema psíquico); éste último sistema tiene su diferentes subsistemas consciente e inconsciente para llegar al cono­cimiento y a las funciones de atención, memoria aprendizaje, inteligencia y finalmente a la voluntad de decisión y la actuación.

En realidad la medicina lo que ha tratado a través de milenios es ayudar a no morir y por lo tanto debe enseñarnos a vivir; a su vez, la metodología de la medicina se basa en la obser­vación para llegar a un conocimiento científico, a través de un entendimiento y razonamiento de los hechos y de la experiencia en la práctica clínica, para entender lo universal, la vivencia intuitiva y sensoperceptivo del dolor o sufrimiento físico y psíquico.

En la metodología científica de la medicina, existen diferentes clases de investigaciones de acuerdo a lo que se estudie del mundo interno humano y del externo de la naturaleza o del medio ambiente, y a la relación de los dos. Atrás se hizo mención aún a los “meta análisis” y con ello obviamente se hace mención a la metodología teórica con la observación y memoria de los hechos sin ideas preconcebidas o basándose en anécdotas individuales del observador para llegar a un rigor e imparcialidad científica, con o sin la exigencia estadística, más todo presentado a la razón de los hechos homólogos, puesto que la razón no evalúa hechos singular o excepcionales y menos aplica el conocimiento como un dogma, sino más bien como una probabilidad en donde participa el azar y el determinismo (azar determinista). Cuando en me­dicina la metodología se fusiona o se deja invadir por la creencia en una fe religiosa inválida, la claridad de lo percibido, estanca el progreso del conocimiento, mas no coarta la libertad de ideación, permitiendo la duda metódica y los procesos inductivos y deductivos y aún el intuitivo, con todos los derechos a realizar la abstracción. La ciencia actualmente fue más allá de lo fenomenológico y descriptivo y pasó la frontera para llegar al análisis de la dinámica y mecánica de la física, la química y la biología que participan como sistemas abiertos en el sistema psíquico y a la vez para estudiar así al enfermo, (a la enfermedad) en lo que es el ser humano integral. El mismo creador del método experimental de la medicina Claude Bernal afirmaba que:

La naturaleza enferma ha de ser interrogada por el clínico en la misma disposición de espíritu y con igual preparación que el experimentador en cualquier ciencia experimental. El médico experimen­tador es el médico del porvenir, aquel médico que se esfuerza por salir de la práctica empírica y por llegar al segundo grado de la medicina experimental, el conocimiento de los mecanismos. La clínica plantea el problema y la fisiología explica los fenómenos observados” (López Herrera, 1996).

Todos los conocimientos de la fisiología, la patología, la farmacología, la clínica y toda la tecnología pertenecen a disciplinas que constituyen fundamentos de la medicina, pero no toda la medicina; aquí me estoy refiriendo a la medicina integral, a la medicina humanística, a la medicina que contempla al ser humano en su cuerpo, mente y medio ambiente y además en su propia historia. Por su parte el médico en general es hombre de acción que necesita y desea curar; además piensa, estudia y practica para ayudar al paciente. De ahí viene la práctica del arte médico que incluye la medicina social e individual, la investigación, la especialización, la medicina psicosomática, la psiquiatría, el conocimiento psicodinámico o psicoanalítico y todo lo que se llama actualmente medicina antropológica o medicina holística en donde tam­bién se estudia la conducta y no solamente lo orgánico, cognitivo, sino lo psicodinámico para mayor investigación, prevención y tratamiento. Si bien los métodos son distintos, el objetivo es uno: el bienestar del ser humano, la prolongación de la vida y la mitigación del sufrimiento o el dolor por la pérdida de alguna función u órgano. Anótese aquí que todos los factores biop­sicosociales son susceptibles de estar presentes en la enfermedad o mejor en el enfermo, y, a la vez, cada uno de los sistemas, como ya se mencionó anteriormente, se interrelacionan unos con otros, además tienen resonancia de uno a otro. Sin embargo la ciencia tiene sus exigencias y es la demostración de los principios de causalidad.

De una u otra manera, nos encontramos en una crisis en la medicina, puesto que como se anota en otra parte el médico es un ser humano que requiere seguridad y de ahí que se aferra a principios de causalidad producidos por estadísticas, más no acepta o tolera la incertidum­bre pero tampoco ignora los cambios en la evolución de los pacientes. El acto médico sigue siendo un acto singular; es decir, una relación ser humano a ser humano, con una comunica­ción del doliente, paciente, al médico que le supone le va a curar, tratar o quitar el dolor o la disfunción o el trastorno para una mejor recuperación o potencialidad vital con una técnica. El médico está presente actualmente desde antes del nacimiento, los cuidados prenatales y perinatales y luego en el parto, el posparto y todas las atenciones después del nacimiento del ser humano. El hombre enfermo, el sufriente, el adolorido, puede quedarse solitario o no comprendido por una pérdida de una buena comunicación entre médico (o paramédico)-paciente y de ahí deviene otra posibilidad que el paciente acuda a medicinas alternativas con esperanza de formas curativas.

De otra parte los términos: “la sabia naturaleza”, “la sabiduría del cuerpo”, “las defensas del organismo”, “la reacción vital”, “el estrés”, “la energía psíquica”, “los fenómenos de compensación”, las “estructuras de comportamiento”, los “factores exógenos y endógenos”, la “modulación de función”, las “acciones permisivas y/o condicionantes”, las “respuestas inespecíficas”, las “causas de origen esencial”, fueron todos ellos términos muy usados en el siglo XX; mas hoy día, se trata de encontrar un sentido teleológico de utilidad adaptativa a las diferentes categorías y sucesos biopsicosociales no cayendo en reduccionismos que anulan el conocimiento; por ejemplo, psicologizando todos los fenómenos biofisiológicos y así ubican­do el principio de causalidad en una tendencia de la fantasía consciente e inconsciente.

Lo que sí debemos entender que cada fenómeno, cada hecho fisiológico puede dársele una interpretación psicológica; he ahí el peligro puesto que no es una razón de causalidad, una interpretación psicológica de un infarto o un embolismo, o una neumonía, una apendicitis, un glioma cerebral, una hemorragia vesical o vaginal, etc. pues no son causados por una fanta­sía inconsciente, pero ellos si son factibles de producir innumerables fantasías conscientes e inconscientes por las múltiples asociaciones o enlaces que se realizan en el aparato mental, (11).

Los mismos pacientes o el público en general se dan cuenta de estas parcializaciones y ya desconfían de los profesionales, más cuando son evidentes los errores. No es desafortunado exigir más participación a los médicos, en sus diferentes actos científicos y en el diseño de los tratamientos iniciándose en la actitud humana e histórica de la relación sin caer inconsciente­mente en el pensamiento mágico formulando medicamentos que solo sirven como “placebos”, esto después de ser comprobado por la estadística, más cuando se aplican psicofármacos (en especial los antidepresivos); aquí nos enfrentamos al “furor curandi” del dolor psíquico, el cual se conecta con la ansiedad; y, al dar ansiolíticos se realiza una disociación sintomática, pues, si bien se disminuye o anula la angustia, queda la depresión latente, larvada; he ahí una defensa del psicoterapeuta por su propia ansiedad y/o problemas psicoafectivos y/o emocio­nales de los mismos médicos. Adviértase que no solo el placebo obra con los psicofármacos sino con otros medicamentos; obviamente el paciente debe ser informado de los fármacos que se le administran; sin embargo, sin inducir al enfermo en la incertidumbre de la supresión del dolor o de su proceso de enfermedad. He aquí también todo un problema de la bioética; esto para dar mejor calidad y cantidad de vida a sus pacientes y así la prolongación de la vida.

Ocurre sí que muchos profesionales se sientan en sus verdades sin cuestionarse, sin dudar, sin tomar consciencia de múltiples principios y del vasto campo de la naturaleza misma; mas cuando el narcisismo, la necesidad personalista egocentrista invade a la personalidad del pro­fesional negando la historia y las culturas humanas, la modificación profunda de las distintas disciplinas científicas que deben acompañarse de cambios metodológicos y procedimentales y que afortunadamente nos lleva a una evolución científica.

Otro aspecto a considerar aquí es cómo la medicina del siglo XIX y XX cambió, pues anteriormente el médico se enfrentaba al enfermo que se quejaba de dolor o sufrimiento expresado en distintas formas (depresión, estar atribulado, mortificado, lastimado, con pe­sar, sufriendo en un apesadumbramiento y congoja; y, obviamente todo esto es sinónimo de tormento y tristeza o infelicidad amalgamado con ansiedades, desagrados, desgracias, insa­tisfacciones; de tal forma que el médico se enfrentaba a un paciente considerado doliente con todo un imaginario; he ahí cómo a finales del Siglo XIX aparece el psicoanálisis para investigar o estudiar el sufrimiento psíquico en toda su constelación partiendo de las parálisis histéricas que era otro imaginario. Anótese aquí que las patologías han cambiado y ya rara vez se encuentra una parálisis histérica o una esquizofrénica catatónica; más aún, los mismos ma­nuales de diagnóstico han cambiado su terminología y actualmente acaba de aparecer (2013) el llamado manual de diagnóstico estadístico DMS V.

De una u otra manera, el dolor, el mal, el “patos”, está presente; y, solamente el que sufre el dolor internamente, puede comprender hasta donde llega su afección o su congoja (inclusi­ve llegar a perder el sentido y significado de la vida y entrar en la frontera de las ideas suicidas para perecer con ellas). Entiéndase que el ser humano que siempre desde su existencia ha sufrido las frustraciones para poderse adaptar y evolucionar transformando aún su morfolo­gía; por ejemplo, la laringe descendió para construirse el sistema vocal. La posición bípeda fue construyéndose lentamente para recolectar los productos alimenticios en los valles y no colgado de los árboles. Así se adquirieron distintas cualidades o características que fueron transmitiéndose por la herencia; a la vez, a medida que aparecían estas otras funciones apare­cían el pensamiento, la intuición, las interpretaciones y explicaciones a los hechos; todo esto ocurrió dentro de una evolución a través de la selección natural postulada por Charles Darwin (1859). Es obvio que el ser humano tuvo y tiene que pasar por situaciones penosas, para sí mismo y enfrentarse al otro que lucha por su territorio y su supervivencia compitiendo para poseer y satisfacer sus necesidades alimenticias y reproductivas. Todas estas adquisiciones y características eficientes y complejas fueron producto del encuentro de lo ecológico, lo biológico, lo socio-cultural y demográfico, además todo esto se codificó en el ADN (oxido-desoxirribonucleico).

Actualmente seguimos en esa evolución creando resistencias, defensas, pero también pe­reciendo en ellas, puesto que los mismos organismos patógenos (virus, meta-virus, bacterias) de la naturaleza crean sus propias resistencias; he ahí la variabilidad y complejidad en las relaciones; hombre-naturaleza, en búsqueda de un equilibrio, una adaptación, un límite, una lucha en donde todo siempre se está moviendo, hasta que se llega a la pérdida irreversible de la energía vital, y todo colapsa para llegar a la inercia en la muerte.

Recuérdese aquí: cómo se fue construyendo la materia y antimateria (partículas elementa­les quarks y fotones) para configurar el protón, el neutrón y constituir un núcleo con electro­nes en sus órbitas (un electrón en el hidrógeno, cinco en el fósforo, seis en el carbono, siete en el nitrógeno y ocho en el oxígeno y así sucesivamente) de allí se partió a la conformación de la molécula del agua, los fosfatos, la glucosa, las purinas, las bases nitrogenadas: la adenina, citocina, guanina, tiamina y así llegar al ADN; a la vez que realizó el enlace del cloro con el sodio, el hidrógeno con el oxígeno, el carbono; y, como centro el fósforo para construir el ya mencionado fosfato y así sucesivamente; también se instauraron las enzimas en una red catalítica y todas las moléculas que hacen parte del organismo animal y humano; átomos, moléculas crearon los virus, las bacterias, las mitocondrias, las células procarióticas y euca­rióticas, los embriones y finalmente llegar a todas las células que conforman al ser humano; todo con un ordenamiento muy específico, (12).

Anótese aquí cómo en el fenómeno de los enlaces o combinaciones entre átomos para formar grupos de células, existen funciones específicas de aquellos a saber: estímulo, inhibi­ción, regulación, orden, atracción, recepción, rechazo, expulsión, transporte, almacenamien­to, intercambio, control, neutralización, selección, remoción (en todos ellos se deben incluir la función de la compulsión a la repetición y de la memoria); esto último significa que tanto las células como las moléculas y átomos tienen un reconocimiento de otros elementos que no son compatibles para ser integrados dentro de las órbitas de los átomos o de los radicales de las moléculas o de las características de la célula; y, de ahí las incompatibilidades, pero al mismo tiempo la ordenación y la característica de cada elemento.

La vida fue cambiando y evolucionando del antropoide al humanoide y dentro de esta evolución permaneció el hecho de la subsistencia o la supervivencia gracias, no solamente a la reproducción sino a la caza con la depredación para la misma subsistencia; he ahí toda la tendencia carnívora, no sin dejar la herbívora; más aún, el macho es el que caza y la hembra la que recolecta y en ese tipo de relación hombre-naturaleza, vida y muerte se crearon una serie de mitos, rituales, costumbres, hábitos de distinta índole; por ejemplo, el alimenticio; así se crearon mayores adaptaciones socializaciones adaptativas para alejarse de la muerte y del dolor o sufrimiento humano, buscando soluciones inteligentes, más también utilizando su violencia y agresión desde el silencio hasta la palabra, desde la imagen y el pensamiento hasta la acción, desde la creación hasta la aniquilación, desde el displacer al placer, en un intercambio de juego de sus orientaciones, pensamientos, deseos provenientes de la necesi­dad, sentimientos y conductas; todo esto no sin pasar por el ensayo y error de manera ciega y automática, pero para aprender a un mejor vivir, o un conocimiento o saber cómo y cuándo se sufre para evitar el sentimiento negativo del sufrimiento y dolor. De aquí podemos concluir cómo el dolor proviene de la pérdida de la posibilidad de obtener lo que se necesita y desea, y que al no tenerlo o no tener la posibilidad de ello, viene la frustración y el displacer.

Dentro de todas las pérdidas ya mencionadas ya está la pérdida del equilibrio del feto dentro del útero materno a través del parto y luego en el equilibrio de la amamantación, la pér­dida del seno y con ello la pérdida del objeto madre unido al padre. He allí todos los modelos psicoanalíticos que se preocupan por la relación madre bebé en la etapa prenatal, perinatal y de amamantación; y, luego en toda la vida pasando por el complejo de Edipo y de castración puesto que los llamados vínculos son esenciales para la estructuración de la persona puesto que el ser humano se protege a través de sus vínculos mas estos pueden no ser equilibrados y crecer el bebé en una sobreprotección y dependencia excesiva, o, lo contrario, una separación prematura; de todas maneras, la frustración va a parecer y va a tenerse que manejar con la adaptación; en realidad no se puede tener todo para asegurar su propio yo, y tener una integri­dad y estabilidad continua con bienestar y proyección en el futuro. De una u otra manera, la imagen o la fantasía con respecto a lo que ella puede proveer va a proyectarse en la familia, en las propiedades, amistades en la casa y aún en la ley del orden, en los principios y normas de la sociedad, en la religión y en la sociedad y humanidad en general para mantener el yo y el nosotros y lo necesario para todos.

Las investigaciones sobre las enfermedades en donde el factor estrés o emocional o psi­cológico, tiene predominancia y ha sido investigado con cuidado desde a mediados del Siglo XX; y, algunos los han clasificado según la interrelación de sistemas (por ejemplo el psico endocrino inmunológico, el Cardio vascular respiratorio, el psicodérmico, etc.); sin embargo, los casos en que más se ha hecho énfasis es en el estudio de la participación de lo emocional y lo fisiológico en donde se encuentran los principios de causalidad de la úlcera péptica, ciertos casos de asma, problemas gastrointestinales y hormonales, así como musculoesqueléticos, las jaquecas, los problemas dérmicos, el desencadenamiento de trastornos, crisis psicomotoras, con disritmias, los infartos de corazón, el lupus eritematosos y aún algunos cánceres, (Can­non, 1927; 1928; 1931); (Deutsch, 1953); (Dunbar, 1943); (Marañón, 1922); Ostera, 2009); (Papez, 1937); (Rof Carballo, 1950; 1952; 1984); (Sánchez Medina, G. 1954; 2010); (Selye, 1951; 1952; 1951); (Spagnuolo de Lummato, 2010); (Weiss, 1949); (Alexander, 1987); (Deutsch H. 1944); (Raskovsky, 1948).

De una u otra manera, todas las enfermedades tienen su resonancia en la vida afectiva emocional del sujeto por la pérdida de salud o bienestar o equilibrio por el desorden o trastor­no que resuena en el sentimiento vital del ser humano con una sensación de pérdida interna asociada a privaciones, carencias, falta de un objeto con su vínculo específico que puede tener una resonancia con el objeto primario (madre, padre amados). Es decir, nadie es feliz con la enfermedad; y, la medicina ha tenido que enfrentarse a esa situación y así es como podemos concebir al ser humano impregnado con su esencia. Las pérdidas en realidad son de lo que necesita y desea el ser humano para la supervivencia física, psicológica y social, y así, en su integridad, estabilidad y continuidad a las cuales ya hicimos referencia.

Obsérvese cómo el ser humano se le despoja de seguridad entra en una crisis la cual trata de proteger o compensar desde su piel hacia el mundo interno o desde ella hacia el mundo externo utilizando a su grupo social o sociedad como una cáscara protectora. Todo esto ocurre dentro del Yo del enfermo el cual siente una merma en su felicidad y seguridad, y busca en el otro, los seres humanos, una tranquilidad acompañada de seguridad para no hundirse en la infelicidad y el dolor a la que se puede enfrentar la realidad interna y la externa, más cuando una y otra no son utópicas pues existen como realidades externas o internas.

En esta obra (cap. XVIII) se hace referencia a la salud basada en creencias religiosas pues la mayoría de los seres humanos se refugian en la creencia de la fuerza del ser o ente supremo que lo protege de la nada, del dolor, del sufrimiento. Recuérdese aquí los postulados sobre el libre albedrío y cómo la creencia en Dios, no puede prevenir el mal porque es parte del ser humano, y, a la vez, éste último trata de ser independiente con su propia libertad; sin embar­go, la presencia del bien y del mal en el cosmos (orden y desorden), construcción, creación y destrucción son opuestos que coexisten como de igual manera ocurre con la dependencia e independencia o la libertad y limitación, esclavitud o dependencia, el amor y el odio. Tén­gase en cuenta que el hombre en su evolución siempre pierde y gana, crea y destruye, llega a la armonía y a la disarmonía, como escalones en los ciclos de la vida que se van superando para llegar a armonías; ésta última, para los teólogos, fraguada en la integración con Dios y la naturaleza del universo y para los agnósticos puede ser el encuentro con la verdad reque­rida. Aquí traigo una cita de Einstein citado por Lisandro López Herrera en “Alquimia del Sufrimiento”:

Un ser humano es parte del todo que llamamos universo, una parte limitada en el tiempo y el espacio. Se experiencia a sí, sus pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto, una especie de ilusión óptica de su consciente. Esta ilusión es como una prisión para nosotros, restringiéndonos a nuestras decisiones personales y al afecto de unas cuantas per­sonas cerca de nosotros. Nuestra tarea es de ser liberados de esta prisión, ampliando nuestro círculo de compasión, para abrazar todas las criaturas y vivientes y toda la naturaleza en su belleza” Albert Einstein.

Por lo general, la medicina o mejor los médicos basan la clínica en los síntomas, los sig­nos de las enfermedades y la relación con los resultados de laboratorio, además con la actitud del paciente en su reducción o no de la energía vital y el ánimo y la actitud ante la propia enfermedad, además con la presencia del apetito, la facilidad en sus funciones fisiológicos (ingesta, defecación, orina, sueño, descanso, actividad y descansos adecuados o la carencia o no de signos negativos: fiebre, edema, tos, dolores, bradicardia, taquicardia, palidez, su­doración, sequedad de piel, temblor, cambio de color a grises o amarillo, desequilibrio en la posición, posición estática o marcha, mareos, fallas en el sensorio o en los sentidos, piel de arroz, miembros espásticos, incoordinación, secreciones, hemorragias, exoftálmicos, de­formación del tronco, desorientación parcial o total temporoespacial con confusiones); sin embargo, el médico nunca olvida la anatomía, la física y la química biológica, los índices del metabolismo, del electrocardiograma, de los distintos exámenes de sangre, y de los medios electro-magnéticos para su diagnóstico.

De una u otra manera, siempre nos encontramos en medicina con que el enfermo algo perdió (función, actitud, equilibrio, energía, funciones normales musculo esqueléticas y de la piel u otras); mas a la vez, puede tener resonancias en su mundo familiar, laboral o social, en sus relaciones padre-madre, hijos, hermanos, su individualidad, su competitividad, los límites de sus capacidades e ideales, las necesidades de éxito, dinero, poder, placer, verdad, belleza, mujer y hombre y aún la necesidad de Dios. Todo esto hay que comprender y respetar no so­lamente en la necesidad del paciente con el afuera, mundo externo, sino aún en sus creencias que pueden oscilar de la realidad a la magia y omnipotencia y todo ello en búsqueda de una libertad; cada sujeto, cada paciente, cada persona es diferente, así como sus facultades, capa­cidades, sus fuerzas vitales, sus tendencias y todas ellas no siempre son las responsables de su propio dolor, sufrimiento o enfermedad; el responsable es el Yo y su entorno que desea, sien­te, percibe, conoce, piensa y actúa con su integridad y con su propia naturaleza. La libertad y la necesidad de satisfacción del deseo despiertan las tendencias, pulsiones para expresarla y luego actuar y hacer y sentir no sin pasar por el pensamiento.

La necesidad y búsqueda de la libertad está en todo ser humano, así como el amor y el odio, el orden y el desorden; los desórdenes y el orden inadecuado rígido en realidad pueden producir dolor y sufrimiento. El hombre nace a través de un cambio del útero materno al medio ambiente, y allí se produce el primer trauma, el primer dolor y el primer impulso irre­sistible a conocer cuál es su límite que lo contenga, que lo reciba y pueda disfrutar; la misma respiración, el hambre, la sed y temperatura tienen sus deseos y necesidades y a la vez los límites; el mismo espacio tiene sus límites; el ser humano no soporta lo ilimitado, la no con­tención, la gran carencia de lo inestable porque implica llegar a lo inalcanzable y ahí deviene lo indescifrable; he aquí también cómo se construye este límite con el concepto y el senti­miento de lo concreto en el pensamiento y sentimiento espiritual necesario para muchos de Dios. El mismo éxito implica moverse y tener un objetivo y el fracaso es no moverse, llegar a la inercia, a la no relación, a la nada. Aquí es necesario explicitar y diferenciar el dolor físico y el psíquico; el primero es de los sentidos y pertenece al sistema nervioso central periférico y en el segundo hay una connotación física con una causa psíquica; allí están presentes las emociones o los afectos, así como los pensamientos negativos, los cuales son los que llevan al Yo a sentir angustia (ansiedad y dolor).


10 Esta temática me surgió después de reflexionar sobre distintas obras de medicina psicosomática, los con­ceptos de Sigmund Freud, la obra de F Capra: “La trama de la vida”, 1998 y la obra de Lisandro López He­rrera. “Alquimia de sufrimiento” (1996). De aquí he tomado ideas que son actuales, lo mismo que el escrito del académico A. De Francisco Zea: “Sobre Ideas de vida y muerte”, (2001), el escrito del académico Alfonso Sánchez Medina. “Violencia social y psicoanálisis”, (2013). Con esto no se entienda que hago responsable a ellos de mis asociaciones, análisis y menos de las conclusiones..
11 Lo que sí es factible de ocurrir es la participación de un trauma psíquico emocional en sus fantasías cons­ciente e inconsciente, todo lo cual conforma un desorden psicofuncional en cualquier órgano y sistema ya predispuesto; y, así se produce un daño específico inicial para luego aparecer con más evidencia, e intervi­niendo uno o varios sistemas; en todos estos procesos está presente tanto las pulsiones libidinales vitales como las tanáticas de muerte
12 Ver obra del autor: “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, (2009).

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