Alma y Espíritu

Si bien ya se hizo referencia al espíritu ahora ocupémonos de los dos antes de de­sarrollar e iniciar esta temática la primera pregunta que me surge es. ¿Qué es el alma y qué es el espíritu? A lo largo de todo este texto hemos hecho de alguna forma alusión específica al “alma”, la cual a veces se nos confunde con el espírituporque en ambos intervienen lo racional y el entendimiento. Aquí podría definirse el alma como la esen­cia de la vida del ser en su existencia. Sin embargo, entiendo el espíritu”, como ya lo enuncié, más bien como un principio vivificante del sentimiento y que da fuerza a las

facultades del ser humano con el significado auténtico de alguna cosa. De ahí que las supuestas llamadas leyes del espíritu sean las sustancias incorpóreas que tienen razón, disposición, actitud y aptitud.

No quiero dejar de anotar aquí el concepto de Anaxágoras (600 a.C.) que se refiere a que el espíritu “es el principio de individuación, de ordenación y de animación”, lo que da forma y sentido a la “informe materia preexistente”. Es un simple nombre para designar una forma a la cual no corresponde ninguna determinación ontológica. Para muchos filósofos actuales “el espíritu es el conjunto de los actos superiores centrados en la unidad dinámica de la persona y que comprenden no sólo el pensamiento de las ideas, sino los actos emocionales personales, y, sobre todo, la intuición de las esencias. Las notas características del espíritu son la libertad, la objetividad y la conciencia de sí mismo. Por lo tanto no es la causa del ser sino la dirección que él imprime a la energía de los impulsos” (Ferrater Mora, 1951, p. 290-291). Dentro de este contexto, el espíritu sería el o un “sentir” del Yo de ser en su existencia.

En este momento nos hacemos las siguientes preguntas: En definitiva, ¿cuál es el alma y el espíritu del filósofo, pensador, científico o artista? Y ¿qué diferencia hubo entre las almas o espíritus, (24); por ejemplo los de Anaxágoras, Platón, Sócrates, Aris­tóteles, Parménides, Kant, Descartes, Marx, Spinoza, Lao-Tse, Buda, Zaratustra, Jesús, Mahoma, y los de Mozart, Beethoven, Brahms, Bach, Freud, Einstein, o los de Miguel Ángel, Leonardo, Dalí, Picasso, Goya, Van Gogh, Velázquez y tantos otros filósofos, científicos, pensadores, místicos, pintores, escultores, arquitectos y artistas de diferen­tes épocas de la humanidad? La respuesta ya se ha insinuado o se hará entre líneas a lo largo del texto, y se refiere a que cada ser humano tiene sus propias capacidades de ordenación. Unos las poseen en mayor medida que otros, y esto depende del potencial genético, del medio ambiente, de la educación, de la organización psicobiológica, de la cultura, de la historia y de la época de cada cual, así como de la oportunidad que tenga cada sujeto de realizarse a sí mismo. En otra parte de esta obra se habla de la posibilidad de que el ser humano libere sus organizaciones mentales en forma armónica, contando con la genialidad de su ser. Por otra parte, cada uno de los grandes creadores ha sido el instrumento grupal de nuestra cultura y civilización para cambiar u organizar credos, ideologías, costumbres, pensamientos, sentimientos y conductas.

Por todo lo anterior, nos podemos referir al alma del músico compositor y a su espí­ritu en sus composiciones. Hablamos del alma y el espíritu del poeta, arquitecto, pintor, novelista, científico, escultor, cineasta, dramaturgo y otros más. En este momento nos podemos detener y preguntarnos si los colores tienen también alma o espíritu. Podríamos también preguntarnos si más bien no será lo contrario, es decir, que el ser humano les da alma y espíritu a los colores. La verdadera respuesta es la última, y la primera es sólo una metáfora. En efecto, el pintor proyecta en el color toda una gama de sensibilidades en la policromía, en la elección, selección y combinación del color de la misma manera como ocurre con las ideas habladas (palabras) y/o escritas en los textos en donde se pro­yecta en ellos aun las formas y los espacios, con imágenes, colores y aún con sensacio­nes de nuestro imaginario, todo lo cual permite definir objetos e incluso conceptos. Así le ocurre al literato que con sus palabras integra ideas, sentimientos, afectos, objetos, espacios y tiempos, y que conduce al ser humano en un proceso de descubrimiento y cuestionamiento interno de su propio ser, de su alma y espíritu. Lo mismo sucede con el escultor, el poeta y el músico. Todos ellos nos asombran, nos producen certidumbres e incertidumbres, seguridades e inseguridades, al mismo tiempo que nos despiertan y a la vez nos calman las ansiedades y las tristezas hasta pueden llegar a integrarnos en nues­tra mismidad espiritual. Adviértase como podemos dar cualidades positivas o negativas al alma o al espíritu según lo bueno y malo, placentero y displacentero que nos dan paz o nos producen miedo y angustia, gozo o pena y sufrimiento. El ser humano lleva en sí lo bueno y lo malo; soy por igual infierno y cielo, decía Omar Keyham.

Una pregunta más: y ¿dónde está el alma o el espíritu? La respuesta puede infe­rirse de todo lo que se ha venido afirmando en textos publicados anteriormente (2003, 2004, 2006, 2009, 2011), y se refiere a que el alma y el espíritu están repartidas por todo el cuerpo (lo que llamamos el Yo corporal) y por toda la naturaleza. Por otra par­te, el alma tiene un centro (muy bien protegido y perfectamente diseñado geométrica, biológica, química, física y eléctricamente). Allí tienen su asiento el origen y control de las sensopercepciones que permiten integrar, conocer, reconocer y conformar pensa­mientos, sentimientos, emociones, conductas y decisiones para luego proyectarlas en el afuera, (25). Todo esto está en nuestro sistema nervioso central, pero no se puede decir que esté en un solo lugar del mismo, sino en todos porque pertenece a las funciones de los sistemas y a sus estructuras. Aquí viene otra pregunta: ¿será que las personas que han sufrido la ablación de una parte del sistema nervioso central (lóbulos fronta­les, hemisferio izquierdo o derecho, lóbulo occipital, cerebelo, hipotálamo o hipófisis, que se consideraba el asiento del alma), (26) y por tanto carecen de sus funciones, en ese caso no tienen alma y espectro? La respuesta es obvia: depende de si al sujeto se le suspenden todas las funciones cerebrales. Entonces no puede considerarse hábil para comandar todo su Yo corporal y psíquico. Sin embargo, si solamente hay un área afectada, por ejemplo la parietal derecha, la persona puede hablar y pensar, puesto que dichas funciones pertenecen al hemisferio izquierdo. Por el contrario, si el hemisferio afectado es el izquierdo la persona no podrá pensar ni hablar, pero sí ejecutar y sentir. Si el problema está en el lóbulo occipital la persona quedará ciega, pero podrá hablar y sentir, mientras que sin cerebro no podrá ejecutar ninguna acción o sin cerebelo no hay coordinación alguna. (Observemos que la tecnología moderna está intentando implantar “microchips” para suplir funciones cerebrales perdidas). De otra parte, el ser humano lo integran todas las funciones de los sistemas, lo cual significa que no es fragmentado y menos lo puede ser su “ser, su esencia y existencia”, (27). La integración parcial o total de las funciones psíquicas se realizan gracias a la fuerza vital a la cual le podemos o le damos el nombre de “alma”.

Miles de años han pasado y el hombre sigue creando debido a sus necesidades, sus defen­sas y sublimación y al mismo tiempo por la no renuncia a la ilusión de no dejar la vida a tra­vés de la creatividad; así ha dejado sus huellas a diferentes niveles desde el canto, la música, la danza, la poesía, la declamación, la pintura, el diseño, la escultura, la decoración corporal y la de objetos externos que incluye la naturaleza; así mismo han aparecido la culinaria, la literatura, el teatro hasta llegar al cine, la fotografía y la televisión. Cada una de estas con sus productos artísticos (armonía) y sus posibles interrelaciones, en sus diferentes épocas ha hecho su historia, lo cual puede consultarse en sus distintas temáticas en las obras escritas a través de los tiempos. Así el hombre ha dejado y se ha interrelacionado con distintas formas con sus productos mentales. De la misma manera el hombre ha evolucionado e involucionado dejando distintas capas de conocimiento que podrían analogarse con los sedimentos geológi­cos y antropológicos. En todo este transcurso de creatividad (cualquiera que sea) se encuentra a la vez el conocimiento cinético y tecnológico, el cual nos llevará posiblemente a nuevos mundos y a la réplica del hombre en la clonación y al hombre artificial. Aquí deviene un borde entre la ambición, el narcisismo, y la omnipotencia en las cuales se trasluce el egoísmo lucrativo, el poder y aun la maldad por voracidad y envidias primitivas.

Aquí hago una pequeña alusión a cómo una de las artes desarrolladas en el Siglo XX tiene una resonancia con el Siglo XXI a distintos niveles según las culturas; por ejemplo, la fotografía tomada a los indígenas americanos o a los nativos de Asia, África y Oceanía, estos reaccionan en forma distinta sintiendo que el fotógrafo les roba el espíritu o el alma o su ser; en cambio las fotografías en el mundo occidental es uno de los instrumentos para exhibir y vender la imagen de acuerdo en dónde y cuándo se ubique la imagen.

Otro aspecto a mencionar aquí es cómo las imágenes de vírgenes, santos, sagrado corazón, es una forma de especulación económica para vender la imagen y lucrarse; o, las imágenes de los famosos artistas, cantantes, futbolistas, que venden su imagen asociado a algún producto; de todas formas es la explotación de las imágenes, de la imaginería con sus significados.

Vale la pena hacer mención cómo el espíritu opera como una estructura de funcionamien­to en donde se construyen y se ubican la fe, las creencias, la consciencia moral, y por ende lo que llamamos en psicoanálisis el Superyó con sus fantasías conscientes e inconscientes y así mismo sus relaciones con el concepto de Dios en las distintas creencias religiosas, (28).

Lo que a continuación aparece proviene de la obra del autor: “Ciencia, Mitos y Dioses”, (2004) y que se refiere a estos temas tan importantes, a los cuales no se puede renunciar a no tenerlos en cuenta:

La fantasía consciente e inconsciente con relación al concepto de Dios. Anotemos que el concepto de Dios se construye en la mente del sujeto con imágenes, ilusiones, fantasías conscientes e inconscientes, elementos, estructuras e identidades. Intervienen también interpretaciones del mundo interno y del externo que se ordenan, organizan y reorganizan para dar origen a una idea o concepto subjetivo de Dios y presentar una imagen del mismo, lo cual también se hereda con la codificación genética. Así pues, en esta secuencia Dios sería una invención de la mente humana, (29). Ahora bien, si analizamos la evolución del hombre, vamos a encontrar algunos conceptos expresados por Freud en Tótem y tabú, (Freud, 1913): el complejo de Edipo, la muerte del padre, la culpa, la ansiedad, la reparación y las renuncias instintivas. Nos encontraremos con un “Dios padre todopoderoso” que ampara, protege, da órdenes (mandamientos), castiga y perdona (véase el mito de Adán y Eva y el temor al conocimiento, y los conceptos de magia y omnipotencia), los cuales se fraguaron a través del tiempo para construir las cualidades del Superyó consciencia moral y Dios. De ahí también provienen los preceptos sociales y religiosos con sus respectivas dinámicas, así como la moral y la ética humana.

En este discurso se entiende que, en la fantasía inconsciente, Dios figura como un objeto (además de los “proto-objetos” ya dados) que corresponde a un “Superyó arcaico” introyectado que representa el ideal del “Yo” y el “Yo ideal” en la ecuación “hombre-sí mismo-Dios”. Ahí se sitúan también los orígenes del Superyó, que dice “sí o no”, prohíbe y rechaza, o bien es permisivo y acepta. Aquí también intervienen las ansiedades persecutorias, depresivas e integradoras, en las cuales se interrelacionan lo instintivo, el Yo, el Superyó y su identidad (que incluye la estructura moral, el concepto ético, las concepciones ideológicas, culturales y religiosas, las sublimaciones y las tendencias a la construcción de una unidad de causalidad (Dios-monoteísmo). De ahí también proviene la identificación con el padre, la aspiración de ser como él, tener hijos y proyectar la propia sombra sobre ellos; sombra protectora con observación de sí y autocrítica, siguiendo las secuencias filogenéticas y ontogénicas donde se ubican el inconsciente colectivo e individual, la moral, las normas educativas a través del desarrollo y las fantasías y terrores respecto de los fantasmas internos y externos, que corresponden al mundo interno y que tienen sus bases libidinales y agresivas (Eros y Thánatos). Es así también como se estructura la génesis del Superyó, de la conciencia y, repitámoslo, de la ética, la estética, la moralidad y las ideas religiosas, cada una con sus particularidades. Éste es el límite entre el animal y el hombre (véase el mito de Gil­gamesh, que era “dos terceras partes dios y una tercera parte hombre”, espíritu divino e inmortal que al final resultó siendo mortal).

Cuando decimos que la conciencia es inconsciente porque proviene de nuestra pro­pia naturaleza, lo hacemos entendiéndola como un Superyó filogenético y ontogénico, pero inconsciente. Sin embargo, éste aparece constantemente en la conciencia, en las relaciones sujeto-objeto y en las relaciones sociales, en las que predomina la ética. De ahí deviene el concepto ya mencionado del “ideal del Yo”. “El problema de Dios es demasiado amplio para tratarlo simplemente desde el punto de vista del psicoanálisis. Este no lo puede explicar porque no es su misión, qué es lo eterno, qué es lo trascen­dente, que va más allá de la comprensión humana limitada de nuestra época. No le es posible dar conclusiones definitivas sobre un “problema” de tamaña magnitud, seamos más humildes al considerar estos temas”, (De Francisco, 2012).

Otro aspecto que hay que mencionar son los ideales del Yo en el Superyó, entre los cuales pueden incluirse valores negativos o relacionados con el Thánatos (violación, mutilación, terrorismo, homicidio, genocidio, etc.) pero aceptados por un Superyó in­doctrinado. Vemos, por ejemplo, cómo en los países árabes se defiende el “honor” de la virginidad con castigos como la ejecución. En los años ochenta del siglo XX, una mu­jer fue condenada a ser quemada viva por haber tenido relaciones sexuales y quedado embarazada a los diecisiete años sin haberse casado. La mujer se salvó gracias a que el fuego no la alcanzó a matar y afortunadamente aparecieron personas que le prodigaron protección y ayuda. Sin embargo, sigue ocultando su rostro para no ser ejecutada, a pe­sar de estar exiliada en otra parte del planeta, (30). Los atentados terroristas de las Torres Gemelas y el Pentágono, o los múltiples ocurridos en España, Israel, Colombia y otros países muestran cómo aparecen el homicidio, el genocidio y el suicidio para satisfacer las creencias como ideales del Yo colectivo de un sector de la población. Se rompe así el primer principio que hay que respetar y el principal derecho del ser humano: la vida.

Aquí se diría que las leyes están construidas por un Superyó colectivo y que de ahí proceden también la moral y la ética de las culturas. Pero ni los orientales de China y Japón ni los occidentales podemos aceptar tales leyes inhumanas, que van en contra de los derechos humanos primordiales e inalienables. Para nosotros, la ley en ese caso se impone a la conciencia y exige de ella un fin y un medio, es decir, “un deber y un poder” que deben ser realizados por todos los hombres de la colectividad. Éste es un imperati­vo categórico locativo, más a veces no universal. Para los occidentales, la motivación de la defensa del honor no da a nadie “derecho moral” ni autonomía para decidir de la integridad física y moral de otra persona. Esto es tanto más cierto cuando se considera que en las últimas áreas mencionadas (islámicas) el imperativo es la “defensa del honor o de la misma ideología” a través de producir la muerte y el terror, incluyendo aquí la inmolación o el suicidio programado para producir destrucción en los otros; estos con­ceptos y creencias fundamentalistas son muy peligrosas para la humanidad; más aun, pueden ser utilizadas como fuerzas de poder que rompen fronteras y ser factible de dar un vuelco a la organización de los Estados por el control omnipotente incluido en los conceptos y creencias ideo-religiosas y étnicas con todos los vicios de reivindicación o venganza; así pues el péndulo podrá iniciar su vuelta en nombre de Alá.

Conceptos y creencias fundamentalistas para algunos tuvieron su origen en occiden­te en las religiones monoteístas (Islam y Judaísmo), Cristianismo y que en el Siglo XX fueron básicos en algunas doctrinas políticas (comunismo, fascismo, nacional socialis­mo, etc.) y en régimen no totalitarios, sino democráticos como se ve claramente en los gobiernos llamados “duros” conservadores o imperialistas (USA). Así mismo existen diferencias entre el Antiguo Testamento y las ideas cristianas primitivas del Nuevo. La diferencia es abismal. Realmente el origen del fundamentalismo no está solamente en una región, sino que se conjuga las creencias ideológicas y las defensas socio-políticas con que el hombre se defiende de múltiples factores socioeconómicos y territoriales.

Aquí también podríamos agregar que el padre-líder-Dios es el que ordena y castiga (incluso con la muerte) y también defiende o protege de acuerdo con los ordenamien­tos de una ética y una moral desviadas por las creencias y culturas. He aquí también las grandes diferencias de la ética y del Superyó entre las culturas en las distintas áreas geográficas de nuestro planeta, e incluso en nuestra propia historia. Por ejem­plo, actualmente no podemos concebir las leyes de la Inquisición o de la esclavitud, o la persecución y exterminación de los judíos en la Segunda Guerra Mundial. De todo esto también se concluye la necesidad de que las leyes sean promulgadas con la participación de la comunidad internacional, pues no se puede entender el “Yo” sin el “nosotros” ni “las partes sino en función del todo y el todo se recibe y elabora por las partes” (Brainsky, 2003, p.10); además, “sólo se puede estar seguro de una cosa: nada es seguro” (ibídem).

De todo esto podemos concluir cómo se pueden utilizar el concepto o la imagen de Dios, el Superyó y la conciencia moral para enmascarar tendencias mágicas y omnipotentes, o bien para preservar al hombre de la destrucción y de la muerte anticipada, de la persecución irracional, de las contradicciones e incertidumbres que lo acechan, no sin participar las creencias, los conceptos, las convicciones, la fe, las interpretaciones de lo que se ve, se siente y se piensa, para construir un mundo más certero y con ello una verdad; esta última obviamente puede ser cambiante cada vez que demostramos o ponemos en evidencia hechos físicos, psíquicos, biológicos, sociales o cosmológicos que nos dan una seguridad humana.

Aquí hago algunas reflexiones especialmente con respecto a la moral y a la ética. El ser humano, de todas maneras, ha construido sus normas y leyes así las vemos en el ya mencionado mito de Gilgamesh (2.650 a.C.), en el Yangshao en la China (5.00-3.000 a.C.), en la civilización hindú (5.000 a.C. Libro de Dzyan a.C.,?), en los códigos de En­temena (3.200 a.C.) y Hammurabi (2.650 a.C.), en las Tablas de la Ley de Moisés (1.500 a.C.), en las culturas sumerias y americanas (hasta 12.000 a.C.) y en muchas otras. Nos encontramos con las leyes del paraíso terrenal y con el castigo que significó la salida del mismo, (31) que se pierde en los tiempos. Así, primero fueron postulándose las normas con palabras y luego con mandatos y órdenes perentorias que se fueron convirtiendo en leyes, las cuales conformaron la ética y las costumbres morales. En ellas se ha obser­vado siempre una tendencia a la conservación de la especie y de la convivencia. De esa forma se pasa del concepto “de hombre y mujer al de sombra de Dios. El esclavo es la sombra del hombre; pero el rey es igual a Dios(32) . Conviene agregar aquí que el “nue­vo paradigma” del Nuevo Testamento, señaló otro tipo de normas de comportamiento muy diferentes a las de Jehová del Antiguo Testamento.

En la misma obra “Ciencia, Mitos y Dioses” se traen los conceptos de consciencia moral, ética, fuerzas masoquistas y narcisistas malignas, el conjunto de facultades del espíritu, el hombre como posibilidad de libertad, los caminos de la espiritualidad, los estados nirvánicos, la iluminación, la oración, la recitación, la contemplación, “el insight” y otros más que se correlacionan con las ideas de los orígenes sobre el concepto de Dios a través de la historia. Véase aquí cómo no podemos apartar de la configuración de las ideas de espíritu y alma, con la consciencia y el inconsciente y la construcción de las representaciones de Dios padre, todo poderoso creador, y, como una divinidad. El lector curioso podrá acercarse a ese conocimien­to histórico en la obra ya mencionada consultándola en el capítulo VI en la página 121-182 y el capítulo VII sobre “Ciencia y Dios” páginas 183-232. Todos estos textos nos conducen al tema sobre la religión del cual me ocuparé en el capítulo siguiente. No sin antes hacer alusión a la fe y a las creencias, a la espiritualidad y espiritualismo en las religiones y finalmente al misticismo. En todos estos hechos de distinta índole ha estado presente el pensamiento má­gico.


24 “No es necesario separar los dos vocablos como elementos diferentes. En mi opinión, es más personal el concepto de alma y más universal el de espíritu. De nuevo las dos caras del dios Juno. Para el cristiano el alma es una realidad auténtica; el espíritu es un vínculo, el del amor”, (De Francisco, 2012).
25 “El concepto de alma, para algunos, puede expresarse en forma material; para otros no, porque la consi­deran la parte inmaterial del hombre (esta es la diferencia del hombre religioso del que no lo es). De todas formas es una opinión de los unos y otra de los otros, las cuales tienen sus consecuencias en el pensamiento de los primeros que la considerarían temporal, mientras el hombre vive y de los otros, que la consideran espiritual y eterna, en un destino diferente de acuerdo con sus acciones mientras se vive que habrán de reper­cutir después de la muerte en lo que consideran como cielo, purgatorio o infierno. ¿Quién tiene la razón, o la tienen ambos, o ninguno?”, (De Francisco, 2012). La respuesta depende de la creencia, de la fe, que implica todo el ser, en que se incluye la esencia y la existencia.
26 “Con respecto al asiento del alma. Esto es una equivocación o un error que viene desde Descartes el cual fue mal interpretado. Si se lee con cuidado su discurso ‘Discurso del Método’ se ve que nunca dijo que el alma reside en la glándula pineal. Por razones que explico claramente en virtud de que se desconocían las funciones que pudieran tener dijo que eran allí en la pineal en donde el alma se ponía en contacto con los llamados espíritus, animales para transformarlos en espíritus vitales. Para Descartes la glándula pineal era el lugar de encuentro, ‘el rendevous del alma y lo orgánico’”. (De Francisco, 2012).
27 “Las funciones de un órgano, el cerebro, se pueden alterar o perder; un animista diría que al hablar así, se está hablando de otra cosa, puesto que confundir el cerebro con el alma no es válido. De allí el absurdo de Crick al subtitular su libro. ‘La hipótesis sorprendente’ (The astonishing hypotesis” en la expresión: la búsqueda científica del alma’. Una búsqueda absurda, por lo menos. Por lo tanto no hay que confundir la idea del alma con las funciones psicobiológicas del cerebro”, (De Francisco, 2012). Personalmente pienso que las funciones psicológicas son consecuencia de la acción del alma, de la vida.
28 “En el islamismo el único intermediario entre Alá y el hombre fue el Arcángel San Gabriel a quien Dios inspiró para dictarle a Mahoma el texto del Corán. En el cristianismo, la trinidad, desarrollada por San Agustín, cambio la relación directa de Dios al hombre y estableció diferentes instancias: la primera per­sona de la Trinidad es Dios Padre que es el creador del universo; Cristo que es el redentor que nos redime del pecado original que postuló también San Agustín y la tercera persona, el Espíritu Santo que vincula la divinidad al hombre a través del Amor o Caritas; hay además, infinidad de intermediarios, santos, santas, mártires, beatos, etc. incluyendo las almas del purgatorio que ‘interceden’ a favor del hombre ante Dios. La organización es similar a la de la sociedad feudal de la Edad Media, también con tres estratos: los que rezan, los que combaten y los que trabajan; y las relaciones económicas de los tres estratos se duplican en la sociedad celestial, como lo aseguró San Agustín en “la ciudad de Dios”. En general no se le reza al padre, al hijo, sino a las almas, a la virgen con sus diferentes….Hipostasis, que se multiplican todos los días, y al Espíritu Santo para mayor seguridad de la relación ante Dios y el hombre. A través de los siglos poco cambian las cosas en general y se mantienen las creencias (el Credo), a pesar de que muchas de ellas ya no convencen. Una religión sustentada en parte el miedo a Dios, (o Santo temor a Dios), miedo al infierno, y a las penas del purgatorio y otros miedos más; el miedo al pecado y al impureza generalmente sexual, en la edad media se consideraban diez clases diferentes de miedos manejables por los fieles con el apoyo de la iglesia. Ese ha sido la religión del temor” (De Francisco, 2012). Piénsese aquí también que cada miedo tiene su referente a la prohibición de un acto, (Comentario del autor, GSM).
29 “Esta manera de ver las cosas, se podría imaginar que Dios es una invención de la mente humana; sin embargo, esto es un deduccionismo que carece de solidez; es sólo una opinión de orden psicológico”, (De Francisco, 2012).
30 Esta historia fue publicada en el año 2003 en la revista Semana, Bogotá, Colombia.
31 “En el mito del Edén del Antiguo Testamento se castiga al hombre por comer el fruto del árbol del bien y del mal; es decir, por violar un precepto que le obligaba a mantenerse por fuera del conocimiento; algo simi­lar le ocurrió a Prometeo de los griegos. No se trataba de haber comido del árbol de la vida que le hubiere conferido la inmortalidad”, (De Francisco, 2012).
32 En el año 3.300 a.C., la reina “Schubad” anterior al rey “Ur-Nina” 3.200 a.C., reinó también como un Dios. Anótese que seis reyes anteriores estuvieron en el mano de Ur, y esto ocurrió durante 100 años, lo cual equivale a que en ese término de tiempo (un Siglo), hubieron seis reyes y seis dioses después de una diosa reina. Muchos reyes, muchos dioses en poco tiempo.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DÉJANOS TU COMENTARIO

Please enter your comment!