Ustedes me lo Contaron una Tarde de Noviembre

II. EL ALUMNO

Señora Lucía, usted también me ha contado que en el año de mil novecientos treinta y nueve, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena se graduaron cinco médicos. Uno de ello fue el doctor Juan Barrios Zapata, alumno preferido del doctor Rafael Calvo Castaño, quien se dedicó por completo al ejercicio de la obstetricia hasta dos meses antes de su muerte. Usted me ha señalado el original de su tesis de grado, titulada “Distocias”, la cual tuvo como presidente al doctor Rafael Calvo Castaño. El doctor Barrios Zapata había nacido en El Guamo, Bolívar, el primero de julio de mil novecientos siete, y falleció a los ochenta años de edad, pletórico de felicidad, el veintiocho de junio de mil novecientos ochenta y siete.

Usted recuerda y me cuenta cómo a diario, incluso teniendo ya mucho más de setenta años de edad, asistía a su consultorio que tenía ubicado en la Casa de la Acción Católica en el barrio Pie de la Popa, justo al frente a la Ermita de ese mismo barrio. Siempre tuvo una elevada clientela, la cual no solo era de la ciudad. No se especializó en el exterior como lo hicieron algunos médicos de su época, se formó totalmente en el Hospital Universitario de “Santa Clara”, alcanzando un gran dominio en sus manos, y se hizo dueño de una reconocida habilidad quirúrgica y una gran destreza en las maniobras obstétricas. Muchos de sus colegas le reconocieron su supremacía en la especialidad.

Señora Lucía, usted es clara en afirmar que fue un buen docente, gozo del respaldo de sus alumnos, por su conocimiento, sus capacidades y cualidades humanas. Poseía una gran sensibilidad, siempre dispuesto a servir, le gustaba aconsejar, era un hombre de una gran nobleza. Un hombre sin apasionamiento, gustoso de dar una segunda oportunidad para que sus alumnos se superaran. Le gustaba analizar la capacidad médica de sus alumnos. Los quería y se convertía en el papá del alumno. Le gustaba compartir sus casos con sus alumnos. Para llegar a ser profesor titular de Clínica Obstétrica debió participar en un concurso, y aunque al parecer no tenia gran respaldo entre los miembros del jurado, se batió en buena lid, logrando demostrar su superioridad; fue el mejor calificado, como consta en el oficio número 994 de la Secretaría de la Facultad de Medicina y Ciencias Naturales de la Universidad de Cartagena, fechado el dieciséis de mayo de mil novecientos cincuenta. El cinco de junio de mil novecientos cincuenta recibió una carta de los alumnos de sexto año de medicina donde le comunicaban que habían acordado brindarle un agasajo como reconocimiento a sus meritos como profesor y jefe del servicio de Maternidad del Hospital Santa Clara, coronado una vez finalizado el concurso verificado para tal fin. El acto se llevó a cabo el miércoles siete de junio de mil novecientos cincuenta, a las ocho de la noche en el salón de recepciones del restaurante Chop-Suey. La comunicación está firmada por Darío Cabrera Meléndez, David Lorduy y Mironel Herrera.

Señora Lucía, usted me ha dicho que el doctor Juan Barrios Zapata era un gran impulsador de la parte clínica del ejercicio profesional del médico. Defendió por siempre la importancia de hacer un detallado análisis de los síntomas y de las manifestaciones de la paciente, buscando siempre la llegada al diagnóstico. También me ha dicho con claridad, que desarrollo su actividad profesional en una época en que si bien no existía la ecografía, sí existía el deseo de conocer previo al nacimiento el sexo del próximo bebe por nacer. Usted me ha contado señora Lucía, que ha escuchado muchas veces entre risas, que el doctor Juan Barrios Zapata, luego de valorar y examinar con detalle el abdomen crecido de la gestante, decía, por ejemplo, con acento fuerte y en voz alta: “es varón”.Inmediatamente iba a un librito donde anotaba sus vaticinios y escribía el sexo contrario. Al nacer el niño, si nacía varón la señora lo felicitaba y él con jocosidad se enorgullecía por el logro. Si nacía niña y los padres reclamaban o se lamentaban de lo fallido del vaticinio, él se aprestaba a asegurar que había dicho lo correcto, que tal vez no escucharon, y también con jocosidad y sentido del humor, buscaba el libro y demostraba no haberse equivocado. Siempre acompañaba el instante de risas, gozaba con sus pacientes la triquiñuela y gozaba la broma. Llevaba siempre consigo otro librito, donde estaba anotado el record de sus pacientes.

Hospital Universitario “Santa clara”. 1957

Señora Lucía, a usted le brillan los ojos y se le dilata la pupila cuando me dice que el doctor Barrios Zapata fue médico y sobre todo un profesor muy humano, generador de mucha confianza con sus alumnos, le sirvió de guía a muchos, esforzándose, dándoles lo mejor de sí. Fue presidente de muchas tesis, lo cual en esa época era una designación altamente honorífica. Era frecuentemente escogido por los estudiantes, ya que era muy confianzudo y permitía que los estudiantes se le acercasen sin limitaciones. Usted no tiene certezas de en qué año fue jefe de Clínica Obstétrica, pero sí sabe que mujeres de todo el Departamento de Bolívar e incluso de otros departamentos de la Costa Atlántica, venían atraídas por su renombre y por la gran fe que le tenían muchas personas de la región. Usted no se cansa de repetirlo, señora Lucía, que atendió su consultorio hasta dos meses antes de su muerte.

Hospital Universitario de “Santa Clara”

También me ha dicho con una sonrisa, señora Lucía, que el doctor Juan Barrios Zapata, era un profesional experimentado y hábil. Usted me ha contado que muy frecuentemente escuchó decir a varias personas que apoyaba a otros colegas con casos difíciles. Usted ya me repitió muchas veces que el doctor Rafael Calvo Castaño lo quería como si fuera un hijo, y también me ha repetido sin cansarse que el doctor Barrios Zapata lo estimaba de sobremanera y para él era un orgullo haber heredado la dirección de la cátedra de Clínica Obstétrica. Por más de catorce años fue profesor de Obstetricia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, y estando con éxito al frente de la Unidad de Obstetricia, en el año de mil novecientos cincuenta y nueve, cuando estalló la huelga contra el doctor Napoleón Franco Pareja, renunció solidarizándose con su amigo, compañero y colega, como lo hicieron muchos otros profesores. Señora Lucía, me han dicho que el doctor Napoleón Franco Pareja fue un médico eminente, el mejor cirujano ginecológico de su época y le sirvió mucho a la ciudad. Tal vez, la comunidad y la misma ciudad estuvo a espaldas de él cuando se presentó la huelga. Y es que en esa huelga había muchas presiones políticas en el fondo.

El doctor Napoleón Franco Pareja era visto por los estudiantes como alguien muy bravo, cuando en realidad era una excelente persona, era alto y lo más parecido a un quijote. Fue el Fundador de la Casa del Niño, la cual manejó con buen criterio y honradez. Era muy apasionado en sus ideas, políticamente un liberal, tal vez hasta revoltoso, y lo que es cierto, un gran directivo. Para apoyarlo, el doctor Juan Barrios Zapata dejó todo, renunció a la cátedra de Obstetricia y a la dirección de la Clínica de Maternidad “Rafael Calvo” para siempre. Usted me dice que había una solidaridad en bloque que hoy no tienen los profesores ni los médicos.

Usted lo añora, señora Lucía, lo recuerda como un gran aficionado al béisbol, y es que de veras para esas épocas se jugó en Cartagena el mejor béisbol de todos los tiempos. Usted me ha contado que casi siempre iban en familia al estadio, y en varias ocasiones por el alto parlante del once de noviembre, escucharon decir que el doctor Juan Barrios Zapata es solicitado en la puerta principal del estadio. Me ha contado usted, que él las dejaba recomendadas con algunos que estuvieran cerca que conocía y se iba a mirar a su paciente. Gran aficionado al béisbol, también aficionado al boxeo y siempre presente en los combates de Pambelé, pero su principal atracción era el béisbol. Y claro, señora Lucía, de seguro que lo disfrutó mucho, tal vez intuía que le había tocado la época dorada y grande del béisbol de Cartagena.

Señora Lucía, a su memoria llegan ahora los recuerdos de las veces que lo acompañó a los hospitales donde ingresaba sus pacientes. Para usted era una fiesta y todo un paseo ir a la Clínica de Maternidad “Rafael Calvo”, en Amberes, a la casita de maternidad que justo lleva el nombre de su maestro y amigo. Usted recuerda la Clínica, era sumamente pequeña y el doctor Barrios Zapata se esforzaba por tratar de aumentarla, para que los servicios que se prestaban fueran mejores. Usted, señora Lucía, recuerda que logró hacer otra sala de parto. Era muy difícil el acceso a la entrada de la clínica, debido a las condiciones de la calle, así que hizo construir una rampa de acceso para los vehículos. Era muy intensa la presencia y el manejo político. Intentaron retirarlo en alguna ocasión, pero los trabajadores y las enfermeras se opusieron. El doctor Juan Barrios Zapata tuvo muy buenas relaciones con sus empleados y era como un padre para ellos. También usted recuerda emocionada la época del Hospital de Manga, donde tenía su centro de mayor atención de pacientes.

También iba muy frecuentemente a la Clínica de la Madre Bernarda, a las afueras de Cartagena. Me ha contado que en esas épocas los obstetras tenían parteras y enfermeras que les apoyaban y les acompañaban en la atención de las pacientes. Señora Lucía, usted recuerda que la partera que le acompañaba en el Hospital “Santa Clara” era Candelaria Zambrano y la partera del Hospital de Manga era Olga Sotelo. Ellas vigilaban y controlaban a las pacientes mientras él llegaba. Las trataba con familiaridad, eran de mucha confianza y se comunicaban de tú a tú. En esa época las enfermeras y parteras tenían gran presencia, recuerda usted a la “la seño Almeida”, porque frecuentemente lo llamaba. El doctor Juan Barrios Zapata generó en la población que le frecuentaba una gran fe y credibilidad. No escribió nada, no dejó nada escrito, no era aficionado a la escritura, me ha dicho usted, y también me ha contado que sí era un gran lector. Vivía a diario actualizándose. Siempre señalaba que el médico nunca debía dejar de estudiar. Lo recuerda sentado leyendo por horas y horas revistas de MD, y es que señora Lucía, esa era la revista que traía la mejor información científica por esos años; en ella se nutrían de conocimientos médicos los profesionales de la década de los setenta del siglo veinte.

Usted me ha dicho, señora Lucía, que era enemigo de la desconexión o esterilización, y especialmente si la mujer era muy joven. Hacia siempre consejería para evitar ese método radical en mujeres jóvenes. Usted sostiene señora Lucía, con inmensa emoción, que, el doctor Juan Barrios Zapata era un gran consejero, siempre observó la dedicación y la presteza en la atención de sus pacientes, de allí que tuviera muchos, muchos ahijados.

Usted, señora Lucía, al dejarme entrar sin reservas a revisar las páginas de su álbum familiar, y al contarme con detalles tantos hechos, me ha permitido ver el resplandor científico de Rafael Calvo Castaño en el desarrollo cotidiano de su labor de obstetra y de profesor de Obstetricia. En las páginas ya amarillentas de este libro de portada azul, donde el doctor Juan Barrios Zapata recopiló y dejó congeladas para siempre muchas de las actividades de profesores y estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, he podido ver la aureola mítica de una Escuela de Medicina que creció con los años y se fortaleció con el empuje de docentes y estudiantes, que fueron capaces de seguir el ejemplo de su antecesores, sobre todo de aquellos que se atrevieron a arar el terreno y sembrar las semillas de la ciencia. Usted, señora Lucía, me ha permitido ver la siembra que hicieron muchos grandes, entre ellos el doctor Rafael Calvo Castaño.

Celebración y Brindis. Fecha no definida
Hospital Universitario “Santa Clara”. 1936