Comentario de la Académica Enf. Sonia Echeverri de Pimiento

Sánchez Medina dedica este texto a todos aquellos que necesitan preguntarse algo más. Además de que resolver muchas dudas, este libro, igual que el korán, estimula la meditación sobre muchas otras.

El abordaje de la significación de los términos Idea, Concepto, Conocimiento y Verdad, es realmente interesante, expone de manera sencilla cómo las diferentes clases de ideas “se han ido fraguando a través de la historia del conocimiento y de las percepciones que el ser humano ha elaborado a lo largo de millones de años, desde el Homo erectus y el Homo habilis hasta el Homo sapiens”. De esta manera tenemos ideas sobre el origen del universo, sobre lo que vemos en el exterior, la naturaleza, las cosas y sus cualidades. Es así también como tenemos la idea de ser humano, de género, de etnia, y así sucesiva mente pues cuando nos referimos a `la idea`, lo hacemos al proceso de pensamiento y al desarrollo del conocimiento”. En la elaboración del concepto están implícitos “el conocer”, “el que conoce” y “lo conocido”, por lo que, tanto en la idea como en el concepto hay un entendimiento.

El hombre es el que formula proposiciones, elabora preconceptos y hereda protopensamientos, lo cual se lleva a cabo sin que se pierdan de vista las formas socio culturales humanas.

Propone Sánchez Medina que de esa manera el Homo sapiens fue interpretando las relaciones sujeto-objeto y proponiendo explicaciones para los grandes fenómenos naturales, y poco a poco fue construyendo la trama de significaciones, sentidos, diferenciaciones, organizaciones y principios de causalidad del universo complejo, donde intervienen múltiples vectores que llegan a un punto que es el todo y la nada, el infinito y el finito.

A partir de este constructo es como se llega a la postulación de una “fuerza universal, única, cósmica” a la que se denomina Dios. El hombre se encuentra entonces ante la imperiosa necesidad proveniente de la naturaleza de tener un concepto racional, y si no lo tiene de encontrarlo en la fe. Se cree que hace unos 30.000 años Dios aún no existía, pero la especie humana llevaba más de dos millones de años enfrentándose sola a su destino en un planeta inhóspito; sobreviviendo y muriendo en medio de la total indiferencia del universo, la imagen de la posible existencia de algún dios, sus funciones y características fueron las de una mujer todopoderosa.

El Homo sapiens primitivo fundamentaba sus conceptualizaciones en analogías, por lo que ningún ser humano pudo pensar jamás en atribuirle esas cualidades femeninas inexplicables de generación de vida, fertilidad y protección nutricia a un ente masculino; identificaba a la mujer con la tierra, en una maravillosa simbiosis madre-tierra, cualidades que sólo pudo endosarle al ente femenino; ¿quién sino una hembra, no importa la especie, está capacitada para crear, para dar vida, mediante la fecundación y el parto?

Ésta puede ser la razón por la cual la humanidad prosperó bajo la protección de la deidad femenina, la diosa, durante un periodo de c. 30.000 a.C. hasta c. 3.000 a.C., momento a partir del cual, de forma progresiva aunque irregular, la mujer y la Diosa fueron perdiendo su autonomía, importancia y poder prácticamente al mismo tiempo, víctimas de un mundo cambiante en el que los hombres se hicieron con el control de los medios de producción, de guerra y de cultura, convirtiéndose, por tanto, en detentores únicos y guardianes de la propiedad, la paternidad, el pensamiento y, en suma, del mismísimo derecho a la vida. Comenzó a imponerse, entonces, la tipología específica del dios masculino que acabaría apropiándose de cualidades generadoras y protectoras de la diosa, relegándola al papel de madre-virgen, en algunos casos, esposa, hermana y/o amante del dios varón.

Sin embargo, el golpe de estado del dios contra la diosa, aunque real en el control simbólico y social, no lo es tanto en el inconsciente colectivo de todas las culturas; de tal suerte que las figuras divinas más veneradas y apreciadas por el pueblo, en la religiosidad popular son las femeninas. Un ejemplo claro, en el seno de la cultura católica, lo tenemos en la gran fuerza del fervor mariano (Rodríguez, 1999).

La concepción de un dios masculino creador/controlador, tal como es imaginado aún por la humanidad actual (recordemos que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, aunque bien podría creerse que es al contrario), no comenzó a formalizarse hasta el III milenio a.C., y no pudo implantarse definitivamente hasta el milenio siguiente.

Pero volvamos a Ciencia, Mitos y Dioses: para el autor la conciencia es la imagen representada con la vivencia de la realidad interna mental. Tanto la conciencia como la mente y el pensamiento deben ser explicados más allá de la ciencia biomolecular, del ADN, del cálculo matemático y de la computación e informática. La mente no es el cerebro, sino lo que éste realiza y abarca, es el deseo, los sentimientos, las emociones, percepciones, representaciones, es el pensar y el actuar.

La verdad escueta, como sustantivo, es a la vez una cualidad del pensamiento y de los hechos que además están dentro del pensamiento. Escribe el autor, para unos la verdad es matemática y formal, para otros es histórica, concreta o filosófica, y yo pregunto y ¿Qué hay de las llamadas verdades verdaderas? ¿Son las mismas verdades reveladas?

Agrega: “el concepto de verdad y falsedad ha sido objeto de diferentes análisis para llegar a la realidad. El límite de la verdad objetiva es la subjetiva y viceversa, donde todo puede ser posible desde volver a lo objetivo, hasta quedarse en el subjetivismo imaginativo y llegar a la mentira o a la creación, estableciéndose así otra verdad. Así el planteamiento, la idea de verdad es la objetividad del concepto (Hegel) y la mentira una verdad que no pudo ser… puesto que la mentira puede concebirse como una realidad de una negación que es y existe. Entonces, cada uno tiene su verdad que puede construir y aún modificar de acuerdo con toda una serie de vicisitudes ontológicas e históricas en las que se incluye lo filo y ontogenético, lo cognoscitivo y todo lo psicodinámico para llegar al pensamiento mítico en la búsqueda de lo que entendemos como verdad.

Para Sánchez Medina “los mitos pueden pasar a leyendas, y éstas a costumbres y tradiciones y luego convertirse en creencia, ideologías y valores y, por supuesto, en conductas.

El mito aparece por la necesidad que tiene el Yo de explicar, interpretar y conocer (o negar) las relaciones vinculares entre el mundo interno y el externo a través de una serie de fantasías inconscientes y tendencias. De ahí procede la construcción de lo onírico, de los delirios y los mitos, todos los cuales no son otra cosa que deformaciones, negaciones e “identificaciones proyectivas” en que intervienen obviamente lo mágico y omnipotente.

Y aunque el mito no signifique lo mismo para el filósofo, el antropólogo, el literato, el teólogo o el historiador, todos ellos se unen en la reflexión sobre la articulación del pasado con el presente, lo individual o lo colectivo, las relaciones hombre-mujer y padre-madre-hijo, la aparición del héroe y de la víctima, así como la cosmogonía y la génesis del hombre. Todos ellos reflexionan sobre la vida y la muerte, la cultura, los ritos, las leyes, lo religioso, la virginidad, el castigo, la ambivalencia, la trinidad, lo diabólico y lo divino, el cielo y el infierno.

Emprende, entonces Sánchez Medina un viaje mítico, y psicoanalítico, fascinante, repleto de datos y citas bibliográficas que ilustran su gran capacidad y seriedad investigativa. Nos pasea por el mito del diluvio universal, de Gilgamesh o la angustia por la muerte, el mito de la creación, del Génesis; del Caos, y del Destino.

Veamos uno de los mayores mitos, el mito de Adán y Eva, Creación del hombre y de la formación de la mujer. Reza el Antiguo Testamento: “… mas no se hallaba para Adán ayuda o compañero a él semejante”. “Por lo tanto el Señor Dios hizo caer sobre Adán un profundo sueño; y mientras estaba dormido, le quitó una de las costillas, y llenó de carne aquel vacío. “Y de la costilla aquella que había sacado de Adán formó el Señor Dios una mujer: la cual puso delante de Adán” “Y dijo o exclamó Adán: Esto es hueso de mis huesos, y carne de mi carne: llamarse Ha, pues, Hembra porque del hombre ha sido sacada” Respecto a este mito le surge al autor esta pregunta:

“¿No será más bien todo lo contrario, es decir, que de la mujer haya salido Adán? …Continúa el recorrido por otros mitos como el de Eros, Zeus (Júpiter), Thánatos, Crono, Apolo, Psique, Venus, Edipo y Narciso. También por la mitología hindú, oriental, africana, y de la americana: la tolteca-azteca, la inca, la kogui, la leyenda del Dorado… y muchos mitos más… realmente impresionante.

Plantea el autor que ante un Dios padre todo poderoso, que ampara y protege, que da órdenes (mandamientos), castiga y perdona, junto con los conceptos de magia y omnipotencia, se fraguó a través del tiempo la construcción de las cualidades del Súper Yo, conciencia moral y Dios. De ahí provienen los preceptos sociales y religiosos con sus respectivas dinámicas, así como la moral y la ética humana.

Sin embargo, el concepto de dios como una construcción de la mente o del psiquismo en el curso de la evolución natural y del desarrollo de la especie Homo sapiens, es discutible y antagónico con el pensamiento filosófico y religioso. Santo Tomás en su Summa contra gentiles, transmite un vacío desolador al afirmar que “Dios está muy por encima de todo lo que el hombre pueda pensar de Dios”

Cita Sánchez Medina a Pascal: “es el corazón el que siente a Dios y no la razón. He aquí lo que es la fe: Dios sensible al corazón no a la razón. La fe es un don de Dios”. Y complementa el autor: la fe como don de Dios es gratuita y personal y no implica una retribución. Se es y se tiene o no, o lo contrario. La fe en Dios está en la historia y en la religión.

El concepto Dios resulta fundamental para nuestra existencia en nuestro planeta, basta con su sola evocación para que en cualquier grupo humano (Homo religiosus) se afiancen posturas, se desborde la emocionalidad y, en definitiva, se produzca una clara división en dos bandos o visiones de la vida irreconciliables: la creyente y no creyente. En el nombre de Dios, de cualquier Dios, se han hecho, hacen y harán las mas gloriosas heroicidades, pero también las fechorías y masacres más atroces.

Respecto al conflicto entre la ciencia y la religión el sociólogo Durkheim en 1912, afi rmó “se dice que la ciencia niega por principio la religión. Pero la religión existe; es un sistema de datos, en una palabra es una realidad, ¿Cómo podría la ciencia negar una realidad?… Lo que la ciencia critica a la religión no es su derecho a existir, sino el derecho a dogmatizar sobre la naturaleza de las cosas. De hecho ni siquiera se conoce a sí misma. No sabe de qué está hecha ni a qué necesidades responde. Ella misma es objeto de ciencia; de ahí la imposibilidad de que dicte sus leyes sobre la ciencia.”

Así las cosas y para terminar, pregunto ¿es Dios una necesidad individual o es una realidad, un constructo-colectivo y universal? ¿Realmente existe? Quizá la repuesta pueda estar, si me lo permiten y trayendo a colación uno de los mitos, en que Dios se haya limitado a comportarse como un “deus otiosus” (dios ocioso), como lo describen en las más importantes religiones autóctonas de África. Los akans por ejemplo, creen que Nyame, el dios creador huyó del mundo debido al terrible ruido que hacen las mujeres cuando baten ñames para hacer puré…

Porque si de justificar su ausencia se trata, es muy probable que Dios encuentre en el mundo actual razones más graves y poderosas que la de los akans para permanecer insensible a los ruegos humanos: no es que Dios no exista, es que no está: se limitó a crearnos y nos abandonó a nuestra suerte, a nuestro libre albedrío.

Ésta puede ser una posibilidad simplista, pero sin duda inteligente, ingeniosa e infortunadamente rea lista… Mil gracias de nuevo por permitirme comentar este impresionante libro y a usted Académico Guillermo Sánchez Medina mis felicitaciones y mis sentimientos de admiración.

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