El Mundo Psicológico de Kafka: La Condena, Parte I

Cap 9

I

“La Condena” es un magistral relato de Kafka. Fue escrito febrilmente en la madrugada del 22 al 23 de septiembre de 1912, dos días después de haber enviado su primera carta a Felice. Kafka plantea en esta narración, como en muchas otras, una de las posibles soluciones a la enfermiza relación con su padre. Georg Bendemann, el protagonista del relato, es un joven ne-gociante que escribe una carta a un amigo de la infancia exilado en San Petersburgo, en la que le comunica su proyecto de compromiso matrimonial con Frieda Brandenfeld, quien curiosamente tiene las mismas iniciales de Felice Bauer. Bendemann habla con su padre para informarle sobre de la misiva que se propone enviar y buscar además, su “aprobación moral” al proyectado matrimonio.

El padre, que adivina los deseos del hijo, finge al comienzo sentirse engañado por el compromiso matrimonial y le dice al hijo que no puede recordar a su amigo “porque no existe”. El padre se presenta inicialmente como un sujeto desvalido y débil que requiere de la ayuda constante de los de-más. Sin embargo, al enterarse de las intenciones del hijo reacciona violentamente, se levanta del lecho amenzante sacando fuerzas de la nada, le advierte que el enlace es inaceptable, y le deja entender que al apartarse de la protección paterna sólo busca destruirle. En un diálogo dramático, el padre, que ya no ve en el hijo a un niño inocente sino a un hombre diabólico, le acusa de rebelde y para afirmar su predominio y no convertirse en su víctima, le condena despiadado a morir por ahogamiento. Bendemann escucha silencioso la diatriba paterna, baja la cabeza humildemente y no encuentra solución distinta a aceptar la sentencia y huir abrumado, “atraído por el agua como un hambriento en pos del alimento”. Desde lo alto de un puente y antes de arrojarse al torrente turbulento de un río, exclama: “Querido padre, a pesar de todo os he querido siempre….., y se dejó caer…. En ese momento cruzaba por el puente un tráfico intenso”. Extraña frase ésta última, que sugiere simbólicamente el perdurar de la existencia, “en el intenso tráfico”, más allá de la muerte.

En junio de 1913, nueve meses después de escribir su relato, Kafka le envió una carta a Felice en la que le decía: “Mi intención al sentarme a escribir, tras un domingo tan desdichado como para ponerme a gritar, era describir una guerra. Un joven debía ver desde su ventana como avanzaba una muchedumbre a través de un puente, pero luego, ya al escribir, todo me salió distinto. Una cosa importante…., la última palabra…. debe ser, caer en el vacío y no simplemente caer”. Con esto, Kafka muestra su inclinación por lo inconmensurable y lo ilimitado, representado por el vacío en que desaparece el personaje.

El final del relato muestra la absoluta incapacidad del protagonista para independizarse de su padre y liberarse de sentimientos de culpa tan intensos, que incluso le llevan al suicidio. Pero es de tal magnitud su necesidad de conservar viva la relación paterna, a pesar de lo patológica, y su obligación interior de mantenerla inclusive más allá de la muerte, que las últimas palabras que pronuncia, desconsolado y sin fuerzas, son la expresión paradójica de su amor incondicional por el padre.

Kafka se refirió en sus “Diarios” a la noche en que escribió el relato: “Apenas podía sacar las piernas de debajo de la mesa, entumecidas por haber estado sentado tanto tiempo. La tensión y la alegría terribles con que la historia se iba desplegando ante mí, y cómo me iba abriendo paso entre las aguas. Varias veces durante esa noche todo mi peso se concentró en mi espalda. Cómo pueden decirse las cosas, cómo para todas, incluso para las más extrañas ocurrencias hay preparado un gran fuego en el que se consumen y renacen ….. A las dos mire el reloj por última vez. Cuando la criada recorrió por primera vez la antesala, yo escribía la última frase…… Sólo así se puede escribir…., sólo con esta cohesión, con esta apertura total de cuerpo y alma….. ”

Seis meses más tarde, le escribió a Felice: “Ayer recibí las pruebas de imprenta de tu cuento. ¡De qué modo tan bello se suceden nuestros nombres el uno junto al otro en la página del título! No lamentarás haber consentido que se mencione tu nombre cuando hayas leído la historia; sólo aparece, claro está, Felice B.” Y le recordó las palabras de Goethe, que ya había con-signado a comienzos del año en sus “Diarios”: “Todo lo dan los dioses infinitos a sus preferidos de un modo total; todas las infinitas alegrías, todos los dolores infinitos…. ”

***

Para el crítico Mario Lancelotti, “La Condena” está relacionada íntimamente con la vida personal de su autor y es en ese sentido como debe interpretarse la obra. Fue el mismo Kafka, en las entradas de los “Diarios” del 11 y 12 de febrero de 1913, el primero en ofrecer una interpretación personal del relato, hoy considerado como una de sus mejores obras. Dice así: “El amigo es el nexo entre el padre y el hijo…. Georg cree tener al padre en su interior y considera que todo es idílico, excepto cierta fugaz y melancólica tendencia a la meditación. El desarrollo de la historia muestra que a partir del nexo de unión con el amigo, el padre se destaca y se transforma en antagonista de Georg, fortalecido por otros vínculos comunes menores como el amor, el apego a la madre y el triste recuerdo de la misma….. Georg no tiene nada…. Lo que es común a ambos se acumula íntegramente en torno al padre; Georg lo siente como algo ajeno que se ha vuelto autónomo, que él nunca ha protegido lo suficiente. Por no poseer ya otra cosa distinta a la visión paterna, la condena le produce un efecto tan grande que le priva de todo acercamiento al padre….”

Kafka expresó alguna vez sus dudas acerca de su propia interpretación de la obra. En una carta a Felice fechada cuatro meses después, le decía: “La Condena” no tiene explicación. Quizás algún día te enseñe algunos pasajes que he escrito en mi diario sobre esa cuestión. La historia está llena de abstracciones ocultas. El amigo apenas si es un personaje real; es más bien lo que el padre y Georg tienen en común. La historia es quizás una indagación, una pesquisa en torno al padre y al hijo. La variable figura del amigo puede ser el cambio de perspectiva de las relaciones entre el padre y el hijo; pero tampoco de eso estoy seguro”. Y en otra carta añade: “¿Encuentras en “La Condena” algún sentido, quiero decir, algún sentido directo, coherente, rastreable? Yo no lo encuentro…., y no puedo tampoco explicar nada sobre el particular!”

A partir de la interpretación de Kafka, Lancelotti analiza con admirables aportes psicológicos la “parábola del suicidio”. En ésta, el hijo es condenado a suicidarse como única forma de emanciparse y solucionar el eterno conflicto. Quizás en ninguna de las obras de Kafka aparece con mayor nitidez que en “La Condena” el problema de la mala relación con el padre, que simboliza además la de Kafka con la autoridad tomada en abstracto. Y quizás en ninguno de sus libros se pone de relieve con mayor dolor su pobre autoestima, sus sentimientos de culpa, y el ansia del castigo que en el relato el personaje acepta, cabizbajo y mohíno, aspirando tal vez que al sufrirlo sus angustias habrían de desaparecer en lo infinito.

Diez años después de publicar “La Condena”, Kafka le escribió a Milena una carta a propósito de esa narración: “En esta historia”, dice, “cada frase, cada palabra, cada música, está relacionada con el miedo…. Y en las anotaciones de sus “Diarios” y cartas a partir de ese instante, aparece una y otra vez la palabra miedo; miedo de que el mundo exterior irrumpa en su propia realidad, miedo de aniquilar su libertad interior por la culpa y el re-mordimiento de una vida no vivida, miedo de la nada.

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