Ciencia y Religión

Las dos visiones ciencia y religión se encuentran en el principio y fin del hombre, en la vida y en la muerte; y, cuando el ser se enfrenta al temor, al miedo y ansiedad ante lo des­conocido, la nada, la destrucción, el fin y/o a los procedimientos que pueden provocar el éxito o fracaso del ser en el mundo, provocando incertidumbre; es también cuando aparece la tendencia a encontrar los principios de causalidad, en esas dos grandes vertientes: ciencia y religión, las cuales a la vez, se supone nos produce una esperanza de salvación y de no sucumbir ante la culpa, el castigo con la muerte. Recuérdese aquí cómo en los hinduismo y budismo surgió el concepto de transmigración de las almas o reencarnación para no morir, o en el cristianismo la resurrección de los muertos (las almas) y la vida eterna. Aquí nos podemos preguntar si ciencia y religión son conciliables, puesto que sociedad y religión son compatibles y complementarias. Podría decirse que la ciencia y religión una y otra estudian el origen del universo, la vida y el hombre, los cuales en ciertos momentos, se encuentran en campos diferentes he ahí dos visiones que pueden ser contrapuestas, (49).

En realidad ciencia y religión son dos visiones del mundo; la primera es el hombre en y en el universo y la segunda es el hombre con Dios. Existen tres enfoques distintos de estu­diar estos fenómenos ciencia y religión: uno el filosófico epistemológico y el otro histórico, sociológico y el tercero el cosmológico. Entiéndase aquí que este estudio se inicio miles de años atrás con el estudio de la astronomía y de la misma historia con reflexiones filosóficas para establecer relaciones entre los fenómenos sociales, la religión y la ciencia. Recuérdese aquí las visiones de Copérnico, Galileo y Darwin (mecanismos de la selección natural de las especies) y actualmente las de Einstein y todos sus seguidores en donde se cuestionan la necesidad o no de la creencia en Dios para explicar todos los fenómenos de la naturaleza y el origen del universo, la vida y el hombre.

Todavía no hemos encontrado una respuesta y los caminos científicos filosóficos y teoló­gicos no han confluido en uno solo, sino existen fronteras porque cada uno tiene sus plantea­mientos, sus preguntas, las cuales en ocasiones cruzan las fronteras de sus disciplinas. Por su parte, pensemos que el universo es eterno y cambiante, nace, se desarrolla, muere y vuelve a nacer, lo mismo que le ocurre al ser humano en la prolongación de la especie, (50).

Conocemos por su parte como la ciencia trata de comprender no solo la naturaleza del mundo material, sino también de la antimateria, de la energía o función de onda de la física cuántica en donde está o puede estar lo espiritual que aparece como un misterio.

Obsérvese cómo en las diferentes escrituras aparecen metáforas, simbolismos, en toda la mitología sobre la génesis de la creación del universo, especialmente de la tierra constru­yéndose una creencia con el pensamiento mágico y, por otro lado el pensamiento científico, el cual deduce con el llamado naturalismo deductivo, todo el desarrollo de nuestro ser en el mundo. A todo esto hay que agregar que la ciencia es construida por los científicos, los cuales están imbuidos no solamente con su pensamiento científico, sino por su moral, ética y reli­gión, la que tiene una herencia de siglos y aún milenios, (51).

Lo que sí es necesario tener presente es que la ciencia debe tener su ética, más no volverse una religión, ni ésta última volverse una ciencia de la naturaleza. La ética no pertenece solo a las ciencias aplicadas o a la tecnología y a la genética, sino a toda una actividad científica en la que se incluye la física clásica en general y la cuántica en especial. He aquí cómo se abre el abanico de posibilidades y de consideraciones con respecto al pensamiento moral o ético, o religioso en la ciencia, sin excluir el camino de la realidad del pensamiento científico. Aquí nuevamente esa gran amplitud y reflexión entre los dos campos. Vale la pena aquí mencionar cómo existe el pensamiento que surge de la relación del mundo interno con el externo (el am­biente, la sociedad, la cultura, las costumbres, los hábitos); así se llega paulatinamente al pen­samiento científico, con el proceso secundario lógico; en cambio en el pensamiento mágico participa el proceso primario irracional o ilógico, los prejuicios y la ignorancia. De una u otra manera, el hombre en la sociedad busca los principios de causalidad y las respuestas vienen acompañadas de interpretaciones con interrelaciones para despertar los métodos inductivos y deductivos no sin participar en estos y en cierta medida el pensamiento mágico, el cual es prelógico, inconsciente y primitivo, (Monserrat, 2010), (52).

Desde finales de los años 80 del siglo pasado (XX) ha venido apareciendo algunas publicaciones con títulos como “Dios y la nueva física”, del físico Paul Davies (1988), o “Dios y la ciencia” (1991), del filósofo Jean Guitton en colaboración con los astrofísicos Grichka e Igor Bogdanov, (53). Estas obras hacen una interrelación entre ciencia y reli­gión. En 1994 aparece el libro de Frank Tipler “La física de la inmortalidad” (1994), en el cual hay un formulismo matemático que sustenta las hipótesis sobre el Bing bang y el Big crunch (diástole y sístole del universo). Más aún, el canadiense Robert Sawyer publi­ca en el año 2000 una novela llamada “Calculating God” en que demuestra la existencia de Dios desde el punto de vista matemático. Este escrito contradice el de Tom Jericho, paleontólogo ateo. De una u otra manera, muchos científicos de diferentes áreas debaten todavía acerca de la existencia o inexistencia de Dios. Inevitablemente llegan al punto discutido anteriormente sobre “la fe y la revelación” (yo agregaría y el conocimiento), y con ello ponen de manifiesto que es imposible llegar a cualquier conclusión objetiva sobre la existencia de un ser supremo con conciencia humana. Hablan más bien de las ya nombradas “fuerzas cósmicas y sus leyes”, que nos hacen pensar en el concepto de Dios, (54).

Actualmente existen diversas publicaciones con respecto a la creencia, a la ciencia y a Dios, entre algunas de ellas están: “El código del universo” de Heinz Pagels; “El proyecto cósmico” del físico matemático Paul Davies; “Investigación y ciencia” de Da­vid Z Abert; el libro ya nombrado “Dios y la ciencia” de Jean Guitton; y los estudios de Freman Dyson profesor de física en Princeton, sobre Azar. Todas estas obras nos llevan a la consideración de la explicación sobre el origen del universo por fuerzas aleatorias impersonales, es decir, de una fuerza o concepto que llamamos Dios.

Hay que tener en cuenta cómo los matemáticos nunca han tenido éxito al dar una definición matemática de lo aleatorio, porque esto último no es matemático y la mate­mática es anti aleatoria y sólo lo puede ser en la posibilidad de mayor o menor, como otra probabilidad. Así mismo el título de “azar” no es sino una negación científica o una forma de tapar la ignorancia. Cuando el científico desconoce las causas de algo lo llama azar; así Freman Dyson escribe cómo: “…la idea de azar es sólo un disfraz de nuestra ignorancia”.

Científicos y filósofos han querido llegar al último punto con respecto al sentido de por qué y para qué estamos en este mundo, mientras los teólogos tienen la respuesta en Dios; sin embargo, pensar que creer en Dios puede ser irracional, más cuando nos pren­demos de la ciencia para no tener la posibilidad de creer en Dios y así no creer en nada, es otra factibilidad; he aquí, la dualidad creer o no creer en la fuerza divina Dios. Aquí nuevamente podemos caer en la ciencia idolatría o en la ciencia como Dios; de tal ma­nera, hacemos un puente racional. Podemos preguntarnos ¿es Dios racional o irracional? La respuesta es ambigua, porque ambas posibilidades existen, porque dependen de la creencia, de la fe y del concepto, además del sentido de la vida que la da el hombre a su existencia, consciencia y creencia; sin embargo, puede que la ciencia en el futuro, for­mule sentidos de por qué y para qué estamos aquí; por ahora, estamos por y para hacer, y existir en la vida. He aquí también un determinismo no bien conocido, (55).

Albert Einstein: “Mis ideas y opiniones”, (sobre religión y ciencia)

Ahora relato un anécdota ocurrida el 14 de Julio del año 2012, cuando mi en­trañable amigo Académico Honorario de la Academia Nacional de Medicina Adol­fo De Francisco Zea, me trajo un aparte del escrito de Albert Einstein en su libro: “Mis ideas y opiniones” (Bon Ton Barce­lona, 2000), en la parte “Sobre religión”, y en la página 32 el escrito: “Religión y ciencia”, publicado el 9 de noviembre de 1930; a estos textos le siguen los de “El espíritu religioso de la ciencia”, escrito en Ámsterdam en 1934; “Ciencia y re­ligión” parte I y II de un discurso pro­nunciado en el Seminario Teológico en Princeton, el 19 de mayo de 1939 y publi­cado en “Out of my later year”, Nueva York, Philosophica Library 1974 y la parte II de “Ciencia, filosofía y religión” Simposio publicado en la conferencia de ciencias filosofía y religión en su relación con el camino de la vida democrática, en Nueva York en 1941; “Religión y ciencia irreconciliables”; esta es una respuesta a una felicitación enviada por el Liberal Ministers’club de la ciudad de New York, publicada en The Cristians Register , Junio 1948; y, por último “La necesidad de una cultura ética” correspondiente a una car­ta leída con motivo del 75 aniversario de la Ethical Culture Society, Nueva York, Enero 1951, Publicado en Mein Weltbild, Zurich, Europa Verlag, 1953.

Albert EinsteinFigura 26. Albert Einstein. Ref. Tomado de www.nobelprize.org/nobel…/einstein-bio.html 

Estos escritos los he leído varias veces y obviamente en el estudio me surgieron varias reflexiones deteniéndome en la importancia de tener presente textualmente los pensa­mientos de Einstein que surgieron en el año 1930, 1934, 1941, 1948 y 1951 cuatro años antes de su fallecimiento en Priceton New Jersey USA. Voy a traer una transcripción y cierta síntesis de sus ideas con respecto a la temática, que ahora nos acompaña, partiendo según él de cómo “la especie humana se relaciona con la satisfacción de necesidades profundamente sentidas… con el propósito de mitigar el dolor”.

Einstein parte del “hecho y pensado de la especie” para llegar a “la experiencia de lo religioso”, en donde “están las emociones más variadas”. Piensa Einstein que es de “te­ner… en cuenta… comprender los movimientos espirituales…”; y “cuáles son los senti­mientos y las necesidades que han llevado al hombre al pensamiento religioso y a creer… en la experiencia religiosa”. El pensamiento einsteiniano lo llevó a escudriñar sobre “el hombre primitivo y su miedo al hambre”, a los “animales salvajes”, a la “enfermedad, a la muerte”; a la vez, “la existencia del ser humano fue desarrollándose lentamente para la comprensión de las conexiones causales,… el pensamiento humano crea seres iluso­rios más o menos análogos… cuya voluntad y acciones dependen… los acontecimien­tos… ejecutando actos y ofreciendo sacrificios…”; la religión sería mediadora mediante el pueblo y los seres que temen y que están sujetos a “una hegemonía… un caudillo o dirigente o una clase privilegiada cuya posición se apoya en … factores … confusiones, sacerdotes con autoridad… o hacen causa común con la casta sacerdotal para defender sus intereses”.

El pensamiento de Einstein continúa cómo “los impulsos sociales cristalizaron en la religión de las grandes comunidades humanas, mortales y falibles”; a la vez el “deseo de guía, de amor y de apoyo; empuja… a crear el concepto social, moral de Dios. Este es el Dios de la providencia, que protege, dispone, recompensa y castiga… el que consuela la aflicción y da el anhelo insatisfecho;… custodia el alma de los muertos. Esta es la concepción social o moral de Dios”.

Para Einstein en las sagradas escrituras “predomina la religión de la moral y es común a todos los tipos de religiones, el carácter de antropomorfismo en la concepción de Dios; consiguiéndose un concepto idealista en una experiencia religiosa a la cual le llama “sentimiento religioso cósmico” sin “una concepción antropomórfica(56).

El individuo siente la inutilidad de los deseos y los objetivos humanos y el orden sublime y maravilloso que revela la naturaleza y el mundo de las ideas. La existencia individual que parece una especie de cárcel y desea experimentar el universo como un todo único y significativo. Los inicios del sentimiento religioso cósmico aparecen ya en una etapa temprana de la evolución; por ejemplo, en varios de los salmos de David y en algunos salmos de los profetas. El Budismo como hemos aprendido gracias sobre todo a las maravillosas obras de Schopenhauer, tienen un sentido… y sentimiento cósmico”. Aquí pienso que cuando se da esto sentimiento cósmico, el Yo renuncia a parte de sí por el todo, por todos y el todo, lo que implica el conjunto colectivo cosmológico y que sig­nifica una armonía, un orden; o lo que los hinduistas y budistas pretenden en cierta forma significar con el término Dharma que es la esencia de las cosas que incluye el principio y el fin, la cualidad esencial viviente, la obra o ciencia de Dios, con instrucciones sobre la moralidad, la misericordia del señor como única basada de principios en Upanishad y tie­ne toda una serie de enseñanzas que “ofrece a la persona otra vida con menos sufrimien­to” y errores y admite el proceso de transmigración lo cual incluye la muerte. (Sánchez Medina, 2004), también los taoístas con el concepto del ying yang o felicidad y éxtasis místico que no ha sido explorado por la ciencia.

Volviendo al pensamiento de Einstein, piensa él sobre “los genios religiosos de todas las épocas” con un “sentimiento religioso especial que no conoce dogmas ni un Dios con­cebido a imagen del hombre”; cita a ateos, santos y en especial a Demócrito, Francisco de Asis y Spinoza. Sigue Einstein preguntándose: “¿cómo puede comunicar y transmitir una persona a otra este sentimiento religioso cósmico… si este no puede engendrar ninguna noción definida de un Dios o una teología?”.

Responde: “… la función más importante del arte y la ciencia es despertar este senti­miento y mantenerlo vivo en quienes son receptivos a él”. Así piensa que se llega a una con­cepción histórica y a considerar “la ciencia y la religión antagónicas irreconciliables…” cuando el ser está “… imbuido de la aplicación universal de la ley de causalidad… que no puede … aceptar la idea de un ser que interfiera en … los acontecimientos…; no tiene sentido la religión del miedo… un Dios que premia y castiga… por la simple razón de que las acciones del hombre viene determinada por las necesidades externa e interna, … que no puede ser responsable, a los ojos de Dios”. Continúa Einstein “se ha acusado… a la ciencia de socavar la moral…, acusación injusta. La conducta ética… debería basarse en realidad en la compasión, la educación y los lazos y necesidades sociales; no hace falta ninguna base religiosa. Triste sería si el hombre tuviese que contenerse por miedo al castigo o por la esperanza de una recompensa después de la muerte”.

Para Einstein el “sentimiento religioso cósmico es el motivo más fuerte y más noble de la investigación científica”. Aquí yo me preguntó ¿por qué vive, para quién y para qué trabaja el hombre? La respuesta después de múltiples reflexiones me conduce al pensar que, el ser es, vive y proviene de la humanidad y para la humanidad, para servirla; dar lo que se piensa y se hace para el bien; esto es una necesidad profunda con el objeto o meta de fusionarse el “Yo con el nosotros”, y ser parte del Todo con una consciencia colectiva universal o cósmica y con ello con el sentimiento de plenitud y paz.

Sigue Einstein en sus ideas refiriéndose a “la fe en la racionalidad del universo” y “al anhelo de comprender, débil reflejo de la razón…” y cita a Kepler y Newton “en su trabajo solitario a desentrañar los principios de la mecánica celeste”. Termina Einstein diciendo: “es el sentimiento religioso cósmico lo que proporciona esa fuerza al hombre”, “…en esos tiempos materialistas… la única gente profundamente religiosa son los inves­tigadores científicos serios”.

En el siguiente escrito: “El espíritu religioso de la ciencia” (1934) Einstein inicia diciendo: “difícilmente encontrareis entre los talentos científicos… uno solo que carezca de un sentimiento religioso propio”; para él la “religiosidad del lego… Dios es un ser de cuyos cuidados espera beneficios o castigos a los cuales teme”.

Para Einstein “el científico está imbuido del sentimiento de la causalidad universal…” y “… el futuro es… inevitable y determinado como el pasado. En la moral no hay nada divino; es un asunto… su sentimiento religioso adquiere la forma de un asombro exta­siado ante la armonía de la ley natural, que revela un inteligencia de tal superioridad que comparados con ella, todo el pensamiento… y acciones de los seres humanos no son más que un reflejo insignificante. Este sentimiento es el principio rector de su vida y de su obra, en la medida en que logre liberarse… del deseo egoísta”.

En su discurso del 19 de mayo de 1939 titulado “Ciencia y religión” se refiere al “conflicto entre ciencia y la fe y al conocimiento de las mismas, a las creencias que no se apoyan en el conocimiento y catalogan como supersticiones y por lo tanto abría que combatirlas”. “según esta concepción, la educación tenía como única función la de abrir el camino al pensamiento y al conocimiento y… a la educación del pueblo que… debía servir exclusivamente a este fin”.

Aquí hace referencia a cómo “las tesis hay que exponerlas en forma nítida y conci­sa si uno quiere aclarar las ideas respecto a la naturaleza”; “… cualquier convicción debería basarla en la experiencia y en el razonamiento claro…”; “… concepciones que son inevitables y que determinan nuestra conducta y nuestros juicios, no pueden basarse únicamente en éste sólido procedimiento científico”; “… el método científico sólo no puede mostrarnos cómo se relacionan los hechos entre sí y cómo están mutuamente rela­cionados. El anhelo de alcanzar este conocimiento objetivo pertenece a lo más elevado de qué es capaz el hombre…”. “Es… evidente… que el conocimiento de lo que es (57) no abre la puerta directamente a lo que debería ser. Uno puede tener el conocimiento más claro y completo de lo que es, y no ser capaz… de deducir de ello lo que debería ser el objetivo”. “El conocimiento objetivo nos proporciona poderosos instrumentos para lograr ciertos fines, pero el objetivo último en sí y el anhelo de alcanzarlo deben venir de otra fuente”; “… no creo que haga falta… defender la tesis de que nuestra existencia y actividad solo adquiere sentido por la persecución de un objetivo y de valores correspon­dientes. El conocimiento de la verdad… es maravilloso pero su utilidad… es tan escasa que no puede demostrar si quiera la justificación y el valor de las aspiraciones hacia ese conocimiento de la verdad…”; “nos enfrentamos… a los límites de la concepción puramente racional de nuestra existencia”. Aquí pienso que es la necesidad de conocer, comprender, saber, tener concepciones y de ahí la curiosidad como lo postulara la psicoa­nalista Melanie Klein en el instinto epistemológico.

Sigue Einstein refiriéndose a “el pensamiento inteligente, a la comprensión, a los me­dios útiles para conseguir ese fin, a la inteligencia” y a cómo “el mero pensamiento no puede proporcionarnos un sentido de los fines últimos y fundamentales”; “… estos fines y estas valoraciones… en la vida emotiva… me parece completamente la función más importante de la religión en la vida social del hombre”. Sin embargo, “fines y fundamen­tos” “no pueden sementarse y justificarse únicamente en la razón, solo cabe decir: son, en una sociedad sana, tradiciones poderosas, que influyen en la conducta, en los anhelos y en los juicios de los individuos… y están como algo vivo sin que sea necesario buscar una justificación de su existencia… la cual adquieren… no a través de la demostración sino de la revelación, por intermedio de la personalidad vigorosa”. Aquí entiendo cómo Einstein pensaba que lo expresado por una “persona de vigor” (poder) psíquico e intelec­tual daba la autoridad, credibilidad y existencia al concepto. Entiéndase aquí sus mismos conceptos, así como aquellos que profirieron las ideas religiosas.

Más adelante Einstein hace referencia a cómo en el lenguaje religioso aparece que “todos somos hijos de un solo padre”; sin embargo “en realidad ni siquiera la diviniza­ción del género humano, como una totalidad abstracta, correspondería al espíritu de ese ideal. Sólo posee alma el individuo”. Aquí entiendo que Einstein no aceptaba el alma co­lectiva. Sigue Einstein expresando cómo “si uno examina la sustancia y olvida la forma puede considerar estas palabras expresión… de la actitud democrática fundamental. El verdadero demócrata no puede adorar a su Nación lo mismo que no puede hombre que es religioso”.

Sigue Einstein planteando que la “función de la educación” es formar al espíritu en los principios fundamentales, sin embargo, “… la humanidad civilizada se halla en la actua­lidad en grave peligro. En los estados totalitarios son los propios dirigentes quienes se esfuerzan en destruir el espíritu de la humanidad… y el nacionalismo y la intolerancia, y la opresión… por medios económicos, pretenden asfixiar… las tradiciones”; “los inte­lectuales tienen consciencia de la gravedad del peligro y buscan… medios de combatirlo en el campo del a política nacional e internacional…”; “… los antiguos sabían algo que nosotros parecemos haber olvidado. Todos los medios resultan ser instrumentos inútiles, si… no hay un espíritu vivo…; mas si vive el anhelo de lograr el objetivo… no nos faltará fuerza para hallar los medios”, (Einstein, 1930).

En la segunda parte de su discurso sobre Ciencia y Religión” Einstein se refiere a lo que se entiende por ciencia la cual es “… agrupar por medio del pensamiento sistemático los fenómenos perceptibles de este mundo…intentar una reconstrucción posterior de la existencia a través del proceso de conceptualización”. Para él, no es tan fácil decir qué es la religión, ni unificar los pensamientos con los de la ciencia, más sí lo que caracteriza a la persona religiosa, y, según él, es la que “se ha liberado en la medida máxima de su capacidad de los deseos egoístas y está entregada a pensamientos, sentimientos, y aspi­raciones… por el valor supra personal que posee”; “… una persona religiosa no tiene duda alguna de la significación y elevación… y objetivos supra personales…”; “… la religión es la vieja tentativa de alcanzar clara y completa consciencia…”; “…resulta im­posible un conflicto entre religión y ciencia, porque la ciencia solo puede afirmar lo que es, pero no lo que debería ser…”. “La religión… aborda valoraciones de pensamientos y acciones… y no… de datos y relaciones entre los mismos”. “Surge el conflicto cuando la comunidad religiosa insiste en la veracidad absoluta de las afirmaciones contenidas en la Biblia…y… la lucha contra la doctrina de Galileo y Darwin…”; “… la ciencia intenta llegar a juicios fundamentales basándose en el método científico…”; “…los campos de la religión y la ciencia están diferenciados…;… la ciencia solo puede crear objetivos… para alcanzar la verdad y comprender”; “…el sentimiento brota de la esfera de la reli­gión y pertenece a ella la fe…”. “No puedo imaginar que haya un verdadero científico sin esta fe profunda…: la ciencia sin religión está coja, la religión sin ciencia está ciega.

Para Einstein “el concepto de Dios pertenece… a la etapa juvenil de la evolución espiritual del género humano…. El hombre procuraba influir la actitud de los dioses a favor propio, con la magia y la oración. La idea de Dios… es una sublimación de aquel antiguo concepto de los dioses… el hecho de que los hombres apelen al ser divino con oraciones y súplicas satisface los deseos”. “Nadie negará…la idea de que exista un Dios personal, omnipotente, justo y misericordioso y pueda proporcionar al hombre solaz, ayuda y guía… virtud,… sencillez,…”.

Sin embargo se pregunta Einstein “¿todas las acciones… pensamientos… sentimientos y aspiraciones son obra suya? de Dios; ¿cómo es posible pensar que los hombres sean responsables de sus actos y pensamientos ante tal ser todo poderoso?. Al administrar premios y castigos, estaría en cierto modo juzgándose así mismo. ¿Cómo conciliar esto con la bondad y la rectitud que se asignan?”.

El conflicto entre religión y ciencia estaría en la realidad del concepto de Dios perso­nal puesto que la ciencia establece normas, conexiones, “recíprocas de objetos y aconte­cimientos en el tiempo y en el espacio”, las cuales exigen validez absoluta establecién­dose así leyes; sin embargo existen múltiples factores que intervienen en los fenómenos y “resulta imposible predecir con exactitud por ejemplo en la meteorología el tiempo que va a ocurrir; además hay que pensar en la herencia, en los efectos tóxicos, por ejemplo del alcohol, en la conducta de los seres humanos”. Aquí Einstein concluye cómo “la ciencia no refutará nunca en el sentido auténtico la doctrina de un Dios personal que interviene en los acontecimientos naturales; ésta doctrina siempre puede refugiarse en aquellos campos en los que aún no ha sido capaz el conocimiento científico”. Agrega Einstein: “… una doctrina que no sea capaz de mantenerse a la luz sino ha de refugiarse en las tinieblas, perderá inevitablemente su injerencia sobre el género humano… y los profesores… deben tener talla suficiente para prescindir de la doctrina de un Dios per­sonal… y abandonar esa fuente de miedo y esperanza…” y la vez “tendrán que valerse… de las fuerzas capaces de cultivar el bien, la verdad y la belleza”.

“… Los objetivos de la relación es el de liberar al máximo al ser humano de las ata­duras de los temores, deseos y anhelos egocéntricos; el racionamiento científico puede ayudar a la religión también en otro sentido con elementos conceptuales… búsqueda de la unificación racional mediante la comprensión… alcanzando una actitud humilde ante la grandeza de la razón encarnada en la existencia”; “… la ciencia no solo purifica el impulso religioso de la escoria del antropomorfismo, sino contribuye también a una espi­ritualización religiosa de nuestra visión de la vida”; “cuando más progrese la evolución espiritual… más cierto me parece que el camino que lleva a la verdadera religiosidad pasa, no por el miedo a la vida y… a la muerte y a la fe ciega, sino a la lucha en pro del conocimiento racional”.


49 “Existen dos visiones diferentes, pero no contrapuestas, del hombre. La visión de la Fe, de la religión; y la visión de la Razón y de la ciencia. La planteó para el Siglo XX Juan Pablo II en su encíclica ‘Fides et Ratio’, que constituye una postura nueva de acercamiento que sigue al Aggiornamiento de Juan XXIII y a la constitución de ‘academias de ciencias’ en el Vaticano como la de Pablo VI (tres papas modernos para nuestro tiempo)”, (De Francisco, 2012)

50 “Hay cambios favorables evidentes que hoy permiten discutir sobre religión y ciencia partiendo de puntos que no son antagónicos. En el campo de la Fe religiosa, esto comenzó a establecerse y aceptarse la libre interpretación de la historia, que introdujo los conceptos lingüísticos de metáforas como elementos expli­cativos aceptables por la misma iglesia. La nueva interpretación histórica de la Biblia fue un verdadero avance. No ha ocurrido esto con el Corán islámico que sus seguidores deben seguir ‘ad pedem literae’ lo que fácilmente los lleva a la violencia dadas las características belicosas del profeta Mahoma. Otro estudio que hoy acepta la Iglesia es el de las formas literarias de distintos libros de la Biblia que facilitan su datación y el sentido de sus versículos. Finalmente la aceptación de Darwin y la evolución que hizo reinterpretar todo el Pentateuco y ahora se utiliza también en la Exegesis del Nuevo Testamento (Darwin y todo lo que escribió en estos párrafos).

Infortunadamente el lado reaccionario de la Iglesia ha disminuido los logros del Concilio Vaticano II y los ortodoxos insisten en mantener sus antiguas posiciones. Sin embargo, el pensamiento de Rahner, Küng, Schilebeck y otros está ya bien consolidado y la Iglesia duda mucho en calificarlos como herejes; los obs­taculizan, claro está como en Colombia al Padre Llano, pero no impiden que publiquen y divulguen sus libros”, (De Francisco, 2012).

51 “Hay muchos científicos actuales, especialmente físicos y estudiosos de la física cuántica que pertenecen en EEUU a sus diversas confesiones protestantes y acuden a sus servicios dominicales; siguen al mismo tiempo su ciencia y su religión o mantienen un ‘sentimiento religioso’, muchas veces heredado para el cual no hay razón, por lo cual no hay razón por lo que no se pueda ser científico aceptando principios religiosos como la existencia de Dios y la ética de las confesiones religiosas”, (De Francisco, 2012).

52 “Se puede elaborar más la idea del mundo interno de cada cual, que es bien respetable; cada cual busca inconscientemente hacerla compatible con el mundo exterior en el que vive o ejerce su profesión, con todos sus conocimientos de las ciencias físicas o históricas. No me es posible concebir como ideal de los seres humanos tenerlos como esquizofrénicos divididos en dos o fragmentados todavía más. Vuelvo a acentuar lo que para mí es más importante y válido: el sentimiento religioso bien cimentado que difiere de la fe del carbonero en dogmas religiosos. No se necesita ser súper especialista en los temas sino englobar lo que hemos adquirido con la reflexión atenta, que satisfaga nuestras necesidades intelectuales y espirituales. Si así lo hacemos no irrespetamos a los que piensen diferente porque sería irrespetarse a nosotros mismo”, (De Francisco, 2012). Pienso que aquí el lector debe hacer una pausa y estar listo para encontrarse con el pensamiento de Einstein respecto a todos estos temas que a continuación va a aparecer al terminar esta parte de la obra, (GSM).

53 “El libro de Jean Gilson ‘Conversaciones con Pablo VI’ me ha servido para aclarar mis pensamientos”, (De Francisco, 2012).

54 “Aquí deberíamos preguntarnos más bien sobre ¿qué es Dios para cada cual? La justicia, como lo era para Sócrates o el Dios antropomorfo de un campesino”, (De Francisco, 2012). Aquí pienso y ¿cómo es Dios para un científico físico-químico, matemático, cosmólogo o psicoanalista? La respuesta es que cada cual tiene sus propias convicciones; sin embargo, es mejor siempre quedarnos cuestionándonos sin pretender que lo sabemos todo o refugiarnos en el todo imposible, (GSM).

55 “Vuelvo a lo mismo: el concepto de Dios para uno u otros es diferente. ¿Cómo se puede pretender que exista el mío y no el tuyo?”, (De Francisco, 2012).

56 La negrilla y comillas son mías

57 La negrilla mía

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