Atenas, Aristóteles, Alejandro

Alfredo Jacome Roca, MD
Academia Nacional de Medicina

La humanidad ha tenido períodos de quietud intelectual pero otros han sido de progreso incontenible. La centuria de la tecnología que acaba de pasar es un ejemplo, al igual que los tiempos dorados de la cultura helenística en el periodo post-alejandrino.

En la época de los griegos no había universidades pues estos institutos de educación empezaron a desarrollarse en la edad media, a la sombra de los conventos y de las grandes catedrales europeas. Los centros culturales fueron las calles de Atenas para Sócrates, la Academia para Platón, el Liceo para Aristóteles y el Museo para los filósofos de la escuela de Alejandría. Estos personajes y movimientos ensancharon en línea descendente el conocimiento humano, lo enseñaron o lo escribieron. El último de estos grandes filósofos (Fig.6-1) concibió la lógica y creó el silogismo, redactó la física, vislumbró la metafísica, habló de la sicología, se inició en la fisiología y describió a los seres vivos convirtiéndose en verdadero biólogo.

Aristóteles (384-322 AC.) era pues un hombre meticuloso que quiso poner orden en los conceptos de los seres humanos; posterior a Hipócrates y discípulo de Platón, lo admiró y respetó mucho pero a su vez combatió sus teorías acerca de que los seres creados, percibidos por los sentidos, existieron antes en el mundo de las Ideas Eternas, que les servían de molde. Fue maestro y tutor de Alejandro Magno y se interesó en los cambios de la naturaleza. Hablaba de que estos tenían cuatro causas; si tomamos como ejemplo la lluvia, esta tiene una causa “material” (nubes o vapor de agua allí presentes), otra “eficiente” (su enfriamiento), una “formal” (su caída al suelo) y una causa “final” (¿por qué llueve?); llueve porque las plantas y los animales necesitan el agua para poder crecer (la tarea o “intención” de las gotas de lluvia). Fue probablemente el mayor genio científico que ha conocido el mundo; aunque no fue médico ni hizo aportes particulares a la terapéutica, sí influyó en la medicina. Dejó las bases de la anatomía comparada y de la embriología (desarrolladas luego por Vesalio y por Fabricio de Aquapendente). Disecó innumerables animales, especialmente peces y moluscos; describió a las abejas, a su “jefe” (o reina), de cómo forman un enjambre, fabrican la miel y construyen la colmena. Informó acerca de la “lija placentaria”, prolijamente analizada por Müller veinte siglos mas tarde. El filósofo de Estagira fue una de las más vastas inteligencias que ha conocido la humanidad, quien se interesó prácticamente por todo. Habló de la moral en las costumbres en su “Ética a Nicómaco”, disertó sobre política y retórica, estudió la meteorología (y la astronomía) y escribió versos; muchas de sus descripciones y clasificaciones subsisten hoy en día; la primera chispa del evolucionismo se vislumbra en sus conceptos sobre la naturaleza. De sus ideas nació la teoría de los humores (sangre, flema, bilis amarilla y otra, negra) cuyo desequilibrio causaría la enfermedad. El cuerpo humano tiene entonces cuatro características, calor y frío, sequedad y humedad. Suena simplista a la luz de nuestros conocimientos actuales, mas no lo era para su época. Una investigación científica concreta suya fue la del desarrollo del polluelo dentro del huevo. Sobre esto, Platón habría dicho: ¿que fue primero, la gallina o la “idea de gallina?”

AristótelesPosteriores a Aristóteles son los botánicos Teofrasto y Dioscòrides, a quienes dedicamos capítulo aparte. Vale la pena mencionar aquí a la escuela médica de Alejandría, que fue previa al poderío romano. Un año antes de morir a la temprana edad de 33 años, el hijo de Filipo de Macedonia fundó en Egipto la ciudad de Alejandría ( hizo lo mismo en otros países, pero de todas esas ciudades que llevaban su nombre –Iso, Oxus, Susiana, Troa y Alejandrescata- sólo sobrevivió esta); tenía dos barrios o cuarteles, uno de los cuales era el de Rhacotis, donde se encontraba el pueblo original; el cuartel de Bruquiòn era por otro lado el barrio real donde se ubicaban suntuosos edificios como el Palacio, el Museo(lugar de filósofos y artistas, academia que albergó la famosa escuela neo-platónica de Alejandría, incluyendo a la escuela médica), los templos y la Biblioteca. Fue esta última fundada por Ptolomeo Sotero (General de Alejandro) y es recordada por los 700.000 rollos de papiros que llegó a tener en la época romana. Hay que anotar que unos cuatrocientos mil estaban en el Bruquiòn propiamente dicho, que fue la parte que sufrió un incendio durante la retirada de Julio César en la época de Cleopatra y su hermano Ptolomeo; otros trescientos mil papiros logrò albergar el templo de Serapis (inicialmente fueron 42.800 rollos que hubo que trasladar del primer edificio); la biblioteca logró crecer tiempo más tarde- gracias a la donación que Marco Antonio le hiciera a Cleopatra de los libros de los reyes de Pèrgamo- y logró salvarse en buena parte del asalto de los cristianos en el 389 D.C. Este suntuoso templo o Serapiòn era el último refugio de la teología y de la creencia paganas y fue transformado en la iglesia de San Arcadio. Los cristianos sin embargo continuaron dándole a Alejandría la primacía científica, por lo que la biblioteca siguió ensanchándose. Tras la división del imperio romano, esta ciudad quedó ubicada en el de Oriente. Cuando se propagó el Islam, allí llegó el general Amrù, de los ejércitos del califa Omar. Tras largo sitio, logró tomársela y en principio respetar la biblioteca. Pero consultado el califa, este contestó al mejor estilo salomónico pero increíblemente equivocado: “Si los libros que allí hay están conformes con el Corán, son inútiles; pero si son contrarios, deben ser destruidos”. Se dice, aunque no con absoluta certeza, que los rollos sirvieron de combustible durantes seis meses a los 4.000 baños que había en la Alejandría de Egipto. En este tercer milenio se encuentra lista una suntuosa reproducción de la biblioteca, con todos los elementos modernos y cientos de miles de volúmenes y de documentos de toda naturaleza, que fue inaugurada en 2002. De la escuela médica de Alejandría recordamos a Heròfilo (anatomista) y a Erasìstrato (fisiólogo y fundador de la anatomía comparada), quienes para procurar mejores conocimientos, con permiso real disecaban vivos a criminales próximos a ser ejecutados (si le hemos de creer a Celso), cosa repugnante que los señalaría como precursores de aquellos médicos nazis que experimentaron con prisioneros judíos hasta causarles la muerte. Entristece pensar que esto sucediera precisamente en el centro de la cultura post-ateniense, que debía iluminar al mundo con su pensamiento. De todas maneras este par de médicos ensancharon en gran manera los conocimientos anatómicos e iniciaron algunos procedimientos quirúrgicos novedosos.

Alejandría no aportó nada especial en materia de medicamentos, aunque allí hubo primitivos farmacólogos y toxicólogos. Fue la primera escuela médica de gran prestigio de la que tenemos noticia. Galeno recogería y trasmitiría sus conocimientos, aunque alterando muchos de ellos. Algunos de los perdidos manuscritos alejandrinos se recuperaron a finales de la Edad Media pues habían logrado pasar a España por los árabes, o al imperio romano.

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