La Mulata de los Ojos Grises

Dr. Álvaro Monterrosa Castro, M.D

Proemio
La Mulata de los Ojos Grises

El olor a mangos maduros emergía con fuerza del árbol que crecía frondoso en uno de los parquecitos centrales de la Clínica de Maternidad “Rafael Calvo”. Ese olor dulzaino y cargado de aromas, que me hace recordar los vastos campos de las sabanas de Bolívar donde está sembrado mi pueblo, se metía intenso por todos lados, mientras la lluvia de un fresco agosto caía a cantaros a estas horas del medio día.

La mañana había amanecido fuertemente nublada, pero sólo hasta dos horas después de las nueve fue que se desgajó con fuerza el diluvio. Los estudiantes de la asignatura Medicina de la Mujer, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, fuimos saliendo de las prácticas dirigidas que se cumplían en las diferentes salas y nos encontramos pronto metidos en la turbulencia del aguacero. Muchos regresaron a las salas a adelantar actividades o a guarecerse y esperar que escampase. Unos cuantos se lanzaron a las aguas que caían a borbotones para abandonar la Clínica, que parecía una gigantesca arca que navegaba sin horizonte y sin norte dentro de las aguas lluvias ya caídas que llenaban las calles, desbordaban las alcantarillas e inundaban impetuosas las casas de los barrios España, Alcibia y Bruselas. Otros pocos nos reunimos en pequeños grupos en los corredores de la Clínica.

Una corriente extraviada de viento frío empujó como atomizado un chorro de agua lluvia al corredor de la Clínica, el corredor que permite acceder a la oficina del Departamento de Ginecología y Obstetricia, de la Universidad de Cartagena. Los seis estudiantes que transitábamos por el pasillo nos apresuramos a buscar refugio y uno de nosotros empujó la puerta de la sala de profesores. Aprovechando que la estancia estaba desocupada, nos dispusimos a entrar, con la esperanza de no ser alcanzados de nuevo por una ráfaga de viento.

La primera en ingresar fue Moraima Barrios Marimón, mi compañera de estudios, natural de mi pueblo y amiga personal desde la infancia. De estatura espigada, la más destacada de las estudiantes de mi grupo y de muchos grupos, nuestra representante del curso. Inteligente, preparada y muy académica, sobria y delicada. Toda una elegante mujer poseedora de unos ojos infinitamente grises, que contrastaban con el color caoba de su tersa piel, dermis bella de tonalidad canela. Aventajada en sus cualidades físicas e intelectuales. Dueña de las piernas más hermosas que en la Universidad de Cartagena se vieron y se verían en muchos años, que ella sabía decorar con exquisita elegancia, con el recurso de unas minifaldas cuidadosamente elaboradas. Mujer pragmática, realista, siempre cariñosa con todos. Destacada por su don de gentes, pese a su temprana edad, era dueña de un aire, un carisma y una facilidad para las relaciones con los otros estudiantes y los docentes, lo que llevaba a que siempre impactara a todos con su presencia. Sencillamente deslumbrante y hermosa. Toda una reina. Había aprendido desde su cuna en la lejana Marialabaja, en el corazón mismo de los Montes de María, a resaltar con finura sus atributos, y a mezclarlos sin reparos y para sacar provecho, con la esencia de la vida cotidiana.

Ante nuestros ojos quedó la galería de las fotografías de los profesores que habían dirigido el Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, desde antaño hasta el presente. Parecía un enorme friso colgado en todo lo alto de la pared, al fondo después de entrar. Todos nos sentimos atraídos por una fuerza importante que salía desde los ojos de los docentes perdurados en las fotografías, de color sepia las más antiguas y en colores las más recientes. Sin cruzar palabras, nos separamos de la mesa de juntas y nos fuimos acercando a la pared donde estaban colgadas las fotografías. Nuestras miradas se resbalaron por los textos que señalaban los nombres y las fechas en que ejercieron los cargos.

– Son todos los jefes que ha tenido el Departamento de Ginecología y Obstetricia-, dijo Moraima sin ínfulas y sin que ninguno de nosotros le preguntara.

Señaló a las primeras fotos y nos precisó que “todos estos no fueron Jefes del Departamento, ya que el Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, sólo sería creado después de la huelga de mil novecientos cincuenta y nueve”. Para ese entonces, los años andados por la Universidad de Cartagena y la Facultad de Medicina ya se contaban por cientos y el camino realizado, los logros alcanzados y los hechos trascendentales sucedidos estaban inscritos en letra de molde en los anales conservados en los archivos.

Ella no lo dijo, pero nosotros sentimos que se aprestaba a contarnos una historia que todos queríamos escuchar. Sin que nadie lo ordenara, pronto todos nos fuimos sentando en las sillas que rodeaban la mesa de juntas y nos aprestamos a que Moraima nos relatara la historia, cuyo presente vivimos, para saber dónde fue que nacimos y cómo es que hemos ido creciendo, aprovechando que el diluvio que se sucedía allá afuera y que se incrementaba con el paso del tiempo, empapaba todo lo existente.

Moraima comenzó su relato diciendo que “la Universidad de Cartagena fue creada por el decreto expedido el seis de octubre de mil ochocientos veintisiete por el General Simón Bolívar, e instalada el once de noviembre de mil ochocientos veintiocho en el local que fue convento de los Agustinos Calzados, residentes en la Ciudad de Cartagena. El nombre inicial de la Institución fue ‘Universidad del Magdalena e istmo’, luego cambiado a ‘Universidad del Segundo Distrito’, ‘Colegio Provincial de Cartagena’, ‘Instituto Boliviano’, ‘Colegio de Bolívar’, ‘Colegio del Departamento’, ‘Colegio Fernández Madrid’, ‘Universidad de Bolívar’ y, finalmente, el actual: Universidad de Cartagena. Para el año de mil novecientos dieciseis, ya se denominaba Universidad de Cartagena”.

“Por su parte, la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena nació en el año de mil ochocientos treinta, sin que existan documentos que puntualicen la fecha exacta. En su libro: Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena: su historia, el doctor y profesor de Otorrinolaringología, Edwin Maza Anaya, señala que el primer nombre fue: Facultad Médica del Distrito Universitario del Magdalena e Istmo. No obstante, se considera que el real nacimiento puede ser en mil ochocientos veintiocho, luego de reuniones y de la conformación de un grupo de señores teguas o protomédicos”.

Sala de la Facultad de Medicina

Moraima extendió el brazo, de una silla cercana tomó su morral rojo y negro marca ‘Totto’ que le acompaña siempre. Lo abrió y, sonriendo, introdujo la mano sin mirar siquiera, para del fondo extraer un libro amarillento y antiguo. Su mirada, su sonrisa y sus ademanes me recordaron a los ilusionistas que en los circos sacan un conejo de un sombrero. En la portada del libro estaban la silueta de la fachada del Convento de Santa Clara de Asís, por los años en que allí funcionó el Hospital Universitario ‘Santa Clara’ y la del Hospital Universitario de Cartagena.

El autor de libro es el doctor Horacio Zabaleta Jaspe, docente de la Facultad de Medicina a quién no conocimos, y el título del libro es Réquiem por un viejo hospital. Con delicadeza, Moraima apretó el libro entre sus dos manos, lo acarició en la portada y en la contraportada, respiró profundo para llenarse de su esencia, lo recorrió como quien recorre una joya, le estampó en el lomo el beso que de ella todos deseabamos y, con la ayuda de un separador fucsia, se fue a la pagina catorce y leyó en voz alta:

“La medicina costeña tiene sus arraigos y fuerza en la isla conocida como el arrabal de Getsemaní o Gimaní”. Cierra el libro sin perder la página y nos dice que Rafael Ballestas Morales en su libro Cartagena de Indias: Relatos de la vida cotidiana y otras historias, señala que la isla fue denominada en inicios isla de San Francisco, y estaba separada de la Cartagena colonial por el caño de La Matuna o de San Anastasio, que corría por lo que hoy es la avenida Venezuela, desde la Laguna de Chambacú hasta la Bahía de las Animas. Su primer dueño fue Rodrigo Durán, compañero y amigo de Pedro de Heredia.

Posteriormente, la isla fue vendida al Clérigo Juan Pérez de Materano (o Maturana, según revela Donaldo Bossa Herazo en su libro: Nomenclator Cartagenero), quien la rebautizó con el nombre de Getsemaní. Nos dice que en el libro Getsemaní, historia, patrimonio y bienestar en Cartagena, se señala que en la segunda mitad del siglo dieciséis, en la isla se asentaron muchos inmigrantes de diferentes latitudes.Moraima retoma la lectura y a pie juntillas dice: “Ese arrabal se fundó al comienzo por los esclavos negros (ello hoy día está cuestionado) y más tarde por los esclavos libertos. Es, en síntesis, un suburbio de negros, comerciantes, boticarios, charlatanes o vendedores de específicos nacidos en tiempos de la Colonia estuvo poblado al principio por marineros y gente de baja ralea procedentes de los galeones o barcos españoles, franceses e ingleses.

Se construyó posteriormente “El Arsenal”, en los años mil setecientos treinta, en la parte contigua a la bahía. Sus casas fueron al comienzo de madera, bahareque, de adobe, con piso de adobe de una sola planta o piso destinado al principio para almacenes y marinería en general”. de una saltó a la página siguiente y continuó leyendo: “La llegada de los barcos procedentes del Viejo Mundo traía médicos o protomédicos, y la mayoría se alojaban en las casonas del Arsenal de Gimaní. Fue creándose un conglomerado médico que con el tiempo fortalecería el núcleo de criollos, como simiente de la futura Medicina de la Costa.

De la Calle de la Media Luna, de la Calle Larga, de la Plaza del Pozo, de la Calle del Pedregal, de la Calle del Guerrero, de la Plaza de la Trinidad y de sus alrededores ha salido el mayor número de médicos que fortalecieron la primitiva corriente médica de la naciente Escuela de Medicina de ésta ciudad.

En el barrio de Getsemaní, nacieron o vivieron toda su vida los primeros gestores de la medicina costeña, la generación médica criolla de primera, segunda y tercera generación, tales como J. Gómez, Narváez, Vega, los Porto, Manuel Pájaro Herrera, Bartolomé Escandón, Eusebio Guerrero Pérez, Lascario Barboza, Teofrasto A. Tatis, los Caballero, los Vargas Vélez, etc.

Por consiguiente, el nacimiento y desarrollo, años más tarde, de la Escuela de Medicina, se da en la primitiva Universidad del Magdalena e Istmo, iniciada por un grupo de hombres que desde sus albores tuvieron por meta la atención de los enfermos, la enseñanza a los alumnos en medio de una terapéutica imprevista, como fueron las enfermedades que se presentaron allá en el siglo quince”.

Nuestra compañera cierra el libro y nos cuenta que “José Dionisio Araujo fue el primer director y el firmante del acta de grado o diploma del cartagenero, doctor Andrés Fernández, primer egresado de la naciente escuela. Es notorio que desde estos primeros días la enseñanza de la Obstetricia ya ocupaba sitio de privilegio dentro de la formación médica de la época, al ser la capacitación para el desempeño como PARTERO, puntualmente señalada dentro del titulo otorgado”. Nos sorprendió a todos cuando dijo que “ello se deduce del texto presente en el documento de grado del primer egresado”. Siguió hablando y quedamos con la boca abierta, porque se sabía el documento de memoria. Dijo

“Republica de Nueva Granada. Facultad Médica del Distrito Universitario del Magdalena e istmo. Por cuanto el señor ANDRES FERNANDEZ, natural de esta ciudad, después de haber acreditado debidamente ante nos con los documentos competentes hallase en el caso de la ley 1° articulo 13 del libro 8 de la Novísima Recopilación y de haber sido en vista de ellas admitido para esta Facultad a sufrir examen en la Facultad de Cirugía y Obstetricia que habrá solicitado, el acto en que ésta se verificó, contestó satisfactoriamente a cuantas preguntas así teóricas le fueron hechas por los cinco miembros examinadores nombrados, durante el tiempo de una hora y cuarto que conforme la ley duró el examen; habiendo recibido por su buen desempeño, el ser aprobado con plenitud de votos.

En consecuencia la Facultad Médica le tuvo por CIRUJANO Y PARTERO recibiéndole por el sor Director el juramento de costumbre que hizo por Dios nuestro Ser y una señal de la cruz, de desempeñar bien y fielmente las obligaciones de tal oficio de CIRUJANO y PARTERO. Así en esta ciudad como en cualquier otro punto de la nueva Republica de la Nueva Granada en cuyo nombre exhorta y requiere a los señores jueces y magistrados de policía y en el suyo los ruega y encarecen dejen y consientan que al referido sor ANDRES FERNANDEZ, ejerza su arte de cirujano y partero.

Haciéndoosle guardar los honores, gracias y preeminencias, que son concedidas por las leyes a los de su clase. Dado en la ciudad de Cartagena de Indias, primero de abril de mil ochocientos treinta y siete. José Dionisio Araujo. Director. José Manuel Vega. Toribio Domínguez. F.L.Rubio, Secretario. Antonio José Matos. Gobernación de la Provincia de Cartagena. Cartagena. Veintiuno de Abril de mil ochocientos treinta y siete. Hay un sello Grabado de la Universidad”.

Moraima nos cuenta haber visto documentos de mil ochocientos cincuenta y siete donde está el pénsum de la Escuela de Medicina. Ella nos dice que en el primer año las materias de enseñanza eran Botánica especial con Aplicaciones a la Medicina, Principios de Zoología y Anatomía General. Segundo año: Anatomía Especial, Fisiología, Patología General y Anatomía patológica general.

Tercer año: Patología especial, Anatomía Patológica Especial, Clínica Interna y Farmacia. Cuarto año: Terapéutica, Materia Médica, Cirugía, Obstetricia y Clínica Externa. Quinto año: Medicina Legal, Historia, Bibliografía Médica, Higiene y Veterinaria. La clínica tanto interna como externa se enseñaba a la cabecera del enfermo. Todos los alumnos de la Escuela de Medicina ejercían en el Hospital de la Caridad las funciones de practicantes, bajo la dirección del médico del establecimiento, que era el profesor de esa ciencia.

Moraima se acomoda con elegancia en la silla y cuenta: “En la Calle del Coliseo en el Centro Histórico de Cartagena, en una casona grande que ocupa gran parte de la calle funcionó el Hospital General. Años después, fue trasladado a la Calle del Espíritu Santo, en el barrio de Getsemaní. Hacia mil setecientos sesenta y ocho fue trasladado al Colegio de la Compañía de Jesús en la Calle San Juan de Dios.

Posteriormente, al Convento de Santa Teresa, y en el año mil ochocientos ochenta y cuatro, al Convento de Santa Clara de Asís en el Barrio de San Diego, denominado inicialmente Hospital de la Caridad y luego Hospital “Santa Clara”. Inicialmente fue un Hospital sólo para hombres. El seis de diciembre de mil ochocientos noventa, por decreto dos siete seis de la Gobernación, se abrió la Sala de Mujeres, completamente separada de la de hombres, por petición de la Sociedad de Beneficencia de Señoras de Cartagena. En datos estadísticos del año mil novecientos nueve, habían ingresado cuarenta y cinco mujeres, dadas de alta con curación treinta y dos, habían fallecido cuatro y estaban nueve hospitalizadas.

Las hermanas de la Presentación dirigieron este Hospital de “Santa Clara”, hasta mil novecientos veintitrés, cuando por disposición del gobernador Henríque L. Román, la administración del Hospital pasaría a manos de la Junta Reformadora. El Hospital de San Juan de Dios seguiría funcionando durante algún tiempo.

Hospital Santa Clara. 1910Hospital Santa Clara. 1910

Moraima nos señaló las dos primeras fotos de la galería y nos dijo que “entre los graduados de las décadas de mil ochocientos ochenta y noventa, con títulos de DOCTOR EN MEDICINA, CIRUGIA Y CIENCIAS NATURALES, se encuentran estos dos señores.

Hospital Santa Clara. 1910. Monjas y PacientesSon los Doctores Teofrasto A. Tatis y Rafael Calvo Castaño, personajes que jugaron un papel importante en el desarrollo de la enseñanza de la Ginecología y la Obstetricia, respectivamente, en la última década del siglo XIX y las primeras del siglo XX. Además ellos realizaron un gran aporte desde el punto de vista académico y administrativo, al desarrollo y fortalecimiento de la Facultad de Medicina y de toda la Universidad de Cartagena, quedando inscritos para siempre en la Historia de esta ya centenaria institución”.

“Para mil novecientos cinco, en el plan de los estudios médicos se enseñaba la Obstetricia y la Ginecología por separado y de la siguiente manera: en quinto año: Obstetricia Teórica; en sexto año: Clínica Obstétrica y Clínica Ginecológica. Se realizaban las prácticas en el Hospital de la Caridad y en la Policlínica “Rafael Calvo”, ésta última, al igual que la Facultad de Medicina, funcionaba en el Claustro de San Agustín. El titulo que se otorgaba para la época era de Doctor en Medicina y Cirugía”

– ¿Esa policlínica “Rafael Calvo” es esta misma Clínica de Maternidad “Rafael Calvo”, donde estamos?-, le pregunté sin anunciarle

“No”-, me dijo con palabras y con un gesto negativo de la cabeza, sin tiempo ni espacio para que tuviese dudas -. Continuó enseguida diciendo que “esta Clínica de Maternidad donde estamos ahora, nacería como Clínica de Maternidad de Cartagena, muchísimos años después, ya en la mitad del siglo XX, el primero de junio de mil novecientos cincuenta. Atendería por algo más de seis años y después fue cerrada un tiempo por razones económicas.

Sería reabierta con el nombre de Clínica de Maternidad “Rafael Calvo” en marzo de mil novecientos cincuenta y ocho. El nuevo, aceptado y respaldado nombre, es un homenaje perenne y merecido al creador de la enseñanza de la Obstetricia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena”.

Continúo diciendo, aunque eso ya todos lo sabíamos, que “esta clínica, además de su valiosos aportes al sistema hospitalario de la región, por siempre ha sido pieza fundamental para la formación de la comunidad médica, tanto de médicos generales como de especialistas en obstetricia y ginecología.

El Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, siempre, desde su creación en mil novecientos cincuenta y nueve, ha tenido en este sitio su sede, aunque en el inicio por unos pocos meses estuvo en el Hospital Universitario de Santa Clara”.

Dr Rafael Calvo CastañoRespiró profundo, llevándose todo el oxigeno del mundo que era capaz y nos dijo para completar la respuesta a mi pregunta, que esta es la historia de la Policlínica “Rafael Calvo”: en el inicio del siglo veinte, para que tuviera asiento la Facultad de Medicina y Ciencias naturales, y así se pudiesen desarrollar en mejor forma las asignaturas y los estudiantes tuviesen donde complementar sus prácticas, La Gobernación del Departamento de Bolívar, mediante decreto quinientos treinta y cinco del veintiuno de abril de novecientos seis creó una institución de atención médica que fue llamada la Policlínica.

Estuvo ubicada inicialmente en la planta baja de la universidad de Cartagena, en el Claustro de San Agustín y luego fue trasladada a la antigua Playa de la Artillería, en Centro Histórico de Cartagena. Fue bautizada como Policlínica Rafael Calvo, en memoria de un importante dirigente y gran profesor de la Escuela de Medicina, el doctor Rafael Calvo Lamadrid, quien fue el padre del doctor Rafael Calvo Castaño. La inauguración de la Policlínica fue el cuatro de julio de mil novecientos seis. ¿Y saben ustedes quién fue el primer director de la Policlínica “Rafael Calvo”?, definitivamente el digno sucesor de su padre, el doctor Rafael Calvo Castaño. ¿Y saben ustedes quién era el encargado de la Clínica Ginecológica? Por supuesto que el Doctor Teofrasto A. Tatis.

Por ello y mucho más es el padre de la enseñanza de la Ginecología en la Universidad de Cartagena. En resumen, compañeros, la Policlínica “Rafael Calvo” se llamo así en honor al Doctor Rafael Calvo Lamadrid y la Clínica de Maternidad “Rafael Calvo” es en memoria de su hijo, el Doctor Rafael Calvo Castaño. Me miró, me señaló con su dedo índice derecho, y para que estuviese seguro por siempre y lo dijera por todos lados, sentenció que las dos instituciones funcionaron en sitios diferentes y en tiempos distintos.

Mientras habló, todos teníamos la mirada fija en el retrato de Rafael Calvo Castaño que había sido tomado en la década de los cuarenta del siglo veinte. Sin reservas, nos atrevimos a asomarnos juiciosos en sus transparentes espejuelos redondos, a tratar de ver en sus pupilas toda la enseñanza que regó sin reservas en muchos médicos de la Universidad de Cartagena, que fueron sus alumnos en la primera mitad de la última centuria del segundo mileno.

Profesionales de la salud que cuidaron con esmero a sus pacientes y sobre todo a las parturientas de la Costa Atlántica y de muchas otras regiones de Colombia y el exterior. Y en silencio nos maravillamos.

Vimos salir de la foto la luz de la sapiencia, era intensa, translúcida, nos sentimos bañados por ella, y descubrimos que siempre ha estado allí, intangible, emergiendo desde la parte de atrás de esos espejuelos redondos, recordándonos de paso lo que somos y lo que valemos. Toda la estancia se tornó brillante, casi incandescente, y nosotros maravillados con los ojos fijos en la fotografía.

Absortos sin sentir nada, sólo viendo esa luz poderosa que nos atraía, que rebotaba en las cuatro paredes de este pequeño reciento, y comprendimos que se perpetuará por siempre, que nuevas y nuevas generaciones vendrán tras él, siguiendo sus pasos en la enseñanza de la Obstetricia, y vimos la fila futura de docentes, marchando, desarrollando su accionar en circunstancias cambiantes, innovando, haciendo uso de lo nuevo y lo novedoso, y al igual que el maestro, el iniciador de la enseñanza de la Obstetricia en esta Universidad, persistiendo en el afán de enseñar los cuidados de las gestantes. Serán tantos y cada vez mejores.

Todos estábamos emocionados, sonreíamos y sólo atinamos a tomarnos de las manos. Y es cierto, sentimos la mano del maestro en nuestros hombros, dándonos tres leves golpecitos apenas perceptibles para traernos de regreso, mientras la luz se escurría por las rendijas de las paredes para hacerse invisible a los mortales.

Nos miramos, seguimos en silencio, solo se escuchaba el agua lluvia cayendo, experimentamos una inmensa sensación de paz, la real paz que se produce al mirar al interior de las cosas grandes y palpar las mieles de su grandeza. La realidad es que no vimos al hombre, vimos la grandeza de una Escuela Obstétrica, personificaba en un iniciador.

Citando de memoria, Moraima nos dijo lo que estaba en las páginas doscientos veintidós y doscientos veintitrés del libro “Réquiem por un viejo hospital”. El libro estaba cerrado sobre la mesa, con la portada hacia arriba, y ella deslizaba los pulpejos de los dedos sobre las fachadas silueteadas. Si no la conociéramos bien, si no supiéramos todo lo que sabe, pensaríamos que estaba leyendo por medio de los dedos.

“El Doctor Rafael Calvo Castaño nació en Cartagena de Indias en mil ochocientos setenta. Fue el fundador e iniciador de la Obstetricia en el Hospital “Santa Clara”, fundador de la Clínica Obstétrica de la Policlínica “Rafael Calvo” en la antigua Playa de la Artillería, donde iban los practicantes del Hospital. Fue el fundador de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Cartagena.

Entusiasta y emprendedor, menudo de cuerpo, de tez morena, cabeza blanca, bigote, barbilla o perilla blanca que le daba al cuerpo un aire de delgadez. Calvo Castaño fue además de obstetra, cirujano, oculista, médico legista, Gobernador de Bolívar, Decano (o Presidente, como se denominaba entonces) de la Escuela de Medicina en cuatro períodos y uno de los pilares básicos del comienzo de la medicina en el nosocomio de Santa Clara. En sus viajes a Estados Unidos de Norteamérica aprendió las disecciones en cadáveres y trajo la técnica de conservación de éstos para facilitar el estudio de la anatomía. Vestía de negro y sacoleva.

Fue el primero en practicar con éxito una operación cesárea en el Hospital “Santa Clara” en el año de mil novecientos veintitrés. Fue director del Hospital “Santa Clara” y Jefe del Servicio de Maternidad por muchos años. Fue miembro de la Academia de Medicina de Cartagena.

Por medio de la resolución ciento cincuenta y ocho del dos de diciembre de mil novecientos cuarenta y cuatro, el Consejo Directivo de la Facultad de Medicina exaltó su desempeño en beneficio de esta y de la Universidad de Cartagena, al conmemorarse las bodas de Oro profesionales, los cincuenta años de ejercicio que había cumplido el veintiocho de octubre de ese año. En una ocasión el doctor Jorge Milanés Pernett dijo que el doctor Rafael Calvo Castaño fue un hombre muy patriota, muy significativo, muy admirado y respetado por todos. Era un hombre siempre atento a servirle a la ciudad en todo lo que pudiera.

Fue un hombre importante social y políticamente. El doctor Rafael Calvo murió el quince de diciembre de mil novecientos cuarenta y nueve, a los setenta y nueve años de edad, lleno de distinciones”.

Dr Teofrasto A. TatisMoraima, con su dedo índice coronado por una uña corta, redondeada y sin pintar, señaló la foto siguiente, reproducción de una pintura que reposa en la sala de Juntas de la Decanatura de la Facultad de Medicina, en el Campus de Zaragocilla.

En voz alta, nos dijo: “Es Teofrato A. Tatis, ilustre médico que nació en Cartagena en el barrio de Getsemaní, el veintiocho de octubre de mil ochocientos sesenta y cinco. Realizó estudios básicos (Literatura y Filosofía se denominaban en esa época) en el Colegio de Araujo. Realizó los estudios médicos aquí en la Universidad de Cartagena. Mientras estudiaba medicina, enseñaba en la Escuela de Primaria anexa a la Universidad, por vocación y porque poseía dotes pedagógicas.

En mil ochocientos ochenta y siete recibió el grado de Doctor en Medicina y Cirugía. Fue apasionado y dedicado a la Cirugía, a la Ginecología y a la Obstetricia. En el libro de actas de posesiones de la Facultad de Medicina y Ciencias Naturales de la Universidad de Cartagena, para esa época denominada Universidad de Bolívar, está la siguiente nota de posesión, escrita a pluma y en tinta negra: El dieciséis de abril del año mil novecientos seis, fue nombrado por el Consejo de la Facultad de Medicina y Ciencias Naturales de la Universidad de Bolívar, el señor doctor don Teofrasto A.

Tatis, catedrático para el cargo de Fisiología y Clínica Ginecológica, el Señor Presidente le exigió el juramento del caso, bajo el cual prometió cumplir fielmente los deberes y demás funciones que se le anotaban en el reglamento de la Facultad. Se le adhieren a la presente diligencia las estampillas que amortizan. Para la constancia se firma después de la posesión. Firma Rafael Calvo Castaño, Presidente. Pedro Cabarcas, Secretario. En esos instantes, al ser incorporado como docente, era muy joven, y supo ganarse el respeto de sus alumnos, por la competencia que manifestaba en las conferencias científicas que dictaba. ¡Era que amaba la ciencia!”.

“Yo tengo copias de un ejemplar de la gaceta del Hospital “Santa Clara” de la década de los treinta donde se señala que el doctor Teofrasto A. Tatis, cediendo al imperativo de su vocación, se dedicó al estudio de la ginecología y tras muchos contratiempos, logró que el doctor Juan A. Fortich le prestara apoyo y así pudo practicar algunas operaciones en casas particulares.

Hay evidencia de que el siete de agosto de mil novecientos cinco, en compañía del doctor Manuel F. Obregón realizó una histerectomía a una señora de Arjona que habitaba en la calle del Guerrero del barrio Getsemaní. La intervención operatoria fue satisfactoria, aunque la señora falleció unos cinco meses después, ya que la enfermedad se trataba de un cáncer. A partir de ese día el doctor Teofrasto A.

Tatis tuvo la obsesión de montar una clínica, con instalaciones modernas para la época y con probabilidad de éxito completo, no para él, sino para la humanidad enferma. Andando por ese camino apostólico llegó al Hospital de Caridad y obtuvo allí de las Reverendas Hermanas una salita, pero estaba en condiciones tan antihigiénicas, que nadie se hubiera arriesgado a someterse a una intervención quirúrgica allí”.

“El Doctor Teofrasto A. Tatis fue el fundador y entusiasta emprendedor del servicio de Ginecología del Hospital Universitario de “Santa Clara”, el cual fue inaugurado con presencia del presidente de la República de Colombia, General Rafael Reyes, el veinte de julio de mil novecientos siete”. Moraima interrumpe su discurso para resaltar (para que no se nos olvide) que la enseñanza ordenada de la Ginecología, ya establecida dentro de un servicio en la Facultad de Medicina, pasa los cien años de existencia. Enseguida continuó:

“El doctor Teofrasto A. Tatis dio todo por ese servicio de Ginecología, hasta en ocasiones cedía su sueldo de treinta pesos de profesor de Ginecología”. Se percibe en el tono de su voz un aire de lamento, cuando nos cuenta que “el doctor Teofrasto A. Tatis, el gran impulsor del servicio de Ginecología del Hospital Santa Clara, no pudo estar presente en la ceremonia inaugural el 20 de julio de mil novecientos siete, por estar enfermo.

El Gobernador, General Miguel M. Torralba hizo incluir como presupuesto de gastos, la suma de veinticinco pesos mensuales con destino a la Sala de Ginecología. Con esta pequeña suma y lo poco que aportaban las enfermas, se continuaron los trabajos de mejoría en lo posible. Más adelante, en mil novecientos diez, el gobernador de la época, José María de la Vega prestó apoyo decidido para el crecimiento de la Sala de Ginecología.

Ya en ese momento se practicaban operaciones de toda clase. A nadie se le cobraba: cada cual dejaba lo que podía y todo era para engrandecer y mejorar la Sala de Ginecología. En mil novecientos doce, el doctor Teofrasto A. Tatis, hizo traer de Francia, con el apoyo y mediación de su hermano Eligio, un aparato esterilizador de instrumentos, ropa y demás materiales quirúrgicos.

Con sus propios recursos se hizo responsable del valor de todo aquello y luego esperó largo tiempo a que el gobierno le reembolsara poco a poco, algo más de setecientos pesos, que la Clínica estaba muy lejos de producir. Sin embargo, todavía la obra no estaba completa ni mucho menos; se contaba con unas cuantas camas, había una vitrina, una estufa para calentar el instrumental, un escritorio y algunos pocos muebles.

Eran enfermeras, al parecer gratuitamente, doña Eugenia Lafont, doña Manuela Abad de Guzmán y doña Carmen de Arco. Ellas cargaron gran parte del peso de la Sala de Ginecología y del hospital, conocido en esos momentos como Hospital de Caridad.

Allí dio sus primeros pasos en cirugía, alguien que llegaría a ser un importantísimo médico de la ciudad y de la Universidad, el doctor Raúl Bernett y Córdoba, quien también incursionaría en la escritura y en la literatura. El doctor Teofrasto A. Tatis fue quien hizo traer la mesa operatoria que estuvo en el Hospital ‘Santa Clara’ por muchos años. Para mil novecientos veintidós hizo que el Departamento de Bolívar, por moción de un diputado liberal, diera un aporte mensual de doscientos pesos para la Sala de Ginecología.

Ese mismo año, por iniciativa del doctor Tatis, se expide la ordenanza número veintidós, creando la Junta Reformadora del Hospital y dedicándose para el hospital el dos por ciento de las rentas departamentales. Alcanzaba el doctor Teofrasto A. Tatis la satisfacción más grande de su vida. Al fin, se iba a hacer un verdadero hospital como lo había soñado y como lo necesitaba Cartagena. Para mil novecientos veintitres se expedía otra ordenanza de auxilios al Hospital y entraba en funcionamiento la Junta Reformadora del Hospital ‘Santa Clara’, teniendo a la cabeza al Apóstol del “Santa Clara”.

“El doctor Teofrasto A. Tatis, fue miembro de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bolívar, corporación que algunos años después pasaría a denominarse Academia de Medicina de Cartagena. El diez de noviembre de mil novecientos diecisiete se realizó elección de dignatarios, recayendo sobre el doctor Teofrasto A. Tatis la vice-presidencia”.

“Aquí en el Libro Réquiem por un viejo hospital, se señala que el doctor Teofrasto A. Tatis era de tez blanca y alto de cuerpo. Es el paradigma de la docencia y la asistencia en la Escuela de Medicina de la Universidad de Cartagena, de todos los tiempos. Desde muy joven mostró gran interés por la docencia, aun sin estar dotado de cualidades como expositor. El sonido nasal o gutural de sus palabras le dificultaba la expresión y la pronunciación. Ya para el año mil ochocientos noventa realizaba enseñanza de Obstetricia y Ginecología en el Hospital ‘Santa Clara’, con la parsimonia que lo caracterizó.

Atendió a centenares de mujeres en trance de parto, sentado tranquilamente en un mecedor, refrescándose con un abanico, con las mangas de las camisas remangadas, con el chaleco negro que nunca abandonó y medio dormido al prolongarse el parto. Fue un gran autodidacta, nunca salió de Cartagena, no realizó estudios en otras latitudes y se podría decir que nunca salió del Hospital ‘Santa Clara’.

Doctor Teofrasto Antonio TatisOcupó importantes cargos dentro de la estructura de nuestra Universidad. Fue a finales del siglo diecinueve, Presidente de la Facultad de Medicina, cargo que equivale a del actual Decano. Desde mil novecientos seis hasta mil novecientos once era el encargado de manejar la Clínica de Ginecología de la Policlínica ‘Rafael Calvo’, donde se desarrollaban las prácticas de ginecología. A la vez, fue el director de dicha Policlínica en el año mil novecientos ocho.

Llegó incluso a ser Rector de la Universidad de Cartagena de febrero a Septiembre de mil novecientos once. Repitió la presidencia de la Facultad de Medicina, desde marzo de mil novecientos diez hasta mil novecientos trece. En su labor daba prioridad a la adquisición de elementos para la docencia. Fue quijote y promotor de la enseñanza médica y de la deontología. Fue el fundador de los laboratorios de Física y Bacteriología, y un gran benefactor de la Escuela de Enfermería”.

Moraima está tan emocionada que es una máquina para hablar y gesticular. Sin descansar, presenta los datos del ayer de la enseñanza de la Obstetricia y la Ginecología de nuestra centenaria Facultad de Medicina, con gran facilidad y sin atisbos para la duda. Nos lleva a pensar que la Escuela de Medicina se estructura académica y administrativamente en la primera década del siglo veinte y se solidifica en la segunda.

Ella cuenta que “para el año mil novecientos dieciséis, siendo el doctor Teofrasto A. Tatis, presidente de la Facultad de Medicina, la Escuela tenía treinta y dos estudiantes. El doctor Tatis era, además, el catedrático de Fisiología 2° y de la Clínica de Ginecología. Por otro lado, la Obstetricia Teórica y la Clínica Obstétrica estaban bajo la dirección del doctor Antonio Regino Blanco. En el año mil novecientos diecisiete, en el pénsum estaba establecido que en el quinto año se enseñaba obstetricia teórica.

En el sexto año, como dos asignaturas separadas, se impartía Clínica Obstétrica y Clínica Ginecológica. Para el año mil novecientos dieciocho, siendo presidente de la Facultad el doctor Rafael Calvo Castaño, son treinta y cuatro los estudiantes. Al año siguiente, el doctor Rafael Calvo Castaño es el presidente de la Facultad, el director de la Policlínica ‘Rafael Calvo’ y el catedrático de Clínica Obstétrica.

La Asignatura de Obstetricia es dictada por el doctor Miguel A. Lengua y el doctor Teofrasto A. Tatis dicta Clínica Ginecológica. Son treinta y cuatro los estudiantes de la escuela, distribuidos así: seis alumnos en primer año, nueve en segundo año, cuatro en tercer año, cinco en cuarto año, seis en quinto año y cuatro en sexto año”.

“El doctor Teofrasto Antonio Tatis, tuvo muchos hijos como era la costumbre entonces, más ninguno de ellos se inclinó por la Medicina.

Su hijo menor, Julio Tatis se casó con la señora Socorro Martínez, y una de las hijas de la pareja, Angela María Tatis Martínez, a la sazón nieta de Teofrasto A. Tatis, sí escogería la ciencia de Galeno, ingresaría a la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, sería llamada con cariño Teofrastita por el prestamente cirujano doctor Hernando Espinosa Paris, y egresaría como Médica General en mil novecientos setenta y ocho.

Regresaría a la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena para realizar estudios de postgrado en Patología, egresando como tal en mil novecientos ochenta y cinco, justo por los días en que el Palacio de Justicia en Bogotá se consumía en un accionar de locos. Ingresó a las aulas y laboratorios de Patología de la Facultad de Medicina, como docente de patología, llegaría a ser jefe del Departamento de Postgrado de la Facultad de Medicina y se retiraría luego de varios años de servicio con la investidura de Profesor Asociado”.

“En mil novecientos veintitrés, el gobernador Henríque L. Román, por medio de la ordenanza número veintidós de mil novecientos veintidós, conformó la Junta Reformadora del Hospital ‘Santa Clara’, para transformar el hospital, las salas y los servicios, hacerlo progresar, adelantar estudios y ofrecer una adecuada asistencia hospitalaria. Las monjas fueron sacadas de la administración del Hospital en medio de peleas y de un gran barullo.

Los miembros de la Junta Reformadora eran: el gobernador Henríque L. Román, como presidente el doctor Teofrasto A. Tatis, y como miembros Manuel Francisco Obregón Flórez, Mario Fernández Mendoza, entre otros. La Junta Reformadora logró obtener que se dictara la ordenanza número sesenta y cinco, que facilitó la organización del Hospital, que el ente dejara de ser un hospital o casa de caridad para ser un verdadero templo de la ciencia.

La ordenanza conllevó el establecimiento de una fuente de dineros para reformas materiales, que llevaron a un estado de relativo bienestar. Para mil novecientos veinticinco se permitió el regreso de las monjas al Hospital Universitario de ‘Santa Clara’. Por medio de otra ordenanza de enero de mil novecientos veintiséis se instituye dentro del Hospital ‘Santa Clara’, la Escuela de Enfermeras y Parteras. Hasta noviembre de mil novecientos veintiséis estuvo el doctor Tatis al frente de la Junta Reformadora del Hospital y, por consiguiente, de las obras del Hospital, luchando valientemente contra viento y marea.

La presencia de una lenta pero insidiosa enfermedad fue agotando paulatinamente su organismo y, vencido al fin, tuvo que abandonar las arduas labores de la reforma hospitalaria, para buscar alivio a sus quebrantos, en el regazo de su humilde hogar. Viajó a Panamá hasta mediados de mil novecientos veintisiete, regresó restablecido y continúo el ejercicio de su profesión.

Además, en mil novecientos veintiocho reasumió su cátedra de Clínica Ginecológica y Fisiología en la Escuela de Medicina, y practicó algunas intervenciones operatorias. Siguió realizando la actividad académica el mismo día de su muerte.

Luego de una intensa vida de trabajo, los ojos del doctor Teofrasto A. Tatis se nublaron b bajo la intensa luz del candil y del negro humo de las pajuelas, aureolado por esa bondad casi franciscana que inspiraba a su paso por las solitarias callejuelas de la ciudad de Cartagena de mediados del siglo veinte, ataviado con bombín y bastón.

No dejó nada escrito, se le encontraba en su botica, en la esquina de la Calle del Porvenir con la del Coliseo, en el Centro Histórico de Cartagena, en medio de los olores a canela, ruibarbo y manzanilla, que siempre inundaban el pequeño recinto del doctor Tatis.

El Diario de la Costa, periódico de Cartagena, en su edición del veinticuatro de septiembre de mil novecientos treinta publicó la siguiente nota: ‘Se encuentra gravemente enfermo el distinguido médico y generalmente querido y apreciado en la ciudad, Doctor Teofrasto A. Tatis. Lamenta el Diario de la Costa, muy sinceramente, la enfermedad del eminente galeno y hace votos por su pronta reposición’. El otro periódico de Cartagena, El Mercurio, en la edición del mismo día, también presentó la noticia de la siguiente manera:

‘Desde las primeras horas de la noche de anteayer se encuentra delicadamente enfermo el Doctor Teofrasto A. Tatis, distinguido Profesor de la Facultad de Medicina, fundador del nuevo Hospital de “Santa Clara” y uno de los benefactores más ilustres de la ciudad de Cartagena. Con este motivo, la casa habitación del eximio enfermo ha sido muy visitada por sus numerosas amistades desde que trascendió la triste noticia, y sus alumnos, los estudiantes de medicina, han establecido riguroso turno, a fin de prodigar toda clase de atenciones al venerado y amado maestro. Hacemos votos fervientes por el restablecimiento del distinguido galeno y a su atribulada familia enviamos nuestra pena por esta inesperada novedad’.

Pero no fue así, tan insigne profesor y maestro falleció inesperadamente en la ciudad de Cartagena, ese mismo día, el veinticuatro de septiembre de mil novecientos treinta, a la una y treinta de la tarde.

En una nota fechada un año más tarde, el treinta y uno de diciembre, el médico y secretario de la Facultad de Medicina, doctor Tomás Morales Muñoz, haciendo alusión a la muerte del doctor Teofrasto Antonio Tatis, y citando el discurso que pronunció en el momento del sepelio el profesor doctor Manuel F. Obregón en representación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, escribió: ‘fue su muerte tan rápida y artera, tan sorprendente y sañuda, que la fragilidad de una arteria ahogó en un lago de púrpura la grandiosidad de aquel cerebro favorecido por la ciencia, ungido por la sabiduría, generador de nobles pensamientos y ejecutor de filantrópicas ideas’

El Cadáver del Doctor Teofrasto A. TatisCon la muerte del doctor Teofrasto Tatis, la Gobernación del Departamento de Bolívar, expidió el decreto número 303 de mil novecientos treinta, honrando la memoria del ilustrado hombre de ciencia fallecido en Cartagena.

La Alcaldía de Cartagena, a su vez, mediante el decreto 132, sentenció que considerando que el extinto fue un varón de esclarecidas virtudes, consagrado desde temprana edad al sacerdocio de la medicina, decretó honrar la memoria y presentar a las generaciones venideras como ejemplo dignísimo de imitarse.

El Rector de la Universidad de Cartagena, por medio de una resolución, pidió honrar la memoria de un personaje ilustre y benefactor, ya que el extinto prestó importantes servicios ora en el puesto de rector, ora en el de Presidente de la Facultad de Medicina, con insuperable eficiencia.

Con la firmeza de su voluntad y una perseverancia inalterable dio impulso a la importante obra del Hospital ‘Santa Clara’, a la que consagró las últimas energías de su existencia. Lo dotó con una sala de Ginecología donde, con una consagración de apóstol, sirvió la Clínica Ginecológica a su cargo por lapso de muchos años que fueron fecundos en beneficio positivo para la humanidad doliente.

A su vez, Rafael Calvo Castaño, Rector (Decano) de la Facultad de Medicina y Ciencias Naturales de la Universidad de Cartagena, expidió la Resolución Número 205, donde consideró, entre otros apartes, que el ilustrado y preclaro profesor lo sorprendió la muerte en el desempeño de las cátedras de Fisiología y Clínica Ginecológica, a cuyas enseñanzas estuvo dedicado durante más de treinta años con verdadera perseverancia y competencia.

Resolvió en el artículo tercero, en señal de duelo, suspender las clases por un término de cinco días, izar el pabellón nacional a media asta en el local de la Facultad y disponer que los alumnos llevasen un luto riguroso por diez días, durante los cuales permanecería también enlutado el sillón en donde dictaba sus conferencias el extinto.

Por su parte, la Junta Reformadora, la Dirección y el Economato del Hospital ‘Santa Clara’ expidieron una resolución, en la que consideraron: que el eminente médico salió de los claustros de la Facultad de Medicina de Cartagena; que por haber dedicado toda su vida a la enseñanza, la patria le debe gratitud; como profesor distinguido de la Facultad de Medicina, influyó decisivamente en el prestigio y progreso de la enseñanza médica, que a su iniciativa y a sus esfuerzos se debe la obra de reconstrucción y reforma del Hospital “Santa Clara”, obra que por el beneficio que representa y las vastas proyecciones sociales que entraña bastaría por sí sola para inmortalizar un nombre; que su muerte constituye un duelo inmenso para la sociedad, para la Facultad de Medicina y especialmente para este Hospital.

Por tanto, resolvieron erigir en el Hospital un monumento que consagre su memoria y en atención a que el doctor Tatis fue el fundador del servicio de Ginecología del Hospital, la sala que actualmente presta ese servicio, o la que más tarde se destine a él, llevará el nombre de SALA TEOFRASTO A. TATIS.”

Todos estamos perplejos, todo eso lo sabe Moraima Barrios de memoria. Ella solo pestañea un poco y sigue hablando llena de pasión: “La Sociedad de Medicina Luis Pasteur, que agrupaba a importantes médicos de la ciudad de Cartagena, expidió la resolución número 52, donde lamentan la muerte del meritorio maestro, rinden tributo de justicia, admiración, respeto y cariño por sus obras edificantes, lo consideran hombre de carácter, hombre probo, que no anheló sino el bienestar de la sociedad, que supo enfrentarse a la maledicencia y ambiciones personales de los que lo atacaron implacablemente, resuelven considerar su muerte como una desgracia irreparable para la Facultad de Medicina, para esta sociedad, que se priva de un conductor que dio siempre muestra de relevantes cualidades de moralidad, y para la ciencia médica a la cual aportó todo el concurso de su saber.

El cuerpo directivo del Hospital Bernett, cuyo Presidente era el doctor Raúl Bernett y Córdoba y secretario el doctor Eugenio Baena Falcon, por medio de una resolución ordenaron declarar en estado de profundo duelo al ‘Hospital Bernett’, manteniendo la bandera de la institución izada a media asta, llevando cada una de las enfermeras una franja negra en la manga del uniforme y suspendiéndose las clases de la escuela de enfermería por cinco días.

El Hospital Bernett estaba ubicado en el barrio Pie de la Popa, en una de las esquinas de la actual Avenida Pedro de Heredia y la calle que permite la subida al Cerro de la Popa. La Academia de Medicina de Cartagena expidió una resolución deplorando la muerte de un distinguido miembro, considerando que fue Presidente de la Corporación, donde se preocupó por su engrandecimiento, resolvió registrar tan infausto acontecimiento y enlutar el sillón que ocupó tan distinguido miembro”.

El cadáver del doctor Teofrasto A. Tatis en la Capilla“El cadáver del doctor Tatis fue trasladado desde su casa, en el Pie de la Popa, hasta el Hospital, en hombros de los practicantes y demás estudiantes de medicina.

Una gran muchedumbre los acompañaba. El cadáver entró al ‘Santa Clara’ por la puerta principal. Las enfermeras estaban formadas en línea haciendo un guión desde la entrada hasta la capilla. El señor Gabriel Jiménez Molinares, director ecónomo del Hospital ‘Santa Clara’, pronunció la siguiente oración, la noche del veinticuatro de septiembre de mil novecientos treinta, al llegar el cadáver al umbral del hospital para ser velado en cámara ardiente: ‘En nombre del Hospital ‘Santa Clara’, recibo con religioso respeto y con el más profundo dolor, hecho cadáver, lo que fue para esta Institución calor y vida, el doctor Teofrasto A. Tatis. Aquí se quebrantaron sus fuerzas en una lucha colosal para elevar esta casa a la más alta calidad y a la más fecunda eficiencia. Aquí se platearon sus cabellos; aquí derramó, como un prodigio, el tesoro de su ciencia profunda y de su caridad inminente.

Aquí hizo el bien; aquí curo; aquí consoló; aquí enseñó y aquí está vencido, por fin. Aquí te recogemos doctor Tatis. Aún en tus cenizas hay calor para nosotros. Pasa y reposa. Dios te espera’.

El cadáver fue depositado en la capilla frente al altar mayor. Las enfermeras le hicieron guardia de honor sentadas en círculo y, tras ellas, de píe, le velaron los médicos y practicantes del Hospital. La capilla fue insuficiente para albergar la enorme concurrencia. A las diez y media de la noche, el cadáver fue levantado por los estudiantes de Medicina y trasladado a la Universidad de Cartagena, seguido de los directivos del Hospital y de la Universidad, profesores así como de las estudiantes de la escuela de Enfermeras y Parteras.

El público que acudió era numeroso, tanto que el cortejo ocupó toda la cuadra comprendida desde la plaza de San Diego hasta la Iglesia de Santo Toribio. Al llegar a la Universidad, los internos, con uniforme de rigor, hicieron calle de honor para recibir el cadáver, siendo colocado para velación toda la noche en el Salón de Grados de la Facultad de Medicina.

El secretario de la Facultad, doctor Tomás Morales Muñoz, en sentidas y elocuentes frases hizo elogios a las virtudes del profesor y colocó sobre su féretro una corona de siempre vivas como un recuerdo imperecedero de gratitud de la Escuela de Medicina, a cuyo engrandecimiento consagró en gran parte de su meritoria existencia”.

El cadáver del Doctor Teofrasto A. Tatis en la Capilla ardiente“La prensa de la ciudad cubrió el acontecimiento luctuoso. El Diario de la Costa de septiembre veinticinco de mil novecientos treinta en una nota titulada: DUELO, señaló que en todos los hogares de Cartagena, evocarán la silueta estilizada, el andar lento y la cadencia bondadosa de su voz incomparable, prestándole animo al enfermo, amenizando sus visitas con las bromas sutiles y tranquilizando siempre los nervios de los exaltados. El periódico El Mercurio, tituló su nota como: OBITO, y señaló que el difunto era un caballero a quien personalmente adornaron encomiables cualidades”.

“El veinticinco de septiembre la ciudad amaneció empapelada con los carteles mortuorios. Llegaron centenares de coronas de muy diferentes personas e instituciones.

En horas de la mañana, el cortejo fúnebre partió de la Universidad de Cartagena, hacia la iglesia Catedral, en la que fueron cantadas las exequias fúnebres y los oficios religiosos.

Estaban presentes todos los dignatarios y funcionarios de elevado rango de la ciudad, comisiones de diferentes entidades e instituciones, así como personalidades notables. El Colegio de la Esperanza, en traje de parada, con su director a la cabeza, Antonio J de Irisarri, hizo los honores y marchó en columna tras el féretro. A los lados de éste, en dos alas, las alumnas de la Escuela Normal, las del Colegio Nuestra Señora del Carmen y las de la Escuela de Enfermeras. De allí la comitiva siguió hacia el cementerio, engrosándose cada vez más. En la entrada del cementerio, esperaba una multitud compungida la llegada del humilde y caritativo maestro, para darle su último adiós.

Llegado el féretro a la tumba, ocuparon la tribuna y realizaron discursos: el doctor Manuel F. Obregón en representación de la Facultad de Medicina, el doctor Raúl Bernett y Córdoba en representación de la Academia de Medicina de Cartagena, el doctor Eugenio Baena Falcon a nombre del gremio médico de la ciudad de Cartagena, El doctor Eugenio Miranda Fuentes también a nombre del cuerpo Médico de la ciudad. El doctor Carlos R.

Fuen mayor a nombre de la Junta reformadora del Hospital ‘Santa Clara’ y los señores Moisés Planeta Muñoz, a nombre de los estudiantes de Medicina (Muchos años más tarde, llegaría a ser profesor y decano de la Facultad de Medicina) y el señor J. A. Franco Ezenarro a nombre de los estudiantes de Derecho”.

Cortejo fúnebre del Doctor Teofrasto

Cuadro al oleo sobre lienzo del Doctor Teofrasto“Cartagena rindió ayer un impotente homenaje a la memoria del Doctor Tatis, tituló el periódico El Mercurio del veintiséis de septiembre de mil novecientos treinta. A su vez, el nueve de octubre del mismo año, publicó otra nota titulada: Los honores al Doctor Teofrasto A. Tatis en el Hospital Santa Clara. Por su parte, El Diario de la Costa publicó una columna con el nombre del fallecido profesor y una nota de prensa con el titulo: El homenaje de la ciudad a la memoria del Doctor Tatis”.

“Al celebrarse el primer aniversario de su fallecimiento la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena y el Hospital ‘Santa Clara’, organizaron una solemne peregrinación al cementerio de la ciudad para realizar homenaje póstumo. Allí tomaron la palabra: el doctor Francisco Obregón Jaraba en representación de la Facultad de Medicina y del Hospital Santa Clara, el estudiante Ramón Gómez Naar en representación de la Facultad de Derecho, el estudiante Aníbal Baena Sosa en representación de la Sociedad Literaria ‘Ariel’,el estudiante Rafael Alvear Terán en representación de los estudiantes de la Facultad de Medicina (con los años llegaría a ser importante profesor de anatomía) y Patricio Villalba B. en representación de los estudiantes de Filosofía y Letras.

Una vez más la prensa local cubrió el acontecimiento”.

“El siete de marzo de mil novecientos treinta y dos, a las siete de la noche, la colonia Siria- Libanesa obsequió a la Universidad de Cartagena un retrato al óleo del Doctor Teofrasto A. Tatis. Para el presente he indagado en la Universidad de Cartagena y en la Facultad de Medicina y nadie me ha dado razón de la existencia de dicha pintura”

“Por otro lado, el Hospital “Santa Clara”, había celebrado un contrato con el señor Severino Leone, por trescientos pesos, para la construcción de un busto en mármol del doctor Tatis, y colocarlo en el patio central del Hospital “Santa Clara”. En un acto solemne, el monumento fue inaugurado el tres de marzo de mil novecientos treinta y dos”.

Moraima hace una pausa ligera, sonríe satisfecha y con la fijeza de la mirada nos anuncia que nos va a contar algo que muy pocos saben. Eleva el tono de voz, hace lento el discurso y sin decirlo nos pide el favor de repetir por todos lados lo que comienza a contar: “Este busto ha adquirido historia propia a lo largo de casi ochenta años que lleva, y se ha salvado en dos ocasiones de ser desechado, después que personas carentes de identidad, lo han tirado a la Monumento erigido al Doctor Teofrasto Abasura. En el patio del ‘Santa Clara’ permaneció el busto desde su inicial instalación, sometidos al sol y al agua hasta que llegó el fin definitivo del Hospital Universitario ‘Santa Clara’, en el inicio de la década de los setenta.

Un ingeniero, el interventor del Hospital Universitario de Cartagena en construcción, Doctor Teofrasto Enrique Tatis de la Valle, por casualidad descendiente directo del doctor Teofrasto A. Tatis, encontró el busto, ya sin su hermoso y largo pedestal que tenía una leyenda colocada por la Junta Reformadora, tirado entre las ruinas carcomidas del convento de ‘Santa Clara’, que comenzaba a ser dejado en el olvido.

Trajo el busto al Hospital Universitario de Cartagena, ordenó limpiarlo y colocado en una nueva base en el interior del Auditorio principal del Hospital, llamado Salón Clímaco Silva en honor del profesor de Ginecología, doctor Clímaco Silva García. Allí estuvo el busto petrificado pero vigilante, vio el florecimiento y el aroma matinal del Hospital, se sonreía con la jauría de los estudiantes y gozaba con el orgullo de los docentes.

Ya en medio de la tormenta que estremecía al Hospital, fue sacado del interior de la Sala Clímaco Silva y colocado en el Jardín a la entrada del mismo auditorio. Montado en su nuevo pedestal, impotente vio llegar a las hienas, fue pisoteado por los depredadores, violentado por tantas y tantas alimañas que se bebieron todo, e impávido pudo observar a los salvajes carroñeros que se llevaron por trizas los últimos despojos de la Institución, que en el decir de muchos había quedado desamparada desde el instante mismo, justo a pocas horas de su nacimiento, cuando el hombre destinado a manejarla y orientarla, el doctor Clímaco Silva García, fallecía víctima de un infarto”.

Busto del Doctor Teofrasto A. Tatis“Al abrirse el cascarón del gigante blanco de Zaragocilla, ahora como Hospital Universitario del Caribe, una vez más estaba el busto de Teofrasto A. Tatis, tirado entre el montón de ruinas, victima de una sociedad actual, indolente y sin memoria.

Cuando un camión de la basura estaba a punto de llevárselo, tal vez al botadero de desechos de Henequén, la providencia estuvo por segunda vez de su lado. Al sitio donde se realizaba la recogida de los restos putrefactos del insepulto Hospital Universitario de Cartagena, llegó el Médico Pediatra, egresado de la Universidad de Cartagena, escritor e historiador, Henry Rafael Vergara Sagbinni, alma y espíritu de la reapertura del Hospital, quien sin quedarse petrificado ante el acto de barbarie, recogió el busto, lo hizo limpiar y ordenó su instalación mirando a la entrada de urgencia, tras el mural del NUNCA JAMAS, que da la bienvenida desde el Jardín del Hospital. Allí está en el presente el busto y a la espera de que alguien le celebre dentro de poco los ochenta años de haber sido tallado”.

“En el patio central del Hospital ‘Santa Clara’ también estuvo el busto tallado en mármol de Henríque L. Román, el gobernador del Departamento de Bolívar, compañero de esfuerzos y desvelos del doctor Tatis, y quien impulsó políticamente la conformación de la Junta Reformadora del Hospital “Santa Clara”. Desde esas lejanas fechas, hasta el presente, los dos bustos están juntos y han vivido en conjunto la misma odisea.

El busto del doctor Tatis viene a ser el emblema de la dedicación a la docencia y el busto del doctor Román la representación de una clase política que nos hace falta, la que de veras y sanamente está comprometida con la salud y la educación.

La preciosura de la piedra utilizada, la finura y la delicadeza del tallado de ambos bustos, como exponentes tangibles de la dedicación del artista, permanecen intactas como debían estar el primer día, soportando todos los cambios de rumbo que se han dado para bien o para mal, dentro de la Escuela de Medicina de la Universidad de Cartagena, que se retuerce sobre sí misma con el ánimo de crecer. Estos bustos bien pudiesen ser tomados como los estandartes de una Escuela Médica que permanece, que lucha a diario por continuar brillante, pese a todos los avatares del tiempo”.

Busto del Doctor Henrique L. RománTodos inspiramos profundo para tomar un aire luego de tan entrañable y hasta ahora desconocida historia. Estamos sonrientes y pensando en todo lo que los demás compañeros se han perdido y toda la ganancia en conocimientos de nuestra realidad, que nos ha ocasionado este aguacero infinito. Moraima no se da un respiro, toma de nuevo en sus manos el ejemplar incunable de Horacio Zabaleta Jaspe, que todos miramos con provocación y que nuestra compañera, celosa como siempre, no ha dejado tocar siquiera.

Con brillo en los ojos y con las pupilas bien dilatadas, nos informa que va a abrir la página cincuenta y nueve y nos va a leer un párrafo que tiene subrayado: “Todavía estamos en las décadas de los veinte y treinta del siglo veinte”, advierte elevando el tono de voz, para evitar que nos distrajéramos o nos cansáramos.

“En el año mil novecientos veintitrés, al Hospital Santa Clara se le agrega el epíteto de Universitario, tal vez para enfatizar que allí se enseña la Medicina, lo cual no es para nada nuevo. El Hospital ‘Santa Clara’ tiene tradición y hasta prosapia.

En su interior vibra la historia de una medicina primitiva, ortodoxa, heroica, sublime y excitante desde los tiempos coloniales. Por sus paredes blancas y verdosas por el sudor de los siglos se escucha el eco de voces apagadas de los antiguos maestros que enseñaron una medicina clásica, honesta, pura, extraída con los dedos, los ojos, la nariz, la intuición y la experiencia en enfermos, sin mas instrumentos que la inteligencia, la constancia, la clínica, la observancia en sus reglas morales, el estetoscopio, o mejor diríamos, el oído pegado al tórax enfermo, en una lucha desigual contra el medio ambiente, la peste, las guerras y los asaltos en la Colonia, la muerte.

Todavía parece surgir la figura lánguida, sufrida y candorosa del legendario médico de cabecera o el médico de la familia: de bombín, vestido de negro con cuello de pajarita, chaleco y bastón. El médico antiguo dominó aquellos tiempos difíciles para la Medicina costeña, mediante la constancia, el sacrificio y el conocimiento de cultura general o el humanismo que poseía, entre frascos apotecarios en la reducida botica, en el matraz o el mortero, era un verdadero y hasta loco afán de aprender, de estudiar”.

Cuadro al oleo sobre lienzo del Doctor TeofrastoMoraima mira el abanico de aspas que gira lento y cansado sobre nuestras cabezas. Levanta el ceño, encogiendo las hermosas y gruesas cejas negras. Sonríe. Se frota las manos para calentarlas, nos mira y leyendo textualmente a Horacio Zabaleta Jaspe: “La génesis de la medicina costeña y la posterior grandeza de la misma, se incuba en el añejo convento de ‘Santa Clara’, a la par que el desarrollo de la Facultad de Medicina se daba en la Calle de la Universidad y en el Claustro de ‘San Agustín’”.

Salta algunas páginas, llega a la sesenta y cinco y dice subrayando cada palabra para que no nos quede la más mínima duda: “Antonio Regino Blanco, Macario M. Paz Bonoli, Rafael Calvo Castaño, Camilo S. Delgado, Teofrasto A. Tatis, Juan A. Fortich, hijos todos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, hijos que podemos llamar verdaderos, fueron los científicos de la primera generación que trazó las rutas hacia la idea de una Facultad de Medicina cada día mejor, siempre a la cabeza de algo nuevo.

De tan reputados miembros del profesorado de la Facultad de Medicina, los enfermos del entonces muy pobre Hospital ‘Santa Clara’, fueron cuidados con dirección sin igual; casos graves de enfermedades intensas se salvaron por las efusivas indicaciones. La Facultad de Medicina siguió una progresión ascendiente, se mejoraron los laboratorios, aumentó el pensum, nacieron las grandes aspiraciones que se tradujeron en el mejoramiento del Hospital ‘Santa Clara’, surgieron las salas de Ginecología, de Cirugía y la Sala de Maternidad”.

Moraima levanta la vista, nos mira sin detenimiento, pasa con premura muchas hojas, señala con su dedo índice derecho un párrafo que tiene demarcado y dice: “La Sala de Maternidad estaba situada al fondo del Convento de ‘Santa Clara’, en el patio bajo árboles frondosos de verde colorido. Tenía treinta camas divididas en sala para partos, sala para casos sépticos, sala para recién nacidos y una pequeña sala para pensionados.

La mayoría de las mujeres que acudían a la sala de Maternidad del Hospital ‘Santa Clara’, eran de muy bajos recursos. El Doctor Horacio Zabaleta dice que las mujeres en trance de parto, llegaban al ‘Santa Clara’ como las sorprendiera el parto, dando gritos, sucias, alborotando todo el nosocomio, dejando el ambiente impregnado de un olor a loquios o a vulva irritada”.

“En la década de los veinte y los treinta del siglo veinte, la enseñanza de la obstetricia teórica estuvo a cargo de los profesores Nicolás Macario Paz Ferrer y de Raúl Bernett y Córdoba, que gozaron de elevado prestigio y alcanzaron un gran reconocimiento entre la comunidad de Cartagena y de los poblados vecinos.

Grupo de enfermeras y Gabinete de análisis químico

La Sala de cirugía en una clínica moderna

Posteriormente, ellos serían sucedidos por el doctor Guillermo Tarrá, quien continuaría hasta mil novecientos cincuenta y nueve. Se destaca también en esta segunda y tercera década el profesor José A. Caballero Leclerc, nacido en la Calle Larga del barrio Getsemaní en Cartagena, el tres de septiembre de mil ochocientos ochenta y dos; graduado en la Universidad de Cartagena como medico en mil novecientos tres.

De tez parda, cabeza blanca, de movimientos ágiles y joviales, su vida estuvo ligada al Hospital ‘Santa Clara’, tan íntimamente, que llegó a ser en varias ocasiones su director, siendo el último período en mil novecientos cuarenta y seis. Dueño de un gracejo, habilidad mental e inteligencia, era quien amenizaba todo el rato donde estuviese. Se dedicó por muchos años a la enseñanza de la Obstetricia. Fue alcalde de la ciudad de Cartagena. Fundador de la Escuela de Enfermería.

Director de Higiene y sanidad. Llegaba al Hospital ‘Santa Clara’, de forma puntual, vestido de negro o paño café, salía de la Calle Larga del barrio Getsemaní, cruzaba el camellón y saludaba a todo el mundo dada su popularidad y simpatía. Tuvo diez hijos, falleció a los sesenta y nueve años de edad, el diecisiete de octubre de mil novecientos cincuenta y uno”.

“Durante los años veinte, treinta y buena parte de los cuarenta el Jefe del Servicio de Obstetricia sería el doctor Rafael Calvo Castaño. A su muerte, la cátedra de Clínica Obstétrica pasaría a manos de uno de sus alumnos preferidos, el doctor Juan Barrios Zapata, quien la regentaría hasta producida la huelga de agosto de mil novecientos cincuenta y nueve”.

Doctor Napoleón Franco ParejaMoraima respiró profundo, y todos al unísono lo hicimos igual, sin ponernos de acuerdo, ella tal vez para traer al presente los hechos pasados y nosotros quizá para llenarnos de toda esta historia apasionante de nuestra institución. Enseguida nos cuenta: “La cátedra de Ginecología del Hospital ‘Santa Clara’, al fallecer el doctor Teofrasto A. Tatis, pasó a las merecidísimas manos del doctor Napoleón Franco Pareja, quien había nacido en El Carmen de Bolívar en mil ochocientos noventa y cuatro.

Estudió medicina en la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá y dirigió la cátedra de Ginecología desde aproximadamente mil novecientos treinta hasta mil novecientos cincuenta y nueve, cuando se vio obligado a retirarse de la Universidad de Cartagena, presionado y dentro de los sucesos tumultuosos y de orden público que hicieron parte de la huelga general del cincuenta y nueve, donde el propio doctor Napoleón Franco Pareja era el ojo del Huracán. Los internos de la Facultad de Medicina iniciaron la huelga que luego se regaría como pólvora por toda la Facultad y por toda la Universidad, básicamente para sacar al doctor Napoleón Franco Pareja de la dirección del Hospital Universitario ‘Santa Clara’ y de la Jefatura de la Clínica Ginecológica. El doctor Napoleón Franco pareja, simplemente ‘Napo’ y sólo para sus más estrictos allegados, fue un personaje controvertido, varias veces envuelto en situaciones que fueron combatidas por los movimientos estudiantiles de la época.

Impositivo, estricto, inflexible al extremo, distante del alumnado y hasta dogmático, excesivamente delgado, poderosísimo políticamente, llegó a ser director del Hospital ‘Santa Clara’, fue excelso gobernador del Departamento de Bolívar. Fue el fundador, gestor y director de la Casa del Niño, hoy denominada en su honor: Hospital Infantil Napoleón Franco Pareja”

“En el libro “Réquiem por un viejo Hospital”, su autor dice que el doctor Napoleón Franco Pareja es el reverso de la moneda. Pedagógicamente era un profesor sin método para la enseñanza, tuvo que afrontar una primera huelga en su contra en mil novecientos treinta y tres, cuando fue nombrado para la cátedra de Histología. Es muy posible que esta fuese la primera huelga contra un profesor, pero no se tienen más datos. El doctor Napoleón Franco Pareja en sus comienzos fue Cirujano General, su tesis de grado versó sobre Vagotomías realizadas en cadáveres. Al ser nombrado Jefe del Departamento de Ginecología del Hospital Universitario ‘Santa Clara’, desató una persecución contra los estudiantes en forma impositiva, convirtiendo el Servicio de Ginecología en un verdadero feudo. Es valedero resaltar que igual sucedía en otros servicios del ‘Santa Clara’, donde también sólo imperaba la voluntad y a veces el capricho del jefe del Servicio”. De un golpe, cierra las páginas del libro, lo lleva a su regazo, lo aprieta con la ternura maternal que tiene reservada para el futuro y nos dice sin un mínimo de discreción: “Ello se había convertido en un esquema y un ordenamiento, también contra ese ordenamiento, o más bien esos malos hábitos, se levantó el estudiantado en la huelga del cincuenta y nueve”.

Moraima sin hacer gala de sabiduría, pero sí de un conocimiento profundo y de undepurado análisis de los hechos, nos señala y relata entonces aspectos importantes que se suceden en esa mitad ardiente del siglo veinte, que sirven para observar cómo la Facultad de Medicina va girando, para alejarse del todo de la Escuela Médica Francesa que había influenciado la docencia y la práctica médica desde siempre, para sin vueltas comprometerse con la naciente Tendencia Médica Norteamericana. Un hecho puntual que nos narra la compañera y nos dice que lo ha tomado del libro ‘Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, su historia’, es que “por vez primera, en el Consejo Directivo del doce de febrero de mil novecientos cincuenta, el señor decano, doctor Moisés Pianeta Muñoz, señala la importancia de agrupar los servicios o unidades y las salas de atención médicas en departamentos. Los departamentos dentro de la estructura de la enseñanza y práctica médica fue una propuesta eminentemente norteamericana. En esa reunión se dan las bases para planear y desarrollar la formación de departamentos académicos en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena.

El señor decano propuso los siguientes departamentos: (1) Química, Bacteriología y Parasitología. (2) Cirugía Experimental. (3) Anatomía Patológica. (4) Fisiología. (5) Cirugía. (6) Medicina Interna. Acto seguido el Doctor Andrés Guillermo Tarrá, allí presente como miembro del consejo directivo y docente de Obstetricia que era, propone otro departamento: El Departamento de Ginecología y Obstetricia.

Doctor Napoleón Franco Pareja con el Presidente Alfonso López

Ante estos cambios que eran revolucionarios, se presentaron posiciones radicales a favor y en contra que persistieron por años. La presencia de políticas norteamericanas en todo el continente se fue haciendo cada vez más manifiesta, y así en mil novecientos cincuenta y tres, llega al país la segunda Misión Norteamericana invitada por la Universidad Nacional. Sus miembros también llegan invitados a Cartagena y entre sus recomendaciones se destaca y se enfatiza la necesidad práctica de dividir las facultades de Medicina por departamentos académicos. Al parecer desde mil novecientos cincuenta y cuatro se empieza la creación de diferentes departamentos académicos de la Facultad de Medicina”.

Las gotas de lluvia caen a cantaros todavía, se sigue sintiendo un frescor delicioso en el aire que humedece y ablanda la historia que Moraima nos cuenta. Estamos envueltos en el olor a mangos maduros y navegando sin afanes en el diluvio de agosto. Mi compañera Moraima, allí altiva delante de nosotros, es una de las pocas personas de esta generación, que conoce en detalle los ingredientes que llevaron a la huelga del año cincuenta y nueve. Por ello, con certeza nos dice que “la huelga llevó al fin a una Escuela de Medicina memorable, una Institución gloriosa conformada por los más calificados profesionales de la ciudad, quienes impartieron docencia y realizaron un ejercicio de la profesión, con los fundamentos científicos extraídos de los textos y los tratados de origen básicamente francés. Muchos de esos profesores fueron formados en el mismo Claustro de ‘San Agustín’ de la Universidad de Cartagena y a la cabecera de sus pacientes en el Hospital Universitario ‘Santa Clara’.

No obstante, llegó un instante en que algunos de esos métodos de la enseñanza y del ejercicio profesional del médico, comenzaron a ser vistos, a la luz de nuevas corrientes y nuevas formas de pensar, como anacrónicos. También se vivían momentos de hondas diferencias personales, grupales y sociales, en medio de una gran discriminación racial, en un ambiente tenso donde una casta social dueña de posiciones y prebendas, luchaba por impedir el surgimiento y posicionamiento de graves, se enmarcaba en una lucha política, en una confrontación de partidos políticos que empezaban sin vergüenza a teñir de sangre el territorio patrio.

En el reducto de la Universidad de Cartagena, los estudiantes de la Facultad de Medicina, víctimas y tomando en sus manos el ‘Florero de Llorente’, jugaron un papel dinamizador dentro del proceso y se convirtieron sin dudas en puntales de lanza, mientras solicitaban una renovación de personas, así como una nueva forma de impartir educación”.

De nuevo, Moraima abre su preciado libro, pasa al parecer las hojas al azar, hasta que una hojita de esquela de color rosado señala el instante a narrar, y nos arma leyendo entre líneas, unas frases que nos dejan petrificados: “Los profesores se habían hecho dueños de su cátedras como si fueran sus fincas. Existía aquello de que la letra con sangre entra, no había diálogo entre profesores y alumnos. Fue una época crítica, son las tinieblas de los años cincuenta; el profesorado hacía lo que quería.

Tal vez, eso se remonta más atrás, en los años treinta ya comenzaba a existir una tiranía profesoral; él era el dueño del servicio, del conocimiento y nadie osaba reemplazarlo, criticarlo y mucho menos amonestarlo. Se daba un ambiente antipedagógico y antihumano, que conllevó un atraso grande de la Facultad de Medicina. En la oscuridad de esos años treinta y cuarenta, hubo profesores y decanos blancos que persiguieron a los estudiantes negros. Impedían a toda costa la entrada de los alumnos negros o pobres que residían en las barriadas humildes de La Quinta, Lo Amador o Torices. Eran unas acciones Abominables”.

“Eso de la discriminación racial tiene una larga historia”. Lo dijo con la voz entrecortada, con un nudo doble en la garganta y con el corazón latiendo a prisa en su mano derecha. Estiró la mano y de su bolso, en el que guarda todas las verdades de esta tierra, sacó un libro de 553 páginas: ‘Getsemaní: oralidad en Atrios y Pretiles’ escrito por los profesores Jorge Valdelamar Meza, docente del Departamento de Humanidades e Idiomas de la Universidad de Cartagena y Juan Gutiérrez Magallanes.

Acarició el grueso lomo, como si fuera un gato, puso sobre la mesa el libro, nos dejó ver las fotos de la portada y yo alcancé a observar media docena de separadores de colores que precisaban lo que nos iba a relatar. Se nos antojó una historia dolorosa pero no nos imaginamos cuánto.

Tosió levemente dos veces, cubriendo su boca con un pañuelo pequeño que había sacado de su bolsillo hacía un rato, y con la ayuda del libro de Valdelamar y Gutiérrez, tuvo el parto más distócico de su vida.

“El progreso de la etnia negra cambió el rostro de la discriminación. En el Colegio de la Esperanza, a finales del siglo diecinueve, el fundador y director del colegio les inculcaba a sus alumnos, hijos aristocráticos, descendientes de mercaderes, comerciantes, inmigrantes y criollos adinerados, la necesidad de que pulimentaran su conocimiento, ante la amenaza cada vez mayor de una pronta lucha de clases. Estudien, si no quieren que los negros manden a los blancos. De no hacerse, en las primeras décadas del próximo siglo, Cartagena estará en poder de las clases negras, cuya superioridad intelectual recorre todos los días una indefinida trayectoria ascendente. La profecía de Antonio de Irizarri se cumplió a cabalidad.

El progreso en el campo del conocimiento y de la ciencia, logrado por un gran número de jóvenes de la época, procedentes de clases que por siempre habían estado sometidas a la esclavitud, a la discriminación y al mestizaje, sucedió. Negros, mulatos, zambos, indios y mestizos se hicieron médicos y rompieron muchas barreras infrahumanas. Jóvenes que se resistieron a aceptar la opinión de que la capacidad de participación en lo intelectual estaba sólo reservada para las minorías blancas. Fue una lucha intensa de muchas décadas. Es real la historia del profesor de Ginecología que al comenzar las clases, encontró varios alumnos negros, y el saludo fue:

– ¿Y quién me llevará el carbón a mi casa, si ustedes se han metido a estudiar medicina?

Y lo peor era que ello lo festejaba el decano de la época. Existía una pugnacidad entre grupos antropológicos distintos que en los años cincuenta afloraron con más intensidad con la participación de un rector, puesto allí por las oligarquías conservadoras para atacar a los negros liberales”.

Sus ojos se han humedecido, su voz se ha quebrado, pero no traspira rabia contra los verdugos. La genética y la esencia de su resistencia afro descendiente parecen hincharse.

Nos miramos entre todos, miramos el friso gigante de la pared, nadie habla, nadie se atreve a hablar todavía, no hay preguntas ni respuestas ni señalamientos. No obstante, todos sabemos que Cartagena en el siglo diecinueve, después de lograda la independencia de España, el Once de Noviembre de mil ochocientos once, se convierte en un bastión patriota de las ideas republicadas. L

a ciudad quedó diezmada luego de la oscuridad generada por Pablo Morillo y la mayoría de las familias adineradas habían huido o emigrado, desapareciendo completamente de la escena urbana. En la primera mitad de ese siglo la población se redujo en forma considerable y son los negros y los mulatos quienes en las décadas siguientes, constituyen la característica más notoria del paisaje humano cartagenero; así está consignado en el hermoso libro: “Memoria visual y vida social en Cartagena”. Las imágenes de una etnia de negros y mulatos en búsqueda de un espacio dentro del crecimiento social, dispuestos a hacer patria y a empujar el desarrollo están congeladas y presentes en el cerebro de Moraima.

Ella nos dice: “Muchos estudiantes negros y pobres persistieron en su vocación, porque la vocación de médico no tiene color de piel, resistieron a todo, a la discriminación racial del negro en una tierra hecha por negros; a la pobreza, al hambre, a la tuberculosis; y se destacaron. Muchos sembraron y florecieron mostrando la pujanza de su raza. E incluso muchos fueron los gestores del renacer y del resurgir de la Escuela de Medicina de la Facultad de Medicina en la segunda mitad del siglo veinte, justo después de la huelga del cincuenta y nueve”.

Fija sus ojos grises en un párrafo, toma una bocanada larga de aire que pasa silbando entre sus labios gruesos, carnosos y sensuales, característica fenotípica de las mujeres de su etnia y lee la sentencia que nos dejó Horacio Zabaleta Jaspe en su libro: “Vi a varios de nuestros compañeros pobres, subir las empinadas lomas de Lo Amador, subiendo a pie a las doce del día, después de una clase de anatomía, para llegar a sus casas y regresar después al ‘Santa Clara’ a trabajar en disecciones y amanecer hasta las cuatro de la mañana bajo la luz de un farol lánguido del Parque Centenario o del Pie del Cerro, mientras el Carnaval del Once de Noviembre pasaba y se reía”, es como decir con desprecio, mira, mira ese pobre negro….¡y que estudiando medicina. !

Regresa sin titubeos al libro de Valdelamar y Gutiérrez, como si saltara con facilidad y presteza en una peregrina, y lee: “El doctor Apolinar Hoyos Fortich, getsemanicense de cepa y canto, medico egresado de la Universidad de Cartagena con tesis laureada, hábil y diestro en Medicina Interna y poseedor de una gran elocuencia, señala que en el umbral de mil novecientos cuarenta y ocho, los que terminaron con nosotros, que se llamaban de la ‘aristocracia’, se autodenominaban los de la’ High Life’; ello fundamentó una división. Y nosotros formamos otro grupo y nos denominamos el ‘Africorp’ (Cuerpo Africano).

Luchamos, sí, luchamos intelectualmente. Yo era un tipo que dormía sobre una silla en la puerta de mi casa estudiando anatomía. Pasábamos semanas en mi casa, allí en la Larga y desembocadura de la Plaza del Pozo, con los compañeros, o nos íbamos los sábados y domingos al Pastelillo, y allí detrás de esos muros nos escondíamos para que nadie nos molestara. Esa era una rutina doméstica y al mismo tiempo formativa.

Nosotros, que éramos de una clase media, escasa de medios económicos, fácil para afrontar los fenómenos que se presentasen, pero no poderosa, y obstaculizada desde el punto de vista ideológico y racial”.

Moraima Barrios detiene de pronto su lectura, nos mira uno a uno, he notado que sus vellos se han erizado, nos advierte que hay frases que no entiende, pero el párrafo que sigue, toca áreas que se deben tocar, mueve su índice izquierdo y lo deja señalando varios reglones que tiene resaltados en color amarillo, justo en la mitad de la página ciento cuarenta: “Lo que sí existía aquí, era la actitud de repeler al individuo de color negro, hecho que embarazó la conciencia de la mayoría, para decir la frase de Napoleón Franco: es que los negros no deben estudiar medicina.

Pero eso le embarazó la conciencia, sin embargo, esas expresiones eran estados adrenalínicos. Y vomitó toda la porquería que muchas veces dijo”.

Ceremonia de grado. Noviembre 4 de 1949

Quedamos estupefactos. Moraima parece contener las lágrimas, cambia la expresión y un brillo en su bello rostro parece ser ahora de satisfacción. Tal vez, siente en carne propia como ancestros de su raza, exponentes valiosos, verdaderos luchadores con ansias de conocimientos, de academia y dueños de una gran resiliencia, estando estudiosos dentro del Claustro que fue Convento de los Agustinos, permaneciendo de guardia en el Hospital sembrado en el Convento de Clausura de las Hermanas de la Caridad de ‘Santa Clara’, e incluso atendiendo a las maternas pobres de la región dentro de la casita de maternidad dejada con filantropía por Josefina Araujo de Sicard, fueron escribiendo otra historia.

Y una vez más, nos dice saltando que Zabaleta Jaspe, en la página doscientos nueve de su obra, reproduce una carta del profesor Arístides Paz Viera, donde se describe con detalles el ‘Florero de Llorente’, el detonador de la huelga, la llama que desató la furia, desbordó los ánimos y llevó a que en medio de la soberbia y el irrespeto, se causara el caos, se acabara de una, la Escuela que había caído en desgracia en la década de los cuarenta y los cincuenta del siglo veinte.

No obstante, se dejó un terreno fértil, abonado, preñado de esperanzas, donde ha venido creciendo y solidificándose la Facultad de Medicina que tenemos desde entonces. Moraima enfoca su mirada en la página citada y lee a pie juntillas: “Durante la Gobernación del Doctor Blas Herrera Anzoátegui, era yo Secretario de la Asistencia Social del Departamento de Bolívar.

El Doctor Napoleón Franco Pareja era el Jefe de Ginecología y a la vez el Director del Hospital ‘Santa Clara’. Habiendo tenido que viajar al exterior, me encargué yo por derecho propio como secretario de la Asistencia Social y a la vez Presidente de la Junta Reformadora del Hospital, de la dirección del establecimiento. Al hacerme cargo de esta posición, encontré una situación difícil en el Hospital. Había una tirantez entre los internos y el director. Reclamaban por cualquier cosa.

En mi primera reunión con ellos me pidieron mejorar la alimentación, cambiar la sirvienta que les atendía, poner hule a la mesa que no la necesitaba porque era de cubierta de fórmica y otras enmiendas. Yo pude capear el temporal. Se calmaron por el momento, pero apenas regresó el Doctor Franco y tomó su dirección, estalló el motín. El problema realmente era contra el Doctor Napoleón Franco Pareja”.

“Bastó que un día cualquiera el Doctor Franco le pidiera a un interno de Apellido Varela, que estaba enfermo y hospitalizado como pensionado, pero sin ninguna gravedad, que le cediera la pieza para una paciente con una emergencia que necesitaba operar, y que se pasara para el cuarto de los internos”.

Moraima levanta la mirada del texto y nos dice que por otras fuentes conoce que el interno Varela padecía de Hepatitis y su Médico tratante era un joven profesional, natural de Cartagena, nacido en el barrio de Gestsemaní y de raza negra. El Profesor Apolinar Hoyos Fortich (el hombre miembro del Africorp), quien llegaría con los años a ser prestante docente del Departamento de Medicina Interna.

Hace silencio y luego asevera que nadie puede saber, si la etnia del medico tratante fue tomada deliberadamente en cuenta previa o al instante de la solicitud.

Homenajes en la Academia de Medicina de CartagenaContinua leyendo la carta del doctor Paz Viera: “El estudiante aceptó el traslado, no así los compañeros, quienes consideraron esto como indigno para los internos y pidieron el retiro del doctor Napoleón Franco pareja de la dirección del Hospital ‘Santa Clara’. La Junta no aceptó la petición y los internos declararon la huelga. El decano de la Facultad de Medicina, doctor Enrique de la Vega, intervino y amenazó con la expulsión de los internos. Estos se irritaron más y la huelga se extendió primero a todos los años de la Facultad de Medicina y después a toda la Universidad. La Junta nombró una comisión para estudiar el caso y dialogar con los internos, se acordó hospitalizar al interno Varela en la Clínica de Manga, pero no se encontró causa justificativa para destituir al director.

Los estudiantes me hicieron a mí blanco de sus iras porque querían que yo como representante del gobernador presionara para que cambiaran al director del Hospital. El claustro de profesores se solidarizó con el doctor Napoleón Franco Pareja; los profesores no estaban dispuestos a dejarlo solo. Pero el rector de la Universidad, doctor Juan Ignacio Gómez Naar, estaba al lado de los estudiantes. La situación era cada vez más tensa.

Interviene el Gobierno Nacional, nombran conciliador al Rector de Rectores de Universidades Colombianas, doctor Jaime Posada, quien viene a Cartagena, pero no consigue arreglar nada. Vienen los ministros de Educación y de Higiene, conferencias van y conferencias vienen. Presionan al doctor Napoleón Franco para que renuncie, pero se muestra por semanas reacio, hasta que no le queda más remedio. Renuncia Napoleón Franco Pareja y con él renuncian en solidaridad la mayoría de los docentes de la Facultad de Medicina.

Han triunfado los estudiantes. Pero no para aquí la cosa. Para festejar el triunfo bailan en la Plaza del Estudiante, frente al Claustro de San Agustín, el Rector Gómez Naar con un estudiante disfrazado de mujer representando a la señora de Napoleón Franco. La ciudadanía de toda Cartagena se indigna y protesta. Hay manifestaciones de desagravio a Napoleón. Se pide que renuncie el rector, pero también se niega y se resiste por varios meses. Interviene el Presidente de la República, doctor Alberto Lleras Camargo, le envía un mensaje enérgico al Rector, que lo obliga a renunciar. Ya mucho antes había renunciado el gobernador Herrera, por tanto todos sus secretarios. Firmado Doctor Arístides Paz Viera”.

Caricatura publicada en la primera página de El Fígaro– ¡ Esa Moraima es una vieja bien tesa !, exclama sensibilizado mi compañero Rigoberto Blanco, quien ha estado a mi lado, escuchando concentrado, sin notar que sigue lloviendo a cántaros y sin percatarse siquiera que el agua se mete tímida, pero se mete por debajo de la puerta que da al pasillo de la Clínica, como para escuchar las historias.

Moraima se sonroja, le lanza emocionada y abierta una sonrisa de complacencia y agradecimiento, estira con delicadeza su mano, mete su mano en el morral y es una bárbara, saca unas fotocopias cuidadosamente ordenadas y nos dice que son copias de todos los artículos e informes de prensa que se publicaron en el semanario el Fígaro de Cartagena, desde septiembre hasta diciembre de mil novecientos cincuenta y nueve, que están relacionados con la huelga.

Moraima nos dice, señalándola, que en la edición de El Fígaro de septiembre diez del cincuenta y nueve, está retratado el estado físico y el entorno caótico del Claustro de San Agustín. “Quien haya entrado durante estos días de huelga a la Universidad habrá notado que el antañón convento de San Agustín, ha sido convertido en una especie de cuartel estudiantil. La talanquera que impide el libre tránsito por la vía pública contigua al Claustro, las trincheras, cartelones y banderas, las grotescas caricaturas que cuelgan en las paredes y el ánimo exacerbado suscita la sensación de que la Universidad se encuentra en guerra.

No en vano se ha denominado al tercer piso del edificio, la Sierra Maestra, para hacer alusión al sitio donde los ejércitos revolucionarios de Fidel Castro libraron las batallas contra la tiranía de Batista. Todo ese decorado elimina el tranquilo y apacible ambiente universitario y sugiere en la febril imaginación de los muchachos la idea de la guerrilla. El señor rector nada ha hecho para devolver a la arquitectura del claustro su tradicional y autentica fisonomía universitaria. Los programas académicos están paralizados desde hace veinte días. Los huelguistas organizan cada cuarenta y ocho horas una manifestación.

Las autoridades civiles y militares exhortan al orden. Comisiones de los estudiantes visitan los almacenes solicitando apoyo económico para el movimiento. El doctor Napoleón Franco Pareja se niega a renunciar. En suma, la situación es anárquica, no existe autoridad, ni se respeta la jerarquía. Todos mandan. Ya es tarde y el problema ha rebasado el ámbito universitario y local”.

Caricatura publicada en la primera página de El FígaroRegresa unas hojas y nos avisa que ya el mismo periódico, en su edición del jueves tres de septiembre, había sentenciado sin rodeos: “Se espera que el Presidente Lleras, intervenga y ordene la destitución del doctor Napoleón Franco Pareja”.

Esa frase, explicita todo el poder del profesor y no amerita comentario, señala Moraima, pasando las fotocopias, y enseguida lee el texto presente en la columna Poliorama Nacional, de la misma fecha: “La opinión pública de Cartagena ha seguido con justificado interés el desarrollo de la huelga universitaria que persigue la destitución del doctor Napoleón Franco Pareja del cargo de director del Hospital ‘Santa Clara’.

Objetivamente la situación es como se describe: un controvertido incidente entre el doctor Franco Pareja y un estudiante que se encontraba recluido en el Hospital ‘Santa Clara’, desencadenó el paro estudiantil. El movimiento de protesta fue iniciado por los internos del Hospital, quienes se apresuraron a abandonar sus puestos asistenciales. Posteriormente los huelguistas presentaron sus pliegos de peticiones y reivindicaciones estudiantiles, que se pueden resumir en un solo punto: la salida del doctor Napoleón Franco Pareja. Los estudiantes en número crecido, salen a las calles a gritar improperios contra el doctor Franco Pareja.

Profesional de temperamento radical, que a veces lo impele a cometer injusticias, no obstante es distinguido galeno, meritorio servidor de la comunidad, catedrático insuperable y funcionario probo. Hacemos votos fervientes porque el conflicto universitario concluya rápidamente. La solución de la Huelga está en las manos del arbitro único, el Presidente Lleras”.

Moraima me acerca los papeles y me dice: “lee aquí en voz alta”. Es el ejemplar de El Fígaro del diez de septiembre, en la columna: Cable de Pepita, hay un poema que dice:

Y la huelga. ¿Cómo va?
Nadie acepta por cumplido
Pecado no cometido.
Y Napo sólo saldrá
Cuando haya una autoridad
Que lo mande a su casita.
Y él, feliz, sin guachafita!
Pero lector que me lees,
Ahí está el no te menees,
Quién lo quita…
Quién lo quita?

Nos queda mirando y nosotros no entendemos. Nos recorre los rostros abriendo sus parpados al máximo, dejando ver en todo su esplendor el océano inmenso y profundo de sus ojos grises, queriendo tal vez que nosotros también abriéramos los ojos y nos diéramos cuenta del entorno de los hechos.

Por la cara de embobados que debemos tener nos dice Primera página de El Fígarocon severidad: “Es un contrasentido, o un juego macabro del destino, pero para esos días de la huelga se había iniciado en todo el país con bombos y platillos la famosa ‘Autonomía Universitaria’, para mantener alejada a la jauría política de los claustros y de las aulas universitarias.

Un pensamiento que buscaba que los problemas que en el seno de las aulas se originaran, allí mismo debiesen ser debatidos y resueltos, sin la ingerencia de influencias extrañas de ninguna naturaleza. Los editoriales de El Fígaro del jueves tres de septiembre y del jueves diez de septiembre de mil novecientos cincuenta y nueve fueron titulados, respectivamente: ‘el conflicto absurdo’, haciendo alusión a la huelga y, ‘la pobre autonomía’, refiriéndose a la autonomía universitaria.

En ellos se señala que incluso el Presidente de la República de Colombia, de esos momentos, doctor Alberto Lleras Camargo, señaló que la huelga y los sucesos de la Universidad de Cartagena, habían puesto en peligro la Ley de la Autonomía Universitaria y sus posibilidades de estabilización definitiva”.

Nos mostró la primera página del semanario político El Fígaro, del diez de Septiembre de mil novecientos cincuenta y nueve, y me pidió observar la caricatura titulada”De Potencia a Potencia” y leer los versos que la acompañaban. Allí decía:

Por acabar con dolo, fraude, vicio y maldad,
Y apartar los políticos de su rapacidad,
Gobierno propio diósele a la Universidad
Más resultó el remedio peor que la enfermedad.
Pues quedó demostrado sin más explicaciones
Que en esto de la Escuela y sus regulaciones
Premáticas no valen sin buenas intenciones;
Es cuestión de costumbre, no de legislaciones.

Moraima se acomodó en su asiento y, entre líneas leyó, los dos editoriales: “El conflicto creado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, con el retiro de los estudiantes internos del Hospital Santa Clara como protesta por una medida supuestamente arbitraria del director de ese instituto, no solamente ha logrado paralizar durante casi quince días la vida de nuestra universidad, sino que ha rebasado los límites puramente universitarios para convertirse en un caso de orden público al que no pueden ser ajenos los órganos responsables de la opinión. Las huelgas estudiantiles carecen totalmente de razón de ser.

La huelga, hija de la civilización industrial de nuestro tiempo, es un invento decimonónico en virtud del cual la sociedad constituida tolera, con fines de generoso mejoramiento social, la ruptura momentánea del orden, y está constituida como un arma de lucha, para impedir la opresión de unas clases sobre otras.

Caricatura publicada en el periódico El FígaroTrasladada semejante institución del campo laboral al de los claustros universitarios, se convierte en un monstruo enteramente sin sentido, porque es como aceptar que allá en vez de una sociedad orgánica con fines docentes, lo que hay es una clase estudiantil explotada por una clase profesoral opresora”.

Hace silencio. Intenta que coloquemos sobre la mesa todos los elementos que ya nos ha mostrado, y que en sumatoria, podamos concluir que fue lo que llevó a la huelga.

No fue un solo hecho, ella lo enfatiza, nos pide que confrontemos lo que conocemos que pasaba en la Facultad en las décadas de los cuarenta y cincuenta con los argumentos del editorialista. Nos muestra cómo el suceso del Interno Varela solo fue la punta del Iceberg, el detonante último. Nos pide que saquemos nuestras propias conclusiones luego que lea el siguiente fragmento del editorial. Dice:

“Esta ha sido una huelga personalista. Todos los defectos que pudiesen anotársele al doctor Franco Pareja, como hombre, como profesional, como profesor, son minúsculos comparados con la gravedad del conflicto desatado por los internos del ‘Santa Clara’. Ni hay derecho tampoco a desatar este conflicto con grave quebrantamiento del orden universitario y desprestigio para la misma universidad, sin antes haber agotado los recursos conciliatorios que la misma organización autónoma de la Universidad prescribe y autoriza.

No hay tampoco derecho a que los internos del Santa Clara, violando el juramento hipocrático a que ya están moralmente obligados, abandonen por ningún motivo, los puestos de responsabilidad que la sociedad les ha confiado y promuevan una huelga de carácter francamente ilegal en los servicios hospitalarios que pueden, con razón, considerarse como los servicios públicos por excelencia. Los métodos de que se han valido los líderes estudiantiles, están auspiciados descaradamente por quienes más obligados deberían estar a procurar la pacifica solución de todos los conflictos universitarios”.

Nos mira, nos miramos, pero no hay preguntas ni señalamientos. Tal vez están tácitos. La misma sociedad regula e impide el señalamiento de los acontecimientos y de los personajes que la hacen ser dinámica y cambiante.

Moraima nos cuenta que la huelga continuó por semanas. Después de dos meses, no se habían podido todavía solucionar los conflictos. El rector Gómez Naar y el Consejo Directivo de la Universidad estaban dedicados a buscar los reemplazos de los ochenta y cinco profesores de Medicina y Odontología querenunciaron.

En el Consejo Directivo, ahondando los conflictos se presentaron enfrentamientos y discrepancias entre los decanos y el rector, ya que al parecer algunos candidatos a profesores no tenían las condiciones mínimas exigidas en los reglamentos de la Universidad. Una vez más, El Fígaro hizo presencia, ésta vez con una caricatura en la edición del ocho de octubre de mil novecientos cincuenta y nueve, definida como la “Subasta de Cátedras” y firmada por Tadeo.

Respira profundo para traer todo a su memoria, los datos relevantes, y puntualiza que la situación seguiría turbulenta y crítica hasta el final del año cincuenta y nueve. Las discusiones, los cuestionamientos y los pronunciamientos involucrarían incluso al Congreso Nacional de Colombia. La postura del rector se había endurecido y convertido en intransigente.

Muchos estudiantes ya cansados por el cese de las actividades y entrevistados por la prensa local, pedían la renuncia del rector como salida del conflicto. La Asamblea Departamental de Bolívar, consciente de su responsabilidad y sin el ánimo de interferir en la autonomía universitaria, decía que ya que el rector se constituyó en líder de la rebelión estudiantil también debía pasar la renuncia.

En noviembre la Universidad de Cartagena, hizo un aviso de prensa donde la Secretaría General de la Universidad de Cartagena avisaba al público en general que las inscripciones para los aspirantes a ingresar a primer año en las Facultades de Derecho, Medicina, Ingeniería Civil, Odontología, Química y Farmacia, así como Economía, estarían abiertas desde el lunes veintitrés de noviembre hasta el treinta y uno de diciembre de mil novecientos cincuenta y nueve. Firmaba Alcides Angulo Pasos, Secretario General, encargado.

Moraima nos da a entender que toda esta película de la huelga del cincuenta y nueve está llegando al final y con la estructuración de las tragedias griegas. Nos dice subiendo el tono, variando la entonación y gesticulando para darle un aire dramático a la exposición: “Ya en diciembre y a pocas horas de finalizar el año, el Consejo Superior de la Universidad de Cartagena, integrado por representantes de la Curia, el Gobierno, los bancos, el comercio y la industria, los profesores y los estudiantes se reunieron y acordaron los siguientes nombramientos: rector de la Universidad: doctor Alberto Elías Fernández Baena, en interinidad, en reemplazo del doctor Juan Ignacio Gómez Naar, vice-rector el doctor Hernando Castellón García, en interinidad, en reemplazo del doctor Juan Burgos Arteaga, decano de Medicina, doctor Jorge Rey Sarmiento en interinidad y en reemplazo del doctor Henrique de la Vega.

El doctor Rey Sarmiento pertenecía al servicio de Ginecología.

Igual fueron nombrados o ratificados otros decanos. El periódico El Fígaro cubrió la noticia con el titular: “Destituido el rector Gómez Naar por el Consejo Directivo” y relató que el nuevo rector se posesionó ante el gobernador y el secretario de Educación.

Relata el artículo, que tuvo un gran despliegue, que el nuevo rector, acompañado de la totalidad de los miembros del Consejo Superior y de algunos profesores, se trasladó a la Universidad. Cuando la comitiva llegó al segundo piso del Claustro de San Agustín, encontró obstruido su paso por un grupo de estudiantes, al que le hacían coro gentes extrañas al claustro. De inmediato se produjo una agresión. El doctor Ismael Porto Moreno sufrió una herida de puñal y tuvo que ser atendido por varios de los facultativos que iban en la comitiva. El gobernador sufrió un golpe en la cabeza.

La conclusión de todo fue que el doctor Fernández Baena, a esa hora no pudo asumir sus funciones de rector. Cuando se desarrollaban los acontecimientos, permanecía encerrado en el despacho el doctor Gómez Naar. Posteriormente y en previsión a nuevos disturbios, fueron sacadas patrullas de la Policía Nacional, de Infantería de Marina y de la Policía Militar, las cuales estaban apostadas en las calles adyacentes al edifico de la Universidad.

La resolución del Consejo Superior era contundente, ya estaba firmada, tenía efectos inmediatos y todo estaba consumado. El periódico El Fígaro del treinta y uno de diciembre del año mil novecientos cincuenta y nueve señala que al cerrar la edición, reinaba absoluta calma en Cartagena.

Segundo a segundo, el año mil novecientos cincuenta y nueve llegaba a su final y con sus estertores se llevaba la huelga del cincuenta y nueve. La mayoría de los docentes renunciantes no regresarían, sería el final y muerte de una propuesta educativa de la enseñanza de la ciencia médica y del desenvolvimiento y comportamiento de sus educadores, que vino allende del mar, y que debe ser mirada en perspectiva y sin apasionamientos.

Entre tanto, nuevos actores pensaban como sembrar y cuidar esa semilla pequeñita tirada en el suelo del Claustro de los Agustinos Descalzos, justo a los pies del busto del Libertador Simón Bolívar, instalado en el Parque Central de la Universidad de Cartagena. Era un simiente que fue resistente a la sequía, que germinó, floreció y dio a manera de frutos, la Facultad de Medicina y la Universidad de Cartagena que conocemos hoy”.

Estábamos exhaustos luego de ese grandioso recorrido, pero sin intentar darnos descanso, Moraima nos regresó de nuevo con nostalgia en el tiempo para añorar la era que finaliza, y nos recuerda el texto que ha citado en varias ocasiones, el escrito por el doctor Edwin Maza Anaya, sobre la Historia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, y apunta que el autor señala de forma taxativa que “otra consecuencia de la huelga fue la necesidad de fusión de los servicios de Ginecología y Obstetricia en un solo Departamento”.

Ella repite y repite que “al renunciar el jefe de Ginecología, el doctor Napoleón Franco Pareja, también lo hizo el jefe de Obstetricia, el doctor Juan Barrios Zapata, en absoluta solidaridad, tal vez dueño de la solidaridad médica que tanto hace falta en estos días.

A ellos se adhirieron numerosos profesores de la Facultad de Medicina, sobre todo directivos académicos”. La melancolía nos cubre a todos al comprender que es el final de una época, sentimos cómo se apagan las luces sin más alternativa posible, al concluir este capitulo de la historia. Con la huelga y la renuncia masiva de varios profesores, los servicios, incluidos el de Ginecología y el de Obstetricia, quedarían solos. Los profesores Napoleón Franco Pareja y Juan Barrios Zapata nunca más regresarían.

Hacemos silencio un rato y solo se escucha la lluvia cayendo. En su morral guarda con cuidado los documentos valiosos que nos ha enseñado, el libro del doctor Horacio Zabaleta Jaspe, el libro de Getsemaní y las fotocopias del periódico El Fígaro.

De pronto señala: “El rector de la Universidad de Cartagena, luego de fusionar los dos servicios, crearía el Departamento Unificado de Ginecología y Obstetricia, en noviembre de mil novecientos cincuenta y nueve, estando envuelto en el conflicto que ya hemos señalado. Con los días contados para su destitución, iría a Barranquilla y traería al primer jefe del Departamento Unificado de Ginecología y Obstetricia.

Sería el doctor Francisco Sales Sales, quien llegaría al Hospital ‘Santa Clara’, trayendo consigo sus conocimientos y unas nuevas conductas derivadas de la formación obtenida en los Estados Unidos. Nacía así una nueva Escuela de la enseñanza de la Ginecología y la Obstetricia. Aunque el doctor Sales trabajó en el Hospital ‘Santa Clara’ en Ginecología, la Obstetricia se impartió en la Clínica de Maternidad “Rafael Calvo”.

Dr Francisco Soles SalesMoraima continua diciendo mientras señala con su dedo índice derecho la foto que está en la pared: “El doctor Francisco Sales Sales fue el primer jefe del Departamento Unificado de Ginecología y Obstetricia. Hijo de padres libaneses. Nacido en Barranquilla el diecinueve de septiembre de mil novecientos veintinueve. Realizó sus estudios básicos en el Colegio Márceles en Barranquilla y se graduó de bachiller en el Colegio Americano de esa misma ciudad en mil novecientos cuarenta y siete, galardonad con el premio al mejor bachiller de su promoción.

Realizó estudios médicos en la Universidad Nacional de Colombia, donde fue graduado en mil novecientos cincuenta y cuatro. Recibió diploma de honor como el mejor estudiante de su promoción. Realizó estudios de Ginecología y Obstetricia en el Instituto Materno Infantil de la Universidad Nacional, durante diez y seis meses, luego viajó por tres años a los Estados Unidos a continuar el entrenamiento en Ginecología.

Estuvo un año en Pittsburg en el South Side Hospital de esa Universidad y dos años en el San Elizabeth Hospital de Youngs Town, Ohio. En el último año, realizó en New York, seis meses de especialidad en cáncer. Regresó a Colombia en Julio de mil novecientos cincuenta y nueve, instalándose en la ciudad de Barranquilla. Hasta allí, el rector de la Universidad de Cartagena, doctor Juan Ignacio Gómez Naar, sabiendo de su formación, fue a proponerle la jefatura del recién creado Departamento Unificado de Ginecología y Obstetricia. En el libro “Recordar es volver a vivir” y en una carta dirigida al Doctor Alvaro Monterrosa Castro, donde resume su actividad académico asistencial, el doctor Francisco Sales, señala que:

“Acepté el cargo, donde hice una labor reformista, de aportar nuevos lineamientos. Dejé organizado todo el Departamento, de acuerdo a lo que había visto y vivido en los Estados Unidos. Como yo ejercía en Barranquilla de lunes a jueves, mi actividad en la Universidad de Cartagena y específicamente en el Hospital Universitario ‘Santa Clara’ la desarrollaba los viernes y sábados. Como la Ginecología se impartía en el ‘Santa Clara’ y la Obstetricia en la Clínica de Maternidad ‘Rafael Calvo’, no podía manejar los dos espacios.

Por tanto llamé a Bogotá a un amigo mío, que fue compañero de curso en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional y compañero de estudios de especialidad en Obstetricia, en el Instituto Materno Infantil, para que se encargara de la coordinación de Obstetricia; esa persona fue el doctor Alvaro Velasco Chiriboga, persona de gran mérito.

Yo me encargaba de la de Ginecología y adelantaba además todo lo pertinente a la jefatura del Departamento. Yo me traje el pensum de Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional y lo adapté al medio. Realicé muchos cambios, ya que me parecía obsoleto lo que se realizaba. Básicamente, el viernes en la mañana yo hacía demostración quirúrgica. Después hacíamos ronda del servicio, paciente por paciente, con las debidas explicaciones, con la presencia del jefe de Clínica, los internos y los estudiantes.

Por la tarde, les dictaba un tema a manera de conferencia magistral con el apoyo de ayudas audiovisuales. El sábado, se realizaban bajo mi coordinación, seminarios presentados por los estudiantes. Al medio día me reunía con el doctor Alvaro Velasco Chiriboga para saber la evolución de Obstetricia. También acudía a un Consejo Académico, sesión que con gentileza colocaban a esa hora para yo poder asistir. Luego regresaba a casa en Barranquilla, dejando planeaba la siguiente semana. Los dos jefes de Clínica quedaban al frente durante mis días de ausencia.

En esos días se dictaban conferencias magistrales con profesores invitados, se hacían seminarios presentados por los internos y se cumplía con la parte asistencial. A los estudiantes se les hacían dos exámenes parciales escritos y un examen final oral, con la presencia de un jurado compuesto por mi persona como Jefe del Departamento, los ginecólogos invitados a dictar conferencias y los jefes de Clínica”.

“Así, y por un año, con un gran esfuerzo personal, fue contribuyendo el doctor Francisco Sales Sales, al incipiente crecimiento y fortalecimiento del nuevo y unificado Departamento”, nos cuenta Moraima, y luego señala: “En todos los espacios, con el paso de los días regresaba la paz académica. La Facultad de Medicina comenzaba a respirar con calma, luego del profundo movimiento telúrico y la gran lucha de fuerzas, como está caricaturizado bajo el título del “Zafarrancho Universitario”, publicado el diez de octubre de mil novecientos cincuenta y nueve en el semanario cartagenero El Fígaro”.

Moraima nos explica la caricatura que ha enunciado, realizando un dibujito en una hoja de papel que ha encontrado sobre la mesa de juntas, tal vez olvidando que ya nos la ha señalado.

Inmediatamente nos dice: “En su carta que les he señalado, el doctor Sales recuerda que «pronto y con pesar tuve que renunciar de la Jefatura y del Departamento porque ya tenía numerosos pacientes en Barranquilla y había adquirido otros compromisos que me impedían viajar y venir a cumplir. Mi labor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, en el Departamento Unificado de Ginecología y Obstetricia la hice con mucho cariño y mucha entrega de corazón. Siempre me gustó la docencia y esa experiencia de un año sería el comienzo de mi larga actividad dentro de la academia, que llegaría a ser de veinticinco años».

“En Barranquilla, el doctor Sales llegaría con los años a ser Jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia del Hospital General de Barranquilla, por algo más de catorce años, llegaría a ser decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Libre y decano de la Facultad de Medicina de la Universidad del Norte. En Barranquilla, adelantaría por más de cuarenta años, una brillante práctica médico quirúrgica de la Ginecología y la Obstetricia. Para finales del año dos mil ocho, con casi ochenta años de edad, estaba terminando el libro de su vida profesional, la memoria de los casos especiales en Ginecología y Obstetricia, que se le presentaron, los cuales atendió y manejó durante los cuarenta y dos años de la práctica profesional de la especialidad. El doctor Francisco Sales Sales fue Jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia, desde noviembre de mil novecientos cincuenta y nueve hasta octubre de mil novecientos sesenta”.

Dr Alvaro Velasco ChiribogaUno de mis compañeros, adelantándose a todo, nos pregunta de pronto si el sucesor sería el mismo creador de las espátulas de Velasco. Moraima, con una expresión de paciencia, parece colocarle una mano en el pecho y pedirle que espere, cuando dice que “el doctor Alvaro Velasco Chiriboga, fue el segundo Jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia. Trabajaba en la Universidad Nacional, en el Hospital Materno Infantil y hasta allá llegó el doctor Gómez Naar y lo trajo a coordinar la sección de Obstetricia del recientemente creado Departamento Unificado de Obstetricia y Ginecología.

El doctor Velasco ha dicho que el rector de la Universidad de entonces era un hombre inteligente, estudioso, que deseaba renovar la educación y cambiar la Escuela Médica con fundamentos franceses, que habían caído en decadencia, y apegarse a una corriente norteamericana que se regaba por todo el continente. Deseaba que todos los profesores fueran de tiempo completo, lo cual no era fácil. Deseaba cambiar las prácticas docentes, pero había una gran resistencia.

El doctor Velasco llegó como docente, haciendo un gran esfuerzo personal, con una cuota alta de sacrificio, con sus hijos pequeños y dejando la vida bogotana. Originario de Popayán, le tocó afrontar un cambio drástico de vida, meterse en otras costumbres y convivir en otra cultura. Fue difícil pero se adaptó con la ayuda y la gentileza de los cartageneros, tuvo buena acogida por los médicos de la ciudad, aunque había un ambiente enrarecido por lo relacionado con la reciente huelga y los profesores renunciantes. Para esos instantes, los lobos estaban sueltos y lanzaban inmisericordes sus dentelladas entre el gremio médico. Unos azuzados por los profesores renunciantes y otros alimentados por los que permanecieron en el interior de la Universidad. Los odios voraces masticaban las entrañas de los profesionales de la Medicina. Existían enfrentamientos personales, odios intensos, resentimientos y rechazo por muchos grupos a todo lo que fuera Universidad de Cartagena”.

“El doctor Velasco Chiriboga realizó una nueva organización en cuanto a planes académicos, horarios, estructuración de la enseñanza de la Obstetricia, siguiendo lo que se adelantaba en Bogotá, que ya tenía una gran influencia norteamericana. Aportó la realización de las rotaciones de estudiantes e internos, organizó el trabajo por salas para facilitar la docencia, igual como se distribuyen hoy día. Las propuestas fueron bien aceptadas por docentes y estudiantes. Introdujo la anestesia raquídea y caudal para la atención obstétrica; eso fue novedoso ya que hasta esas fechas no se realizaba. Cuando el doctor Velasco Chiriboga llegó a Cartagena, ya los obstetras de la ciudad hacían cesárea segmentaria, pero el cierre uterino era con puntos separados.

Enseñó la realización de los puntos continuos y ello fue tomado por muchos. Igual en la sutura perineal luego de la episiotomía. Era la época de los Forceps, cuando se producían unos traumas maternos y fetales pavorosos. Un día, el doctor Sales Sales renunció por falta de tiempo y el doctor Velasco Chiriboga fue nombrado en la Jefatura del Departamento de Ginecología y Obstetricia. Para esos instantes, la sección de Ginecología seguía funcionando en el Hospital Universitario de ‘Santa Clara’, y entonces iba y venía entre los dos Hospitales. Solicitó y logró el ingreso de nuevos docentes.

La Ginecología de la época era muy clínica, sin nada de ayudas, sin respaldos, sin laboratorios, sin tecnología. No se hablaba de nada de lo que hoy son las sub – especialidades. No había planificación ni tratamientos para la infertilidad. Lo que sí estaba presente y bastante bien era la cirugía ginecológica, sobre todo de las patologías grandes, los miomas, los tumores de ovario y los prolapsos. El manejo del cáncer siempre era tardío, por razones de cultura, educación o abandono personal. No se diagnosticaban los cánceres del cuello en fases tempranas. El doctor Velasco Chiriboga impulsó la realización de la histerectomía total, aunque otros ginecólogos la realizaban.

La conducta imperante era la histerectomía subtotal, con conservación del cuello uterino, como lo había generalizado el doctor Napoleón Franco Pareja. Se cumplió el año de la comisión de servicio que había pedido en la Universidad Nacional, para venir a Cartagena. Solicitó una prórroga, la cual fue concedida, y también llegó al final, y entonces la Universidad Nacional le solicitó el regreso a Bogotá. Además, se presentó la enfermedad grave de un familiar, por lo cual las dos situaciones lo pusieron contra la pared.

Renunció y regresó a Bogotá. Allí, en la Universidad Nacional había exigencias en investigaciones y el doctor Velasco Chiriboga, que tenía gran experiencia con forceps, pero que veía los graves desastres que se producían cuando eran mal utilizados, decidió buscar una alternativa más favorable. Con los años y la dedicación, ofrecería en la década de los setenta y ochenta, a la comunidad obstétrica del mundo, lo que todos nosotros conocemos como las Espátulas de Velasco, que en otros países son conocidas como las Espátulas Colombianas y que sencillamente su autor había denominado como las Espátulas Rectas, un nuevo instrumento obstétrico para la extracción fetal.

Su sucesor, el doctor Jorge Milanés Pernett, quién ya tenía trayectoria de años en la Clínica de Maternidad “Rafael Calvo”, se expresó en una ocasión de la siguiente manera: ‘El doctor Velasco Chiriboga fue una gran adquisición para el incipiente Departamento. Valioso como profesional y como docente. Un hombre de gran mérito’. El doctor Alvaro Velasco Chiriboga fue Jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia desde octubre de mil novecientos sesenta hasta septiembre de mil novecientos sesenta y uno”.

Dr Jorge Milanes PernetAfuera la lluvia sigue cayendo torrencialmente. Los truenos y algunos relámpagos esporádicos hacían de fondo al sonido monótono de la lluvia cayendo y golpeando sobre alguna estructura metálica al otro lado del pasillo. Me iba a levantar para estirar las piernas, pero la mirada severa de Moraima me detuvo. Su tono de voz se hizo ceremonioso y cargado de un profundo respeto: “El tercero fue el doctor Jorge Milanés Pernett y ha sido el docente que mayor número de años ha estado al frente del Departamento de Ginecología y Obstetricia.

Desde octubre de mil novecientos sesenta y uno hasta octubre de mil novecientos sesenta y ocho. Fueron siete años de progresos y de adelantos. Definió que la sede del Departamento de Ginecología y Obstetricia sería la Clínica de Maternidad ‘Rafael Calvo’, y se trajo la secretaria que laboraba en el Hospital ‘Santa Clara’, donde funcionaba la sección de Ginecología, que estuvo un tiempo bajo la orientación de un profesor muy importante para el naciente Departamento de Ginecología y Obstetricia, el doctor Gerardo Chadid Samur, quien había llegado con especialización en Ginecología y Obstetricia realizada en la Universidad del Valle, el primer docente del nuevo Departamento que publicó un artículo científico en la Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología. El doctor Gerardo Chadid Samur falleció a temprana edad, víctima de un cáncer de estómago. Así se expresó el doctor Jorge Milanés en una ocasión haciendo evocación a la memoria de su amigo: “Del doctor Gerardo Chadid tengo recuerdos muy gratos y era como un hijo para mí, como también lo es el doctor Benjamín Blanco. Yo sentí mucho, me entristecí mucho por su fallecimiento prematuro. Yo perdí un gran compañero en mi labor docente, perdió mucho el Departamento de Ginecología y Obstetricia.

Es que el doctor Gerardo Chadid era un hombre con una gran vocación por la docencia, dedicado por entero a la docencia. Tenía una gran preparación y era muy capaz en su desarrollo profesional. Gerardo, en los años que me acompañó, respondió a todos mis deseos y solicitudes”.

Dr Gerardo chadidMoraima continuo diciendo inmediatamente: “El doctor Jorge Milanés Pernett ha sido el cirujano más completo que ha tenido por mucho tiempo Cartagena, con una gran dosis de autoformación, sin haber asistido a realizar entrenamiento en otras latitudes.

Poseedor de grandes destrezas quirúrgicas y ambidiestro. Un cirujano limpio en su técnica y un gran clínico. Dejó sentada la estructuración de un esquema pedagógico que marcó favorablemente a muchos egresados que se regaron a ejercer la Medicina por el mundo. El doctor Milanés se esforzó por dar buen ejemplo y por consolidar un cuerpo docente de elevada calidad, que pudiese representarnos con brillo en el exterior.

El doctor Jorge Milanés definitivamente fue un adelantado a su tiempo, un verdadero innovador. Hoy día, tantos años después, por lo vigentes y válidos, permanecen muchos tintes y pinceladas de sus fundamentos y de sus pensamientos, al interior de la propuesta pedagógica y curricular que ofrece a sus alumnos de pregrado y postgrado el Departamento de Ginecología y Obstetricia. Fomentaba mucho la participación activa del estudiante en la clase. Era favorecedor del dialogo y la discusión, en reemplazo del conferencista”.

Elevando la voz, tal vez para que fuese escuchada con claridad por todos, incluyendo a los que estaban afuera, nos dijo sin vueltas ni rodeos: “Sus enseñanzas y su presencia están todavía vivas en esta institución. Tal vez estarán por siempre. Ustedes pueden verlas a diario, solo basta que busquen con la mirada y con acuciosidad. En cualquiera de los rincones de la Clínica de Maternidad “Rafael Calvo” encontrarán un indicio que los llevara al sitio donde se encuentra la mariposa de las alas anaranjadas”.

“Se retiró de la docencia para disfrutar de su jubilación y se refugió en su vida privada y familiar. Siempre fue un hombre poco sociable y de pocas amistades. En gran medida: cabal, honrado, delicado y ético. En aras de la verdad ayudó a todos sin miramientos. Ya entrado a los setenta años de edad, dijo en una entrevista: ‘No guardo recuerdos ingratos. Estoy bien. Vivo bien. Tengo todo lo que quiero. Estoy contento. Aquí estoy sin ninguna molestia que me incapacite’. Falleció el miércoles cinco de octubre del año dos mil cinco.

Dos días más tarde, al finalizar el evento académico general del Departamento de Ginecología y Obstetricia, en el mismo salón de donde dictó cátedra e impulsó ‘Las Arenas’, como herramienta educativa, el cuerpo docente y los estudiantes que a través de sus profesores han bebido de sus enseñanzas, honraron su memoria con un minuto de silencio”.

“El cuarto jefe de Departamento también traía formación especializada en los Estados Unidos. Se trata del médico cartagenero, doctor Boris Calvo Del Río, nieto del doctor Rafael Calvo Castaño, de quien no llegó a ser su discípulo, ya que el abuelo había fallecido el quince de diciembre de mil novecientos cuarenta y nueve, justo cuando él apenas se aprestaba a iniciar las básicas de sus estudios médicos”, nos dice Moraima señalando la foto presente en el mosaico, justo a mi izquierda.

Dr Boris Calvo del Rio“El doctor Boris Calvo Del Rio, nació en Cartagena, el veinte de noviembre de mil novecientos veintinueve. Realizó los estudios básicos de bachillerato en el Colegio Departamental de Bachillerado de Cartagena, obteniendo su título de bachiller en mil novecientos cuarenta y nueve. Ingresa inmediatamente a la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena y obtiene diploma de Médico y Cirujano el veintisiete de julio de mil novecientos cincuenta y seis.

Se va a los Estados Unidos a realizar internado rotatorio en el Birmingham Baptist Hospitales, en Birmingham, Alabama. En el año mil novecientos cincuenta y ocho ingresa a realizar estudios de especialización en Obstetricia y Ginecología en el St. Luke’s Hospital, en Milwaukee, Wisconsin, obteniendo titulo de Especialista en Obstetricia y Ginecología en mil novecientos sesenta.

Regresa a la ciudad de Cartagena en julio de mil novecientos sesenta, poco tiempo después de finalizada la huelga del cincuenta y nueve. La huelga había conllevado a que el gremio médico de la ciudad se dividiera en dos grupos, por un lado, los renunciantes de la Universidad de Cartagena que habían rodeado en solidaridad al doctor Napoleón Franco Pareja y, por otro lado los no renunciantes. Existía un rechazo y descalificación mutua entre los dos grupos. Inmediatamente a su llegada se vincula a la Universidad de Cartagena, específicamente al Departamento Unificado de Ginecología y Obstetricia. Por su familiaridad y amistad con los médicos renunciantes, se esperaba algo de rechazo por los docentes de la Universidad, por lo cual fue contratado sólo por dos horas diarias.

Más no se presentó ningún inconveniente, sino que encontró un ambiente amigable por parte de los otros docentes y al año siguiente le fue incrementada la contratación a cuatro horas diarias. Para cumplir requerimientos relacionados con el ordenamiento de lo que hoy llamamos talento humano, cumplió requisitos y fue reconocido como Especialista de la Obstetricia y Ginecología por la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (ASCOFAME) el siete de abril de mil novecientos sesenta y cuatro. En mil novecientos sesenta y nueve fue promovida su vinculación a tiempo completo, como profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena.

Fue profesor asistente de mil novecientos sesenta a mil novecientos sesenta y cuatro, profesor asociado de mil novecientos sesenta y cuatro a mil novecientos sesenta y ocho, y profesor titular de mil novecientos sesenta y ocho a mil novecientos ochenta y dos”.

“Realizó entrenamiento especial en planificación familiar en el Hospital Barros Luco, perteneciente a la Escuela de Graduados en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, en Santiago, en mil novecientos sesenta y seis. Estudios que complementaría posteriormente con dos meses de entrenamiento en la misma temática, en el Mount Sinai Hospital de New York, a mediados de mil novecientos setenta”

“Por muchos años fue el docente de la sala de trabajo de parto y parto. Se hizo diestro y hábil a la atención exitosa del parto en podálica y del manejo del fórceps. Fue un diestro manejador de estos aparatos obstétricos. Defendió su disponibilidad y puntualizó sobre la importancia del buen uso, evitando los excesos. Logró una gran destreza para valorar la capacidad pélvica, como garantía de un parto sin condiciones para el riesgo. Considerado un experto en la pelvimetría clínica, que el denominaba: ‘Evaluación clínica de la pelvis’.

Así se llamaba la clase de su preferencia, y todavía ahora tantos años después, la clase de ese tema se sigue denominando de igual manera. No utilizó los pelvímetros metálicos ni las radiografías que se utilizaron tiempo antes y que ya estaban cayendo en desuso cuando llegó a la especialidad.

La valoración clínica de la pelvis se sentaba en la semiología obstétrica, en un completo y detallado examen pélvico vaginal por medio del tacto vaginal que permitiese explorar en detalles puntos de referencia como las espinas ciáticas, los ligamentos sacro-ciáticos, la escotadura, el promontorio y la curvatura del sacro, así como el arco del pubis. En todos los espacios enfatizaba la importancia de la Clínica del peso fetal. La clínica era fundamental, debe tenerse presente que para la época no se había introducido la ecografía.

Siempre señalaba que para definir el peso fetal, se realizaba un examen clínico teniendo en cuenta el peso corporal materno, el tamaño uterino, el encajamiento y la palpación de las partes fetales. Incentivaba los concursos entre los docentes y estudiantes de postgrado en la estimación del peso fetal. Alcanzó a tener tanta experiencia que las diferencias eran muy pequeñas entre el peso calculado fetal y el peso real establecido posterior al nacimiento.

Entre todos los docentes que ha tenido el Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, en toda su historia, puede ser considerado como el obstetra más puro y clásico. Dejó una gran enseñanza especializada, en la larga lista de sus estudiantes de postgrado, quienes lo recuerdan enguantado, pausado, dueño de una gran tranquilidad, dotado del don de la parsimonia, esperando que se dieran los tiempos y los cambios que acompañan el trabajo de parto y el parto”.

Dr Gerardo Chadid Samur“Siendo Jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia, implementó la escogencia de los estudiantes de postgrado por concurso. Antes de esa fecha el estudiante era señalado y escogido por decisión unilateral del Jefe del Departamento. En mil novecientos sesenta y ocho realizó el primer examen con ese fin. En ese mismo año escribió el primer resumen histórico del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, documento de seis cuartillas, mecanografiado por Miriam Alcázar, la secretaria de la época, que sirvió de base para los posteriores documentos oficiales del Departamento de Ginecología”.

“También incursionó en el área administrativa de la Facultad de Medicina. Fue nombrado Jefe de la Oficina de Educación Medica Continuada, desde mil novecientos setenta y uno hasta mil novecientos setenta y tres. Allí promovió cambios que lo llevaron a fundar el Departamento de Educación Médica Continuada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena en mil novecientos setenta y tres, siendo su primer Jefe y permaneciendo en el cargo hasta mil novecientos setenta y siete. Para la creación del Departamento de Educación Médica, contó con el apoyo y acompañamiento del decano de la época, doctor Hernando Taylor Henríquez, quien también era docente del Departamento de Ginecología y Obstetricia.

El doctor Boris Calvo fue decano encargado en mil novecientos setenta y dos, director de la Cínica de Maternidad ‘Rafael Calvo’, desde mil novecientos sesenta y cinco hasta mil novecientos sesenta y seis; miembro de la Academia de Medicina de Cartagena, llegó a ser vocal de la Junta Directiva; magistrado del Tribunal Seccional de Ética Médica de Bolívar, Distrito de Cartagena, Córdoba, San Andrés Islas y Sucre, miembro del Colegio Médico de Bolívar, de la Federación Colombiana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología y de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología. En el ámbito académico nacional, fue miembro del Consejo Nacional de Educación Médica, y en cortos períodos, presidente del Consejo Nacional de Educación Médica.

Participó activamente en la política, fue Concejal de Cartagena desde mil novecientos setenta y ocho hasta mil novecientos ochenta, y Representante a la Cámara por el Departamento de Bolívar desde mil novecientos ochenta y seis hasta mil novecientos noventa. Además, fue escritor de ficción, tiene publicados los siguientes tres relatos: La cachi del Morru (en el Universal de Cartagena), Peripecias de una gira turística por el corralito y Una genial mamadera de gallo (ambos publicados en la revista Unicarta, de la Universidad de Cartagena)”.

“Ha sido condecorado con la Medalla Sesquicentenario de la Universidad de Cartagena.

Exaltado a Profesor Honorario de la Universidad de Cartagena. Ha recibido el Escudo de Oro de la Federación Médica Colombiana. Ha recibido la Medalla Orden de la Democracia en el Grado de Gran Cruz, otorgada por el Congreso de la República de Colombia. Placa al Mérito por los docentes de la Universidad de Cartagena. Botón de Oro y Placa del Hospital de Bocagrande, donde fue director por muchos años; Botón de Oro y Placa del Club de Profesionales; Botón de Oro por Coasmedas”.

Dr Anibal Perna Mazzeo“El doctor Boris Calvo Del Río, fue Jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia desde noviembre de mil novecientos sesenta y ocho hasta octubre de mil novecientos setenta. Luego de toda esa larga y productiva carrera docente de veintidós años, se jubiló en octubre de mil novecientos ochenta y dos. Continuaría con su actividad profesional como obstetra unos años más, luego estaría varios años en la Dirección Científica del Hospital Bocagrande, hasta retirarse por completo, para refugiarse en su vida familiar y personal a comienzos del año dos mil tres”.

Moraima nos señala: “El quinto Jefe del Departamento fue el doctor Aníbal E. Perna Mazzeo, también con formación especializada en los Estados Unidos. Nacido en Sincelejo (Sucre) el siete de agosto de mil novecientos veintinueve. Realizó estudios de bachillerado en el Colegio San José, en Medellín, obteniendo título de Bachiller en mil novecientos cuarenta y siete. Realizó estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad Cartagena, siendo exonerado del pago de matrícula durante cinco años consecutivos por haber obtenido las mejores notas de su curso.

Realizó el internado rotatorio en el Hospital Universitario de ‘Santa Clara’, y Obtuvo su grado de Doctor en Medicina y Cirugía en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena en marzo veintitrés de mil novecientos cincuenta y seis. Adelantó estudios de especialización en Ginecología y Obstetricia en Graddate School of Medicine y en Saint Lukes Hospital, en la Universidad de Pennsylvania en los Estados Unidos, los cuales finalizó en mil novecientos sesenta.

Regresó a Colombia, se radicó en la ciudad de Cartagena y en calidad de profesor asistente del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina, ingresó a la Universidad de Cartagena en mil novecientos sesenta y uno, para realizar una carrera docente brillante hasta llegar a ser profesor titular. En el año de mil novecientos sesenta y tres, acorde con la reglamentación entrada en vigencia para homologar los títulos de especialistas a los profesionales formados en el exterior, luego de llenar los requisitos exigidos, la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (ASCOFAME) le valida su título de Especialista en Ginecología y Obstetricia”.

“Se destacó básicamente en la sección de Ginecología y es recordado por muchas generaciones de alumnos, hoy especialistas, por su delicadeza en el trato de los tejidos durante la intervención quirúrgica, por su profundo respeto por la anatomía y por su apego estricto, casi rígido, a las técnicas operatorias clásicas, las cuales enseñó con esmero y pidió multiplicar entre las siguientes generaciones.

Fue un febril formador de cirujanos ginecólogos. Adquirió mucha habilidad quirúrgica en el manejo de las fistulas vaginales y en la cirugía correctiva de las malformaciones del aparato genital. Miembro de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Bolívar, de la Sociedad Colombiana de Obstetricia y Ginecología, Miembro de la Academia de Medicina de Cartagena y socio fundador del Capítulo de Bolívar de la Asociación Colombiana de Menopausia.

Presentó varios trabajos de investigación y ponencias en simposios, cursos y congresos nacionales y tiene publicaciones en revistas nacionales. En mil novecientos noventa fue elevado a la categoría de miembro honorífico de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Bolívar.

También en mil novecientos noventa recibió de la Universidad de Cartagena reconocimiento por los veinticinco años de labor docente. Fue condecorado en mil novecientos noventa y nueve con el Botón de oro por el Colegio Médico de Bolívar y la Federación Médica Colombiana, en la celebración del día Panamericano del Médico. En esa ocasión, el doctor Perna se pronunció de la siguiente manera, dejando una explícita lección del deber ser del médico:

1974. Hospital Universitario de Cartagena‘Estas palabras están dedicadas a mis queridas hijas Angelina e Isabela, que están aquí presentes, y a mis antiguos alumnos que hoy son distinguidos profesionales de la medicina. Esta distinción me llega en un momento crucial de mi existencia cuando he cumplido setenta años de edad. He entregado un largo trecho de mi vida a la cátedra universitaria y al ejercicio decente de la profesión de médico. Nunca realicé un acto médico que no se ciñera a la más exigente exigencia de la ética médica y válgame la redundancia. Me sentía satisfecho de mí actuar como médico y como persona. Hoy con esta distinción de que he sido objeto me siento feliz, porque no pasaron desapercibidos mi recta conducta y mi cumplimiento del deber ante los ojos del cuerpo médico local y nacional. Este es un momento en que no podemos olvidar a nuestros maestros y por eso dedico a ellos este homenaje que la Federación Médica Colombiana y el Colegio Médico de Bolívar nos ha otorgado con tanta generosidad.

Los maestros nos dieron en su momento histórico todos los conocimientos que nos pudieron brindar y especialmente los principios para ejercer nuestra profesión con decencia y honestidad. Todo nuestro respeto y agradecimiento eterno a esos maestros.

El ejercicio de la Medicina está amenazado por factores que contribuyen a subvalorar la misión del médico, y a reducir sus rendimientos económicos. La oferta excesiva es aprovechada por las distintas empresas de salud, y la competencia laboral presiona al médico en ocasiones al ejercicio de una medicina mediocre. Por eso es ahora, más que nunca, y acosado y estimulado por estos factores que he mencionado, el médico debe enarbolar la bandera que reivindique su verdadera posición en la sociedad, que siempre pensemos que la medicina tiene y tendrá un papel sobresaliente mucho más noble, mucho más humano que todas las profesiones que la rodean.

Que luchemos por nuestros derechos, pero siempre que nuestra mayor satisfacción sea servir a nuestros semejantes, sin distingos de razas, color o riqueza, con humildad, con amor, consagración y una intachable moral y ética profesional. Este es el mensaje que me sale del alma, para todos mis antiguos alumnos, para todos mis colegas y para aquellos que estén iniciando el estudio de esta noble y apostólica profesión de la medicina. Así nuestra querida Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, hoy homenajeada, se sentirá orgullosa de nosotros. Muchas Gracias’.

Dr Gerardo Chadid Samur“También fue exaltado por la Sociedad Colombiana de Obstetricia y Ginecología con un pergamino, reconociéndolo como Maestro de la Ginecología y Obstetricia en Bolívar, en el marco del XXII Congreso Nacional de Obstetricia y Ginecología, en marzo del año dos mil. Siendo Jefe del Departamento, el veinticuatro de junio de mil novecientos setenta y cuatro, se inauguró el Hospital Universitario de Cartagena, el gigante blanco de Zaragocilla, pero no abrió sus puertas.

Pasaría más de un año, hasta el seis de diciembre de mil novecientos setenta y cinco, cuando se realizaría una sobria ceremonia inaugural con la presencia del presidente Alfonso López Michelsen. Para ese día ya habían pacientes hospitalizados. El doctor Aníbal Perna Mazzeo es el único Jefe del Departamento, que ha ocupado ese cargo en dos períodos. El primero desde noviembre de mil novecientos setenta hasta noviembre de mil novecientos setenta y cuatro. Su segundo periodo fue desde mil novecientos setenta y siete hasta noviembre de mil novecientos setenta y ocho”.

Moraima hace silencio, tal vez para dejar que el sonido de la lluvia impregne la habitación. También el olor a lluvia se mete por las paredes y la mañana se siente fresca y confortable. De pronto sin avisarnos dice: “Uno de los alumnos preferidos del doctor Jorge Milanés Pernett llegó a la Jefatura del Departamento. Viene a ser el sexto Jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia, es el doctor Benjamín Blanco Martínez. Es el primer egresado del postgrado del Departamento que alcanzó el cargo de Jefe de Departamento, llegó a serlo muy joven, lo cual generó comentarios y resistencia, pero lo hizo bien y con aciertos.

El doctor Blanco nació el dieciséis de marzo de mil novecientos treinta y cinco en el corregimiento de Palo Alto, municipio de San Onofre Departamento de Sucre. Todavía muchos recuerdan la siguiente anécdota: cuando en Cartagena estaba el barco HOPE, un Barco-hospital norteamericano, que estuvo anclado varios meses en la bahía realizando actividad médica asistencial y que aportó formación a muchos médicos y especialistas de la época, un día una enfermera norteamericana, se acercó al doctor Blanco y en una lengua producto de la mezcla de inglés y español, le preguntó de donde era oriundo. El doctor Blanco con la tranquilidad de siempre le respondió que de Palo Alto. Fue interrumpido por la algarabía de emoción de la enfermera que gritó.

Dr Benjamín Blanco MartínezOh, Palo Alto. Palo Alto, Californiaaaaa….”

“El doctor Benjamín Blanco realizó los estudios de primaria en la Escuela Rural del Corregimiento de Palo Alto (San Onofre) y los estudios de secundaria en el Liceo de Bolívar, donde egresó con el título de bachiller en mil novecientos cincuenta y ocho.

Realizó estudios de Medicina en la Universidad de Cartagena, alcanzando el título de Médico en mil novecientos sesenta y cinco. Inmediatamente ingresó al Departamento de Ginecología y Obstetricia, donde realizó estudios de especialización en Ginecología y Obstetricia. Fue el noveno egresado del postgrado en el año de mil novecientos sesenta y nueve.

Como era la costumbre en la época, poco tiempo después su titulo fue avalado por ASCOFAME. Fue Director Científico de la Clínica de Maternidad “Rafael Calvo”, docente del Departamento de Ginecología y Obstetricia desde mil novecientos sesenta y nueve hasta mil novecientos noventa y uno cuando se pensionó como profesor titular. Profesor vertical, defensor de la disciplina y la puntualidad como herramientas básicas para el aprendizaje. Fomentador del cumplimiento. Se caracterizó por dar buen ejemplo; detrás de todas sus opiniones y comentarios estaba su presencia con seriedad y caballerosidad.

El doctor Antonio Soto Yances se expresó del doctor Blanco de la siguiente manera: ‘El maestro Blanco, siempre enseñaba dando ejemplo’. Fue presidente de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Bolívar desde mil novecientos ochenta y dos hasta mil novecientos ochenta y siete. Jefe del Departamento de Educación Medica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena por cuatro años.

Asistió a numerosos eventos científicos y de tipo administrativo sobre la educación médica. Pionero en la Universidad de Cartagena en temas sobre la Ética Médica, la responsabilidad médico legal y la humanización en el ejercicio de la profesión. Miembro de número de la Academia de Medicina de Cartagena y Miembro correspondiente de la Academia Nacional de Medicina. Por muchos años Magistrado del Tribunal de Ética de Bolívar y su presidente desde el año mil novecientos noventa y siete hasta el año dos mil ocho. Se la ha pasado alertando a todos sobre los principios y los riesgos del ejercicio de la profesión y las posibilidades de demandas si la práctica médica no es cuidadosa y con esmero.

Cuando comenzaba a caer sobre el gremio médico la Ley 100, advirtió que las demandas sobre los médicos se ponían a la orden del día. Después de su jubilación de la Universidad de Cartagena, ha continuado sin apremios el ejercicio de la especialidad, ha continuado vinculado a la docencia como Profesor de la Cátedra de Ética Médica tanto en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, como en otras universidades de la ciudad. Fue jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena desde mil novecientos setenta y cuatro hasta mil novecientos setenta y siete”.

Dr Rafael Guerrero Betancourt“El séptimo Jefe, también con formación especializada en los Estados Unidos fue el doctor Rafael Ángel Guerrero Betancourt” –puntualiza Moraima, como para recordarnos el origen de la educación médica que hemos poseído en las ultimas cuatro o cinco décadas.

“Nació el dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y dos en la población de Arjona en el Departamento de Bolívar. Realizó estudios de secundaria en el Colegio Departamental de Bachillerato en Cartagena y curso estudios de pregrado en Medicina en la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, de la cual egresó como médico en mil novecientos cincuenta y seis.

Realizó el internado y un año de cirugía en el Church Home Hospital, Baltimore – Maryland en los Estados Unidos. Luego realizó tres años de especialidad en Ginecología y Obstetricia en Mount Sinai Hospital en Milwaukee – Wisconsin”. Impresionados y como en respuesta a una señal, todos giramos la cabeza para mirar la foto presente en la galería, para intentar buscar en el brillo de los ojos inmortalizados en la fotografía, y ligeramente cubiertos por el destello de los espejuelos, su labor docente realizada en esas décadas.

Allí vimos plasmada toda su habilidad quirúrgica, el respeto por las técnicas operatorias, la limpieza y la pulcritud de las intervenciones, en fin toda su excelencia como cirujano, atributos que son señalados sin reparos por su alumnos. Mientras estábamos extasiados, Moramia nos fue contando: “Ingresó como docente en octubre de mil novecientos sesenta y cinco. Hombre sensato, dinámico, nunca conflictivo ni malgeniado e inteligente. Muy colaborador con los estudiantes de postgrado, generoso con todos, apacible, bondadoso, tranquilo e incansable lector.

Tuvo participación como asistente en congresos nacionales, latinoamericanos y mundiales de la especialidad. Fue director del Servicio Seccional de Salud de Bolívar desde enero hasta octubre de mil novecientos setenta y cuatro. Muy joven, a los cincuenta y cinco años de edad, en diciembre de mil novecientos ochenta y ocho, se retiró de la actividad docente y en gran medida de la profesión, tal vez a consecuencia de la hipertensión arterial crónica y severa que presentó casi desde la juventud.

No obstante, en diciembre del año dos mil ocho, con setenta y seis años de edad, esperó el brillo deslumbrante del nuevo año dentro del fragor y la efervescencia de la Plaza de Santo Domingo en pleno Centro Histórico de Cartagena, lleno de una gran vitalidad, enfundado en una guayabera color crema y con el aspecto dulce, cariñoso y protector del abuelo que todos queremos tener. El doctor Rafael Ángel Guerrero Betancourt fue jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Universidad de Cartagena, desde noviembre de mil novecientos setenta y ocho hasta enero de mil novecientos ochenta y dos”.

Dr Jaime Barrios AmayaMoraima hace una pausa en su discurso. Se levanta y con lentitud se acerca a la galería de fotografías, sin explicarnos las razones de su desplazamiento. Uno de mis compañeros ha observado en una esquina de la estancia una tentadora cafetera, sin dudar se fue al salón contiguo y solicitó permiso a la secretaria del Departamento, quien aprobó la petición. Cuando regresó y sirvió pocillos de café para todos, ya Moraima de nuevo sentada reiniciaba su relato diciendo: “El octavo jefe de Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena fue el doctor Jaime Antonio Barrios Amaya, nacido en Cartagena el cuatro de noviembre de mil novecientos treinta y cinco.

Realizó estudios de primaria en el Colegio Fernández Baena y de secundaria en el famoso y prestigioso Liceo de Bolívar; donde se graduó de Bachiller superior en mil novecientos cincuenta y seis.

Inmediatamente ingresó a la Universidad de Cartagena, donde realizó estudios de pregrado en Medicina y egresó en mil novecientos sesenta y tres, con el título de Médico Cirujano. Poco tiempo después reingresó a la Universidad de Cartagena para adelantar la especialidad en Ginecología y Obstetricia. Obtuvo título de Especialista en Ginecología y Obstetricia, que fue refrendado, como era la norma para entonces, por la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina, en diciembre de mil novecientos sesenta y siete.

Al año siguiente ingresó como docente al Departamento de Ginecología y Obstetricia, y pronto, como consecuencia de la gestión y política de formación de los docentes, del doctor Jorge Milanés, obtuvo beca para ingresar con dedicación exclusiva al Curso Latinoamericano de Biología de La Reproducción en universidades de Argentina, Chile y Uruguay desde abril de mil novecientos sesenta y ocho hasta abril de mil novecientos setenta. La Universidad de la Republica, Facultad de Medicina de Montevideo, Escuela de Graduados, Servicio de Fisiología Obstétrica, le otorgó diploma por haber realizado estudios de perfeccionamiento en Fisiología Perinatal.

Este diploma tiene la firma del Jefe del Departamento de Patología y Fisiopatología, profesor doctor Roberto Caldeyro Barcía, padre de la fisiología perinatal moderna. Una vez finalizado, también en plan becario por la Organización Panamericana de la Salud, realizó formación complementaria en el Centro Latinoamericano de Perinatología y Desarrollo Humano (CLAP) en Montevideo, Uruguay. Este foco de investigación de la fisiología de la gestación, destellaba con luz propia e iluminaba todo el mundo.

Luego de tres años de estudios en comisión en el extranjero, regresó al Departamento y trajo un cúmulo inmenso de información científica novedosa en Obstetricia y Perinatología, siendo un aporte importante y fundamental para la adecuada y actualizada formación del estudiante de Medicina y del estudiante de especialidad. Se producía al interior del Departamento de Ginecología y Obstetricia, la sumatoria de los aportes de los docentes que tenían formación en universidades norteamericanas y los que difundían y multiplicaban los conceptos producto de las investigaciones originales realizadas en el cono sur del continente americano. Para entonces, ya estábamos distantes de los conceptos y preceptos que había aportado y que pusieron en marcha los anteriores profesores formados bajo la luz de la medicina francesa”.

La claridad del discurso y la certeza de las conclusiones de Moraima eran meridianas, lo cual contrastaba con el cielo oscuro de esta mañana llena de lluvias. Alguien entreabrió súbita y brevemente la puerta de la oficina donde estábamos y de golpe nos llegó el olor dulzaino de los mangos húmedos, mientras una corriente de brisa fresca nos envolvió por instantes. Mi compañera continuó su relato: “El doctor Jaime Barrios realizó una febril actividad docente, matizada con una importante labor investigativa que difundió en seminarios, cursos, talleres y congresos, con varias publicaciones en la Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología. Alcanzó a ser presidente de la Sociedad Bolivarense de Obstetricia y Ginecología.

En la Federación Colombiana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología (FECOLSOG) en diferentes períodos fue vocal, fiscal, vicepresidente y presidente; alcanzando un amplio reconocimiento tanto nacional como en el espacio latinoamericano de la especialidad. Miembro activo de la Asociación Latinoamericana de Investigaciones en Reproducción Humana (ALIRH), de la Asociación Colombiana de Perinatología, de la Asociación Colombiana de Menopausia, y de la Sociedad Latinoamericana de Perinatología (SOLAPER). En mil novecientos setenta y seis, fue secretario de Educación y Cultura del Departamento de Bolívar.

Miembro de la Academia de Medicina de Cartagena. Desde mil novecientos setenta y siete hasta mil novecientos ochenta y uno fue jefe del Departamento de Educación Médica Continuada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena”.

“El doctor Jaime Barrios Amaya y el doctor Antonio Soto Yances, docentes del Departamento de Ginecología y Obstetricia, realizaron la gestión necesaria para que el doctor Benjamín Rodríguez Yances, quien finalizaba su postgrado de Ginecología y Obstetricia en el Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena en mil novecientos ochenta y uno, fuese a Bogotá a realizar un curso de Ecografía Ginecológica y Obstétrica en el Centro de Diagnóstico Ecográfico con el doctor Luis Carlos Jiménez, por esos días proveniente de Valencia (España) y discípulo del doctor Fernando Bonilla Musoles.

El entrenamiento en ecografía se realizó en los meses de mayo y junio de mil novecientos ochenta y uno. A su regreso, el doctor Benjamín Rodríguez Yances, en asocio con varias personas, incluidos los siguientes profesores del Departamento de Ginecología y Obstetricia: Doctores Juan Martínez Lozano, Manuel González Blanco, Víctor Hernández Arias; crearon una sociedad para la compra de un equipo de ultrasonido, el cual sería utilizado por el doctor Rodríguez Yances, ingresando de esa manera la ecografía Ginecológica y Obstétrica a Cartagena, cuando en la capital del país el ultrasonido en general llevaba alrededor de cinco años de estarse utilizando.

El Doctor Benjamín Rodríguez Yances adelantó talleres y cursos anuales que engrandecieron en los médicos de la ciudad y de la Costa Atlántica de Colombia, el conocimiento en esta disciplina y, en mil novecientos ochenta y cinco, dentro del Encuentro Costeño de Ultrasonido Médico, realizado en Barranquilla, participó en la fundación de la Asociación de Ultrasonido de la Costa Atlántica de Colombia. En los primeros cinco años de ejercicio como especialista y ecografista aportó, ad honoren, los aspectos fundamentales de la ecografía ginecológica y obstétrica a los estudiantes de pregrado del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena. En mil novecientos ochenta y siete ingresó como miembro al American Institute of Ultrasound in Medicine.

Ingresó como docente de planta en calidad de instructor, al Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Universidad de Cartagena en diciembre de mil novecientos ochenta y nueve, y desde entonces ha liderado la cátedra de ecografía teórica y práctica con estudiantes de pregrado y postgrado. Por muchos años ha sido el docente vespertino de las salas de hospitalización obstétrica, desde donde ha impartido instrucción al estudiantado sobre las diversas patologías obstétricas. Por varios años fue Coordinador General del Departamento y Jefe de la Sección de Obstetricia”

Dr Antonio Soto Yances“El doctor Jaime Barrios Amaya” – continuo Moraima -, “es una de las grandes figuras de la Ginecología y la Obstetricia de la Cartagena de finales del siglo veinte y comienzos del veintiuno. Intelectual inquieto, activo participante en debates y en congresos, poseedor de una gran capacidad para el análisis, lo que por siempre le ha permitido hacer anotaciones validas en sus participaciones. Poseedor siempre de conceptos actualizados y en concordancia con las investigaciones y con los adelantos más recientes de la especialidad. Fue jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena desde enero de mil novecientos ochenta y dos hasta octubre de mil novecientos ochenta y seis.

Llegó a ser vicerrector académico de la Universidad de Cartagena desde mil novecientos ochenta y siete hasta mil novecientos noventa y uno. Se retiró de la Universidad al alcanzar el tiempo de jubilación, pero ha continuado realizando una permanente y diaria labor docente como conferencista en talleres, cursos y congresos. Cumple una medida labor asistencial privada sin apremios, mientras disfruta con satisfacción de su vida familiar, intercalando sus estancias entre Cartagena y el exterior. Su hijo, Jaime José Barrios Nazzi, llegó al Departamento a realizar especialidad en Ginecología y Obstetricia, saliendo egresado como especialista en el año dos mil cuatro”.

Moraima estira una vez más la mano y nos señala la foto del doctor Soto Yances en la galería, y nos anuncia: “Es el noveno Jefe de Departamento, doctor Antonio Soto Yances, otro alumno brillante del doctor Jorge Milanés, quien con acierto lo envió al cono sur a llenarse del nuevo conocimiento de la naciente perinatología.

El doctor Antonio María Soto Yances nació en Ciénega de Oro, Córdoba, el dos de julio de mil novecientos cuarenta. También estudio en el Liceo de Bolívar donde obtuvo titulo de Bachiller superior en mil novecientos cincuenta y siete.

Al año siguiente, ingresó a la Universidad de Cartagena, donde cursó estudios en la Facultad de Medicina. Mientras realizó los estudios médicos, desempeñó el cargo de Monitor de Morfología (auxiliar de docencia) en la sección de Histología y Embriología. Egresó como Médico Cirujano en mil novecientos sesenta y cuatro.

Ese mismo año reingresó a la Universidad de Cartagena y cumplió tres años de formación en la Especialidad de Ginecología y Obstetricia. Inmediatamente fue por un año en condición de becario al Centro Latinoamericano de Perinatología y Desarrollo Humano (CLAP) en Montevideo, Uruguay, donde obtuvo formación en preparación en Perinatología.

Cumplió una destacada labor docente en el Departamento de Ginecología y Obstetricia en las décadas setenta y ochenta, acompañada de una gran producción científica escrita en paginas nacionales y como conferencista en tribunas latinoamericanas. Miembro de la Sociedad Médica Quirúrgica de Cartagena, del Colegio Médico de Bolívar, de la Sociedad Bolivarense de Obstetricia y Ginecología y de la Academia de Medicina de Cartagena.

Miembro activo de la Federación Colombiana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología (FECOLSOG), de la cual en diferentes períodos fue vocal, vicepresidente y presidente. Miembro de la Federación Latinoamericana de Obstetricia y Ginecología (FLASOG), de la Federación Latinoamericana de Perinatología (SOLAPER), de la Federación Internacional de Obstetricia y Ginecología (FIGO), de la Federación Latinoamericana de Medicina Perinatal (FLAMP) y de la Sociedad Ibero-americana de Diagnóstico y Tratamiento Perinatal”.

Moraima respira profundo y sin pausa continúa: “Fue secretario académico de la Facultad de Medicina desde mil novecientos sesenta y ocho hasta mil novecientos setenta y uno.

Tiene numerosas placas y distinciones. Por ejemplo: Distinción al Mérito Profesional por ASMEDAS en mil novecientos noventa y cinco; Maestro de la Ginecología y Obstetricia Latinoamericana, otorgada por FLASOG en el año dos mil dos; Pergamino al Mérito Académico, otorgado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena en el año dos mil tres; Orden al Mérito Cartagena Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad en el grado de Gran Oficial, entregado por el Concejo del Distrito de Cartagena, año dos mil seis, declarado Profesor Emérito por la FECOLSOG en el año dos mil ocho”.

“Más de ciento veinte conferencias ha dictado en cursos, convenciones, cursillos, talleres, seminarios, simposios y congresos a todo lo largo de Latinoamérica. Es el investigador principal de múltiples trabajos sobre temas de Perinatología, que presentó en congresos nacionales e internacionales. Autor de numerosos artículos científicos publicados en revistas colombianas y coautor de tres libros de la especialidad”.

Moraima siguió hablando emocionada y tal vez sin notar que afuera la lluvia hacia algún rato se había incrementado sin compasión: “En conjunto, el doctor Antonio Soto Yances y el doctor Jaime Barrios Amaya, trajeron en mil novecientos ochenta y dos el primer monitor fetal. Lo obtuvieron como obsequio en un congreso realizado en San Francisco, Estados Unidos, y pese a lo voluminoso lo trajeron como equipaje de mano.

Ellos hicieron popular en nuestro medio la realización de las pruebas de monitoreo fetal, el estudio del sufrimiento fetal agudo y crónico, así como la puesta en práctica de estudios en el líquido amniótico, teniendo como base o centro de enseñanza el quinto piso del Hospital Universitario de Cartagena.

En el Campus Universitario de Zaragocilla, está sembrado el gigante blanco en forma de H, el querido y añorado por todos Hospital Universitario de Cartagena, en cuyo quinto piso, especialmente diseñado para albergar a la Ginecología, luego se le abrió campo a las mujeres maternas que presentaban patologías obstétricas de alto riesgo.

En sus salas de hospitalización, salas de trabajo de parto y parto, en las salas de procedimiento donde se practicaban los monitoreos fetales y las amniocentesis, en las salas de cirugía y en los salones de clases, estos dos profesionales y otros docentes, incluido el doctor Víctor Hernández Arias, instruyeron con dedicación, esmero y sin reservas a varias cohortes de estudiantes de postgrado, internado y pregrado”.

Moraima ahora si hizo una pausa larga, en tres grandes sorbos bebió todo el café que se le había enfriado en el pocillo. Tomó dos bocanadas de aire fresco, y continuó: “El doctor Antonio Soto Yances incluyó en el programa académico de pregrado y postgrado del Departamento de Ginecología y Obstetricia, temas relacionados con la ecografía obstétrica y la colposcopía, en los instantes en que estos dos novedosos métodos diagnósticos revolucionaban y cambiaban la atención obstétrica y la patología del aparato genital inferior.

Para ello, hizo vincular al Departamento y a la Facultad de Medicina a los primeros docentes con estudios de postgrado en estas dos áreas. Cumplió importante papel en la Jefatura del Departamento de Ginecología y Obstetricia desde octubre de mil novecientos ochenta y seis hasta febrero de mil novecientos noventa y dos. Salió de la Universidad a disfrutar de su jubilación, pero continúo su labor docente al interior de los congresos en el ámbito nacional e internacional. Para los inicios del año dos mil nueve, continúa con éxito ejerciendo la especialidad tanto en los espacios clínicos como quirúrgicos”.

Dr Donaldo Perez PerezMoraima nos contó de prisa que “el décimo jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, fue el doctor Donaldo Pérez Pérez, el profesor que en todas las sesiones clínicas invitaba a sus alumnos a progresar. Muchas generaciones distintas de estudiantes le escucharon decir: ‘hay que avanzar, porque el que no avanza, retrocede’, y es que de veras, es muy probable que todos los demás si vayan avanzando”.

“Nació en la ciudad de Cartagena el once de enero de mil novecientos cuarenta. Realizó estudios primarios en el Colegio Santo Tomás de Aquino y los de bachillerato en el prestigioso y para la época importante Liceo de Bolívar, donde se graduó de Bachiller en mil novecientos sesenta. Realizó estudios de Medicina en la Universidad de Cartagena y se graduó de Doctor en Medicina y Cirugía el tres de enero de mil novecientos sesenta y nueve. En esta misma Universidad adelantó los estudios de especialidad en Ginecología y Obstetricia, siendo titulado como tal el veintitrés de diciembre de mil novecientos setenta y uno. Estuvo siempre vinculado a la Clínica de Maternidad ‘Rafael Calvo’, tanto en la parte docente como en la asistencial.

Además de obstetra de la clínica, fue coordinador de diferentes servicios y en numerosas ocasiones entre los años mil novecientos setenta y nueve y dos mil uno, estuvo formalmente encargado, primero de la dirección y luego de la gerencia”.

“Como instructor I de Ginecología y Obstetricia, ingresó al Departamento de Ginecología y Obstetricia, el dieciséis de abril de mil novecientos setenta y cuatro, hasta llegar a ser profesor titular, según resolución No. 1901 del veintidós de diciembre de mil novecientos noventa y uno, emanada de la rectoría de la Universidad de Cartagena. Fue miembro del Comité de Educación Médica, del Comité de Ética Médica y del Consejo de la Facultad de Medicina. Fue pieza activa y fundamental del Comité para la Actualización del Reglamento de Internado de la Facultad de Medicina, documento que fue aprobado en el Acuerdo número 23 del dieciséis de diciembre de mil novecientos noventa y siete”.

“En el Departamento fue defensor a ultranza de la buena realización de la Historia Clínica, como herramienta básica que garantiza un buen ejercicio profesional. Aplicaba estrategias educativas que aprendió de su profesor, el doctor Jorge Milanés. Acérrimo defensor y entusiasta al momento de realizarse las sesiones clínicas, los clubes de morbilidad y mortalidad, así como Las Arenas, donde siempre, desde la última fila de sillas del salón, estaba dispuesto a lanzar con precisión un dardo a manera de interrogación, aporte o una opinión.

En muchas ocasiones, profesor exigente y drástico. Pocos temas, pero muy sensibles por su frecuencia y por su elevado impacto adverso desde el punto de vista social y personal, sobre todo en nuestro medio, como la hemorragia post parto, la placenta previa y el desprendimiento prematuro de placenta, eran sus preferidos, y sobre ellos se hizo experto.

Varias de sus frases se hicieron celebres, y aunque simples y sencillas, iban cargadas de enseñanzas. En una reunión con estudiantes de postgrado a finales de la década de los ochenta, al comentar sobre lo presentado por un conferencista, se estiró sin miramientos el cuello de la camisa guayabera que lo caracterizaba y estirando la mano hacia el frente, con el dedo índice apuntando a los ojos del interlocutor le dijo: ‘ese doctor se nota que sabe mucho, pero yo sé cosas que él no sabe’.

Así, espontáneo, natural, sin ínfulas de grandeza, fumando en exceso y tomando tinto a borbotones, lo recuerdan muchos. A diario, hacía énfasis en la importancia de la disciplina y la puntualidad; ello también lo aprendió del doctor Milanés. Hizo aprobar las tres secciones que tiene el Departamento. La sección de Obstetricia, Ginecología y de sub-especialidades.

Las dos primeras tienen un desarrollo desde siempre. La tercera abre puertas para el futuro, al desarrollo e implementación de las nuevas ramas de la ginecología y está allí esperando dar cabida a nuevos frentes de formación”.

“Presentó el trabajo de investigación ‘Uso de la orciprenalina como inhibidor de la contractilidad uterina’, en el VIII Congreso Colombiano de Obstetricia y Ginecología, en Manizales, en mil novecientos sesenta y nueve, cuando apenas realizaba sus estudios de especialidad.

En el XIII Congreso Colombiano de Obstetricia y Ginecología, realizado en Bogotá, presentó una ponencia sobre hemorragia de la segunda mitad del embarazo. Fue conferencista en cursos y simposios realizados en diferentes poblaciones y ciudades de la costa norte de Colombia. Miembro de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Bolívar y de la Federación Colombiana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología”

“Durante su jefatura, abrió espacios para que la colposcopia y la ecografía, dos herramientas nuevas para la época e implementadas en años anteriores, tuvieran significativa presencia dentro del programa académico de pregrado y postgrado, cumpliendo con las exigencias del Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior (ICFES). Implementó la rotación de estudiantes de postgrado por los Departamentos de Cirugía General y Urología. Gestionó y facilitó la rotación de Endocrinología Ginecológica por la Unidad de Endocrinología de la Reproducción en el Hospital Lorencita Villegas de Santos, en Bogotá, donde se entrenaron varias cohortes de estudiantes de postgrado, hasta que este Hospital fue cerrado por siempre por ordenes gubernamentales nacionales”.

“El doctor Donaldo Pérez Pérez fue jefe del Departamento desde febrero de mil novecientos noventa y dos hasta abril de mil novecientos noventa y cuatro. Se retiró de la Universidad para hacer uso de su jubilación el treinta de diciembre del año dos mil tres. Prácticamente nunca salió de la Clínica de Maternidad Rafael Calvo’”.

Moraima hace una pausa larga y luego acentuando con la cabeza mientras habla, nos enfatizó algo que todos los estudiantes sabemos. Nos dice que “estando ya jubilado, el veinticinco de agosto del año dos mil cinco, fue invitado a dictarnos a los estudiantes de la asignatura Medicina de la Mujer, una clase teórica sobre uno de los temas que le apasionaron siempre. En el desarrollo de la temática presentó los primeros síntomas de un extenso accidente cerebro vascular, que le generó grandes limitaciones físicas por muchos meses, pero de las cuales se ha ido recuperando progresivamente. Sigue en su ambiente familiar, restableciéndose a diario y con la certeza y la satisfacción del deber cumplido.

Nuestra compañera, siguió relatando mientras todos la escuchábamos con gran atención. Yo no sabía si todavía llovía, pues el golpe de las gotas sobre algo metálico había cesado desde hacía poco tiempo.

Moraima nos dijo que “El undécimo jefe del Departamento fue el doctor Hernando Taylor Sáenz, nacido en la ciudad de Cartagena, el veinticuatro de abril de mil novecientos cuarenta y nueve, hijo del ilustre doctor Hernando Taylor Henríquez, importante ginecólogo de la ciudad en la década de los sesenta y setenta”. Nos precisó que antes de hablar de Taylor Saenz, puntualizaría unos pocos datos sobre su padre, el doctor Taylor Henríquez, quien había estudiado bachillerato en el Colegio Fernández Baena, donde se distinguió por sus cualidades académicas y por ser el lanzador estrella de los primeros equipos de béisbol que tuvo el plantel educativo.

Se recibió como Médico y Cirujano en la Universidad Nacional de Colombia en mil novecientos cuarenta y siete. Viajó a Madrid, España en mil novecientos cincuenta y seis a realizar entrenamiento y formación en Ginecología, Endocrinología de la Reproducción e Infertilidad bajo la orientación del profesor José Botella y Lucia.

Dr Hermando Taylor SaenzEn mil novecientos cincuenta y siete se trasladó a Francia y recibió adiestramiento en Ginecología Operatoria, en el Hospital General de Paris, con el profesor Cavaliere. Regresó a Cartagena y por designación y exigencia del doctor Napoleón Franco Pareja, ingresó al Hospital ‘Santa Clara’, a la unidad de Ginecología en calidad de Jefe de Clínicas, la cual concluyó en el año de mil novecientos cincuenta y ocho.

Posterior a la huelga y cuando el ambiente estaba regresando a la normalidad a finales de mil novecientos cincuenta y nueve, fue nombrado como profesor de Ginecología y Cirugía en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, donde demostró sus cualidades como excelente cirujano ginecológico.

No ocupó la Jefatura del Departamento de Ginecología y Obstetricia, pero sí fue director del Hospital Universitario ‘Santa Clara’, desde mil novecientos sesenta y tres hasta mil novecientos sesenta y cinco. También fue decano de la Facultad de Medicina desde mil novecientos setenta y uno hasta mil novecientos setenta y cinco.

Durante su administración se creó el Departamento de Psiquiatría, y en mil novecientos setenta y tres el Departamento de Educación Médica, siendo su primer Jefe el Doctor Boris Calvo Del Río, también docente del Departamento de Ginecología y Obstetricia. El doctor Taylor Henríquez se jubiló en mil novecientos setenta y nueve, recibiendo la distinción de Profesor Emérito. Falleció en la ciudad de Cartagena el treinta de abril de mil novecientos noventa y nueve”.

“Su hijo” – dice Moraima Barrios mirando su foto en la segunda fila de la galería – ,“el doctor Hernando Taylor Sáenz realizó estudios de bachillerato en el Colegio de La Esperanza, donde obtuvo grado en mil novecientos sesenta y seis. Estudió Medicina en la Universidad de Cartagena, donde se tituló como Doctor Médico y Cirujano.

En esta misma Universidad cursó la Especialización en Ginecología y Obstetricia, la cual finalizó en el año mil novecientos setenta y ocho. Realizó en Bogotá estudios y adiestramiento en Infertilidad. Miembro de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Bolívar y de la Federación Colombiana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología. Ingresó al Departamento de Ginecología y Obstetricia, de la Universidad de Cartagena como instructor, en el año mil novecientos setenta y nueve, y con los años llegó a ser profesor Titular. Estuvo dedicado por varios años a la enseñanza de la cirugía ginecológica a los estudiantes de postgrado.

De carácter recio, impositivo, excesivamente rígido, en ocasiones prepotente, explosivo, intransigente y para más señas dogmático. Los temas relacionados con la infección ginecológica y todo lo asociado a la cirugía ginecológica fueron de su interés y dominio”.

Doctor Hernando Taylor Henríquez“Siendo Jefe del Departamento, la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (ASCOFAME), exigió que los programas de especialización en Ginecología y Obstetricia de todas las Facultades de Medicina, tenían que incluir adiestramiento y formación en Alto Riesgo Obstétrico e Infertilidad.

Ante la carencia en nuestro medio de escenarios y condiciones para ello, gestionó para que los estudiantes de segundo año de postgrado rotasen por la Unidad de Alto Riesgo Obstétrico, del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Universidad del Valle, lo cual se viene cumpliendo con éxito y buena evaluación por parte de los estudiantes, hasta el presente.

Para la rotación de Endocrinología de la Reproducción, gestionó y materializó la pasantía de estudiantes de tercer nivel por el Centro Colombiano de Fertilidad y Esterilidad (CECOLFES) en Bogotá”.

“En mil novecientos noventa y cuatro, en calidad de editor, realizó en compañía del doctor Edgar Parra Chacón, para la fecha Jefe del Departamento de Pediatría y del doctor José María Caraballo, decano, un libro titulado: Primer curso de actualización en pediatría y ginecología para médicos generales, donde estaban condensadas todas la conferencias que se presentaron en ese Curso, las cuales fueron dictadas por docentes de los Departamentos de Pediatría y Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena. Actualmente es profesor de tiempo completo en Cirugía Ginecológica, cumple una gran función asistencial y no ha deseado hacer uso del beneficio de la jubilación.

Cumplió como Jefe de Departamento desde abril de mil novecientos noventa y cuatro hasta abril de mil novecientos noventa y seis”.

“El duodécimo jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia fue el doctor Manuel González Blanco. Nació en la población de San Onofre (Sucre) el veinte de octubre de mil novecientos treinta y ocho. Realizó estudios básicos en el Colegio de la Esperanza, donde egresó como Bachiller en mil novecientos cincuenta y siete.

Realizó estudios de Medicina en la Universidad de Cartagena, graduándose como Doctor en Medicina en enero de mil novecientos sesenta y ocho. Regresó a la Universidad de Cartagena, esta vez al Departamento de Ginecología y Obstetricia, obteniendo su título de Especialista en mil novecientos setenta y siete. En los años siguientes ingresó como docente, labor que cumplió por más de veinte años, ascendiendo paulatinamente en el escalafón docente, hasta llegar a profesor titular. Adelantó una importante labor asistencial en varias instituciones de la ciudad de Cartagena.

Al jubilarse de la Universidad, prácticamente se marginó del ejercicio de la profesión. Hoy se encuentra retirado y disfrutando de sus hobbies preferidos: el campo y los caballos. Cumplió su labor en la Jefatura del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, desde abril de mil novecientos noventa y seis hasta abril de mil novecientos noventa y ocho. El doctor Antonio González Osorio, hijo del doctor Manuel González Blanco, ingresó a realizar estudios de Especialización en Ginecología y Obstetricia, obteniendo su titulo en el año dos. mil”.

Dr Manuel Gonzalez BlancoUna enfermera de Consulta externa abre bruscamente la puerta de la sala de profesores, e ingresa un viento helado que nos cala a todos hasta los huesos. La señora pide disculpas y cierra con prontitud. La lluvia sigue cayendo a borbotones, todo está inundado y el cielo continúa cargado de espesas nubes negras.

Moraima Barrios se acicala el cabello y sentencia mirando la foto colgada a su izquierda.

“El décimo tercer jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, fue el doctor Néstor Raúl Martínez Pizarro, hijo de “Toñote” Martínez, también ginecólogo y obstetra, quien por algunos años fue profesor de la especialidad en la Universidad de Cartagena, a mediados del siglo veinte.

El doctor Néstor Martínez Pizarro nació en la Ciudad de Cartagena el veinticinco de noviembre de mil novecientos cincuenta y dos. Graduado de Bachiller del Colegio San Carlos de Cartagena en mil novecientos sesenta y nueve. Realizó estudios médicos en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, internado rotatorio en el Hospital Universitario de Cartagena y egresó como Médico Cirujano en el año mil novecientos setenta y siete. Realizó medicatura rural en el Hospital San Vicente de Paul de Lorica, Córdoba.

Inmediatamente regresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena a realizar estudios de postgrado en Ginecología y Obstetricia, siendo graduado como Especialista en mil novecientos ochenta y uno. Se trasladó los dos años siguientes a la Universidad de Pennsylvania, en los Estados Unidos, donde realizó Fellow en Biología de la Reproducción y Endocrinología Ginecológica.

Volvió a Cartagena y por dos años fue profesor adhonoren del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, ingresando finalmente a la carrera docente de dicha Universidad en mil novecientos ochenta y seis. Miembro de la Asociación Colombiana de Menopausia, de la Asociación Colombiana de Infertilidad y Esterilidad y de la Sociedad Colombiana de Ginecología y Obstetricia, siendo presidente de la filial de Bolívar.

Dr Nestor Martinez PizarroEs coautor del libro Fundamentos de la sexualidad en ginecología y obstetricia. Participó como asistente en numerosos cursos, simposios y congreso de la Especialidad. Conferencista en cursos y simposios locales y regionales. Recibió Mención de Honor por el Colegio Médico de Bolívar en diciembre del año dos mil dos.

Durante los años de su Jefatura se dieron los instantes críticos del Hospital Universitario de Cartagena y se dificultaron de sobremanera las labores de formación en Ginecología para los estudiantes de postgrado. Los profesores Néstor Martínez Pizarro y Carmen Pérez Redondo en dialogo con el doctor Guillermo Valencia Abdala, acordaron abrir un servicio de Ginecología en el Hospital San Pablo. De esa manera se impartía docencia en los dos escenarios.

Los docentes y los estudiantes de pregrado y postgrado se distribuían entre el Hospital Universitario de Cartagena y el Hospital San Pablo, y mientras otros Departamentos de la Universidad, estaban en serias dificultades para impartir la instrucción practicas a los estudiantes, el Departamento de Ginecología y Obstetricia, pudo continuar desarrollando integro el plan de estudio. La sección de Ginecología estaría presente dentro del Hospital San Pablo hasta que se dio el cierre definitivo de éste Hospital.

Cuando se produjo, un año más adelante, el cierre definitivo del Hospital Universitario de Cartagena, la sección de Ginecología se trasladaría toda a la Clínica de Maternidad ‘Rafael Calvo’, que desde la década de los setenta sólo prestaba servicios de obstetricia. Desde entonces, y hasta la fecha, en la Maternidad hay un quirófano destacado para la Cirugía Ginecológica, unas salas de hospitalización y un consultorio exclusivo para consulta ginecológica. En todos esos espacios, los docentes y estudiantes del Departamento de Ginecología y Obstetricia siguen un proceso creciente de enseñanza y aprendizaje”.

“El doctor Néstor Martínez Pizarro, dentro del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, cumplió con el mismo apasionamiento, dedicación y entrega, de los docentes pretéritos, una gran actividad en el área ginecológica y sobre todo en cirugía ginecológica. En la primera década del siglo veintiuno, fue el centro de la enseñanza de las técnicas quirúrgicas ginecológicas.

Los estudiantes y egresados de la especialidad de Ginecología y Obstetricia, de los últimos quince años, se han nutrido de su habilidad y de su depurada técnica quirúrgica, la cual, a su vez, es el legado de otros profesores ilustres del Departamento que se dedicaron a enseñar la Cirugía Ginecológica, como: los doctores Hernando Taylor Sáenz, Carmen Pérez de Redondo, Oscar Rodgers Andrádes, Juan Manuel Martínez Lozano, Rafael Guerrero Betancourt, Aníbal Perna Mazzeo y Hernando Taylor Henríquez”.

“El doctor Néstor Martínez Pizarro, para el año dos mil nueve adquirió el status de jubilado de la Universidad de Cartagena. Fue Jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena desde mayo de mil novecientos noventa y ocho hasta noviembre del año dos mil dos”.

Dr Orlando Borre Arrieta“Por solicitud del decano, doctor Gustavo González González, se realizó elección democrática con votación secreta de todos los docentes del Departamento, para elegir nuevo Jefe del Departamento” – nos dice Moraima Barrios Marimón con la certeza deque estamos reunidos en el mismo sitio donde se realizó esa elección. “El décimo cuarto Jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia fue el doctor Orlando Borré Arrieta, según resolución 2495 del trece de noviembre del año dos mil dos.

Profesional de la Medicina y la Ginecología nacido en la población de San Juan Nepomuceno (Bolívar) el veintiuno de julio de mil novecientos cincuenta. Realizó estudios primarios en su municipio natal la secundaria en el Colegio la Esperanza en Cartagena, obtuvo el título de Bachiller en mil novecientos sesenta y nueve. Ingresó a la Universidad de Cartagena y se graduó de Médico y Cirujano en marzo de mil novecientos setenta y ocho”.

“Poco tiempo después de ejercer medicina general, ingresó de nuevo a la Universidad de Cartagena para realizar estudios de Especialización en Ginecología y Obstetricia, siendo graduado como Especialista en mil novecientos ochenta y cinco. Durante ese mismo año realizó seis meses de adiestramiento en patología cervical y colposcopia en el Hospital San José de Bogotá adscrito al Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, bajo la tutoría del profesor Alejandro Pachón Cárdenas, quien había introducido y desarrollado la Colposcopia en Colombia.

El Doctor Borré regresó a Cartagena y desde entonces se ha dedicado y ha ejercido con éxito tanto académico como asistencial, la colposcopia y la patología cervical, teniendo como escenarios básicos la Liga contra el Cáncer y la Clínica de Maternidad Rafael Calvo”.

Moraima se queda mirando detenidamente la foto y continúa: “El doctor Borré Ingresó como profesor de cátedra a la Universidad de Cartagena, al Departamento de Ginecología y Obstetricia según resolución 1261 de noviembre de mil novecientos ochenta y nueve. Ingresó a la carrera docente como instructor según resolución número 037 de mil novecientos noventa y uno. Con los años y con méritos llegaría a ser profesor titular, nivel docente al cual fue promovido luego de llenar todos los requisitos, según resolución 1297 de junio del año dos mil dos.

“Su nombre está inscrito dentro de la Historia de la Colposcopia en Cartagena”, lo señala Moraima Barrios Marimón con orgullo, mientras saca del interior de una capeta, tres cuartillas tamaño carta que conforman el manuscrito titulado: ‘La colposcopia en Cartagena’. Sin tantas vueltas, comienza la lectura diciendo: “En mayo de mil novecientos ochenta y tres, se crea La Unidad de Colposcopia de la Liga de Lucha contra el Cáncer de Cartagena, durante la presidencia de Josefina de Pacheco.

Adquieren un colposcopio de quince aumentos, siendo la primera colposcopista la doctora Ofelia Castellar García, médica ginecóloga egresada del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, quien había llegado de España para esa época con nociones en el tema.

La doctora Castellar decide dedicar mayor tiempo al área de la Fertilidad, se retira de la Liga contra el Cáncer y es reemplazada por el doctor Fabio Ramírez Buelvas, para ese momento médico general.

El doctor Fabio Ramírez se traslada a Bogotá y es entrenado en Colposcopia por el doctor Alejandro Pachón Cárdenas, quien había venido de Argentina y fundó la Unidad de Colposcopia del Hospital San José de Bogotá. Allí también se entrenan otros ginecólogos de la Universidad de Cartagena, recién egresados, como la doctora Magola Manotas quien se radica en San Andrés Islas y el doctor Orlando Borré Arrieta.

La Liga contra el Cáncer de Cartagena, compra para el año mil novecientos ochenta y cuatro otro Colposcopio más sofisticado con tres aumentos y dispositivos de cámaras para colpofotografías, el cual es manejado en un principio por los doctores Fabio Ramírez Buelvas, a la sazón médico general y John Jairo Samper, médico ginecólogo egresado del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Universidad de Cartagena, quien había hecho estudios de Colposcopia en España.

La Unidad de Colposcopia de la Liga contra el Cáncer de Cartagena, se convierte en la pionera de la Costa Atlántica, pero en sus inicios el estudio colposcópico no era bien aceptado por un gran número de ginecólogos de la ciudad, quienes se negaban a aceptar los nuevos protocolos de manejo de las lesiones intraepiteliales, sobre todo porque estos eran recomendados por un médico general. Fue grande la resistencia.

En el año mil novecientos ochenta y cuatro, la Liga contra el Cáncer de Cartagena adquiere equipos para criocirugías y electrocauterios para el tratamiento ambulatorio de las lesiones intraepiteliales del tracto genital inferior. En mil novecientos ochenta y seis, el doctor Fabio Ramírez Buelvas se traslada a España para hacer especialidad en Ginecología y Obstetricia, y es nombrado el doctor Orlando Borré Arrieta, quien llegaría a ejercer los cargos de director científico y jefe de la Unidad de Colposcopia de la Liga contra el Cáncer, hasta marzo del año dos mil cinco”.

Dr Manuel gonzalez“Desde el año de mil novecientos ochenta y seis, por iniciativa del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina, acompañamiento de la Liga contra el Cáncer, los doctores Orlando Borré Arrieta y John Jairo Samper Vásquez, ya para esos instantes docentes del Departamento, realizan entrenamiento, cursos teóricos y prácticos, seminarios y actualización para la nueva técnica diagnóstica. Así son formados los ginecólogos: Sergio Girado, Fernando Meneses y William Angarita.

En mil novecientos ochenta y siete, siendo el doctor Benjamín Blanco Martínez, docente del Departamento, presidente de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Bolívar, y el Doctor Antonio Soto Yances, Jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Universidad de Cartagena, con el apoyo del Club de Leones Pie de la Popa, del cual hacía parte la doctora Carmen Pérez de Redondo, también ginecóloga y docente del Departamento, se funda la Unidad de Colposcopia de la Clínica de Maternidad ‘Rafael Calvo’, dirigida en ese momento por Luz María Chaux Garcés.

La Sociedad de Obstetricia y Ginecología compra un colposcopio OM de 15 aumentos, traído de Argentina, y con este se instaura la cátedra de colposcopia en el micro currículo de la Especialización en Ginecología y Obstetricia de la Universidad de Cartagena.

En mil novecientos ochenta y nueve, el Instituto Nacional de Cancerología lidera el Plan Nacional del Cáncer Cervicouterino. El doctor Orlando Borré Arrieta, con gestión realizada por la Sra. Olga Santamaría, presidenta de la Liga Nacional de Lucha contra el Cáncer y con su hermano Armando Santamaría, profesor y patólogo del Instituto Nacional de Cancerología, consigue que se entreguen en calidad de donación a la Clínica de Maternidad ‘Rafael Calvo’ un colposcopio de mejor tecnología, de tres magnificaciones, espéculos, pinzas para biopsias y otros insumos, fortaleciéndose en Cartagena la lucha contra el cáncer cervicouterino.

Por remodelaciones en la Clínica de Maternidad ‘Rafael Calvo’, la gerente cierra la Unidad de Colposcopia por más de un año, siendo el doctor Oscar Guardo, Secretario de Salud de Bolívar, quien por informes de una visita a la Clínica realizada por el doctor William Peña, exige a la gerente reabrir la unidad.

Se producen reordenamientos locativos y se reinician funciones desde el año mil novecientos noventa y uno hasta la fecha. Por otro lado, la Liga contra el Cáncer, en mil novecientos noventa y tres, adquiere un equipo de radio frecuencia Ellman Surgitron y con ése, el doctor Orlando Borré practica en la ciudad las primeras conizaciones LEEP, evitándose el uso del bisturí y la necesidad de hospitalizar a la paciente. Han sido varios los trabajos presentados en congresos sobre los resultados de ésta técnica.

En el año dos mil, la Clínica de Maternidad ‘Rafael Calvo’ también adquiere un equipo similar y es la institución donde en la actualidad, se utiliza con más frecuencia este procedimiento. En el año mil novecientos noventa y cinco, se introduce el video colposcopia en el consultorio privado del doctor Borré, tomando por primera vez en Cartagena, fotografías digitales de sus pacientes. Posteriormente, de la Clínica Maternidad ‘Rafael Calvo’, adquiere un video colposcopio cuya cámara se daña tres años después y no se compra el reemplazo de la misma por objeciones de la gerente. En la actualidad, la colposcopia ha tenido gran difusión y aceptación en Cartagena, siendo muchas las instituciones que hacen éste procedimiento: Profamilia, Hospital Naval de Cartagena, Clínica Universitaria San Juan de Dios, Clínica de la Mujer, Clínica Inmaculada, Clínica Crecer, y es un servicio prestado en muchos consultorios particulares.

El quince de febrero del dos mil dos se fundó en Bogotá la Asociación Colombiana de Colposcopia y Patología del Tracto Genital Inferior, siendo el doctor Borré miembro fundador y de número. A esta asociación también pertenecen como miembros de número los doctores Sergio Girado Llamas y Fabio Ramírez Buelvas, quienes fueron profesores del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Universidad de Cartagena, ambos se retiraron en el año dos mil ocho de sus cátedras; el primero, para dedicarse a la medicina privada y el segundo, trasladó su residencia a España.

También son miembros de número los profesores del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la universidad de Cartagena; los doctores John Jairo Samper Vásquez, Julio Faciolince y Francisco Salcedo. Se ha generalizado el uso de la colposcopía, tiene puntualizadas las indicaciones y es practicada ampliamente por numerosos profesionales de la Ginecología”.

Respira Profundo y subraya lo que todos hemos observado, que el Departamento de Ginecología y Obstetricia, con sus docentes, ha jugado un importante papel en la implementación de la colposcopia como herramienta diagnóstica.

“El doctor Borré cumplió labores administrativas en la Facultad de Medicina, haciendo parte del comité docente en el año mil novecientos noventa y cuatro. Fue coordinador del Departamento de Educación Médica Continua, desde mil novecientos noventa y tres hasta mil novecientos noventa y seis.

Realizó Diplomado en Formación pedagógica para la Educación Superior, en la Facultad de Ciencias Sociales y Educación de la Universidad de Cartagena, en el año dos mil uno. Tiene importantes publicaciones nacionales, ha sido conferencista en numerosos eventos regionales, locales y nacionales, con temas relacionados con las patologías cervicales y del tracto inferior. En el año dos mil ocho inscribió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, su grupo de investigación: Visión Profunda”.

Consejo Normativo del Departamento de GinecologíaMoraima nos mira a todos y enfatiza aspectos que, aunque muy recientes los desconocíamos: “Al llegar a la jefatura, para estar a tono con las corrientes pedagógicas universales y renovar algunas prácticas docentes, el Consejo Normativo del Departamento determinó que la enseñanza impartida a los estudiantes de la asignatura Medicina de la Mujer, se realizase con un corte esencialmente constructivista e impartida desde los lineamientos de la corriente del Aprendizaje Autónomo.

Ello generó diferencias, profundos enfrentamientos y de nuevo surgieron los lobos feroces, con las fauces abiertas, mostrando dientes y prestos a dar las más desgarradoras dentelladas; eran los odios voraces”.

“Durante su jefatura, el doctor Borré trabajó febrilmente hasta conseguir la elaboración del documento del nuevo Microcurriculum de la Asignatura Medicina de la Mujer, la cual imparte el Departamento de Ginecología y Obstetricia a los estudiantes de pregrado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena. La elaboración del documento era exigencia para la obtención del registro calificado y la acreditación del programa de Medicina.

El doctor Borré tuvo una participación activa en todo el proceso que llevó a que el programa de Medicina recibiese del Gobierno Nacional acreditación por cinco años. También dedicó muchas horas a liderar y elaborar el documento de los Estándares de calidad y el Microcurriculum del programa de postgrado de Especialización en Ginecología y Obstetricia con fines del registro calificado ante el Ministerio de Educación.

Avaló e impulsó los tres primeros simposios de Actualización en Ginecología y Obstetricia que organizan y realizan los estudiantes de postgrado, eventos académicos dirigidos a estudiantes de Medicina y médicos generales que laboran en Cartagena”.

III simposio de actualización

Dr Manuel gonzalez“El doctor Borre aprobó e impulsó la creación de la página web del Departamento de Ginecología y Obstetricia: www.obgincartagena.8m.com, la cual difundía productividad de docentes y estudiantes y estuvo activa y actualizada por algunos años.

Con miras a incrementar la calidad en la formación de los estudiantes de postgrado, ante la carencia de escenarios locales específicos, gestionó e hizo firmar convenio con el Instituto Nacional de Cancerología, para que se cumplieran las rotaciones de Oncología Ginecológica y Mastología. Gestionó ante el Hospital Naval de Cartagena para iniciar la rotación de estudiantes de postgrado por la Unidad de Cuidado Crítico, la cual se cumplió de manera irregular.

Ante las restricción de cupos en CECOLFES para la rotación de Infertilidad, gestionó y puso en marcha un convenio con la Unidad de Fertilidad y Genética de Cartagena (UFEC) y allí realizaron rotación estudiantes de postgrado”.

Al principio no entendimos por qué Moraima fue cambiando el tono de su voz; la carga de felicidad inicial se convirtió rápidamente en tristeza.

El brillo infinito de emoción en sus hermosos ojos grises, se redujo mientras las palabras salían del fondo de su ser y pasó a ser un débil haz opaco y triste. Luego, a medida que nos contaba el devenir, Comprendimos que todo se debía a las páginas que comenzaba a describir.

“No obstante, mientras docentes y estudiantes bebían de la misma fuente del saber, mientras los estudiantes de todos los niveles comprendían y aplicaban las conclusiones de las investigaciones realizadas por el CLAP y que ya se habían convertido en universales, mientras la labor docente cotidiana de los profesores hacía fluir raudo el proceso enseñanza – aprendizaje, brindando atención de calidad a las maternas pobres de la región y a las mujeres con patologías ginecológicas, mi gigante blanco de Zaragocilla, que desde el mismo momento de su nacimiento era presa indefensa de hienas rojas y azules, así como de cientos de aves rapaces de diferentes tamaños y calañas, que le devoraban ansiosas y sin parar sus entrañas, terminaron por llevarlo a una larga y prolongada agonía de años que lo dejó tendido y muerto para siempre el veinticuatro de julio del dos mil tres, según resolución 1021 de igual fecha de la Superintendencia Nacional de Salud, que ordenaba la liquidación, el cierre definitivo y total, habiendo sido inaugurado solamente veintinueve años antes”.

“El doctor Orlando Borré Arrieta fue jefe del Departamento desde noviembre del año dos mil dos hasta septiembre del año dos mil seis. Luego fue designado a la coordinación de la Relación Docencia – Servicio, en el Departamento de Relaciones Externas de la Universidad de Cartagena. Para el presente su actividad académica y docente está centrada en los estudiantes de postgrado, donde cumple valiosas labores docentes en cirugía ginecológica y en patología cervical”.

Moraima Barrios señala en la segunda línea de retratos, la última foto de la galería y nos recuerda que “El décimo quinto y actual jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia es el doctor Alvaro de Jesús Monterrosa Castro, nombrado el dieciocho de septiembre del año dos mil seis, según resolución 2256 de la Rectoría de la Universidad de Cartagena”.

Dr Alvaro Monterrosa Castro“Natural de Cartagena y nacido el catorce de febrero de mil novecientos cincuenta y siete, realizó sus estudios básicos en el Colegio de La Salle, en Cartagena, donde obtuvo grado de Bachiller en noviembre de mil novecientos setenta y dos.

Estudió Medicina en la Universidad de Cartagena, donde obtuvo grado de Médico Cirujano en mil novecientos ochenta. Mientras realizaba sus estudios de pregrado, estuvo vinculado a la Universidad de Cartagena como monitor (Auxiliar de Docencia) en el Departamento de Morfología, en la sección de Anatomía Macroscópica.

También en la Universidad de Cartagena realizó estudios de Especialización en Ginecología y Obstetricia, los cuales finalizó en el año mil novecientos noventa. Realizó además Especialización en Docencia Universitaria, titulo otorgado por la Universidad Santo Tomás de Bogotá. Ha realizado estudios y profundización en Biomedicina de la Reproducción”.

“Es Investigador con más de veinte proyectos de investigación sobre infertilidad, menopausia, embarazo en adolescentes y planificación familiar, cuyos informes finales han sido publicados en revistas internacionales, nacionales, regionales y locales. Es el director e investigador principal del proyecto de investigación CAVIMEC, estudio que evalúa la calidad de vida en la menopausia y etnias colombianas, del cual se han publicado algunos informes finales en revistas internacionales de alto impacto y en lengua inglesa.

Es investigador y par evaluador de investigaciones con reconocimiento por COLCIENCIAS. Director del Grupo de investigación SALUD DE LA MUJER, del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, inscrito en la Universidad de Cartagena y categorizado como grupo c, por COLCIENCIAS. Pertenece al grupo de investigación GenPe de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, grupo con Categoría A de COLCIENCIAS.

Pertenece al Grupo de investigación REDLINC, Red Latinoamericana de Investigación en Climaterio, grupo que adelanta estudios de investigación multicéntricos latinoamericanos sobre menopausia y climaterio. El doctor Monterrosa tiene cerca de cien publicaciones científicas en revistas locales, nacionales e internacionales. Cuatro publicaciones en lengua inglesa en exigentes revistas científicas mundiales de primer impacto e indexadas en buscadores científicos.

Ha obtenido cuatro premios nacionales en concurso de investigación. Conferencista en reuniones, talleres, cursos, congresos y simposios locales, regionales, nacionales e internacionales. Par evaluador externo, invitado, dentro del proceso de Acreditación Internacional del Postgrado de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia. Recibió de parte del Concejo Distrital de Cartagena en noviembre del año dos mil ocho, la Orden Civil al Mérito Cartagena Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad en el grado de Comendador. El colegio de La Salle lo homenajeo en el año dos mil nueve, otorgándole la medalla Centenario”. Grupo Salud de la Mujer

“Miembro de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Bolívar, de la Federación Colombiana de Sociedades de Ginecología y Obstetricia (FECOLSOG), de la Sociedad Colombiana de Fertilidad y Esterilidad, de la Academia de Medicina de Cartagena, de la Asociación Colombiana de Menopausia y de la Federación Latinoamericana de Sociedades y Asociaciones de Climaterio y Menopausia (FLASCYM). En diferentes períodos, fue fiscal y vicepresidente de la Asociación Colombiana de Menopausia y elegido presidente para el periodo dos mil tres hasta el dos mil cinco”.

“Gestionó el convenio de la Universidad de Cartagena con la UCI – Gestion Salud, que funciona en la Clínica Maternidad ‘Rafael Calvo’, para que los estudiantes de postgrado hicieran la rotación de Cuidado Critico Obstétrico, de forma regular y obligatoria, lo que les permitiera entrenamiento en la naciente y fundamental área del cuidado intensivo de las gestantes y en puerperio que ameritan alta dependencia de atención.

Ante las dificultades de la Unidad de Fertilidad y Genética de Cartagena (UFEC) por la enfermedad de su directora, la doctora Ofelia Castellar García, y por la limitación cada vez mayor de cupos en el Centro Colombiano de Fertilidad y Esterilidad (CECOLFES) en Bogotá, donde se desarrollaba la rotación de Endocrinología de la Reproducción o Infertilidad, propuso y gestionó la rotación por el Instituto Antioqueño de Reproducción (INSER) en Medellín, la cual se empezó a realizar desde mediados del año dos mil siete.

Gestionó el convenio entre la Universidad de Cartagena y el grupo UROHELP en la Clínica MEDIHELP SERVICE, para que se desarrollase en estudiantes de último año la rotación de Ginecología Urológica, que se había perdido hacía algunos años. Puso en marcha la rotación de Ginecología y Obstetricia Básica para estudiantes del primer nivel de postgrado por el naciente Hospital Universitario San Juan de Dios, antigua Clínica del Seguro Social o Enrique De la Vega.

En este mismo Hospital se implementó de nuevo la rotación de Cirugía General por los estudiantes de postgrado, la cual no se había podido adelantar de forma regular en el Hospital Universitario del Caribe, que se había inaugurado poco tiempo antes, en medio de grandes esperanzas y expectativas, que sólo han sido eso en lo que tienen que ver con Ginecología: esperanzas y expectativas.

Al inaugurarse el Hospital Universitario del Caribe, en julio del dos mil seis, la subgerencia de Servicio Materno-Infantil, aseguró que su unidad estaba orientada a garantizar la atención del embarazo y parto de alto riesgo, al manejo intrahospitalario de la alta complejidad de la paciente ginecológica; que llegaría a ofrecer servicios de apoyo por ecografía, histeroscopia, colposcopia, rediofrecuencia, monitoreo fetal, amniocéntesis, cirugía ginecológica de alta complejidad y atención de partos de alto riesgo sin embargo, para mediados del año dos mil nueve, nada de lo anterior se ha cumplido, aunque se sigue con las esperanzas y la expectativa”

“La asignatura Medicina de la Mujer siguió siendo impartida bajo el concepto pedagógico del Aprendizaje Autónomo, bajo la corriente constructivista y centrada por completo en el estudiante. Se estableció en el primer período del año dos mil ocho, con formalidad y con rigurosidad dentro del microcurriculum de pregrado, el modulo de Simulación Ginecológica y Obstétrica, impartida con gran éxito y palpable acogida por el estudiantado, en el Laboratorio de Simulación, en la sede de la Facultad de Medicina, en el campus de Zaragocilla, siendo la doctora Ana María Bello el primer docente del nuevo módulo implementado.

El horario y la carga académica dentro de este nuevo espacio están en permanente incremento. Desde la cohorte de estudiantes de postgrado del año dos mil nueve, se van a desarrollar con la ayuda de los medidos de simulación, talleres introductorios al ejercicio de la especialidad, previamente al ingreso a los escenarios de prácticas formativas.

En el laboratorio de Simulación hay dos salas exclusivas para simulación Obstétrica y Ginecológica. Se posee un modelo denominado ‘Noelia’, que permite aprender a valorar la frecuencia cardiaca fetal y a observar los cambios y etapas del parto vaginal, hay estaciones para aprender la correcta realización del tacto vaginal, modelos para el taller de especuloscopia, examen pélvico y valoración genital”.

Laboratorio de simulación Laboratorio de simulación
Laboratorio de simulación Laboratorio de simulación
Laboratorio de simulación

El PlatipeloideEl doctor Monterota castro, con esfuerzo solo logro sacar cuatro números de un periódico trimestral, órgano de información de difusión oficial del departamento de Ginecología y Obstetricia titulado << El Platipeloide>> , que fueron entregados por la industria farmacéutica a todo lo largo y ancho del país. Por carencia de patrimonio, no ha vuelto a circular.

“Ha continuado apoyando y promoviendo la realización de loa simposios de actualización que realizan los estudiantes de postgrado del departamento y dirigidos a estudiantes de Medicina de la Universidad de Cartagena, de otras universidades y a médicos generales de la región. Ha incentivado la investigación y la productividad intelectual del grupo docente”.

V simposio de actualización“El jefe del del departamento solicito la vinculación de un docente con experiencia en cuidado critico, lo cual se hizo realidad para el primer periodo del año dos mil nueve, enfatizando la presencia de la temática del cuidado critico en obstetricia dentro del microcuriculum de postgrado. El doctor José Rojas Suárez ingreso como profesor de cátedra, para cumplir con esa actividad formativa.

En marzo de año dos mil nueve, el jefe del departamento y el docente involucrado presentaron a la Decanatura de la Facultad de Medicina los documentos y la propuesta cunicular para abrir una nueva especialidad :Medicina Critica Obstetricia, para ser impartida por el Departamento de Ginecología y Obstetricia, propuesta novedosa en todo el ámbito latinoamericano . A la fecha dicha propuesta esta siendo estudiada por diferente instancia de la Universidad de Cartagena.

El treinta de julio del año dos mil nueve, finalizo su gestión como jefe del Departamento, pasando a coordinador del departamento de investigaciones de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena. En su reemplazo fue nombrado el doctor Cesar Mendivil Ciodaro”.

Afuera la lluvia había cesado y los relojes marcaban más allá del medio día. Moraima Barrios Marimon, dueña de todas esas facultades que sus compañeros admirábamos nos había paseado por mas de cien años en la docencia de Ginecología y Obstetricia impartida EN LA Facultad de medicina de la Universidad de Cartagena. Creíamos que habíamos terminado pero nos dijo que habían otros docentes que marcaron hito aunque no fueron jefes de Ginecología y Obstetricia. Nos comento que los iba a señalar muy brevemente.

Doctor Raúl Vargas Moreno“El doctor Raúl Vargas Moreno, profesor amplio, costumbrista, bonachón, querido por todos y llamados por sus amigos y muchos de sus alumnos como raulito.

Hijo del doctor Raúl Vargas Velez y sobrino de Daniel Eusebio Vargas Velez, profesionales que brotaron del barrio de Getsemani, adelantaron actividad docente dentro de la universidad de Cartagena y se convirtieron en líderes paradigmas de la medicina cartagenera a mediados del siglo veinte. El doctor Vargas Moreno nació el dos de octubre de mil novecientos cuarenta y cinco. Ingreso a la universidad de Cartagena y se graduó de medico en mil novecientos setenta y tres.

Inmediatamente continuo estudio de postgrado en Ginecología y obstetricia siendo graduado como Especialista en mil novecientos setenta y siete. Durante algo mas de seis años fue el entrenador de volley-ball del equipo de la Universidad de Cartagena.

También en el año mil novecientos setenta y siete ingreso como profesor al departamento de Ginecología y obstetricia en la facultad de medicina de la universidad de Cartagena, el doctor Raúl Vargas fue de los primeros profesionales en realizar ecografía obstétrica en la universidad de Cartagena, en mil novecientos ochenta y tres al regresa de la Universidad de Valencia, España donde había recibido entrenamiento en ultrasonido. Fue director de la clínica de Maternidad Rafael Calvo.

Conferencista en varios cursos y simposios locales y regionales. Realizo especialización en gerencia y salud. Llego a ser profesor titular y se jubilo de la universidad de Cartagena en mil novecientos noventa y seis. Adelanta una tranquila actividad cotidiana con un ejercicio privado de la especialidad, realizado sin afanes”.

“El legitimo heredero de la escuela quirúrgica ginecológica del departamento de ginecología y obstetricia de la universidad de Cartagena, sentada y estructurada por los doctores Hernando Taylor Henríquez y Aníbal Perna Mazzeo, lo dice enfática Moraima barrios y sin visos de dudas.

A su vez el doctor Martínez Lozano viene a ser el gran formador en cirugía ginecológica de todos los estudiantes del postgrado del departamento de ginecología obstetricia que cursaron sus estudios a finales de la década de los setenta, toda la década de los ochenta y lo primeros años de la década de los noventa.

El doctor Juan Martínez Lozano nació en sincé (sucre) el seis de mayo de mil novecientos cuarenta y dos. Realizo estudios primarios en el gimnasio de de su población natal, secundaria en el instituto simón Araujo de Sincelejo, donde se graduó de bachiller en mil novecientos sesenta y tres.

Ingreso a la universidad de Cartagena y fue titulado como medico cirujano en mil novecientos setenta. Regreso a realizar estudios de postgrado y egreso como especialista en ginecología y obstetricia en mil novecientos setenta y cuatro.

Doctor Juan Manuel MartínezInmediatamente se vinculo como profesional a la clínica de Maternidad Rafael Calvo, para realizar turnos horarios nocturnos y allí adelanto una importantísima y callada labor formativa en cirugía a los estudiantes de postgrado.

Simultáneamente (mil novecientos setenta y cinco) ingreso como profesor al departamento de ginecología y obstetricia. Fue pionero y uno de los primeros profesionales de la ciudad de Cartagena en realizar ultrasonido obstétrico. Impulso la importancia de realizar una cirugía limpia, ordenada, respetando lo planos anatómicos y cuidando de seguir las técnicas quirúrgicas.

Se hizo experto en temas relacionados con la ginecología operatoria reconstructiva, realizo con éxito en varios casos, manejo operatorio para ausencia de vagina y para malformaciones d el aparato genital.

Cirujano habilidoso, práctico, recursivo y prácticamente un padre para muchos de sus alumnos de postgrado habiendo reunido una apasionada labor docente, renuncio a la universidad de Cartagena el primero de julio de mil novecientos noventa y cinco , acogiéndose al derecho de jubilación. Continuo por varios años con su labor profesional dentro de la especialidad, en la clínica de la mujer , centro de su propiedad, hasta retirarse definitivamente por razones relacionadas con su salud, estando todavía bastante joven.

Ya en el siglo veintiuno llegarían al departamento de ginecología y obstetricia de la facultad de medicina de la Universidad de Cartagena, primero como estudiantes de medicina y luego como estudiantes de postgrado en ginecología y obstetricia, sus hijos Alvaro Martínez Ruiz (egresado en el año dos mil siete) y Juan Gabriel Martínez Lugo (para al fecha residente de tercer año) “.

Moraima Barrios hace silencio un instante, sonrie y sin avisarnos nos dice: “La primera mujer docente del departamento de Ginecología y Obstetricia fue la doctora Carmen Pérez Delgado, hija de un importante medico , egresado de la Universidad de Cartagena, el doctor José Manuel(Maria) Pérez Ruiz, quien cumplió labores de obstetra por muchos años el climita de Maternidad “ Rafael Calvo”. La doctora Carmen Pérez fue la esposa del doctor Antonio Redondo Fernández, ya falleció, quien fue Medico, cirujano general, profesor de la Universidad de Cartagena y decano de la Facultad de Medicina.

Doctora Carmen Pérez de redondo“La doctora Carmen Pérez de Redondo, nació en Cartagena el catorce de diciembre de mil novecientos cuarenta y dos. Realizo estudios básicos en el colegio Biffi de la ciudad de Cartagena, del cual egeos como bachiller en mil novecientos sesenta.

Estudio medicina en la Universidad de Cartagena y egreso como Doctora en Medicina y Cirugía en el año de mil novecientos sesenta y siete. regreso años mas tarde a realizar estudios de especialización, obteniendo titulo como Especialista en Ginecología y Obstetricia en el año mil novecientos setenta y seis, siendo la segunda mujer que egresaba del departamento con la formación de post grado.

Pronto reingreso al departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena. Lidero por muchos años la clínica de Maternidad “Rafael Calvo” el voluntario del club de leones.

Mujer de carácter recio, de conceptos puntuales y claros, sobre todo de las patologías ginecológicas, incisiva, exigente, critica y constructiva al momento de los debate y de las sesiones clínicas. Por más de diez años perteneció al consejo normativo del departamento. Por muchos años dedicada a la enseñanza de la Ginecología, con énfasis y dedicación en la cirugía Ginecológica, donde cumplió una importante labor docente. Introdujo prácticamente la laparoscopia a Cartagena, como herramienta de diagnostico, ya que en los años anteriores usualmente solo se utilizaba para realizar salpinguectomia como método definitivo como método de planificación. Puede ser considerada como la madre de la laparoscopia en Cartagena.

La doctora Carmen Pérez de Redondo se convirtió en la primera docente que realizo entrenamiento regular y estructurado en la laparoscopia a estudiantes de postgrado de l departamento de ginecología y Obstetricia y dejo sembrado en varios de sus alumnos el gusto por la laparoscopia. En los últimos diez años de actividad docente estuvo casi por completo concentrada en el postgrado.

Ascendió todos los peldaños del escalafón docente y paso al status de pensionada en mil novecientos noventa y nueve. Actualmente todavía realiza alguna actividad profesional y se desvive en la crianza de sus nietos. Su hijo, Augusto Redondo Pérez llegaría al departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina De la Universidad de Cartagena y realizaría estudios de Especialización en Ginecología y Obstetricia, siendo egresado en mil novecientos noventa y siete “.

Moraima Barrios nos mira uno a uno, queriéndonos decir, que todavía faltan por mencionar otros docentes que aportaron muchos años de su vida, así como tantas y tantas horas de labor docente, para colocar un granito en la estructuración y en formación medica de una larga lista de estudiantes d pregrado y postgrado, que han pasado por el departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de cartagena.

Inmediatamente nos dice:”También fue profesor del departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena; el doctor Oscar Rodgers Andrades, egresado del postgrado del mismo departamento, por muchos años profesor de Ginecología, con amplia dedicación a la enseñanza de las técnicas quirúrgicas ginecológicas. Cumplió una importante labor en el departamento de postgrado de la Facultad de Medicina y llego a la vicerrectora académica de la Universidad de Cartagena.

Congreso en bogotá“ El doctor Vespasiano Zapata Gómez a quien sus mas allegados profesores y amigos llamaban vespa, se le veía por los pasillos de la clínica “Rafael Calvo” con su andar lento, nunca poseído de la ira ni de los afanes, gran obstetra, habilidoso con las maniobras obstétricas que eran exigidas antes de llegada masiva de la cesárea, de la cual tanto nos arrepentimos a diario.

El doctor Zapata siempre estuvo interesado en la organización académica y fue coordinador académico, por muchos años, tal vez más de diez. En silencio, y sin la expectativa de que se supiese, por más de veinte años impartió cátedra en semiologia obstétrica y enseño con apasionamiento lo más puro y esencial de la obstetricia.

Su frase:”un desastre obstétrico”, era el puerto que todos sus estudiantes de postgrado deseaban eludir en la cotidianidad. Escribió el manual de Funciones de departamento y contribuyo a la realización de prácticamente todos los documentos oficiales del Departamento, antes que llegasen las exigencias de la acreditación.

Tuvo interés en los temas de planificación familiar y fue el primero en realizar planificación familiar definitiva por laparoscopia con anillos de Yoon en la clínica de Maternidad “Rafael Calvo” siempre estuvo en la clínica de maternidad “Rafael Calvo” de donde no salio prácticamente nunca. Al alcanzar su estatus de jubilado se refugió en la población de San Bernardo del Viento, en Córdoba, donde esta totalmente retirado y aislado de la profesión y del ejercicio.

“El doctor Hernández Arias, desarrolló su actividad docente en los temas de la obstetricia de alto riesgo, tanto en la Maternidad “Rafael Calvo”, como en el quinto piso del Hospital Universitario, en los años en que allí funcionaron cuatro salas para la atención de maternas con complicaciones severas. De temperamento calmado, andar despacioso, nunca tenia prisa, enseñaba casi al oído.

Por muchos años fue el docente de Hospitalizados de obstetricia. Gran cirujano, limpio en su técnica y cuidadoso en el manejo de los tejidos. Poseía una gran capacidad y destreza quirúrgica. También permanecía muchas horas en la clínica de Maternidad “Rafael Calvo”, de donde prácticamente nunca salio.

Los doctores Donaldo Pérez Pérez, Juan Manuel Martínez Lozano, Vespasiano Zapata Gómez y Víctor Hernández Arias fueron por casi veinte años los docentes nocturnos de clínica de Maternidad “Rafael Calvo” en ese espacio realizaron una labor sin precedentes, cumpliendo turnos cada cuatro noches, formaron prácticamente a quince cohortes de estudiantes de postgrado, es decir casi sesenta estudiantes de postgrado (el 46.5 %) recibieron una adecuada educación en obstetricia por estos importantes profesores”.

“Otro importante docente fue el doctor John Jairo Samper Vásquez, quien siempre permaneció en la sección de ginecología. Fue el primer docente en realizar y enseñar la colposcopia a los estudiantes de postgrado. Alegre, dicharachero, jovial en su presentación y en su comportamiento , aunque explosivo a veces. Se jubiló en el primer semestre del año dos mil nueve”.

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“Fueron docentes del departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, por algunos años y se retiraron por razones diversas: los doctores Ivan Rodríguez de Ávila, José Felipe Ballestas Campo, Fabio Ramírez Buelvas y Sergio Girado Llamas “.

“En la actualidad, los siguientes profesores hacen parte de la planta docente : doctor Julio Faciolince Camargo, quien siempre ha estado vinculado a la Unidad de Ginecología, donde cumple importante labor en pregrado y postgrado : gomoso del estudio del climaterio y la Menopausia, y por muchos años jefe de la sección de Ginecología. Doctor Cesar Mendivil Ciodaro, en varias ocasiones y por cortos periodos, coordinador académico del Departamento.

Poseedor de amplios conocimientos y gran experiencia en ecografía obstétrica, últimamente con estudios y dedicación a flujometria doppler obstétrica y ecografía tridimensional. Doctor Benjamín Rodríguez Yances, en estudiantes de pregrado se dedica a la enseñanza de las patologías del embarazo y en postgrado a ecografía obstétrica, así como a la ecografía de detalle anatómico.

El doctor Guillermo Vergara Sagbini, con vasta experiencia y dedicación a la obstetricia. En el año dos mil nueve ingresaron como profesores instructores, la doctora Ana Maria Bello Trujillo, quien para el presente cumple funciones como coordinadora de internos y el doctor Edgar Rivas Perdomo. Son profesores de cátedra, la doctora Clarena Ceballos Díaz, la segunda docente mujer que ingreso al Departamento de Ginecología y Obstetricia; el doctor Rogelio Méndez Rodríguez; el doctor Francisco Salcedo Ramos, que en varias ocasiones a estado encargado de la coordinación académica del Departamento. Realizando una importante y valiosa gestión; el doctor Samuel Cantillo Villar; el doctor David Rodríguez Ávila; el doctor Carlos Cancilla y el doctor José Rojas Suárez”.

“Para el final del primer periodo académico del año dos mil nueve, dieciséis son los docentes del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena. Nueve (56.2%) estan en carrera docente; siendo de ellos, tres (33.3%) profesores titulares, cuatro (44.4%) profesores asociados y dos (22.2%) instructores. Los otro siete docentes del conjunto (43.7%) son profesores de cátedra. Dos docentes (12.5%) de todo el cuerpo so de sexo femenino”.

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Moraima extrajo de uno de los bolsillos laterales de su morral una pequeña tarjeta de color verde y mientras leía nos dijo: “ desde la creación del Departamento de Ginecología y Obstetricia hasta la fecha, las secretarias en orden de nombramiento han sido: señora Miryam Alcazar, señora Stella Calderón, señora Nuris del Carmen Cassiani Escalona, señora Luz Mila Camacho y señora Bertha Vásquez.

Una vibración apenas perceptible y delicada en el celular de Moraima le informo sin aspavientos que ya eran las dos de la tarde. De seguro que las actividades vespertinas podían estar por empezar en los servicios. Solo hasta ese instante, todos nos percatamos que habíamos olvidado por completo el almuerzo. Pero ello no significaba nada ante todo lo que habíamos descubierto y aprendido sobre la historia del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena.

Ahora nos queda clara la labor docente desarrollada a la largo de tantos años y hemos visto el paso de generaciones de docentes, que cumplieron su labor con esmero y dedicación.

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