Sonsón, Tierra de Colonizadores

Sonsón, población del departamento de Antioquia, recuerda a otras como la ciudad de Ocaña, semillero del crecimiento de grandes ciudades cuyo principal ejemplo es Barranquilla. Sonsón es un pueblo peculiar, pues de ahí partió la colonización del Eje Cafetero, pero hoy es un pueblo montañero detenido en el tiempo.

Los primeros europeos en recorrer las montañas del sur de Antioquia fueron -claro- los hombres de Jorge Robledo. Esos conquistadores fueron los que bautizaron con el nombre de Arma el río que hoy sirve de límite entre Antioquia y Caldas, y los que le dieron ese mismo epónimo bélico al poblado que aún hoy sobrevive con dificultad en un filo de la cordillera Central, mirando hacia el estrecho cañón del río Cauca.

El nombre de Arma no fue gratuito. Cuenta el antropólogo Luis Duque Gómez que los súbditos del cacique Maitamá, señor de las tierras de Sonsón, salieron a enfrentar a los soldados de Jorge Robledo “literalmente vestidos de oro de pies a cabeza, con cascos, coronas, diademas, narigueras, collares, pectorales, petos, puñetes y otros adornos que cubrían sus cuerpos, formando sobre ellos una especie de coraza reluciente que los defendía de las armas de sus enemigos y que los hacía ver como gente de armadura”.

Buscar protección en la batalla justamente con aquello que más codicia despertaba entre los invasores fue un grave error. El mariscal Robledo, con quien el juicio de la historia ha tendido a ser benévolo, tuvo aquí su momento infame. En estas lomas de laderas agrestes, que confluyen en uno de los pocos páramos antioqueños, el exterminio indígena fue particularmente cruento. Más de dos siglos quedaron desiertas estas tierras, hasta que algunos colonos paupérrimos, en busca de tierras cultivables, dejaron su Rionegro natal y, superando más barreras burocráticas que geográficas, pudieron finalmente fundar el pueblo de Sonsón en este privilegiado lugar que hoy ocupa. Ello fue en el año 1800.

Sonsón fue el lugar de partida de la principal y más documentada colonización antioqueña, esa que hizo que fueran paisas tantos pueblos del Viejo Caldas, del Valle y del Tolima.

Pero detengámonos en 1841, cuando acababan de partir de Sonsón los fundadores del pueblo pionero de Salamina, y estaba preparando el camino don Fermín López para hacer lo propio en Manizales y Santa Rosa de Cabal. Por esos días en Antioquia el coronel retirado Salvador Córdova, hermano del asesinado prócer José María Córdova, emulando a José María Obando en el Cauca, se había tomado por la fuerza el poder en Medellín.

Estos hechos llevarían a una de las más sangrientas guerras civiles del siglo XIX, que pasaría a la historia como ‘La guerra de los Supremos’.El pueblo entero de Sonsón, y muy particularmente su cura párroco, José Tomás Henao, se enfrentaron abiertamente a Córdova. El sargento mayor y futuro general Braulio Henao, hermano del cura, se encargó de organizar las fuerzas de apoyo al gobierno legítimo del presidente José Ignacio Márquez. Y a las siete de la mañana del 21 abril de 1841 la distinguida dama de Sonsón, María Martínez de Nisser, se presentó ante el comandante Henao para vincularse como un recluta más de su ejército.

La razón más evidente de María Martínez para enrolarse en el ejército fue el arresto por parte de las fuerzas rebeldes de su esposo, el ingeniero sueco Pedro Nisser. Pero no fue sólo cuestión de arrebatos: María era además una mujer de convicciones. Sus ideas políticas, y buena parte de los hechos que ocurrieron en esta sangrienta revuelta, quedaron escritos en su diario de los sucesos de la revolución en la provincia de Antioquia en los años de 1840-1841. Mujeres combatientes, y con dotes literarias, hay pocas en la historia.

Los estudiosos discuten los méritos militares de doña María, pero lo que sí es un hecho fue la victoria apabullante de las tropas de Braulio Henao en la batalla de Salamina. El parte oficial habla de más de setenta muertos en el bando contrario, sesenta heridos y ciento cincuenta prisioneros, en contraste con dos muertos y ocho heridos en el bando propio. Pero en guerra larga siempre hay desquite, y Sonsón vivió la derrota en 1879, cuando las tropas liberales del general Tomás Rengifo se tomaron el pueblo e hicieron todo tipo de ofensas contra la religiosidad del pueblo sonsoneño. El cura dejó constancia de que en plena iglesia “daban de comer a las bestias en las pilas, jugaban a los dados y dormían sobre el altar, en compañías que no son para mencionarlas aquí”.

El cambio de siglo, entre el XIX y el XX, fue la época dorada de Sonsón, cuando llegó a ser el segundo municipio de Antioquia. Para 1917 el pueblo tenía planta eléctrica, trilladoras, dos tipografías, siete periódicos, fundiciones, fábricas de tabaco y de chocolates, dos curtiembres, una fábrica de gaseosas y otra de jabón y de velas, además del Banco de Sonsón, fundado en 1894.Los ricos del pueblo, como el prolífico Lorenzo Jaramillo de nutrido anecdotario, fueron esenciales en la financiación de la colonización antioqueña.

Pero vino la Gran Depresión, y el Ferrocarril de Antioquia primero y la red vial después desviaron las rutas comerciales hacia otros rumbos. Los ricos se fueron con sus fábricas, y se inició la diáspora sonsoneña. Cuántos colombianos pueden invocar ancestros en Sonsón. Para rematar la mala racha, en 1962 un sismo produjo daños irreparables en la enorme catedral de granito, que tuvo que ser demolida. El esperpento de ladrillo y cemento que hoy ocupa su lugar es una cicatriz en plena plaza principal que clama cirugía reconstructiva. Por lo demás, Sonsón es todo un Mompox de la cordillera, un pueblo montañero del pasado que, para bien o para mal, quedó detenido en el tiempo, lleno de añoranzas de sus pasadas glorias.

Diego Andrés Roselli Cock, MD
Neuro-epidemiólogo e investigador

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