Publicaciones Biomédicas en Español: Presente y Futuro1

Lic. Damián Vázquez*

Resumen

La comunicación científica requiere un lenguaje preciso, claro e inequívoco. En la actualidad la lengua franca de las ciencias es el inglés. Este hecho favorece la comunicación internacional pero presenta algunas desventajas. Los profesionales de ciencias hispanohablantes con frecuencia incorporan anglicismos que debilitan el idioma. Estas palabras o estructuras ortográficas o sintácticas extrañas empobrecen nuestra lengua e, inclusive, nuestra forma de pensar.

El español es una lengua rica hablada por más de 400 millones de personas en 21 países y que muestra una vitalidad y difusión internacional crecientes. Los profesionales de ciencias, en particular, los médicos y otros profesionales de la salud, deberíamos fortalecer y difundir el correcto uso del español científico, así como desarrollar herramientas que permitan unificar la terminología científica.

Palabras clave:

Comunicación científica, lenguaje científico, lenguaje médico, anglicismos, libros científicos, terminología científica.

Biomedical publications: present and future

Abstract

Scientific communication demands a clear, precise and unequivocal language. English is, at present, the lingua franca in the sciences. This fact benefits international communication but has some drawbacks. Spanish speaking science professionals often acquire anglicisms which weaken their own language. These foreign words and/or syntactic or orthographic structures impoverish their language and, additionally, their way of thinking. Spanish is a rich language spoken by more than 400 million people in 21 countries, and it shows increasing strength and worldwide diffusion. Science professionals and, especially, physicians and other health care professionals, should make efforts directed to strengthen and expand the correct use of scientific Spanish and to develop tools aimed to unify scientific terminology.

Key words:

Scientific communication, scientific language, medical language, anglicisms, scientific books, scientific terminology.

Introducción

La comunicación entre personas que comparten una determinada área del conocimiento es un hecho cotidiano que, en el contexto de las ciencias, adopta características especiales. Tanto el emisor como el receptor del mensaje son profesionales o estudiantes de una disciplina científica y el mensaje, por lo tanto, consiste en información científica expresada en un lenguaje especializado. La misma naturaleza del contenido que se desea transmitir exige que ese lenguaje sea claro y preciso. En el caso de las obras escritas, sean éstas libros de texto o de consulta o revistas especializadas, el uso de una redacción correcta y amena facilitará la comprensión y aumentará el impacto en el lector.

El español científico actual

En la actualidad el lenguaje científico predominante es el inglés pero esto no ha sido siempre así. En la Antigüedad el idioma de las ciencias era el griego; en la Europa renacentista, el latín heredado del Imperio Romano y, a partir del siglo XIX, las ciencias se transmitieron en francés, alemán o inglés. El uso actual del inglés como lengua franca de las ciencias no se debe, como a veces se dice, a una ventaja intrínseca de este idioma sino, más bien, a la supremacía económica, política y técnica que alcanzaron los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial.

Este monolingüismo científico tiene la ventaja evidente de favorecer el intercambio de información científica. Implica, no obstante, algunas desventajas. En primer lugar, los profesionales de ciencias y, en particular, los médicos, leemos habitualmente bibliografía en inglés y, sea por contagio, esnobismo o pereza, muchos profesionales van incorporando a su lengua materna (en nuestro caso, el español) anglicismos que poco aportan al propio idioma y que, por el contrario, lo empobrecen. Y me apresuraré aquí a aclarar que la postura de quien esto escribe no es la de un purista de la lengua, pero sí la de un defensor de la amplitud y de las posibilidades que brinda nuestro idioma.

El español, idioma riquísimo, tiene los recursos necesarios para acuñar prácticamente cualquier neologismo sin acudir a términos foráneos, las más de las veces carentes de verdadero significado para una persona hispanohablante y, al decir de Álex Grijelmo, desprovistos de los “genes” del idioma. Así, nada nos costaría a los galenos hablar de “exantema” en lugar de rash, de “amortiguador” en lugar de buffer y de “retroalimentación” en lugar de feedback. La profusión de anglicismos en el lenguaje de los médicos hispanohablantes no se limita a los anglicismos léxicos como los recién mencionados. Incluye, además, los anglicismos ortográficos, como neuroradiología” (con una sola ere como neuroradiology en inglés) y los llamados “falsos amigos”, como el uso de “ántrax” (por influencia del inglés anthrax) para referirnos a la enfermedad causada por Bacillus anthracis y que siempre hemos llamado “carbunco” en español.

El uso de estructuras gramaticales calcadas del inglés es otra de las consecuencias profundas de la supremacía del inglés en las ciencias y que afecta a la estructura interna de nuestro idioma. Un ejemplo de esto es el abuso generalizado de frases en voz pasiva que puede comprobarse en cualquier artículo médico cuando, en español, la voz activa suele ser más natural, más clara y más precisa.

En segundo lugar, la hegemonía del inglés limita la difusión internacional de las ideas de los científicos hispanohablantes, puesto que solamente tienen verdadero alcance global aquéllas que se publican en inglés. Más aún, en muchos países hispanohablantes las asignaciones presupuestarias de los investigadores están ligadas en gran medida a sus publicaciones en revistas de alto índice de impacto… escritas en inglés.

Por último, un hecho más complejo pero no menor es que los hispanohablantes no sólo hablamos en castellano, sino que también pensamos e investigamos en castellano. Nuestros patrones de pensamiento son, es sabido, diferentes a los de las culturas anglosajonas.

Así las cosas, cabría plantearse si es razonable o, al menos, conveniente, intentar impulsar el uso del español dentro del lenguaje científico. Mi opinión es claramente afirmativa pero no por ello planteo una confrontación con el inglés científico. Más bien, postulo que en el mundo globalizado actual hay espacio para ambas lenguas y, de hecho, el español muestra una vitalidad y un crecimiento que no se observan en otros idiomas otrora en expansión como el alemán, el francés o el mismo inglés.

Algunos datos avalan esta última afirmación. El español es una lengua hablada, aproximadamente, por 400 millones de habitantes de 21 países. El lenguaje empleado en una región tan vasta es, sin embargo, muy homogéneo: difícilmente dos hablantes de países diversos no se entienden en los aspectos centrales de su discurso. Es, después del inglés, la lengua más hablada del mundo occidental y tiene una inserción particularmente importante en los dos polos del poder mundial actual: Estados Unidos, donde se calcula que los hispanohablantes superan los 30 millones, y la Unión Europea, con más de 40 millones de hablantes sólo en España.

A esta vitalidad se suman algunas proyecciones promisorias de crecimiento. Actualmente estudian español como lengua extranjera más de 46 millones de personas. Este interés es manifiesto y se encuentra en aumento en algunos países como Brasil o Estados Unidos. Aunque los cálculos varían, se estima que hacia 2050 el 6% de la población mundial hablará español. Por el contrario, para esa fecha el 9% actual de anglohablantes decaerá al 5%.

Los hispanohablantes disponemos, pues, de una herramienta de comunicación formidable cuyo valor haríamos bien en reconocer y acrecentar. En este sentido, podemos dar varios pasos concretos, aplicables tanto al lenguaje general como al científico:

1) no subestimar nuestra lengua; no nos engañemos: nuestros pacientes no se beneficiarán más con un stent que con una endoprótesis o malla intravascular, ni viajaremos en business class más cómodos que en clase ejecutiva;
2) aprender a usar correctamente la lengua española; animo vivamente al lector a consultar la bibliografía citada en este artículo, sencilla y concisa;
3) ser más creativos a la hora de “bautizar” con nombre español un nuevo dispositivo o técnica; que aunque ahora ya tarde, podríamos haber llamado al bypass “puente” o “derivación” y hubiera sido igualmente revolucionario, y
4) al escribir un artículo o un libro en español, pensar en los lectores de todos los países hispanohablantes. En el contexto científico, en el que debe primar la claridad y la precisión, es Recomendable evitar los localismos e incluir términos o comentarios útiles para los lectores de otros países.

No hay mejor modo de que una obra trascienda las fronteras del país de origen y potencialmente amplíe su alcance a todo el universo hispanohablante.

Conclusión

El futuro del español en el mundo globalizado dependerá de su difusión y su uso en áreas clave como la tecnología y las ciencias, así como del progreso social, cultural y económico que alcancen las comunidades hispanohablantes.

Los científicos hispanohablantes y, en particular, los médicos y profesionales de las ciencias de la salud, tenemos por delante la tarea de fortalecer y difundir el español científico, sin que esto implique establecer una confrontación con la actual lengua franca de las ciencias, el inglés. Si tomamos conciencia de la importancia del tema, planificamos nuestras acciones y coordinamos nuestros esfuerzos, el español podrá ocupar el espacio que merece.

Los profesionales de ciencias de los países hispanohablantes tenemos una gran responsabilidad en la difusión del español científico. En este contexto, necesitamos desarrollar herramientas que permitan unificar la terminología común, así como conocer las variantes válidas usadas en otros países de Hispanoamérica. Las herramientas normativas como la terminología anatómica internacional o el sistema internacional de unidades garantizan que la comunicación científica sea clara e inequívoca, dos características imprescindibles en este ámbito. La normalización de la terminología médica general, que incluya las variantes usadas en los diferentes países hispanohablantes, es el camino del fortalecimiento del lenguaje científico. El otro, el del empobrecimiento de nuestra lengua, nos conducirá inevitablemente al empobrecimiento de nuestras ideas, nuestra cultura y nuestra ciencia.

Agradecimientos

El autor agradece a la Academia Nacional de Medicina de Colombia, a Editorial Médica Panamericana y Haydée Chiapero, y Fernando Navarro por su valiosa colaboración, y a Carlos Arturo Hernández por su dedicada revisión del original.

Bibliografía comentada y recursos recomendados

  1. • Navarro F. Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina (2ª ed.). Madrid: McGraw-Hill, 2005. Resuelve con fundamento las principales dudas del lenguaje científico. Una obra señera.
  2. • Gutiérrez Rodilla B. El lenguaje de las ciencias. Madrid: Editorial Gredos, 2005. Una exposición clara sobre el lenguajecientífico, sus problemas y las soluciones a éstos.
  3. • Instituto Cervantes. Enciclopedia del español en el mundo. Madrid: Círculo de Lectores, Plaza & Janés, 2006. Un análisis detallado de la situación actual del español.
  4. • Grijelmo A. Defensa apasionada del idioma español. Madrid: Santillana, 1998. Historia, curiosidades y análisis de la lengua en un estilo ágil y ameno.
  5. • Real Academia Española. Diccionario de la lengua española. En https://www.rae.es.
  6. • Real Academia Española. Diccionario panhispánico de dudas. En https://www.rae.es. Junto al anterior, una obra de referencia para todos los hispanohablantes.
  7. • Navarro F. El inglés, idioma internacional de la medicina: causas y consecuencias de un fenómeno actual. [email protected]: Boletín de Medicina y Traducción, 2001; 2 (3): 35-51. En https://medtrad.org/panacea/IndiceGeneral/n3_FANavarro. pdf. Planteamiento claro del predominio del inglés en las
    ciencias, sus causas, consecuencias e implicancias.
  8. • Gutiérrez Rodilla B. Recursos internéticos relacionados con el lenguaje médico español. [email protected]: Boletín de Medicina y Traducción, 2001; 2 (6): 73-82. En https://www.medtrad.org/ panacea/IndiceGeneral/n6_BGR_Recursos.pdf. Excelente reseña con decenas de referencias.
  9. • Brik H. El lenguaje y los libros científicos: un mismo título para el inmenso espacio del idioma español. [email protected]: Boletín de Medicina y Traducción, 2005; 6 (19): 20-23. El mundo de la edición científica, desde la visión y la experiencia de un editor.
  10. [email protected]: Boletín de Medicina y Traducción. Revista gratuita en formato pdf publicada por el foro MedTrad sobre temas relacionados con el lenguaje biomédico. En https://www. medtrad.org/panaceal.
  11. • MedTrad es un foro virtual especializado en medicina y traducción en el que participan prestigiosos profesionales.
    Múltiples recursos valiosos. En https://www.medtrad.org.
  12. • Centro Virtual Cervantes. El sitio del Instituto Cervantes brinda noticias, artículos y enlaces relacionados con la lengua española. Actual e interesante. En https://cvc.cervantes. es.

* Licenciado en Medicina, dermatólogo; coordinador de lingüística, Editorial Médica Panamericana, Buenos Aires, Argentina.
1 Resumen de la disertación pronunciada en la Academia Nacional de Medicina de Colombia el 22 de marzo de 2007. Dirección para correspondencia: [email protected]

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