Oftalmología en Niños y Adolescentes, Urgencias

MEDICINA FAMILIAR
EDUCACIÓN CONTINUADA PARA EL MEDICO GENERAL

En el niño y el adolescente se pueden presentar casos de urgencia, los cuales casi siempre son atendidos en primera instancia por un médico no oftalmólogo. Este profesional debe orientar muy acertadamente al paciente para lograr un resultado final exitoso.

Las urgencias convencionales son aquellas de tipo infeccioso y traumático. Dentro de las infecciones se encuentra la conjuntivitis, ya descrita, y la celulitis periorbitaria y orbitaria.

La celulitis periorbitaria se caracteriza por un cuadro de conjuntivitis asociado con edema palpebral, eritema y calor local, y síntomas sistémicos como fiebre y malestar. También llamada preseptal, esta infección tiene el riesgo de convertirse en una infección más profunda.

Usualmente está asociada con una infección respiratoria alta actual o reciente y el tratamiento debe incluir antibióticos de amplio espectro y que cubran micro-organismos con el Haemophilus pero también el Staphylococcus en los casos asociados con trauma. De acuerdo con el estado del paciente el manejo puede ser ambulatorio o intrahospitalario. Cuando la infección es más profunda se conoce como celulitis orbitaria o postseptal. En este caso el contenido orbitario peri y retroocular está inflamado y con infección, llevando a un cuadro mucho más severo con compromiso de los movimientos oculares, alteración de los reflejos pupilares y en ocasiones, disminución de la agudeza visual. Cualquiera de estos hallazgos debe sugerir la presencia de celulitis orbitaria requiriéndose una hospitalización inmediata y la iniciación de antibióticos intravenosos de amplio espectro. Es también imperativo obtener una tomografía computarizada de las órbitas y senos paranasales con el objetivo de descartar la presencia de un absceso subperióstico orbitario, sinusitis, o incluso de un rabdomiosarcoma de la órbita, tumor maligno con mortalidad de 100% sin tratamiento y que suele simular una celulitis postseptal cuando se manifiesta agudamente.

El trauma ocular y de anexos es también frecuente en la infancia y la adolescencia. La mayoría de casos son leves y no requieren de ningún tratamiento, sin embargo algunos pacientes sufren trauma severo con necesidad de un manejo especializado. El mecanismo del trauma es generalmente contundente o cortocontundente, variando el objeto que lo produce. Juguetes, elementos de vidrio y punzantes de uso común en el hogar, son responsables de la mayoría de casos en niños pequeños, mientras que las lesiones relacionadas con la práctica de deportes e incluso el uso de armas cortantes y de fuego son frecuentes en la adolescencia.

Cuando, independientemente del mecanismo del trauma, la visión es mala o la congestión conjuntival es marcada, hay que pensar en la posibilidad de una lesión intraocular como uveítis, desprendimiento de retina o hemorragias.

En estos casos el paciente debe ser valorado inmediatamente por un oftalmólogo.

Cuando el trauma es superficial, como una laceración corneal por ejemplo, la oclusión ocular por 24 horas debe mejorar en su totalidad o en una gran proporción los síntomas. Si este fenómeno no se presenta debe pensarse en una lesión más seria.

Aunque poco frecuente en la práctica no oftalmológica, el trauma ocular penetrante requiere de un comentario especial. Con frecuencia no es posible determinar la presencia de una herida penetrante, existiendo una serie de signos que sugieren la existencia de una lesión de dicha naturaleza. Una mala agudeza visual, la presencia de hemorragia severa que impida ver la pupila, un ojo hipotónico y deforme, o una pupila irregular no redonda (discoria), son signos que deben alertar sobre una alta posibilidad de trauma penetrante. En estos casos y en aquellos en los cuales es evidente la herida, el manejo debe incluir la oclusión del ojo sin lavar, manipular o aplicar colirios o unguentos, añadiendo un protector como un vaso plástico sobre el vendaje. Igualmente deben iniciarse líquidos intravenosos y antibióticos como cefalotina y garantizar la aplicación de una apropiada profilaxis antitetánica si el estado de vacunación del paciente lo indica. La remisión debe tramitarse sin tardanza, asegurando que cuando el paciente arribe al sitio especializado haya cumplido las horas de ayuno necesarias para un procedimiento bajo anestesia general.

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