Capítulo VII: Eticidad de la Anticoncepción; la esterilización involuntaria

Eticidad de la Anticoncepción

FERNANDO SANCHEZ TORRES

La esterilización impuesta, coactiva, que atropella la voluntad de la persona, es totalmente contraria a la moral, sea cual fuere la justificación invocada para practicarla. Ni razones de Estado, meugenésicas, ni cualquiera otra, pueden hacerla licita, legal o moralmente. Al decir que atropella la voluntad de la persona quiero significar que si ésta, estando en capacidad de reflexionar, de discernir, es esterilizada contra su deseo, se viola flagrantemente su derecho de autonomía.

Hay, sin embargo, una circunstancia particular en la que la esterilización podría practicarse sin mediar la anuencia directa de la persona. Me refiero a aquellos casos de mujeres con cierto grado de retraso mental, capaces de sentir atracción sexual y participar de relaciones heterosexuales, pero incapaces mentalmente de soportar los cambios físicos y emocionales del embarazo y el parto, o de responder por la crianza de un hijo.

En ellas, como dice el filósofo R. Nevifie66, la relación sexual puede formar parte de su vida afectiva, lo cual puede contribuir a su realización personal y social. Dado que esas mujeres están incapacitadas igualmente para utilizar en forma correcta algunos métodos anticonceptivos, la esterilización permanente sería el método adecuado, sin que se interprete éste como un instrumento eugenésico o como una sanción.

Por supuesto que el procedimiento deberá ser solicitado por su cónyuge o compañero, por sus familiares más cercanos, por su tutor o responsable. Piénsese que el deseo sexual, como imperativo fisiológico, no es resistido por algunas mujeres limitadas mentalmente y, por eso, al menor descuido, pueden consumarlo.

Dado que la persona retardada mental carece de la capacidad suficiente para dar su consentimiento razonado, corresponderá a la sociedad tomar una decisión por ella.

“Condiciones restrictivas involuntarias” llama Nesville a aquellas prohibiciones que la sociedad impone a los incapacitados, física o mentalmente67. ¿Es posible imponer condiciones restrictivas en la esfera sexual a esas personas limitadas? De seguro que no, a no ser que se las mantenga, contra su voluntad, permanentemente recluidas.

En aquellos casos de severa incapacidad mental, cuando la mujer queda expuesta al abuso sexual, debe esperarse que la sociedad responda por su protección. Así lo señala la Declaración de los Derechos Generales y Especiales de los Retardados Mentales, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1971

~: “Artículo 5Q~ La persona con retraso mental tiene derecho a una vigilancia calificada cuando se requiere proteger su bienestar personal y sus intereses. – Artículo 6. La persona con retraso mental tiene derecho a ser protegida de la explotación, el abuso y el tratamiento degradante.

Algunos trastornos psiquiátricos son de carácter cíclico y posiblemente curables. En estas circunstancias la esterilización podría considerarse excesiva. Se ha propuesto en tales casos, cuando se hace recomendable evitar el embarazo, la utilización de implantes hormonales, que, como ya vimos, es un procedimiento reversible69.

La anticoncepción fuera del matrimonio

Hoy se acepta en algunas sociedades la práctica de las relaciones sexuales, ocasionales o permanentes, sin que la persona haya adquirido vínculo matrimonial, lo cual es contrario al purismo moral, es decir, a la costumbre social.

Es muy frecuente, sobre todo en Europa y Norteamérica, que las parejas Jóvenes lleven vida marital durante algún tiempo, a la espera del momento de legalizarla civil o eclesialmente. Es lo que llaman un ensayo, o “matrimonio de camaradería, con miras a comprobar que no existe incompatibilidad de caracteres entre los cons’ortes viviendo bajo el mismo techo y ocupando el mismo lecho.

Este ensayo o unión de prueba, se dice, permite augurar lo que ocurriría si el matrimonio fuera legalmente constituido. De seguro, muchas parejas han conseguido un matrimonio estable, luego de tal experiencia. Otras han probado y se han separado, sin mayores traumatismos, pues la convivencia está condicionada a ‘a exclusión de los hijos, vale decir, al empleo de métodos anticonceptivos.

Ya, en 1927, el filósofo Bertrand Russell recomendaba que fueran reconocidos los matrimonios destinados a no tener hijos y que, además, debía estimularse a la pareja para que obtuviera toda la información necesaria sobre el control de la natalidad, pues -según él- en cuanto hubiera hijos la unión se convertiría en un matrimonio ordinario71.

No faltará quien se escandalice por citar yo a Russell, filósofo racionalista, defensor del libre albedrío y del desarrollo de sociedades pluralistas. hago porque considero interesante su posición, y por lo mismo respetable.

Además, me permite reafirmar que la unión conyugal informal, de prueba, no es una institución novedosa, sino que desde hace tiempo ha tenido acogida en sectores incultos intelectuales. Por supuesto, su validez ética ha tenido francos opositores, como J. Snock, que considera las relaciones sexuales pre-matrimoniales como un comportamiento perjudicial, inmoral, posición ésta igualmente respetable.

Otro fenómeno que caracteriza a la sociedad actual es ocurrencia frecuente de actividad sexual en adolescentes solteras. En los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo, tiene establecido que aproximadamente la mitad de las jóvenes de 17 años de edad han tenido ya relación sexual; la mayor parte de las de 19 años confiesa haber pasado por esa experiencia

Entre nosotros tal costumbre, sin llegar a esos extremos, se] venido incrementando. Sin duda, a ello ha contribuido influencia foránea y el desbarajuste de la familia. Es válida tesis de que la contracepción ha facilitado la práctica de relaciones sexuales al suprimir el temor al embarazo, como es válida que sostiene que el empleo de anticonceptivos por parte de los adolescentes ha evitado muchos embarazos indeseados.

El ideal fuera que los adolescentes no practicaran la relación sexual. Sin embargo, este ideal cada día se aleja más, pues en la sociedad hoy el individuo, desde muy temprano, asume que tiene derecho a vivir su vida a plenitud, a su manera. Encauzar las costumbres para evitar el extravío es una obligación que compete a la familia a los educadores, al Estado, a la sociedad toda.

Y los médicos estamos obligados a contribuir a esa cruzada. Con frecuencia menos de la deseada- la adolescente acude al médico de confianza en procura de consejo anticonceptivo. Este solo hecho ya pone de presente que tomó la determinación de llevar vida sexual activa, ocasional o permanente. infortunadamente consulta no se eleva antes sino después de consumada relación, estando motivada algunas veces por saberse o creerse embarazada. Tal situación es muy frecuente en jóvenes universitarias.

Dado que este tipo de consultas se condiciona a que adquieran el carácter de confidenciales, para una mejor resolución el médico no podrá contar con el concurso de los padres de la consultante. Entonces habrá de echar mano del paternalismo, que en situaciones tales adquiere plena justificación.

Padres y maestros deben ser los encargados de preparar a los muchachos para la vida sexual, particularmente en los inicios de la adolescencia. En otros tiempos, cuando existía el médico de familia, a éste se le hacía partícipe de esa labor educativa. La pérdida de dicha condición no excusa al médico, sobre todo al pediatra y al ginecólogo, de prestar su concurso cuando se le requiera.

Quién mejor que el profesional de la Medicina para hablar al adolescente sobre las consecuencias -peligros y responsabilidades- de la actividad sexual. Además de la contingencia de un embarazo indeseado, la práctica del sexo expone al contagio de enfermedades de transmisión venérea, entre éstas el temido sida.

Colocado en el papel de consejero, de educador, el médico no puede tampoco excusarse de recomendar un método anticonceptivo adecuado cuando es esa la solicitud que se le hace. Así lo manifestó en 1990 el Comité sobre Adolescencia de la Academia Americana de Pediatría74.

Como lo que se procura es evitar daños mayores, esa intención, que es buena, le da validez ética al acto médico, advirtiendo que no es fácil, desde el punto de vista ético, establecer cuál determinación es la que produce el mayor bien.

En la situación que estoy tratando, una enfermedad venérea o, lo más factible, un embarazo indeseado, podría conducir a un mal mayor. No niego que tal posición moral tiene mucho de utilitarista, y el utilitarismo como principio ético ha sido muy cuestionado75.

Sin embargo, la medicina, como ciencia práctica, no puede sustraerse al principio de que el acto que a juicio del médico produzca mayor beneficio, es el que moralmente debe ejecutarse.

En tratándose de la anticoncepción, el médico es un consejero, un orientador. Es su obligación respetar la autonomía del otro, pues, como dice el eticista Michael Bayles, las personas tienen sus propios deseos y preferencias y son ellas las que viven una situación dada; lo mejor es que ellas escojan a la luz de sus propios intereses 189.

Post scríptum

En junio de 1994, la Asociación Médica Mundial dio a conocer el siguiente “Proyecto de Declaración sobre Anticoncepción76 para ser presentado en la 46ª Asamblea General (Documento 1O.D/R2 /94):

La Asociación Médica Mundial reconoce que la anticoncepción puede tener un profundo efecto en la salud de las mujeres y en la de sus hijos. La capacidad de regular y controlar la fecundidad debe considerarse como un componente principal de la salud física y mental de la mujer, como también de bienestar social“.

Existe una fuerte pero insatisfecha demanda del control de la fecundidad en muchos países en desarrollo. Más de una de cada cinco mujeres en estos países desea evitar un embarazo; sin embargo no utiliza anticonceptivos actualmente“.

Los factores culturales y socio-económicos, en especial la educación y los sistemas de atención médica, influyen en la utilización de anticonceptivos. Sin embargo, con la mejor educación de las mujeres en los países en desarrollo, se aumentan los deseos de las mujeres de limitar la reproducción“.

La anticoncepción puede evitar las muertes prematuras de mujeres y los riesgos asociados a embarazos no deseados. Una planificación óptima del período de embarazo también contribuye a la sobrevivencia del recién nacido y del niño“.

Cuando grupos religiosos o políticos se oponen a la utilización de anticonceptivos, se niega a las mujeres el derecho a elección sobre el control de la fecundidad y entonces disminuye el control general de la fecundidad en el mundo“.

La Asociación Médica Mundial sostiene que se debe permitir que todas las mujeres opten por un control de fecundidad por voluntad propia y no por azar. La Asociación Médica Mundial sostiene además que la mujer tiene derecho a elegir un método anticonceptivo, sin consideraciones de nacionalidad, clase o credo“.

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