Depresión y Suicidio, Diagnóstico y Síntomas Clínicos

MEDICINA FAMILIAR
EDUCACIÓN CONTINUADA PARA EL MEDICO GENERAL

El trastorno depresivo mayor cuando es agudo y se da sin síntomas psiquiátricos previos es fácil de diagnosticar. Pero cuando el inicio es insidioso con antecedentes psiquiátricos como hiperactividad, trastorno de ansiedad por separación o síntomas depresivos intermitentes se torna difícil y posiblemente se pasan por alto el cuadro aumentando el riesgo del acto suicida.

Para evitar tal efecto, se debe tomar una actitud seria y responsable frente a la situación, teniendo como herramienta la historia clínica, una adecuada relación medico paciente-familia y los criterios diagnósticos del DSM -IV para el trastorno depresivo mayor. Deben darse al menos cinco síntomas durante un período de dos semanas y deben representar un cambio de la conducta previa. Entre los síntomas necesarios están: 1) estado de ánimo deprimido o irritable ó 2) pérdida de interés o placer. Otros síntomas de los que se extraen los otros cuatro criterios diagnostico son: fracaso del niño en conseguir el aumento de peso esperado, insomnio o hipersomnia diario, agitación o lentificación psicomotoras, fatiga o perdida de energía, sentimientos de inutilidad o culpa inadecuados, disminución de la capacidad para pensar o concentrarse e ideas recurrentes de culpa.

Estos síntomas deben producir deterioro social o académico. Para cumplir los criterios diagnósticos para trastorno depresivo mayor, los síntomas no deben ser los afectos directos de una sustancia ( p. ej., el alcohol) o de una enfermedad medico general. El diagnóstico depresivo mayor no debe hacerse en los dos meses siguiente a la muerte de un ser querido, excepto cuando haya importante deterioro en el funcionamiento, preocupaciones mórbidas con desvaloración, ideación suicidad, síntomas psicóticos o lentificación psicomotora.

La anhedonia es también frecuente, aunque ésta, la desesperanza, la lentificación psicomotora y los delirios son mas comunes en los episodios depresivos mayores de los adolescentes y los adultos que en los niños. En la adolescencia, el negativismo o la conducta francamente antisocial y el abuso de alcohol o de sustancias ilícitas puede presentar y justificar el diagnóstico adicional de trastorno negativista, trastorno de conducta y abuso o dependencia de sustancias. Son comunes entre los adolescentes deprimidos las sensaciones de desasosiego, mal humor, agresión, renuncia a colaborar en los acontecimientos familiares o sociales y deseos de abandonar el hogar. El medico general o de familia bien entrenados deben evaluar la duración y la periodicidad de tristeza que son comunes, de poca duración y normalmente se dan después de un acontecimiento frustrante, del verdadero y persistente estado de ánimo deprimido.

Los adolescentes con trastorno depresivo mayor pueden tener alucinaciones y delirios.

En la mayoría de los casos estos síntomas psicóticos tienen una temática concordante con el estado de ánimo deprimido, ocurren con el episodio depresivo y no contienen ciertos tipos de alucinaciones tales como voces que conversan y voces que comentan, las cuales son específicas de la esquizofrenia. Las alucinaciones depresivas normalmente consisten en una sola voz hablando a la persona desde fuera de su cabeza con contenido suicida o despectivo. Los delirios depresivos se centran en temas de culpa, enfermedad física, muerte, nihilismo, castigo merecido, incapacidad personal y a veces persecución. Estos delirios no suelen darse en la pubertad, probablemente debido a la inmadurez cognitiva, pero están presentes en aproximadamente la mitad de los adolescentes con trastorno depresivo y síntomas psicóticos. El inicio de un trastorno depresivo en un adolescente, puede ser difícil de diagnosticar cuando lo vemos por primera vez si el adolescente ha intentado remediarlo con alcohol u otras sustancias ilícitas.

Con respecto al suicidio los trastornos mentales que se observan en los adolescentes que hacen tentativas y en los que llevan a cabo el suicidio son: trastorno depresivo mayor, episodios maníacos y trastornos psicóticos. Los adolescentes que tienen mayor riesgo son los que presentan trastornos del estado de ánimo en combinación con el abuso de sustancias y antecedentes de conducta agresiva. Los que no presentan trastorno depresivo pero son violentos, agresivos e impulsivos pueden ser propensos al suicidio ante conflictos familiares o con los iguales. Los factores de riesgo para el suicidio son: altos niveles de indefensión o desesperanza, escasa habilidad para la resolución de problemas y antecedentes de conducta agresiva.

El perfil de un adolescente que se suicida se define por rasgos de personalidad caracterizado por la necesidad de altos niveles de ejecución personal y perfeccionismo; estos adolescentes puede haberse sentido humillados por un fracaso, como la disminución del rendimiento académico.

En los adolescentes con vulnerabilidad y alteración psiquiátrica, las tentativas de suicidio a menudo están asociados a factores de estrés recientes. Entre los precipitantes de la conducta suicida se incluyen los conflictos y discusiones con los miembros de la familia y con su pareja. El alcohol y el consumo de otras sustancias pueden además predisponer a un adolescente ya vulnerable a la conducta suicida. El adolescente que ha cometido un delito intenta suicidarse anticipando el castigo, después de haber sido cogido por la policía u otras figuras de autoridad. Se sabe de grupos de suicidios entre adolescentes que se conocían e iban a la misma escuela. La conducta suicida puede precipitar otros intentos entre el grupo de iguales por medio de la identificación, “suicidio por contagio”. Algunos estudios han encontrado un aumento de suicidio entre los adolescentes después de la aparición de programas de televisión cuyo tema principal era el suicidio de un adolescente. Sin embargo, en general suele ser necesario un sustrato psicopatológico para que se de la conducta.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!