Consideraciones Especiales sobre Ética Médica

FEDERACIÓN MÉDICA COLOMBIANA

Capítulo XXl

Fernando Guzmán Mora, MD
Juan Mendoza Vega, MD

El bien y el mal

El concepto del bien y el mal ha existido desde que el ser comenzó a conocerse a si mismo, identificándose además como parte relativamente independiente de un todo.

Aristóteles decía que el bien es lo que todos apetecen, pues perfecciona a quien lo posee 11). Desde un punto de vista puramente filosófico, el bien acerca a la verdad y esta acerca al ser.

En general, un acto bueno es aquel que tiende a perfeccionar al ser, teniendo en cuenta que el concepto mismo de “perfección” se basa en criterios que pueden resultar parcial o totalmente subjetivos.

Para poder “objetival’ el concepto de perfección, debemos partir de los mode los que el mismo ser humano a dejado a lo largo de la historia. Pero si además estamos convencidos que por encima de cualquier individuo debe primar la especie, el desarrollo y cultivo de la virtud (cualquiera que esta sea), individual o colectiva, aislada o simultánea, lleva al ser humano cada vez más cerca de ese concepto de perfección al cual nos hemos referido.

Ahora bien, el ser humano bueno no lo es simplemente porque posea una serie de virtudes. Lo es porque en la integridad de su condición es bueno. Porque lucha por alcanzar la perfección individual respetando la individualidad de los demás y protegiendo la integridad de la especie humana.

¿Cuál es el fundamento del conocimiento del bien y el mal? La respuesta es simple: El cumulo de experiencia humana que ha permitido, a través del sistema ensayo-error, llegar a poseer un criterio sobre lo que conviene o no a la especie. Esto se conoce como Sabiduría. Esa virtud intelectual por la cual tratamos de llegar a las causas últimas de las cosas.

La Sabiduría ha sido transmitida en varias formas, de generación en generación, por las diferentes culturas humanas, evolucionando de la observación simple hasta los preceptos de alta moral. Sobre este concepto se ha escrito en forma ininterrumpida en los últimos 4000 años.

De los egipcios se conservan las obras La Sabiduría de Kegemne y La Sabiduría de Ptah-hotep.

Los hebreos plasmaron sus criterios en los Proverbios, los Salmos, el Eclesiastés y el libro de la Sabiduría, atribuido por algunos al Rey Salomón y cuya autoría han negado intelectuales de la talla de San Agustín. Este último libro comienza haciendo mención de la Justicia y luego se exhorta el triunfo de la virtud. Sin embargo, el más profundo análisis de la sabiduría en donde se plasman normas éticas universales, es el Eclesiástico, que exhorta el honor a los padres, la práctica de la humildad, la misericordia, la templanza, la fortaleza, la amistad y la prudencia, entre otros.

Los Chinos tuvieron en las obras de Confucio una excelente guía de conducta social y preceptos morales a través de sus Aforismos.

En Grecia los pitagóricos proclamaron su “amor a la sabiduría”, dedicándose a definir el universo en términos científicos, con lo cual el conocimiento se asimilo a la virtud. Platón dividió la sabiduría en dos partes: La especulativa, orientada hacia la meditación de la verdad y la práctica, centralizada en la conducta humana.

La sabiduría occidental aplicada a la norma ética se encuentra en las obras de los filósofos de los últimos dos mil años, particularmente en San Agustín, Santo Tomas, Bacon, Spinoza, Descartes y Kant, entre machismos otros.

La época moderna, que considera que la sabiduría moral ha dado paso al conocimiento científico, no recuerda que es precisamente la ciencia el descendiente natural de la sabiduría de los albores de la humanidad. Y si bien la ciencia crea nuevos problemas éticos al hombre, su aplicación basada en el bien universal y en la búsqueda de la perfección, es un legado de los millones de pensadores que hicieron posible abrir el entendimiento para comprender al universo y al ser humano mismo.

Moral

Moral proviene del latín “mores” y Ética del griego “ethos”. Ambos significan: Costumbre.

La moral no es simplemente un concepto filosófico. Es una vivencia existencial basada en el mejoramiento o perfección de los individuos. Constituye el código de comportamiento social y pesonal que defiende los intereses colectivos y Permite la convivencia entre pesonas. La moral es entonces el conjunto de normas de conducta que permite establecer una distinción entre lo que es bueno y lo que no lo es.

El sentido moral nace de la responsabilidad y de la libertad. Es precisamente esta última la que hace que los actos sean susceptibles de ser calificados como buenos o malos, pues en el ejercicio de su libertad y luego de un análisis de conciencia, el ser humano toma la decisión de efectuar un acto determinado.

El acto humano libre se basa en conocimiento y deseo a la luz de su propia razón, que posee las características de inteligencia y voluntad.

Sin embargo, esto no quiere decir que la moral deba ser de tipo “situacional”, pues la conciencia no puede obrar independientemente de los principios universales, que son al fin y al cabo los que orientan los casos particulares.

De acuerdo a la doctrina católica (2), que posee el estudio mejor estructurado sobre ética, la moralidad de los actos humanos depende de tres cosas:

– El objeto elegido, o dirección hacia el cual tiende la voluntad.
– La intención o fin, en la que actúa la voluntad y la razón
– Las circunstancias de la acción

Para que un acto sea moralmente bueno, deben ser buenos los tres elementos. Por lo tanto, juzgar los actos humanos solamente en base a su intención, es erróneo. El fin no justifica los medios y no es permitido hacer el mal para conseguir un bien.

El hombre virtuoso es el que posee una predisposición permanente a hacer el bien, dando en forma permanente lo mejor de si mismo. De acuerdo a la Iglesia, las cuatro virtudes humanas esenciales son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.

Ética

La ética es el estudio de la moral. Plantea cual es el valor de bondad de las conductas mismas, de lo que es correcto o incorrecto. Es entonces la filosofía de la moral y por lo tanto busca causas universales que logren adaptar los actos humanos al bien universal (3).

Se ha definido además como “ciencia del comportamiento”, pues parte del análisis histórico y social de hechos morales concretos, tratando de llegar a principios universales en forma objetiva, sistematizando el conocimiento y volviendo verificables estos principios. Es pues, la ciencia que juzga los actos humanos como buenos o malos, entendiendo como acto humano el que procede de la voluntad del hombre Como disciplina, la ética es de tipo normativo, es decir, se ocupa del “como debería ser en general” la conducta humana.

De acuerdo a Vélez Correa (4), hay tres elementos que deben estudiarse:

– El ser humano, causa esencial de la filosofía, pues sin el no existiría la ética.
– La conducta humana.
– El bien universal.

La ética se basa en el análisis del bien y del mal. Por lo tanto, dentro de la conducta humana hay acciones que deben normatizarse, con el objeto de evitar que el instinto dirija a la razón. Desde este punto de vista, los actos se llevaran a cabo por convicción propia (nacida de la educación social), por normalización externa y como resultado de una visión general del universo.

La ética no es una ciencia positiva. No describe los actos humanos como son, sino como deben ser. Por esto, es una ciencia normativa.

Existen unos principios absolutos para cualquier estructura ética, en lo concierne al ser humano en si. Ellos incluyen su autonomía de decisión, su individualidad, su igualdad de derechos y la practica de deberes elementales como no dañar a nada ni nadie sin absoluta necesidad. El estudio y la enseñanza de estos principios “mínimos” de convivencia es el fundamento de la ética social.

Desde el punto de vista de ética social, estamos de acuerdo con el planteamiento de E Herrera (6), quien con su acostumbrada profundidad plantea:

“…Tenemos tres grandes principios éticos, destinados al recto obrar humano, según la premisa ética de la recta razón…

Haz el bien y evita el mal… No hagas a otro lo que no desees que hagan contigo… Haz a los demás lo que deseas que hagan contigo.

Sin embargo, el respeto a los derechos individuales llega hasta donde los actos de las personas comienzan a lesionar el bien común, pues este es el fin mismo de la ética social, de la convivencia entre personas.

La diferencia entre ética autónoma y ética heterónoma tiene importancia analítica. La primera se basa en el concepto kantiano de autonomía moral, es decir, de la capacidad de la persona para actuar en forma consistentemente moral, sin influencias externas. La segunda es la que se recibe de fuentes externas e independientes de la voluntad y que se imponen por la sanción, la cual puede ser religiosa, política y social.

Ética y educación van de la mano. A través de la educación, tanto en la familia como en la escuela, se inculcan al ser humano en evolución los conceptos básicos de comportamiento, en base al “modelo ideal” de persona que se tenga en la sociedad (7).

Los principios elementales de la ética natural son: Inviolabilidad del ser humano, igualdad de derechos v respeto a la integridad personal.

Las éticas “variantes”

Los códigos éticos cambian con la historia. E inclusive dentro de cada sistema político. Así, existía un código para esclavistas y otro para esclavos; uno para siervos y otro para señores, en la misma forma en que los códigos de moral para el capitalista son diferentes a los del trabajador.

Un cambio social estructural de gran envergadura conlleva siempre un cambio moral esencial en el comportamiento de los hombres. Esto lo demuestra la historia. Pero, en términos específicos, ¿qué gobierna la conducta de nuestros individuos?.

Ni siquiera los griegos, los más grandes filósofos de la humanidad, se pusieron de acuerdo (8).

Sin embargo, el hombre conoce la distinción básica entre el bien y el mal (Ética), aunque las civilizaciones no coincidan en el catalogo completo de todas las posibles acciones humanas (Moral).

Por ejemplo, La ética sofista, cuyo representante más importante es PROTAGORAS DE ABDERA (480 – 410 A.C.1, decía que no hay valores universalmente validos y que las normas, por ser humanas, son transitorias. Por tanto, la verdad es relativa. y siempre cambiante, siendo lo único cierto que el hombre es la medida de las cosas.

Por su parte, SÓCRATES DE ATENAS (469 – 399 A.C.), preconizaba que el ultimo bien es la virtud y que el recto conocimiento de las cosas lleva al hombre a vivir moralmente.

ARISTÓTELES DE ESTAGIRA (348 A.C.), decía que el objetivo final del ser es la felicidad, que no es otra cosa que la practica de la vida activa y racional, siendo la virtud el justo medio entre dos excesos.

ZENON DE OTTO (366 – 264), enseñaba en esencia la filosofía de la resignación, puesto que negaba la libertad de elección del individuo.

EPICURO DE SAMOS (324 – 270 A.C.), el maestro de El Jardín y Padre de la Escuela Hedonista, afirmaba que la libertad humana es la base de toda ética y la felicidad es el bien ultimo del hombre.

El placer es el medio para alcanzar la felicidad. Placer lo definía como ausencia del dolor, existiendo varios tipos de placer: Los naturales y necesarios como comer y beber moderadamente; los naturales no necesarios como poder escoger entre peras o manzanas; y los no naturales y no necesarios como la sensualidad y la ambición.

Posteriormente aparece en escena la filosofía religiosa más importante del mundo civilizado de occidente. La ÉTICA CRISTIANA parte de una verdad revelada por Dios y por lo tanto verdad absoluta. Un ser Divino dicta normas de conducta inapelables.

MANUEL KANT (1724 – 1804), afirmaba que la Ética tiene una base racional y que el ideal moral se basa en Imperativos categóricos. Por esto dice:

“Obra de tal modo que tu acción sea elevada por tu voluntad a norma de universal observancia”.

Decía además que la moralidad de un acto reside en la voluntad con que se planea el acto y que los actos no son buenos o malos. Bueno o malo es el sujeto que los efectúa. Kant preconizaba que el hombre obra moralmente cuando reprime sus sentimientos e inclinaciones y hace lo que debe hacer. Por lo tanto el hombre vive en dos mundos: El natural de lo que es y el moral de lo que debe ser.

SOREN KIERKEGAARD (1813 – 1855), intentó probar que el estado ético es el orden, el cual se define como una vida racionalizada, planeada y regida por normas universales. Según Kierkegaard, para el hombre ético es más valioso el deber que el amor, la ley moral que la religión y la existencia social que la divinidad.

JEAN PAUL SARTRE (1905 – 1980), probablemente el más importante de los filósofos existencialistas, al decir que el ser humano es un proyecto que se determina a través de su existencia, define que el hombre no es otra cosa que lo que el hace y su responsabilidad no es meramente individual, pues al elegir cualquier forma de existencia, elige por toda la humanidad, acarreando con esto angustia. Por tanto el hombre es, esencialmente, libertad.

La ÉTICA ANARQUISTA, representada en KASPAR SCHMIDT (1806 – 1856), enuncio que el individuo es la única realidad y la única forma de convivir en sociedad es sin jerarquía de ninguna clase.

Interesantemente decía en alguna de sus obras que “La humanidad solo se ocupa de sus propios intereses. Cuando nación e individuo se agotan a su servicio, los arroja al muladar de la historia en señal de agradecimiento”.

La ÉTICA PRAGMÁTICA moderna, encarnada en WILLIAM JAMES (1842 1910), estaba convencida que la verdad consiste en la utilidad, siendo el criterio de verdad el éxito practico tenido en el mundo. De acuerdo a James toda la actividad del hombre es moral y la moral es el ser humano puesto en acción.

El Marxismo uno de los fenómenos políticos de mayor trascendencia en la historia moderna, lleva en forma explícita en la obra de CARLOS MARX (1818 – 1883) su fundamento filosófico respecto de la ética: La esencia humana es el conjunto de relaciones sociales que producen la naturaleza del hombre social y el individuo y por lo tanto la moral es el reflejo de las relaciones sociales en desarrollo y expresa la ideología de la clase dominante en cada época de la historia. En la sociedad marxista se apoyan los ideales de moral comunitaria, las cuales son CAMARADERÍA Y COLECTIVISMO.

Como se ve, los pensadores más importantes de la raza humana ni se pusieron, ni se pondrán de acuerdo en conceptos específicos sobre el Bien y el Mal. La moralidad no es homogénea y se basa, como afirma la lógica deóntica de Gilbert Harman, en acuerdos establecidos por grupos sociales. Por tanto, no hay modelos ni universal ni eternamente validos.

El ser humano tiene dos dimensiones dentro sí: El Instinto, gobernado por el principio del placer, y la Razón, gobernada por el principio del Deber.

Para obrar en forma racional, haciendo prevalecer los principios morales esencíales, sobre las inclinaciones naturales o instintivas, el hombre debe poseer la fuerza interior necesaria, el sentido claro del deber, la capacidad de actuar por fines nobles sacrificando si es necesario su propio bienestar.

Ética Médica

Hace referencia a la permanente evaluación que juzga los actos médicos como buenos o malos, así como al desarrollo de normas que orienten dichos actos. En la misma forma, orienta la conducta general de quienes practican la medicina, dentro y fuera del ejercicio, para mantener su dignidad y tradición sociales.

Los códigos de ética establecen entonces las “reglas de juego” desde el punto de vista moral en lo practica médica, basados en criterios lo más universales posible, sobre lo que es bueno y lo que es malo, apoyados en las costumbres del grupo social y en la extensa y compleja historia de la medicina.

Estos códigos intentan contrarrestar las simpatías, antípatias y afinidades humanas, para que el ejercicio profesional tienda siempre al bien individual y social.

Una profesión consiste en practicar una determinada actividad que sirve a los demás y que se escoge por voluntad propia siguiendo una vocación, con el objeto de realizarse como persona a través de un trabajo.

Para desempeñar a conciencia una profesión, quien la ejerce debe tener una formación moral íntegra. Debe ser una persona honrada, bien formada conceptualmente en su oficio, con un sentido claro de justicia y un marcado afecto por la sociedad en que practica su trabajo.

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