El determinismo, la superstición y la interpretación

Freud en la obra citada: “Psicopatología de la vida cotidiana” (1901) hace mención al “determinismo, la fe casual” y se refiere también a la “superstición” en los siguientes térmi­nos:

No creo que un suceso en el que no toma parte mi vida psíquica me pueda revelar la futura conformación de la realidad, pero sí que una manifestación inintencional de mi propia vida psíquica me descubre algo oculto que pertenece también exclusivamente a ella. Creo en accidentes casuales exteriores (reales), pero no en una casualidad inte­rior (psíquica). Por lo contrario, el supersticioso ignora en absoluto la motivación de sus actos casuales y funcionamientos fallidos, y cree en la existencia de casualidades psíquicas, estando, por lo tanto, inclinado a atribuir al accidente exterior una signifi­cación que se manifestará más tarde en una realidad y a ver en lo casual un medio de exteriorización de algo exterior a él, pero que permanece oculto a sus ojos. La diferen­cia entre el supersticioso y yo se manifiesta en dos cosas. Primeramente, el supersticioso proyecta hacia el exterior una motivación que yo busco en el interior, y, en segundo lugar, interpreta el accidente por un suceso real que yo reduzco a un pensamiento. Pero en el supersticioso, el elemento oculto corresponde a lo que en mi es lo inconsciente (90), y a ambos nos es común el impulso a no dejar pasar lo casual como tal, sino a interpretarlo”, (Freud, 1901, p. 766).

Aquí hay que diferenciar entre lo causal y lo casual; el primero se refiere a los principios de causalidad que origina un hecho y el casual es al azar que es más estudiado explícitamente en la obra “El azar determinista. El Lazo del destino”, (Sánchez Medina, G. 2011).

En esta concepción se ven varios aspectos el de la interpretación del sujeto y sus motiva­ciones, en segundo lugar la parte oculta y el “accidente” llamado “casual exterior y real” que no es una casualidad interior psíquica; en síntesis nos encontramos con el mundo interno y externo y la intencionalidad en encontrar en el exterior explicaciones con sus interpretaciones pertinentes.

Dentro de esta organización mental, en la cual participan lo mítico, lo conocido y lo des­conocido, y a la vez, la gran necesidad de interpretar los hechos que observamos y ocurren; aquí se pueden incluir toda una serie de mecanismos psicológicos, especialmente la iden­tificación proyectiva, el pensamiento mágico omnipotente que se originó desde los inicios del pensamiento del hombre para interpretar sus sensopercepciones y apoyarse en lo que pensaba internamente; así también nos encontramos con la construcción de la realidad tras­cendente interna y de la psicología de lo inconsciente.

Nótese que personas aún de gran cultura y educación pueden caer en la superstición y en el pensamiento mágico omnipotente para dar explicaciones a fenómenos incomprensibles o no conocidos, pero que en el fondo desean controlar los aconteceres futuros. He ahí en el fondo la inseguridad que provoca la incertidumbre de lo que va a venir o puede ocurrir. En la historia de las civilizaciones, en las diferentes culturas encontramos estos fenómenos como fuerzas psíquicas poderosas y de las cuales también nos defendemos con la fe y en la casua­lidad, más también llegamos a interpretaciones omnipotentes referidas a los dioses.

Todo lo anteriormente expuesto implica la presencia de la “intuición”, de los mecanismos psíquicos en los que pueden observarse los “presentimientos o presagios”, los “sueños proféticos o premonitores”, las supuestas comunicaciones telepáticas, la adivinación, la clarividencia y otros fenómenos mentales con los que se vale también el ser humano para la explotación del pensamiento mágico primitivo como son los conjuros, la santería, los rezos, los sacrificios de animales (o humanos en tiempos remotos), la magia negra, toda una serie de doctrinas ocultas o secretas, lo esotérico, el espiritismo, la sanación, los poderes superiores con fetiches y talismanes, el poder ubicado en las joyas, en el oro, piedras precio­sas, los juegos del azar, la lectura de cartas y el zodiaco, el tarot, en los ruegos y oraciones, las premoniciones conscientes (91); todos ellos, y otros más, participan desde siglos atrás, en la “psicología de la vida cotidiana”.

A todos ellos le podemos sumar una franja grande la espiritual, en la cual la mente se “predispone” para comunicarse en otras dimensiones en que se conjuga la barrera tiempo-espacio y se pasa a la atemporo-espacialidad con sus principios espirituales y así meditar (meditación trascendental) y en la oración con los ejercicios de relajación para facilitar el inducir la meditación en silencio o sin él; en todas ellas obra la fe que mueve imposibles racionales. En todos ellos existe un común denominador, el deseo de control omnipotente y por ende tener el o los poder (es) espirituales sobrenatural (es) (92).

La ciencia ha tratado de estudiar todos estos fenómenos y los ubica (como ya se enunció) dentro de lo paranormal y la percepción extrasensorial (PES); a estos fenómenos se le suman la telequinesia y la vivencia de otras dimensiones témporo espaciales o los fenómenos pro­ducidos por pulsiones instintivas deterministas y significativas en las cuales se actúa por de­cisiones no conscientes sino en las llamadas extrasensoriales. Aún se ha tratado de conseguir estas capacidades mentales y el manejo de la temporo-espacialidad, a través de sustancias químicas, alucinógenas (LSD, mescalina, cocaína, tabaco, yahé, marihuana, heroína, ingesta de hongos, sustancias sintéticas alucinógenas o psico-estimulantes como las anfetaminas) y otras tantas, buscan “trabarse”, “viajar” (sacarlos de la realidad e ir a otra) para huir de la realidad y anestesiarse de ella, no sentir hambre ni angustia, ni depresión, ni confusión y en­trar en un “pseudo-nirvana” en un “trance” y/o un “viaje psíquico” de los budistas. Algunos artistas para conseguir un nuevo o diferente estado de consciencia muchas veces lo intentan con esta clase de sustancias (93), (94), otros los místicos lo realizan con la meditación, la músi­ca, la contemplación, la pronunciación de los mantras o la oración.

Reflexionemos cómo existen diferentes estados de consciencia o niveles del conocimiento desde el más superficial hasta el más profundo, y del más rápido al más lento, con una per­cepción y comprensión rápida hasta la más aletargada. Todos los seres humanos deciden y tienen interés en una comprensión profunda, un nuevo conocer, un redescubrimiento y reco­nocimiento y en el que el deseo predomina para mostrar y demostrar, revelar y develar otro tipo de relación con el mundo exterior y el interior. Todo esto hace parte de los procesos que oscilan entre el consciente y el inconsciente; en la franja del preconsciente es en donde operan con rapidez los procesos cerebro-mente y participa el “azar determinista”, encontrándose múltiples fenómenos y conectándose uno con otro. Hago énfasis aquí en que estos fenóme­nos ocurren con frecuencia en los místicos, en los científicos, en los artistas, en el proceso creativo, en los grandes descubridores, que aún no saben ni cómo ni cuándo surgen ideas, las conectan unas con otras y descubren un nuevo mundo ideológico, filosófico, político social, económico o científico y aún el religioso que puede congregar un conjunto de personas con un mismo fin. He ahí el encuentro de “la creación y el inconsciente” que se supone opera para bien de todos. Aquí lo “casual” es en realidad “causal”.

En este proceso hay una tendencia a imaginar, a representar y poner en una cierta distancia (espacio) en la pantalla del sueño en el preconsciente, aquellas representaciones para así co­nocer y vencer el temor a lo desconocido. Existe un “dejarse ir” a otro estado de consciencia (mental imaginario) con menor represión e inhibición y mayor permeabilidad, sin lógica, sin control de la realidad y por ende del tiempo. Se logra este estado cuando el Yo del sujeto ha elaborado más el complejo de Edipo y puede poner más en función el mecanismo de subli­mación, puesto que si existen puntos de fijación intensos, éstos impiden una movilidad al Yo para liberar sus fantasías edípicas y preedípicas.

El mundo interno en ocasiones emerge espontáneamente predominando lo simbólico y lo imaginario; por lo tanto, va mas allá del pensar lógico racional; la atención es diluida, flotan­te; la acción no es controlada por la razón; así mismo, las representaciones y asociaciones son libres y se liberan los mecanismos automáticos. Aquí hay una tendencia a plasmar lo univer­sal y atemporal volviéndose tópicamente consciente y temporal la fantasía inconsciente.

El mismo conocimiento produce el llamado “temor bíblico”, (95) acompañado de senti­mientos de culpa por los pecados originales y otros, lo cual debe superarse viviendo o pasan­do temporalmente por ellos, sintiendo la angustia por el despertar de las cargas tanáticas, lo que implica un nuevo conocimiento de la misma sensación de la muerte y de la nada; si esto ocurre, entonces puede llegarse a la sensación de lo nuevo y de la creatividad. En tal estado se puede partir de lo patológico o de la parte sana para luego ir a lo objetivo acelerándose los procesos mentales. El resultado de todo el fenómeno y proceso intermedio terciario es que se consigue un orden diferente, en un ordenar preliminar, con los deseos de vivir y sacar de la penumbra los objetos; existe a la vez la necesidad de encontrar esencias profundas del mundo interno; sin embargo, no hay en el Yo metas fijas; el objetivo es el mismo proceso en donde se encuentra y descubre lo nuevo pero sin lograrlo siempre.

Si se logra encontrar, reencontrar, descubrir o redescubrir un nuevo objeto (el perdido) y se puede integrar, reparar; así es posible que se llegue a lo “original”. El descubrimiento, lo nuevo, lo original, surge sin proponérselo conscientemente. De tal frustración y dolor, se sale con el conocer doloroso ubicando en un “afuera” (espacial) consciente controlado por la realidad temporal; todo esto se hace en una discronía y diacronía con respecto al Yo y no-Yo.

En este conjunto procesal hay un predominio de las tendencias sublimatorias, repara­torias acompañadas de la curiosidad y del instinto epistemológico, así como del impulso a “llenar vacíos”, a “completar” incompletos (lo que falta-la carencia) y así crear. El proceso, obviamente, hace también parte de los procesos psicodinámicos, del descubrimiento, de lo artístico y de lo creativo en general. A nivel del conocimiento produce un “insight”, un com­prender interno profundo, un nuevo conocer, un redescubrimiento y reconocimiento en el que se muestra y demuestra, se revela y devela una relación. Eso hace parte de la “anagórisis” de Aristóteles; o de la “Epifánesis” de Platón (visión nueva); o de la “Iluminación” de San Agustín; o de la “Revelación” de la religión; o de la “trascendentalización” de Kant o del “pensamiento intuitivo discursivo” o del llamado “proceso intermedio terciario mental” en el lenguaje que propongo en la obra “Tiempo, Espacio y Psicoanálisis”, (1987). En éste existe, como ya se expresó, una témporo-espacialidad distinta a la común, y es en ésta donde fun­cionan los creadores y donde hay una percepción diferente del espacio y tiempo, existe, por decirlo así, una atemporalidad y una atopía móviles y cambiantes, con sensación de unidad y distinta dimensión, (Sánchez Medina, G. 1987b), (96).

Esa otra dimensión témporo-espacial, que no es otra que el preconsciente, funciona, como ya lo anoté en otro lugar, en lo que denomino proceso terciario o intermedio y que está ubi­cado entre el proceso primario irracional, ilógico, absurdo, irreal, inconsciente, atemporal, atópico, y el secundario racional, lógico, cuerdo, temporal, concreto y real; entre estos dos se ubica el intermedio terciario, el cual no es ni irracional ni racional, ni absurdo ni cuerdo, ni inconsciente ni consciente, ni atemporal ni temporal, ni irreal ni real; es el intermedio entre uno y otro, es, repitámoslo, la transición del primario al secundario o viceversa, es lo que se denomina preconsciente. En este proceso el Yo debe estar preparado para la reparación y por lo tanto para la integración y elaboración de los objetos (parciales y otros); sus relaciones tienen como consecuencia el descubrimiento y encuentro de nuevos objetos. En esa otra di­mensión nos encontramos con el “más allá”.

Fritjof Capra en su obra “Las conexiones ocultas” escribe: “Artistas y científicos han des­crito frecuentemente esos momentos de maravilla y éxtasis (97) en que una situación confusa y caótica cristaliza milagrosamente y proporciona una idea novedosa o la solución a un pro­blema previamente intratable, (98). Puesto que el proceso de emergencia es absolutamente no lineal, e implica múltiples bucles de retroalimentación, no puede ser analizado por medio de nuestras formas convencionales de razonamiento lineal, y tendemos a experimentarlo como algo misterioso”, (Capra, 2002).

Como se ha visto en varios textos anteriores, a estos fenómenos comúnmente se les acha­caba, desde el punto de vista psicoanalítico y/o de la psicología cotidiana, a la “capacidad intuitiva” del sujeto que percibe o “al inconsciente”; si bien lo anteriormente puede ser cierto y participa en el fenómeno, es necesario adentrarnos más profundamente en los mecanismos de la intuición (ya expuestos) o lo que se llama presentimiento, percepción, imaginación, significaciones pre-verbales, preconsciente indicativas, obviamente con pre-signos (señales codificadas con significado).

Un fenómeno o hecho mental que puede presentarse antes del conocimiento es el de la intuición o el presentimiento, el cual pertenece a lo que podríamos denominar “pre-conoci­miento” o “conocimiento intuitivo”, el cual ya fue planteado.

Otra de las creencias que aparece en el mundo es la quiromancia o la lectura de las líneas de la mano que según los que se ocupan de ella, marcan el destino del ser humano. A las ante­riores mencionadas se le suma la ya mencionada cartomancia, la cual se refiere a la posición en que aparecen las cartas con sus figuras y la interpretación que se les da a ellas buscando razones de hechos ocurridos en el pasado o los que puedan devenir. La geomancia tiene que ver también con las fuerzas espaciales, armónicas de los objetos que tienen influencia en la personalidad consciente e inconsciente del sujeto para producir una relajación y una paz interna. (Parte de estos temas ya fueron expuestos).

El curanderismo, los hechizos, los conjuros y los exorcismos se refieren más a sacar el mal que ha quedado dentro del ser humano a través de sustancias químicas, vegetales o minerales con baños, infusiones, vapores o con rezos en salmos para quitar el conjuro interno (el mal) y dejar libre al ser humano de aquel (el mal y así de la enfermedad).

Nótese cómo en estos hechos el ser humano da una interpretación o explicación con una serie de razonamientos a fenómenos que ocurren en el mundo y en el universo, siempre tra­tando de ganarle al destino, de conocerlo, de prevenirlo, y en el destino estaría la prevención del mal y el manejo de la vida y de la muerte.


90 La negrilla es mía.

91 Ver capítulo XIV: La medicina alternativa y complementaria (la paramedicina).

92 “Lo espiritual no se refiere o significa comunicación en otras dimensiones, es simplemente un plano su­perior al plano físico, al biológico y al psíquico; en el plano espiritual colocamos los espiritualistas como principios y logros como los que se traducen en ciertas filosofías, en el arte, la poesía, la belleza en general. No se refiere a determinada confesión religiosa” (De Francisco, 2010). (Citado en “Azar determinista. El lazo del destino”, (Sánchez Medina, G. 2011).

La ‘meditación trascendental’ con el silencio se encuentra en algunas sectas del mundo occidental análo­gos a la meditación oriental inducidas por la sigla OM o los diferentes mantras del budismo”, (De Francisco, 2012).

En el campo de lo espiritual nos novemos en un terreno que no es el meramente físico, el biológico o el psíquico, aunque comparta con ellos tres mecanismos, bases primarias o como se puede concebir el funcio­namiento del universo en esos diferentes planos. El campo de lo espiritual no es un terreno etéreo, sin los elementos que constituyen esos diferentes planos anteriores. En lo espiritual yo me refiero a aquellos ele­mentos de mayor jerarquía: el pensamiento mismo, el lenguaje de la poesía, por ejemplo, que es de más alta

‘alcurnia’ y el sentido de lo que se quiere expresar; el sentimiento religioso diferente a la religión misma; la belleza como expresión de lo sublime, para mencionar unos cuantos aspectos, que no caben ni pertenecen en mi sentir ni a lo físico, ni a lo biológico, ni a lo psíquico. La inmensidad, por ejemplo, de algunos textos literarios, no la pueden dejar sólo en el plano muy alto del psiquismo, pues trasciende más allá de él, eso, es para mí, el plano espiritual que tanto defiendo. Nota: si lo que ocurre en el campo del psiquismo se puede colocar como ciencia, es más difícil entender como ciencia todo lo ocurre en el campo de lo espiritual como las concepciones filosóficas, la exégesis histórica o la belleza literaria”, (De Francisco, 2012).

“El poder espiritual o los poderes espirituales se encuentran en los planos de las vivencias físicas, biológi­cas, intelectuales, psicológicas en general, y no necesitan que se les atribuye una trama sobrenatural”, (De Francisco, 2013).

93 “No es lo corriente pensar que se alcanzan esos ‘estados’ mediante estímulos químicos de cualquier orden que sea; los místicos cristianos y los religiosos budistas no se valen de ellas para alcanzarlas” (De Francis­co, 2010). Citado en Azar Determinista. El lazo del destino, (Sánchez Medina, 2011).

94 “Introduciendo un elemento artificial (la droga) en la expresión de su arte mismo, lo transforman en algo diferente a su arte personal aunque sigan considerándolo como arte, sin tener en cuenta lo que es artificial”, (De Francisco, 2012).

95 “El ‘temor bíblico’ que aparece precozmente en el Génesis con los sentimientos de culpabilidad y que con el desarrollo de la religión cristiana se convierte en el pecado religioso que ha señalado el filósofo francés Paul Ricoeur. ‘PECADO’ que implica castigo, con mayor fuerza que el simple sentimiento de culpa”, (De Francisco, 2012).

96 No se entienda aquí que el proceso creativo conlleve de todas formas la participación de la “diosa-razón” y la lógica y la necesidad e impresión de un conocer lógico para descubrir el afuera; por lo contrario, en el sujeto creador existe un estado mental especial al cual le he denominado “proceso intermedio terciario” que no pertenece al proceso irracional primario, ni al lógico secundario, sino está en una dimensión temporo espacial intermedia en que participa la intuición (Ver capítulo VII de “Tiempo, espacio y psicoanálisis”, p. 31-32, 1987))*.

*Un proceso creativo ‘tan ilógico’ que puede conducir a encontrar en su opuesto ‘la lógica’. Tal sería el caso de la fealdad de la belleza’ sobre la que escribió todo un libro Humberto Eco”, (De Francisco, 2012).

Es aquí en donde aparecen muchos sujetos considerados geniales y que todavía tiene innumerables incógni­tas; he ahí la incógnita del genio artista, cualquiera que sea, científico o filósofo y aún en místicos o personas con características espaciales entre los cuales se encuentran la capacidad de sugerir (sugestionar), sanar o realizar actos que potencia al pensamiento mágico y no a científicos y se denomina también milagros; el pe­ligro es que con ciertas capacidades intuitivas se caiga en la pseudociencia o en la charlatanería. Sin embargo algunos, en la realidad han roto paradigmas, normas, reglas las cuales han podido cambiar y así crear nuevas visiones, armonías, relaciones, sin anular toda la razón. He ahí también el mundo de la imaginación y de la creación al servicio de la vida y de la paz con cierta felicidad. “Pienso que esta tendencias sublimatorias, creativas, de los místicos, alcanzan su alta expresión en el lenguaje poético que sintetiza en pocas palabras lo que un filósofo expresaba en extensas postulaciones; por ejemplo, los sonetos de Santa Teresa y San Juan de la Cruz”, (De Francisco, 2012).

97 La negrilla, la bastardilla y comillas son mías.

98 “Esa idea de F. Capra es novedosa y que aparece en los poemas místicos en los cuales se llega a convertir en su centro; se ve también en poetas españoles en el siglo de oro y posteriores, como Bartolomé Leonardo de Angensola (el cielo azul que todos vemos, no es cielo ni es azul…), (De Francisco, 2012).

Volver Índice Siguiente

DÉJANOS TU COMENTARIO

DÉJANOS TU COMENTARIO

Please enter your comment!