Junta Directiva 2021-2023, Discurso de Posesión del Presidente

De la academia

Germán Gamarra Hernández
Bogotá, Marzo 25 de 2021

 

Junta Directiva 2021-2023

Buenas tardes.

Ante todo, quiero agradecer una vez más la confianza que los académicos han depositado en mí al elegirme como presidente de la Academia Nacional de Medicina de Colombia para los dos próximos años.

Con el fin de que conozcan un poco mejor a quién han elegido, siento la obligación de relatar algunos aspectos de mi vida; pero no aquellos relacionados con estudios ni con posiciones académicas que ya han sido conocidos, sino los relacionados con mi formación como ser humano que desde mi temprana infancia han forjado mi carácter y mi personalidad y que se originan en primer lugar, en el seno de mi familia.

Mis padres Roso y Graciela, ya fallecidos, nacieron en dos diferentes pueblos del Departamento de Santander. Mi papá era de un pueblo llamado Galán y mi mamá de El Socorro, capital de la provincia comunera. Yo nací en medio de esos dos pueblos, un domingo a comienzos del mes de enero, en una finca que entonces se llamaba Canadá.

Desconozco si todavía existe; una de mis hermanas, nacida en el mismo lugar, cuando le preguntaban sobre su lugar de nacimiento siempre decía: Canadá. Obviamente todos pensaban que se refería al gran país del norte de América. En fin, en algunos documentos yo aparezco como nacido en Galán y en otros como nacido en El Socorro.

Al final, puedo decir que nací en el corazón del departamento de Santander y por tal motivo siempre llevo a Santander en mi corazón.

Soy el quinto de 10 hermanos pertenecientes a un hogar en el que se desconoció la equidad de género, ya que fuimos tres hombres y siete mujeres; es decir, desde mi nacimiento he tenido el privilegio de estar acompañado de numerosas y valiosas mujeres. Es probable que, siguiendo este ejemplo, mi familia actual esté constituida por dos terceras partes de mujeres y una tercera parte hombres: dos mujeres y un hombre son mis hijos; cuento además con dos nietos: un niño y una niña.

Es muy posible que por esta marcada influencia femenina en mi formación, siempre me ha gustado trabajar con las mujeres.

Históricamente en la Academia Nacional de Medicina, la presencia de la mujer ha sido escasa; uno de los propósitos durante mi presidencia será promover el ingreso de más mujeres a la Academia, que por cierto las hay en el país y con muy brillante desempeño en diferentes campos de la salud; además, estimularé a las que ya pertenecen para que se promuevan y tengan un mayor protagonismo en las diferentes actividades y comisiones de la Academia.

No dudo del aporte y el brillo que ellas le darán a la institución.

Pero sigamos con mi trayectoria de vida. Del pueblo Galán, tengo imágenes borrosas que corresponden a mis primeros años de vida, porque a muy temprana edad nos trasladamos a vivir en Bucaramanga, ciudad donde realicé mis estudios de primaria y los dos primeros años de bachillerato en el famoso Colegio de Santander. En ese entonces, el colegio público más importante de la ciudad y del departamento.

Por aquellas felices circunstancias que nos da la vida, a los 13 años fui trasplantado a Zipaquirá para continuar mi bachillerato; pero no al colegio de Gabriel García Márquez, sino al Seminario Menor de los jesuitas ubicado en El Mortiño, entre Zipaquirá y Nemocón. Allí, tuve el privilegio de cursar los últimos cuatro años de bachillerato y obtener mi título de bachiller.

Quiero hacer un especial reconocimiento sobre la formación obtenida durante estos años de mi vida; aquellos que han tenido el privilegio de recibir su educación en colegios regentados por la comunidad de los jesuitas, podrán entender que dicha impronta se mantiene durante toda la vida.

Allí aprendí a degustar la música clásica y el rock de Los Beatles, gustos musicales que conservo hasta la fecha y adquirí, durante esos años de mi adolescencia, dos características que conservo y practico en mis actos: pensamiento crítico y respeto por la diferencia; ante todo, respeto el derecho a disentir.

De los jesuitas, cuya filosofía conoce muy bien, dice el papa Francisco: cuando hay una reunión de tres jesuitas, hay cuatro pensamientos diferentes.

Al finalizar mi bachillerato en Zipaquirá regresé a Bucaramanga. En 1969 ingresé a la naciente carrera de Medicina en la Universidad Industrial de Santander (UIS). Hice parte de la cuarta promoción de médicos de la primera facultad de medicina que abrió sus puertas en el oriente de Colombia.

La UIS, además de ser una Institución pública, recibía todas las influencias de los conflictos que el país vivía en esa convulsionada época. Solo para mencionar, la UIS fue el lugar en donde se gestó el grupo ELN en Colombia, nacido en el primer quinquenio de los años sesenta. Allí, en esa misma Universidad, conocí a la mujer que me ha acompañado durante casi cincuenta años, y quien me ha acompañado a construir mi proyecto de vida.

De la UIS, en el año 1975, pude migrar a la capital del país e hice el internado rotatorio en el Hospital Militar Central; luego, después del servicio social obligatorio, regresé a esta misma institución a realizar mi especialización en Medicina Interna primero y luego en Nefrología.

Después de terminar la residencia y graduarme como Especialista de la Universidad del Rosario, regresé a Bucaramanga y me vinculé laboralmente con la Universidad Industrial de Santander, como profesor en el Departamento de Medicina Interna y en el Hospital Universitario “Ramón González Valencia”; allí tuve la oportunidad de aplicar todo mi conocimiento y experiencia, logrando las más importantes posiciones y reconocimientos a las que un docente puede aspirar.

Durante esta etapa y con el apoyo de mi universidad, pude realizar una Maestría en Epidemiología Clínica en la Pontificia Universidad Javeriana, institución en la que después de trabajar durante 30 años en la UIS y alcanzar mi jubilación, me permitió vincularme a su cuerpo docente en el mismo departamento en el que había realizado la Maestría. Allí estuve durante dos agradables y productivos años.

Con el anterior relato, quiero hacer énfasis en la importancia que ha tenido el pluralismo y la diversidad en mi formación y desarrollo académico, durante las diferentes etapas de mi vida.

Soy producto de la educación pública, pero con gran influencia de la educación privada; he sido beneficiado con las ventajas y desventajas de la formación confesional y conservadora, como también de las influencias de la formación vanguardista y liberal.

Lo anterior me ha permitido mantener una mente abierta, comprender mejor y aceptar, las diferentes posiciones que en uno u otro momento pueden ser adoptadas por los seres humanos frente a las diversas circunstancias de la vida.

A la Academia Nacional de Medicina ingresé como Miembro Correspondiente en junio de 1994, en el Capítulo de Santander en Bucaramanga, de la mano del Dr. Roso Alfredo Cala Hederich, quien fue mi profesor y mentor en la Universidad Industrial de Santander. El presidente de la Academia era el Dr. Efraím Otero Ruiz, último santandereano que me ha precedido en esta alta dignidad.

Posteriormente, el 1 de julio de 1999 fui promovido a Miembro de Número, bajo la presidencia del académico José Félix Patiño Restrepo. Es decir, después de 27 años de actividad en la academia, 22 como Miembro de Número y 9 de continua participación en la Junta Directiva, alcanzo esta honrosa distinción.

A la junta llegué como Tesorero el año 2012, por invitación del académico Jorge Cavelier Gaviria, acompañando al doctor Fernando Sánchez Torres en su presidencia y continué luego como Secretario General con el Dr. Juan Mendoza Vega y como Vicepresidente con el Dr. Herman Esguerra Villamizar.

Como se darán cuenta, la trayectoria y reconocimiento de los citados académicos me compromete aún más para ofrecer mi mayor esfuerzo con el fin de conservar en alto los principios y valores de la institución.

La Academia Nacional de Medicina de Colombia, institución científica sin ánimo de lucro, nace hace ya 148 años, como Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales el 3 de enero de 1873, y adquiere vida jurídica por la Ley 71 el 22 de noviembre de 1890.

Es un organismo consultor y asesor del Gobierno para todos los asuntos relacionados con la Salud Pública del pueblo colombiano y la Educación Médica.

Tiene como misión “contribuir al estudio y progreso de la Medicina, de la Educación Médica y la Investigación Científica, auspiciar el adelanto de las ciencias afines y las tecnologías complementarias, propender por la ética, el buen ejercicio profesional y el desarrollo humanístico del médico…”

Son entonces, tres las grandes áreas en las que la Academia desarrolla sus principales actividades: Salud Pública, Educación Médica e Investigación Científica; estas áreas a su vez se soportan en otras actividades esenciales que son transversales y permean a los tres sectores ya mencionados; ellas son: la Ética, el Humanismo y la Tradición, que han permitido la consolidación de la Academia durante sus largos años de funcionamiento y que se reflejan en una excelente Biblioteca cuya fortaleza está constituida por importantes obras sobre historia de la medicina, cultura, humanidades y bioética.

Además, el Museo de la Academia nos recuerda la labor y el conocimiento de quienes nos precedieron y las técnicas y tecnologías que utilizaron para desarrollar su ejercicio profesional.

Esta Junta Directiva se compromete, con el concurso de todos los académicos y académicas, a trabajar en estas grandes áreas, en particular con los ministerios de Salud, Educación, Ciencia y Cultura; su labor fundamental será mantener todas aquellas actividades que han permitido el posicionamiento y liderazgo de la Academia y construir sobre lo construido por las brillantes administraciones que nos han precedido;

Apoyará las acciones del gobierno orientadas al fortalecimiento de los sectores anteriormente mencionados y cuando sea necesario, cuestionará y orientará al mismo, con espíritu crítico y constructivo, buscando siempre que el derecho fundamental a la salud sea una realidad para todos los colombianos, que la educación médica y la de todos los profesionales del área, tanto en pregrado como en posgrado, logren los mejores estándares de calidad y que la investigación científica biomédica en Colombia obtenga el apoyo y posicionamiento que se requiere para contribuir de manera efectiva a resolver los diferentes problemas de salud del país.

La Academia forma parte del Colegio Máximo de las Academias de Colombia y de ALANAM (Asociación Latinoamericana de Academias de Medicina); con estas entidades mantiene relaciones de colaboración y desarrolla acciones conjuntas.

Adicionalmente, esta junta directiva promoverá actividades con otras asociaciones como ASCOFAME (Asociación Colombiana de Facultades de Medicina), entidad de la que tuve el privilegio de ser su Vicepresidente entre 1992 y 1994, con la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, la que también conocí de cerca cuando fui presidente de la Asociación Colombiana de Nefrología, la Federación Médica Colombiana y el Colegio Médico Colombiano.

Participará en las actividades que correspondan con sus objetivos, conservando siempre su independencia y autonomía y respetando así mismo la autonomía de las otras entidades en el desarrollo de sus compromisos e intereses.

La Academia estará atenta a participar junto con otras asociaciones y gremios, siempre y cuando las acciones propuestas se encuentren alineadas con sus objetivos misionales. El profesionalismo médico, basado en sus cuatro componentes fundamentales: conocimiento científico, autonomía con autorregulación, humanismo y comportamiento ético, será una de las áreas que desarrollará y promoverá la Academia Nacional de Medicina.

(Lea También: Francisco de Goya y Lucientes: Genio y Neuropsicopatología)

Existen una serie de actividades puntuales que esta Junta Directiva deberá asumir de manera casi inmediata. La virtualidad y el uso de tecnologías de la información constituyen uno de los principales aportes que la pandemia de la COVID 19 nos ha dejado.

Es imposible desconocer sus beneficios y su contribución para facilitar el acercamiento y participación de los académicos de forma más activa. Las distancias se acortaron y la utilización del tiempo se pudo optimizar; muy seguramente, como ya se ha planteado, debemos incluir también en nuestros estatutos la virtualidad; sin embargo, la Academia debe mantener su esencia en la presencialidad y será necesario fortalecer el núcleo de académicos que mantengan sus actividades presenciales.

La virtualidad facilitará las relaciones con los diferentes capítulos y con las academias regionales, lo mismo que las actividades y reuniones de las diferentes comisiones estatutarias; indudablemente, hará posible el desarrollo de múltiples actividades conjuntas en tiempo real y facilitará la participación de los académicos residentes fuera del país; también permitirá la integración con otras organizaciones de carácter nacional e internacional, pero se debe fortalecer y preservar un núcleo básico de académicos residentes en Bogotá que mantenga su actividad de manera presencial en nuestra hermosa sede.

Hoy estamos recibiendo a los nuevos integrantes de la Junta Directiva con quienes espero trabajar en equipo; muy posiblemente sus funciones no se limitarán a las establecidas en el reglamento ya que con frecuencia estaré delegando funciones y responsabilidades en cada uno de ustedes, por lo que de antemano solicito su comprensión y colaboración.

En esta misma sesión estamos despidiendo de la Junta Directiva a tres de sus integrantes. Con el presidente, Herman Esguerra Villamizar tuve la oportunidad de compartir 9 años de labores y soy testigo de su empeño y su esfuerzo para posicionar a la Academia Nacional de Medicina como entidad consultora del gobierno en salud y educación médica.

Los documentos, producto de largas horas de trabajo y dedicación, como el de “Transformación de la Educación Médica en Colombia” y el de las “Recomendaciones para la Implementación de la Ley Estatutaria de Salud” constituyen unas pruebas de lo que afirmo; así mismo, compartimos 6 años de labores con Augusto Peñaranda Sanjuan como tesorero y 5 años con David Vásquez Awad, como secretario general. Ellos siempre estuvieron atentos para lograr cumplir con la misión encomendada y estoy seguro de que, en un futuro próximo, tendrán un importante lugar en la dirección de esta institución.

La pandemia también afectó las actividades de la junta y ello nos llevó a todos los dignatarios a prolongar nuestro período por un año más del que correspondía a nuestra última elección. Nunca con la intención de mantenernos en los cargos, sino buscando la solución que nos permitiera resolver la situación planteada de la forma más ajustada a los estatutos como finalmente se logró realizar esta transición.

La pandemia nos afectó a todos y nosotros no fuimos la excepción. Ante una situación inédita como esta, no habíamos contemplado una solución rápida y adecuada como algunos hubiesen querido. Ahora es el tiempo de seguir avanzando y trabajando en nuestros objetivos; debo hacer un público reconocimiento a la Junta Directiva saliente, expresado ya por muchos académicos, recordando la frase que le expresaron al libertador Simón Bolívar en alguna ocasión: “Con los años crecerá vuestra gloria, como crecen las sombras cuando el sol declina”.

Finalmente, solo me resta pedir a los presentes en esta sesión, tanto de manera virtual, como presencial en este auditorio, además de su apoyo, su comprensión por los desaciertos que pueda tener en el ejercicio de mi actividad como presidente. A mi esposa Inés Cecilia, a mis hijos y mis nietos tendré que robarles parte de su tiempo para dedicarlo a la Academia.

Muchas gracias.

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