Algo más sobre el hombre en el Siglo XXI

 (9), (10En los escritos anteriormente elaborados nos referimos a la autonomía del ser humano y hasta cierto punto a lo falso y verdadero, a la libertad y pseudo libertad; ésta última provo­cada por la ya nombrada sociedad de consumo. Si bien se entiende que el hombre es capaz de proyectarse y de decir “sí o no” para decidir, esto es parcial porque la decisión ya está predeterminada por una consciencia colectiva más no por la propia existencia y consciencia del “sí mismo”, y más por la circunstancias de acuerdo a sus propios valores impuestos por los medios de comunicación. En realidad el hombre del siglo XXI, herencia del Siglo XX y de los anteriores, está en un ir y venir, en “un continuo sí y no”, tratando de evitar preguntarse por su propio ser interno de: ¿quién es, qué hace, para donde va y qué es lo que le induce a sus decisiones? Es así como el ser humano se sumerge en su historicidad cultural y en la gran pul­sión de la idea de aparecer y no de ser; es como si el hombre se perdiera en la inmensidad de las corrientes de las aguas de los mares o ríos o entre la nieve, o entre la selva sin conocer el camino; es también como perderse entre las estrellas y creer que ve sin que los otros vean. He ahí el hombre perdido por sus deseos y necesidades conscientes e irracionales, sin detenerse en su propia naturaleza, en sus objetivos, en su proyecto de vida consciente y su libertad, para actuar con un orden y libertad en el pensamiento y en la actuación para obtener más (objetos, comodidades, igualdades) en forma más fácil ; es, en otras palabras, la cultura “de lo fácil” y “del más”, (“easy and more”), para luego quedarse atrapado en esa ansiedad y avidez de te­ner, dejándose llevar por la voracidad y, quedándose en la obesidad con los objetos o bulimia posesiva de objetos, y al mismo tiempo oscilando en la anorexia y vacío psíquico y corporal. De tal manera, entiéndase que el ser humano funciona con sus psicodinamismos específicos de acuerdo con sus tendencias y fantasías conscientes e inconscientes para luego actuar, como lo entiende el psicoanálisis. Personalmente, como lo expreso en otra parte, estamos ante una sociedad cambiante y disonante, incrédula, habida de protección y deseo de capacidades eco­nómicas, dejando atrás todas las pérdidas sin duelos elaborados.

El hombre seguido por el saber cómo hacer (“know how”), y, cómo funciona y utiliza ese conocimiento ideal, con una racionalidad científica positiva, y como fuente de verdad. He ahí también como puede llegar a la confusión, porque lo modelan los paradigmas propuestos por las creencias colectivas y así se vuelve incapaz de tener criterios certeros o el conocimiento real. De todas maneras, el poder de la razón y la confianza en las verdades colectivas afectan los programas y actuaciones porque se crea la cultura en una sociedad dominada por la in­mediatez. He ahí el futuro sin consciencia. Téngase en cuenta que el hombre es un ser que proyecta; y, cuando se acaban los proyectos aceptados por la colectividad sobreviene la crisis, la cual está presente, cuando el proyecto sufre ideas contrarias; así ha ocurrido en la historia en las diferentes culturas en los cuales predominan los diferentes paradigmas. El mismo con­cepto y creencia en Dios se ha colocado como un axioma que si bien puede incluirse en el modelo cosmológico (bosón de Higgs o bosón de Dios) no es él sino una manera de expresar el poder y la esencia.

De una u otra manera, el mundo del conocimiento tiene su orden, y a la vez su síntesis, su tendencia reduccionista, sus presupuestos o el “a priori” para establecer patrones y tra­tar a través de la racionalidad científica positiva, crear una fuente de verdad, sus métodos, sus conclusiones; téngase presente que el hombre no es una máquina, es un ordenamiento natural psicobiológico, socio cultural y económico en donde opera las fuerzas, pulsiones, el consciente y el inconsciente con intereses, motivaciones, tendencias, necesidades y fantasías, todos los cuales pueden producir temores que se niegan aceptando pseudo verdades mágicas y omnipotentes, las cuales son llevadas a la preservación de la vida, o como medios alternati­vos o complementarios para conseguir un bienestar físico o psíquico. En todo esto participa el gran mecanismo de la negación para aceptar lo más fácil que supuestamente le va a provocar bienestar, tranquilidad, relajación, cierta paz transitoria y como un alivio ante el “stress” de nuestro tiempo, en donde lo que cuenta “qué hago y qué utilidad tengo”, y no nos centramos en la paz interna, (11).

La ciencia y tecnología sigue su marcha a través de la ingeniería genética en el ADN, en la reproducción de células madres y las comunes en la fabricación de aparatos que nos facilita la comunicación y la informática, en el estudio de cambios sociales con la publicidad masiva a los grandes grupos socio-político-económicos y aún a todas las industrias entre ellas la far­macéutica. Cada día se avanza en los descubrimientos tecnológicos aplicados a la medicina, como son los de la nanotecnología creando instrumentos en beneficio científico positivo, como por ejemplo el “microchips” o de las imágenes evocadas o el rayo láser o la “robótica”. Actualmente el estudio de las partículas sub-atómicas nos pueden llevar a responder múl­tiples perturbaciones variables y fenómenos hasta ahora desconocidos, que en esta obra se tratan en el capítulo de los fenómenos paranormales.

La misma ciencia y tecnología se ocupa de las células madres, del gen proteína para proyectar seres más ordenados, más equilibrados mejor dotados; cada vez conocemos más y somos más conscientes de lo tanto que ignoramos. Es así como se avanza en la investigación de múltiples misterios; Einstein mismo decía: “la experiencia más bella que tenemos los hombres es el misterio”. En todo este texto no se trata de ignorar el conocimiento científico y oponerse a él sino por el contrario ayudarlo, y desechando falsas creencias, prejuicios, pseu­do verdades en donde opera el pensamiento mágico. Goethe escribía: “si no pretendiéramos saber todo con tanta exactitud puede ser que conociéramos más las cosas”; al mismo tiempo escribió sobre “lo antiguo y lo moderno sin sentimentalismo”, y, así mismo el concepto de que “la naturaleza crea”; y como escribía Schiller sobre “el alma bella” y Fische “el idealis­mo ético”; estos últimos pensamiento de siglos atrás nos permitan deducir cuán importante es llegar al orden, como ideal de equilibrio ético, estético, biopsicológico, económico-social y en forma más armónica global y humana. Véase en todo esto un positivismo en el desarrollo humano y, para otros, una posible “utopía”, (Reale & Antiseri, 1995).

Actualmente se habla de la crisis de la modernidad por la ciencia y la tecnología haciendo énfasis en la subjetividad, en libertades y consciencia de sí mismo, y a la vez de la propia dignidad, reconociendo los derechos, deberes, libertades y poderes, en el propio ser y la exis­tencia; todos estos deberían tener un equilibrio u orden pero estos nunca son totales, puesto que ellos son dinámicos; lo que ocurre es que existen en la naturaleza y en el ser humano la tendencia al orden y desorden, este último el hombre trata de manejarlo sin la normatividad con las leyes que permitan la convivencia y la protección de la vida física, psíquica y social de cada uno en la colectividad. El hombre en el siglo XXI no puede negar las diferencias étnicas, religiosas, políticas, sociales, culturales, económicas, democráticas, humanísticas y de conocimiento; todas ellas con connotaciones psíquicas; de la misma manera están presen­tes, la multiplicación de la violencia, las polaridades étnicas y religiosas, las ambigüedades en el progreso científico y técnico, el positivismo y negativismo, los deseos de poder, los principios éticos, las razones de Estado, las fuerzas del progreso, el problema del bien y del mal, la ignorancia dormida en las culturas del tercer mundo, la tendencia a la pragmática, las preguntas del ¿para qué sirve, funciona y es eficiente?, lo que equivale a la practicidad e inti­midad, el problema del aborto, la eutanasia y de la sexualidad desordenada y anárquica o en las medidas de planificación familiar. Tampoco podemos ignorar cómo el hombre ha viajado a la luna y enviado instrumentos de medición a Marte y al espacio con la sonda “spirit” (I y II) para explorar en el más allá conocido, tratando de conocer el universo, buscando el agua para la vida, conociendo a su vez que el agua salada de los mares ocupa el 75% del planeta tierra; además en todo el mundo se hace referencia al calentamiento global, mas se le da la espalda porque no es problema individual o propio, y así la realidad se ignora, se desconoce, se pierde la información y también la vida; he ahí los contrastes; en estos últimos se denotan en las políticas o sociopolíticas de países en donde opera el poder totalitario o religioso y de ahí las futuras consecuencias.

Querámoslo o no estamos en un periodo de transición a diferentes niveles sociopolítico económicos, familiares y científicos; por ejemplo, la sociedad de hoy día es muy diferente a la de hace 50 y 100 años; en realidad estamos en la edad de la tecnología y al mismo tiempo que nuestras relaciones son ligeras, superficiales, banales o veleidosas, sin gran trascendencia; la familia está “ad portas” de desbaratarse y las ideologías predominantes son la de figurar en los espectáculos cualquiera que sean, desde la gran diversión del fútbol, los conciertos de música, de moda, las representaciones del “circo del sol”, los desfiles de modas nuevas, las retrasmisiones de juegos olímpicos, las discusiones o discursos políticos, la noticia de la captura de delincuentes de cuello blanco o los líderes de bandas criminales organizadas que incluyen los narcotraficantes y corruptos.

Todos estos espectáculos son manejados por los medios, los que están al asecho de la noticia e imagen que venda, y en el fondo que es atractiva pues lleva muchas veces a la mor­bosidad; esa es la publicidad que nos atrapa, maneja en forma mágica con su pensamiento respectivo y/o mensaje, y con una maestría de universidad profesional, pues lo que importa es llegar en poco tiempo, fracción de minutos, a la masa que ve y compra o gasta. He ahí el mandato que rige la economía y la sociedad, desde Wall Street de Nueva York o los carteles de Hong Kong pasando por Moscú, Londres, París y así sucesivamente. He ahí la ligereza de nuestra civilización o cultura que le apasiona al hombre moderno, el cual siente y actúa pero no piensa y analiza; todo esto se ejecuta para la gente que se nutre con el dinero; he aquí tam­bién que la tensión se fija en la versión del momento, el cual se adquiere con dinero para sen­tirse orgulloso, pero en su narcisismo. De ahí que podamos afirmar que nos enfrentamos a una sociedad nueva, narcisística, la cual se satisface con las identificaciones, con el personaje de moda con su consuetudinaria arrogancia. La arrogancia es hija de la omnipotencia y esta de la fragilidad (e impotencia) anidada en el narcisismo; entre tantos otros factores; ahí se pueden ubicar los dogmáticos psicorrígidos prepotentes, que creen tener la razón y la verdad, las que se aferran a uno o pocos postulados, y en especial cuando se parcializan en un solo credo y aún más cuando éste tiene como base de cimentación la emoción fusionada a la creencia; de tal manera, se convierte en algo indiscutible; además se afirma con el dicho de que pertenece al “sentido común”, más cuando éste último puede provenir de la ignorancia de muchos.

A todo esto se le suma el libertinaje del sexo por el hambre de afectos y la sociedad que acompaña, en especial a la juventud adicta al internet, al llamado “chatting”. Actualmente no hay interés en la historia y en los pensamientos filosóficos en que se contemplan el pasado con ideas socio-políticas y las relaciones especialmente con el ya mencionado respeto a la intimidad, a la equidad, sin prepotencia, con libertad, pero no con libertinaje, así como a la bondad y a la búsqueda de la paz y felicidad en la armonía.

No se trata con estos textos de llevar al ser humano a un absolutismo filosófico como pilar de la esencia y existencia del ser, sino más bien abrir la consciencia al saber y a la cultura del ser en y de su tiempo, con trascendencia y sin caer en lo superficial o banal, y al mismo tiempo, teniendo en cuenta el dolor y la frustración propia y la ajena, lo que significa poder estar integrado a una sociedad de cambio pero no de superficie sino de profundidad para encontrarnos con la ayuda del otro y con la esencia de cada cual. He ahí también el camino del “espíritu de nuestro tiempo”; esta expresión fue utilizada por José Ortega y Gasset en su obra de la estética en la que también se refiere al sentimiento de identidad, cuando hacemos alusión al otro (a él). De ahí la importancia de ver no solo lo que necesitamos y queremos ver en forma egoísta, sino a ser parte del (os) otro (s) que integran la sociedad; si bien todo esto puede ayudarnos, no nos olvidemos de Nietzsche quien escribió: “es muy fácil pensar las cosas, pero es muy difícil hacerlas” (Ortega y Gasset, 2010), (Vargas Llosa, 2012).

Sin desearlo, estamos en una sociedad en conflicto; el conflicto se inicia con la insatis­facción de deseos y necesidades colectivas asociadas a la envidia y voracidad inconsciente en grupos que polarizan la sociedad en la cual se dirime el poder (no compartido con la par­ticipación necesaria), y es disfuncional. El púber y adolescente se encuentran en la soledad de sí mismo y deben someterse por imitación, o por ósmosis inconsciente a la identificación acompañada de la incredulidad en él o los otros con quienes compiten, y, además no halla asidero en la integridad propia; de ahí que se refugie en las drogas, en el sexo, en la música rebelde que rompe esquemas y manifiesta la protesta pudiéndose de tal manera, identificar con un grupo cualquiera que sea, (de fútbol, música, GLTBI, político, emocional, laboral y aún delincuente) y más cuando latentemente existen conflictos de identidad sexual y con la autoridad sentida dictatorial. He ahí cómo se presenta el grito de protesta por la indignidad sentida en su mismidad afectada, por la incomprensión e inequidad, de allí surge la verdad de sí mismo que no es compartida por todos. No se entienda aquí que todas las rebeldías sociales tengan el mismo origen, puesto que en ella participa la realidad histórica. De todas maneras en cualquier de los casos de rebeldía, se nota la frustración que puede llevar a la disociación y violencia, al desorden conductual, al caos y muerte; de allí surgen nuevas experiencias, renacen los principios, se repararan y reordenan los hombres en su mundo. Téngase presente cómo cada sociedad tiene su tiempo y velocidad de desarrollo y así mismo su evolución e interpretaciones. Las sociedades de hoy día serán validadas posiblemente como una de tran­sición. He aquí cómo se demuestra lo racional e irracional, en la sociedad. A la vez, toda so­ciedad tiene sus principios predominantes acompañados de sometimiento y adaptación; más no todo es aceptado y se pasa a la revolución de las ideas sin ser atrapados por el pensamiento mágico y así se pueden conformar nuevos caminos de comprensión humana. ¿Será que todo este cambio paralelo al de la ciencia y tecnología tendrá su costo? La respuesta como en otras ocasiones es afirmativa.

De todas maneras estamos avocados a una sociedad insatisfecha, violenta, bombardeada por la información inmediata que fuerza al ser humano al cambio generacional sin la planifi­cación procesal con redefiniciones de términos y principios y sí sometiéndose así a crecientes riesgos, con beneficio en el progreso informático, dejándonos a la vez inundados de sensacio­nes artificiales intensificadas y así a manipulaciones mal sanas; pienso que parte del precio que es preciso pagar es el silencio y la tolerancia además de la renuncia al mundo de lo que sostenía el pasado. A todo esto hay que agregar cuán difícil es mirarnos a nosotros mismos en forma objetiva con la perspectiva del futuro. Es el tiempo el que fragua la vivencia; por ejemplo, una rosa en capullo toma su tiempo para abrirse y las espinas para endurecer sus filos, más empero, cada una tiene su belleza en su tiempo; este último, su marcha es imper­ceptible e irreversible y definitiva; he aquí también el indefectible cambio del hombre en su historia y en su vida.


9 Esta parte surgió parcialmente de la visión personal del hombre en el Siglo XXI y ciertas ideas del trabajo del profesor teólogo catalán Miguel Ángel Marco de Carlos, “Hablar del Hombre en Siglo XXI”, 2012; ver cita bibliográfica más adelante.
10 “En este párrafo difiero de la manera del pensar del autor, porque señala una larga lista de elementos o aspectos que según lo expresan, le permite llegar a un conocimiento íntimo del hombre en el universo, en el pensamiento científico dándole ‘predominio para no perecer en la magia’. Es que el hombre es mucho más que eso y no es posible limitar a los aspectos que se señalan su ‘conocimiento íntimo’. Se dejan sin mencio­nar otros aspectos que dan más conocimiento de lo que es el hombre, si se toma en cuenta el lenguaje en que se expresa que no es el lenguaje científico; es el lenguaje de la poesía, de la literatura, de la filosofía, ¿cómo olvidarlos, o quizás intentar reducirlos a la física, o cualquier otra ciencia material? Si he dicho que un so­neto no se produce mediante postulaciones de la ciencia o usando el lenguaje de esta última. No se trata de pensar que todo lo que es ciencia es magia, para tratar de minimizarlo. Sydenham decía que se aprende más medicina en el Quijote que en los textos médicos. Y se conoce mejor al hombre leyendo a García Márquez que a Steve Hawking. Lo espiritual es característica propia del ser humano”, (De Francisco, 2012). El ob­servador y comentador de estos textos mi amigo Académico A. De Francisco Zea, trae estas observaciones críticas posiblemente utiliza el “pars pro totum” puesto que si bien en estos textos hago énfasis en la razón, en lo racional, necesitamos aceptar lo contrario, lo irracional ilógico y también lo imaginativo, intuitivo, creativo, derivado de la onto y filogenia sin inmolar la creatividad que la expongo en la obra “Creación, Arte y Psiquis”, (2003).
11 En la primera semana del mes Julio del año 2013, apareció un anuncio en el periódico El Tiempo titu­lado: “bebé con ADN de tres padres”, en el cual se anuncia cómo el Gobierno Británico permitió realizar procedimientos de reproducción asistida para evitar la transmisión de problemas mitocondriales, los cuales se transmiten por vía materna. La técnica no probada completamente, consiste en tomar un óvulo sano de una donante, para aprovechar las mitocondrias; obviamente sin alteraciones; y, se saca el núcleo del óvulo donante y se le incluye al óvulo supuestamente enfermo, pero sin núcleo como un sustituto; y, de tal manera, el óvulo se puede fertilizar o fecundar con esta manipulación de cambio de núcleo (el enfermo por el sano) y así evitar la enfermedad mitocondrial. El nuevo óvulo es fecundado por el espermatozoide del padre sin riesgo de enfermedad. Recuérdese aquí que las mitocondrias son las que extraen energías de moléculas de los alimentos y los cloroplastos capturan energía solar; unos y otros son similares, ambos miden de 1 a 5 micras de diámetros, y tienen sistemas enzimáticos que sintetizan el ATP, y ambos poseen características cómo tener su propio ADN y ribosomas. En las mitocondrias se efectúan el metabolismo aeróbico.
He ahí una lógica preventiva e ilógica parcial por la manipulación nuclear cambiando lo enfermo por lo sano, pero de estructura genética diferente (de aquí la parcialidad) y cierto cambio del orden con que se programó la naturaleza. Aquí impera el orden del conocimiento científico al orden natural mal programado. Pienso que es el ser humano el que puede y debe decidir para ayudar al orden natural y así evitar problemas esenciales en la vida como es la enfermedad mitocondrial. (Audesirk & Audesirk, 1999).

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