Fenómenos Parapsicológicos y Otras Creencias

Telepatía y clarividencia

Introducción

Inicio esta temática con la etimología de la palabra griega τηλε tēle, “lejos a distancia, en el extremo o final, por completo” y πάθεια pátheia, “sentimiento”. En el lenguaje creado en el Siglo XIX la “telepatía” se refería a la transferencia de pensamientos o sentimientos entre individuos a través de la mente sin mediación de los sentidos. Es considerada como una forma de percepción extrasensorial y se relaciona con diferentes fenómenos paranormales como la precognición y clarividencia a las cuales me referiré más adelante.

Muchos experimentos se han revisado en el fenómeno de la telepatía y su existencia no es aceptada por toda la comunidad científica, más cuando no se conocen la magnitud de energía u ondas cerebrales que puedan llevar la información de un lugar a otro. Sin embargo, en un futuro es posible que esas ondas cerebrales puedan tener algún dispositivo para detectarlas y, realizar las mediciones pertinentes para su comprobación. De una u otra manera, todavía no se ha comprobado experimentalmente en el laboratorio los hechos telepáticos y esta temática es utilizada frecuentemente en las novelas, cuentos y películas de ciencia ficción.

Pocas son las referencias con respecto a la presencia de la telepatía en las culturas antiguas a diferencia de la precognición y a la adivinación. En 1882 Frederick William Henry Myers fundador de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas con William Crookes (SPR) introdujo el término telepatía en un artículo publicado en Proceedings of the Society for Psychical Research; este término surgió con el advenimiento de la tecnología, con las técnicas electro­magnéticas de telecomunicación (teléfono, telégrafo), y, se diferenció de la llamada lectura del pensamiento que se refería a conocer el pensamiento del otro. En 1917 el psicólogo John Coover de la Universidad de Stanford realizó una serie de pruebas sobre telepatía y que con­sistía en transmitir y adivinar naipes al azar; las conclusiones fueron aleatorias.

En 1927 Joseph Banks Rhine hizo experimentos telepáticos con las cartas llamadas “zener o naipes esp” (fue Kark Zener quien diseñó las cartas) con respuestas libres y en donde el objetivo no estaba limitado a un pequeño conjunto finito predeterminado de respuestas; sino podía consistir en una respuesta sobre un cuadro, dibujo, fotografía, fragmento de película, composición musical y otros; se diseñaron protocolos rigurosos, sistemáticos, se seleccio­naron los participantes denominados normales y aquellos que afirmaban tener habilidades excepcionales, los resultados fueron publicados en el libro Extra Sensory Perception (percep­ción extra sensorial); así se popularizó el término.

Fue más adelante con las encuestas sobre las experiencias SPI que los investigadores Montaque Ullman y Stanley Krippner de Maimonides Medical Center de Brooklyn (Nueva York) concluyeron que aquellas experiencias sucedían en estado de sueño. De una u otra for­ma existían dos participantes un receptor y un emisor; los resultados aunque eran interesantes pero requerían tiempo, esfuerzo y personal; hasta la fecha no ha habido ningún protocolo satisfactorio para llegar a comprobar y distinguir la telepatía de la percepción extrasensorial como la clarividencia; de tal forma la comunidad científica consideró que era una pseudo ciencia que no ha tenido una experimentación con rigor científico necesario. De otra parte existen las llamadas falsas telepatías que corresponden al deseo de comunicarse y la creen­cia mágica omnipotente de esos hechos; además, se conectó la telepatía con algunos casos esquizofrénicos que pueden tener falsas sensaciones o sensopercepciones y en especial los pacientes paranoides. La controversia subsiste así como los experimentos, en que se eligen personas jóvenes entre 20 y 40 años para seleccionar a los receptores y emisores, los cuales deben concentrarse unos para enviar la información y otros dejarse libre para recibirlas.

Ninguno de los experimentos ha llegado a conclusiones determinantes y por lo tanto faltan resultados concluyentes,(58); algunos piensan que falta un entrenamiento mental, así como el determinar la relación entre emisor y transmisor, lo que implica un ejercicio de entrenamien­to, aprendizaje, para establecer la ya denominada comunicación como la que hay entre el padre y el hijo o en las parejas, o en la relación terapéutica psicoanalítica (en la transferencia-contratransferencia) en la cual hay una vía de comunicación.

Los experimentos siguen su marcha sin conseguir ningún resultado objetivo científico; y, más aún la creencia de estos fenómenos se ha llevado a la ciencia ficción, en las novelas, en el cine como las de Alfred Bester, “El hombre demolido” (1952), de Robert A. Hein­lein, “La hora de las estrellas” (1956), A.E. Van Vogt, “Slan” (1940); Charlaine Harris, “The Southern Vampire Mysteries” (2001). Toda esta construcción imaginativa es posible gracias a ese “campo psiónico” según Bormanis, en el cual opera los pensamientos y sentimientos a través del espacio. Para otros la telepatía es una habilidad latente mágica conocida como “legeremancia y oclumancia”; otros lo asocian a la precognición y mediumnidad, u otros a los ataques que puedan aparecer con dolor, parálisis, desvanecimiento y aún la muerte, a la posesión espiritual, y todos aquellos poderes psíquicos o mentales que controlan y manipulan el sistema nervioso.

En julio del año 2006 apareció un artículo sobre la telepatía como posible fenómeno de coherencia cuántica que desarrolla la hipótesis telepática como una transmisión del pensa­miento, como efecto psíquico entre emisor y receptor, que se fundamenta en la física de campos (algunos desconocidos), que producen hechos extraños pero que se conectan con los fenómenos de la coherencia cuántica.

La “coherencia cuántica” se refiere a la ordenación de las partículas cuánticas y sus fun­ciones de emisión, transmisión y recepción que parten del cerebro y a la vez llegan a él. Estas funciones todavía no están detectadas ni cuantitativamente y pertenecen a la física ondulato­ria o cuántica en donde se basa la comunicación cerebral y por lo tanto no es la materia o masa que se cuantifica. Este fenómeno se observa en la disciplina del psicoanálisis en el proceso transferencia contratransferencia y es allí en donde se opera la terapia a través de este pro­ceso sumado al interpretatorio. Algunos científicos admiten estimulaciones y mensajes que no tienen soporte bioquímicofísico, esto significa que todo no se puede reducir al fenómeno bioquímico. La nueva modalidad de interacción a distancia puede buscarse en las fuerzas no solamente gravitatorias sino electromagnéticas y de la energía ondulatoria o cuántica que po­día decirse es extra espacial o extracorpórea pero que tiene un recinto psíquico y, utilizando otra terminología y conceptualización también podíamos decirle espiritual o mental en donde ocurren los factores extradimensionales, los cuales están en investigación. El que escribe estas letras en compañía del físico matemático Jairo Márquez, publicamos la obra: “Cere­bro Mente. El Pensamiento cuántico” en donde se muestra y demuestra cómo funciona esta comunicación. Este pensamiento es compartido por Hameroff y Penrose. Aquí podríamos traer esta interrelación con todos los fenómenos paranormales de la parapsicología y aún las experiencias religiosas, o espirituales, (Lorente, 2006)(59).

La telepatía

Como en varias partes de este texto se menciona, dentro de los “fenómenos parasicológi­cos” se encuentran “la telepatía, la telequinesis y la levitación” de las cuales haremos alguna mención. La primera, la “telepatía” es tan antigua como el hombre y se refiere a una facultad de ciertas personas (que el común de las personas los llaman “mentalistas”, con capacidades mentales no usuales) para comunicarse extraverbalmente a distancia, y también pertenece a una percepción y conocimiento a distancia en que las sensopercepciones de recepción y transmisión están presentes; así se conoce los pensamientos de otra persona sin que medie entre ambos alguna comunicación de relación directa acústica o de señalización; de ahí que se le ha dado el nombre de “adivinación, transmisión de pensamiento” de una mente a otra (telepatía) o “intuición” ya explicitado en el capítulo correspondiente. De una u otra forma este fenómeno pertenece a la comunicación de un sujeto a otro de las imágenes o los pensa­mientos que son más rápidos que la luz.

Años atrás se interpretaba la palabra telepatía como “teles” (de distancia) y “patos” de enfermedad, sufrimiento o dolor; lo cual implicaba el conocer el sufrimiento a distancia. También a este fenómeno se le dio en alguna de sus características el nombre de “adivinación”. Actualmente, como ya se menciona en otra parte de esta obra, son “comunicaciones extra o preverbales” y que las podemos explicar a través de la física cuántica, (60). Existen múltiples experiencias escritas con respecto a la telepatía, una de ellas es la siguiente: “un hombre en profundo sueño se incorporó en su lecho y encendió la luz, sentía angustia y le pareció oír la voz de su padre que lo oía mentalmente, el cual le rogaba fuese a su escritorio, buscase en el cajón central sus notas de viajes y se pusiese en contacto con él; para él era claro el mensaje; la voz se cortó y el hombre se levantó, buscó en el escritorio y encontró el itinerario que su padre acostumbra a dejarlo; leyéndolo con ansiedad advirtió que su padre debería encontrarse en determinado hotel; siguiendo un impulso anormal pidió comunicación telefónica con dicho hotel y le contestaron que su padre había muerto minutos antes de un ataque cardiaco”, (Freud, 1921).

Otro caso citado por Rhine se trata de un hombre que manejaba su automóvil y de pronto siente en el pecho un dolor violento e imagina que va a morir; logra detener el auto; el dolor desaparece inmediatamente por lo cual el hombre regresa a su casa y resuelve consultar al médico; el teléfono suena y la comunicación que recibe es que su hijo moría en la carretera en un accidente de automóvil aplastado el pecho contra el volante (61).

Para continuar con la temática de la “telepatía” ya mencionada en textos anteriores tiene también sus características. Los hombres son los que más transmiten y las mujeres las que más reciben. El mensaje no es transmitido en su integridad. Se transmiten palabras, pensa­mientos, imágenes, sensaciones, actitudes, movimientos y dibujos que son emitidos y capta­dos o recibidos por una o más personas; por lo general el sujeto con esa capacidad de recep­ción tiene una relación especial con la persona que transmite, por eso la observación de este fenómeno la encontramos entre parejas, padres e hijos, etc. Este tipo de emisión-transmisión y recepción se hace, como ya se expresó a nivel preverbal, extraverbal e inconsciente. En realidad hay varias hipótesis que analizan la telepatía o transmisión del pensamiento. Algunos (Juan Carlos Naranjo Investigador de SEIP Guadalajara-España) consideran que la telepatía puede clasificarse en dos: la continúa en que hay un fluir continuo de pensamientos (infor­mación) y la segunda la completa cuando el emisor y/o receptor captan lentamente aquellos, los pensamientos.

No existen obstáculos físicos espaciales para la transmisión y la distancia no influye ni distorsiona el mensaje. Existen las parejas emisoras receptoras telepáticas. La forma, el cómo y el por qué se produce este mecanismo telepático, aún permanece sin explicación convincen­te con evidencia estadística; más sí se puede dar la explicación teórica con hechos clínicos y con la teoría postulada en la obra “Cerebro-Mente”, la cual se refiere al pensamiento cuántico que implica la función de onda, la cual sería la responsable de la transmisión de la señaliza­ción y en donde participan las variables ocultas de las partículas cuánticas.


58 “Los experimentos hechos hasta hoy, no han llegado a conclusiones determinantes, pero el hecho real es que esa circunstancia no permite decir que la telepatía, en consecuencia, no existe. Lo que es absolutamente cierto, es que con o sin respaldo experimental, los hechos telepáticos existen, aunque no se expliquen hoy en día”, (De Francisco, 2012).

59 Lorente, G., Profesor de la Universidad Nacional a Distancia de Madrid.

60 En el libro “Cerebro-Mente” (El pensamiento cuántico) se hizo la pregunta: ¿dónde está la física cuántica en las funciones del pensar? La respuesta reside en que todas esas funciones, mecanismos y fenómenos del pensar pertenecen a funcionamientos dinámicos, de las organizaciones psíquicas y de la física cuántica con sus potenciales; es decir, a cada proceso psíquico le corresponde una (s) función (es) de onda probabi­lística (s) y/o densidad de onda cuántica. No se puede entender al pensamiento solo como un abstracto o virtualidad que se realiza en el vacío sin un substrato químico eléctrico cerebral. El pensamiento de hecho subyace en procesos físico químicos que presentan una alta complejidad en sus reacciones inter y extra­moleculares, todas ellas mediadas por factores cuánticos afines que permiten estas reacciones. Entiéndase cómo en este campo entramos a dimensiones de una milésima de millonésima parte de un metro, que es el nanómetro (*); es decir submúltiplos del metro.

*El nanómetro es la unidad de longitud que equivale a una mil millonésima partes de un metro. Co­múnmente utilizada para medir la longitud de onda de la radiación ultravioleta, radiación infrarroja y la luz. Recientemente la unidad ha cobrado notoriedad en el estudio de la nanotecnología, área que estudia materiales que poseen dimensiones de unos pocos nanómetros. El nanómetro se abrevia nm. 1 nm = 1×10-9 m

Este concepto mencionado arriba corresponde a una suposición teórica de la existencia de dimensiones adicionales pasando por el concepto del espacio de las cuerdas, de los espacios de 10-33, es decir extradi­mensiones para llegar al espacio tiempo pentadimensional pasando por las cuatro dimensiones relativistas y llegando a las seis dimensiones y al concepto circular en que el espacio-tiempo varía de acuerdo con sus posiciones. Podemos suponer, e intuir y estimar a través de complejos estudios matemáticos, las dimensiones témporo-espaciales periódicas cambiantes y dinámicas en donde no aparece la masa de materia. Obviamente esto no tiene ninguna investigación de laboratorio, sino una concepción teórica de una gran complejidad para llegar a la sexta dimensionalidad temporal que implica supersimetrías en escalas de energía superiores y aun incógnitas. Sin embargo, se supone que allí operan los “cuantus” y las “funciones de onda” tan mencionadas en todas las investigaciones de la física ondulatoria. Todos estos conceptos están más allá de la geometría clásica y la misma investigación física se encuentra incompleta. Es por esto por lo que recurrimos a lucubra­ciones teóricas de las supercuerdas, de que el universo siempre ha sido tetradimensional y obviamente que pudo existir antes del “big bang” en otra fase anterior. Entonces, aquí podemos llegar a preguntarnos como en otra parte de la obra lo hacemos, ¿Cómo se originó la energía para llegar a la materia? ¿Acaso esta energía pertenecía al infinito o era un producto de un ciclo o fase en que se sucedieron los estados energía-materia, antimateria vacío? Así podemos plantear diferentes hipótesis y cuestionamientos; de todas maneras, lo que “el hombre desea es conocer el principio y el fin, su origen y su destino para salir de la incertidumbre y no quedar en la nada” (**).

**“Las extra dimensiones”. De la Teoría de Supercuerdas, 2002. https://www.astrocosmo.cl/h-foton/h-foton-12_05-03-02.htm

De una u otra forma nos encontramos con la teoría del pensamiento, y con este mismo (pensamiento) podemos viajar años luz o más allá del concepto de fotones y sí con la idea del pensamiento cuántico, es decir de las partículas subatómicas, cargadas de energía. Todo este mundo es de incógnitas que todavía no están resueltas y quizás falten años para resolverlas, mas lo que es evidente y certero es que seguimos reflexionando y cómo el pensamiento tiene fuerza, energía, movilidad; se trasmite y opera a distancia. Es por todo esto, por lo que la mayoría de la humanidad, al no encontrar respuestas que la ciencia no puede dar, entonces vuelve al concepto de Dios.

Uno de los fenómenos observados en las investigaciones experimentales a escala física y psicológica es que en el primer caso en la física, “el comportamiento de un péndulo situado en un campo magnético periódico, inclusive conociendo con precisión la posición y velocidad en un instante dado, es imposible conocer su comportamiento ulterior a largo plazo. A la vez, dos experimentos realizados con el mismo sistema, en unas condiciones iniciales lo más parecidas posible… nunca pueden ser lo suficientemente iguales y por lo tanto, acabará de dar resultados diferentes” (Dubois citado por García Casas, 2008). Aquí tendríamos que la misma experimentación tecnológica puede o no seguir el principio determinista que estableció el matemático Laplace. Desde el punto de vista psicoanalítico, este mismo fenómeno ocurre en el psicoanálisis clínico. Dos pacientes aplicándoles la misma técnica y sistema terapéutico, no reaccionan lo mismo; esto es obvio, porque las personas son diferentes, más si el mismo paciente está dentro del tratamiento analítico, y éste ocurre con diferentes analistas, en diferentes épocas y obviamente con diferentes modelos, puesto que cada analista tiene el suyo propio; por tal razón, los resultados y hechos aparecidos en las sesiones analíticas son distintos, y lo mismo ocurre con las supervisiones. Cada supervisor de la clínica psicoanalítica, tendrá una actitud, una comprensión, un análisis, una aplicación de modelos en forma distinta; de tal manera que ningún material clínico tiene las mismas perspectivas. He ahí las diferencias, y también el determinismo y el azar.

Todas estas funciones mentales son también neurocerebrales; es decir, pertenecen a un funcionamiento bio-físico-molecular. Es así como podemos afirmar que sin cerebro no se puede pensar, y sin cerebro emocional (tálamo hipotálamo) no se puede desear, fantasear y sentir afectos y emociones y menos tener una identidad cualquiera que esta sea.

61 Un pronóstico. Relato de un ingeniero: “Por el año 83, era vicepresidente técnico de una compañía de aviación muy prestigiosa, posición en la cual había mucha controversia o tenía controversia con el área de los pilotos, por cuanto siempre existe la tendencia de inculparse unos a otros en las falla de operaciones; sin embargo, con la mayoría, la parte personal guardaba una muy buenas relaciones. También había en la empre­sa, grandes y tremendas rivalidades, y juegos políticos hasta el punto que otro colega Vicepresidente instigó la creación de un nuevo sindicato de pilotos con el fin de desestabilizar la administración de ese momento comenzando con la Presidencia.

“Se inició la campaña de desprestigio contra el área de mantenimiento que yo manejaba hasta el punto que uno de los directivos del nuevo sindicato; en el día martes 22 de noviembre me visitó uno de los directivos del nuevo sindicato, desbarrando contra mantenimiento y pronosticando un accidente aéreo con base en el estado de descuido que se suponía tenía los aviones atendidos por mí, posición absolutamente errónea y amañada, pero que correspondía a la compañía iniciada. El jueves mi hermano, invitó a que visitáramos el zoológico de Pablo Escobar en puerto Triunfo con motivo de cumpleaños de mi mamá el sábado 26; personalmente tenía un pálpito de que algo estaba ocurriendo y que de pronto lo mejor era no retirarme de Bogotá en esos momentos críticos; sin embargo, accedí por tratarse de tal especial fecha. Todos los fines de semana yo era prácticamente el encargado de la operación de la compañía pues normalmente tanto como el Vicepresidente y el Presidente ejecutivo, salían del país en ese fin de semana; quise ausentarme totalmente y solamente le comenté a una persona a dónde dirigirse. Durante el viaje estuve muy ansioso a tal punto de irme a dormir muy temprano el sábado, evitando dañarles el ambiente a los demás familiares; a las 6 y media de la mañana del domingo 27 me entró una llamada teléfono al hotel en donde me encontraba en Honda en la que me in­formaban que se había caído en Madrid el Yumbo o de los Yumbos y que aparentemente habían visto que se desprendía un motor del ala del avión; mi confusión fue total, y me acordé del pronóstico que había hecho el piloto el martes anterior.

“Regresé inmediatamente a Bogotá a enfrentarme a la situación pues la impresión que pensaba era que había sido el accidente por causa de falla técnica. Al día siguiente el lunes, el Presidente me solicitó visitar los familiares de las tripulaciones muertas;, en una de las visitas de un ingeniero de vuelo estuve conversando con la viuda y los hijos de éste; y, a la salida me mostraron un carro Mercedes Benz azul y me dijo uno de los hijos: “qué lástima pues acaba de traerlo y estaba con gran ilusión de su automóvil”, yo me encontraba con un colega haciendo estas visitas. En la tarde del lunes aunque parezca un poco sádico me enteré que la causa del accidente había sido un total error humano del piloso y que la parte técnica no tenía absolutamente nada que ver.

“El error humano fue por tres causas: 1). El capitán como era usual a esa hora (que eran las dos de la mañana en Madrid), solicitó hacer un corte en la trayectoria de aterrizaje (el corte implicaba ir hasta una señalización de radioayuda y virar hacia la izquierda en ele para llegar a la pista; sin embargo en esa ocasión como no había tráfico aéreo previa autorización con la torre de control cortó distancia); la segunda gran falla fue que el copiloto inexplicablemente tuvo en un momento dislexia y leyó invertido la altura. Por lo tanto, su aproxi­mación al suelo o al piso estuvo sin ninguna alarma; el controlador de vuelo de la torre de control después de autorizar el corte se levantó a tomar café, por lo tanto no vio la aproximación anómala y lo último que fue absurdo en un piloto serio y disciplinado (parece que tenía que traer unos libros a su hijos a Bogotá) fue no seguir con las instrucciones enviadas por el parlante, el avión tiene un sistema automático que indica cuando hay una aproximación anormal y va a ir a tierra (pito con voz), “pull aa uup” (jálelo porque nos vamos a golpear) y esa voz (alarma) lo anunció con 19 segundo antes del golpe.

El copiloto dice: “bueno, bueno” y no levanta la palanca, (184 metros). Si hubiera levantado la palanca a tiempo en 11 segundos se hubiera recuperado el avión.

Seis meses después llego a Madrid y me hospedo donde un ex piloto de la compañía y su esposa una ex aza­fata me cuentan una historia supremamente rara, “él decía que su mujer era bruja” y que tenía unas lecturas de la vida bastante distorsionadas y raras y que saliendo de cine le insistió ella que fueran hasta el lugar del accidente del Jumbo llamada Mejorada del Campo; finalmente él accedió; fueron hasta el sitio y comenzó a seguirlos un carro atrás de ellos; se asustaron, pararon y el carro paraba, continuaban y el carro los seguía, hasta que él ex piloto se bajó a mirar inmediatamente; el carro que los seguía apagó las luces y vio que era un Mercedes Benz azul; luego el ex piloto al acercarse, el carro desapareció. Cuando me contaron esto in­mediatamente recordé la visita que hice a la viuda e hijo del ingeniero de vuelo, en donde el hijo me había mostrado el Mercedes Benz que había acabo de traer su papá a Bogotá. La pareja en mención salió como loca al hotel donde se encontraba la tripulación para contar el evento, y las personas que se encontraban allí le corroboraron que ese Mercedes Benz azul, era un carro que había llevado a Bogotá el ingeniero de vuelo en mención; automóvil que personalmente vi en mi visita de pésame. (*).

* Informe aparecidos en medios de comunicación con respecto al accidente aéreo: “Ibargüengoitia falleció trágicamente el 27 de noviembre de 1983 en un accidente aéreo. Fecha: 27 de Noviembre de 1983 Avión: Boeing 747- 283B Matricula: HK – 2910 (21381/311). Lugar del accidente: Mejorada del Campo (Madrid) Tipo de vuelo: Vuelo Regular de la compañía Avianca entre París (Charles de Gaulle) y Madrid (Barajas) Ocupantes: Total 192, 19 tripulación y 173 pasajeros Fallecidos: Total 181, 19 tripulación y 162 pasajeros Fase del vuelo: Aproximación pista 33 Barajas.

“El vuelo de la compañía de aviación AV011 tuvo como origen el aeropuerto de París (Charles de Gaulle) y como destino tenía Bogotá haciendo escala en Madrid. La tripulación interceptó incorrecta­mente el ILS de la pista 33 al haber introducido previamente mal las coordenadas del VOR de Barajas en el navegador inercial (INS) del avión, lo que causó que el piloto iniciara un viraje a derechas antes de llegar al mencionado VOR (lugar donde lo debían haber realizado). El tren de aterrizaje derecho y el motor nº 4 se golpearon con un montículo de 2247ft y una velocidad de 142Kts. Tres segundos más tarde, el avión impactó con otra cima a una velocidad de 135Kts y una inclinación de 4,9deg morro arriba. Seis segundos después, el ala derecha colisionó con el terreno (a 126 Kts) se rompió, la cual originó que el avión diera un giro de 180º sobre su eje horizontal y terminara boca abajo en cinco pe­dazos incendiándose más tarde.

“Causa Probable. (Fallas humanas). El piloto al mando, sin el debido conocimiento de su posición, inició la aproximación e interceptación del ILS de la Pista 33 del aeropuerto de Madrid Barajas en un rumbo incorrecto sin consultar las cartas de aproximación publicadas para tal efecto, descendiendo por debajo de la zona de mínima altitud y colisionando con el terreno. Otros factores que contribuyeron al accidente fueron: A) Navegación poco precisa de la tripulación, que los situó en una posición incorrecta para iniciar la aproximación al aeropuerto. B) Fallo de la tripulación en tomar las medidas necesarias correctivas de acuerdo con los instrumentos de alerta de proximidad al suelo (GPWS). C) Deficiente trabajo en equipo en la cabina. D) información imprecisa de posición ofrecida por el servicio de control aéreo (aproximación). E) El controlador no habiendo notificado al avión que el servicio de radar había concluido, no mantuvo seguimiento en la pantalla del radar de la trayectoria errónea del avión”.

“Una vez recién ingresado a la compañía tenía un interés de viajar a Alemania y tomando unos tragos con unos amigos me llegó la idea de plantear ese viaje a mi jefe estimulando con una propuesta que yo debía hacer se cumplió textualmente como yo lo imaginé.

Otra vez realizaba un trabajo para que me nombraran Gerente de otra compañía de aviación; diseñé un viaje a Quito con unas razones poco valederas; sin embargo, al llegar a Quito contacté a la Gerente de Quito para que dialogáramos, me dijo: “yo tengo un cóctel pero a la salida nos encontramos y tomamos un trago”; yo iba a lagartear la posición; sin embargo ella me dice: “¿tu quieres la Gerencia de la compañía?” y todo salió.

En una ocasión estando en Madrid recordé a una señora con quien había tenido una relación intensa hacía unos tres años y vivía en Inglaterra, yo sabía que ella había viajado a España; le pregunté al gerente de la compañía si por casualidad la conocía y me dijo: “precisamente hace unos 20 días vino a visitarme”; ¿usted sabe en donde la puedo conseguir?, le pregunté; él me contestó: “no sé y ella no ha vuelto, ni nada”; ese día al regresar del almuerzo me senté en la oficina del Gerente en el segundo piso y de pronto sentí la necesidad de bajar al primer piso, porque dije: “ella debe estar en el primer piso, me levanté, me bajé y allí la encontré” 

Traigo estos relatos para mostrar cómo dos profesionales y dos técnicos como tantas otras personas pueden recibir mensajes de lo que puede suceder en un futuro; esta capacidad es factible de presentarse en personas con habilidades intuitivas. Estos ejemplos bien podrían haberse ubicado en la obra: “El azar determinista. El lazo del destino”, (2012); sin embargo, lo traigo dentro de estos textos para mostrar también como puede aparecer el pensamiento mágico, la intuición, el presentimiento en una u otra persona, y, así mismo las inter­pretaciones o explicaciones a los hechos, (GSM).

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