La Obstetricia Institucional

Fernando Sánchez Torres, M.D

Bien avanzado el siglo XX la atención obstétrica todavía corría a cargo de las comadronas en el mismo domicilio de la parturienta. Era una costumbre inveterada, alimentada por la falta de instituciones que ofrecieran servicios para el efecto. Inclusive en ciudades como Bogotá y Medellín no se contaba con maternidades privadas y, por lo tanto, el ejercicio obstétrico de los médicos transcurría en el consultorio para la vigilancia prenatal y en la alcoba de la paciente para el parto. Sólo las pacientes de caridad disponían de asistencia institucional, lo que era aprovechado por las facultades de medicina para adelantar sus programas.

Por allá en los años veinte, en Bogotá -según nos refirió en alguna ocasión el profesor Carlos Julio Mojica- los médicos óbstetras contaban con la ayuda eficaz de comadronas- enfermeras certificadas, a las cuales él describía como “de tabaco, mantilla y telaraña”. Estas colaboradoras eran alumnas egresadas de una escuela dirigida por el profesor Rafael Barben -uno de los fundadores de la pediatría en Colombia-, que funcionó en el antiguo Hospital San Juan de Dios en virtud de la Ley 39 expedida por el Congreso Nacional en 192064, escuela de cuya vigilancia se responsabilizó a la Facultad de Medicina, según se infiere del Decreto 995 de 192465 que reglamentó dicha ley, y que en su parte pertinente decía así: “Establécese en la Facultad de Medicina (la de la Universidad Nacional, que era la única que funcionaba en Bogotá) una Escuela para la enseñanza de comadronas y enfermeras de que trata la Ley 39 de 1920. Esta institución tiene por objeto preparar enfermeras que puedan desempañar ese servicio satisfactoriamente en esta capital y servir de núcleo de instituciones semejantes en las demás ciudades del país. Dichas enfermeras prestarán sus servicios especialmente en el Hospital, a fin de que los enfermos estén debidamente atendidos y los profesores, médicos, cirujanos, parteros, internos, etc., tengan en ellas colaboradoras competentes que los secunden en dar cada día una mejor asistencia a los enfermos del Hospital”.

La escuela de que hemos hecho mención subsistió hasta 193766. Para contrarrestar la proliferación de parteras empíricas, por medio del Acuerdo No. 6 del 3 de febrero de 1948 se encomendó al entonces Instituto de Protección Materna e Infantil del Hospital San Juan de Dios organizar dentro de los servicios de maternidad un curso anual destinado a preparar “Auxiliares de Enfermeras Parteras” -tal era la denominación del título, de conformidad con lo establecido por las disposiciones legales vigentes y las normas trazadas por el Ministerio de Higiene. Fue así como el 1° de junio de 1948 inició labores la Escuela de Auxiliares de Enfermeras Parteras, la cual, en 1950, se convirtió en Escuela de Auxiliares de Enfermería General y de Obstetricia67.

Pero no solo en Bogotá se adelantaron programas docentes encaminados a preparar auxiliares parteras. Así, en Cali, en la Maternidad Municipal, se inició un curso dirigido por dos enfermeras de la Escuela Nacional Superior, el cual terminó el 3 de marzo de 1948 y dio título de idoneidad a 14 alumnas68. En Barranquilla, en 1946 se estableció un Curso para Auxiliares de Enfermera Partera en el pabellón Leopoldina de Santos del Hospital de Caridad. Dicho curso se mantuvo hasta 1950, lapso durante el cual se certifican 120 alumnas69. En Medellín se efectuó un curso en 1947 en la Maternidad Municipal70; no se repitió pues ésta fue vendida a los Seguros Sociales.

De el relato anterior puede inferirse que tanto en Bogotá como en Cali, Medellín y Barranquilla existían instituciones o pabellones destinados a la atención obstétrica, sostenidos por el Estado. Para conmemorar en 1910 el primer centenario de nuestra independencia, se inauguró en Cúcuta una maternidad pública. Gracias a la actitud valerosa y tozuda del doctor Miguel villa Mora, el Consejo Municipal la dio al servicio, pese a la cerrada oposición del Obispo de Pamplona71.A partir de 1928, en Manizales, las parturientas eran atendidas en una sala improvisada en el local donde funcionaba la Cruz Roja. En 1936, y a instancias del doctor Guillermo Londoño Mejía, director del Hospital, el doctor Fernando Valencia fundó el servicio de Maternidad, el cual funcionó hasta 193672. En el Hospital “San Rafael” de Girardot desde finales de la década del 10 se había improvisado una sala para atender los casos de maternidad, pero solo hasta 1929 se dio al servicio un pabellón especial73.

De las instituciones que hemos mencionado, la más importante, sin duda, fue y sigue siendo el Instituto Materno Infantil de Bogotá. Por eso es imprescindible conocer su historia.

La historia del Instituto Materno Infantil se remonta a los orígenes mismos del Hospital San Juan de Dios, de Bogotá, es decir al momento en que por iniciativa del primer arzobispo de Santa Fe, Fray Juan de Los Barrios y Toledo, se destinaron algunas camas para el cuidado de los enfermos de la ciudad. Lo anterior ocurrió en octubre de 1564. Más tarde, en 1634, ese remedo de hospital contaba con 17 camas y poco después con 30, de las cuales 20 estaban destinadas a hombres y 10 a mujeres. En 1739 fue trasladado a la manzana comprendida entre las que son hoy calles 11 y 12 y carreras 9a. y 10a., sector vecino a la Iglesia de San Juan de Dios. Allí, a partir de 1802, se dio principio al primer plan de estudios médicos, autorizado por Real Cédula de 1801 y presentado al Gobierno, cuya cabeza era el virrey Ezpeleta, por los doctores José Celestino Mutis y Miguel de Isla. Pero es sólo hasta 1864 cuando, a instancias de la Comisión Inspectora del Hospital, se adscribe a éste la escuela de medicina particular que fundara el doctor Antonio Vargas Reyes y se solicita, con carácter obligatorio, la creación de una cátedra de Clínica y otra de Obstetricia. Esta escuela privada fue clausurada en 1867, con motivo de la fundación de la Universidad Nacional.

El decreto del 3 de enero de 1868, reglamentario de la ley que creó la Universidad, establecía que el profesor de Obstetricia haría la clase de Clínica Obstétrica si se llegaba a establecer en el Hospital una Sala de Maternidad”. Por la anterior referencia debemos convenir que hasta 1868 el Hospital San Juan de Dios no tenía aún Servicio de Maternidad. Es de suponer que en el decenio siguiente debió fundarse.

En 1887 el hospital estaba dividido en cuatro clínicas: Patología General y Cirugía Menor, Patología Externa y Cirugía Especial y, finalmente, Clínica Obstétrica e Infantil. En 1891 la Sala de Maternidad estaba a cargo de un practicante designado por la Facultad de Medicina, según lo disponía el reglamento. En 1898 la Obstetricia se dictaba en quinto año y en sexto la Clínica Obstétrica. El reglamento de esta época decía en su artículo 62 que “para ser practicante interno en la Clínica Obstetrical se necesita haber hecho los cursos de los primeros cinco años de la Facultad, haber sido un año practicante externo y haber sido calificado con los números 3, 4 ó 5. Se exigirá además, obtener este empleo por concurso. Las pruebas serán: una prueba teórica y práctica sobre dos puntos de Obstetricia. Además, el inciso b) del articulo 68 establecía que habría dos practicantes internos para cada uno de los servicios de Clínica de Patología General, de Patología Interna y Externa, y uno para los servicios de Obstetricia74. Para entonces la Maternidad disponía de 15 camas ubicadas en una sala común y separadas por espacios de un metro, donde se improvisaban otras cuando aquellas estaban ocupadas. Esto no debía ser infrecuente, pues sabemos que allí se hacinaban veinticuatro y más enfermas. Todas tenían su parto en la misma cama de trabajo, que era un jergón de paja cubierto con una piel curtida o vaqueta. Terminado el parto eran trasladadas a la sala común. La mortalidad materna era muy alta a causa de la infección puerperal. En 1899 se desató una verdadera epidemia que mató a casi todas las enfermas, viéndose obligado el jefe del servicio, profesor José Maria Buendía, a cerrarlo temporalmente75.

En 1912, que es cuando encontramos el primer documento estadístico relacionado con la obstetricia, el Servicio de Maternidad estaba dirigido por el profesor Miguel Rueda Acosta y eran sus jefes de clínica los doctores Juan N. Corpas y Roberto Serpa. Ya no era uno solo el practicante interno sino existían seis: Juan Jacobo Jaimes, Julio Sandoval, Carlos A. Reyes Archila, ‘Tulio Forero villaveces, Fernando Mera y Primitivo Iglesias. Se atendían uno o dos partos al día. En el mes de junio de 1912 se registraron 44 nacimientos. Para darnos exacta cuenta de lo que era la obstetricia de aquellos días, vamos a transcribir algunos fragmentos extraídos del libro de estadística:

“Mayo 8. Rosa Parra de Cortés, 30 años, vecina de Bogotá, con pasado uterino de un niño vivo y otros dos muertos de hidrocefalia. Llega con niño detenido por la cabeza por hidrocefália; tentativa de fórceps, inútil, en la calle; columna vertebral arrancada y maxilar inferior; desgarradora lateral del útero. Se practicó embriotomía. Después histerectomía abdominal subtotal. Fallece en mayo 11 por peritonitis”.

“Noviembre 22. Enferma que llega al Servicio luego de cinco días de trabajo, presentación MIDA, fórceps fallido en su casa. Mucosa vaginal muy desgarrada. A las dos y media de la mañana el jefe de Clínica hizo la perforación del cráneo y luego extrajo con fórceps. Sutura perineal, taponamiento del útero, suero y éter. La paciente fallece el 30 de noviembre”.

Según Abelardo Arango76 hacia 1920 la Maternidad contaba con 20 camas. Entre diciembre de 1925 y enero de 1926, el Hospital San Juan de Dios se trasladó a los terrenos de los molinos de ‘”La Hortúa”, al sur de la ciudad. La Maternidad ocupó el tercer piso del edificio del sector oriental, el que corresponde hoy al Instituto Materno Infantil. Se le asignaron tres salones con 30,20 y ocho camas respectivamente, destinadas las últimas a enfermas remitidas por la Cruz Roja. En la segunda planta del mismo edificio funcionaban, entre otras, la Clínica Tropical y la de Organos de los Sentidos.

El Gobierno Nacional, con el fin de organizar la Facultad de Medicina, contrató en 1931 una misión francesa compuesta por los profesores André Latarjet, Louis Tavernier y Paul Durand. Entre las recomendaciones que consignó en su informe la misión figura la de crear los cargos de Profesores Agregados, seleccionados por títulos y trabajos, una prueba oral pedagógica y una prueba técnica. Unas de las secciones que en su concepto debían contar con Profesores Agregados eran la de Obstetricia y la de Clínica Obstétrica, no así la de Ginecología. Como jurados de los concursos actuarían dos profesores de Clínica Obstétrica, el profesor de Obstetricia, el profesor de Ginecología y un profesor de Clínica Ginecológica. La misión propuso que se suprimiera una de las cátedras de Obstetricia, “por la razón muy sencilla -decía- de que la enseñanza teórica de los partos puede confiarse a los Agregados de Clínica Obstétrica. Es inútil que se mantenga una cátedra únicamente teórica, relativa a la Obstetricia. Si se admitiere la necesidad de dicha cátedra, no habría motivo para, rechazar una cátedra teórica al lado de cada clínica. Una de las principales funciones de las Agregados consiste precisamente en dictar enseñanzas clínicas y magistrales”.

Respecto al Hospital San Juan de Dios, la misión lamentaba que no estuviera terminado, pues esto estaba ocasionando una aglomeración inconveniente de enfermos en ciertos pabellones “Hemos visto -añadía- en el Servicio de Ginecología, mujeres acostadas en el suelo”. En cuanto a la consulta externa, criticaba la promiscuidad que existía, pues en un solo pabellón se atendía oftalmología, ginecología, cirugía general, enfermedades tropicales, enfermedades contagiosas, etc. Por esta razón los estudiantes no podían aprovechar dicho material y porque, además, no había conexión entre los servicios del hospital y la consulta externa. Como los profesores no tenían ninguna injerencia para seleccionar los enfermos que les eran remitidos a los servicios, la misión sugirió que la dirección de las consultas externas fuera confiada a los profesores de clínica y que se repartieran por grupos, según la especialidad, con días y horas fijas; proponía, además, que se hiciera consulta prenatal una vez por semana, lo mismo que ginecología. Se insistía en que la consulta prenatal y la del recién nacido se hiciera en el pabellón de maternidad, “de manera de evitarles a las mujeres encinta o a los recién nacidos todo peligro de contagio”. Sin embargo en las conclusiones dice:

“Pensábamos que se hubiera podido trasladar la consulta prenatal al pabellón de maternidad, pero resulta que éste se halla colmado, como que se han instalado allí siete servicios distintos al de maternidad; las salas reservadas a las mujeres encinta y a las parturientas se hallan tan llenas, que ha habido necesidad de acostar en el suelo numerosas enfermas”77.

En el informe correspondiente al año 1933, decía el doctor Rafael Ucrós, a la sazón director del Hospital San Juan de Dios: “Las enfermas asiladas en estas salas de maternidad también aumentaron en el año en proporciones considerables, a tal punto que fue necesario durante todo el tiempo recibir enfermas que fueron colocadas en el suelo por ser insuficientes las camas para recibirlas; este hecho está diciendo en muy alta voz que las salas de maternidad son ya insuficientes hoy día para las necesidades de la ciudad y se precisa, con suma urgencia, ver la manera de poderlas aumentar en un próximo futuro, tanto más cuanto que este servicio reporta la enorme contribución del Hospital San Juan de Dios a la mejora de la infancia y a la protección de la raza”. Como solución inmediata el profesor Ucrós sugería: “(…) la posibilidad de aumentar para la maternidad la sala que se desocupe en el mismo edificio cuando se traslade el servicio de enfermedades tropicales a su nuevo pabellón. De esta manera iríamos poco a poco ocupando el pabellón actual de la maternidad únicamente para este ramo, a medida que con el tiempo y sucesivamente se vaya encontrando colocación para las clínicas médicas que existen en este edificio”.

Por las palabras del profesor Ucrós consignadas en el anterior informe establecemos que, comenzando la década del treinta, Bogotá continuaba padeciendo una crisis de camas hospitalarias para la atención obstétrica. Fuera de las 58 camas del Servicio de Maternidad del Hospital San Juan de Dios, destinadas a la atención de caridad, la ciudad capital contaba apenas con el Pabellón de Maternidad del Hospital San José, que había sido dado al servicio el 8 de febrero de 1925 e inaugurado formalmente el 12 de diciembre de 1938. Ha de tenerse en cuenta que para esta época comenzaba a abandonarse la costumbre de que los partos ocurrieran a domicilio. Los médicos que se dedicaban a la práctica obstétrica habían entendido que el lugar más adecuado y seguro para el éxito de su ejercicio era aquel que contara con los elementos indispensables para ejecutar cualquier tipo de intervención tocológica. Las mujeres de escasos o nulos recursos económicos acudían a San Juan de Dios o al pabellón “Guillermo Gómez” del Hospital San José; a su vez, las mujeres pudientes podían dar a luz en el pabellón “Eliseo Montaña” del mismo hospital, o en la Clínica de Marly.

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