Segunda Mitad del Siglo, La Ginecobstetricia

Fernando Sánchez Torres, M.D

A partir de 1950 la obstetricia y la ginecología toman en nuestro país un rumbo acelerado hacia el progreso. Muchos factores incidieron para que así fuera. Por una parte lo que ocurría en el exterior fue pronto trasplantado y usufructuado en virtud de la accesibilidad y eficacia de los medios de comunicación, como también de la formación en gran escala de especialistas en escuelas tanto de los Estados Unidos como de México, Uruguay, Argentina y Brasil. Además, dentro del país se sucedieron sustanciales cambios en la asistencia pública y en la educación médica. Estos últimos obligaron a mejorar la docencia en todas las ramas, como también a incrementar la actividad investigativa.

Desde ahora advertimos que, habida cuenta del cúmulo de personas e instituciones que han intervenido durante los últimos cuarenta anos en el adelanto de las disciplinas que nos ocupan, no debe esperarse que demos completa razón de lo ocurrido. Con el fin de obtener la mayor información posible, cursamos muchas cartas entre los colegas que consideramos claves por su posición directiva o académica en las principales ciudades del país. Infortunadamente, nuestro requerimiento fue atendido por muy pocos de ellos. No obstante, hemos procurado reconstruir lo que ha sucedido valiéndonos también de la memoria, ya que nos ha correspondido ser testigos, y a veces protagonistas, de buena parte de los hechos dignos de ser contados.

La educación médica

En 1951 funcionaban en Colombia seis facultades de medicina, así: dos en Bogotá y sendas en Medellín, Cartagena, Cali y Popayán. Cuarenta años después ese número ascendió a 21, de las cuales seis se encuentran en Bogotá. Para efecto de la docencia de pre y posgrado, cada una cuenta con un departamento integrado de obstetricia y ginecología, aclarando que solo en 14 se adelantan programas de especialización.

Antes de la década de los 60, el ejercicio de la obstetricia y de la ginecología, al igual que los programas docentes, se llevaban a cabo de manera independiente. Dado que algunos profesores habían recibido formación especializada en el exterior matriculados en programas integrados, a su regreso sembraron la inquietud acerca de la necesidad de hacer de los dos una sola especialidad. Así ocurrió en Bogotá, Cali y Medellín, donde Guillermo López Escobar en la Universidad Nacional, Saulo Muñoz Delgado en la del Valle y Jaime Botero Uribe en la de Antioquía, se encargaron de convertir en realidad esa aspiración. Por su parte, la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (Ascofame), que había sido autorizada por el Estado para certificar la idoneidad profesional de quienes ejercían como especialistas y para otorgar el título a quienes culminaran los programas de posgrado, instaló, el 10 de mayo de 1963, el Comité de Educación Médica en Ginecología y Obstetricia presidido por el doctor Jorge Escobar Soto, de Cali. Para entonces quedaron registrados 140 especialistas en ejercicio en todo el país; el primer certificado fue el profesor José del Carmen Acosta villaveces.

En la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional los doctores Guillermo López Escobar y Rafael Ramírez Merchán, quienes eran jefes de las secciones de Ginecología y Obstetricia respectivamente, en asocio del doctor Jorge villarreal Mejía, diseñaron un programa integrado de cuatro años de duración, con un cupo de ocho plazas para los que lo iniciaran134. Una vez discutido y aprobado por las directivas de la Facultad se puso en práctica. Tal integración académica, iniciada en 1959, obligó a una integración geográfica, trasladándose en 1967 el servicio de ginecología del Hospital San Juan de Dios al Instituto Materno Infantil, donde, como vimos antes, funcionaba el servicio de obstetricia.

El programa integrado de residencias se inicio en otras universidades con muy pocos años de diferencia. Por ejemplo, en la Universidad del Valle comenzó en 1956 bajo la Jefatura de Jorge Escobar Soto, en la de Antioquía en 1957 a cargo de Jaime Botero Uribe, y en la de Caldas en 1963, con la dirección de Bernardo Botero Peláez.

En 1967 se llevó a cabo en Cartagena el Primer Seminario sobre la Enseñanza de la Obstetricia y la Ginecología, organizado por Ascofáme, y que sirvió para reafirmar las ventajas de la integración, como también para orientar la educación de pre y posgrado. Para hacer una evaluación de lo acordado en Cartagena, en septiembre de 1969 se realizó en Bogotá el Segundo Seminario Colombiano y Primero Bolivariano, organizados también por Ascofáme. Allí se recomendó que la educación ginecológica y obstétrica de pregrado girara alrededor de las necesidades de la comunidad, es decir, de las entidades que ocasionaban la mayor morbimortalidad: hemorragia, infecciones, toxemia gravídica, aborto y cáncer.

En aquel certamen propusimos darle cabida al término “ginecobstetricia”, a sabiendas de que era, y es, un vocablo de composición gramaticalmente híbrida135. En efecto, esta palabra no está incluida en el vocabulario técnico. Pese a que, desde el punto de vista práctico y académico, ginecología (de origen griego) y obstetricia (de origen latino) se fundieron en una sola disciplina, en el lenguaje corriente siguen divorciadas. En el ámbito latinoamericano, particularmente en los países del extremo sur del continente, se han venido utilizando términos como ginecotocología, tocoginecología, ginetocología, sin que hayan Podido sentar reales, quizás por ser cacofónicos, lo que los hace difícil de pronunciar, no obstante ser legítima su composición gramatical, como que ambas raíces (gine y toco) tienen su origen en la lengua griega, es decir, poseen “concordancia ancestral”. Entre nosotros “ginecobstetricia” circula en el habla corriente, sin oposición por su origen espúrio. Es seguro que por fuerza de la costumbre, tenga que recibir más tarde aceptación académica.

Dejando a un lado la integración lingüística, continuemos con la integración docente. Como ya dijimos, en 1992 funcionan 21 facultades de medicina, cada una con una cátedra integrada de ginecobstetricia. Solo siete de ellas no ofrecen programas de posgrado en la materia. Estos han recibido aprobación del Instituto Colombiano para el Fomento

de la Educación Superior (Icfes) y por Ascofáme a través del Comité de Educación Médica en Ginecología y Obstetricia, compuesto por cinco miembros en representación de las facultades de medicina y uno en representación de la Sociedad Colombiana de Obstetricia y Ginecología136. La duración del programa es de 36 meses, de tipo horizontal, dividido en tres etapas de 12 meses cada una (residencia de primero, segundo y tercer año), al cabo de las cuales se expide el título de “Especialista en Ginecología y Obstetricia” por parte de las respectivas facultades, título que debe ser registrado en Ascofame.

Según Ascofame en 1990 ejercían en Colombia aproximadamente treinta mil médicos, de los cuales 11.803 eran especialistas, 13 por 100 de ellos ginecobstetras (un poco más de mil quinientos)’37. Es válido advertir que no obstante estar oficializada la especialización, en la práctica todo médico puede ejercer la ginecobstetricia, tanto en la provincia como en las capitales de los departamentos.

Certámenes científicos

Vimos ya que en Bogotá, en 1949, se reunió la Primera Convención Nacional de Ginecología. Traspuesta la primera mitad del siglo, distintos certámenes científicos fueron sucediéndose, cada vez con mayores frecuencia e importancia. A continuación pasaremos revista a algunos y haremos mención escueta de otros.

La Primera Convención Nacional de Obstetricia y Ginecología se realizó del 9 al 12 de septiembre de 1953 en el salón principal del Hotel Tequendama de Bogotá. La organización corrió a cargo de la directiva de la Sociedad Colombiana de Obstetricia y Ginecología, constituida por el profesor Arturo Aparicio Jaramillo, presidente; Carlos R. Silva Mojica, vicepresidente; Fernando ‘Tamayo, secretario general; Hernando Navas A., secretario de actas, y Santiago Lleras Codazzi, tesorero. La Convención estuvo presidida por el profesor José del Carmen Acosta. Esta primera convención alcanzó un rotundo éxito pues se reunieron 224 médicos de todo el país. Los temas tratados fueron: toxicosis gravídicas, factor Rh, endometriosis, esterilidad. Hubo además temas libres. En una edición especial la revista de la Sociedad publicó los trabajos presentados volumen V; No. 5, mayo y junio de 1954). La comisión encargada de elaborar las conclusiones finales de la convención, compuesta por los doctores Rafael Peralta C., Eduardo Acosta Bendeck, Bernardo Botero Peláez, Tomás Becerra, Pedro Nel Cardona, Primitivo Rey Rey, y Hernando Amaya León, a manera de conclusiones, rindió el siguiente informe, el cual transcribimos en su totalidad, pues refleja lo que entonces era nuestra ginecobstetricia:

1.Temas obstétricos

a.Toxicosis grávidicas.- ‘Todavía es delicada la toxicosis gravídica por razones etiológicas y por los índices de mortalidad materna y fetal; al mismo tiempo que persiste el desacuerdo terapéutico, ya que hay controversia entre los tratamientos médico puro y obstétrico puro. En tal sentido, las conductas deben tener la mira de salvar las dos vidas hasta donde sea posible, y debe intensificarse el tratamiento profiláctico en consultas prenatales bien organizadas.

b.Factor Rh.– La Convención considera que es imprescindible la determinación del factor Rh siempre que se vaya a administrar sangre a una mujer a fin de asegurar que esta sea compatible para evitar los graves inconvenientes de la inmunización anti-Rh.

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