Ustedes me lo Contaron una Tarde de Noviembre

Fotografía de Rafael Calvo Lamadrid“El Doctor Rafael Calvo Lamadrid enfermó de manera súbita y grave, falleciendo el veinticinco de septiembre de mil ochocientos noventa y cuatro. En el artículo ya citado de Germán González Porto, se transcribe el decreto de honores doscientos uno del veintiséis de septiembre de mil ochocientos noventa y cuatro, expedido por la Gobernación del Departamento de Bolívar, con ocasión del fallecimiento del doctor Rafael Calvo Lamadrid. “El Gobernador del Departamento de Bolívar, considerando: Que llevando el señor Doctor Rafael Calvo Lamadrid la profesión médica por irresistible vocación, secundada por felices disposiciones naturales después, de haber destinado a sus estudios con Inteligencia y laboriosidad, nada común, se consagró, con exclusión de toda otra atención, al servicio de la humanidad doliente; Que, no bastando a las inclinaciones de su corazón filantrópico triunfos clínicos del piletico consumado, se dio a la tarea, no menos noble por cierto, de comunicar sus conocimientos con mayor afán, si cabe, que el empleaba para adquirirlos y para aumentarlos de continuo; Que fue así como contribuyó, en gran parte, después de largos años de trabajo, en todas las asignaturas de la Escuela de Medicina, a dar al país distinguida pléyada de Médicos que gozarán eterna memoria del maestro que los inició en la ciencia del diagnóstico y en el difícil arte de la cirugía; Que, dentro y fuera de los hospitales, en los campamentos o fuera de ellos, requerido o no por el gobierno, en las horas de prueba, aquellas que se anuncian por el vapor de las epidemias o por el estruendo de los combates, el Doctor Calvo estuvo siempre a la altura de su misión.

Decreta: Artículo primero. Declárese motivo de fundado duelo por el Departamento en General, y por esta ciudad en particular, la inesperada defunción del señor Doctor Rafael Calvo Lamadrid, ocurrida ayer a las once de la noche. Artículo segundo. Al entierro del cadáver asistirán todos los empleados públicos residentes en la Capital y los alumnos de la Universidad, de la Escuela Normal y de la Escuela del Distrito. Artículo tercero. Los gastos que ocasionen el acto indicado y la colocación de un retrato al óleo del Doctor Calvo, en el salón de Graduados de la Universidad, serán efectuados por el Tesoro Departamental. Publíquese en hoja volante y en el periódico oficial. Cartagena. Veintiséis de septiembre de mil ochocientos noventa y cuatro. Firmado por Henrique L. Román. Gobernador”.

Señora Lucía, usted me ha contado que el periodista Jorge García Usta, en su libro “Retratos de Médicos” dijo que “Sus funerales fueron una explosión de gratitud ciudadana, y los discursos de sus discípulos elogiaron por igual su saber y su austeridad”. Usted también me dijo que en una columna de prensa, un periodista en el anonimato señaló: “El doctor Rafael Calvo Lamadrid fue un letrado que dejó gratas remembranzas en los círculos intelectuales de la Cartagena del siglo diecinueve”.

Mosaico de 1910, Réquiem por un viejo HospitalGracias, Señora Lucía, por hacerme saber que dos años más tarde, y en agradecimiento, el Honorable Concejo de la Ciudad de Cartagena, por acuerdo número veintiuno de mil ochocientos noventa y seis bautizó una de las calles del Centro Histórico, la calle donde está el Claustro de San Agustín y sede de la Universidad de Cartagena, con el nombre de calle de la Universidad o de Rafael Calvo Lamadrid. Gracias por informarme que diez años más tarde, ya en el siglo veinte, para dar asiento a la Facultad de Medicina y Ciencias Naturales, para que se desarrollase el contenido de las asignaturas y los estudiantes cumpliesen con sus practicas, la Gobernación del Departamento de Bolívar mediante decreto quinientos treinta y cinco del veintiuno de abril de mil novecientos seis creó una policlínica, que inicialmente estuvo ubicada en la parte baja del edificio de la Universidad de Cartagena, bajo el nombre de Policlínica “Rafael Calvo Lamadrid”, en homenaje al ilustre médico que prestó grandes servicios a la comunidad, a su patria y a la ciencia.

El cuatro de julio de mil novecientos seis, oficialmente se inauguró la Policlínica “Rafael Calvo Lamadrid”, con presencia de importantes personalidades de la vida pública, de los médicos que ejercían en la ciudad de Cartagena y de los directivos, así como de los catedráticos de la Universidad de Cartagena. Allí presentes, ya con investidura de profesores y empezando a destacarse en lo profesional como en lo personal, estaban dos jóvenes médicos que serían los grandes impulsadores de la enseñanza y la atención de la Ginecología y la Obstetricia en la buena parte del siglo veinte: Teofrasto A. Tatis, quien se encargaría en la policlínica de dirigir la clínica de Ginecología y Rafael Calvo Castaño, que tendría bajo su tutela la Clínica de Vías Urinarias. A la vez, el Doctor Rafael Calvo Castaño fue designado como el primer director de la Institución. Desde el inicio de sus actividades, dejó en claro, ser un digno sucesor de su padre. La Policlínica “Rafael Calvo Lamadrid” fue un importante centro de entrenamiento medico sin embargo no hay datos hasta cuándo estuvo en funcionamiento.

Señora Lucía, escuche: “Muy pronto mi padre brilló por su calidad profesional y por su dedicación a la medicina”. Eso me lo dijo en tono de advertencia, Rafael Calvo Atencia, allí sentando ante mí y mirándome sin despabilar siquiera, como para ayudarme a fijar por siempre en mi memoria la expresión dulce congelada por el destello fotográfico e impresa para siempre en el papel que aun tengo entre manos. Y, señora Lucía, él abrió una pequeña bolsa, extrajo un libro, unas hojas y me entregó un recorte de periódico del quince de diciembre de mil novecientos setenta y nueve. El texto estaba solamente titulado: “Rafael Calvo Castaño”. Sin advertirme que sabía de memoria el contenido, me fue contando de inmediato: “Entre los muchos costeños sobresalientes cuya savia intelectual y de servicio fue útil a sus semejantes, descolló el médico y profesor universitario Rafael Calvo Castaño, a quien se rinde homenaje recordatorio, al cumplirse hoy quince de diciembre el trigésimo aniversario de su fallecimiento. El doctor Calvo Castaño, ejerció su apostolado en esta ciudad, luego de terminar sus estudios en la década de mil ochocientos noventa, con vocación congénita, fue dado en perfeccionar sus estudios. Viajó al exterior, a la vieja Europa, cosa que hizo multitud de veces. En su primera etapa, de regreso a la ciudad se incorporó al servicio del gobierno constituido de entonces, y al estallar el conflicto político, sofocado por las armas en la guerra de los mil días, hizo camaradería en las campañas sanitarias de la capital de Bolívar, al lado de otros galenos y colegas adictos al gobierno federal.

Al sobrevenir la paz política, Rafael Calvo Castaño viajó de nuevo al “Viejo mundo” y en la Universidad de París hizo profundos estudios de perfeccionamiento en Ginecología y Obstetricia con el profesore Legé y el cirujano Gosset, así como estudios de Otorrinolaringología, con el profesor Pier Sebileaux y otros docentes de aquellos famosos hospitales. Al regresar, sus actividades profesionales fueron puestas al servicio de la ciudad y fue así como adquirió resonancia como especialista. Rafael Calvo Castaño fue el fundador e iniciador de la Obstetricia en el Hospital “Santa Clara”. En la Universidad de Cartagena se desempeñaba como sabio profesor. Ocupó varias jefaturas de Cátedras, creándolas o perfeccionándolas, como lo hizo con el antiguo y destartalado anfiteatro anatómico. Al llegar al decanato de la Facultad de Medicina y dirigirlo por muchos años, hizo una labor fructífera. Fue el primer director de la Policlínica “Rafael Calvo Lamadrid”, anexa a la Universidad de Cartagena, fundó la Clínica de Obstetricia y de Maternidad, asistido por la recordada partera señora Carmen de Arco de la Torre, nacida y residente en el barrio de Getsemaní, de grata recordación para los estudiantes de la década de mil novecientos veinte. También contribuyó a colocar los cimientos para la creación de la primera Facultad de Odontología en mil novecientos nueve. En el decanato de la Facultad de Medicina tuvo especial cuidado en ampliar el pénsum de estudios, adaptándolo a la usanza de las demás Facultades extranjeras. Fue el fundador de la primera Escuela de Enfermeras, y fue el primer médico en realizar con éxito una cirugía de Cesárea en el Hospital Universitario de “Santa Clara” en mil novecientos veintitrés.

“Mi padre también incursionó en la política. Fue nombrado gobernador del Departamento de Bolívar en mil novecientos once, cargo desde el cual se destacó con progresistas reformas administrativas”. Señora Lucía, así finalizó Calvo Atencio, su discurso, haciendo énfasis en sus sentencias y elevando la voz.

Señora Lucía, usted también me dijo que en el libro “Retratos de médicos/, de Jorge García Usta, el autor señala: “Rafael Calvo Castaño fue una de las eminencias médicas de la primera mitad del siglo veinte y uno de los hombres que tuvo mayor poder científico, administrativo, académico y político en la medicina de su época. Era uno de los sobrevivientes de la importante Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Cartagena, posteriormente llamada Academia de Medicina de Cartagena, que en los últimos años del siglo diecinueve y en los primeros del siglo veinte había impulsado con obstinación la discusión médica en Cartagena”. El cambio de nombre se realizó por medio de la ordenanza número catorce de mil novecientos dieciocho de la asamblea de Bolívar, impulsada por el diputado y médico con trayectoria en la Ginecología y la Obstetricia, doctor Antonio Regino Blanco. La corporación había sido creada el veintinueve de septiembre de mil ochocientos ochenta y ocho, siendo su primer presidente el doctor Rafael Calvo Lamadrid.

Señora Lucía, usted me cuenta que “el doctor Rafael Calvo Castaño, conocía al dedillo la historia de la medicina local y conocía a los hombres que la hicieron posible. Era un hombre chiquito, blanco, muy sabio y extraordinario partero”. El doctor Boris Calvo del Rio, ginecólogo y obstetra, profesor de la Universidad de Cartagena y nieto del doctor Rafael Calvo Castaño, me ha dicho que su abuelo “era muy hábil para realizar con prontitud una cesárea corporal y para diagnosticar tempranamente y con acierto un embarazo gemelar, en una época sin presencia de condiciones quirúrgicas adecuadas, sin tecnologías ni ecografías. El gran valor de lo último, es que en esas épocas era muy difícil hacer el diagnóstico de un embarazo gemelar, estando incluso el embarazo a término”.

Todos hacen una descripción igual a la que usted me ha señalado, señora Lucía. La figura de Rafael Calvo Castaño sigue aún presente en la memoria de muchos, aunque estemos cerca de cumplirse los sesenta años de su fallecimiento. Ya creo tener una visión completa y profunda de este hombre que fue uno de los médicos que hizo grande la enseñanza de la medicina y sobre todo de la obstetricia, en la Universidad de Cartagena, en gran parte de la primera mitad del siglo veinte. Con la historia de los dolores crónicos que padecía, y que usted me ha contado ahora, he podido comprender que pese a la profundidad de sus conocimientos, ello no le permitió liberarse de la debilidad y los temores humanos.

Usted, señora Lucía, me contó que el doctor Juan Barrios Zapata le confesó que en una ocasión el doctor Rafael Calvo Castaño, solicito a una gitana leedora de la suerte, que le revisara en la palma de la mano su futuro. Esta pitonisa le sugestionó sobre un fuerte dolor que experimentaría en diferentes partes del cuerpo y que lo atormentaría por muchos años. Tiempo después comenzó a presentar los síntomas dolorosos, lo que lo obligó a visitar distintos profesionales de la medicina sin encontrar solución. Para calmar los dolores utilizó en vano diferentes medicamentos sin mejoría. Hasta que comenzó a utilizar morfina para aliviarlos. En uno de sus viajes a Paris se hizo diferentes estudios y análisis médicos y le dijeron que no tenia nada, sólo hasta entonces se convenció de que no tenía ninguna enfermedad que le causara esos dolores, que estaba totalmente sano, pero le quedó la adicción a la morfina.

Y eso de la adición a la morfina es un hecho real, señora Lucía. He hablado con el abogado Armando Luján Mercado, nonagenario, pero lucido y de habilidad verbal fluida, quien me ha contado y asegurado que siendo estudiante de sexto año de bachillerato del colegio Fernández Baena, por razones de currículo, debía junto con otro compañero hacer un curso de psicología, y el rector del colegio consiguió que se los dictara el Doctor Rafael Calvo Castaño, quien aceptó dictarlo con la condición que los estudiantes fueran a su residencia en manga, en el cordón de San Antonio, a las cuatro de la tarde, tres veces a la semana. El señor Luján me ha dicho que cuando conoció al Doctor Rafael Calvo Castaño, ya era un señor mayor, aunque activo, siempre en movimiento, no se estaba quieto un solo instante.

Era un tipo afable, simpático, que les dio las clases alrededor de una pequeña mesa en la que el maestro, con papel y lápiz ilustraba con gran habilidad y destreza el tema correspondiente. Dibujaba todo. Se expresaba dibujando. Dice Luján que hicieron un buen curso, y lo mejor era que cuando terminaban la clase, se quedaban hablando con él de muchas cosas. Era un inmenso conversador, un hombre muy ilustrado, que hablaba de Paris, de sus viajes, de la universidad y de la historia. Es enfático en señalar que es cierto, que un día estaba el maestro haciendo un dibujo para lo que iba a explicar, y de pronto se levantó, se fue al fondo del salón, rodó la cortina y paso a la habitación contigua. Como la cortina quedó entre abierta, pudieron observar como llenó una jeringa con un medicamento y se lo aplicó en el brazo, ellos supieron ese día que era morfina. Continua su relato del hecho, diciendo que el Doctor Calvo Castaño, regresó, se sentó y al instante se durmió recostado sobre la mesa. Me ha contado Luján que ellos decidieron quedarse sentados, no hacer nada y esperar a que despertara. No estima que tiempo pasó, pero sí que de súbito, el maestro levantó la cabeza, tomo el papel y el lápiz, miro el dibujo que había realizado y siguió la explicación por donde la había dejado. Como si no hubiese existido un rompimiento en el tiempo. Para el maestro, pese a la morfina, no hubo solución de continuidad.

Señora Lucía, el señor Armando Luján me ha dicho que nació una gran amistad entre el maestro y ellos. Ya que los diálogos y la tertulia le eran placenteros al maestro, en muchas ocasiones despedía o citaba para el día siguiente a las personas que le hacían antesala, para tener espacio para el dialogo y así cumplían unas largas veladas. Y señora Lucía, me ha contado el señor Armando Luján, algo que no esperaba. Y señora Lucia, mire bien, me ha entregado mire, un ejemplar de El Universal Dominical, edición numero 290, del domingo once de agosto de mil novecientos noventa y uno, donde en la pagina ocho y nueve, está publicado un articulo del mismo señor Armando Luján, sobre hechos históricos importantes que recibió a manera de testimonio oral del maestro de maestros de la Obstetricia, del doctor Rafael Calvo Castaño. Cuenta y así está escrito en su artículo, que una tarde de octubre de mil novecientos treinta y nueve, mientras caía una larga y pertinaz llovizna sobre Cartagena, ellos hablaban sobre historia. El doctor Rafael Calvo Castaño enseñaba que la historia de Colombia estaba plagada de mentiras y errores, porque ha sido escrita con criterio político. De pronto les preguntó: ¿Saben ustedes de qué murió el doctor Rafael Núñez? Lujan se aprestó a decir que de muerte natural, pero él replicó de inmediato y dijo que el doctor Rafael Núñez murió envenenado. Luján tiene en su artículo lo que le aseguro Rafael Calvo Castaño y yo se lo voy a decir textualmente a usted, señora Lucía.

“Cuando se enteró de la muerte de Rafael Núñez, mi padre, el Doctor Rafael Calvo Lamadrid, se apresuró a vestirse y se trasladó a la casa del duelo, en el Cabrero; lazos de amistad lo vinculaban a ella y la súbita noticia lo había estremecido. Después de los saludos y los detalles, mi padre, quien era el médico legista del distrito, entró al reciento donde reposaba el cadáver del doctor Núñez, lo observó, le hizo la prueba del espejo y le expresó a Doña Sola, por ciertos signos en el cuerpo yacente como la cianosis la sospecha era de un envenenamiento con arsénico. La sorpresa y el desconcierto de Doña Sola fue grande y llamó a sus más próximos familiares a darles la mala nueva. “no puede ser” repetían todos sin provocar alarma; al grupo se reunieron algunos amigos políticos, los más allegados, comenzaron el análisis de la situación, considerada como extraordinariamente delicada por las repercusiones que la sola noticia podía desatar en el país. El momento político era tenso, los señalamientos fuertes y contundentes se extendían y en el ambiente rondaba el espectro de la guerra. Todo se analizó pensando en los altos valores de patria y acordaron no aludir al hecho anunciado por el doctor Rafael Calvo Lamadrid, sino acoger el dictamen del médico que lo asistió y lo que consignó en la boleta de defunción. Mi padre, comprendiendo la realidad y temeroso de algo peor, aceptó borrar de su mente las apreciaciones que había aceptado como posibles. Y falleció una semana más tarde, luego de caer súbita y gravemente enfermo, lo cual causó gran consternación en todos los sectores sociales de Cartagena. González Porto en su artículo del Boletín Historial de la Academia de la Historia de Cartagena de Indias, señala que la causa de la muerte del galeno guarda relación con la impresión que le produjo la muerte repentina de su queridísimo amigo, el Presidente Rafael Núñez”.

El abogado Armando Luján no sabe si el doctor Rafael Calvo Castaño, dejó un acto o un documento al respecto, pero él si quiso develar el testimonio pasado de padre a hijo, de los prestigiosos galenos cartageneros. Me ha dicho, señora Lucía, que a sus noventa y un años de edad, liberado de un secreto comprometedor que no quiere llevarse, corresponde a otros buscar las evidencias y darle luz de verdad a un hecho decisivo de nuestra historia patria.

El doctor Rafael Calvo Castaño, falleció en la ciudad de Cartagena el quince de diciembre de mil novecientos cuarenta y nueve, cuando contaba los setenta y nueve años de vida. Vivó mucho tiempo en el barrio de Manga, y la calle donde está la que fue su vivienda, hoy es conocida como Calle Rafael Calvo.

Usted también ha sido amable al contarme que nueve años después de su muerte, fue reabierta la Clínica de Maternidad de Cartagena, y rebautizada como Clínica de Maternidad “Rafael Calvo”, en su memoria. No hay precisión sobre de quién fue la propuesta de dicha denominación, es muy probable que haya sido del alumno preferido, del doctor Juan Barrios Zapata, quien había heredado de su maestro la jefatura de la cátedra de Obstetricia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, y quien de paso ingresó para ser el primer director de la naciente institución de atención a mujeres gestantes pobres, Clínica que pese a todo ha permanecido abierta y disponible desde entonces, sin cerrar un solo día y sin rechazar una sola de las pacientes que acuden en búsqueda de atención. Usted, señora Lucía, con acierto me ha dicho que con esa determinación, el nombre de Rafael Calvo Castaño quedó inmortalizado. Yo puedo aseverarle que las investigaciones científicas, los logros y el esfuerzo de varias generaciones de docentes y estudiantes de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina, así como lo desarrollado por profesores y estudiantes de otras Facultades de la Universidad de Cartagena, han llevado a que el nombre de la Clínica de Maternidad “Rafael Calvo”, y por tanto la memoria y el recuerdo de nuestro insigne profesor y maestro, doctor Rafael Calvo Castaño, esté presente en ponencias y en escritos que se presentan en medios científicos exigentes, tanto nacionales como internacionales e incluso en estrados de lengua inglesa.

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