Las Drogas Psicoactivas, 2 Parte

En la China mientras tanto el opio se había vuelto un problema de salud pública por lo que promulgan leyes prohibicionistas que entre otras decretan el estrangulamiento de aquellos que posean opio. Pero la ciencia sigue pensando en sus efectos benéficos, y en la búsqueda de un alcaloide selectivo, en 1805 el químico alemán Sertürner aísla y describe la morfina.

Flor de la AmapolaAlgo que debe sorprender y avergonzar a la humanidad son las dos guerras del opio, a mediados del siglo XIX, cuando inicialmente los ingleses y luego con la ayuda de los franceses, estimulan el tráfico del opio en China, donde había sido declarado ilegal. Al final de este mismo siglo se describe por parte de George Wood, profesor de medicina en la Universidad de Pensilvania, el efecto farmacológico del opio, algo que podría aplicarse a otras de las drogas fuertes y que son en parte la razón de la drogadicción: “Se siente en la cabeza una llenura, seguida pronto de sentimiento universal de bienestar, con elevación y expansión de la autoestima y de la inteligencia, sintiéndose el individuo un hombre mejor y más importante; las alucinaciones e imaginaciones delirantes son muy deseadas; además de esta elevación de tipo emocional e intelectual, se aumenta la energía muscular y la capacidad de soportar la fatiga”. Por supuesto que estas agradables sensaciones pronto habrán de desaparecer y aparecen los guayabos, la tolerancia y la adicción.

A finales de este mismo siglo, la Comisión Real sobre Opio concluye que este es como un licor occidental, no una sustancia para ser temida y atacada. Para esa misma época se funda en Baltimore el famoso Hospital Johns Hopkins (1899), y uno de sus fundadores, William Halsted (1852-1922) es cocainómano (¿y morfinómano?); esto no le impide sin embargo seguir con su extraordinaria carrera como cirujano. Mientras tanto los alemanes continúan con sus investigaciones sobre el tema y logran sintetizar la diacetilmorfina o heroína, la que no dudan en calificar como preparación segura que no causa adición, calificada un par de años después por la Revista Médico-Quirúrgica de Boston, mas tarde denominada el “New England Journal of Medicine” como una droga con grandes ventajas sobre la morfina; la heroína por ejemplo no es hipnótica, dice, y no hay peligro de habituarse a ella.

Al despuntar el siglo XX, ya los americanos empiezan a preocuparse con estas sustancias. El Senado prohíbe la venta de alcohol y opio a las tribus indígenas y luego en Alaska. Su mentalidad prohibicionista continúa cuando la Oficina de Reforma Internacional solicita al Presidente de los Estados Unidos que obligue a la Gran Bretaña a liberar a la China del tráfico obligado de opio… que esta última nación había (internamente) prohibido, excepto para usos medicinales. En 1906 se saca una ley que prohíbe la compra libre de heroína, morfina y cocaína, en boticas o por correo. Sin embargo ese mismo año la “Materia Medica Squibb” considera a la heroína como un remedio de mucho valor, que además sirve para el tratamiento del hábito a la morfina.

Pero la preocupación por el tema de la drogadicción continúa: pocos años mas tarde se denuncia que en América, los empleadores les dan cocaína a los negros para que trabajen con más energía. En La Haya se reúne una convención que recomienda una serie de medidas para controlar el tráfico de opio. De allí en adelante empieza la lucha contra las drogas, con ocasionales debates sobre su legalización al considerarlo un problema de salud pública, con estadísticas tales como que en la China hay 40 millones de fumadores de opio (cifra no tan dramática si se considera que allí viven 1.200 millones de personas), que uno de cada 100 médicos alemanes es morfinómano, etc. Y así, hasta nuestros días.

Historias parecidas, aunque diferentes tienen la marihuana y la cocaína. Su consumo ha sido admitido por algunas culturas, aunque la cocaína por ejemplo se usa de manera artesanal (mascar su hoja) entre los indios bolivianos o el mate de coca en el Perú. La planta Erythroxilon coca es considerada en sus inicios un arbusto sagrado. Entonces, como ahora, proviene fundamentalmente de los países andinos, pues los indios la mascaban para combatir el hambre y el cansancio. A mediados del siglo XIX, Albert Niemann lleva hojas de coca peruana a Alemania y allí el químico Friedrich Wholer de la Universidad de Gottinguen aísla la cocaína en forma pura; al finalizar ese mismo siglo, Freud se había tratado su depresión con cocaína, con éxito aparente; la usó en algunos pacientes, entre ellos su colega Ernst Von Fleischl, morfinómano, quién recibió dosis tan altas de parte de Freud que desarrolló el primer caso conocido de psicosis cocaìnica. Dice el psiquiatra Reales Orozco que “el curso irreversible de tan cruel enfermedad (la drogadicción), arruinó física y mentalmente a un hombre todavía útil, pero que se convirtió en inútil para la sociedad por abusar de la cocaína con la deliberada finalidad de mantenerse tranquilo e indiferente a los acontecimientos de su medio circundante y murió años mas tarde como consecuencia de esta patología siquiátrica”.

Esta droga ha tenido también sus usos médicos. En 1884 Karl Koller comunicó a la Sociedad Oftalmológica de Alemania sobre los éxitos de la cocaína como anestésico local en pequeña cirugía ocular, donde además observó que su efecto vasoconstrictor ayudaba en el control de la hemorragia. Sus colegas pronto confirmaron la utilidad de la droga, por lo que su uso se expandió rápidamente, siendo usado por otros cirujanos no oftalmólogos, quienes ignoraban la farmacología y las dosis adecuadas. Un cirujano ruso de apellido Kolamine la usò de manera entusiasta pero inexperta en una cirugía digestiva, y el paciente falleció durante la operación. El infortunado cirujano terminó suicidándose un tiempo más tarde. Como en 1899 se sintetizó la novocaína, esta rápidamente reemplazó a la cocaína en esta indicación médica.

En cuanto a la marihuana, esta se ha usado por siglos con el fin de obtener efectos placenteros. Pero tiene algunos usos médicos: por ejemplo, el compuesto activo tetrahidrocannaninol ha sido autorizado por la FDA como antiemético en ciertos casos de vómito por quimioterapia del cáncer, y se habla de que la marihuana untada puede aliviar los dolores de la artritis.

El siglo XX se caracterizó por una permanente lucha contra las drogas adictivas; contra el alcohol (recordemos la famosa y frustrante prohibición), contra el tabaco por sus secuelas médicas, contra la marihuana, aunque legalizada en algunos estados norteamericanos. Contra la cocaína, la heroína, las anfetaminas, las drogas sintéticas, que llevan a los adictos a cometer innumerables actos ilegales – robos, asesinatos, accidentes, destrucción personal y familiar-, actos antisociales que hicieron que el Presidente Nixon declarara a la droga “el enemigo público número uno”.

El abuso de las drogas es sin duda uno de los problemas de salud pública más graves que afronta la humanidad; ellas promueven los delitos, las enfermedades venéreas, los costos de salud, el comercio delictivo y multimillonario, la corrupción y tantos otros males que no afectan. Con el gravísimo resultado de la adicción, difícilmente tratable y en ocasiones incurable.En vista de los pobres resultados que han tenido las políticas represivas en los países productores, se ha venido tomando conciencia de que hay que reducir el consumo con programas educativos y quizás hacer un replanteamiento de políticas que sin mayor éxito en cuanto a la disminución de la drogadicción, si han hecho de este comercio inhumano y degradante, el mejor negocio conocido que tiene la humanidad, el narcotráfico.

Descubrimiento del Ácido Lisérgico

Albert Hofmann ha sido –a los cien años- un prominente científico suizo, muy conocido por ser el padre de la LSD. Nació en Baden y estudió química en la Universidad de Zurich, interesándose principalmente en la química de las plantas y de los animales, estudiando luego la chitina, tesis con la que obtuvo su doctorado. Hofmann ingresó a Sandoz Laboratories (ahora Novartis) de Basilea, y estudió el hongo ergot, como parte de un programa para purificar y sintetizar los constituyentes activos, para usarlos en la terapéutica. Al investigar sobre el ácido lisérgico –el constituyente central de los alcaloides del ergot- lo llevó a la síntesis del LSD-25 en 1938. Cinco años después descubrió sus efectos piscodélicos al absorber accidentalmente la sustancia a través de sus dedos. Tres días después él consumió voluntariamente 250 μg de LSD, experimentando sus intensos efectos mientras montó en bicicleta hasta su casa. Como director de productos naturales de su laboratorio, experimentó con diversas sustancias alucinógenas encontradas en hongos mejicanos y en otras plantas usadas por los aborígenes. Sintetizó la psilocibina, el agente activo de los hongos mágicos. Hofmann también se interesó en las semillas de las especies de las mañanas mejicanas gloriosas -Rivea corymbosa- semillas llamadas Ololiuhqui por los nativos. Investigó también en 1962 la planta de Maria Pastora, posteriormente llamada Salvia divinorum. Aunque obtuvo muestras de estas hojas, nunca pudo identificar sus compuestos activos. Al cumplir su centenario, el 11 de enero de 2006, se realizó un simposio internacional sobre sus investigaciones en el tema de los alucinógenos.

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