El Apocalipsis de San Juan

El término “apocalipsis” viene del latín apocalypsis y este del griego Aποκάλυψις Iωάννου [Apokálypsis Ioánnou]. Este término se refiere al último libro Canónico del Antiguo Testamento que contiene las revelaciones escritas por el Apóstol San Juan, referentes en su mayor parte al fin del mundo. Este término también tiene un significado misterioso, oscuro y enigmático, a la vez que terrorífico que amenaza o implica la devastación y el fin. El libro en mención se le atribuye a San Juan y también se le da el nombre de “apocalipsis de Jesucristo” y al cual se le da el carácter exclusivamente profético a pesar de que está escrito simbólicamente. Históricamente hay que hacer constar que el discípulo, de Jesucristo Juan, fue desterrado a la isla de Patsmo en el mar Egeo y al cual también se le atribuye el cuarto evangelio y las tres cartas. Sin embargo, también se ha atribuido que pertenece a un comunidad denominada “Juanina” fundada e influenciada por él y que se le asignó como autor a San Juan para darle renombre y una tradición. Aquí es necesario hacer hincapié cómo este escrito fue realizado a finales del Siglo I y principios del II, durante las persecuciones romanas contra los cristianos durante el emperador Domiciano cuando eran obligados los judíos y cristianos, por los emperadores romanos, a adorar las estatuas de sus dioses incluyendo los césares que se proclamaban señor de señores hijos de Dios y que al negar hacerlo eran severamente castigados, (igualmente había ocurrido en Mesopotamia, Egipto, Perú y México).

Históricamente en los años 30 muere Jesús y en los años 60 Simón, Pedro y Pablo de Tarso; en los 70 es destruido por los romanos el templo de Jerusalén con la expulsión de los judíos. En los años 90 aparece escrito el Apocalipsis. El libro del Apocalipsis es el más controvertido y difícil de la Biblia con múltiples y posibles interpretaciones en los significados de eventos, nombres y símbolos; así hay partidarios y adversarios de la canonicidad. En Asia el obispo de Sardes Meliton, reconoció la apocalipsis de Juan en el Siglo IV, y, en Galia Ireneo de Lyon le dio toda la credibilidad o autoridad. En África Tertuliano lo citó sin dudar; en Roma el obispo Hipólito hizo lo mismo; de igual manera, en Alejandría Clemente y Orígenes Atanasio obispo de Alejandría. En el año 382 d.C., fue confirmado en el concilio de Hipona y luego en Cartago en el 397 d.C. De todas maneras, existen adversarios como el romano Cayo, del Siglo III, y Dionisio obispo de Alejandría discípulo de Orígenes; algunos de ellos pensaban que Corinto fue el autor de la Apocalipsis, y así sucesivamente han habido algunos a favor y otros en contra argumentando que cuando se escribió el Apocalipsis Juan ya no existía. En el Siglo IV Juan Crisóstomo argumentaban sobre la posibilidad de incluir el libro en el Nuevo Testamento y en el Siglo IX fue incluido como Apocalipsis de Pedro, y Martín Lutero lo consideró, que no era ni apostólico ni profético.

De todas formas es un escrito antiguo con una lectura literal, como ya se enunció simbólico, con enfoques hacia la interpretación que lo expone y a una revelación con un nivel histórico, con crisis de sucesos, pasajes particulares cristianos que llevan implícitos mensajes, y además fue escrito en griego.

Existen distintas escuelas de interpretación: La preterista que identifica los personajes del libro como históricos de la época. La idealista la interpreta como una alegoría del “combate espiritual entre el bien y mal”. La futurista con distintos personajes como la identificación de las bestias conectada con Napoleón Bonaparte, Hitler o Stalin y otros; he aquí una interpretación simbólica; la historicista en que se expone el plan maestro de Dios para la historia.

Según Vanni (1982) puede actualizarse esos datos a la época actual; así Roma puede asociarse con una ciudad dominadora, consumista, pagana, mundialmente turística y globalizada. De todas formas hay una facilidad de hacer una interpretación catalogada como con visos de predicción o con una visión exotérica y propia de las iglesias católicas, ortodoxa, anglicana o mormona.

La estructura de las visiones de Juan el evangelista, pueden conectarse con las del apocalipsis en cuatro partes: la primera de introducción y cartas a la iglesia en que hay una salutación e inclusión a toda la iglesia como si fuera una “epístola”. La segunda el cordero, los siete sellos y trompetas; esto también es una forma se definirse frente al judaísmo. La tercera el dragón y el combate; la historia se vuelca en un combate cósmico para explicar el sentido de la historia y simboliza el enfrentamiento de los primeros cristianos con el imperio romano. La última la cuarta, la nueva Jerusalén, como una despedida; al final del libro sería la esperanza que guía a todo el libro.

El libro presenta diferentes secciones diferenciadas en que los símbolos cambian; por ejemplo, introducción y presentación en donde aparece “…el hombre de larga túnica cuyos cabellos eran blancos. En su mano tenía siete estrellas y de su boca salía una espada de doble filo…” se interpreta como a “Cristo resucitado”. El mensaje a las iglesias “a siete comunidades”, que terminan con un reto y la “expiación para vencer”. Las teofanías de Dios del Antiguo Testamento (zarza ardiente, monte Sinaí, vocación de Isaías y visión de Ezequiel del rio Quebar), el cordero como único que es capaz de entender el principio del designo de Dios y abrir el libro de los siete sellos. Los siete sellos y los cuatro jinetes del apocalipsis que llevan diferentes plagas a la humanidad; en la apertura de cada sello se desarrollan también visiones de cataclismo naturales que concluyen con el juicio final. Las siete trompetas, en esta se anuncian catástrofes, el surgimiento de la primera bestia. El dragón y las bestias; el dragón combate con una mujer que da a luz un niño y convocan a dos bestias que lo sirven: los vencedores, del dragón y las bestias que están de parte del Cordero. Las siete copas, se habla aquí de catástrofes y de la batalla final en el lugar llamado Armagedón. La prostituta y la caída de Babilonia, se refiere a la prostituta que viene de Babilonia y está al lado de las bestias y el dragón, pero es vencida por Cristo en un caballo blanco y , los dos personajes anteriores: bestia y dragón son capturados y echados al fuego. La derrota representa una victoria reuniendo todas las naciones representadas por Gog y Magog. La nueva Jerusalén. Es la visión de la esperanza y Jerusalén la ciudad de Dios. ¿Será todo esto proveniente del inconsciente?

La estructura del apocalipsis puede dividirse en siete grupos, cada uno subdividirse en otros siete con preludios, interludios y otros es cursos (ver Lápple, 1970). Nótese que el número siete (7) se repite (sellos, copas, grupos, trompetas).

La simbología del Apocalipsis tiene que ver con la aparecida en el antiguo testamento en la liturgia y a la aparecida en los primeros siglos del cristianismo en que surgen en alabanzas, oraciones, peticiones, personajes, cultos, ornamentos, incienso, eucaristía, cálices, el santo santo, el amen, el cordero de Dios, la virgen, la intercepción de los ángeles, el arcángel Miguel, las antífonas, el sacerdocio, los fieles, el silencio meditativo, la cena nupcial del cordero; así mismo están los números y colores los cuales han sido estudiados por Prévost, (2001: 53,60), (Castellani, 2005).

A la vez se trae una simbología de los números dándoles significados a los mismos; es por esto por lo que para este autor el “uno” se refiere a Dios; el “tres” puede representar a Dios, aunque para los judíos representa la divinidad y para los cristianos la trinidad (padre-hijo y espíritu santo). En el apocalipsis el tres aparece como una fracción en vez del número entero una tercera parte, un tercio; lo que indica que ni es un pleno Dios, ni el “cuarto” que es la creación, y que dos tercios no se ven afectados por lo que la tercera parte si lo es; el medio y tres y medio sacados son del libro de Daniel y significa plenitud, así como el “cuatro” y el “siete” la perfección, así como el universo o creación o la representación de los cuatro puntos cardenales, los cuatro evangelistas, los cuatro vivientes que están con Dios. En el apocalipsis “el 5 y el 6originan cataclismo y el “sexto” una visión de esperanza, el “séptimo” las trompetas. El “seis” denota imperfección pero le falta uno para llegar al siete que es la perfección; este último número en hebreo se denomina “Sheba”; “el doce se refiere a las 12 tribus de Israel” (Jacob) (16), a los 12 apóstoles. Si hacemos un cálculo de las doce tribus de Israel, también tenemos que hacerla de los 12 hijos de Ismael, que también las podemos considerar como doce tribus. Lo que equivale a dos pares de 12 o 24; éste último número multiplicado por 2 es igual a 48 y 12 por 12 igual a 144. Aquí podemos seguir haciéndonos cálculo de los múltiples de 10 y 4 y así agrupar cifras para darles interpretaciones. El número 1.000 sería la idea general de un gran número, los 1.000 años del encierro del dragón. Obsérvese el aspecto negativo de algunos números que en los textos sobre “numerología” no aparecen.

Los colores juegan un papel importante; por ejemplo el blanco pureza y victoria, el negro desgracia y miseria; el rojo violencia; el verde o amarillo muerte; el rojo, escarlata y púrpura desenfreno. El negro representa la hambruna y la pobreza y el verde y amarillo enfermedad, el blanco para algunos era la muerte o lo contrario.

Los personajes y figuras en la simbología del apocalipsis aparecen también además de ellos el arca de la alianza, (17).

El juicio final se lee en la siguiente forma: “… vi luego también una multitud que nadie podía contar de toda nación, raza y lengua…”. Según Prevost 2001: 105-106). Es bien conocido cómo todo tiene su principio y su fin y el hombre quiere conocer a uno y a otro. Para uno y otro debe haber un principio de causalidad, un determinismo, a la vez también que un azar. El fin de lo días se le achaca también a un personaje que provoca el fin, la destrucción y a este se le identifica en la apocalipsis con el nombre de dragón o con el nombre de diablo en los cristianos y con un número y este es el 666 el cual sería para los judíos la plena imperfección; este juego numérico conocido como “gematría” con letras del alfabeto griego trata de reconocer la bestia.

Recuérdese que en el alfabeto griego cada letra tiene un número excepto el 6, y, después del 10, se cuenta de 10 en 10 hasta 100 y luego de 100 en 100 hasta 800. Por lo tanto el 666 trata de identificar la palabra o frase con sus características y éste número representaría a Domiciano que persiguió a los cristianos en la época que se escribió el apocalipsis. Este mismo número 666 se podría relacionar a varios césares romanos; por ejemplo, Calígula como cruel, incestuosos y a Nerón quien incendió Roma; la frase Nerón Cesar en hebreo o en griego, de acuerdo a una numeración del alfabeto hebreo realizando la suma daría de nuevo 666, mas no en griego sino en latín, y en latín sería el número 616; por lo tanto la bestia sería Nerón y los testigos de ese entonces Pedro y Pablo o el Antiguo Elías y Moisés; recuérdese que Elías fue llevado en un carro de fuego (18), (19) y Enoc también como testigo caminó con Dios y desapareció porque lo llevó aquél (Dios). Todo esto corresponde a fantasías, asociaciones e interpretaciones; algunos hacen interpretaciones para identificar el 666 con fechas críticas.

Volviendo a la ramera del apocalipsis, las ciudades de Babilonia y Jerusalén fueron lugares de libertinaje, de las costumbres, de idolatría, de perversiones, lo mismo que Roma y las tres se les conecta las siete colinas o montes; he ahí el número 7 en que se centra la perfección y por lo tanto, una contradicción entre lo más puro y lo más ordenado del conocimiento y desarrollo hasta la descomposición. En el apocalipsis, así como se refiere al final de los tiempos también se da un punto de esperanza con la venida del Mesías. El estudioso de estos temas Prevos (2001) hace el análisis global de la obra utilizando claves que relacionan la lectura del libro en Cristo como personaje protagonista, y otra forma profética que se relaciona con el contexto histórico, así como con el literario y evangélico. La interpretación de la historia a la luz de los acontecimientos trae la muerte y resurrección de Cristo por intervención divina por venir, y, no ya de una sucedida. Sin embargo, Jesús según, en el Nuevo Testamento también hizo revelaciones sobre el mismo hijo de Dios a manera de predicciones con metáforas y códigos o simbolismos en donde se incluyen los números; todo esto le da sentido y plenitud a las predicciones incluyendo la nueva venida de Jesús, el Mesías con el objeto de salvar (como salvador) a la humanidad de su propia destrucción. Estas temáticas pertenecen a la fe y creencia religiosa y obviamente no a la científica.

Todas estas fantasías conscientes e inconscientes con restos diurnos y construcciones mentales, pueden interpretarse para anticipar los acontecimientos del fin y a su vez explicar las raíces y/o sus principios de los orígenes o fundamentos de causalidad, mezclando realidad y fantasía, mensajes y lo que se considera predicción o profecía. Nótese que el hombre ha necesitado utilizar los sistemas de interpretación para comprender múltiples hechos considerados misteriosos e incógnitos u ocultos; de ahí que se ha valido del cálculo y juego numérico, para así asociar un hecho con otro, realizando suposiciones y a la vez encontrar sentido a lo desconocido. El cálculo supone una interrelación, una operación aritmética, un conocimiento deductivo por asociación; es por esto que se le denomina la cábala cuando coincide o “adivina” o encuentra la coincidencia con un hecho.

El término “utopía” del latín utópia y del griego “ou”, no, y “topos”, lugar; ser una utopía significa una ilusión o un imposible. “En general, se puede decir que la utopía representa una corrección o una integración ideal de una situación política, social o religiosa existente. Esta corrección puede permanecer, como ha ocurrido y ocurre a menudo, en el estado de simple inspiración o sueño genérico, disolviéndose en una especie de evasión de la realidad vivida. Pero puede también suceder que la utopía resulte de una fuerza de transformación de la realidad en acto, y adquiera bastante cuerpo y consistencia para transformarse en auténtica voluntad innovadora y así encontrar los medios de la innovación. Por lo común, la palabra utopía se entiende más con referencia a la primera posibilidad que a la segunda. A pesar de todo, la segunda tampoco se puede excluir, cuando se verifica. La utopía debe reivindicar para sí el hombre de ideologías o de ideas” (Abbagnano, 1997).

Este término fue acuñado o intitulado por Thomas Moro en una especie de novela filosófica. Sorel se pronunció con respecto a la “utopía” como una “obra de teóricos que, luego de haber observado y discutido los hechos, intenta establecer un modelo al cual se puedan comparar las sociedades existentes para medir el bien y el mal que encierra”; en realidad es un mito y expresión de un grupo que trata de realizar una tendencia o una idea en oposición a otra, como es la ideología. Como puede observarse la profecía y la utopía son factibles de operar al mismo tiempo a favor de una tendencia o de una idea que se desea expresar, mantener y establecer como algo premonitorio. Pienso aquí que la profecía es también una utopía que como la clasificación del término lo dice se desea conocer de antemano lo que va a ocurrir; esto está conectado con todo el texto que se refiere al azar determinista, a la probabilidad y al destino. La humanidad siempre ha deseado conocer el futuro y así desde tiempo remoto aparecen las profecías para prevenir el acontecimiento bueno o malo y así conseguir un control de la vida. Sugiero al lector aquí referirse a los capítulos XVIII: “Reflexiones sobre el Destino, la libertad, el bien y el mal” y XIX sobre “Ciencia, filosofía, cálculo y el destino” de la obra: “El Azar Determinista. El Lazo del Destino”, (Sánchez Medina, 2011).


16 Hijos de Jacob-Israel: Gad, Aser, Ruben, Simeon, Levi, Juda, Issacar, Zabulon, José, Banjamin, Dan, Neftalí. Los doce fueron de cuatro mujeres, dos hermanas y las dos esclavas de ellas.

17 Para los judíos es importante esta “arca de la alianza” que significa “el poder del pacto de la ley de Dios” dada en el monte de Sinaí a Moisés y que se supone estaba en el templo de Jerusalén, y según la leyenda se había perdido en la conquista de Jerusalén por los Babilonios, o según otros, el profeta Jeremías la escondió en una cueva del monte Sinaí y para otros fue llevada a Etiopía, (GSM).

18 Torres Amat, (1957), Sagrada Biblia, Libro IV de los Reyes, Cap. II, p. 355

19 Algunos ufólogos (estudiosos de los objetos voladores no identificados) tratan de explicar la aparición de estos objetos que según ellos son evidentes desde la antigüedad; además no solo basan sus explicaciones en estos textos del Antiguo Testamento sino en otros pasajes y en los hallazgos de cerámicas precolombinas, mesopotámicas, mesoamérica, del Asia Menor y de elementos de Egipto.

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