Una Hoja para Fortalecer El Corazón

Alfredo Jacome Roca, MD
Academia Nacional de Medicina

Los aborígenes africanos y otros indígenas han usado por años venenos para sus flechas que contienen glucósidos cardiacos, y precisamente al investigar estos tóxicos, el francés H. Pelikan descubrió la Ouabaina en Gabón (África Occidental), publicando sus hallazgos en el Comptè Rendu de la Academia de Ciencias de París en 1865, describiéndola como un nuevo veneno para el corazón. Cuatro años más tarde, el inglés Sir Thomas Fraser (1841-1920) encontró otro veneno con acción digitàlica, el estrofanto. Claro que estas plantas también tenían usos medicinales, pues los egipcios usaban la escila y los romanos la usaban como diurético, tónico cardiaco, emético y veneno para ratas. En el país de Gales se menciona la digital en escritos médicos de 1250.

El médico inglés nacido en Birmingham, William Withering (1741-1799), hizo en 1785 un “Informe sobre la digital y su aplicación médica, con aplicaciones prácticas sobre la hidropesía y otras enfermedades”, libro que se convirtió en clásico y que en su idioma original se llamaba “An account of the foxglove and its medical uses”.

Como era un médico de provincia a quien le gustaba estudiar las medicinas folclóricas, y siendo destacado botánico que publicara la “Flora Británica”, no tardó en comprobar que en ciertos casos de hidropesía (tumefacción de los miembros) servía la popular decocción de las hojas de digital para su tratamiento; pero si se utilizaba con prudencia, suspendiendo su administración al presentarse las náuseas (clásico signo de intoxicación digitàlica), en estos enfermos. Este acucioso observador de las medicinas que usaba el pueblo probablemente no asoció claramente esos casos de hidropesía tratados exitosamente con las acciones cardiacas de la droga, pues los conocimientos de cardiología de la época eran muy rudimentarios. Pero sí encontró que la digital (Fig.23-1) afectaba el corazón:

“Tiene poder sobre el movimiento del corazón, en grado nunca observado antes en ningún otro medicamento”. La familia Withering era amiga de Erasmo, abuelo de Darwin, quien le aconsejó al joven William que se estableciera en el pueblo de Shropshire y quién le llamó para que atendiese un paciente moribundo, cuyo caso se describe en el libro sobre la digital, algunos de cuyos apartes reproduzco de las páginas de Fernando Serpa sobre este tema:

“A (la enferma) la encontré casi en estado de asfixia; su pulso extremadamente débil e irregular, su respiración entrecortada y penosa, su rostro demacrado, sus brazos lívidos y cubiertos de sudor frío. No podía recostarse en la cama, ni apenas tenía fuerzas ni apetito, pero en cambio estaba continuamente sedienta. Su vientre, las piernas y los muslos estaban extremadamente hinchados. Orinaba muy poco y cuando lo hacía, muy de tarde en tarde, la cantidad de líquido apenas rebasaba una cucharada. Dada la situación, no conocía otro remedio que pudiese ayudarnos más que la digital. Propuse pues el tratamiento, mientras les explicaba que al fracasar otros métodos que anteriormente habían dado buenos resultados, la digital se había revelado como un eficaz remedio. El doctor Darwin aceptó mi propuesta y dado que nunca había presenciado el modo de administrar la digital, dejó en mis manos su preparación y dosificación. Ordenamos entonces preparar cuatro onzas de hojas frescas de digital en una libra y media de agua, poniendo todo a cocer hasta quedar el el líquido reducido a una libra. De esta cocción había que beber cada dos horas una y media onzas con dos dracmas de agua moscada”. 

Flor de la planta Digitalis purpurea

“La paciente tomó cinco dosis de este tipo, que le ocasionaron bastantes náuseas, pero actuaron intensamente sobre los riñones, ya que en las primeras veinticuatro horas pudo expulsar alrededor de nueve litros de orina. La sensación de dilatación y de constreñimiento de la región abdominal disminuyó considerablemente, su respiración comenzó a normalizarse, el pulso –que volvió a sentirse-, latía con más regularidad y al mismo tiempo desapareció la hinchazón de sus piernas”.

El pueblo empleaba una mezcla de hierbas, pero la planta activa que utilizó Withering fue la Digitalis purpurea, cuyo nombre en inglés “foxglove” significa “guante de zorro”, en alemán “Fingerhut” que quiere decir dedal, en latín “digital” o dedo, pues sus flores tienen forma de dedo de guante. El trabajo de este inglés no fue seguido por muchos años, ya que esta droga se usó sin éxito en diversos trastornos y con frecuencia en dosis tóxicas. Posteriormente las indicaciones se fueron sedimentando para el tratamiento de la fibrilación auricular y luego en la insuficiencia cardiaca congestiva. Los glucósidos cardiacos (genina y monosacáridos) de allí provienen, aunque otras escrofulariáceas similares también los contienen, como es el caso de la Digitalis lanata, fuente del lanatòsido C o digoxina; el Strophantus kombè contiene estrofantidina, la escila viene de la Urginea (Scilla) marítima y la Ouabaina (usada más que todo en Europa) viene del Strophantus gratus. Otras plantas como el Lirio del Valle y la Adelfa Amarilla generan glucósidos cardiacos que no se usan en la clínica.

La Societè de Pharmacie de París creó un premio para quien encontrara el principio activo de la hoja de digital, la que hasta no hace muchos años se utilizó como medicamento en algunos sitios de fama en cardiología, como en la Universidad de Tulane donde los residentes la formulábamos por exigencia de George Burch, Jefe de Medicina Interna. Era una tableta verde que contenía 100 mg (o uno y medio granos) de la hoja. Este premio en sus inicios fue dado al doctor Homolle, con la colaboración del farmacéutico Quevenne (miembro este último del jurado), quienes identificaron la Digitalina. Cuatro lustros después la Digitaline cristalisèe fue aislada en forma de finas y resplandecientes agujas blancas en 1867 por Claude Adolphus Nativelle, más pura y eficaz que la digitalina.

Oswald Schmiedberg (Director del Instituto Farmacológico de la Universidad de Estrasburgo) le dio el nombre de digitoxina (que muchos consideran infortunado pues recuerda su toxicidad) al mejor y más activo de los glucósidos de la digitalina.

Ludwig Traube en Berlín utilizó sistemáticamente la Digitalis purpurea en su servicio de Medicina Interna, y Gold en Norte América encontró que la digitoxina era superior a otros glucósidos para el uso crónico por su larga acción. La ouabaina (o estrofantina), aunque muy buena para casos de edema pulmonar, rápidamente se eliminaba por vía renal después de su administración intravenosa.

Sin embargo el margen entre efectividad y toxicidad que tiene la digitoxina limitaba su uso, ya que en casos de intoxicación digitàlica era necesario esperar 21 días antes de que el riñón depurara el glucósido en su totalidad. Así que empezó a ponerse de moda la digoxina, disponible por vías parenteral y oral, y de duración intermedia. Y finalmente la beta-metil-digoxina, de acción y eliminación relativamente rápida y que se presenta en ampolletas, gotas (muy usadas en ancianos) y tabletas, aunque la utilización en cardiología de este inhibidor de la bomba de sodio que fortalece la contracción del miocardio, ya no tiene la relevancia de otros tiempos, cuando le dio un giro de 180 grados a la terrible morbi-mortalidad asociada con la insuficiencia cardiaca.

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