Ustedes me lo Contaron una Tarde de Noviembre

Dr. Álvaro Monterrosa Castro, M.D

Proemio
ustedesmelocontaron

I. El Maestro

Señora Lucía, usted me dijo que recuerda perfectamente al doctor Rafael Calvo Castaño. Siempre lo vio llegar en coche, cuando el respetado maestro visitaba la casa de uno de sus más cercanos discípulos, la del doctor Juan Barrios Zapata. una niña de algo más de siete años de edad. No obstante, le parece que fuera ayer. Vivía con sus padres y sus hermanos en la Calle de la Candelaria del barrio Pie de la Popa, en la calle antes de la subida al Cerro de la Popa, casi en la esquina del amplio sendero donde estaban tendidos unos oxidados rieles, por donde corría hacía el centro de Cartagena o hacia las afueras, un demonio sudoroso que desordenaba el ambiente mientras trepidaba y botaba bocanadas de un humo negro y espeso. Con los años y mucho más allá de la mitad del siglo veinte, el ferrocarril sería definitivamente cancelado y ese sendero sería convertido en la actual Avenida Pedro de Heredia.

Usted me ha dicho que desde el jardín de la casa, veía venir al visitante en un coche oscuro, muy similar a los coches de turismo que para esta época recorren el Centro Histórico de Cartagena. El vehículo, que era elemento cotidiano de transporte, era tirado por un hermoso caballo y conducido por un cochero que le esperaba hasta el final de la visita. El doctor Juan Barrios Zapata lo recibía emocionado y compartían unas largas veladas. También usted me ha dicho, señora Lucía, que siempre lo vio llegar impecablemente vestido con un traje entero oscuro, ataviado con un hermoso corbatín y cubierta la cabeza con un sombrero negro de copa. Hombre de baja estatura, de piel muy blanca, notablemente canoso, con unos espejuelos redondos de fino cristal y sobre los labios un amplio y grueso bigote blanco. Ese hombre era el doctor Rafael Calvo Castaño. Un hombre muy venerado profesionalmente y miembro de la familia Calvo, familia de buenos pergaminos y de larga tradición en la ciudad de Cartagena.

Y ahora que usted me lo ha descrito de esa manera tan definida y puntual, tengo que sobresaltarme de nuevo y de inmediato recordar y contarle los hechos de hace tan solo diez tardes, más exactamente del cinco de noviembre del año dos mil ocho. Entró caminado lento pero con firmeza, extendiendo la mano derecha para saludar, sonriendo feliz, brillándole los pequeños ojos tras los espejuelos redondos de cristal, y que para que no pensase que era un fantasma o que se había desdibujado de la pintura que llevaba en el bolsillo, me dijo de un golpe:

– Soy Rafael Calvo Atencia. Tengo ochenta y cinco años de edad, nací aquí en Cartagena el veintiuno de mayo de mil novecientos veintitrés y soy el menor de los siete hijos del doctor Rafael Calvo Castaño.

Dr Álvaro Monterrosa Castro y el señor Rafael Calvo AtenciaCuando terminó de hablar y me señaló una foto tamaño carné, donde estaba pintada la figura ya conocida y que usted, señora Lucía, me acaba de describir, no tuve más alternativa que pensar que de veras se había desdibujado, en razón del notable parecido. No sé cuanto tiempo permanecí perplejo, pero al salir de ello ya estaba sentado, y sin esperar me estaba contando: “mi padre, el Doctor Rafael Calvo Castaño, fue hijo del también médico, doctor Rafael Calvo Díaz Lamadrid. En el Boletín Historial de la Academia de la Historia de Cartagena de Indias, volumen setenta y tres, Germán González Porto escribió una amplia nota biográfica de mi abuelo”. Lo comentó sin disimular la emoción e inmediatamente continúo.

“El doctor Rafael Calvo Díaz Lamadrid nació en mil ochocientos diecinueve en Cartagena, dentro del hogar de Juan Antonio Calvo Hernández y Teresa Díaz de Lamadrid. Realizó estudios de primaria y bachillerato en el colegio del Gobierno: Cartagena de Colombia. Adquirió una extensa cultura y se distinguió por su dedicación a las ciencias. Realizó estudios de medicina en la Escuela de Medicina en Cartagena. En mil ochocientos cuarenta viajó a Paris a perfeccionar o complementar sus estudios médicos, permaneciendo en esa ciudad hasta el año mil ochocientos cuarenta y cuatro. A su regreso a Cartagena, ya dueño de muchas ideas humanísticas, abrió su consultorio y se entregó de lleno al ejercicio profesional.”

Señora Lucía, usted tal vez sabe que en el libro: “La Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena: su Historia”, el doctor Edwin Maza Anaya, señala: “En enero de mil ochocientos cincuenta, acaso después de algunos años de receso, se reabrió la Escuela de Medicina, bajo la dirección del doctor Rafael Calvo Lamadrid”. Y escuche, señora Lucía, a su vez González Porto en su artículo, anota: “Para esa época, Rafael Calvo Lamadrid ya era un médico de renombre. Organizó el plan curricular de la Escuela de Medicina y se esmeró en mejorar la calidad de los estudios universitarios, aplicando los conocimientos adquiridos en Paris, sobre didáctica y práctica de la medicina. Fue pionero al organizar reuniones con el cuerpo médico de la ciudad para intercambiar experiencias y con ello conseguir criterios más claros y acertados sobre los diagnósticos. Fue director de la Escuela de Medicina hasta mil ochocientos cincuenta y siete. Inmediatamente se reintegró a la cátedra médica hasta el cierre temporal de la Escuela de Medicina a consecuencia de las guerras”.

Fotografía del Doctor Rafael Calvo Castaño“Contrajo nupcias con Teresa Pontón y tuvo un hijo: Juan Calvo. Tras enviudar, contrajo segundas nupcias con Rita Castaño Pereira, concebirían tres hijos y entre ellos nacería el diecisiete de abril de mil ochocientos setenta, Rafael Calvo Castaño, mi padre”. Señora Lucía, eso me aseveró hace unos días con orgullo Rafael Calvo Atencia, mirándome fijo a través de los espejuelos redondos de cristal, casi idénticos a los que usó su padre Rafael Calvo Castaño y a los de su abuelo Rafael Calvo Lamadrid, y sentí la mirada tibia que está presente en esta foto que usted, señora escrita con el puño y letra del maestro Rafael Calvo Castaño, que dice: “A mi grande y querido amigo doctor Barrios Zapata. Cartagena.Octubre veintidós de mil novecientos cuarenta y nueve”, dedicatoria escrita solamente cincuenta y tres días antes de su muerte y que es la prueba reina para demostrar la cercanía y la amistad del maestro y su alumno.

Señora Lucía, el artículo de González Porto nos permite saber que “en mil ochocientos setenta la Escuela de Medicina reabrió de nuevo sus puertas, con un notable número de estudiantes y una importante selección de docentes, incluido el Doctor Rafael Calvo Lamadrid. Ellos contribuyeron con su sabiduría y virtudes a la formación de una nueva generación de profesionales.

El Doctor Calvo Lamadrid se desempeñó como profesor en la cátedra de obstetricia y de anatomía descriptiva. A la vez desempeñó funciones como inspector de Hospitales del Estado y llevó detalladamente las estadísticas de mortalidad en la ciudad de Cartagena. Fue el íntimo amigo y Médico personal del Presidente Rafael Núñez, además de ser una de las figuras más importantes de la medicina local en la segunda mitad del siglo diecinueve. El Doctor Rafael Calvo Lamadrid fue miembro fundador y primer Presidente de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bolívar, corporación a la cual se le cambiaría el nombre más adelante por el de Academia de Medicina de Cartagena.

Señora Lucía, usted ahora me está mostrando y entregando esta foto que parece un daguerrotipo y que es una verdadera reliquia. Corresponde a Rafael Calvo Lamadrid y tiene una dedicatoria escrita a mano que dice: “Rafael Calvo. Al Doctor Juan Barrios Zapata, sobresaliente médico y gran amigo, y una de las futuras glorias profesionales de esta patria. Octubre once del cuarenta y siete”. Señora Lucía, y lleva la firma autógrafa de Rafael Calvo Castaño.

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