Las Drogas Psicoactivas, 1 Parte

Alfredo Jacome Roca, MD
Academia Nacional de Medicina

Aunque medicamento y droga son dos palabras intercambiables, la primera se refiere exclusivamente a sustancias utilizadas en terapéutica para intervenir en las enfermedades y controlarlas, mientras que el segundo término que querría decir lo mismo, ha venido últimamente usándose para aquellos compuestos de naturaleza medicamentosa que tienen propiedades estimulantes, depresoras, narcóticas o alucinógenas y que pueden causar hábito. De ahí que la persona que consume drogas adictivas se llame drogadicto.

Desde tiempos inmemoriales el ser humano viene consumiéndolas. Por supuesto no todas ellas ejercen igual efecto sobre el sistema nervioso central, siendo las menos fuertes toleradas y aún promovidas en sociedad, y las podríamos llamar “lícitas”. Son el café y el té, el tabaco y el alcohol; las dos últimas son deletéreas para la salud cuando no se consumen con moderación y entre más frecuentemente se consumen, mas daño hacen; pero son aceptadas en los medios sociales.

Si así podemos llamarla, la droga psicoactiva mas comúnmente usada desde la antigüedad es el alcohol. El obispo de Constantinopla San Juan Crisóstomo dice en el siglo IV que aunque el hombre gritara que si no hubiera vino no habría parrandas ni locuras, sería como decir que no hubiese mujeres para que no existiera el adulterio. El Talmud babilónico dice que cuando no hay vino, entonces son necesarios los medicamentos.

La mención más antigua de una borrachera la tiene el Génesis: “Noé, agricultor, comenzó a labrar la tierra y plantó una viña. Bebió de su vino y se embriagó y quedó desnudo en medio de su tienda”. Fue Baco, hijo de Zeus, un consuetudinario tomador de vino; viciosos también fueron Tiberio y Alejandro Magno, incluso algunos pontífices que por lo demás realizaron una santa y gran labor. Y a cuántos el consumo abusivo del licor no les ha llevado a la destrucción de sus familias, a problemas legales, a daños orgánicos irreparables. El alcohol hace parte de la vida social normal, pero hay que consumirlo con moderación y con cuidado, para que nos produzca ratos de relajación y celebración, sin que nos traiga la destrucción de nuestras vidas.

El tabaco es originario de América. El mismo día de su desembarco en Cuba, en ese año especial de 1492, Colón y sus compañeros Rodrigo de Jerez y Luis de la Torre, observaron a los indios fumando tabaco. El primero de estos fue quien se encargó de llevar esta hierba a Europa, con tan mala fortuna que fue juzgado por la Inquisición y condenado a muerte. Pero fue durante el reinado de Felipe II que el tabaco hizo carrera en las cortes y su vicio se extendió por muchos países. De Portugal lo llevó a París el Señor Jean Nicot de Villemann, por lo que el tabaco se dio en llamar “la hierba de Nicot”. De allí se extrajo la nicotina, poderosa droga adictiva con acciones farmacológicas definidas (acción nicotìnica), que es una acción colinèrgica, al estimular los receptores ganglionares específicos para la acetilcolina. La nicotina se ha venido a usar en terapéutica en forma de parches, como tratamiento coadyuvante en la terapia para dejar el vicio de fumar.

Aunque no pareciera cierto, en sus comienzos el tabaco se empezó a usar como sustancia con propiedades medicinales. El mismo Nicot se encargó de divulgar las aparentes virtudes curativas de esta hierba americana a través de personas tan importantes como Catalina de Médicis, el Cardenal de Lorena y su hermano el Gran Prior, por lo que además se denominó la “hierba del Gran Prior”. Hubo otra serie de personas influyentes que fueron muy partidarios del tabaco como planta medicinal, más notoriamente el médico y agrónomo Jean Lièbault quien en un famoso libro describe ya, entre otras cosas las virtudes curativas de esta planta, útil para toda clase de enfermedades, especialmente heridas, cánceres ulcerados y sarnas; en las primeras por ejemplo se usaban las hojas machacadas en un mortero, junto con su jugo, sobre la herida. Por esta razón el tabaco durante un tiempo fue expendido en boticas de la época, aunque pronto aparecieron los contradictores de esta clase de terapia, el más famoso de los cuales fue el Rey Jacobo I de Inglaterra, el soberano hijo de María Estuardo y sucesor de la gran Isabel, quien en sus cuarenta años de reinado escribió varios libros y uno de ellos fue “Counterblast to tobacco”, una verdadera diatriba donde se afirma entre otras cosas que el tabaco no tiene acción curativa alguna. Alcanzó sin embargo a llamarse la “Herba panacea”, que lo curaba todo.

Por supuesto que cuando hablamos de drogas ilícitas estamos generalmente refiriéndonos a las fuertes, a los narcóticos. Ya 5000 años A.C. los sumerios (que habitaban donde hoy es Irak) usaban el opio para enfermedades tropicales como la disentería; y es lógico que así fuera pues los modernos antidiarreicos provienen del láudano; curiosamente el ideograma que los sumerios tienen para esta sustancia significa “gozo” o “placentero”. En cuanto al alcohol, en uno de los papiros egipcios de 3500 A.C. se describe una cervecería. Quinientos años más tarde se supone que se origina el uso del té en la China. La evidencia histórica más antigua sobre la ingestión de semillas de adormidera (de donde se obtiene el opio) se registra en el 2500 A.C. entre los habitantes de Lago, en Suiza.La primera prohibición ocurre en Egipto en el 2000 A.C., cuando un sacerdote le prohíbe a su alumno asistir a las tabernas, donde la gente se degrada como si fueran bestias. En el libro de los Proverbios (350 años A.C.) se dice: “Dadle una bebida fuerte al que está muriendo, y vino a los que sufren amargamente; déjenlos tomar para que olviden su pobreza y no se acuerden más de su miseria”. Y en las últimas tres centurias antes del advenimiento de Cristo siguen habiendo menciones de esta naturaleza. Teofrasto, el naturalista y filósofo griego por ejemplo, hace claramente referencia al uso de las semillas de la adormidera; en los Salmos se lee: “Él (Dios) hace que crezca el pasto para el ganado y las plantas para que el hombre las cultive, para que la tierra le dé alimento y vino para alegrarle el corazón”. Por último, ya se encuentra en un diccionario chino la mención del té.

El opio pasó de los sumerios a los egipcios, luego a Persia y a la India, y para el siglo X estaba en la China como medicamento, pero luego empezó a fumarse y así se convirtió en vicio. Sus usos médicos han continuado por años, desde Paracelso en 1525, quién introdujo el láudano o tintura de opio, que tiene efectos antidiarreicos principalmente, pero también antitusivos, analgésicos y antiespasmódicos; del opio se derivan alcaloides como por ejemplo la codeína, la morfina y la papaverina. El opio (Fig.25-1) es el jugo de la corteza de las cáscaras verdes de la adormidera, de la variedad “Papaver somniferum”, que como ocurre con muchas de las drogas que afectan el sistema nervioso central, primero estimula, luego da sueño y finalmente intoxica.

Pero el opio pasaba por calificativos de excelente droga para uso en medicina a destructor de sociedades. En el siglo XVII, Thomas Sydenham declara al opio como droga eficaz y universal, que Dios le ha dado al hombre para aliviar sus sufrimientos. Y en el siglo XVIII otro médico inglés, Thomas Dover, lanza el “polvo diaforético” basándose en opio, usado luego por más de 150 años para el tratamiento de la gota.

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