Esclerosis lateral amiotrófica
UN FACTOR NEUROTRÓFICO OFRECE ESPERANZA TERAPÉUTICA
El
Factor de Crecimiento Insulínico (IGF-1) tiene la propiedad de retardar la
progresión de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) cuando se inyecta en los
músculos de las extremidades de un tipo de ratón que tiene una mutación de la
superóxido dismutasa (SOD-1) y lo logra aún en casos relativamente avanzados,
publicó el grupo de científicos del Instituto Salk en La Jolla y de la
Universidad Johns Hopkins, comandados por BK Kaspar, J. Lladó y colaboradores (Science
2003. 301: 839-843). Este factor neurotròfico es transportado por un vector
viral, que tiene la capacidad de viajar de manera retrógrada hasta el núcleo de
la neurona espinal motora, a través del nervio que está en el músculo; además de
acceder a las somas neuronales afectadas, el IGF-1 puede de esta manera también
atravesar la barrera hemato-encefálica. Así también estas moto neuronas pueden
segregar IFF-1, con sus benéficos efectos de esta manera extendidos, permitiendo
la supervivencia de la neurona motora, la disminución de la gliosis y la mayor
sobrevida del animal afectado.
Se
sabe que la mutación del gene que codifica la enzima antioxidante SOD está
detrás de un pequeño porcentaje de casos de ELA y que los ratones que tienen la
mutación, presentan síntomas que se parecen a los del ELA en humanos. La
degeneración de las neuronas espinales motoras produce la atrofia de los
músculos respiratorios y los de las extremidades. Así que estos ratones pueden
servir de modelo para ensayar tratamientos de utilidad potencial en el ELA.
El mecanismo de la supervivencia, tanto en los aspectos clínicos como bioquímicos, es multifactorial. La desnutrición, deshidratación e insuficiencia respiratoria por parálisis de sus músculos, lleva a la muerte del animal de experimentación. Desde el punto de vista bioquímico, el cambio que induce la lesión es la gliosis, con la excitotoxicidad, estrés oxidativo e iniciación de cascadas apoptóticas.
Aunque otros factores neurotróficos ( el ciliar, el derivado del cerebro y el GDNF) tienen efecto neuroprotector, el IGF-1 es superior.
El éxito de esta investigación de laboratorio ha llevado al diseño de estudios clínicos que comprobarán la posibilidad de inyectar este factor neurotròfico ligado al vector viral en los músculos afectados, para que de manera retrógrada lleguen a los correspondientes de las neuronas motoras.
El hombre siempre preocupado por la enfermedad y la muerte ha hecho de la medicina una antiquísima profesión. Pero debe sin embargo el estudioso de la historia médica reflexionar antes sobre lo que existía."El mundo es viejísimo y el hombre es sumamente joven”, dice Carl Sagan el astrónomo contemporáneo. La gran explosión de la materia concentrada que ocurrió hace catorce mil seiscientos millones de años, dio origen a las 100 mil millones de galaxias de nuestro universo -tal vez existan otros universos-, y resulta escalofriante no sólo, por su antigüedad sino por el tamaño. Si cada galaxia tiene 100 mil millones de estrellas, el número total de estas últimas en el universo sería de 10 a la 22, similar al número de granos de arena que hay en todos los mares de la tierra (según el mismo Sagan en su libro miles de millones). Por esto le queda más fácil a los matemáticos describir estas inmensidades, como lo hace Stephen Hawkings en “El universo en una cáscara de nuez”, con su lenguaje exponencial. Incrustada en esa dimensión témporo-espacial que creemos conocer, sabiduría que apenas arañamos, aparece nuestra galaxia, la Vía Láctea, separada 2 millones de años luz de la galaxia más cercana, la Nebulosa de Andrómeda. Pues esa “pequeñísima” galaxia, parte del polvo de estrellas en que está sumergido el hombre, se originó hace 10 mil millones de años, y a ella pertenecen 400.000 millones de estrellas, entre las cuales está nuestro sistema solar que apareció hace 5 mil millones de años. Por la fuerza inercial generada por la gran explosión y que todavía persiste como mayor que la fuerza centrípeta del universo llamada gravedad, aparece la tierra aun inerte y sin vida, miles de años después. En ese reino mineral se encontraron los constituyentes químicos prebiológicos, que de alguna manera iniciaron un esbozo de metabolismo anaeróbico al igual que la aparición de los primeros aminoácidos. La posterior presencia del oxígeno, del CO2 y de la capa de ozono, da lugar a la vida aeróbica, precursora de la fauna, flora y psiquismo del hombre, precedida siempre de la etapa anaeróbica, y antes de ella de la presencia de energía calórica y lumínica, del movimiento que se observa después del big-bang. Ese viejísimo mundo de Sagan es entonces el cosmos, y el análisis de cuanto en él sucede y ha sucedido, la cosmovisión. La vida más moderna está entonces en esa tierra que ya respira, y esos primeros seres con ADN y con intercambio gaseoso aparecerán en el agua, en los mares primitivos de hace 4 billones de años, dice el historiador José Pijoan. En esos tiempos primarios (o pre-cambrinos), que hoy los geólogos prefieren llama la era arqueozoica, aparecen las algas verdiazules. Sigue la paleozoica, donde no sólo hay vida invertebrada, sino también peces; más conocida es la era mesozoica, donde además del período jurásico inmortalizado por Spilberg, están el triásico y el cretácico, donde ya hablamos de dinosaurios y reptiles. Finalmente la era cenozoica, con el período terciario, de mamíferos y aves, y el cuaternario, de hace sólo 3 millones de años, con el mamut y el reno del pleistoceno; y el holoceno, con el actual relieve geográfico, fauna y flora, que data de un millón de años y del hombre, el homo sapiens-sapiens hace 40.000 años.
Los primates, como mamíferos que son, estaban ya en el periodo terciario y tal vez allí se separaron los monos póngidos de los homínidos. Para que luego apareciesen el Australopithecus y el Pitecanthropus (el hombre más primitivo), el hombre de Neardenthal, el de Cromagnon y el hombre moderno, que sobrevive entre glaciares y diluvios. Diremos entonces con el historiador José Babini, que la enfermedad precede al hombre prehistórico, pues es una forma de vida. Este hombre prehistórico, con su primitiva idea de bien y mal, de dioses y demonios, empieza a interpretar la patología con su fondo mágico-religioso, a ejercer la medicina con sus magos, sacerdotes o curanderos, y los procedimientos quirúrgicos con las trepanaciones prehistóricas, que sacan de la cabeza los elementos del mal, los demonios. Estamos ya en las edades de piedra, bronce y hierro de Europa y en el medio oriente nos aprestamos a entrar a la historia, con la aparición de la escritura cuneiforme y de los jeroglíficos (Sumerios y Egipcios).
Pensemos
sólo por un instante en las galaxias más lejanas de este universo, a unos 10 mil
millones de años luz de nosotros, y preguntémonos como lo hace Jostein Gaardner
en “El mundo de Sofía”:¿Habrá vida y por tanto, enfermedad? ¿Cómo serán esas
civilizaciones y sus avanzadas tecnologías? "Es triste ver al hombre que lumbre
y lodo encierra", dice el poeta, "tocada la sandalia con polvo de la tierra,
tocada la pupila con resplandor del cielo". Ese hombre es polvo de estrellas,
con una historia, al tiempo antigua pero también reciente, siempre imbuida de
muerte y vida, de guerra y paz, de dolor y alegría, de enfermedad y sanación.
A pesar de los datos negativos del estudio WHIMS hay evidencia suficiente, merced a estudios bien controlados a través de varios rangos de edades, para apoyar la conclusión de que los estrógenos mantienen la memoria en mujeres saludables. No obstante, aun cuando la información es precisa, se sabe que tomándola como tal, la literatura en este campo no es del todo consistente. Adicionalmente las diferencias en la selección de participantes y la metodología entre los estudios, otros dos factores pueden contribuir a las inconsistencias existentes. Primero, hay una considerable evidencia que sugiere que los estrógenos mejoran el estado de ánimo en las mujeres, lo que puede ocurrir en gran parte como resultado de su influencia sobre los mecanismos serotoninérgicos. Ya que el ánimo depresivo puede tener un impacto negativo sobre el desempeño de labores cognitivas, sería muy importante medir el humor al tiempo que las funciones neurosicológicas son investigadas para controlar la posibilidad de que el aumento de la memoria verbal por estrógenos haya ocurrido secundariamente a la intensificación del ánimo. A pesar de que la mayoría de los estudios sobre estrógenos y actividad cognoscitiva fallen al considerar una posible influencia secundaria de estrógenos sobre la memoria, vía sus efectos putativos sobre el estado de ánimo, un número razonable lo hacen. El tratamiento con los estrógenos indistintamente aumenta la memoria pero no el humor en mujeres con buen estado de ánimo; o aumenta el estado de ánimo pero no el desempeño sobre habilidades cognitivas. Por lo tanto, aunque el estrógeno es capaz de influenciar tanto el estado de ánimo como aspectos de funciones cognitivas en las mujeres, también es claro que este esteroide puede afectar diferentes procesos cerebrales directa e independientemente. (Neurology, 1997; Proc Natl Acad Sci,1998).Diferencias en el tipo y ruta de administración de estrógenos utilizados en estos estudios sobre el conocimiento pueden contarse como una de las inconsistencias en la información. Casi todos los investigadores sobre estrógenos y memoria revisaron los estrógenos aquí utilizados y la mayoría de ellos administraron estrógenos equinos conjugados. Sin embargo, en otros estudios se han utilizado exclusivamente preparaciones parenterales de valerianato de estradiol.
Algunos interesantes estudios se están realizando para valorar la relación entre la THS y el desarrollo de una demencia. El estudio de memoria de la Iniciativa de Salud de las Mujeres, conocido con las siglas WHIMS, tiene un diseño doble-ciego cuya intervención es THS, que sigue prospectivamente a un grupo de mujeres para detectar el desarrollo de fallas cognitivas y demencia. Las mujeres, que participaron en 29 centros en los Estados Unidos tuvieron un tamizaje anual para detectar falla cognitiva significativa. Las mujeres que están por debajo de un puntaje umbral se enviaron a examen médico y se sometieron a una valoración psicométrica extendida, parte de la batería del consorcio para establecer un registro para la enfermedad de Alzheimer. El seguimiento fue por 9 años, y en contra de lo esperado la relación entre los estrógenos y el Alzheimer fue negativa. Adicionalmente se ha llevado a cabo un estudio clínico a 12 meses sobre los estrógenos en esta enfermedad, conducido por el estudio cooperativo de Alzheimer, un consorcio de grupos de investigación que cuenta con 25 centros, para reunir 140 participantes. Sugiriendo que los estrógenos pudieran ayudar a mejorar la memoria o a lentificar el progreso de esta demencia (lo que no resultó cierto por el WHIMS), lo informan investigadores del NIH en Bethesda y del Instituto Weizmann en Rehovot, Israel; pues dicen que el estradiol induce la formación de espinas dendríticas en el hipocampo, cuya función ha estado estrechamente ligada con el progreso de Alzheimer. En pruebas conducidas sobre células del hipocampo cultivadas en el laboratorio, ellos identificaron el estrógeno como parte de la cadena química que lleva a una mejor función, al tiempo que se disminuye el factor neurotrópico derivado del cerebro, lo que aumenta la densidad de espinas dendríticas. Las espinas dendríticas hacen parte de la red que interconecta las vías neurológicas usadas por el cerebro para depositar y archivar recuerdos. Se teorizó por esto que una telaraña dendrítica más densa llevaría a una memoria más aguda.
Las
mujeres que desarrollaron una infección por dengue durante la gestación,
tuvieron riesgo de hemorragia vaginal y presentaron con mayor frecuencia
actividad uterina desencadenada por la infección, acontecimientos con efectos
negativos sobre el binomio madre – hijo, aseveraron las investigadoras
antioqueñas Berta Nelly Restrepo, Diana María Isaza y colaboradores en una
publicación reciente (Infectio 2002; 6: 197-203). Se evaluaron, mediante
estudio descriptivo retrospectivo, 24 gestantes que presentaron dengue durante
la epidemia ocurrida en Medellín en 1998 y se compararon con 24 embarazadas sin
dengue. Se consideró caso de dengue toda paciente con presencia de anticuerpos
IgM contra el virus del dengue o con clínica compatible y asociación
epidemiológica. Como se sabe, el riesgo de infección durante la gestación
aumenta ante mayores y más severas epidemias de dengue; sus consecuencias sobre
el embarazo y el feto han sido poco estudiadas o muestran resultados
contradictorios.
Al final del año 1960 Colombia fue declarada oficialmente libre de infestación por Aedes aegypti, pero el descenso de la campaña de control permitió la reinfestación en los años 70 y el dengue siguió en ascenso continuo, llegándose a registrar 57.688 casos de dengue clásico y 5 276 de dengue hemorrágico, con 63 defunciones, en el país, en 1998. En los últimos años han circulado los serotipos 1, 2 y 4, y desde el año 2001, después de tres décadas de ausencia, se aisló el serotipo 3 del dengue en el departamento de Santander. En Antioquia, el riesgo de sufrir dengue clásico en 1998 fue ocho veces mayor que en 1980 y la tasa de infección por dengue hemorrágico aumentó de 0.02 por 100 000 habitantes en 1989 a 4.27 por 100.000 en 1998 En ese año se presentaron 6.119 casos de dengue clásico y 119 de dengue hemorrágico, lo que supone una tasa de 310,5 casos de dengue por cien mil habitantes para el municipio de Medellín. En Colombia se empieza a utilizar una novedosa arma biológica para controlar el Aedes aegypti o mosquito transmisor del dengue. Se trata del notonecta, un insecto acuático depredador de las larvas del mosquito, cuyo control biológico se considera tecnología ‘limpia’ porque no causa ningún tipo de daño ambiental, informa NotiCyT en su boletín (www.encolombia.com) Conocido también con el nombre de ‘nadador de espaldas’ por su hábito de nadar boca arriba, se encuentra comúnmente desde los cero hasta los 2.600 metros sobre el nivel del mar en lagunas, estanques y quebradas de todo el país. Desde el comienzo de este siglo, el notonecta ha sido estudiado por la Corporación para Investigaciones Biológicas de Medellín.
Otro de los graves problemas que trae el mosquito A. Aegypti es la transmisión de la fiebre amarilla. La tala de árboles provoca en los raspachines de coca –que llegan sin vacunación previa a regiones como el Catatumbo- la picadura del mosquito que cohabita en los árboles con el mico portador del virus, por lo que periódicamente se observan epidemias. Hace un cuarto de siglo hubo decenas de muertos en esta zona, y recientemente se ha observado una exacerbación que ha causado la muerte de al menos once personas en dos semanas, 59 sospechosos de estar enfermos y 22 de ellos confirmados. Este número supera ampliamente los informados en años anteriores.
La fiebre amarilla causa fiebre, escalofríos, mialgias, cefalea, anorexia, náusea y vómito, lo que no es característico de nada y puede confundirse con una simple gripe o “virosis”. Pero cuando el cuadro clínico de la enfermedad se manifiesta claramente, ya puede ser demasiado tarde para hacer algo: se presenta falla hepática con ictericia severa, trastornos hemorragìparos y falla renal y en las zonas endémicas se le conoce como “vómito negro”. Como el manejo es sintomático y busca estabilizar a la persona mientras el hígado se regenera, lo mejor es prevenirla con la vacunación, que debe hacerse rutinariamente en estas áreas y obviamente, cuando se viaja a países como Brazil que exigen este certificado en inmigración. Por esta razón este redactor ha sido vacunado tres veces, y la inmunidad dura diez años, o toda la vida, en caso de contraer (y sobrevivir) la enfermedad.