La Obstetricia y la Ginecología en la primera mitad del Siglo

Fernando Sánchez Torres, M.D

Pasada nuestra guerra civil llamada de los Mil Días (1899-1902), se reanudaron todas las actividades no bélicas y regresaron al país los profesionales que habían emigrado. La era de paz y de progreso que siguió a continuación, también dejó sentir su benéfico influjo en el campo dé la medicina, particularmente en el de la cirugía.

El Continuismo Obstétrico

Por su gran importancia hemos dedicado atrás amplios espacios a la sinfisiotomía y a la operación cesárea. Afortunadamente hallamos datos ciertos y suficientes como para conceder a esas intervenciones su propio lugar.

No pasa lo mismo con las demás operaciones de tipo obstétrico; la gran mayoría, por no decir que todas las que faltan, se ejecutaron sin dejar rastros.

Las versiones, las embriotomías, las aplicaciones de fórceps, tuvieron que practicarse en el siglo pasado en nuestro país, particularmente en la segunda mitad, que es cuando aparecen los primeros médicos dedicados con cierta preferencia a la atención de los partos.

Infortunadamente no se llevó a cabo el registro de sus intervenciones, que en su momento fueron verdaderas proezas.

En efecto, algunos de los que elaboraron las primeras tesis de grado sobre temas ginecobstétricos -y que nos han servido como fuentes de referencia- se quejaban de la falta de documentos confiables que les permitieran informarse si determinada intervención ya había sido practicada en Colombia. Varias veces el relato de una operación fue recogido por algún curioso que lo escuchó de boca de su autor, muchos años después de ejecutada.

Por lo expuesto anteriormente, apenas mencionaremos unos pocos hechos relativos a las intervenciones obstétricas, dejando a un lado el aspecto de las primacías.

Como demostración de que el tipo de ejercicio obstétrico y el nivel científico de esta disciplina eran, a principios del siglo XX, muy similares a los existentes al promediar el siglo anterior, vamos a citar algunos ejemplos.

En la relación que en 1859 hizo Próspero Pereira Gamba33 de la obra científica del doctor Antonio Vargas Reyes

Como también en las Observaciones médico-quirurgicas que publicaron en 1860 algunos de sus discípulos en homenaje al eminente médico de Charalá34, se menciona que practicó numerosas intervenciones obstétricas, entre ellas una operación cesárea, sin suministrar ningún otro dato que sirviera para sustentar la sugestiva mención; por eso no la tuvimos en cuenta en el capitulo correspondiente.

Recogemos, en cambio, una “cefalotomia y destroncación” que practicó en 1855 en asocio del doctor Jorge Vargas en un caso de situación transversa abandonada, con exteriorización del brazo del feto desde hacía cinco días.

Como hecho sorprendente, no hubo ruptura uterina, se registra también un caso de extracción podálica en una paciente que, a los seis meses de embarazo, presentaba accesos convulsivos de tipo eclámptico.

Al haber fracasado los procedimientos médicos utilizados para detener las crisis convulsivas, el doctor Antonio Vargas Reyes decidió desencadenar el parto practicando una dilatación digital del cuello uterino seguida de amniotomía y extracción podálica del feto. La eclampsia desapareció y la enferma se recuperó.

José J. Giraldo35 da a conocer dos versiones practicadas en la Maternidad de San Juan de Dios por el doctor Miguel Rueda Acosta. La primera fue hecha el 22 de abril de 1904, en la paciente Rosario Castro.

Tratábase de una situación de hombro abandonada, con feto muerto, después de ocho días de trabajo de parto. “Se procedió -dice el relato- a tratar de hacer la versión, previa cloroformización de la enferma, maniobra que, aunque bien dirigida, resultó infructuosa; temía nuestro profesor, con razón, una ruptura uterina.

Entonces se intentó con éxito la versión por maniobras combinadas, ayudado por el doctor Gómez Calvo. Primero se extrajo el pie izquierdo, el derecho luego, y tras largas y bien dirigidas maniobras, se completó la versión”.

El otro caso referido ocurrió el 2 de septiembre de 1905

También por la misma indicación, es decir, un parto distócico manejado por comadronas durante varios días; bajo anestesia con cloroformo se hizo versión interna y extracción podálica, comprobándose enseguida ruptura uterina, se hizo laparotomía e histerectomía total. La enferma murió dos días después por peritonitis.

En estos dos últimos ejemplos, lo novedoso es el empleo del cloroformo; lo que los asemeja con los primeros es el abandono de las parturientas y los recursos de los obstetras para subsanar la ignorancia de las comadronas. Por eso José J. Giraldo en su tesis de grado, presentada en 1909, insiste en la conveniencia de que los partos sean del dominio del médico36.

Como quedó registrado en el capítulo correspondiente, la primera cesárea practicada en Bogotá estuvo a cargo del profesor Miguel Rueda Acosta en 1905, en el Hospital San Juan de Dios. A este distinguido médico debe mucho el progreso de la obstetricia en nuestro país. Por eso es justo recoger algunos datos biográficos suyos.

Miguel Rueda Acosta nació el 13 de agosto de 1859 en la casa de la hacienda “La granja” situada en Sutatenza (Boyacá), en el hogar formado por Manuel Rueda y Mercedes Acosta. Sus primeros estudios los inició en el Colegio Boyacá y luego en el Colegio de San Bartolomé, en Bogotá.

La carrera de medicina la cursó en la Universidad Nacional, donde se graduó en 1888 con una tesis sobre enfermedades de la piel. Tenía que ser así pues antes de recibirse fue médico jefe del hospital de “Los Alisos”, nosocomio destinado a pacientes con enfermedades eruptivas.

Ejerció durante dos años en el Departamento de Boyacá y viajó después a Europa, refrendando su título en París.

Se le concedió el privilegio de poder ejercer en Francia, al igual que a otro compatriota, el doctor Juan Evangelista Manrique, pues en aquel entonces no era permitido que los médicos extranjeros ejercieran la profesión en Francia; sólo podían hacerlo en las colonias francesas.

De regreso a Colombia se radicó en Bogotá. Fue uno de los organizadores del Servicio de Maternidad del Hospital San Juan de Dios donde se desempeñó como profesor activo durante ventiséis años, ocupando primero la cátedra de Obstetricia y luego la de la Clínica Obstétrica.

Fue, además, secretario y presidente de la Academia Nacional de Medicina. El doctor Rueda Acosta fue el introductor entre nosotros de la pituitrina (1910), del suero antiestreptocóccico como tratamiento de la fiebre puerperal e impuso el uso de los guantes para la atención de los partos.

En la Revista Médica, editada en Bogotá, escribió varios artículos en favor de la especialización y se constituyó en apasionado defensor de dicha modalidad de ejercicio en el campo de la obstetricia. El 20 de noviembre de 1930 murió en Bogotá. El profesor Nicolás Buendía fue el encargado del elogio póstumo37.

Lea También: La Obstetricia y la Ginecología en la primera mitad del Siglo, La Ginecología Independiente

Veamos algunos apartes de su discurso:

“Fue la vida del doctor Rueda Acosta una vida plena en su más noble acepción, tan plena que pudo realizar el ideal, caro a los hombres superiores, de caer laborando sobre el surco (…). Maestro admirablemente dotado fue el profesor Rueda.

Con su verbo preciso y convincente, inoculaba en la mente de sus discípulos con nítidos relieves los misteriosos postulados del principio de la vida y de la incubación maravillosa del ser humano, que estudia la gran ciencia de la obstetricia, a la que dedicó con singular empeño y brillo su inagotable actividad profesional.

Espíritu creador poseído del fuego sagrado de la investigación, no se limitó a la asimilación y exposición ordenada de los hechos conocidos sino que penetró con paso seguro en el campo de los delicados problemas de la cirugía obstétrica. Sus magníficos trabajos sobre la operación cesárea segmentaria lo llevaron a inventar un ingeniosísimo dispositorio para la extracción de la criatura en esta delicada operación que practicó por primera vez en nuestra maternidad y repitió centenares de veces con admirable maestría y éxito (…).

En altas horas de la noche todos los bogotanos pudimos ver la silueta menuda y erguida del doctor Rueda recorriendo nuestras desiertas calles para acudir a la llamada angustiosa de una mujer en trance de ser madre, y cuántas auroras lo sorprendieron en el hospital prestando los cuidados de su ciencia a una de sus desvalidas pacientes”.

Una nota al margen:

No nos fue posible conocer el “ingenioso dispositorio para la extracción de la criatura”, citado por el doctor Buendía.

En 1933, con ocasión del tercer aniversario de su muerte, la Junta General de la Beneficencia de Cundinamarca le rindió homenaje dando su nombre a un quirófano del Servicio de Maternidad y colocando una placa de mármol y su retrato, “para que presida -decía la resolución pertinente- con su noble y austera figura la marcha de los Servicios de Maternidad, y para recordar a los que allí entren, el ejemplo que él dio de caballerosidad, gentileza, justicia y amor por la investigación científica y la práctica de la más pura moral profesional”.

La responsabilidad de la organización y funcionamiento asistencial y docente del Servicio de Maternidad del Hospital San Juan de Dios en Bogotá -único que existía en el país con esas características la compartió el doctor Rueda Acosta con el también profesor Nicolás Buendía Herrera.

Nació este el 31 de Julio de 1868 en Bogotá y murió el 23 de noviembre de 1943 en la misma ciudad. Fueron sus padres el profesor José María Buendía Duran, de quien ya nos ocupamos en otro lugar, y doña María Francisca Herrera Restrepo.

Se graduó en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional el 23 de junio de 1893 con la tesis titulada ‘”Las monomanías impulsivas” 38 viajó luego a Europa donde se hizo miembro del Colegio Real de Médicos de Londres. Regresó al país ya finalizando el siglo y participó en la fundación de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, de la cual fue más tarde su presidente, y de la Cruz Roja Nacional.

En 1904 fue nombrado profesor de Obstetricia de la Universidad Nacional, cátedra que regentó hasta 1923, cuando se le nombró profesor de Clínica Obstétrica, retirándose de la docencia en 1934 por motivos de salud.

En 1938 la Facultad de Medicina lo nombró Profesor Honorario y en 1942 el gobierno nacional, por manos del propio presidente de la república, le otorgó la Cruz de Boyacá.

Vale la pena resaltar -como lo hace Laurentino Muñoz- que este fue un testimonio de sencillez democrática, pues el presidente Eduardo Santos se trasladó a la casa del profesor Buendía, que se hallaba reducido a cama, para colocarle personalmente la condecoración39.

El doctor Jaime Botero Uribe nos ha suministrado valiosa información acerca del transcurrir obstétrico en Medellín. Gracias a él sabemos que el doctor Nepomuceno Jiménez regentó la cátedra de Obstetricia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquía entre 1912 y 1934. Nacido en Medellín en 1873 se recibió de médico en 1895; sus estudios de posgrado los realizó en Francia, Austria e Inglaterra. Falleció en 1934.

Otro brillante profesor de obstetricia fue el doctor Alberto Bernal Nicholls, graduado en Medellín en 1924. viajó a París donde trabajó al lado del profesor Marcel Metzger en el Hospital Bretonneau, y junto al profesor Faure en el Hospital Broca.

Metzger era obstetra y Faure ginecólogo. De ahí que podamos asumir que Bernal Nicholls era un especialista integrado.

A él se debe el funcionamiento de la primera consulta prenatal en Medellín, en la Cruz Roja, en 1931, ya que en el Hospital San Vicente de Paúl se abre esa consulta en 1936. También fue iniciativa de Bernal Nicholls la atención institucional del parto. Para estas calendas la práctica obstétrica era muy conservadora y se le tenía miedo a la operación cesárea, tanto que eran los cirujanos y no los obstetras los que la practicaban.

Representante de esta escuela conservadora de corte francés fue el profesor Luis E. Abad, quien ocupó la cátedra de 1936 a 1944.

Lo sucede el doctor Benicio Gaviria, quien le imprimió un rumbo nuevo a la obstetricia. A su retiro en 1967 con el titulo de Profesor Honorario, las dos disciplinas, obstetricia y ginecología, se habían integrado.

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