Creencias y métodos

(Procedimientos) basados en creencias religiosas

DR. GUILLERMO SÁNCHEZ MEDINA

La teosofía

Desde tiempos remotos se fueron fraguando ideas, conceptos, en doctrinas secretas produciendo una supuesta sabiduría con un poder misterioso y simbolismo oculto a través de generaciones; fue así como aparecieron los videntes, los profetas, el saber esotérico y las doctrinas que luego en el Siglo XIX se denominaron secretas, con sabidurías ocultas, tradicionales.

Estos conocimientos se amalgamaron en concepciones egipcias y orientales; y, por ejemplo, apareció la cábala judía ya explicitada en el capítulo décimo.

La teosofía como su palabra lo indica se basa en la creencia de Dios, en el cual se apoyan los métodos y sus poderes; estas doctrinas egipcias, mesopotámicas y orientales fueron asimiladas por el cristia­nismo, y, en el Siglo XIX Elena Pedrovna Blavasky en compañía de Esteelt Olcott y William Quan Judg las explicitaron buscando explicaciones religiosas para ser, estar, hacer, tener, existir en la vida, encontrando así una identidad entre el macrocosmos y el microcosmos e incluyéndose lo biológico, físico, químico (materia-energía), lo orgánico y lo inorgánico, (el concepto de alma-espíritu) y tomando del budismo y el hinduismo la creencia de la reencar­nación.

Según Blavasky existen siete niveles de consciencia del hombre lo que equivale a siete niveles o planos con 4 principios inferiores y tres superiores. En los primeros estaría el cuerpo físico conformado por moléculas, los cinco sentidos, la materia orgánica en general, los microbios, las funciones específicas.

El otro plano está el cuerpo llamado etéreo sutil o vital que estaría entre lo sólido y gaseoso con percepciones extrasensoriales, la clarividencia y fenómenos hipnóticos todo lo cual conforma el cuerpo astral, el cual está unido al cuerpo físico por un hilo el cual comunica fuerza vital.

Según la teosofía “el cuerpo astral represen­ta una especie de fuente de energía para el cuerpo físico” (Perry y Rengifo, p: 281. 2003).

Dentro de esta concepción entrarían las creencias de los médium y espiritistas (cap. X). A la vez, “todo el universo tendría el universo en una infinita, eterna y desconocida fuente” y, “la vida se originaría a partir de una chispa divina” (Perry y Rengifo, p: 282. 2003), (Blavasky, 1950).

Dentro de esta concepción la vida o “prana” incluye formas minerales y atómicas que llamaron “prana”; y, “karma” a las consecuencias producidas por desórdenes, desarmonías que originan afecciones que conforman la dimensión negativa hacia la satisfacción de una necesidad.

En esta creencia el pensamiento es denominado en sánscrito “manas” que habita en el in­terior y no muere nunca, porque es eterno; es hijo de lo universal y reencarnan después de la muerte, más lo físico desaparece.

Así mismo el espíritu no podría comunicarse con el cuerpo sin la ayuda del pensador y a la vez, el primero el espíritu es una especie de canal para llegar al alma, la cual para la antigua filosofía hindú designa el principio espiritual o “atman, rayo divino que se encuentra en el ego interno del hombre y que forma parte de la consciencia divina” (Perry y Rengifo, p: 284. 2003), por lo tanto, el ser humano sería una integración con una evolución a través de la reencarnación pudiendo el alma pasar de una existencia a otra; por ejemplo del ser humano al animal o viceversa, según el tipo de grado de evolución que tenga.

Según la teosofía, las moléculas están animadas por el prana o energía ordenadora que liga las existencias” (Perry y Rengifo, p: 285. 2003).

Nótese que en estas creencias se sintetizan muchas doctrinas religiosas para buscar la verdad; además todo parte de un punto del plano atómico mineral, al vegetal, al animal y al humano.

A continuación traigo una serie de creencias de distinta raigambre las cuales realizan el puente (de dos vías) entre lo material consciente con lo inmaterial espiritual, emocional, subjetivo e inconsciente y con una realidad supuestamente objetiva de creencias religiosas unidas a los principios del amor, equilibrio, la búsqueda de la perfección o la unión o fusión con el Todo; a la vez, que una mezcla de unas ideas con otras que se fueron amalgamando a través de la historia.

El sufismo

Parte de una creencia islámica surgida a partir de una división del islamismo, entre sunnitas (15) y chiitas; entre los seguidores de Mahoma se encuentra su yerno Alí y Fá­tima la hija de Mahoma; en realidad el sufismo proviene fundamentalmente de una versión mística propia del chiismo (Perry y Rengifo, p: 257. 2003); y es una tradición exotérica y mística. La palabra “sufí” proviene del vocablo árabe “suf” que significa “lana o material” con que se fabrican las túnicas de los místicos.

En el sufismo el hombre tiene la capacidad de percibir verdades de carácter superior y cree en su evolución espiritual, la cual constituye el intelecto verdadero y real para alcanzar la sabiduría que en griego es “sophia” y que para ellos tiene la categoría superior. Los “sufís” practican los sonidos “suf” que se supone abre la mente para comprender verdades. Sufismo y chiismo han continuado divididos y antagónicos considerándose elementos peligrosos y herejes a los sufíes; y por lo tanto, fueron perseguidos.

Los preceptos del sufismo son: búsqueda de la buena dirección para recibir la iluminación de la verdad práctica rigurosa de la piedad, la devoción exclusiva a Dios, la renuncia a las vani­dades y el retiro del mundo consagrándolo a la oración. El “sufismo tiene ocho cualidades”: posee liberalidad (como Abraham), aceptación de su destino (como Ismael), paciencia (como Job), simbolismo (como Zacarías), aislamiento de su propia gente (como Juan), pastor (como Moisés), peregrinación (como Jesús), humildad (como Mahoma).

El “sendero sufí” es la enseñanza como la fraternidad

Es una forma de vida y esencia y realidad, sabiduría o realización, bendición, poder y santidad, y sendero con su destino; “mu­chos dudan si el sufismo es religión, magia, sectarismo o gnosticismo o un método conven­cional de doctrina en la cual hay un compromiso fiel consigo mismo y que se puede realizar a través de cuentos, poemas, canciones, danzas hasta la embriaguez”, (Perry y Rengifo, p: 264. 2003).

En toda esta creencia no está exenta ideas filosóficas griegas y judías con formas de cono­cimiento intelectual e información recopilada por los hechos a la vez que los estados emocio­nales que permiten un equilibrio, gracias al amor, la imaginación creadora y la unión con lo divino, a amar a Dios y aún llegar al éxtasis místico, a la perfección, con capacidad de com­prensión y de transmisión de las experiencias personales.

En 1207 (a.C.) apareció el poeta re­ligioso errante Shams de Tabriz derivado de un sectarismo del sufismo, monjes enclaustrados que fundaron una cofradía para alcanzar un estado estático que les permitiría desprenderse del barro y del agua (cuerpo) “para alcanzar la vivencia espiritual”.

Nótese que tanto en la teosofía como en el sufismo, impera “el deseo y la necesidad” de alcanzar un nivel superior de conocimiento, de equilibrio no sin oscilar entre la esperanza y el temor a Dios con el deseo de perdón y encontrar beneficios físicos y psíquicos.

El sufismo de hoy día “reconoce que todas las organizaciones”, (excepto los sufíes genui­nos) son siempre instrumentos que preparan para abandonar los preconceptos; es decidir que “se es o no”, una forma disfrazada para procurar una integración social y se acepta la hipóte­sis de trabajo para ser consciente y hacer eficiente la enseñanza, (Perry y Rengifo, 2003).

El hinduismo (16)

Por la historia conocemos, cómo los seres humanos emigraron a donde sale el sol y se establecieron en diferentes áreas en el cercano, mediano y lejano oriente; cada uno fue amal­gamando creencias y diferenciándose; así se fueron desarrollando culturas y civilizaciones (Egipto, Mesopotamia, Siria, Caldea, Israel, India, Tíbet y China); y, de la misma manera, apareció la necesidad de dejar testimonios de lo que se conocía de los orígenes y el descubri­miento de sus raíces; de esa necesidad de saber y conocer surgieron los primeros escritos de la antropogénesis con una cosmovisión, cada una con su particularidad.

De tal manera, aparecieron los escritos del Génesis, Pentateuco, el libro de Dzyan, el Pymander, el libro del Misterio Oculto de la Kabalah, el Kybalión y el Libro de los Muertos.

En todos ellos se muestra no solamente los orígenes como tal, sino las creencias alrededor de las consecuencias de la aparición del hombre en la tierra construida con mitos en donde se manifiesta el principio creador o el Absoluto, de donde se origina todo lo que conocemos: cielo, tierra, agua, espacio, tiempo, universo, materia, naturaleza, mineral, vegetal y animal para llegar al hombre sin palabra y luego con palabra hablada y escrita para más adelante te­ner fuerza consciente e inconsciente con sus esencias, sus estados despiertos y dormidos, sus ideas y preguntas, con respuestas y explicaciones; todo esto es obvio y bien conocido.

Por lo expresado, nótese cómo en diferentes áreas geográficas apareció la cosmo y an­tropogénesis en diferentes versiones en donde se puede hallar el desarrollo o evolución del hombre a diferentes niveles físicos, biológicos y psicológicos; a las principales deidades se les dio nombre; por ejemplo, en la gran región de la India hubo dos principales:

Brahama y Visnú (Brahman o Brahm es derivado de la raíz brih crecer o desplegar y man hombre); Vis­hnú viene de la raíz wish que significa penetrar, entrar en la naturaleza de la esencia.

Siendo así: Brahmá- Vishnú, es el Espacio infinito del cual los dioses, los Rishis, los Manus, y todo el universo son simplemente las potencias (Blavatsky, 1950). Se considera que el libro de Dzyan (17) es proveniente de los Vedas 5500 a.C., y cuyos escritos están en cuatro libros: Rig-Veda, Sama-Veda, Yadjour-Veda y Altharva-Veda.

Nótese que en todos estos textos nos encontramos en que el hombre recurre al Creador para explicar el principio y el fin, y recurre a él para saber no solamente sus orígenes sino el futuro y así de la vida y de las eventualidades que puedan ocurrir.

Sin embargo, en todas estas creencias orientales que se incluyen las hindús ocurre lo mismo que con las de Mesopotamia que se cree que el pueblo hindú emigró al oeste y se asentó a las orillas de los ríos fundando sus ciudades y allí surgieron los reyes, príncipes y divinidades como: Dyaus, Prithivi.

El primero personificaba la creación; el infinito se personificó en Adhiti, ser eterno, divi­nidad femenina como Prithivi. En todas estas creencias mitológicas hay una secuencia en los dioses para llegar a Ganesa diosa que encarnó en un ser humano (nótese aquí una similitud de Dios y Jesús); a la vez Brahma se manifiesta en tres personas distintas, formando la Trimurti, la trinidad India: Brahma el creador, Visnú el conservador y salvador, Siva y constructor y renovador.

Existe otro libro denominado el Bhagavad-gita, escrito en supuesto verso igual que los cuatro libros de los vedas; y, allí aparece no solamente la “verdad absoluta” que contiene el pensamiento, el sentimiento y la acción sino la actuación en armonía con la ley moral, el na­cer y morir que implica renacer y la purificación divina que tiene que pasar por la aceptación del “karma” ya mencionado en otra parte.

Es en suma el Todo y la explicación del orden esta­blecido con un movimiento y consciencia en todo el universo y lo que nos da independencia, orden, placer de dar y poder, y que en conclusión nos lleva a la perfección y renuncia.

Los hindús llaman también a la “ciencia suprema” el “yoga”, la búsqueda de Dios, la suprema realidad, el conocimiento y la integración al Uno o Brahma identificándose con el amor a través del sendero de la meditación y la renuncia.

Esa sería la autorrealización. El académico Adolfo De Francisco (2001) refiriéndose al libro: “El camino del Dharma” escribe: “todo lo que somos es el resultado de lo que pensamos […] si un hombre habla o actúa con pensa­miento puro, la felicidad le sigue como una sombra que nunca le abandona”.

En las creencias hinduistas hay un determinismo, una ley con causa y efecto y un karma, y, a la vez la creencia de la reencarnación por la que todos tienen que pasar 343 veces, según los brahamánicos. En esta creencia existe el juicio final.

Las reencarnaciones en las “ruedas de la vida”, el Samsara, que representa el tiempo circular; es también el deseo de los seres de salirse de esa rueda para entrar al Nirvana o unión con el Uno o Todo Universal.

En resumen en estas creencias como ya se expresó anteriormente aparecen desde el prin­cipio hasta el fin por la ley del Karma, la reencarnación, el final con la fusión del Todo o el Uno, la vida, la muerte, y los desórdenes del ser en la vida la cual tiene orígenes no solamente karmicos sino desequilibrios espirituales que se tratan con diferentes procedimientos: la “me­ditación”, la “contemplación”, el “yoga”, los conceptos de prana (energía vital) (18), o vida, la energía del kundalini (19), los chakras (20) y todos los yogas. (Temas que se desarrollan más adelante), (21).

El budismo

Es una creencia que parte de Buda o el príncipe Gautama Sidharta que llegó a ser el Bud­ha o el iluminado” y surge de las creencias monásticas del brahmanismo; es una religión de las castas superiores de la India y del hinduismo, postulados establecidos por creencias de los antiguos vedas. El budismo considera la existencia obligatoria del dolor y del sistema para re­primirlo o suprimirlo, lo que equivale a escapar de él y caminar por la gran rueda del Dharma (o sendero) y llegar al Nirvana.

Se supone que el camino está abierto, mas tiene que pasar por el Karma (22) ley de la naturaleza en los diferentes ciclos que dependen de las buenas o malas acciones de los individuos, los cuales pasan por distintas reencarnaciones para repetir la posi­bilidad de vivir y rectificar su vida; básicamente el budismo es un recto vivir con las fuerzas espirituales y se divide en dos comunidades o sectas: el Mahayana y el Theravada; el primero es llamado también “gran vínculo” que predomina en China, Japón, Corea, Vietnam, Taiwán, Nepal y Tibet; el segundo es el “camino de los sabios” que predomina en Tailandia, Laos, Camboya, Myanmar. Se calcula que 400 millones de personas practican el budismo.

Existen cuatro verdades en el budismo:

1. La vida es dolor y sufrimiento y ni siquiera la muerte libera del dolor; 2. El dolor se debe a la ignorancia o al desconocimiento sobre el verdadero sentido de la realidad y por ende proviene del apego a las cosas materiales y se busca el “desapego”; 3. Se debe superar el dolor a través del conocimiento; 4. El sendero de las ocho verdades en que se encuentra la solución final que radica en la ética.

Las ocho verdades (el óctuple sende­ro) consiste en: obrar con buenas intenciones; poseer una visión adecuada de las cosas; reali­zar buenas acciones; expresarse correctamente; esforzarse siempre en forma positiva; poseer un modo de vida correcta; tener buenos pensamientos; desarrollar la contemplación.

Para el budismo la vida humana está formada por cinco realidades fundamentales:

1.cuerpo material; 2. Sentimientos; 3. Percepciones, 4. El Karma y 5. La consciencia. Estas cinco cua­lidades conforman las Skandhas; y cada una de ellas por sí sola no constituye el alma (atman), la supresión de estas cinco cualidades se denominó el anatman; es decir “sin alma”; el budis­mo no concibe la transmigración del alma; es decir un viaje de ella sino que existe el “karma o destino individual” que se debe cumplir hasta el fin.

El Nirvana es el estado de iluminación en el cual desaparece el odio, la ignorancia, la carencia, la envidia y la necesidad.

Se trata de un desprendimiento de las cosas y de una orientación interior y personal con cuatro cualidades: amabilidad, compasión, alegría y ecuanimidad todo para ayudar también al prójimo; robar, usar un mal lenguaje, matar, consumir alcohol, los comportamientos sexuales indebidos no logran alcanzar el nirvana.

El karma como ya se dijo sigue el ciclo de las reencarnaciones y no se refiere solamente a sufrimiento del individuo por su situación económica, inteligencia, salud, belleza, sino es una ley. Los consejos del budismo siguen sus principios ya menciona­dos y tiene un gran consejo llamado el Rajagrha y el gran consejo de Vaisali en donde perma­necen los monjes quienes discuten las disciplinas, el papel de los laicos polemizan distintos puntos de la vida, otro consejo el Mahakasyapa, el de Pataliputra, el Kashimir.

El Dharma es un camino oscuro que cuando se entiende es fácil, no tiene ninguna forma, pero se manifiesta la soledad; no hay Dharma mientras se busque afuera, sino en el mundo interno; “el más os­curo abismo de la tranquilidad, es indudablemente lo que debe estremecernos”.

El texto fundamental es el Tripitaca, y existen 18 escuelas tradicionales.

Los Laicos tie­nen su devoción con reliquias, recitan fórmulas sagradas, cuentan con hechizos y medios mágicos para curar enfermedades y protegerse contra los malos espíritus, realizan ofrendas florales a las majestuosas estatuas de buda que compiten con la naturaleza, celebran cada año el cumpleaños de Buda con fiestas en donde se mezclan rituales.

El budismo actual acepta la convivencia con sistemas de pensamientos científicos y tecnológicos, y se defienden afirman­do que todas las religiones deben procurar el bienestar espiritual de las personas.

Hay monjes que se dedican a la tareas agrícolas, construcción de vías y viviendas, y no a la vida contemplativa; a la vez subsiste una tendencia del budismo a fraccionar sus comu­nidades y así ciertos rituales o procedimientos como el tantismo budista o llamado “vía del diamante” el cual consiste en ceremonias de iniciación para entrar al “círculo místico” y al encuentro del Mandala el cual representa el diagrama del mundo espiritual, en donde se pro­yectan las síntesis del hombre en el cosmos; así mismo se pronuncian “mantras o fórmulas sagradas” con ejercicios de mudras o reverencias con las manos. Estos últimos ejercicios provocan relajación a las tensiones internas.

Los budistas sufrieron persecuciones, pero pe­netraron en otras partes de China y Japón; sin embargo, se refugiaron en el Tíbet en donde se establecieron los “lamas tibetanos” en donde dirigen los monasterios y son reencarnaciones superadas.

El poder lo tiene el Dalai Lama encarnación budista.

Existe el “budismo zen” que provino de la India 520 d.C. originalmente del Japón y se centra en la meditación (Dhyana, es decir estado de consciencia).

El budismo Zen no es más que el mundo mismo y en él se respeta la plena realización y por lo tanto es ético y con principios filosóficos, con ejercicios mentales, las prácticas aisladas no conducen al Dharma, a la iluminación, más sí la meditación me­diante la intuición o Satori.

También el budismo Zen  se ha dividido en diferentes escuelas y piensa que no existe una sola teoría por perfecta que sea, y, la intuición puede contener una sabiduría que todo lo que se ha escrito en la historia del hombre.

Es un arte el budismo Zen es un arte para ver las naturaleza del ser, liberar las energías, hacer la contemplación silenciosa, acceder al camino de la iluminación, en los ciclos de la reencarnación, sin caer en los razonamientos intelectuales; es una sensibilización de la mente no racional para encontrar el bien y el mal.

Recomienda que los seres de gran carácter no deben perder el tiempo entregándose a discu­siones sobre el otro, el intruso, lo bueno, lo malo, la materia y la riqueza, a las palabras, a las actitudes, letras, frases, y más bien a salir de la dependencia y actuar con compasión para llegar a la iluminación y desaparecer en el Nirvana (allí todo se anula) y en el nirvana no hay conflicto. (Perry y Rengifo, p: 287-306, 2003).

Lea También: El Taoísmo, Creencias y métodos


14 “Considero necesario leer (no solamente informarse por encima de las cosas), obras antiguas que algunas consideran ‘demodé’; a mí personalmente me ha enseñado mucho el Quijote y la segunda parte de Fausto de Goethe. Cuando las releo, encuentro nuevas cosas que a lo mejor son cambios de mis propias interpreta­ciones. Esto me ha ocurrido también con ‘La Montaña Mágica’ y con ‘El Mundo de Ayer’ de Thomas Mann. Por eso y gracias a esas páginas que estoy comentando comenzaré a leer en estos días a Koestler en su libro “los sonámbulos” que trata sobre los pensadores que establecieron la cosmología, antes del advenimiento de Einstein, que le cambió de manera impresionante y por eso también releo a Platón y los Evangelios del Nuevo Testamento, no desde el punto de vista de una teología arcaica, sino desde el ángulo de la filosofía cuyas ideas muchas veces confirman iluminando al espíritu de los maestros y de generaciones anteriores”, (De Francisco, 2012).
15 El término “sunnita” viene de la voz árabe “suna” que significa costumbre; y el término chiita del árabe “chi’a” , los seguidores de Mahoma fue su yerno Alí y Fátima la hija de Mahoma.
16 “Este tema ya fue considerado en el capítulo VII: “Ciencia, Sociedad y Religión” y elaborado en la obra del autor “Ciencia, mitos y dioses”, (2004).
17 “El libro Dzyan es una meditación mística. La palabra Dzyan proviene de la palabra sánscrita Djian ‘me­ditación mística’ o ‘meditación’. ‘Dan’ en la fonética China y tibetana modernas es ‘Ch’an’, es el nombre que se adjudica a las escuelas exotéricas espiritualistas y a la literatura. ‘…Zyan debe ser una corrupción de una palabra sánscrita, ya sea “Janna”, conocimiento, o ya sea Dhyana ‘contemplación’. La palabra similar Shanna se define en los textos antiguos como un segundo nacimiento interno.
Sobre este tema de la cosmogonía y teogonía se ocupa las Estancias de Dzyan escrito en el antiguo idioma senzar (misteriosa lengua sacerdotal tibetana con caracteres ideográficos). Según HP Blavatsky, Dzyan es un sinónimo del japonés ‘Zen’ (de ahí el zen-budismo). Existen otras ortografías con respecto a Dzyan escritas Dzyn y Dzen.
Sin embargo, estas últimas palabras tienen la connotación de “obtener la iluminación”. Las palabras Dzan, Djan, Dzyan, Jana o Dhyana, no son otra cosa que la forma en que los cainas o incas denomi­naban a la Religión-Sabiduría. Estas palabras vienen del idioma desconocido y escrito ‘Senzar’.
Para algunos este idioma proviene de una expresión gráfica en un estado mental especial, para otros es un idioma intergaláctico por qué no se conocen sus orígenes e interrelaciones con otras civilización, a pesar de que tiene relación con los Incas en Sur América”, (Sánchez Medina, G., p: 418-419, 2004).
18 Aspirar el prana se realiza a través de la respiración con el Hatha Yoga e implica tocar meridianos que se estipulan en la medicina china, como la nariz en la acupuntura. Para los hindús la energía de los kundalini asciende a través de las “chakras” como vértice de energía que regulan el cuerpo energético; todo esto es posible que sea equivalente a la energía molecular de las hormonas y la inmunología.
En el caso de los ejerci­cios del Yoga es la confrontación o mejor el enfrentamiento de la persona consigo misma sin la participación del otro, más sí con un maestro que lo guía. De una u otra forma depende de cómo se respira y con el Yoga se ayuda a la respiración con esa técnica (prana yana), y con la posición del cuerpo (asana) o la posición de las manos (mudras) y la repetición de sonidos mantras. Todas estas creencias son tibetanas e hindús que lo heredaron los musulmanes con las suras y fueron transmitidos también a los dikr sufíes y luego emigraron a las oraciones cristianas y aún utilizando el silencio y las no acciones del taoísmo; la suspensión del juicio Epóche, la fe cristiana, la ya mencionada meditación shadana (tibetana hindú) y con el coam budismo zen y luego con el zen budismo y así sucesivamente. Al reflexionar sobre todas estas creencia del oriente, nos encontramos con las creencias divinas, los poderes de las divinidades, la construcción de creencias, rituales, ceremoniales, culturas, religiones, todas buscando la paz interna. Se recomienda al lector leer los textos del autor “Ciencia Mitos y Dioses”, (2004, pág. 415-446).
19 El kundalini es la energía vital que parte del centro coronario hasta el centro pudendo del sacro y coxis a través de la columna vertebral; sin embargo, conlleva también el conocimiento y se expresa en el maitauna en la misa tántrica ver pie de página los chakras.
20 “Los chakras” se entienden como centros de “energías psíquicas” y también como de “consciencia”. La energía fluye por los centros o se acumula como una corriente emocional; por ejemplo, en el plexo o “chakra solar” o “Manipura”. El “tercer ojo” o centro coronario es el brahamachakra que comanda al Yo y al “sí mismo” por medio del “anima” (animus) las que se ordenan y organizan para configurar el ser. Existe otro término en sánscrito que se refiere al “coito místico” llamado “maithuna” el cual se realiza en la “misa tántri­ca” en la que se bebe vino, se come cereal y se practica el “maithuna” con la compenetración psíquica en la que opera el fuego misterioso, despertado en la columna vertebral con el llamado kundalini. El “mahituna” es un acto de amor supremo diferente al sexual corriente; aquí participa la sacerdotisa con el amor mágico de los distintos chakras preparado para la muerte y la “resurrección” ; he aquí la necesidad del hombre de volver a vivir. El placer obtenido en el hombre no es el de la eyaculación del semen (el cual está prohibido que ocurra en estas creencias), sino es la visión a través del “tercer ojo”; el semen que se queda dentro, se invierte y es el encuentro consigo mismo; así hay un sincronismo. Estos son los conceptos provenientes del hinduismo y elaborados por Karl Gustav Jung. (Serrano, 1992).
21 “Es importante referirse a la epopeya el Mahabarata de la cual forma parte el Baghabad gita o el canto de lo divino que importaba a Gandhi en que la doctrina del karma está bien explicada. El Baghabad gita enseña la búsqueda de la Suprema Realidad: el Brahaman, a través del yoga del conocimiento. El mundo del hinduismo se enriqueció en el Siglo V a.C., con la aparición de Buda, este habló de cuatro verdades, que muestran que el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte son aflicciones iguales al adherirse a las cosas terrenales.
Que la reencarnaciones son el resultado del apegarse a lo material y que la extinción del deseo” es indispensable para separarse del mundo, mediante el óctuple sendero (no ocho verdades) las doctrinas y enseñanzas de Buda constituyen el Dharma y se expresan en cinco reglas, análogas al decálogo de la Biblia”, (De Francisco, 2012). Estas ideas se encuentran también en la obra “Ideas de vida y muerte” del comentarista Académico A. De Francisco Zea.
22 El término karma viene del idioma sánscrito que provino de la lengua hindú, a la cual se le llamaba sams­krata o zensar, lengua del sol, idioma de los poderosos; a diferencia del prakrit o prakarta lengua vulgar, esta lengua pasó al griego, latín, persa, gótico y céltico o a lo que se denomina proario, o lengua aria original. La palabra karma al descomponerla es “kar” “una” y “man” “otra”. Esta última partícula “man” significa hom­bre pensador que luego en inglés se escribe “man” y de ahí se derivó “mind”: mente, consciencia razonadora del pensador.
Téngase en cuenta que del mismo sánscrito se derivó el cóptico, hermético, el hebreo y griego antiguo, y ciertas sílabas latinas, con sus sonidos e idiomas, que correspondían a ideas y emociones; por ejemplo, la partícula sánscrita “kar”, la “k” es sinónima de aplicación o acción o movimiento humano; la “a” energía positiva de la divinidad y la “r” el origen divino de toda fuerza, es poder, el uno e indivisible; de ahí que “kar” es el poder creador del hombre y “man” el hombre pensador; y, karman significa literalmente ac­ción de la voluntad poder divino del hombre por medio del pensamiento y significa también acción de la voluntad humana sobre el pensador mismo; obsérvese de la raíz “kar” deriva la palabra “caeremonia” o ceremonia que significa acción simbólica; a su vez, el pensamiento humano es una energía que acciona y tiene reacciones, produce efectos sobre el mismo generador o pensador y el que piensa y el que le escucha.
La “ley kárnica” se basa estrictamente en la justicia cósmica que produce el equilibrio y el orden; por lo tanto, todo pensamiento producía efectos que recaían en el pensador; y, el karma pertenecería a la ley de causalidad causa-efecto con su compensación equilibrada, ajustada matemáticamente a su causa primaria
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